Patriarca de Constantinopla, nacido en fecha desconocida; murió
el 25 de Febrero del año 806. Era hijo del Patricio y Prefecto de Constantinopla,
Jorge y de su esposa Eucracia y entró al servicio del Estado. En el 784,
cuando Pablo IV, Patriarca de Constantinopla murió, Tarasio se convirtió
en secretario imperial y en campeón de la veneración de las imágenes.
Parece ser que antes de morir, el patriarca Pablo IV habría recomendado
a Tarasio como su sucesor en el Patriarcado a la Emperatriz Irene, que era la
Regente en nombre de su hijo Constantino VI (780-797).
Terminado el entierro de Pablo IV se reunió una gran
asamblea popular ante el Palacio Magnaura para tratar el tema de la sucesión
a la sede vacante. La Emperatriz hizo un discurso sobre el nuevo nombramiento
al patriarcado y la muchedumbre proclamó a Tarasio como el candidato
más valioso. La Emperatriz lo agradeció y manifestó que
Tarasio había rechazado el nombramiento. Tarasio mismo pronunció
un discurso declarándose a si mismo indigno de tal ministerio ya que,
además, la elevación de un laico era muy arriesgada y la posición
de la Iglesia de Constantinopla había llegado a ser muy complicada, ya
que estaba separada de los católicos de Occidente y aislada de los otros
Patriarcados orientales; en consecuencia, explicó, él estaría
dispuesto a aceptar el cargo de Patriarca con la condición de que se
restaurara la unidad y que, de acuerdo con el Papa, se convocase un concilio
ecuménico. La mayoría del pueblo aprobó estas ideas y lo
mismo la Corte imperial. Así, el 25 de Diciembre de 784, Tarasio fue
consagrado Patriarca. En 785 envió al sacerdote Jorge como su legado
al Papa Adriano I con una carta en la que anunciaba su nombramiento. En su respuesta,
el Papa expresó su desaprobación a la elevación de Tarasio
directamente de laico a obispo en contra de las normas canónicas, pero
concedió clemencia para gobernar en vista de los ortodoxos puntos de
vista del Patriarca y le reconoció como tal.
Después de esto, Tarasio, en acción combinada
con el Papa y la Corte Imperial, convocó el II concilio de Nicea, VII
de los ecuménicos, que rechazó la doctrina iconoclasta. La unión
con la iglesia de Roma fue restaurada.
Concluido el Concilio, el Patriarca disputó un gran número
de luchas, no solo con el partido de los iconoclastas de la capital sino también
con el partido de los monjes ortodoxos. Primeramente, estos le reprocharon el
haber reinstaurado en sus sedes a los obispos iconoclastas si bien se habían
sometido a los decretos del Concilio de 787. Sin embargo, esta acusación
no tuvo efecto, ya que se habían seguido en todo momento los decretos
conciliares. Otra acusación fue mucho más importante: que Tarasio
había tolerado y promovido la simonía, porque a los obispos que
habían pagado dinero para conseguir sus puestos, solamente los condenó
a un año de penitencia, manteniendo sus sedes. El Patriarca se defendió
a si mismo por escrito de esta acusación que rechazó de plano;
más aún, escribió una muy severa carta sinodal contra los
simoníacos. Los monjes, sin embargo, no estaban satisfechos; mantenían
sus acusaciones y, también, atacaron al Concilio de 787. Algo más
tarde, Teodoro de Studium, que había participado en aquellas disputas,
mudó su opinión sobre Tarasio e incluso sobre el segundo Concilio
de Nicea, cuyo carácter ecuménico reconoció finalmente.
En relación con Occidente continuaron existiendo grandes dificultades.
También hubo nuevas discusiones en Constantinopla cuando el emperador
Constantino VI apartó a su esposa legítima y quiso casarse con
Theodata, pariente del Abad Teodoro de Studium. Tarasio rechazó de plano
oficiar el segundo matrimonio y expresó su desagrado por la conducta
del sacerdote José que había casado al emperador. Los celosos
monjes, cuyos líderes eran los abades Plato de Sacudium y Teodoro de
Studium, acusaron al Patriarca de debilidad, porque no actuó contra el
emperador. Rechazaron tener comunidad eclesial con Tarasio en el futuro y fueron,
consecuentemente, perseguidos violentamente por el emperador quien, sin embargo,
trató al Patriarca ásperamente. Después que Irene destronó
a Constantino en 797, Tarasio depuso al sacerdote José y la paz fue de
nuevo restaurada entre el Patriarca y los monjes (Ver THEODORE OF STUDIUM).
En 802, Tarasio coronó al emperador Nicéforo,
que, a su vez, había destronado a Irene, un acto que había desagradado
muchísimo al pueblo. El Patriarca, en ningún momento, había
tenido nada que ver con las intrigas de la Corte. Su vida fue ascética
y simple, reprimió el lujo del clero, predicó con gran celo y
fue muy caritativo con los pobres. Después de su muerte fue venerado
como santo. Su nombre está incluido en el Martirologio Romano y la fecha
de su fiesta es el 25 de Febrero.
P. KIRSCH
Transcrito por MichaelC. Tinkler
Traducido por Francisco Javier Revuelta