La Sociedad Salesiana, fundada por San Juan Bosco, toma su nombre distintivo
de su patrono, San Francisco de Sales. El fin para el que se fundó
surge claramente de las palabras iniciales de su constitución:
“La perfección cristiana de sus miembros obtenida a través
del ejercicio de obras de caridad espirituales y materiales hacia los
jóvenes, especialmente los pobres, y la educación de los
varones para el sacerdocio”. Puede decirse que la cuna de la institución
fue Valdocco que en esa época era un suburbio pero en la actualidad
es parte de la ciudad de Turín. En la primera mitad del siglo diecinueve,
Italia no se había recuperado de las desastrosas consecuencias
provocadas por las ideas falsas y ateas introducidas en el país
en tiempos de la Revolución Francesa. Por esta razón, la
educación, la moral y la religión estaban en decadencia.
La Sociedad Salesiana se fundó para salvar a la nueva generación.
En 1844 Don Bosco empezó a reunir muchachos pobres y abandonados.
Encontraba lugares para que jugaran, les enseñaba Catecismo, los
confesaba al aire libre y después los llevaba a una de las iglesias
de la ciudad donde celebraba misa para ellos y les daba la Santa Comunión.
Estos encuentros, llamados “Oratorios Festivos”, se convirtieron
en una de las obras de la institución más importantes y
útiles para atraer a los jóvenes. En 1845 se inauguró
la primer escuela nocturna en Valdocco que llegó a ser una institución
permanente en el lapso de un año. Tuvo tanto éxito que la
segunda se abrió en Porto Nuovo (1847) y la tercera en Vanchiglia
(1849). En los comienzos, Don Bosco, por falta de personal se vio obligado
a recurrir a los alumnos más antiguos y avanzados como maestros
y monitores de los demás, pero la necesidad pronto lo hizo formar
un cuerpo de personal regular, permanente y preparado. Muchos de sus jóvenes
también comenzaron a sentir vocación al sacerdocio y se
ordenaron aunque continuaban ayudando con la labor educativa. La nueva
institución se enfrentó con una gran oposición, pero
Moseñor Franzoni, en ese momento Arzobispo de Turín, la
tomó bajo su protección y hasta el rey, Carlos Alberto,
que había oído sobre la obra de Don Bosco, se convirtió
en su patrono, y de esta forma creció a paso firme. Sin embargo,
se advirtió que muchas veces era imposible que quedara una impresión
duradera en el carácter de los jóvenes en el poco tiempo
que permanecían bajo la influencia de los maestros en los oratorios
festivos y las escuelas nocturnas. Un gran número de ellos debía
no solamente ganarse la vida sino aprender un oficio que los habilitara
para esto. En consecuencia, surgió una nueva clase de jóvenes
–los artesanos– que formaron parte de la segunda división
de obras de la institución naciente.
En 1852 se terminó la construcción de la Iglesia de San
Francisco de Sales, se consagró y junto a ella empezaron a erigirse
grandes escuelas para estudiantes y talleres para los artesanos. Durante
todo este tiempo la obra siguió su curso y de a poco fueron surgiendo
eficientes y devotos maestros del caos de la evolución. Aproximadamente
en esta época Don Bosco se vio exigido a consolidar y dar continuidad
a su obra mediante la fundación de una congregación religiosa
y en 1857 esbozó sus primeras reglas. Al año siguiente fue
a Roma a pedir el consejo y apoyo de su benefactor Pío IX, y en
1859 reunió el primer capítulo de la congregación
y fundó la Sociedad de San Francisco de Sales. En 1863 y 1864 se
abrieron colegios en Mirabello, Monferrato y Lanzo. Este fue un nuevo
paso, ya que hasta ese momento el ámbito de la congregación
estaba restringido casi por completo a los pobres. En 1874, Pio IX aprobó
definitivamente la Regla y las Constituciones de la Sociedad y la Sociedad
Salesiana ocupó su lugar entre las órdenes de la Iglesia.
El desarrollo de la orden fue muy rápido. La primera casa Salesiana
fuera de Italia se abrió en Niza en 1875. En el mismo año,
se envió el primer grupo de misioneros salesianos a Sudamérica
y se fundaron casas en Argentina y en Buenos Aires. En 1876 se organizaron
los cooperadores Salesianos con el fin de ayudar con las obras de la congregación.
Pio IX les concedió muchas indulgencias. Los Figli di Maria Ausiliatrice,
o los Hijos de María, Ayuda de los Cristianos, se crearon para
atender vocaciones sacerdotales tardías. En 1877 hizo su primera
aparición el “Boletín Salesiano”, el órgano
oficial de la congregación, con el fin de informar al mundo Católico
sobre las obras de caridad llevadas a cabo por el instituto y pedir ayuda
para su sostenimiento. El “Boletín” se imprime actualmente
en ocho idiomas diferentes.
En 1877 se abrieron casas en Spezia, Almagro y Montevideo. En 1879 se
enviaron misioneros a la Patagonia y se crearon casas en Navarra, Marsella
y Saint-Cyr (Francia). En 1880 se fundó la primera casa en España
en Utera y en Sudamérica se estableció la misión
en Viedma, capital de Río Negro. En 1883 se abrió la primera
casa en Brasil en Nichteroy y se establecieron misiones en Tierra del
Fuego y en las Islas Malvinas. En 1887 se inauguró la primera casa
en Austria, en Trento y el mismo año los Salesianos se instalaron
en Battersea, en Londres, Inglaterra y un gran grupo de misioneros fue
enviado a Ecuador. El 31 de enero de 1886, con gran dolor de la congregación,
Don Bosco murió a la edad de setenta y dos años. Su sucesor,
Don Rua continuó y desarrolló la obra de la congregación
y se abrieron muchas casas en Francia, España, Italia, Bélgica,
Portugal y Sudamérica. En 1889 se establecieron casas en Tierra
Santa y en África. Entre 1894 y 1911 se habían fundado casas
en Méjico, Túnez, Venezuela, la Patagonia, Lisboa, Bolivia,
Colombia, Paraguay, Montpelier, Cape Town, Inglaterra, Chile, San Salvador,
Perú, India y China. La primera misión creada en los Estados
Unidos fue en San Francisco en 1898. Actualmente hay dos en esa ciudad
y otra en Oakland, del otro lado de la bahía. En Nueva York se
abrieron dos en 1898 y 1902. En 1903 se fundó un colegio en Troy
pero se transfirió (1908) a Hawthorne, condado de Westchester en
el estado de Nueva York.
Si bien el verdadero fin de la Sociedad Salesiana es la educación
cristiana de los jóvenes, especialmente de las clases más
pobres y la clase media, no rechaza ninguna obra para la que tenga miembros
idóneos. Para llevar a cabo su labor principal, adopta el sistema
preventivo en lugar del viejo sistema punitivo o represivo, promoviendo
de esta forma la confianza y el amor entre los chicos, en lugar del miedo
y el odio. El éxito de este método es evidente por el número
de vocaciones que surgen de sus filas. Los jóvenes aspirantes están
imbuidos del espíritu salesiano incluso antes de ingresar en la
congregación. El noviciado dura un año, después del
cual se hacen votos trienales antes de que el principiante sea admitido
para hacer la profesión definitiva. El crecimiento de la congregación
es evidente del hecho de que tiene alrededor de 320 casas distribuidas
en 34 provincias, de los cuales 18 están en Europa y los restantes
16 en América. Las casas de Asia y África pertenecen a las
provincias europeas. No han disminuido, excepto en Francia donde la mayoría
de las casas se suprimieron durante el régimen de persecución
de Combes. En Portugal, las casas no sufrieron ninguna modificación
durante el último cambio de gobierno. En 1910 murió el segundo
padre general de la congregación y fue sucedido por Don Albera.
La labor principal de la institución consiste en la educación
y entrenamiento de los jóvenes divididos en dos clases: estudiantes
y artesanos. La segunda rama es la misionera, y su ámbito se encuentra
fundamentalmente en Sudamérica y Asia. La tercera rama está
relacionada con la educación de adultos para el sacerdocio y la
cuarta se ocupa de la difusión de buena literatura católica.
La orden se mantiene principalmente con la generosidad de los cooperadores
salesianos quienes, a modo de una tercera orden, contribuyen en gran medida
a este fin y a quienes se les envía mensualmente el “Boletín
Salesiano” para mantenerlos informados del progreso de la obra en
tierras lejanas y para alentarlos a una generosidad mayor.
HEIMBUCHER, Die Orden u. Kongregationen, III
(Paderborn, 1908), 491 sqq.; Lives of Don Bosco by LEMOYNE, FRANCESIA,
D'ESPINEY; BONETTI, I Cinque Lustri; The Salesian Bulletin.
ERNEST MARSH
Transcripto por Michael T. Barrett
Dedicado a los miembros actuales y del pasado de la Sociedad Salesiana
Traducido por Felicitas Costa