Murió en Ravena, el 18 ó 19 de mayo
(según los cálculos aceptados popularmente) del año
526. Toscano por nacimiento, e hijo de Constancio, fue elegido papa
el 13 de agosto del año 523, después de un periodo de
interregno de siete días, y ocupó la sede apostólica
durante dos años, nueve meses y siete días. No sabemos
nada acerca de su administración, puesto que su bulario contiene
tan sólo dos cartas dirigidas a un Arzobispo Zacarías
y a los Obispos de Italia, respectivamente, y, además, sabemos
que son apócrifas. Sólo tenemos información aunque,
lamentablemente, muy vaga sobre un viaje que hizo a Constantinopla,
que tuvo consecuencias de gran importancia y que fue la causa de su
muerte. El emperador Justino, en su celo por la ortodoxia, había
emitido en el año 523 un duro decreto contra los arrianos obligándoles,
entre otras cosas, a devolver a los cristianos las iglesias que habían
ocupado. Teodorico, rey de los ostrogodos y de Italia, ardiente defensor
del arrianismo, se sintió profundamente ofendido por estas
medidas dirigidas contra sus correligionarios en Oriente y, además,
estaba tremendamente disgustado al ver cómo se estrechaba el
mutuo entendimiento entre las iglesias latina y griega, lo cual podría
favorecer ciertos acuerdos secretos, entre los senadores de Roma y
de la Corte Bizantina, tendentes al restablecimiento de la autoridad
imperial en Italia. Con objeto de presionar al emperador y forzarle
a atemperar su política de represión respecto a los
herejes, Teodorico le envió, a principios del año 525,
una embajada compuesta por senadores romanos, al frente de la cual
puso al papa, con el encargo de asegurar la revocación del
edicto del año 523 y de instar al emperador, si hemos de creer
lo que se dice en "Anonymous Valesianus", a que facilitase el retorno
al arrianismo a los arrianos que habían sido convertidos.
Se ha discutido mucho acerca del papel que jugó
Juan I en este asunto. Las fuentes que nos permiten su estudio no
son precisamente explícitas y se reducen a cuatro: "Anonymous
Valesianus", citado anteriormente; el "Liber Pontificalis"; el "Liber
in gloria martyrum", de Gregorio de Tours; y el "Liber Pontificalis
Ecclesiæ Ravennatis". Pero está fuera de toda duda que
el papa tan sólo pudo aconsejar al emperador que actuara con
amabilidad y discreción respecto a los arrianos; su posición
como jefe de la iglesia le impedía invitarle a que favoreciera
la herejía. Que este análisis de la situación
es correcto resulta evidente si se tiene en cuenta el recibimiento
que se le hizo al papa en Oriente (un recibimiento que no hubiera
sido precisamente amable, existiendo una oposición de los embajadores
de Roma al emperador y a sus súbditos cristianos, en su lucha
contra los arrianos). Los habitantes de Constantinopla acudieron en
multitud a recibir a Juan. El emperador Justino, al saludarle, se
postró ante él y, algún tiempo más tarde,
se hizo coronar por el papa. Todos los patriarcas de Oriente se apresuraron
a manifestar su comunión en la fe con el supremo pontífice;
tan sólo Timoteo de Alejandría, que se había
mostrado hostil al Concilio de Calcedonia, se mantuvo distante. Finalmente,
el papa, ejerciendo su derecho de precedencia sobre Epifanio, Patriarca
de Constantinopla, celebró solemnemente los oficios en Santa
Sofía por el rito latino el 19 de abril del año 526,
día de Pascua de Resurrección. Inmediatamente después
inició su regreso a Occidente.
Si este brillante recibimiento hecho a Juan I por
parte del emperador, el clero y los fieles de Oriente prueba que la
actuación del papa, como supremo pastor de la Iglesia, fue
la adecuada, el comportamiento tan diferente de Teodorico hacia él,
cuando regresó, es una prueba no menos evidente. Este monarca,
enfurecido al comprobar el resurgimiento del partido nacional en Italia,
acababa de manchar sus manos con el asesinato de Boecio, el gran filósofo,
y de Símaco, su cuñado. Estaba irritado contra el papa,
porque su embajada había tenido un éxito muy distinto
del que él, Teodorico, había deseado y porque sospechaba
que había favorecido a los defensores de la antigua libertad
de Roma. En cuanto Juan, de regreso de su viaje, desembarcó
en Italia, Teodorico lo hizo arrestar y mandó que lo encarcelaran
en Ravena. Rendido por las fatigas del viaje y sometido a severas
privaciones, Juan murió muy pronto en la prisión.
Su cuerpo fue trasladado a Roma y sepultado en la
Basílica de San Pedro. En su epitafio no hay ninguna alusión
a su histórica misión. La Iglesia Católica lo
tiene entre sus mártires y lo conmemora el 27 de mayo, lección
novena del Breviario Romano, pues es esa la fecha que le ha sido consagrada.
LÉON CLUNGNET
Transcrito por S. Rohrbach
En recuerdo de Clarence A. y Beatrice E. Burens Rohrbach
Traducido por Juan Ramón Martínez Maurica