Nació en Rostkovo cerca de Prasnysz, Polonia, alrededor del 28 de Octubre
de 1550; murió en Roma durante la noche del 14-15 de agosto de 1568.
Ingresó a la Compañía de Jesús en Roma, el 28 de
Octubre de 1567, y se dice que predijo su muerte unos pocos días antes
de que ocurriera. Su padre, Juan Kostka, era un senador del Reino de Polonia
y Lord de Zakroczym; su madre fue Margarita de Drobniy Kryski, hermana y sobrina
de los Duques Palatinos de Mosovia y tía del célebre Canciller
de Polonia, Féliz Kryski. El matrimonio fue bendecido con siete hijos,
de los cuales Stanislas fue el segundo. Su hermano mayor Pablo le sobrevivió
lo suficiente como para estar presente en la ceremonia de beatificación
de Stanislas en 1605. Los dos hermanos fueron primero educados en su hogar,
siendo la firmeza, y aún la severidad, de su entrenamiento la principal
característica de la misma, su resultado fueron los excelentes hábitos
de piedad, modestia, templanza y sumisión. Luego fueron enviados a Viena
con su tutor para asistir al colegio Jesuita que había sido abierto cuatro
años antes, llegando a Viena el 25 de Julio de 1564. Stanislas fue pronto
conspicuo entre los estudiantes del colegio, no solo por su amabilidad y alegría
en su expresión, sino también por su fervor religioso y piedad
angelical. Este espíritu de devoción continuó creciendo
durante los tres años que permaneció en Viena. Su hermano Pablo
dijo de él durante el proceso de beatificación: “Se consagró
a si mismo tan completamente a la cosa espiritual que frecuentemente quedaba
inconsciente, especialmente en la iglesia del los Padres Jesuitas en Viena.
“Es verdad,“ agregó el testigo, “que esto le había
ocurrido a mi hermano en nuestro hogar en Pascua cuando estaba sentado a la
mesa con nuestro padres y otras personas“. Entre otras prácticas
de devoción, se unió mientras estaba en Viena a la Congregación
de Santa Bárbara, a la cual pertenecían muchos estudiantes del
colegio Jesuita. Si ha de creerse la veracidad de las confidencias que hizo
entonces a su tutor y más tarde a un compañero miembro de la Compañía
en Roma, fue Santa Bárbara quien le trajo dos ángeles durante
el curso de una seria enfermedad, para que le dieran la Eucaristía.
Tanta piedad, sin embargo, no complacía a su hermano mayor Pablo; su
exasperación lo llevó a tratar con violencia al inocente Stanislas.
Este último finalmente perdió la paciencia, y una noche, después
de haber sufrido Stanislas nuevamente los comentarios severos y golpes de su
hermano, se volvió hacia Pablo con las palabras: “Tu rudo tratamiento
va a lograr que me vaya para no volver, y tu deberás explicar mi partida
a nuestro padre y a nuestra madre”. La única réplica de
Pablo fue insultarlo violentamente.
Mientras tanto el pensamiento de unirse a la Compañía de Jesús
había ya entrado en la mente del santo joven hombre. Sin embargo, pasaron
seis meses antes de que se aventurara a hablar de esto a los superiores de la
Compañía. En Viena dudaron en recibirlo, temiendo la tempestad
que probablemente levantaría su padre contra la Compañía,
la que había recién aquietado una tormenta que había estallado
debido a otras admisiones a la Compañía. Rápidamente Stanislas
comprendió la situación y planeó presentar su solicitud
al general de la Compañía en Roma. La distancia era de quinientas
leguas, las que debían hacerse a pie, sin equipo, o guía, o ningún
otro recurso salvo la precaria caridad que podía ser recibida en el camino.
Los potenciales peligros y humillaciones de tal viaje, sin embargo, no alarmaron
su coraje. En la mañana del día en el cual iba a llevar a cabo
su proyecto llamó a su sirviente temprano y le dijo que notificara a
su hermano Pablo y a su tutor en el curso de la mañana, que no estaría
de regreso para la cena en ese día. Entonces partió, aprovechando
la primera oportunidad para cambiarse la vestimenta de gentilhombre por la de
mendicante, que era la única manera de escapar a la curiosidad de aquellos
a quienes pudiera encontrar. Para el anochecer, Pablo y el tutor comprendieron
que Stanislas se había ido como había amenazado. Se apoderó
de ellos un fiero cólera, y como el día había finalizado,
el fugitivo había ganado veinticuatro horas sobre ellos. Comenzaron a
seguirlo, pero no fueron capaces de alcanzarlo, o bien los caballos exhaustos
se negaban a ir más lejos, o una rueda de su carruaje se rompía,
o, como el tutor francamente declaró, equivocaron la ruta, dejando la
ciudad por un camino diferente al que había tomado Stanislas. Es notable
que en su testimonio Pablo no de explicaciones de su mala suerte.
Stanislas permaneció por un mes en Dillinger, donde el provincial de
aquel momento, el Bienaventurado Pedro Canisius, puso la vocación del
joven aspirante a prueba empleándolo en procedimientos escolares. Luego
fue a Roma, donde arribó el 25 de Octubre de 1567. Como estaba muy exhausto
por el viaje, el general de la orden, San Francisco Borgia, no le permitiría
entrar al noviciado de San Andrés hasta varios días después.
Durante los restantes diez meses de su vida, de acuerdo con el testimonio del
maestro de los novicios, el Padre Giulio Fazio, fue un modelo de perfección
religiosa. No obstante su muy delicada constitución no se evitó
la menor penitencia ("Monument hist. Societatis Jesu, Sanctus Franciscus
Borgia", IV, 635). Tenía tan ardiente fiebre en su pecho que se
veía a menudo obligado a aplicarse compresas frías. En vísperas
de la fiesta de San Lorenzo, Stanislas sintió una debilidad mortal empeorado
por la alta fiebre, y vio claramente que su última hora había
llegado. Escribió una carta a la Bienaventurada Virgen rogándole
que lo llamara a los cielos para celebrar con él el glorioso aniversario
de su Asunción (ibid, 636). Su confianza en la Bienaventurada Virgen,
quien ya le había hecho muchos notables favores, fue esta vez nuevamente
recompensada; el 15 de Agosto, hacia las cuatro de la mañana, mientras
estaba envuelto en pías declaraciones a Dios, a los santos, y a la Virgen
María, su hermosa alma pasó a su creador. Su rostro brilló
con la más serena luz. La ciudad entera lo proclamó como santo
y la gente se precipitaba desde todas partes para venerar sus restos y para
obtener, si era posible, algunas reliquias (ibid., 637). La Santa Sede ratificó
el veredicto popular mediante su beatificación en 1605; fue canonizado
el 31 de Diciembre de 1726. San Stanislas es uno de los santos populares de
Polonia y muchas instituciones religiosas lo han elegido como el protector de
sus noviciados. Sus representaciones artísticas son muy variadas; es
a veces representado recibiendo la Santa Comunión de manos de ángeles;
a veces recibiendo al Niño Jesús de manos de la Virgen; o es mostrado
en el medio de una batalla ahuyentando a los enemigos de su patria. En ocasiones
es representado cerca de una fuente poniéndose una tela de lino sobre
su pecho. Es invocado para las palpitaciones del corazón y para peligrosos
casos de enfermedad (Cahier, "Caractéristiques des Saints").
Este informe ha sido extraído casi exclusivamente de los testimonios
de testigos citados para el proceso de canonización de Stanislas (cf.
Archivio della Postulazione generale d. C. d. G., Roma). El retrato que se acompaña
es obra de Scipione Delfine y es el más antiguo de San Stanislas que
se conserva. Puede ser considerado como el de mayor parecido, ya que habría
sido probablemente pintado en Roma el año de su muerte, quizás
después de la misma. Su rostro es llamativamente Eslavo, un hecho que
nos es observable en otros retratos.
En el año de su muerte fueron escritas vidas de Stanislas
por los Padres Fazio y Warsevitz (Bruselas, 11895). La primera permaneció
manuscrita, pero la sustancia de ambas se ha recogido en posteriores biografías.
Entre estas últimas la más completa y la más enteramente
basada en evidencia documental es la de Ubaldini en Analecta Bollandiana, IX-XVI
(1890-1897). Igualmente dignos de recomendación son los trabajos de Sacchini,
Bartoli, Gruber, Goldie, y Michel.
FRANCIS VAN ORTROY
Transcripto por Neil O'Sullivan
Alumnos de Kostka Hall en Melbourne, Australia
Traducido por Luis Alberto Alvarez Bianchi