(También conocida como Beata Catalina Tegakwitha/Takwita.)
Virgen India de la tribu de los mohicanos a la que se conoce como “El
lirio de los Mohicanos” y la “Genoveva de la Nueva Francia”.
Nació en Canadá en 1656, según algunos estudiosos en el
Castillo de las Tortugas en Ossernenon y según otros en el pueblo de
Gandouge. Falleció el 17 de abril de 1680 en Caughnawaga, Canadá.
Su madre era una algonquina cristiana que había sido capturada por los
iroques y liberada por el padre de Tekakwitha, a quien también dio un
hijo.
Cuando Tekakwhitha tenía unos cuatro años, sus padres y su hermano
murieron de la viruela y la niña fue adoptada por sus tías y un
tío que era el jefe del Clan de las Tortugas. Aunque tenía la
cara marcada de viruelas, había perdido mucha visión y era muy
reservada y tímida; sus tías empezaron muy pronto a planearle
un matrimonio, ante cuya perspectiva Tekakwhitha se estremeció de aprensión
cuando se hizo algo mayor.
En 1667 los misioneros jesuitas Fremin, Bruyas y Pierron, que acompañaban
a los diputados mohicanos a Quebec para firmar la paz con los franceses, se
hospedaron en casa del tío de Tekakwhita. Entonces fue cuando la joven
entró en contacto con el cristianismo pero, aunque su corazón
rápidamente aceptó la fe, todavía no solicitó el
bautismo.
Al cabo de cierto tiempo el Clan de las Tortugas se trasladó a la orilla
norte del Río Mohwk y construyó su “Castillo” en el
lugar que actualmente ocupa la ciudad de Fonda. Ahí entre frenéticas
escenas de masacre, libertinaje e idolatría, Tekakwhitha llevaba una
vida de remarcable virtud, propia no solo de una cristiana sino de una virgen
cristiana, pues una y otra vez rechazaba cualquier oferta de matrimonio con
firmeza y decisión, pese al riesgo que esto suponía para su seguridad.
Cuando la joven tenía dieciocho años, el Padre Jacques de Lamberville
llegó al lugar para hacerse cargo de una misión que incluía
al clan de las Tortugas, y ante la devota solicitud de Tekakwhitha, la bautizó.
A partir de ese momento la muchacha practicó su religión abiertamente
sin miedo alguno a la tremenda oposición de la que era objeto. Llegó
un momento en que la casa de su tío dejó de ofrecerle suficiente
protección y unos indios cristianos la ayudaron a escapar hacia Caughnawaga
en el golfo de San Lorenzo.
Allí se instaló en la cabaña de Anastasia Tegonhatsihonga,
india cristiana que, al igual que el resto del pueblo y los misioneros franceses,
quedó impresionada por la extraordinaria santidad de Tekakwitha. El nivel
de sus mortificaciones era extremo, Chauchtiere dice que en la plegaria alcanzaba
la más perfecta unión con Dios. Tras su muerte el pueblo desarrolló
inmediatamente una gran devoción por ella. Eran muchos los peregrinos
que acudían a visitar su tumba en Caughnawaga, en 1884 el Reverndo Clarence
Walworth mandó erigir un monumento junto a su sepultura; los Concilios
de Baltimore y Québec tienen solicitada su canonización.