HISTÓRICA SINDÓNICA
La primera vez que se menciona a la Sábana Santa es en los Evangelios.
Mateo (27, 59), Marcos (15, 46) y Lucas (23, 53) nos cuentan que José
de Arimatea se hizo cargo del Cadáver de Jesús descolgándolo
de la cruz y envolviéndolo en una Sábana limpia cuando
lo depositó en un sepulcro nuevo excavado en una peña.
Los Evangelios se escribieron en griego, y en esa lengua la palabra
“sábana” se dice s??d??, razón por la que
a esta reliquia también se la conoce con el nombre de “Síndone”.
A partir de ahora nos referiremos indistintamente a ella también
con este término técnico. La Sindonología es, por
tanto, el esfuerzo de múltiples disciplinas científicas
para tratar de comprender en su conjunto qué es la Síndone
y verificar o no su autenticidad. Por cierto, la palabra “sudario”
referida a esta reliquia es del todo impropia, pues traduce como “sábana”
el s??da???? griego que es, en realidad, un pañuelo.
La Síndone es lo suficientemente larga como para cubrir un cuerpo
humano tanto por delante como por detrás. Una de las objeciones
que a menudo se plantean es que los hebreos sepultaban los cadáveres
de una forma mucho más compleja, no sólo envueltos en
una tela, pero se responde fácilmente cuando deducimos por el
relato evangélico que al cadáver de Jesús lo ponen
en el sepulcro provisionalmente dado que tienen que dejar de trabajar,
según la ley judía, antes de que comience el sagrado sábado,
es decir, mientras todavía se puede distinguir un hilo blanco
de un hilo negro con la luz solar del viernes por la tarde. Esa es la
razón por la que las santas mujeres acuden el domingo por la
mañana con los aromas para terminar de ungir el cadáver,
cosa que no podrán hacer porque el Cuerpo del Maestro ya no está
en el interior del sepulcro.
Cuenta el Evangelio que la primera persona a la que se aparece Jesús
Resucitado es María Magdalena y a ella le encarga que vaya a
contárselo a los Apóstoles. Cuando la Magdalena cumple
esta misión, Pedro y Juan corren para comprobar por sí
mismos la veracidad del relato y, efectivamente, encuentran el sepulcro
vacío y el Lienzo sobre la losa, tal y como lo habían
dejado el viernes por la tarde. Para un judío una mortaja, así
como todo lo que hubiese estado en contacto con un cadáver, era
algo impuro: estaba manchada de sangre y dentro de una tumba. No obstante,
no es descabellado pensar que los Apóstoles la conservaran porque
si Cristo había en verdad resucitado ya no se podía aplicar
al Lienzo aquella idea de impureza legal, puesto que el Maestro estaba
vivo.
Si bien Eusebio de Cesarea, un historiador cristiano del siglo IV,
da a entender que la Síndone fue resguardada por los discípulos
en la cercana ciudad de Pella para evitar su destrucción ante
el asedio de las legiones romanas de Tito, los evangelios apócrifos
nos dan una pista de cuál pudo haber sido su auténtico
destino.
Se escribieron diversos relatos sobre Jesús al comienzo de nuestra
era, los denominados “apócrifos”, y forman parte
de la literatura cristiana de los primeros siglos. En uno de estos evangelios
apócrifos, el denominado “Doctrina de Tadeo”, se
cuenta la historia del rey Abgar V de Edesa que, según parece,
padecía la lepra. Este rey envió una carta a Jesús
rogándole que fuese hasta allí para curarle, a lo que
Jesús responde que una vez haya consumado Su misión en
este mundo enviará a uno de Sus discípulos hasta Edesa
en Su nombre. Este relato cuenta, además, que el rey Abgar se
curó milagrosamente cuando recibió al discípulo
que le llevaba una imagen de Jesús “arquerópita”,
es decir, “no elaborada por mano humana”.
Según el historiador de la Universidad de Oxford Ian Wilson,
ese “retrato”, entre comillas, no era otro que la Sábana
Santa doblada de tal forma que sólo mostraba la cara de la enigmática
imagen frontal que se puede apreciar claramente en ella. A esto apunta
el hecho de que a la tela venerada en Edesa como el verdadero Rostro
de Cristo se la conocía, entre otros, con el nombre de “Tetradiplon”
(que quiere decir “doblado cuatro veces”, en griego). Es
curioso observar que en las leyendas más antiguas, la Santa Verónica
era precisamente una princesa de Edesa. Y hasta el nombre de la santa
proviene del latín “vera icona”, o lo que es lo mismo,
“verdadera imagen”. Wilson precisa que es muy probable que
se escribiese el relato apócrifo de la correspondencia entre
Abgar y Jesús precisamente para justificar la presencia en Edesa
de una tela con la imagen de Cristo. En textos de siglos posteriores
a esa tela se la denomina Mandylión (es decir, “sudario”,
en siríaco)
El Mandylión fue venerado en Edesa en un marco de oro en el
punto más importante de la ciudad. No obstante, uno de los hijos
de Abgar volvió al paganismo y comenzó una persecución
contra los cristianos que motivó que la reliquia fuese escondida
en un nicho sobre la puerta occidental de la muralla. Allí permaneció
oculta hasta que en el año 525 una enorme riada la puso al descubierto.
El mismo emperador bizantino Justiniano II, enterado del hallazgo, envió
dinero para construir una catedral donde poder conservarla que poder
conservarla. Los persas intentaron conquistar Edesa en el año
544, pero se asustaron al ver que sus habitantes utilizaban la imagen
de Jesús grabada en la tela como escudo protector.
Más tarde, en el año 944, el entonces emperador bizantino
Romano I Lecapeno compró el Mandylión a los árabes
que dominaban Edesa en ese momento por 12.000 denarios de plata, la
liberación de doscientos prisioneros y la promesa formal de que
los ejércitos imperiales no volverían a poner los pies
en Edesa. El 16 de agosto de ese año, el Mandylión fue
trasladado solemnemente a Constantinopla y se produce un hecho muy interesante:
el arcediano Gregorio pronuncia un sermón en la catedral de Santa
Sofía en el que afirma que le impresiona enormemente contemplar
en el Mandylión la herida del costado del Señor. Esto,
junto a otros documentos descubiertos en el Monte Athos por Mark Guscin,
insvestigador del Centro Español de Sindonología, confirman
que, en efecto, el Mandylión no era más que la Sábana
Santa doblada, y que con el traslado se dieron cuenta de que conservaba
una impronta de cuerpo entero y no sólo de la cara.
Robert de Clary, cronista de la IV Cruzada, relata textualmente en
1204 que en el monasterio de Santa María de Blanquerna se guardaba
la Sábana “en la que Nuestro Señor fue envuelto,
y cada viernes se izaba toda derecha, y así que se podía
ver bien la figura de Nuestro Señor”.
Es en este punto donde la historia de la Síndone se conecta
con la de la Orden de los Templarios. La Orden fue acusada por la Santa
Sede de venerar un extraño rostro de Cristo. En la noche del
6 de octubre de 1307, pocas horas antes del ajusticiamiento de los principales
dirigentes templarios, un carro abandonó la fortaleza del Temple
en las afueras de París. El hombre que lo conducía se
protegía con una simple sábana. Los soldados de Felipe
IV el Hermoso registraron la carga de heno, pero no encontraron el fabuloso
tesoro que supuestamente querían salvar los templarios. Siete
años después, en 1314, Jacques de Molay, gran maestre
de la Orden del Temple y Godofredo de Charny, su lugarteniente y comendador
de Normandía, eran quemados. En 1349, por orden del Papa Clemente
V, otro Godofredo de Charny, señor de la ciudad francesa de Lirey
y probablemente familiar del caballero templario ajusticiado, expone
la Sábana Santa a la veneración de los fieles que visitan
la Colegiata. Margarita de Charny, nieta de Godofredo, retiró
la Sábana de allí y la trasladó al castillo de
San Hippolyte. Finalmente, se la vendió a los Duques de Saboya
el 22 de marzo de 1453 y éstos se la llevaron a Chambéry,
donde se encontraba su corte.
En la noche del 3 al 4 de diciembre de 1532 se produjo un incendio
en la capilla en la que se guardaba la Síndone. La reliquia se
encontraba doblada y metida dentro de una doble caja, de madera en el
interior y de plata por fuera. Cuando el fuego alcanzó el relicario,
una gota de plata fundida penetró en el interior y cayó
sobre la tela quemando el tejido y dañando la Sábana para
siempre con dieciséis agujeros. La temperatura generada por el
fuego tuvo que haber alcanzado los 920 grados necesarios para que la
plata se fundiera. El agua arrojada sobre la urna para enfriarla penetró
por las rendijas y mojó parte del tejido dejando unas manchas
que aún hoy se pueden apreciar. Los agujeros fueron remendados
dos años más tarde por las monjas clarisas empleando corporales
bendecidos. Esta labor la realizaron de rodillas y utilizando agujas
de oro mientras pronunciaban oraciones de deprecación.
En el año 1576 una epidemia de peste asoló la diócesis
de Milán. Su cardenal, San Carlos Borromeo, prometió que
si la enfermedad cesaba iría a pie a venerar la Síndone
hasta Chambéry. Enterados de este voto, los duques de Saboya
quisieron acortar el viaje del santo y evitar que tuviese que atravesar
los Alpes siendo ya un hombre mayor. Por eso, en 1578, trasladaron la
Síndone hasta la ciudad piamontesa de Turín, donde se
conserva desde entonces, en la capilla construida por Guarino Guarini,
dedicada a San Juan Bautista y que conecta, a la vez, con la Catedral
de la Diócesis y con el Palacio Real. La Síndone sólo
ha abandonado Turín, y en secreto, durante la II Guerra Mundial,
momento en que fue trasladada por motivos de seguridad al santuario
benedictino de Montevergine, en las montañas.
La Sábana Santa fue propiedad de los Duques de Saboya durante
más de quinientos años, hasta que en 1983 Humberto II
de Saboya, el desterrado rey de Italia, se la regaló a la Santa
Sede. El Vaticano ha considerado acertadamente que la reliquia, conocida
en todo el mundo como “la Sábana de Turín”,
permanezca en la capital piamontesa.
En diversas ocasiones la Síndone ha sido expuesta a la veneración
pública en lo que se denomina una “ostensión”.
Mientras, ha estado guardada en diversos recipientes, la mayor parte
del tiempo cosida a una tela de soporte, enrollada y metida dentro de
un relicario rectangular que, a su vez, se conservaba en el altar de
mármol negro de la capilla de San Juan.
Esta capilla fue prácticamente destruida en un nuevo incendio
que por segunda vez puso en serio peligro la existencia de la Síndone.
Tuvo lugar en la noche del 11 al 12 de abril de 1997 y por lo publicado
en la prensa italiana hay serios indicios de que fue provocado. Los
bomberos de Turín consiguieron recuperar la reliquia y posteriormente
se comprobó que afortunadamente no había sufrido daño
alguno.
En la actualidad, la Síndone está conservada en una
cápsula de cristal irrompible alimentada con argón, un
gas inerte que frena la proliferación de bacterias que podrían
dañar la celulosa del tejido. El complejo sistema de conservación
está controlado en todo momento por ordenador y dispone de ruedas
que permiten su traslado.
PRINCIPALES ESTUDIOS CIENTÍFICOS SOBRE LA SÍNDONE
La Sábana Santa mide 4 metros y 42 centímetros de largo
por 1’13 de ancho. Está compuesta por dos piezas cosidas
a lo largo. Tiene un color parduzco característico y está
hecha de lino prácticamente puro entre cuyos hilos se han hallado
algunas fibras sueltas de algodón.
El experto textil profesor Raes determinó que la forma de entrelazar
los hilos, llamada “sarga” o “espina de pescado”,
es la propia de uno tipo de telares que dejaron de funcionar en Antinópolis
en el siglo IV. Es decir, estamos ante una tela muy antigua.
La reliquia está muy contaminada. Esto es una suerte para los
investigadores, puesto que toda esa basura añadida, convenientemente
analizada, proporciona una información extraordinaria sobre las
vicisitudes históricas que acabamos de relatar.
En la Síndone se aprecian diversas huellas. Las más
llamativas son dos grandes líneas longitudinales de tela quemada
que corresponden a los daños producidos por el incendio de 1532.
Hasta el año 2002, momento en que la Sábana fue restaurada,
los dieciséis agujeros producidos por la gota de plata recalentada
estuvieron cubiertos con los remiendos aplicados por las clarisas de
Chambéry. También se observan con claridad manchas de
lo que en 1978 se determinó que es sangre. Por último,
es visible una doble impronta, frontal y dorsal, del Cuerpo del Hombre
que se envolvió con la reliquia.
1898 fue un año muy importante en la reciente historia sindónica
porque por vez primera la Sábana fue fotografiada. El encargado
de hacerlo fue Secondo Pia, un abogado turinés aficionado al
entonces nuevo arte fotográfico. Tuvo contratiempos con la iluminación
y empleó para obtener las placas una enorme y primitiva cámara
que aún hoy puede verse en el Museo Sindónico de Turín.
Él mismo relata que cuando reveló las fotografías
en su estudio quedó sobrecogido, porque era en el cliché,
en el negativo fotográfico, donde se observaba con perfecta nitidez
la imagen delantera y trasera de un Hombre de particular belleza cuyo
Rostro sereno contrastaba enormemente con las huellas de las torturas
a las que, según la Síndone, fue sometido. Pia fue el
primer hombre que vio la imagen que la Síndone había mantenido
oculta hasta ese momento.
Desde la invención de la fotografía todos hemos tenido
alguna vez un cliché en la mano y sabemos interpretar un negativo,
es decir, la inversión de blanco y el negro. Lo que es blanco
en la realidad aparece negro en el cliché, y vice-versa. En la
Sábana ocurre exactamente al contrario, es decir, sólo
observamos la imagen auténtica en el cliché, lo que convierte
a toda la reliquia, inexplicablemente, en un negativo fotográfico
en sí. La Síndone, por tanto, lleva un adelanto de diecinueve
siglos a su propia época. En 1931 y 1933, un fotógrafo
profesional, Giuseppe Enrié, bajo la tutela de diversos peritos,
tomó nuevas fotografías, más detalladas, y confirmó
que lo que Secondo Pia había observado tres décadas atrás
volvía a suceder: el negativo de las fotos era el lugar idóneo
para observar la imagen, y no la Sábana.
La ciencia se ha interesado por la Síndone en distintas ocasiones.
Los primeros en estudiarla como la huella de un horrendo crimen fueron
diversos médicos como los doctores Paul Vignon, profesor de Biología
del Instituto Católico de París, Yves Delage, profesor
de Anatomía de la Sorbona francesa, Pierre Barbet, cirujano jefe
del Hospital de San José de París o Giovanni Judica-Cordiglia,
profesor de Medicina Legal de la Universidad de Milán, entre
otros. No hay un solo forense que se haya acercado a la Síndone
a estudiarla que no coincida en que las huellas que en ella se aprecian
son anatómicamente perfectas y corresponden, sin lugar a dudas,
a las que dejaría en una tela el cuerpo de un varón crucificado
tal y como describen los Evangelios y como la arqueología y la
historia nos indican que hacían los romanos en el siglo I. Es
más: en la Síndone aparecen claramente reflejadas huellas
de tipo anatómico-forense desconocidas antes de nuestro siglo,
como por ejemplo la presencia de sangre venosa y sangre arterial, sangre
pre y post mortal o suero sanguíneo alrededor de las costras
que sólo es posible apreciar cuando se fotografía la reliquia
con luz ultravioleta. Para ser exactos, la Síndone es el único
retrato de la Pasión que, en contra del resto de las representaciones
de la misma realizadas a lo largo de dos mil años de arte cristiano,
muestra detalladamente cada una de las torturas sin un solo error.
No obstante, fue durante el mes de octubre de 1978 cuando un equipo
multidisciplinar de científicos denominado S.T.U.R.P. (siglas
en inglés de Shroud of Turín Research Project) tuvo en
su poder la Síndone durante 120 horas seguidas para analizarla
con los instrumentos más avanzados del momento. El coordinador
del equipo fue el John Jackson, físico de la Academia de las
Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos y que trabajó estrechamente
con varios expertos del Laboratory Jet Propulsion de Pasadera. Los resultados
de sus investigaciones fueron publicados por las revistas científicas
más prestigiosas.
Lo primero que hizo el equipo fue desenrollar la Síndone y
colocarla cuidadosamente en un bastidor diseñado ex profeso para
el estudio de la reliquia. Descosieron parte de la tela de sujeción
para poder observar el otro lado y descubrieron que en ese zona también
estaban las manchas de sangre que habían empapado la mortaja,
pero no se podía apreciar tan claramente la imagen del Hombre
de la Sábana. A la Síndone la fotografiaron con luz normal
y luz ultravioleta, se la observó con microscopios electrónicos
y se la sometió a diversas pruebas cuyos resultados, aún
hoy, nos siguen admirando.
ESTUDIO PALINOLÓGICO
La palinología es la parte de la botánica que se encarga
del estudio de los pólenes, es decir, de los granos microscópicos
contenidos en las anteras de las flores y que son, en sí, las
células reproductoras de las plantas fanerógamas. Cada
flor produce su propio polen, inconfundible, y un palinólogo
es capaz de identificar a qué planta pertenece un determinado
grano polínico. Hay plantas que se denominan endemismos porque
sólo se dan en determinadas zonas del Planeta. El polen es arrastrado
por el viento dentro de un territorio, pero el viento amaina y el polen
cae y se deposita sobre los tejidos que se encuentran en su camino.
Esto es muy interesante para una investigación policial, pues
analizando la ropa de un presunto asesino se puede saber si estuvo en
este bosque o pasó por aquel jardín.
Uno de los palinólogos más famosos del mundo por haber
sido director del Servicio Científico de la Policía Criminal
de Zurich hasta su jubilación, el profesor Max Frei, fue el encargado
de estudiar los pólenes presentes en la Sábana Santa.
Tomó muestras del polvo depositado sobre ella y dedicó
nueve años al estudio de estas muestras. Hizo siete expediciones
a Oriente Medio para identificar sin lugar a dudas los pólenes
que había encontrado. Identificó, en fin, 49 especies
distintas, algunas comunes y otras exclusivas de los lugares por los
que sabemos que pasó la Síndone. Entre sus principales
conclusiones están que la contaminación polínica
de la Síndone es la normal de un objeto con sus características,
que el lienzo ha viajado y ha sido expuesto al aire de lugares muy diversos
del mundo, que tres cuartas partes de las especies encontradas sobre
la Síndone crecen en Palestina, entre ellas el zygophillum dumosum
y la gundelia turnefortii, y que también se hallan en la tela
granos de polen secos de plantas que se han encontrado en los estratos
sedimentarios de hace dos mil años del Lago de Galilea. En resumen:
los pólenes microscópicos presente en la reliquia confirman
punto por punto el recorrido histórico que conocemos de la Sábana
y son, en palabras del propio Frei, una prueba infalsificable porque
nadie hubiese podido manipular pólenes de tan distintas partes
del mundo antes de inventarse el microscopio a finales del siglo XVII.
ESTUDIO HEMATOLÓGICO
El estudio médico forense de las manchas de la Síndone
comenzó por la determinación de si lo que aparentemente
se ve como sangre en la tela es sangre real. De ello se encargaron los
doctores Alan Adler y John Heller. Tras estudiar los hilos impregnados
llegaron a la conclusión de que, efectivamente, se trata de sangre
humana. Además, comprobaron que bajo las costras de sangre coagulada
no hay imagen, lo que quiere decir que la Sábana se manchó
primero de sangre y sólo después llegó hasta la
tela la imagen del Hombre que en ella se envolvió. Esto también
descarta una posible falsificación, porque sería absurdo
pensar que un falsificador medieval primero “pinta” con
sangre las manchas en lugares anatómicamente perfectos y luego
genera la imagen del Cuerpo para hacerla coincidir con aquellas. Si
se hubiese empleado un pincel con sangre para pintar las manchas, por
cierto, no hubiese quedado, como así es, una película
de suero sólo visible con luz ultravioleta alrededor de los regueros.
Por último, el profesor Baima Bollone, en 1981, determinó
utilizando anticuerpos fluorescentes, que la sangre presente en la Sábana
es del tipo AB, muy extraño entre los seres humanos pero curiosamente
el más común entre las personas de raza hebrea.
Precisamente, fotografiando ese suero sanguíneo sólo
visible con luz ultravioleta, se comprobó que el Rostro del Hombre
de la Sábana se encuentra surcado por hilillos de sangre, lo
que correspondería correspondería a un fenómeno
conocido como “hematohidrosis” y que consiste en que el
sujeto, a causa de un intensísimo stress, suda sangre tras romperse
los vasos sanguíneos superficiales debido a la tensión
emocional. Recordemos que el Evangelio de San Lucas menciona este dato
en el momento de la angustiosa oración de Jesús en el
Huerto de Getsemaní poco antes de ser apresado. Es curioso observar
que es precisamente San Lucas, médico de profesión, el
único de los cuatro evangelistas que recoge este dato.
HIPÓTESIS SOBRE LA FORMACIÓN DE LA IMAGEN SINDÓNICA
La mayor sorpresa de los investigadores llegó a la hora de explicar
el proceso de formación de la imagen presente en la tela.
Estudiosos como Vignon o Romanese habían intentado en el pasado
reproducir una imagen similar empleando diversas técnicas como
la vaporigrafía, la aplicación de hierros candentes o,
sencillamente, la pintura, pero todos fracasaron en su intento de mostrar
a la ciencia una imagen que tuviese las mismas características
que se pueden apreciar en la de la Sábana Santa.
Otra objeción que a veces se plantea contra la autenticidad
de la reliquia es que existen muchas “sábanas santas”
en el mundo. Y es cierto. Domenico Leone, por ejemplo, catalogó
en su día más de setenta sólo en España,
pero basta observarlas para darse cuenta de que son copias pintadas
sobre telas, algunas verdaderamente malas, que se consideran reliquias
de segundo grado por haber estado en contacto en algún momento
con el original conservado en Turín. Además, todas las
copias tienen un certificado que acredita que lo son y siempre hacen
referencia a la Síndone como modelo original. Es más:
los pintores, desconcertados ante lo que veían y siendo incapaces
de interpretar el efecto de negatividad fotográfica que ya hemos
explicado, también pintaban en su ingenuidad los agujeros, las
quemaduras y los remiendos.
En la tela de Turín no hay pintura. Esto es fácilmente
constatable cuando se observa que están coloreados los hilos,
pero no hay grumo de pintura entre hilo e hilo, como sería lógico
tras dar un brochazo sobre el lienzo. Cualquiera que diga hoy que la
imagen de la Sábana Santa es pintada merece, sin más,
la misma consideración que si dijese que la Tierra es plana.
Además, la imagen es muy superficial. Se ha calculado que si
un hilo tuviese el grosor de un brazo humano sólo estaría
coloreado lo que correspondería al vello superficial. La imagen
no ha sido generada por contacto, pues de haber sido así sólo
tendríamos retratadas aquellas partes del cuerpo que tocaron
la tela, pero dado que hay imagen del cuerpo al completo, incluso de
partes que estaban alejadas de la Síndone, se debe concluir que
el foco necesario para realizar esta singular fotografía salió
desde dentro del cadáver y fue proyectado de manera uniforme
hacia todos lados.
El Jet Propulsión Laboratory de Pasadena fue el Centro encargado
de interpretar, a finales de los años 70, las imágenes
que las sondas robot Viking enviaron a la Tierra desde la superficie
de Marte. Con esa información, los científicos fueron
capaces de generar un mapa tridimensional de la orografía del
Planeta Rojo. Para ello emplearon un ordenador llamado VP-8, especializado
en el tratamiento de imágenes computerizadas. A los profesores
John Jackson y Eric Jumper se les ocurrió la idea de someter
al mismo proceso y con esta herramienta a la imagen presente en la Síndone.
El resultado fue una gigantesca sorpresa: un modelo volumétrico
tridimensional del Hombre de la Sábana tan perfecto que es posible,
incluso, rotarlo para obtener su perfil. Los expertos quedaron perplejos
porque, dicho con otras palabras, acababan de descubrir que en un lienzo
fúnebre del siglo I hay codificada información tridimensional
para que pueda ser interpretada correctamente por los ordenadores de
la Era Espacial.
Tras esto, el Equipo de Investigación STURP resumió
en nueve puntos las claves exclusivas de la imagen sindónica,
y son los siguientes:
• Superficialidad: el agente causante de la imagen sólo
alteró algunas fibras de los hilos.
• Ausencia de pigmento: no se trata de tintes o pinturas.
• Estabilidad hídrica: el agua no es capaz de borrarla.
• Estabilidad química: no se conocen reactivos químicos
capaces de modificar la calidad de la imagen y, por tanto, no fue generada
mediante procesos químicos como ocurre, por ejemplo, con las
técnicas vaporigráficas.
• Pormenorización: se pueden, incluso, contar los latigazos
que le dieron a la víctima. La imagen, además, está
perfectamente enfocada.
• No direccionalidad: es decir, está proyectada de manera
uniforme a lo largo de toda su superficie.
• No elaborada por contacto: pues de haber sido generada al entrar
en contacto con el cuerpo no hubiéramos tenido imagen, como así
es, de las zonas que no tocó.
• Negativa: en la imagen se produce el efecto de inversión
de blanco y negro propio de los procesos fotográficos.
• Tridimensionalidad: los matices de grises (que no capta el ojo
humano) no corresponden a luz y sombra, sino a distancia, con lo que
empleando los instrumentos informáticos adecuados es posible
generar un modelo volumétrico del cuerpo que fue envuelto en
el Lienzo.
¿Cómo es posible explicar una imagen que es única
en toda la historia del arte y que desafía a todas las técnicas
conocidas, de la que sólo hay un ejemplar y que con nuestra tecnología
del siglo XXI aún no hemos sido capaces hoy de reproducir? El
Equipo de Investigación STURP, con lógica, tuvo que descartar
todas las hipótesis de formación de la imagen que no cumpliesen
rigurosamente estos nueve requisitos. Sus conclusiones han constituido
la noticia más espectacular sobre la Síndone que se ha
divulgado porque, dadas estas evidencias, han formulado la siguiente
hipótesis para explicar la formación de la imagen: durante
un brevísimo espacio de tiempo, el cuerpo envuelto por la Síndone
podría haber generado desde su interior un “destello”
uniforme de energía radiante de naturaleza desconocida lo suficientemente
potente como para “retratarlo” sobre el Lienzo, pero a la
vez tan delicado que no deterioró la tela. Este hipotético
relámpago luminoso se produjo, además, mientras el cuerpo
comenzaba a hacerse “mecánicamente transparente”
(es decir, empezaba a “desubicarse”, a desaparecer) y permitía
que la Sábana, atraída por la gravedad, lo atravesase
en su caída. El lienzo, por tanto, quedó exactamente en
la misma posición en la que había sido colocado al anochecer
del viernes, pero sin el relieve característico que tendría
de estar envolviendo un cadáver. Es decir: vacío. Esto
coincide, por cierto, con la forma en la que el Evangelio según
San Juan describe la manera en la que Pedro y Juan encuentran la Sábana
el domingo por la mañana: ???µe?a, o sea, “allanada”,
“alisada”, “vaciada”. No sólo eso: estudiando
la imagen de la espalda se aprecia que no existe presión sobre
las zonas que tendrían que haber estado soportando en ese momento
un peso aproximado de 80 kilos, lo que quiere decir que en el instante
de fogonazo radiante propuesto como hipótesis el Cuerpo, sencillamente,
carecía de peso alguno. De haberse retirado la Sábana
para sacar el cadáver se hubiesen quebrado los bordes de los
regueros de sangre ya coagulada, y cuando se los examina se ve que están
intactos. O sea, el Cuerpo dejó de estar dentro de la Síndone
que, repetimos, sencillamente se deshinchó. Pero, naturalmente,
ningún cadáver genera algo similar, con lo que lo que
acabamos de relatar es imposible. Lo fascinante es que en la Sábana
Santa se nos muestra una imagen que no debería existir.
Es lógico que la primera tentación de un creyente sea
levantar el dedo y preguntarle al científico si lo que nos está
describiendo es la Resurrección. Muy prudentemente, el Dr. Jackson
explica que a él sólo le corresponde explicar en una hipótesis
el proceso de formación de la imagen presente en el objeto que
se le ha dado para su estudio, pero no puede emplear la palabra “Resurrección”
porque no corresponde al ámbito científico sino al religioso.
Un fenómeno como el descrito no se puede reproducir en un laboratorio
y, por tanto, es indemostrable por la ciencia.
ESTUDIO ANATÓMICO-FORENSE
El Hombre de la Sábana, en opinión de los peritos forenses
que han estudiado la reliquia, fue torturado de forma inmisericorde
con una malicia inusitada. Si la Síndone es una falsificación,
es la prueba de que en algún momento de la Historia algún
falsario torturó y crucificó a una víctima exactamente
igual a como nos dicen los Evangelios que se hizo con Jesús.
Pero vamos por partes.
Lo primero que hicieron los médicos del equipo STURP fue analizar
antropométricamente al Hombre de la Síndone. Varón
de unos 30 años. Caucásico. Mide entre 1’81 y 1’86
de estatura (la medida varía a causa de los pliegues de la tela
y a la torsión del cadáver debida a la propia crucifixión).
99 centímetros de torso. 82 centímetros desde el hombro
a la punta de los dedos de la mano. 94 centímetros de piernas.
42 centímetros el perímetro máximo de las rodillas.
80 kilos. Peso aproximado del cerebro: 1.492 gramos. En resumen, un
cuerpo humano atlético perfecto y de particular belleza.
Sigamos el relato de la Pasión según los Evangelios
y comparémoslo con lo que nos muestra la Síndone, pues
no en vano se la ha llegado a llamar “el Evangelio número
cinco” porque complementa perfectamente a los de la Biblia.
Jesús es sometido a dos juicios. El primero, por blasfemo al
decir de Sí mismo que era el Hijo de Dios. El tribunal es el
Sanedrín, consejo de ancianos del Israel teocrático. Mientras
es interrogado por el Sumo Sacerdote recibe un golpe en la mejilla.
En el texto original del Evangelio de San Juan se dice que el esbirro
de Caifás le da a Jesús un ?ap?sµa y erróneamente
se traduce este término griego por “bofetada”. En
realidad, habría que traducirlo por “porrazo”, “golpe
seco y contundente infligido con un palo”, “bastonazo”.
También en la Palestina del siglo I los soldados iban armados
con porras y es con ese instrumento con el que golpean a Jesús.
El Hombre de la Síndone muestra una excoriación en el
pómulo dirigida hacia la nariz y se aprecia perfectamente que
el tabique nasal ha sido quebrado por el golpe y muestra, además,
múltiples magulladuras. Recordemos que desde que Jesús
es detenido en el Huerto de Getsemaní hasta prácticamente
el momento de morir recibe continuamente golpes que le van desfigurando
la cara. Es inconcebible la extraordinaria crudeza de este castigo teniendo
en cuenta que se trata de un reo desprotegido, atado y que en ningún
momento presenta resistencia.
El segundo juicio tiene como juez al octavo procurador romano en la
Judea, Poncio Pilatos. La acusación, en este caso, es sedición,
porque Jesús afirmó públicamente ser rey de un
Reino que no es de este mundo. Pilato estaba convencido de la inocencia
de Jesús, según nos cuentan los mismos Evangelios, y se
le ocurrió una estratagema para salvarle la vida: mandó
que lo azotaran y luego lo mostró al pueblo ensangrentado, buscando
sin éxito la misericordia del populacho.
A Jesús, por tanto, lo flagelan con terrible dureza, pero atendiendo
a la orden de Pilato de respetar Su vida los verdugos se cuidan de no
golpear la zona del corazón. Para este castigo emplean el llamado
“flagrum taxilatum”, un látigo con dos o tres colas
de cuero y unas piezas de hierro pequeñas en los extremos que
escorian la piel cuando la golpean. Por su crueldad, este flagelo recibía
el nombre de “escorpión” o “caricia de Satanás”.
Midiendo los ángulos de los golpes que se aprecian en el cuerpo
del Hombre de la Sábana se deduce que hubo dos agresores, el
de la izquierda más bajito y más sádico, que golpearon
la espalda, las nalgas y las piernas, aunque también el pecho
y la zona genital. La pérdida de sangre tuvo que haber sido profusa
y es de suponer que Jesús perdió el conocimiento en alguna
ocasión dada la brutalidad de la paliza.
La flagelación era una práctica de la ley romana, y según
ella se infligía a los condenados a muerte. El Dr. Milklik cita
el número de escritores romanos que describen la inaudita crudeza
del suplicio de la flagelación. A veces dejaba al descubierto
las entrañas. Algunos morían en el lugar del suplicio.
Otros quedaban lisiados para toda la vida. Flavio Josefo y Filón,
cuentan casos de muerte después de ser flagelados. El Hombre
de la Sábana fue azotado con método y precisión
por gente que dominaba perfectamente la técnica de su oficio,
y mientras se hallaba inmovilizado con ataduras. La Síndone nos
demuestra que las heridas de la flagelación en los glúteos
y la cadera tienen la misma profundidad que el resto del cuerpo, con
lo que se deduce que el castigo se le practicó mientras el Hombre
de la Sábana estaba desnudo. Una nota importante asombra el sadismo
escalofriante de los verdugos que golpearon con mayor intensidad en
la parte delantera superior interna de ambos muslos, junto a las ingles.
El Flagelo utilizado era lacerante, abría la piel del reo y provocaba
la salida de sangre a cada golpe. La duración de la flagelación
pudo ser de 25 a 35 minutos.
De ningún otro crucificado más que de Jesús de
Nazaret se sabe que haya sido coronado con espinas. Era una burla cruel
a un Hombre que había afirmado ser rey. Estamos acostumbrados
a ver la corona como en forma de anillo que rodea la frente y las sienes,
pero la realidad fue otra. Existen en la imagen de la Síndone
graves lesiones distribuidas por las regiones frontal, tempo-parietales
y parieto-occipitales. Todos los autores coinciden en que se trata de
lesiones provocadas por objetos punzantes en el cuero cabelludo que,
debido a su gran número, produjeron una hemorragia múltiple
y un agudísimo dolor. Estas lesiones son explicables porque la
cabeza del Hombre de la Sábana estuvo cubierta por un casco o
capacete de púas. Los experimentos médicos realizados
al respecto confirmaron esta hipótesis. No olvidemos que, según
el relato Evangélico, los soldados, con satánica malicia,
comenzaron además a golpearle sobre la corona con un palo para
clavársela más profundamente. Esto tuvo que provocarle
un dolor de paroxismo. En la Sábana se aprecia un reguero de
sangre en forma de tres invertido que se produjo al perforar con una
de las espinas la vena frontal y manar la sangre sobre una frente arrugada
por el dolor.
Otro error bastante común es representar a Cristo cargando
con toda la cruz. En la espalda, justo en la región escapular,
vemos una amplia zona erosiva y contusa de forma rectangular que se
distribuye oblicuamente de arriba abajo, de unos 10 x 9 centímetros.
Esto demuestra que el palo horizontal ha gravitado sobre estas zonas
allanando, deformando y volviendo a abrir las lesiones provocadas por
la flagelación. La rodilla se encuentra fuertemente lesionada
porque durante el camino al suplicio, por lo que se deduce que el Hombre
de la Sábana debió caer en varias ocasiones al suelo.
Cargó, por tanto, sólo con el palo horizontal de la cruz,
porque una cruz completa pesaría unos 200 kilos de peso. Jesús
recorría el Via Crucis desangrado y muy débil, y por ello
obligan a Simón de Cirene a ayudarle. La ignorancia de los pintores
y escultores sobre lo que era una crucifixión en el siglo I era
justificable, porque se abolió en el siglo IV. De este modo se
perdió la memoria visual real de lo dramática que era
la muerte en la cruz, pero hemos vuelto a recuperarla tras los estudios
sindónicos.
En la Sábana, por cierto, hay restos de tejido epitelial, piel
humana de varón y también tejido muscular depositado en
la zona de la espalda.
El enclavamiento se llevó a cabo no por las palmas de las manos,
donde no hay tejido lo suficientemente fuerte como para soportar el
peso total del cuerpo, sino atravesando con los clavos las muñecas,
separando los huesos del llamado Espacio de Destot y destrozando así
el nervio mediano. Este nervio tiene una doble función motora
y sensitiva y su destrucción genera, según los forenses,
un dolor tan insoportable que puede sobrevenir un síncope y morir.
Se ha descrito como una continua descarga eléctrica desde la
mano hasta el pecho. En la Síndone se aprecia perfectamente el
agujero de salida del clavo en la muñeca izquierda, justo donde
debería estar y no donde se ha representado hasta la saciedad
a lo largo de dos mil años de arte cristiano.
La Síndone muestra también claramente que se empleó
un solo clavo para clavar los dos pies, el izquierdo sobre el derecho,
al madero vertical.
Colgado de las muñecas y soportando el peso en los pies, la
única forma en la que es posible respirar, dado que el diafragma
oprime los pulmones, es hacer un titánico esfuerzo por tirar
hacia arriba e inspirar un poco de aire. Dado lo espantoso del espectáculo,
los propios soldados se apiadaban de los condenados y les rompían
las piernas con unas mazas. A Jesús no se las rompieron por dos
motivos: uno, porque ya estaba muerto: ya no se movía y estaba
en una posición incompatible con la respiración. Dura
sólo tres horas sobre el madero, a diferencia de otros crucificados
que tardaban incluso días en morir, pero recordemos que Él
llega ya muy desangrado a la cruz a causa de las torturas previas; y
dos, para que se cumpliera la profecía del Salmo 34, en la que
se indica que al Mesías no le quebrarían un solo hueso
a pesar de castigarle de forma inmisericorde. El crucificado era acosado
por terribles calambres y espasmos tetánicos. En plena lucidez
de pensamiento, veía cómo se le escapaba la vida lentamente
en cada respiración. Es difícil imaginar el terrible sufrimiento
no solo físico, sino también moral, de verse abandonado,
desnudo, indefenso ante una chusma increpante, acosado por el frío,
la sed y la fiebre. Y todo por decir cosas como “perdona a tus
enemigos” y “reza por los que te persiguen”.
No hay un solo médico que se haya acercado a la Síndone,
repetimos, que no haya quedado plenamente convencido de su autenticidad
atendiendo sencillamente a los datos anatómico-forenses presentes
en la reliquia. Uno de ellos, el Dr. Yves Delages, agnóstico,
declaró lo siguiente:
“"En el estudio del Lienzo de Turín se ha introducido
una innecesaria cuestión religiosa, puesto que si el personaje
histórico no hubiese sido Jesús de Nazaret sino Aquiles
o un faraón, nadie habría planteado objeciones a su autenticidad.
No hay tan siquiera una probabilidad sobre un millón de que la
Síndone no sea la Sábana fúnebre de Cristo".
Apunta aquí el doctor Delage a un peligro al que se expone
el informador que se enfrenta a la tarea de divulgar los resultados
de las investigaciones que se han efectuado sobre el que es, sin duda,
el objeto arqueológico más estudiado de todos los tiempos:
dejarse influir por esa “innecesaria cuestión religiosa”.
O sea, el enfocar su artículo desde los prejuicios (a favor o
en contra) y hacer peligrar de esa forma la objetividad de lo que debería
ser una transmisión fiel de la verdad, sea la que sea. Por eso
recomendamos desde el Centro Español de Sindonología que
se lean los libros y los artículos de quienes han estudiado la
Sábana en profundidad, y no de quienes más que basarse
en hechos reflejan sus propias opiniones, muchas veces poco contrastadas
con lo que la ciencia ha dictaminado como definitivo.
Queda un último suplicio, pero ya sobre el cadáver del
crucificado: asegurarse de que está muerto y bien muerto atravesando
con un pillum o lanza romana de siete centímetros el quinto espacio
intercostal y perforar la aurícula derecha del corazón.
En cadáveres recientes, esta cámara cardiaca conserva
sangre fluida. San Juan afirma haber visto manar agua y sangre del costado
abierto de Jesús tras la lanzada. San Juan era pescador y, por
tanto, no supo interpretar que el “agua” que veía
era tejido pleural. En la Sábana se aprecia la mayor mancha de
sangre precisamente en la zona del costado. Es la única sangre
identificada como post-mortal en el estudio hematológico. Además,
de haber estado latiendo el corazón no hubiese manado como babeando,
sino que habría salido a borbotones. Indiscutiblemente, esa herida
se produjo en un cuerpo muerto.
Sería interminable referirse a todo lo que se sabe desde el
punto de vista anatómico sobre el “Hombre de la Sábana”.
Baste con decir que estamos ante la única imagen que se ajusta
al cien por cien a lo que la Medicina Legal considera que fue una muerte
idéntica a la que los Evangelios describen. Tengamos en cuenta,
por último, que o bien se flagelaba o bien se crucificaba (a
Jesús le hacen ambas cosas debido a la estratagema que se le
ocurre a Pilatos para intentar salvarle la vida), y que de ningún
otro personaje sabemos que se le haya colocado una corona de espinas
tal y como se nos describe en los Evangelios. Es decir: en la Sábana
hallamos huellas de tormentos que sabemos que sólo le infligieron
a Jesús, con lo que, tal y como afirma un reciente cálculo
estadístico, sería más probable sacar el mismo
número y el mismo color en una ruleta 52 veces seguidas que admitir
que la Sábana Santa no es la tela en la que se envolvió
el cadáver de Jesús de Nazaret. Bruno Barberis, matemático
de la Universidad de Turín, ha afinado esta estadística
aún más concluyendo que si hubiese habido 200.000 millones
de crucificados (tengamos en cuenta que se calcula que han existido
unos 70.000 millones de seres humanos) uno solo puede haber tenido estadísticamente
hablando las mismas características comunes a Jesús y
al Hombre de la Sábana.
EL CARBONO-14, UNA CONTROVERTIDA FORMA DE DATAR LA SÁBANA
En el año 1988 una noticia dio la vuelta al mundo: tras aplicarle
a la Sábana Santa la prueba del carbono-14 el resultado fue que
se trataba de una tela medieval, fechada entre los años 1290
y 1340 aproximadamente. Si esto es así, es falsa, pues no pudo
haber cubierto el cadáver de Jesús en el siglo I en Jerusalén.
Como es lógico, los científicos que habían estudiado
la reliquia y que estaban convencidos de su autenticidad pusieron en
entredicho no los resultados, sino la interpretación que se había
dado de éstos. Vamos a explicarlo.
El carbono-14 es un isótopo inestable que se desintegra a un
ritmo constante en el tiempo. Los seres vivos, mientras respiramos,
estamos continuamente incorporando carbono-14 a nuestras células,
pero al morir ese isótopo comienza a desintegrarse de forma paulatina.
La prueba radiocarbónica consiste en medir la cantidad de carbono-14
residual que aún queda en la muestra y deducir, con una sencilla
regla de tres, cuándo murió el ser vivo en cuestión.
La Sábana fue una vez un tejido vivo, puesto que está
hecha de lino.
El problema con el carbono-14 es que sólo es fiable con muestras
que presenten determinadas condiciones de conservación y de limpieza.
Cuando le preguntaron al profesor Willard Libby, descubridor del método
del carbono-14, si era posible aplicar su técnica a la Síndone,
se negó a que se le hiciese entendiendo que la pieza en cuestión
no reunía las condiciones adecuadas para que el método
apuntase una fecha probable. Según una reciente estadística
se ha comprobado que esta prueba es muy exacta en el sesenta y siete
por ciento de los casos. En un nueve por cierto de ellos, da una fecha
dudosa. Y en un veintidós por ciento, el resultado genera unos
años que son, sencillamente, imposibles y, por tanto, inaceptables.
Esto quiere decir, ni más, ni menos, que en uno de cada cuatro
casos, el carbono-14, falla.
Al laboratorio de Tucson, uno de los tres que participaron en la datación
de la Síndone, le ofrecieron en los años 80 un cuerno
de un casco vikingo para que lo datara. El resultado fue que es de un
animal cuyo nacimiento estimaron en el año 2006.
En conclusión: la prueba del carbono-14 da un resultado que
hay que cotejar con el resto de las pruebas que se le hacen a la muestra
en cuestión, porque si al datar un vaso de plástico el
carbono-14 me dice que es de la Edad Media tendré que explicar
cómo es posible ese dato, pues es evidente que en la Edad Media
no existían los plásticos.
Doctores como Dimitri Kutnetsov, Jean-Baptiste Rinaudo, Garza-Valdés
o Mattingly, entre otros muchos, han elaborado diversas pruebas que
confirman que el carbono-14 no es fiable a la hora de datar una Sábana
que ha estado expuesta a todo tipo de agentes contaminantes, cientos
de años sin ninguna clase de protección, que ha sufrido
altas temperaturas en incendios y que, en fin, pudo haber sido sometida,
según la hipótesis del Equipo STURP a un proceso de formación
de la imagen incomprensible desde el punto de vista de la ciencia y
que podría haber rejuvenecido el tejido alterando el carbono-14
residual de la tela.
Si la Sábana Santa hay que fecharla, como indica el carbono-14,
entre los años 1290 y 1340 no se explica cómo es posible
que tenga sobre sí tal cantidad de pólenes de plantas
orientales puesto que aparece en Europa a principios del siglo XIV.
O por qué aparece Jesús representado exactamente igual
que el Hombre de la Sábana en monedas del siglo VII o en vasos
litúrgicos del siglo VI o en iconos de hace más de mil
años. Y aún si admitimos que el carbono-14 no falla, habría
que explicar cómo es posible que el supuesto falsificador medieval
se las arreglara para generar una imagen de la Pasión de Jesús
que va en contra de toda la iconografía religiosa de la Historia,
perfecta en todos sus detalles anatómico-forenses y con una técnica
desconocida que ni siquiera hoy somos capaces de reproducir en toda
su perfección. O cómo es posible que ese falsificador
medieval conociese la manera de codificar información tridimensional.
SÍNDONE DE TURÍN Y SUDARIO DE OVIEDO
En la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo se conserva, desde
tiempo inmemorial, una tela manchada de sangre que, según la
Tradición, fue el Sudario con el que le envolvieron la cara a
Jesús.
El Centro Español de Sindonología consideró interesante
estudiar esta tela y realizar una comparación de sus manchas
con las que hay presentes en la Sábana Santa. Para ello se creó
el EDICES o Equipo De Investigación del Centro Español
de Sindonología que, formado por más de cuarenta científicos
de distintas especialidades, se trasladó a Oviedo a fin de someter
esta segunda reliquia a estudio.
En el Evangelio según San Juan se afirma claramente que en
el sepulcro de Cristo había dos telas: la Sábana en la
que envolvieron Su cadáver y “el sudario que habían
puesto sobre Su cabeza no puesto con la Sábana, sino enrollado
en un lugar aparte”. Por tanto, la Sagrada Escritura parece confirmar
que, en efecto, se emplearon dos telas distintas para amortajar a Jesús.
La palabra “sudario”, repetimos, mueve a confusión,
porque muchas veces se ha aplicado también a la Síndone.
En el Congreso Internacional de Oviedo de 1994 quedó depurada
esta cuestión lingüística toda vez que sudario es
un pañuelo, y a la Sábana Santa se la ha de denominar
Síndone para identificar las dos telas sin que se confundan.
El Dr. José Delfín Villalaín, médico forense
del Equipo de Investigación, comprobó que las manchas
del Sudario de Oviedo son sangre humana del tipo AB. Coincide, por tanto,
con la encontrada en la Síndone. Además, superponiendo
las manchas de sangre de ambas telas se aprecia claramente que coinciden.
El dictamen forense es taxativo: tanto la Síndone como el Sudario
de Oviedo cubrieron el mismo Rostro. Además, la morfología
de las manchas es incompatible con la respiración, lo que quiere
decir que ese Rostro era el de un cadáver.
En los archivos de la Catedral de Oviedo se conserva un catálogo
elaborado con motivo de la visita del rey Alfonso VI a la ciudad en
el año 1075 y en él se indica explícitamente que
dentro del Arca Santa, junto a otras reliquias, estaba el Sudario.
Esto es, pues, una prueba indirecta y contundente de que el carbono-14
ha fallado porque si el Sudario y la Sábana Santa han cubierto
la misma cara y el Sudario estaba guardado en Oviedo en el año
1075 como así se indica documentalmente, la Sábana no
puede ser de ninguna manera del siglo XIV porque hay un desfase de 300
años insalvable tanto histórica como científicamente.
¿QUÉ DICE LA IGLESIA SOBRE LA SÁBANA SANTA?
En religión se entiende propiamente por reliquias los restos
(“reliquia” viene del latín, “despojo”)
de algún santo, generalmente sus huesos, sangre, carne incorrupta
o momificada, residuos de su organismo o cenizas (denominadas reliquias
de primer orden) y también, por extensión, las cosas que
han estado en contacto con su cuerpo o a las que dio uso tales como
vestidos, libros, utensilios, escritos, etc. (conocidas como reliquias
de segundo orden). En la misma Biblia ya encontramos que ciertos objetos
que han entrado en contacto de alguna manera con la santidad quedan
como impregnados de ese algo indefinible que los hace distintos y que
los convierte en mediaciones de la Realidad Suprema. Algunos ejemplos:
a la hemorroisa del Evangelio le basta con tocar la orla del manto de
Jesús para quedar sanada de su mal. Lucas, además, habla
de forma mucho más explícita de una especie de fuerza
o virtud que se desprende de la tela. El mismo efecto sanador lo encontramos
más tarde en los vestidos no ya de Jesús, sino de los
Apóstoles y hasta en la misma sombra de Pedro, a cuyo contacto
sanaban los enfermos, según el Libro de los Hechos. Sin embargo,
en la atmósfera general de los relatos el denominador común
es la fe de la persona que hace uso de la reliquia. Sin este elemento
esencial, el objeto, sea el que sea, carece de su potencia mediativa.
No obstante, el interés de la reliquia va mucho más
allá del teológico desde el momento en que también
puede ser considerada en su faceta de documento. Documento al que, por
cierto, se le puede seguir la pista desde la historia o la arqueología
y que es susceptible de estudio en un laboratorio al tratarse de un
elemento físico y acotado en categorías de tiempo y espacio.
Durante el siglo XX la ciencia ha sometido a análisis a algunos
de estos documentos (el Titulus Crucis de Roma, el Santo Cáliz
de Valencia, las Especies Eucarísticas de Lanciano, el Sudario
de Oviedo o, en fin, la Síndone de Turín, entre muchos
otros) a fin de discernir su autenticidad, y ha despertado un inusitado
interés por los resultados no sólo entre los católicos,
sino también en el público en general dado que algunos
de ellos, por su singularidad, son verdaderas anomalías científicas
que llegan a desconcertar al investigador que intenta aprehender su
realidad.
La abundantísima producción periodística surgida
del deseo de dar a conocer los resultados es sencillamente fascinante.
Aunque, por desgracia, en muchas ocasiones, también poco objetiva.
A la difusión seria de los datos realizada con todas las garantías
del periodismo científico más eficaz se ha sumado una
caterva de publicaciones de dudosa filiación que han aprovechado
la sorpresa de los investigadores ante ciertos resultados o bien para
desacreditar el asunto o bien para difundirlo teñido de un esoterismo
ajeno al método empírico.
En el caso de la Sábana Santa ha sido necesario reunir el poder
de diversas disciplinas a fin de elaborar un modelo que explique no
sólo las evidencias médico-forenses presentes en la tela,
sino también el mecanismo de formación de la enigmática
imagen que hay en ella retratada. Entre estas disciplinas se encuentran
la Física, la Química, la Medicina, la Palinología,
la Historia, la Teología, la Geografía o la Informática,
entre otras. Huelga decir que cada una se ha expresado con la terminología
que le es propia y ha empleado los recursos y procedimientos más
eficaces en cada caso, de ahí que la tarea del periodista divulgador
que de una manera seria desee informar al público sobre los resultados
obtenidos sea, en verdad, laboriosa, compleja y enormemente formativa.
Escribía el doctor Pietro Scotti en vísperas del Congreso
Sindoniano de Turín de 1939:
"Las pocas voces que surgen contra la autenticidad de la Sábana
Santa provienen, por lo general, de ambientes deficientemente informados,
poco ilustrados sobre el valor del método experimental y sobre
la seriedad de las investigaciones realizadas".
Hoy en día, estas palabras siguen estando de actualidad y cabría
preguntarse si los medios de comunicación no han tenido en parte
la culpa de esa desinformación de la que se queja el Dr. Scotti.
Divulgar la ciencia no es sencillo y lo es menos ser completamente
aséptico, pues el periodista es un sujeto humano que no puede
aspirar del todo a una despersonalizada objetividad. Pero la honestidad
de profesional se basa principalmente en buscar la verdad, pase lo que
pase, y transmitirla siendo lo más fiel a la realidad que la
limitación de nuestra inteligencia sea capaz.
La Iglesia Católica tiene un especial interés en el
estudio científico de las reliquias, pero deja que sea la propia
ciencia la que determine no sólo los métodos, sino también
los resultados. La Sábana Santa, por tanto, no es un dato de
fe y si algún día llegase a probarse su falsedad la fe
no saldría afectada, pues la creencia en la Resurrección
se debe a otros factores.
RESPUESTA A ALGUNAS OBJECIONES
Objeción: El Vaticano reconoció oficialmente en 1988
que la Sábana Santa es falsa tras valorar los resultados obtenidos
en esa fecha con la datación mediante el carbono-14.
Respuesta: El comunicado oficial tras los análisis no fue del
Vaticano, sino del Arzobispado de Turín. En ningún momento
dice que la Sábana sea falsa sino que es necesario continuar
los estudios para aclarar el resultado obtenido. O sea: dice lo que
tiene que decir.
Objeción: En 1389 el Obispo de Troyes, Pierre D’Arcis,
escribió un informe al Papa de Avignon Clemente VII diciéndole
que Henri de Poitiers, su predecesor en el cargo, había descubierto
que la Sábana Santa era una pintura. El Pontífice, tras
esto, prohibió las ostensiones en la Colegiata de Lirey.
Respuesta: En dicho informe, D’Arcis hace un memorando exponiendo
la opinión y hechos de su antecesor Henri de Poitiers, la polémica
con los canónigos de la Colegiata de la que él mismo tomó
parte, la solicitud de prohibición de las exposiciones u ostensiones
(que se habían puesto en marcha sin su consentimiento) y sus
excusas por sentir el deber de oponerse a las exposiciones. Es decir,
en contra de algunas afirmaciones que se hacen, en este memorial NO
SE MENCIONA EN ABSOLUTO un informe sobre la autenticidad de la reliquia,
sino una cuestión disciplinaria y una solicitud al Papa para
que salvaguarde la autoridad del Obispo. D’Arcis afirma en el
memorando que su predecesor Henri de Poitiers consideraba “que
era una pintura”, pero no nos proporciona dato alguno que permita
conocer si esto pasaba de ser una simple impresión personal (no
sabemos si quiera si de Poitiers la vio). Como afirma Jorge-Manuel Rodríguez
en “La Síndone de Turín, estudios y aportaciones”
(1998), “poco importa que un obispo o sus peritos (¡con
los medios del siglo XIII!) dijeran que les parecía una pintura
si los especialistas de nuestros días afirman taxativamente lo
contrario”.
Objeción: Si la Sábana Santa es un negativo fotográfico,
¿por qué las manchas de sangre son rojas? Y también,
si la imagen de la Sábana es negativa, Jesús tendría
que haber tenido la barba y el pelo blancos, porque aparecen negros
en la imagen.
Respuesta: Para ser exactos habría que decir que la Sábana
“se comporta A MODO DE negativo fotográfico”. El
efecto de negatividad de la imagen está fuera de toda duda cada
vez que se la fotografía. Con un moderno software de retoque
de imágenes (Adobe Photoshop) basta con utilizar la herramienta
“inverse” aplicada a una foto de la Síndone para
comprobar en el resultado la perfección de dicho negativo. La
sangre es roja porque son manchas de contacto. El efecto de negatividad
fotográfica no corresponde en la Síndone a la luminosidad
sino a distancia: está más cerca de la piel lo que aparece
más oscuro. No está retratado, por tanto, el color. Por
eso, al igual que vemos en el negativo el pelo y la barba blancas vemos
la cara negra, y el Hombre de la Sábana no corresponde a una
persona de esa raza. Esta objeción proviene de no saber distinguir
entre marcas de contactos y marcas de la impronta en la Síndone.
Objeción: ¿Por qué la melena del Hombre de la
Sábana cae hacia los hombros?
Respuesta: Porque la sangre coagulada produce un efecto de fijación
del pelo. Es más: PRECISAMENTE eso es una prueba de que sangró
estando en posición vertical y en tal abundancia que empapó
la cabellera.
Objeción: ¿Por qué no aparecen los lados del cuerpo
si también los cubría la tela?
Respuesta: Eso no es una objeción sino una realidad que aún
está en estudio. Da la casualidad de que si hubiese sido obra
de un falsificador es más probable que se hubiese preocupado
de “pintar” también los laterales.
Objeción: Jesús sufría la enfermedad de Marfan,
o sea, que era microcefálico, porque entre la frente y la parte
posterior de la cabeza sólo hay 12 centímetros.
Respuesta: Lo que ocurre es que hay un hueco donde no hay imagen, pero
para hacer esa medición hay que preguntarse dónde se coloca
el punto más alto de la cabeza por detrás. Los médicos
forenses que han estudiado la Síndone han quedado convencidos
no sólo de la perfección física del sujeto, sino
también de la autenticidad de la tela como mortaja de un crucificado.
Objeción: ¿Por qué si aparecen las piernas relajadas
en la imagen frontal tenemos, no obstante, la huella del pie derecho
en la imagen dorsal?
Respuesta: Es que las piernas NO aparecen relajadas en la imagen frontal.
Si nos fijamos bien apreciamos que aparece una rodilla más alta
que otra. Es lógico que así sea para poder dejar la huella
de la planta del pie.
Objeción: McCrone detectó en la Sábana muestras
de bermellón y rojo de rubia, pinturas habituales durante la
Edad Media.
Respuesta: Primero, McCrone jamás estudió la Síndone
en Turín, sino ciertas fibras que le fueron enviadas a su laboratorio.
Es verdad que encontró esos tintes, pero son fruto de las copias
de la Sábana (pintadas con ellos, naturalmente) que fueron frotadas
al original para convertirlas en reliquias de segundo orden. No ha encontrado
que el bermellón forma la imagen. También hay ácaros
en la Sábana y no por eso se afirma que la imagen está
pintada por ácaros.
Objeción: Max Frei ha sido el único palinólogo
que, supuestamente, ha encontrado pólenes de especies propias
de Palestina.
Respuesta: Avinoam Danim y Uri Baruch estudiaron las muestras de Max
Frei y han presentado sus trabajos en congresos de botánicos
confirmando a su predecesor en el estudio palinológico.
Objeción: Se ha argumentado que Willard Libby, inventor de método
de datación radiocarbónica, desacreditó los resultados.
Pero esto es imposible, porque la prueba se realizó en 1988 y
Libby murió en 1980.
Respuesta: Es cierto. El caso de la supuesta “desacreditación”
de los resultados por Libby es fruto de un error periodístico.
Lo que ocurrió es que se negó a hacer la prueba del carbono-14
cuando se lo propusieron estando vivo.
Objeción: El museólogo Joe Nickell, autor de “Inquest
on the Shroud of Turín” (1983), ha demostrado que, para
obtener resultados similares a los de la Sábana Santa, basta
con hacer lo mismo que cualquier escolar tomando una tela y un bajorrelieve,
calcando el bajorrelieve tras cubrirlo con la tela.
Respuesta: Eso es, sencillamente, falso. Si se “calca”
un bajorrelieve en una tela queda muchísimo material entre hilo
e hilo. En la Síndone vemos que están “coloreados”
los hilos, pero no hay grumo de pintura, ni restos de “material
de calco” entre hilo e hilo.
Objeción: En la imagen supuestamente tridimensional elaborada
por Jackson y Jumper, ¿por qué también se ven tridimensionales
las quemaduras?
Respuesta: Porque atribuye alturas a los tonos. No obstante, lo que
es sorprendente es que las alturas del cuerpo estén de acuerdo
con los de un cuerpo humano, y las alturas de las quemaduras sean, sin
más, desorbitadas.
Objeción: Según el Evangelio, Nicodemo lavó y
perfumó el cadáver de Jesús antes de envolverlo
en la Sábana.
Respuesta: En el original griego no aparecen los verbos “lavar”
o “perfumar”, sino que se dice que “envolvió
el cuerpo junto con los aromas”, probablemente espolvoreados.
CENTRO ESPAÑOL DE SINDONOLOGÍA
El Centro Español de Sindonología es una asociación
cultural de carácter civil, constituída con arreglo a
las disposiciones legales vigentes, reconocida por el Ministerio del
Interior e inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones de España
con el número 71.980 (resolución de 10 de Abril de 1987).
Fue inaugurado oficialmente el 18 de Diciembre de 1987.
La fundadora del fue Manuela Corsini de Ordeig, escritora y eminente
sindonóloga quien supo transmitir al grupo inicial de universitarios
sus inquietudes por el estudio de tan intrigante objeto arqueológico,
al que dedicó parte de sus últimos 30 años de vida.
Publicó, entre otros libros "El sudario de Cristo"
e "Historia del Sudario de Cristo". Falleció el 28
de Junio de 1988. El actual Presidente es el Dr. D. Celestino A. Cano
Tello.
Los fines del CES, tal como se desprende del artículo 5 de sus
Estatutos, son el "estudio y difusión de los conocimientos
sobre la reliquia conocida como Sábana Santa o Santa Síndone...
y de cualesquiera otros temas afines con la misma o vinculados de manera
especial". Utilizando los medios que para ello ponen a su alcance
los socios y otras personas y entidades colaboradoras, el Centro asume
una triple tarea:
1- La investigación propia y el fomento de la investigación
ajena que permitan desvelar los múltiples interrogantes que plantea
la Síndone y cualesquiera otras reliquias históricas que
aportaren luz sobre su existencia y significado, en especial el Sudario
de Oviedo.
2- La formación de los socios a fin de que sean capaces de dar
razón del interés que al hombre de hoy le despierta esta
reliquia.
3- Utilización de todos los medios de comunicación posibles
para dar a conocer al gran publico el estado de las investigaciones
realizadas por estudiosos de todo el mundo.
El Centro Español de Sindonología, aparte de las actividades
de investigación que sus miembros individual o colectívamente
llevan a cabo, se propone la actualización constante de los conocimientos
de sus socios y de aquellos que tengan interés por los temas
que nos ocupan. Con este fin organiza ciclos de conferencias internas
(formación de socios) otros ciclos de carácter externo
(acceso libre al público en general) y Simposiums o Congresos
especializados. El Centro publica un Boletín titulado “Línteum”.
BIBLIOGRAFÍA: Baima Bollone,
Pier Luigi, “La prova”. Ed. Mondadori. Milán, 1998.
Carreño, José Luis, “La Señal”. Ed.
Don Bosco. Pamplona, 1983.
Corsini de Ordeig, Margarita, “El Sudario de Cristo”, Madrid,
1985. Enrie, Giuseppe, “La Santa Síndone rivelata dalla
fotografia”, Turín, 1933.
Moretto, Gino, “síndone: la guida”. Ed. LDC Torino,
1996. Scannerini, Silvano, “Dossier sulla síndone”,
Ed. Queriniana. Brescia, 1998.
Siliato, Maria Grazia, “El Hombre de la Sábana Santa”.
Ed. BAC, Madrid. 1987. Varios, “La Síndone de Turín:
estudios y aportaciones”, Centro Español de Sindonología,
Valencia, 1998.
WEBSITES
CENTRO ESPAÑOL DE SINDONOLOGÍA, PÁGINA
DE LOS INVESTIGADORES ESPAÑOLES:
http://www.linteum.com/
PÁGINA DE BERRIE SCHWORTZ, INVESTIGADOR DEL EQUIPO
S.T.U.R.P.:
http://www.shroud.com/
COLLEGAMENTO PRO SINDONE, PÁGINA DE LOS INVESTIGADORES
ITALIANOS:
http://www.shroud.it/
TURIN SHROUD CENTER OF COLORADO, PÁGINA DE LOS
INVESTIGADORES ESTADOUNIDENSES:
http://www.shroudofturin.com/
SITIO OFICIAL DE LA SÍNDONE, PÁGINA DE
LA ARCHIDIÓCESIS DE TURÍN:
http://sindone.torino.chiesacattolica.it/
Artículo escrito por Andrés Brito Galindo
Delegado en Canarias del Centro Español de Sindonología,
Periodista, Licenciado en Estudios Eclesiásticos, Profesor de
Antropología Educativa del Instituto Superior de Teología
de las Islas Canarias “Virgen de la Candelaria”.