En griego, pentateuchos; es el nombre de los cinco primeros
libros del Antiguo Testamento.
I. Nombre
II. Analisis
A. Génesis
B. Exodo
C. Levitico
D. Números
E. Deuteronomio
III. Autenticidad
A.Testimonio de las Sagradas Escrituras
B. Testigos de la Tradición
C. Voz de la Evidencia Interna
D. Decisiones Eclesiasticás
E. Oponentes de la autenticidad mosaica del Pentateuc
IV. Estilo del Pentateuco
I. Nombre
Si bien no se sabe a ciencia cierta si la palabra originalmente era un
adjetivo calificativo, referido al nombre omitido de biblos, o un sustantivo,
literalmente significa “cinco cajas” y aparentemente se refiere
a las fundas o cajones en los que se guardaban los diversos rollos o volúmenes.
Tampoco se ha establecido claramente en qué preciso momento se
dividió la primera parte de la Biblia en cinco libros. Algunos
datan la división en algún momento anterior a la traducción
de los Setenta; otros la atribuyen a los autores de dicha traducción.
San Jerónimo opinaba (Ep. 52, ad Paulin., 8; P.L., XXII, 545) que
ya san Pablo había aludido a esa división en cinco libros
en I Cor 14, 19. Y también Filón y Josefo estaban familiarizados
con ella ("De Abrahamo", I; "Cont. Apion.",
I, 8). Pero por más antigua que haya sido la costumbre de dividir
la porción inicial del Antiguo Testamento en cinco partes, los
primeros judíos no tenían ningún nombre para referirse
a esa separación. A esa parte de la Biblia la llamaban hattorah
(la Ley), o torah (Ley), o sepher hattorah (libro de
la Ley), a causa del naturaleza de su contenido (Jos 8, 34; 1, 8; I Esdr
10, 3; II Esdr 8, 2, 3, 14; 10, 35, 37; II Par 25, 4). También
la llamaban torath Mosheh (Ley de Moisés), sepher
Mosheh (libro de Moisés), sepher torath Mosheh (libro
de la Ley de Moisés), por causa de su autor (Jos 8, 31-32; 23,
6; I Re 2, 3; II Re 14, 16; 23, 25; Dan, 9, 11; I Esdr 3, 2; 6, 18; II
Esdr 8, 1; 13, 1; etc.). Por último, el origen divino de la ley
mosaica queda implícito en los nombres: Ley de Yahve (I Esdr 7,
10), Ley de Dios (Jos 24, 26), Libro de la ley de Yahve (II Par 17, 9),
Libro de la ley de Dios ( Jos 24, 26). La palabra ley, de las expresiones
anteriores, fue traducido por los Setenta como nomos, con y sin artículo.
El Nuevo Testamento se refiere a la ley mosaica de varios modos: la Ley
(Mt 5, 17; Rom 2, 12; etc.); la ley de Moisés (Lc 2, 22; 24, 44;
Hech 28, 23); el libro de Moisés (Mc 12, 26), o simplemente, Moisés
(Lc 24, 2; Hech 15, 21). Incluso el Talmud y otros escritos rabínicos
llaman “el Libro de la Ley” a la primera parte de la Biblia,
mientras que en arameo se le conoce sencillamente como “Ley”
(cf. Buxtorf, "Lexicon Chaldaicum Talmudicum Rabbinicum",
791, 983; Levy, "Chaldaisches Worterbuch", 268, 16;
Aicher, "Das Alte Testament in der Mischna", Friburgo,
1906, p. 16).
El nombre griego pentateuchos, que implica una división de la
Ley en cinco partes, aparece por primera vez alrededor de los años
150-175 d.C. en las cartas del valentiniano Ptolomeo a Flora (cf. San
Epifanio, "Haer.", XXXIII, IV; P.G., XLI, 560). Se
suponía que existía una mención anterior del nombre
en un pasaje de Hipólito, donde el Salterio es llamado kai auto
allon pentateuchon (cf. Edición de De Lagarde, Leipzig y Londres,
1858 p. 193), pero se ha descubierto que el pasaje pertenece a Epifanio
(cf. "Hippolytus" in "Die griechischen Schriftsteller
der ersten drei Jahrhunderte", Leipzig, 1897, t. I, 143). El
nombre es utilizado de nuevo por Orígenes (Comment. in Ev.
Jo., t. II; P.G., XIV, 192; cf. P.G., XIII, 444), san Atanasio (Ep.
ad Marcellin., 5; P.G., XXVII, 12), y varias veces por san Epifanio
(De mensur. et ponderib., 4, 6; P.G., XLIII, 244). En latín,
Tertuliano usa la forma masculina Pentateuchus (Adv. Marcion.,
I, 10; P.L., II, 257), mientras que san Isidoro de Sevilla prefiere el
neutro Pentateuchum (Etym. VI, ii, 1, 2; P.L., LXXXII,
230). Se han utilizado formas análogas: Octateuco, Heptateuco y
Hexateuco, para referirse, respectivamente, a los primeros ocho, siete
y seis libros de la Biblia.
Los escritores rabínicos adoptaron la expresión “los
cinco quintos de la Ley” o, más sencillamente, “los
cinco quintos”, para señalar los cinco libros del Pentateuco.
Tanto los judíos palestinos como los alejandrinos tuvieron distintos
nombres para cada uno de los cinco libros del Pentateuco. En Palestina,
las palabras iniciales de cada uno de los varios libros servía
como su título. De ahí tenemos los nombres bereshith,
we’elleh shemoth o simplemente shemoth, wayyiqra,
wayedhabber, y elleh haddebarim o simplemente debarim.
Si bien esos eran los títulos hebreos ordinarios de los libros
consecutivos del Pentateuco, algunos escritores rabínicos denominan
a los tres últimos de acuerdo a sus contenidos. Llamaban al tercero
torath kohanim, o ley de los sacerdotes; al cuarto, homesh
happiqqudhim, o libro del censo; al quinto, mishneh torah,
o repetición de la Ley. Los judíos alejandrinos derivaron
los nombres griegos de los cinco libros de los contenidos de la totalidad
o del inicio de cada división. De ese modo, el primer libro se
intitula Genesis kosmou o simplemente Genesis; el segundo,
Exodus Egyptou o Exodus; el tercero, Leueitikon;
el cuarto, Arithmoi; y el quinto, Deuteronomion. Esos
nombres pasaron de los Setenta a la Vulgata Latina y de ahí a la
mayor parte de las traducciones de ésta. Arithmoi, sin
embargo, fue remplazado por su equivalente latino, Numeri, mientras
que los demás retuvieron su forma original.
II. Analisis
Los contenidos del Pentateuco son parte de carácter histórico,
parte de carácter legal. Nos dejan conocer la historia del pueblo
escogido desde la creación del mundo hasta la muerte de Moisés,
y nos familiarizan también con la legislación religiosa
y civil de los israelitas durante la vida de su gran legislador. El Génesis
puede ser considerado como la introducción a los otros cuatro libros.
Contiene la historia primitiva hasta el momento de la preparación
de Israel para salir de Egipto. El Deuteronomio, que consiste primordialmente
de discursos, es prácticamente una compilación sumarizada
de la legislación mosaica y también concluye la historia
del pueblo bajo el liderazgo de Moisés. Los tres libros siguientes
describen la vida errante de Israel en el desierto y los sucesivos decretos
legales. Cada una de esas tres grandes divisiones tiene su propia y peculiar
introducción (Gn 1, 1- 2, 3; Ex 1, 1-1, 7; Deut 1, 1-5), y dado
que es su contenido lo que distingue a Levítico de Números,
para no mencionar las terminaciones literarias del tercer y cuarto libros
(Lev 27, 34; Num 26, 13), la forma actual del Pentateuco manifiesta tanto
una unidad literaria como una división en cinco partes menores.
A. Génesis
El libro del Génesis prepara al lector para la legislación
pentatéutica. Nos narra cómo Dios escogió a una familia
particular para guardar su revelación, y cómo entrenó
al pueblo escogido para cumplir esa misión. Siguiendo la naturaleza
de su contenido, el libro consiste de dos partes algo disparejas. Los
capítulos 1-11 detallan las características de una historia
general, mientras que los capítulos 12 - 50 contienen la historia
peculiar del pueblo escogido. Gracias a un artificio literario, cada una
de esas partes se subdivide en cinco secciones que varían en extensión.
Las secciones son introducidas por la frase elleh tholedhoth
(estas son las generaciones) o su variante zeh sepher toledhoth
(este es el libro de las generaciones). “Generaciones” es
sencillamante el significado etimológico del hebreo toledhoth;
en ese contexto, esa fórmula difícilmente puede significar
un árbol o listado genealógico, pues no está ni antecedida
ni seguida de tales listas. Las historias orientales generalmente inician
con registros genealógicos, y en cierta medida consisten en esos
registros, por lo que uno naturalmente interpreta la fórmula mencionada
arriba, o su variante, como si significaran “esta es la historia”
o “este es el libro de la historia”. En dichas frases “historia”
no debe ser entendida como una narración apoyada en el folklore,
como cree el P. Von Hummelauer ("Exegetisches zur Inspirationsfrage,
Biblische Studien", Friburgo, 1904, IX, 4, pp. 26-32), sino
como un registro basado en genealogías. Aún más,
frecuentemente la fórmula introductoria hace referencia a alguna
característica sobresaliente de la sección que le antecede,
formando así una transición y conexión entre partes
sucesivas. Gn 5, 1, por ejemplo, se refiere a Gn 2, 7 ss. ; 6, 9 a 5,
29 ss. y 6, 8; 10, 1 a 9, 18-19, etc. Por último, el autor sagrado
trata brevemente sobre las familias o tribus no escogidas y siempre las
considera antes que a la rama escogida de la familia. Trata a Caín
antes de hablar de Set; a Cam y Jafet antes que a Sem; el resto de la
posteridad de Sem antecede a Abraham; Ismael va antes de Isaac; Esau antes
de Jacob.
Teniendo en mente esos datos generales de los contenidos y la estructura
literaria del Génesis, fácilmente podremos entender el siguiente
cuadro analítico.
Introducción (Gn 1,1- 2,3)- Consiste en el Hexameron (el relato
de los seis días de la creación). Enseña el poder
y la bondad de Dios según se manifiesta en la creación del
mundo y en la dependencia de la creaturas del dominio del Creador.
Historia general (2,4- 11, 26)- El hombre no reconoció su dependencia
de Dios. Como resultado, Dios deja a los desobedientes al amparo de sus
propios recursos y se escoge a una familia o a un individuo como depositario
de su revelación.
Historia del Cielo y de la Tierra (2, 4 - 4, 26)- Aquí tenemos
la historia de la caída de nuestros primeros padres, 2, 5- 3, 24;
del fratricidio de Caín, 4, 1-16; la posteridad de Caín
y su eliminación, 4, 17-26.
Historia de Adán (5, 1- 6,8)- El autor enumera a los setitas,
otra línea de descendientes de Adán, 5, 1-32, pero muestra
que ellos también se corrompieron de tal modo que exclusivamente
uno de ellos encontró gracia ante Dios, 6, 1-8.
Historia de Noé (6,9 – 9, 29)- Ni el diluvio que destruyó
a toda la raza humana, excepción hecha de la familia de Noe, 6,
11 – 8, 19, ni la alianza de Dios con Noé y sus hijos, 8,
20- 9, 17, logró el arrepentimiento de la familia humana, y sólo
uno de los hijos de Noé fue elegido como portador de las bendiciones
divinas, 9, 18-29.
Historia de los hijos de Noé (10,1 – 11,9)- El orgullo de
la posteridad de los hijos no elegidos, 10, 32, trajo un nuevo castigo
a la raza humana, 11, 9.
Historia de Sem (11, 10- 26)- La posteridad de Sem es enumerada hasta
Téraj, el padre de Abraham, por cuya descendencia serán
benditas todas las naciones de la tierra.
Historia especial (11,27-50,26)- El autor inspirado describe aquí
la providencia especial que obraba sobre Abraham y sus descendientes,
quienes en Egipto llegaron a ser un gran pueblo. Al mismo tiempo, elimina
a los hijos de Abraham que no son hijos de la promesa de Dios. Esto demuestra
a los israelitas que la simple descendencia carnal de Abraham no basta
para hacer a un verdadero hijo de Abraham.
Historia de Téraj (11, 25- 25, 11)- Esta sección narra
la llamada de Abraham, su transmigración a Canaan, su alianza con
Dios y Sus promesas.
Historia de Ismael (25, 12- 28)- Esta sección elimina las tribus
que nacen de Ismael.
Historia de Isaac (25, 19- 35, 29)- Tenemos aquí la historia de
los hijos de Isaac, Esau y Jacob.
Historia de Esaú (36,1- 37,1)- El autor sagrado proporciona una
lista de la posteridad de Esaú; no pertenece al pueblo escogido.
Historia de Jacob (37,2-50,26)- La parte final del Génesis nos
habla del destino de la familia de Jacob hasta la muerte del Patriarca
y de José.
Lo que se ha dicho muestra un plan uniforme en la estructura del Génesis,
al que algunos estudiosos prefieren llamar “esquematismo”.
(I) La totalidad del libro está dividida en 10 secciones. (II)
Cada sección es iniciada por la misma fórmula. (III) Las
secciones están organizadas según un plan definido, con
la historia de las ramas laterales precediendo siempre a las partes correspondientes
de la línea principal. (IV) Al interno de las secciones, la fórmula
introductoria o el título son generalmente seguidos de una breve
descripción de algún detalle significativo de la sección
precedente, dato que ya fue notado y explicado por autores tales como
Rábano Mauro (Comment. In Gen., II, XII; P.G., CVII, 531-2), pero
que ha sido desviado por críticos más recientes para formar
un argumento a favor de la diversidad de fuentes. (V) La historia de cada
patriarca nos habla del desarrollo de su familia durante su vida, mientras
que la descripción de su vida propiamente dicha varía en
extensión de una cuantas líneas a narraciones más
largas. (VI) Cuando la vida del patriarca es descrita en mayor detalle,
la narración termina en forma casi uniforme, indicando la duración
de su vida y su sepultura entre sus ancestros (cf. 9, 29; 11, 32; 25,
7; 35, 28; 47, 28). Un plan así de definido muestra que el libro
fue escrito con un objetivo a la vista y según una organización
preconcebida. Los críticos atribuyen ese orden al “redactor”
final del Pentateuco, quien adoptó, según esa opinión,
el marco genealógico y el “esquematismo” del código
sacerdotal. Posteriormente se analizará el valor de tales opiniones.
Por el momento, bástenos saber que hay una unidad notable a través
de libro del Génesis (cf. Kurtrz, "Die Einheit der Genesis",
Berlín, 1846; Delattre, "Plan de la Genèse" en
"Revue des quest. hist.", Julio, 1876; XX, pp. 5-43;
Delattre, "Le plan de la Genese et les generations du ciel et
de la terre" en "La science cath.", 15 Oct.,
1891, V, pp. 978-89; de Broglie, "Etude sur les genealogies bibliques"
en "Le congres scientif. internat. des catholiques de 1888",
París, 1889, I, pp. 94-101; Julian, "Etude critique sur
la composition de la Genese", Paríis, 1888, pp. 232-50).
B. Exodo
Después de la muerte de José, Israel llegó a ser
un pueblo y su historia ya no trata de meras genealogías, sino
del desarrollo nacional y religioso del pueblo. Las diferentes leyes fueron
promulgadas como lo iba exigiendo la ocasión, por lo que ellas
están íntimamente relacionadas con la historia del pueblo,
y los libros pentatéuticos en las que quedaron registradas están
correctamente categorizados dentro de los libros históricos de
la Escritura. Solamente el libro tercero del Pentateuco muestra signos
de ser un código de leyes. El libro del Exodo consiste en una breve
introducción y tres partes principales:
Introducción (1,1-7)- Es un breve resumen de la historia de Jacob
que conecta el Génesis con el Exodo y sirve, al mismo tiempo, de
transición del primero a este último.
1. Primera parte (1, 8-13, 16)- Trata de los eventos que antecedieron
y prepararon la salida de Israel de Egipto.
a. Ex 1, 8-2, 25: Los israelitas son oprimidos por un nuevo faraón
“que no conocía a José”, pero Dios les prepara
un libertador en la persona de Moisés.
b. Ex 3, 1- 4, 31: Moisés es llamado a liberar a su pueblo. Su
hermano Aarón es designado para acompañarlo; la recepción
que les dan los israelitas.
c. 5, 1- 10, 29: Faraón se niega a escuchar a Moisés y Aarón;
Dios renueva su promesa; genealogías de Moisés y Aarón;
las primeras nueve plagas no alcanzan a mover el corazón de Faraón.
d. 11, 1- 13, 16: La décima plaga consiste en la muerte de los
primogénitos; Faraón deja salir al pueblo; ley de la celebración
de la Pascua en memoria de la liberación de Egipto.
2. Segunda parte (13, 17- 18, 27)- Viaje de Israel al Monte Sinaí
y milagros que preparan al pueblo para la ley sinaítica.
a. 13, 1- 15, 21: Guiados y protegidos por una columna de nube y fuego,
los israelitas cruzan el Mar Rojo, pero los perseguidores egipcios perecen
en las aguas.
b. 15, 22- 17, 16: La ruta de Israel pasa por Sur, Mara, Elim, Sin, Refidim.
En Mara las aguas amargas se vuelven dulces. En el desierto de Sin, Dios
les manda codornices y maná a los hijos de Israel; en Refidim,
Dios les da agua de la roca y vence a Amalec por la oración de
Moisés.
c. 18, 1-27: Jetro visita a su familia, y a sugerencia suya, Moisés
instituye jueces para el pueblo.
3. Tercera parte (19,1- 40, 38)- Conclusión y renovación
de la alianza del Sinaí. A partir de aquí el Exodo adopta
carácter de código legal.
C. Levitico
El Levítico, llamado por los autores rabínicos “Ley
de los sacerdotes” o “Ley de los sacrificios”, contiene
una colección casi completa de las leyes referentes el ministerio
levítico. Si bien no están codificadas en un orden lógico,
podemos distinguir, sin embargo, ciertos grupos de normas que tratan el
mismo asunto. El libro de Exodo muestra lo que Dios ha hecho y continúa
haciendo a favor de su pueblo; el Levítico prescribe lo que el
pueblo debe hacer por Dios y cómo debe hacerse aquél merecedor
de Su presencia constante.
1. Parte primera (1, 1- 10, 20)- Deberes de Israel hacia Dios, que vive
en medio de ellos.
a.1, 1- 6, 7: Se enumeran los diferentes tipos de sacrificios y se describen
sus rituales.
b. 6, 8 – 7, 36: Se establecen los derechos y deberes de los sacerdotes,
los oferentes oficiales de los sacrificios.
c. 8, 1 –10, 20: Son consagrados los primeros sacerdotes e iniciados
en su función.
2. Parte segunda (11, 1- 27, 34)- La pureza legal exigida por la presencia
divina.
a. 11, 1- 20, 27: Todo el pueblo debe ser legalmente limpio; las diversas
formas por las que se debe conservar la limpieza; a la limpieza externa
debe añadirse la interna.
b. 21, 1- 22, 33: Los sacerdotes deben sobresalir en cuanto a pureza interior
y exterior. Por ello deben observar normas especiales.
c. 23, 1- 27, 34: Las demás leyes, y también las promesas
y amenazas hechas para motivar a la observancia y disuadir de la violación
de las leyes, pertenecen tanto a los sacerdotes como al pueblo.
D. Números
Este libro a veces llamado “En el desierto” por algunos escritores
rabínicos porque cubre prácticamente la totalidad de la
vida de Israel en el desierto. Su narración comenzó en el
Exodo pero quedó interrumpida por la legislación sinaítica.
Números asume la narrativa a partir del primer mes del año
segundo y la continúa hasta el mes undécimo del cuadragésimo
año. Pero este perído de 38 años es tocado brevemente;
sólo se mencionan el inicio y el fin, pues este espacio de tiempo
fue ocupado por la geneación de israelitas que habían sido
condenados por Dios.
Primera Parte (1, 1- 14, 45)- Resumen de los acontecimientos anteriores
al rechazo de la generación rebelde, especialmente durante los
dos primeros meses del segundo año. El escritor invierte el orden
cronológico de esos dos meses para no interrumpir la descripción
de la errática ruta del pueblo con la descripción de los
censos, la organización de las tribus y los deberes de las varias
familias de levitas, todas ellas cosas que acontecieron durante el segundo
mes. Así que el autor comienza dejando asentado lo que había
permanecido invariable a través de la vida en el desierto y después
retorna a los viajes desde el primer mes del segundo año.
a. 1, 1 – 4, 27: Se elabora un censo, las tribus quedan organizadas
según el orden debido, se definen las tareas de los levitas, se
promulgan los reglamentos referentes a la limpieza en el campamento.
b. 7, 1 – 9, 14: Los acontecimientos del primer mes: ofrecimiento
de los jefes durante la dedicación del tabernáculo; consagración
de los levitas y duración de su ministerio; celebración
de la segunda Pascua.
c. 9, 15- 14, 45: Señales para demontar el campamento; el pueblo
abandona el Sinaí el vigésimo segundo día del segundo
mes y viaja rumbo a Cades en el desierto de Parán; acosados por
la fatiga, el hambre de carne, etc., murmuran contra Moisés; engañados
por espías desleales, se niegan a entrar en la Tierra Prometida
y como consecuencia Dios rechaza a toda esa generación.
2. Segunda parte (15, 1- 19, 22)- Acontecimientos relativos a la generación
rechazada.
a. 15, 1- 41: Algunas leyes relativas a los sacrificios; la no observancia
del Sábado es castigada con la muerte; la ley de los flecos en
los vestidos.
b. 16, 1- 17, 13: El cisma de Coré y sus seguidores; su castigo;
el sacerdocio es confirmado a Aarón a través del báculo
florido que se conserva como recuerdo en el tabernáculo.
c. 18, 1- 19, 22: Los derechos de los sacerdotes y levitas; su porción;
la ley del sacrificio de la vaca roja y la expiación con agua.
3. Tercera parte (20, 1- 36, 13)- Historia del viaje desde el primero
al undécimo mes del cuadragésimo año.
a. 20, 1- 21, 20: Muerte de Miriam, hermana de Moisés; de nuevo
Dios da agua de la roca al pueblo que murmura, pero niega la entrada a
la Tierra Prometida a Aarón y Moisés a causa de sus dudas;
Aarón muere mientras el pueblo rodea las montañas de Idumea;
los descontentos son castigados con serpientes venenosas.
b. 21, 21- 25, 18: Es capturada la tierra de los amorreos; los moabitas
en vano intentan destruir a Israel a causa de la maldición de Balaam;
los madianitas conducen al pueblo a la idolatría.
c. 26, 1- 27, 23: Se lleva a cabo un nuevo censo orientado a dividir la
tierra; la ley de
herencia; Josué es designado sucesor de Moisés.
d. 28, 1- 30, 17: Se reiteran y completan algunas leyes relativas a los
sacrificios, votos y fiestas.
e. 31, 1- 32, 40: Luego de la victoria sobre los madianitas, se entrega
el territorio de la otra rivera del Jordán a las tribus de Rubén
y Gad, y a la mitad de la tribu de Manasés.
f. 33, 1-40: Lista de campamentos del pueblo de Israel durante su travesía
por el desierto.
g. 33, 50- 36, 13: Orden de acabar con los cananeos; límites de
la Tierra Prometida y nombres de los varones que habrían de dividirla;
ciudades levíticas y de refugio; ley relativa al asesinato; ordenamiento
relativo al matrimonio de las herederas.
E. Deuteronomio
El Deuteronomio es una repetición y explicación parcial
de la legislación anterior y una urgente exhortación a ser
fieles a ella. El cuerpo principal del libro consiste de tres discursos
pronunciados por Moisés al pueblo en el mes undécimo del
cuadragésimo año. Dichos discursos están antecedidos
por una breve introducción y seguidos por varios apéndices.
Introducción (1, 1-5)- Breve indicación del contenido del
tema, tiempo y lugar de los discursos consecuentes.
1. Primer discurso (1, 6- 4,40)- Se enumeran los beneficios de Dios y
se exhorta al pueblo a observar la ley.
a. 1, 6- 3, 29: Se recuerdan los principales acontecimientos de la vida
en el desierto como señales de la bondad y justicia de Dios.
b. 4, 1-40: De lo anterior se deduce que se debe guardar la alianza con
Dios. Como un paréntesis, el autor sagrado añade aquí
(1) el nombramiento de tres ciudades de refugio al otro lado del Jordán,
4, 41-43; (2) un preámbulo histórico que nos prepara para
el segundo discurso, 4, 44-49.
2. Segundo discurso (5, 1- 26, 19)- Esto conforma prácticamente
el grueso del Deuteronomio. Repasa la totalidad de la economía
de la alianza en dos partes: una general, otra particular.
a. La repetición general, 5, 1- 11, 32: Repetición del
decálogo y razones de la promulgación de la Ley a través
de Moisés; explicación del primer mandamiento y prohibición
de cualquier interrelación con los gentiles; recordatorio de los
favores y castigos divinos; promesa de victoria sobre los cananeos; bendición
de Dios a los observantes de la Ley y maldición sobre los transgresores.
b. Leyes especiales, 12, 1- 26, 19: 81) Deberes para con Dios: debe ser
adorado y nunca abandonado; distinción entre carnes puras e impuras;
diezmos y primeros frutos; las tres principales solemnidades del año.
(2) Deberes para con los representantes de Dios: los jueces, los futuros
reyes, los sacerdotes y los profetas. (3) Deberes para con el prójimo:
en la vida, posesiones externas, matrimonio y varios otros particulares.
3. Tercer discurso (27, 1- 30, 20)- Renovada exhortación a observar
la Ley, por varias razones.
a. 27, 1-26: Mandato de grabar la Ley en piedra una vez cruzado el Jordán
y de promulgar las bendiciones y maldiciones conectadas con la observancia
e incumplimiento de la Ley.
b. 28, 1-68: Una descripción más detallada del bien y el
mal que siguen la observancia o violación de la Ley.
c. 29, 1- 30, 20: Es exaltada la bondad de Dios; se exhorta a todos a
ser fieles a Dios.
4. Apéndice histórico (31, 1- 34, 12).
a. 31, 1-27: Moisés designa a Josué como su sucesor; le
ordena que lea la Ley ante el pueblo cada siete años y que coloque
una copia de la misma en el arca.
b. 31, 28- 32, 47: Moisés convoca una asamblea de los Ancianos
y recita su cántico.
c. 32, 48-52: Moisés ve desde lejos la Tierra Prometida.
d. 33, 1-29: Bendice a las tribus de Israel.
e. 34, 1- 12: Su muerte, sepultura y panegírico especial.
III. Autenticidad
Los contenidos del Pentateuco proveen las bases para la historia, la
ley, el culto y la vida del pueblo escogido de Dios. Consecuentemente,
la autoría del libro, su tiempo y origen, y su historicidad son
de la mayor importancia. No se trata de simples problemas literarios;
son asuntos que caen dentro de los campos de la historia de la religión
y de la teología. La autoría mosaica del Pentateuco está
inseparablemente vinculada con el tema: ¿fue Moisés, y cómo,
el autor o intermediario de la legislación veterotestamentaria
y el portador de la tradición pre-mosáica?. Según
la tendencia tanto del Antiguo como del Nuevo Testamentos, y según
la teología judía y cristiana, la obra del gran legislador
Moisés es el origen de la historia de Israel y la base de su desarrollo
a través de los tiempos hasta llegar a Jesucristo. Empero, la crítica
moderna solamente ve en ello el resultado, o la consecuencia, de un acontecimiento
histórico puramente natural. El asunto de la autoría mosaica
del Pentateuco nos lleva, por tanto, a sus alternativas: revelación
o evolución histórica; toca los fundamentos históricos
y teológicos de las tradiciones judía y cristiana. Consideraremos
el problema, primero, a la luz de la Escritura; segundo, a la luz de las
tradiciones judías y cristianas; tercero, a la luz de la evidencia
interna provista por el mismo Pentateuco; finalmente, a la luz de las
decisiones eclesiásticas.
A.Testimonio de las Sagradas Escrituras
Es conveniente dividir la evidencia bíblica de la autoría
mosaica del Pentateuco en tres partes: (1) testimonio del Pentateuco;
(2) testimonio de los otros libros del Antiguo Testamento; (3)testimonio
del Nuevo Testamento.
1. Testimonio del Pentateuco
En su forma actual, el Pentateuco no se presenta a si mismo como una
producción literaria elaborada totalmente por Moisés. Contiene
una descripción de la muerte de Moisés; narra la historia
de su vida en tercera persona y en forma indirecta; los últimos
cuatro libros no delatan la forma literaria de las memorias de un gran
legislador. Además, la expresión: “Dios dijo a Moisés”
únicamente nos deja ver el origen divino de la Ley de Moisés,
sin probar que Moisés haya personalmente codificado en el Pentateuco
las diversas leyes que él promulgó. Por otra parte, el Pentateuco
afirma que Moisés fue el autor literario de por lo menos cuatro
secciones, en parte históricas, en parte legales, en parte poéticas.
a. Luego de la victoria isarelita sobre los amalecitas cerca de Refidim,
el Señor dijo a Moisés (Ex 17, 14): “Escribe esto
en un libro para que sirva de recuerdo y hazle saber a Josué”.
Esta orden se refiere exclusivamente, sin duda, a la derrota de Amalec,
un favor divino que Dios quería que se conservara vivo en la memoria
del pueblo (Deut 25, 17-19). La puntuación del texto hebreo hace
que el texto se lea: “en el libro”, pero los LXX omiten el
artículo definido. Aunque admitiéramos que la puntuación
masorética corresponde al texto original, difícilmente podríamos
probar que el libro del que habla es el Pentatecuco, aunque sí
es posible que sea así (cf. . von Hummelauer "Exodus et
Leviticus", París, 1897, p. 182; Idem, "Deuteronomium",
París, 1901, p. 152; Kley, "Die Pentateuchfrage",
Munster, 1903, p. 217).
b. También está Ex 24, 4: “Entonces Moisés
escribió todas las palabras de Yahve”. El contexto no nos
permite entender tales palabras de un modo indefinido, sino como concretamente
refiriéndose a las palabras del Señor inmediatamente precedentes,
o al así llamado “Libro de la Alianza”, Ex 20-23.
c. Ex 34, 27: “Escribe estas palabras, pues a tenor de ellas hago
yo alianza contigo y con Israel”. El siguiente versículo
añade: “Y escribio en las tablas las palabras de la alianza,
las diez palabras”. Ex 34, 1-4 muestra cómo Moisés
había preparado las tablas y Ex 34, 10 –26 nos detalla el
contenido de las diez palabras.
d. Num 33, 1- 2: “Estas son las etapas de los Israelitas que salieron
de Egipto por cuerpos de ejército, a las órdenes de Moisés
y Aarón. Moisés, por orden de Yahvé, escribió
los puntos de donde partían, etapa por etapa”. Aquí
se nos informa que Moisés escribió la lista de los campamentos
del pueblo en el desierto, pero ¿dónde se encuentra esa
lista?. Muy probablemente es la que aparece en Num 33, 3-49, o el contexto
inmediato en el que se nos habla de la actividad literaria de Moisés.
Existen, sin embargo, estudiosos que entienden este último pasaje
como refiriéndose a la historia de la partida de Israel de tierras
egipcias, escrito según el orden en que el pueblo había
acampado, de modo que equivaldría a nuestro actual Exodo. Pero
es difícil sostener esa postura porque, para empezar, no se puede
defender la hipótesis de que Num 33, 3-49 es un resumen de Exodo,
ya que ese capítulo de Números menciona algunas etapas no
mencionadas en Exodo.
Además de esos cuatro pasajes, en el Deuteronomio hay ciertas
indicaciones que apuntan hacia la actividad literaria de Moisés.
Deut 1, 5: “Comenzó Moisés a promulgar esta ley, diciendo:..”.
Si bien la “ley” mencionada en ese texto puede referirse a
la totalidad de la legislación del Pentateuco, lo cual no es muy
probable, lo único que ello prueba es que Moisés promulgó
toda la ley, pero no que él la haya necesariamente escrito. Prácticamente
todo el libro del Deuteronomio afirma ser una legislación promulgada
por Moisés en la tierra de Moab: 4, 1-40; 5, 1 ss.; 12, 1 ss. Pero
también contiene indicaciones respecto a su escritura: 17, 18-
19 ordena que los reyes futuros han de recibir una copia de esa ley de
manos de los sacerdotes para leerla y cumplirla; 27, 1-8 manda que en
la orilla oeste del Jordán “todas las palabras de esta ley”
sean escritas en piedras levantadas en el monte Ebal; 28, 58 habla de
“todas las palabras de esta ley escritas en este libro”, luego
de enumerar las bendiciones y maldiciones a las que se harán merecedores
los observantes y violadores de la misma, y de cuya mención se
dice que se halla contenida en un libro en 29, 20-27 y 32, 46-47; la ley
de la que reiteradamente se dice que está escrita en un libro debe
ser por lo menos la legislación deuteronómica. Además
31, 9-13 declara: “Moisés puso esta ley por escrito”,
y 31, 26 añade: “Tomad el libro de esta ley. Ponedlo al lado
del Arca de la Alianza... Ahí quedará como testimonio contra
ti”. Tratar de menospreciar esos textos diciendo que son simple
ficción o anacronismo no guarda congruencia con la infalibilidad
de la Sagrada Escritura. Finalmente, 31, 19 ordena a Moisés que
escriba el cántico contenido en Deut 32, 1-43. Ningún escriturista
podrá quejarse de parvedad de señalamientos expresos en
el Pentateuco acerca de la actividad literaria de Moisés. Más
bien, quedará asombrado ante su número. En lo que concierne
a testimonios explícitos sobre su propia autoría, al menos
parcial, el Pentateuco se compara favorablemente con muchos otros libros
del Antiguo Testamento.
2. Testigos de otros libros del Antiguo Testamento.
a. Josué. La narración del libro de Josué no sólo
presupone los hechos y las normas contenidas en el libro del Pentateuco,
sino también la ley dada por Moisés y escrita en el libro
de la ley de Moisés: Jos 1, 7-8; 8, 31; 22, 5; 23, 6. El mismo
Josué “escribió estas palabras en el libro de la ley
de Dios” (24, 26). El Prof. Hobverg mantiene que este “volumen
de la ley del Señor” es el Pentateuco ("Über
den Ursprung des Pentateuchs" in "Biblische Zeitschrift",
1906, IV, 340). Mangenot cree que se refiere al menos al Deuteronomio
(Dict. de la Bible, V, 66). Como quiera que sea, Josué y sus contemporáneos
estaban familiarizados con una legislación mosaica escrita, que
había sido revelada divinamente.
b. Jueces; I y II de Reyes. En el libro de los Jueces y en los dos primeros
libros de los Reyes (El autor se refiere aquí a los libros I y
II de Samuel. A principios del siglo XX todavía algunos estudiosos,
siguiendo a los LXX y a San Jerónimo, consideraban que los libros
de Reyes y Samuel formaban una sola serie, de Reyes, que abarcaba 4 libros.
Actualmente, los dos primeros de esa serie son conocidos como Samuel I
y II. N.T.) no hay mención explícita de Moisés ni
del libro de la Ley, pero una serie de eventos y afirmaciones presuponen
la existencia de la legislación y de las instituciones pentatéuticas.
Jc 15, 8-10 recuerda la liberación de Israel de Egipto y la conquista
de la Tierra Prometida. Jc 11, 12- 28 narra acontecimientos registrados
en Num 20, 14; 21, 13-24; 22, 2. Jc 13, 4 establece una práctica
encontrada en la ley de los nazireos en Num 6, 1-21. Jc 18, 31 habla del
tabernáculo que existía en los tiempos en los que no había
rey en Israel. Jc 20, 26-28 menciona el arca de la Alianza, las diferentes
clases de sacrificios y el sacerdocio aarónico. La historia y leyes
pentatéuticas también están presupuestas en I Sa
10, 18; 15, 1- 10; 10, 25; 21, 1- 6; 22, 6 ss.; 23, 6-9; II S 6.
c. Los últimos dos libros de los Reyes (I y II de Reyes. Cfr.
la N.T. anterior) repetidamente hablan de la ley de Moisés. Restringir
el significado de este término al Deuteronomio constituye una arbitrariedad
exegética (cf. I R 2, 3; 10, 31); Amacías mostró
misericordia a los hijos de los asesinos “en conformidad con lo
escrito en el libro de la doctrina de Moisés” (II R, 14,
6). El hagiógrafo ha conservado la promesa divina de proteger a
los israelitas “a condición de que se comprometan a actuar
conforme a todo lo que les he mandado y la doctrina toda que mi siervo
Moisés les mandó” (II R, 21, 8). En el año
décimo octavo del reinado de Josías fue encontrado el libro
de la Ley (II R 22, 8-11) o libro de la Alianza (II R 23, 2), de acuerdo
al cual él llevó a cabo sus reformas religiosas (II R 23,
10- 24) y que también es identificado con la “ley de Moisés”
(II R 23, 25). Los comentaristas católicos se encuentran divididos
en lo tocante a si este libro de leyes era únicamente el Deuteronomio
(von Hummelauer, "Deuteronomium", Paris, 1901, p. 40-60,
83-7) o el Pentateuco entero (Clair, "Les livres des Rois",
París, 1884, II, p. 557 ss.; Hoberg, "Moses und der Pentateuch",
Frieburg, 1905, p. 17 ss.; "uber den Ursprung des Pentateuchs"
en "Biblische Zeitschrift", 1906, IV, pp. 338-40).
d. Paralipómenos (“Crónicas”, en muchas biblias
modernas, N.T.). El escritor inspirado de Paralipómenos se refiere
a la Ley y al libro de Moisés con más frecuencia y claridad.
Las objeciones respecto a los nombres y cifras que aparecen en esos libros
se explican más que nada por errores de los transcriptores. La
omisión de eventos que pudieran disminuir la gloria de los reyes
israelitas o que no sirvieran para edificar a los lectores no va en detrimento
de la credibilidad o veracidad de la obra. Si así fuera, se debería
poner entre las obras de ficción a muchas obras biográficas
o publicaciones patrióticas pensadas para los jóvenes o
para lectores ordinarios. Los críticos modernos están muy
dispuestos a desacreditar la autoridad de los Paralipómenos. “Si
se retira la narración de los Paralipómenos”, escribe
deWette (Beitrage, I, 135), “la totalidad de la histora judía
adopta otra forma y las investigaciones sobre el Pentatéuco toman
otro rumbo. Desaparecen varias pruebas fuertes, difíciles de explicar,
de la existencia original de los libros mosaicos, y los otros vestigios
de su existencia quedan colocados bajo otra luz”. Una mirada al
contenido de los Paralipómenos basta para explicar los esfuerzos
de Witte y Wellhausen para desacreditar su historicidad. No solamente
se les sigue la pista a las genealogías (I Par 1-10) y a las descripciones
del culto basados en las leyes y datos del Pentateuco, sino que el hagiógrafo
expresamente señala su conformidad con lo que está escrito
en la Ley del Señor (I Par 16, 40), en la ley de Moisés
(II Par 23, 18; 31, 3), identificando con ello la Ley del Señor
con la escrita por Moisés (Cf II Par 25, 4). El lector encontrará
indicaciones semejantes de la existencia y origen mosáico del Pentateuco
en I Par 22, 12 ss.; II Par 17, 9; 33, 4; 34, 14; 25, 12. Gracias a una
interpretación artificiosa, claro, se puede hacer ver los libros
de los Paralipómenos como si fueran una obra que contuviese la
ley promulgada por Moisés. Pero el sentido natural de los pasajes
citados ve al Pentateuco como un libro editado por Moisés.
e. I y II Esdras (En las biblias modernas: Esdras y Nehemías,
N.T.). Los libros de Esdras y Nehemías - si se les considera en
su sentido natural y generalmente aceptado- también consideran
al Pentateuco como el libro de Moisés, y no sólo porque
contenga la ley de Moisés. Esta afirmación está basada
en el estudio de los siguientes textos: Esd 3, 2 ss.; 6, 18; 7, 14; Ne
1, 7 ss.; 8, 1-8; 9, 3; 10, 34-36; 13, 1-3. Graf y sus seguidores opinan
que el libro de Moisés al que se hace referencia en esos textos
no es el Pentateuco, sino únicamente el código sacerdotal,
pero si no olvidamos que el libro en cuestión contiene las leyes
de Lv 23 y Deut 8, 2-4 y 15, 2 inmediatamente nos damos cuenta que el
libro de Moisés no puede ser limitado al código sacerdotal.
Y a los testigos de los libros históricos podemos añadir
II Macabeos 2, 4; 7, 6; Judit 8, 23; Ecclo 24, 33; 45, 1-6; 45, 18 y,
especialmente, el prefacio de Ecclesiástico.
f. Libros proféticos. Únicamente se encuentran referencias
explícitas a la ley escrita de Moisés en los profetas posteriores:
Baruc 2, 2, 28; Daniel 9, 11- 13; Malaquías 4, 4. Enre ellos, Baruc
sabe que a Moisés se le ordenó escribir la Ley, y aunque
sus expresiones son paralelas a las de Deut 28, 15, 53, 62-64, sus amenazas
hacen alusión a otras, contenidas en otras partes del Pentateuco.
Los otros profetas con frecuencia hacen referencia a la Ley del Señor
que era guardada por los sacerdotes (Cf. Deut 31, 9) y la ubican en el
mismo nivel con la revelación divina y con la alianza eterna del
Señor. De tal modo hacen ellos referencia a la alianza de Dios,
a las leyes sacrificiales, los calendarios de las fiestas, y otras leyes
del Pentateuco, que hacen probable que haya sido una ley escrita lo que
les haya servido de base para sus advertencias proféticas (Cf.
Os 8, 12) y que ellos estaban familiarizados con las expresiones verbales
del libro de la Ley. En el reino del norte Amós (4, 4-5; 5, 22
ss.) e Isaías en el sur (1, 1 ss.) utilizan expresiones que constituyen
prácticamente terminología técnica para los sacrificios
que se realizaban en Lv 1-3; 7, 12-16; Deut 12, 6.
3. Testigos del Nuevo Testamento
No hace falta que demostremos que Jesús y los Apóstoles
citaron el Pentateuco como algo escrito por Moisés. Si ellos atribuyen
a Moisés todos los pasajes que citan y atribuyen el Pentateuco
a Moisés cada vez que surge una cuestión sobre su autoría,
hasta los críticos más puntillosos deben admitir que existía
la convicción generalizada de que la obra había sido realmente
escrita por Moisés. Cuando, en contra de Jesús, los saduceos
citan la ley del matrimonio de Deut 25, 5, como escrita por Moisés
(Mt 22, 24; Mc 12, 19; Lc 20, 28), Jesús no niega su autoría
mosaica sino que contrarresta el argumento citando a Ex 3, 6 como también
escrito por Moisés (Mc 12, 26; Mt 22, 31; Lc 20, 37). En otra parte,
en la parábola del rico y Lázaro (Lc 16, 29), Él
habla de “Moisés y los profetas”, mientras que en otras
ocasiones hace referencia a “la Ley y los profetas” (Lc 16,
16), mostrando con ello que en su mente la Ley, o el Pentateuco, y Moisés,
son idénticos. Las mismas expresiones reaparecen en el último
discurso pronunciado por Cristo a sus discípulos (Lc 24, 44-46):
“lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas
y en los Salmos acerca de mi”. Finalmente, en Juan 5, 45-47, Jesús
es mucho más explícito al afirmar el origen mosaico del
Pentateuco: “Porque si creyerais a Moisés me creeríais
a mi, porque él escribió de mi. Pero si no creéis
en sus escritos ¿cómo vais a creer en mis palabras?”.
Tampoco se puede sostener que Cristo simplemente se estaba acomodando
a las creencias de su tiempo, que consideraban a Moisés el autor
del Pentateuco en sentido moral y literal. A Jesús no le hacía
falta penetrar en el estudio crítico de la naturaleza de la autoría
mosaica, pero definitivamente no hubiera podido apoyar abiertamente una
creencia popular si ésta fuese errónea.
Los Apóstoles estaban igualmente convencidos de la autoría
mosaica y fdieron testimonio de ello. “Felipe encuentra a Natanael
y le dice: Aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también
los Profetas, lo hemos encontrado” (Jn 1, 45). San Pedro utiliza
una cita de Deut 18, 15, con las palabras: “Moisés efectivamente
dijo” (Hech 3, 22). Santiago y san Pablo cuentan que Moisés
es leído en las sinagogas el día del sábado (Hech
15, 21; II Cor 3, 15).El gran Apóstol habla de la Ley de Moisés
en otro pasaje (Hech 13, 33; I Cor 9, 9); predica a Jesús según
la Ley de Moisés y los Profetas (Hech 28, 23) y cita textos del
Pentateuco como si fueran palabras escritas por Moisés (Rom 10,
5-8, 19). San Juan menciona el Cántico de Moisés (Apoc 15,
3).
B. Testigos de la Tradición
La voz de la tradición, tanto judía como cristiana, es
de tal modo unánme y constante al afirmar la autoría mosaica
del Pentateuco que hasta el siglo XVII nunca se había suscitado
ninguna duda seria al respecto. Los párrafos que siguen son sólo
un bosquejo elemental de esa tradición viva.
1. Tradición judía
Ya se vio antes que los libros del Antiguo Testamento, com enzando por
los del Pentateuco, presentan a Moisés como el autor de al menos
algunas partes del mismo. El escritor del libro de los Reyes cree que
Moisés es el autor de por lo menos el Deuteronomio. Esdras, Nehemías,
Malaquías, el autor de los Paralipómenos, y los autores
griegos de la versión de los LXX consideran a Moisés como
el autor de todo el Pentateuco. En tiempos de Jesucristo y de los Apóstoles,
amigos y enemigos dan por un hecho que Moisés es el autor del Pentateuco.
Ni Nuestro Señor ni sus enemigos son excepción a esa opinión
general. En el primer siglo de la era cristiana, Josefo atribuye a Moisés
la autoría de todo el Pentateuco, sin exceptuar siquiera la parte
de la muerte del legislador (“Antiq. Jud.” IV, VIII,
3-48; cf. I Procem, 4; “Contra Apion”, I,
8). El filósofo alejandrino Filón está convencido
de que el Pentateuco entero es obra de Moisés, y que este último,
bajo inspiración divina, escribió una descripción
prófetica de su propia muerte ("De vita Mosis",
ll. II, III en "Opera", Génova, 1613, pp. 511,
538). El Talmud babilónico (“Baba-Bathra”,
II, col 140; "Makkoth", fol. IIa; "Menachoth",
fol. 30a; cf. Vogue, "Hist. de la Bible et de l'exegese biblique
jusqua'a nos jours", París, 1881, p. 21), el Talmud de
Jerusalén (Sota, v, 5), los rabinos y los doctores de Israel (cf.
Furst, "Der Kanon des Alten Testaments nach den Überlieferungen
im Talmud und Midrasch", Leipzig, 1868, pp. 7-9) rinden testimonio
de la continuidad de tal tradición durante los primeros mil años.
Si bien Isaac ben Jasus, en el siglo XI, y Abenesra, en el XII, reconocieron
ciertas adiciones postmosaicas al Pentateuco, ellos mismos, al igual que
Maimónides, mantuvieron la autoría de Moisés y no
difirieron en este punto de la enseñanza de R. Becchai (siglo XIII),
Joseph Karo y Abarbanel (siglo XV; cf. Richard Simon, "Critique
de la Bibl. des aut. eccles. de E. Dupin", París, 1730,
III, pp. 215-20). No fue sino hasta el siglo XVII que Baruch Spinoza rechazó
la autoría mosaica del Pentateuco, subrayando la posibilidad de
que la obra hubiese sido escrita por Esdras ("Tract. Theol.-politicus",
c. viii, ed. Tauchnitz, III, p. 125). Entre los escritores judíos
más recientes algunos han adoptado el resultado de los críticos,
abandonando así la tradición de sus ancestros.
2. Tradición Cristiana
La tradición judía respecto a la autoría mosaica
del Pentateuco fue llevada a la iglesia cristiana por el mismo Cristo
y por los Apóstoles. Nadie rechaza seriamente la existencia y continuidad
de tal tradición a partir del período patrístico;
a lo más, uno puede mostrar cierta curiosidad acerca del intervalo
entre el tiempo de los Apóstoles y el comienzo del siglo III. En
referencia a este período podemos apoyarnos en la “Epístola
a Bernabé” (X, 1-12; Funk, “Patres Apostolici”,
2ª. Ed. Tubinga, 1901, I, pp 66- 70; XII, 2- 9k; ibid. p. 74-76),
en San Clemente Romano (I Cor., XLI, 1; ibid., p. 152), San Justino ("Apol.
I", 59; P. G., VI, 416; I, 32, 54; ibid., 377, 409; "Dial.",
29; ibid., 537), en el autor de "Cohort. Ad Graec."
(9, 28, 30, 33, 34; ibid., 257, 293, 296-7, 361), en San Teófilo
("Ad Autol.", III, 23; ibid., 1156; 11, 30; ibid.,
1100), San Ireneo (Cont. haer., I, II, 6; P.G., VII, 715-6),
San Hipólito de Roma ("Comment. In Deut.", XXXI,
9, 31, 35; cf. Achelis, "Arabische Fragmente etc.",
Leipzig, 1897, I, 118; "Philosophumena", VIII, 8; X,
33; P.G., XVI, 3350, 3448), en Tertuliano de Cartago (Adv. Hermog.,
XIX; P. L., II, 214), Orígenes de Alejandría (Contra.
Cels., III, 5-6; P. G., XI, 928; etc.), San Eustacio de Antioquía
(De engastrimytha c. Orig., 21; P.G., XVIII, 656). Todos esos
escritores, a los que se pueden añadir más, dan testimonio
de la continuidad de la tradición cristiana que afirma que Moisés
escribió el Pentateuco. Una lista de los Padres que dan testimonio
de la misma verdad puede consultarse en el artículo de Mangenoten
“Dictionnaire de la Bible” (V, 74 ss.). Hoberg (Moses
und der Pentateuch, 72 ss.) ha reunido los testimonios de la existencia
de la misma tradición durante la Edad Media y en tiempos más
recientes.
Pero la tradición católica no necesariamente afirma que
Moisés escribió cada letra del Pentateuco tal como lo conocemos
hoy, ni que su obra nos haya llegado absolutamente igual a como fue escrita.
La opinión rígida de la autoría mosaica empezó
a desarrollarse en el siglo XVIII y prácticamente se constituyó
en la más aceptada en el siglo XIX. El tratamento arbitrario de
la Escritura por parte de los protestantes, y la sucesión de varios
sistemas destructivos aportados por el cristicismo bíblico causó
este cambio de opinión en el campo católico. En el siglo
XVI el Cardenal Belarmino, quien puede considerarse un exponente confiable
de la tradición católica, expuso la opinión de que
Esdras había reunido, reajustado y corregido las partes esparcidas
del Pentateuco e incluso había añadido las partes necesarias
para completar la historia del mismo libro (De Verbo Dei, II,I;
cf. III, IV). Las perspectivas de Genebrard, Pereira, Bonfrere, a Lapide,
Masius, Jansenius y otros biblicistas notables de los siglos XVI y XVII
son igualmente elásticos en cuanto a la autoría mosaica
del Pentateuco. Lo cual no significa que estén de acuerdo con las
teorías del moderno criticismo bíblico. Pero sí demuestran
que los problemas actuales del Pentateuco no son desconocidos para los
estudiosos católicos y que la autoría mosaica del Pentateuco,
según ha sido determinada por la Comisión Bíblica,
no es ninguna concesión aceptada por la Iglesia en contra de su
voluntad para dar gusto a los no creyentes.
C. Voz de la Evidencia Interna
Nadie disputa ya la posibilidad de que se hayan producido registros escritos
en tiempos de Moisés. La escritura era ya conocida mucho antes
de la época del gran legislador y ampliamente practicada en Egipto
y Babilonia. En lo que respecta a los israelitas, Flinders Petrie infiere
de ciertas inscripciones semíticas encontradas en 1905 en la península
del Sinaí, que ellos también guardaban registros de su historia
nacional desde la época de su cautividad a manos de Ramsés
II. Las tabletas de Tell-el-Amarna muestran que el lenguaje de Babilonia
era en cierto modo el lenguaje oficial en tiempos de Moisés, y
conocido en Asia Occidental, Palestina y Egipto. Esto ha sido confirmado
por los descubrimientos de Taanek. Pero de ello no se puede deducir que
los egipcios e israelitas hayan utilizado esta lengua sagrada u oficial
entre ellos o en sus documentos religiosos (cf. Benzinger, "Hebraische
Archaologie", 2ª. ed., Tubinga, 1907, p. 172 ss.). Lo que
enfrentamos aquí no es la mera posibilidad de la escritura en tiempos
de Moisés ni el problema del lenguaje; se trata del tipo de simbología
usado en los documentos mosaicos. Los jeroglíficos y letras cuneiformes
eran ampliamente usados desde tiempos remotos. Las inscripciones más
antiguas escritas en caracteres alfabéticos datan de apenas el
siglo IX a. C. Pero dificilmente hay duda acerca de la mayor antigüedad
de la escritura alfabética y nada nos impide ubicarla también
en tiempos de Moisés. Finalmente, el Código Hamurabi, descubierto
en Susa en 1901 por la expedición francesa que había sido
financiada por el matrimonio Dieulafoy, muestra que ya en tiempos pre-mosaicos
las decisiones legales se conservaban por escrito. Ese código es
anterior a Moisés por quinientos años y contiene cerca de
282 normas referentes a diversas contingencias de la vida cívica.
Hasta aquí hemos demostrado negativamente que no hay documento
del que se afirme que haya sido escrito en tiempos de Moisés que
constituya un antecedente de improbabailidad para su autenticidad. Pero
las características internas del Pentateuco demuestran además,
positivamente, que la obra al menos tiene probabilidades de ser de Moisés.
Es cierto que en el Pentateuco no existe ninguna declaración expresa
de total autoría mosaica. Pero ni el más exigente de los
críticos pediría tal testimonio. Tal cosa no existe en prácticamente
ningún libro, ni sagrado ni profano. Por otra parte, ya se ha demostrado
que cuatro diferentes pasajes del Pentateuco están expresamente
adjudicados a Moisés. Deut 31, 24- 29 destaca entre ellos pues
sabe que Moisés escribió “las palabras de esta ley
en un volumen” y dio órdenes de que fuera colocado en el
Arca de la Alianza como testimonio en contra de aquellas personas que
se habíian rebelado en vida del legislador y que habrían
de actuar “perversamente” después de su muerte. Igualmente,
varias secciones legales, aunque no están expresamente adjudicadas
a Moisés, sí se derivan directamente de Moisés el
legislador. Además, muchas leyes del Pentateuco brindan evidencia
de que tuvieron su origen en el desierto. Lo que se ha dicho de varias
leyes del Pentateuco es válido también de varias secciones
históricas. Estas contienen, en el libro de los Números,
por ejemplo, tantos nombres y cifras que éstas deben haber sido
transmitidas por escrito. A menos que los críticos aporten suficiente
evidencia de que esas secciones son sólo ficción, ellos
deben admitir que esos datos históricos fueron escritos en documentos
contemporáneos y no meramente transmitidos oralmente. Además,
Hommel ("Die altisraelitische Überlieferung in inschriftlicher
Beleuchtung", p. 302) ha dejado en claro que los nombres de
las listas del libro de los Números tienen todas las características
de los nombres árabes del segundo milenio antes de Cristo y exclusivamente
pueden haberse originado en tiempos de Moisés, por más que
se debe admitir que los textos de algunos trozos, e.gr. Num 13, han sufrido
durante su transmisión. No hace falta recordar al lector que numerosas
leyes y datos pentatéuticos implican las condiciones de la vida
nómada de Israel. Por último, tanto el autor del Pentateuco
como sus primeros lectores deben haber estado más familiarizados
con la topografía y condiciones culturales de Egipto y con la península
del Sinaí que con la tierra de Canaán. Cf. e.gr., Deut 8,
7-10; 11, 10 ss. Esas características internas del Pentateuco han
sido desarrolladas a fondo por Smith en "The Book of Moses or
the Pentateuch in its Authorship, Credibility, and Civilisation",
Londres, 1868; Vigouroux, "La Bible et les decouvertes modernes",
6th ed., Paris, 1896, I, 453-80; II, 1-213, 529-47, 586-91; Idem, "Les
Livres Saints et la critique rationaliste", París, 1902,
III, 28-46, 79-99, 122-6; Heyes, "Bibel und AEgypten",
Munster, 1904, p. 142; Cornely, "Introductio specialis in histor.
Vet. Test. libros", I, París, 1887, pp. 57-60; Poole,
"Ancient Egypt" en "Contemporary Review",
Marzo, 1879, pp. 757-9.
D. Decisiones Eclesiasticás
En conformidad con el triple argumento explicado hasta aquí sobre
la autoría del Pentateuco, la Comisión Bíblica, el
27 de junio de 1906, respondió a una serie de preguntas relativas
a esta materia de la siguiente manera:
1. Los argumentos reunidos por los críticos para impugnar la autenticidad
mosaica de los libros sagrados conocidos como Pentateuco no tienen el
suficiente peso como para darnos el derecho a sostener- dejando a un lado
numerosos pasajes de ambos testamentos tomados en forma colectiva, el
consenso continuado del pueblo judío, la constante tradición
de la Iglesia y las indicaciones directas derivadas del texto mismo- que
tales libros no tienen a Moisés como autor, sino que han sido compilados
mayormente en tiempos posteriores a la época mosaica.
2. La autenticidad mosaica del Pentateuco no demanda necesariamente que
la totalidad del texto haya sido redactada de tal modo que haga imperativo
sostener que Moisés escribió todo y cada cosa de propia
mano o que él directamente lo dictó a sus secretarios. Puede
admitirse la hipótesis de aquellos que creen que Moisés
confió a otros la composición del trabajo propiamente dicho,
concebido bajo la influencia de la inspiración divina, pero de
forma que ellos deberían expresar fielmente sus pensamientos, evitando
escribir cosa alguna sin expresa autorización de él y sin
omitir nada. Y que el trabajo resultante de esa operación debería
ser finalmente aprobado por Moisés mismo, su autor principal e
inspirado, y, claro, publicado bajo su nombre.
3. Puede concederse, sin perjuicio de la autenticidad mosaica del Pentateuco,
que Moisés empleó diversas fuentes al realizar su trabajo,
o sea, documentos escritos o tradiciones orales de los que él pudo
haber concluido algunos puntos en concordancia con el fin que tenía
señalado y bajo la influencia de la inspiración divina;
que en su trabajo insertó esos elementos, sea textualmente, sea
de acuerdo a su significado, en forma abreviada o ampliada.
4. La substancial autenticidad mosaica y la integridad del Pentateuco
permanecen intactas aún concediendo que en el curso de los siglos
la obra ha sufrido varias modificaciones, tales como adiciones post mosaicas
que o fueron añadidas por un autor inspirado o insertadas en el
texto a manera de glosas y explicaciones; la traducción de ciertas
palabras y formas arcaicas utilizando formas más actualizadas de
hablar; finalmente, lecturas equivocadas, debidas a errores de trascripción,
sobre las cuales se puede investigar y determinar, apegados a las leyes
de la crítica. Hay entre los estudiosos católicos una variedad
de interpretaciones acerca de las adiciones y modificaciones postmosaicas
que permite la Comisión Bíblica en el Pentateuco para que
éste no pierda su integridad substancial y autenticidad mosaica.
1. Debemos entender esas alteraciones en un sentido amplio si queremos
ubicar las posturas de Hummelauer o Vetter. Este último admite
los documentos legales e históricos que tengan su base en la tradición
mosaica, siempre y cuando hayan sido escritos en tiepo de los Jueces.
Éste escritor data la primera redacción del Pentateuco en
la época de la edificación del templo de Salomón,
y la última en el tiempo de Esdras. Vetter murió en 1906,
año en que la Comisión Bíblica promulgó el
decreto en cuestión. Sería interesante ver si hubiera él
modificado su teoría, y en qué forma, de haber conocido
el decreto.
2. Una interpretación menos liberal del decreto está implicada
en la hipótesis que sobre el Pentateuco expusieron Hobert ("Moses
und der Pentateuch; Die Pentateuch Frage" en "Biblische
Studien", X, 4, Friburgo, 1907; "Erklarung des Genesis",
1908, Friburgo, I-L), Schopfer (Geschichte des Alten Testamentes,
4ª. ed., 226 sqq.), Hopfl ("Die hohere Bibelkritik",
2ª. ed., Paderborn, 1906), Brucker ("L'eglise et la critique",
París, 1907, 103 ss.), y Selbst (Schuster and Holzammer's
"Handbuch zur Biblischen Geschichte", 7ª. ed.,
Friburgo, 1910, II, 94, 96). El último de los escritores mencionados
cree que Moisés dejó escrito un libro de leyes al que Josué
y Samuel añadieron partes suplementarias y normas, mientras que
David y Salomón lo elevaron a un rango superior, relativo al sacerdocio
y al culto, mientras otros reyes introdujeron algunas reformas religiosas,
hasta que Esdras promulgó la totalidad de la Ley y la constituyó
en la base para la restauración de Israel después del exilio.
Consecuentemente, el Pentateuco que conocemos sería fruto del trabajo
redaccional de Esdras sobre el texto original. El Doctor Selbst está
convencido de que su reconocimiento de cambios textuales y adiciones materiales
en el Pentateuco es congruente con la ley del desarrollo histórico
y con los resultados del criticismo literario. El desarrollo histórico
adapta leyes y normas a las condiciones religiosas, sociales y civiles
de las diferentes épocas, mientras que, a su vez, el criticismo
literario descubre en nuestro actual Pentateuco las peculiaridades de
palabras y frases que dificilmente pueden ser consideradas originales,
de adiciones históricas o informaciones, de modificaciones legales
y señales de una administración de justicia más tardía
así como fomas de culto posteriores. Pero el Dr. Selbst opina también
que esas peculiaridades no ofrecen base suficiente para distinguir las
diversas fuentes del Pentateuco.
3. Las opiniones de Kaulen (Einleitung, n. 193 sqq.), Key ("Die
Pentateuchfrage, ihre Geschichte un ihre System", Munster, 1903),
Flunk (Kirchenlexicon, IX, 1782 ss.), y Mangenot ("L'authenticite
mosaique du Pentateuque", Paris, 1907; Idem, "Dict.
de la Bible", V, 50-119) contienen una interpretación
más estricta de las palabras del decreto. Excepción hecha
de las partes que pertenecen al tiempo posterior a la muerte de Moisés,
y de ciertas alteraciones accidentales del texto causadas por errores
de los transcriptores, la totalidad del Pentateuco es obra de Moisés,
quien la compuso en alguna de las formas sugeridas por la Comisión
Bíblica.
Finalmente, queda la cuestión de la certeza teológica acerca
de las tesis que sostienen la autenticidad mosaica del Pentateuco.
1.Ciertos investigadores católicos que escribieron entre 1887
y 1906 expresaron la opinión que la tesis en cuestión no
está revelada en las Escrituras ni ha sido enseñada por
la Iglesia. Afirman que no contiene ninguna verdad revelada, sino únicamente
un postura que puede ser libremente disputada y discutida. En ese tiempo,
la autoridad eclesiástica no había hecho ningún pronunciamiento
sobre el asunto.
2. Otros autores conceden que la autenticidad mosaica ha sido revelada
formalmente de un modo implícito; que se deriva de una fórmula
revelada no por un silogismo estrictamente dicho sino por una simple declaración
de términos. La negación de la autenticidad mosaica del
Pentateuco es un error y su contradicción debe ser considerada
errónea in fide (cf. Mechineau, "L'origine mosaique du
Pentateuque", p. 34).
3. Una tercera clase de investigadores considera que la autenticidad
mosaica del Pentateuco ni es una propuesta que pueda ser debatda libremente,
ni una verdad formal e implícitamente revelada, ni tampoco que
se puede inferir de la verdad revelada por simple deducción silogística.
En otras palabras, constituría una verdad con certeza teológica
cuya contradicción equivaldría a una proposición
errónea o temeraria (cf. Brucker, "Authenticite des livres
de Moise" en "Etudes", Marzo, 1888, p. 327;
ibid., Enero, 1897, p. 122-3; Mangenot, "L'authenticité
mosaïque du Pentateuque", pp. 267-310).
Cualquiera que haya sido el efecto causado- o por causar- por la decisión
eclesiástica respecto a la autenticidad mosaica del Pentateuco
en la opinión de los estudiosos de la problemática de ese
libro, no se puede decir que ella haya sido la causa de la actitud conservadora
de los académicos que escribieron antes de la promulgación
del decreto. La siguiente lista contiene los nombres de los principales
defensores recientes de la autenticidad mosacia:
Hengstenberg, "Die Bucher Moses und Aegypten", Berlín,
1841;
Smith, "The Book of Moses or the Pentateuch in its Authorship,
Credibility, and Civilisation", Londres, 1868;
C. Schobel, "Demonstration de l'authenticite du Deuteronome",
París, 1868; Idem, "Demonstration de l'authenticite mosaique
de l'Exode", París, 1871; Idem, "Demonstration
de l'authenticite mosaique du Levitique et des Nombres", París,
1869; Idem, "Demonstration de l'authenticite de la Genese",
París, 1872; Idem, "Le Moise historique et la redaction
mosaique du Pentateuque", París, 1875;
Knabenbauer, "Der Pentateuch und die unglaubige Bibelkritik"
in "Stimmen aus Maria-Laach", 1873, IV;
Bredenkamp, "Gesetz und Propheten", Erlangen, 1881;
Green, "Moses and the Prophets", Nueva York, 1883;
Idem, "The Hebrew Feasts", Nueva York, 1885; Idem,
"The Pentateuchal Question" in "Hebraica",
1889-92; Idem, "The Higher Criticism of the Pentateuch",
Nueva York, 1895; Idem, "The Unity of the Book of Genesis",
Nueva York, 1895;
C. Elliot, "Vindication of the Mosaic Authorship of the Pentateuch",
Cincinnati, 1884;
Bissel, "The Pentateuch, its Origin and Structure",
Nueva York, 1885;
Ubaldi, "Introductio in Sacram Scripturam", 2a. ed.,
Roma, 1882, I, 452- 509;
Cornely, "Introductio specialis in historicos V. T. libros",
París, 1887, pp. 19-160;
Vos, "Mosaic Origin of the Pentateuchal Codes", Londres,
1886;
Bohl, "Zum Gesetz und zum Zeugniss", Viena, 1883;
Zah, "Erneste Blicke in den Wahn der modernen Kritik des A. T.",
Gutersloh, 1893; Idem, "Das Deuteronomium", 1890; Idem,
"Israelitische und judische Geschichte", 1895;
Rupprecht, "Die Anschauung der kritischen Schule Wellhausens
vom Pentateuch", Leipzig, 1893; Idem, "Das Rathsel
des Funfbuches Mose und seine falsche Losung", Gutersloh, 1894;
Idem, "Des Rathsels Losung order Beitrage zur richtigen Losung
des Pentateuchrathsels", 1897; Idem, "Die Kritik nach
ihrem Recht uknd Unrecht",
1897; "Lex Mosaica, or the Law of Moses and the Higher Criticism"
(by Sayce, Rawlinson, Trench, Lias, Wace, etc.), Londres, 1894;
Card. Meignan, "De L'Eden a Moise", París, 1895,
1-88;
Baxter, "Sanctuary and Sacrifice", London, 1896;
Abbe de Broglie, "Questions bibliques", París,
1897, pp. 89-169;
Pelt, "Histoire de l'A.T.", 3a ed., Paris, 1901, I,
pp. 291-326;
Vigouroux, "Les Livres Saints et la critique ratioinaliste",
París, 1902, III, 1-226; IV, 239-53, 405-15; Idem, "Manuel
biblique", 12a. ed., Paris, 1906, I, 397-478;
Kley, "Die Pentateuchfrage, ihre Geschichte und ihre Systeme",
Munster, 1903;
Hopfl, "Die hohere Bibelkritik", Paderborn, 1902;
Thomas, "The Organic Unity of the Pentateuch", Londres,
1904;
Wiener, "Studies in Biblical Law", Londres, 1904;
Rouse, "The Old Testament in New Testament Light",
Londres, 1905;
Redpath, "Modern Criticism and the Book of Genesis",
Londres, 1905;
Hoberg, "Moses und der Pentateuch", Freiburg, 1905;
Orr, "The Problem of the Old Testament considered with reference
to Recent Criticism", Londres, 1906.
E. Oponentes de la autenticidad mosaica del
Pentateuco
No hace falta ni es deseable en el presente artículo hacer una
descripción detallada de la oposición a la autenticidad
mosaica del Pentateuco. Dicha descripción, por si misma, se convertiría
en una historia de errores humanos que únicamente metería
ruido; cada pequeño sistema ha tenido su época y sus sucesores
han hecho lo posible por sepultarla en el olvido más discreto posible.
Las dificultades actuales que merecen consideración son aquellas
que han sido propuestas por los oponentes modernos. Es el hecho de que
los sistemas anteriores nos han mostrado el carácter pasajero y
transitorio de las teorías en boga lo que nos lleva a enumerar
brevemente las sucesivas opiniones sostenidas por los opositores de la
autoría mosaica.
1. Teorías abandonadas
Las versiones del valentiniano Ptolomeo, los nazaritas, Abenesra, Carlstadt,
Isaac Peyreirus, Baruch Spinoza, Jan Leclerc son fenómenos esporádicos.
No todos ellos eran totalmente incompatibles con la autoría mosaica
como ésta se entiende actualmente, y los demás han encontrado
en su propio tiempo las respuestas a sus preguntas. Con el trabajo de
John Astrue, publicado en 1753, se inició la así llamada
hipótesis de los documentos, que posteriormente fue desarrollada
por Eichorn e Ilgen. Pero las obras del sacerdote suspendido, Alexander
Geddes, publicadas en 1792 y 1800, introdujeron la hipótesis de
los fragmentos, que en su tiempo fue elaborada y defendida por Vater,
de Wette (al menos temporalmente), Berthold, Hartmann y Von Bohlen. Dicha
teoría fue pronto confrontada por, y cedió su lugar ante,
la hipótesis de los complementos o interpolaciones, la cual contaba
entre sus defensores a Kelle, Ewald, Stahelin, Bleek, Tuch, Von Lengerke,
y- por un breve período- a Franz Delitzsch. La teoría de
las interpolaciones apenas había ganado algunos adeptos cuando
Gramberg (1828), Stahelin (1830) y Bleek (1831) retornaron a una versión
modificada de la hipótesis de los documentos. Posteriormente, Ewald,
Krobel, Hupfeld, Noldeke y Schrader propusieron cada uno una explicación
diferente de la hipótesis documental. Pero todo ello no representa
para nosotros más que un simple interés histórico.
2. Actual hipótesis de los Documentos.
(La teoría documental también se conoce como “teoría
de las cuatro fuentes: E (Elohista), J (Yavhista; la “J” es
por la escritura inglesa de Yavhe), P (Sacerdotal; la “P”
es por la palabra “priest”, sacerdote, en inglés),
D (Deuteronómica). N.T). En 1830 y 1834 Reuss propuso un esquema
del desarrollo religioso de Israel. Lo mismo hicieron Vatke y George,
en 1835. En 1865-1866, Graf retomó esa idea y la aplicó
al criticismo literario del hexateuco, dado que los críticos habían
comenzado a considerar el libro de Josué como vinculado a los cinco
libros precedentes, de modo que la colección formaba un hexateuco
en vez de un pentateuco. La misma aplicación fue hecha por Merx
en 1869. Así modificada, la teoría documental continuó
su desarrollo hasta que alcanzó la fase descrita en la traducción
de la Biblia elaborada por Kautzsch (3ª ed., con introducción
y anotaciones, Tubinga, 1908 ss.). Según esa teoría, no
existe nada en contra de la opinión que Moisés escribió
algunos documentos, pero definitivamente ninguno de los textos literarios
con que contamos puede ser adjudicado con certeza a la pluma del legislador
hebreo. Los primeros relatos escritos deben ser datados en el fin de la
época de los jueces. 41 Fue hasta entonces que se dieron las condiciones
que precedieron al origen de la literatura propiamente dicha: una familiaridad
con el arte de escribir y leer, residencia estable del pueblo, y prosperidad
nacional. Teniendo eso en cuenta ¿cuáles son los restos
literaruos más antiguos de los hebreos?. Son las colecciones de
cantos que datan de la época heróica de la nación,
e.gr., el Libro de la Guerras del Señor (Num 21, 14), el Libro
del Justo (Jos 10, 12 ss.), el Libro de los Cantos ( I Re 8, 53- Cf. Budde,
"Geschichte der althebr. Literature", Leipzig, 1906,
17). El Libro de la Alianza (Ex 20, 24- 23, 19) debe haber existido también
antes que las demás fuentes del Pentateuco. El más antiguo
escrito histórico es probablemente el libro del redactor yahvista,
conocido como”J” y atribuido al sacerdocio de Judá,
muy probablemente hacia el siglo IX a.C. Semejante a éste es el
documento elohista, conocido como “E”, probablemente escrito
en el reino del norte (Efraím) cerca de un siglo después
que el documento yahvista. Estas dos fuentes fueron combinadas en una
sola obra por un redactor poco después de la mitad del siglo VI.
Le sigue el Libro de las Leyes, casi totalmente incorporado a lo que conocemos
actualmente como el Deuteronomio, descubierto en el Templo en 621 a.C.
y que contiene el resumen de las enseñanzas proféticas que
abogaban por la abolición de los sacrificios en los lugares altos
y la centralización del culto en el templo de Jerusalén.
Durante el exilio se originó el código sacerdotal, “P”,
basado en lo que se conoce como la ley de la santidad, Lev 17-26, y el
programa de Ezequiel, 40-48. Lo substancial de P fue leído por
Esdras ante la comunidad post-exílica alrededor de 444 a.C. (Esd
8-10), y fue aceptado por la muchedumbre. La historia no nos dice cuándo
o cómo se combinaron tan diversas fuentes históricas y legales
para configurar nuestro actual Pentateuco, pero se acepta generalmente
que hubo una urgente convocatoria para compilar la historia tradicional
y pre-exílica del pueblo. La única insinuación de
tiempo se encuentra en el hecho de que los samaritanos aceptaron el Pentateuco
como un libro sagrado probablemente en el siglo IV a.C. Tomando en cuenta
su odio hacia los judíos, debemos concluir que ellon no hubieran
dado ese paso de no sentirse seguros del origen mosaico del Pentateuco.
Debe haber pasado un tiempo considerable entre la compilación del
Pentateuco y su aceptación por parte de los samaritanos, así
que el trabajo de compilación debe haber acaecido en el siglo V
a.C. Hay acuerdo generalizado que el último redactor del Pentateuco
completó su tarea con mucha acuciosidad; sin alterar el texto de
las fuentes más antiguas, hizo lo humanamente posible para fundir
los elementos heterogéneos en un todo aparente, con tal éxito
que no sólo los judíos del siglo IV a.C., sino también
los cristianos por muchos siglos han podido mantener su convicción
de que el Pentateuco fue escrito por Moisés.
3. Deficiencias de la hipótesis crítica
Dado que varios críticos del Pentateuco han intentado ubicar la
última redacción de ese libro en tiempos más recientes,
fecharla en el siglo V puede ser visto como favorable a las posiciones
conservadoras. Pero cuesta trabajo entender porqué los proponentes
de esta opinión no puedan considerar a Esdras como el último
editor. Parece un hecho cierto que el último editor del Pentateuco
fue anterior a su aceptación como libro sagrado por parte de los
samaritanos, pero ¿es probable que éstos aceptaran el Pentateuco
en el siglo IV a.C., cuando el enfrentamiento nacional y religioso entre
ellos ya estaba en su fase más desarrollada?. ¿No sería
más lógico que la nación de Samaria recibiera el
Pentateuco de manos del sacerdote enviado desde Asiria?. Consúltese
II Re 17, 27. O, por otra parte, ¿No es razonable pensar que ese
sacerdote, mientras instruía al pueblo de Samaria en las leyes
del dios de la localidad, también les enseñara las leyes
del Pentateuco, las cuales habían sido llevadas consigo por las
diez tribus cuando éstas se separaron de Judá?. Como haya
sido, el hecho que los samaritanos solamente reconocieron el Pentateuco
como libro sagrado, rechazando a los profetas, nos hace deducir que el
Pentateuco existía entre los judíos antes de que se compilaran
las obras proféticas, y que Samaria escogió su libro sagrado
antes aún que Juda colocara los libros proféticos en el
mismo nivel con la obra de Moisés. Pero esta deducción no
ha recibido el favor de los críticos. Ello implicaría, según
éstos, que las tradiciones históricas y legales codificadas
en el Pentateuco describen no el fin sino el comienzo del desarrollo religioso
de Israel. La visión prevalente entre los críticos respecto
al desarrollo religioso de Israel es que el Pentateuco es posterior a
los Profetas y los salmo posteriores a ambos. Una vez hechas estas consideraciones
generales, examinaremos brevemente los principios fundamentales, los métodos,
los resultados y los argumentos de la teoría crítica.
a. Principios de los críticos
Sin pretender revisar todos los principios involucrados en las teorías
de los críticos, llamaremos la atención sobre dos de ellos:
el desarrollo histórico de la religión y el valor comparativo
de la evidencia interna y la tradición.
I. La teoría de la evolución histórica de las religiones
israelitas nos lleva del yahvismo mosaico al monoteismo ético de
los proetas, y de éste a la concepción universalista de
Dios que se desarrolló durante el exilio, y de ésta, a su
vez, al fariseismo osificado de los últimos tiempos. La religión
de los judíos- con los procesos indicados- está codificada
en nuestro Pentateuco, pero ha sido estratégicamente retroproyectado
en los libros históricos hacia los tiempos mosaicos y proféticos.
La idea del desarrollo no es un descubrimiento propio solamente de los
tiempos modernos. Meyer ("Der Entwicklungsgedanke bei Aristoteles",
Bonn, 1909) muestra que Aristóteles ya estaba familiarizado con
él. Gunkel ("Weiterbildung der Religion", Munich,
1905, 64) mantiene que su aplicación es tan antigua como el cristianismo
y que san Pablo ya había enunciado el principio. Diestel ("Geschichte
des A.T. in der chrislichen Kirche", Jena, 1869, 56 ss.), Willmann
("Geschichte des Idealismus", 2ª. ed., II, 23
ss.), y Schanz ("Apologie des Christentums", 3ª.
ed. II, 4 ss., 376) encuentran la misma aplicación en los escritos
de los Padres, aunque Hoberg ("Die Forschritte der bibl. Wissenschaften",
Friburgo, 1902, 10) concede que los escritores patrísticos frecuentemente
desdeñan las formas que influenciaron las ideas del pueblo escogido.
Los Padres no estaban tan familiarizados con la historia profana y sus
intereses se centraban más en los contenidos de la revelación
que en su desarrollo histórico. Pesch ("Glaube, Dogmen
und geschichtliche Thatsachen" in "Theol. Zeitfragen",
IV, Friburgo, 1908, 183) descubre que Santo Tomás también
admite el principio del desarrollo en su “Summa”
(II-II, Q. I, a. 9, 10; Q. II, a. 3; etc.). Pero el concepto católico
de este principio evita dos extremos: La teoría de la degeneración,
basada en la enseñanza de los primeros teólogos luteranos
(cf. Giesebrecht, "Die Degradationshypothese und die altl. Geschichte",
Leipzig, 1905; Steude, "Entwicklung und Offenbarung",
Stuttgart, 1905, 18 ss.) y la teoría de la evolución que
disuelve toda verdad e historia en un puro desarrollo natural con exclusión
de todo lo sobrenatural. Es este último extremo el que es defendido
por los críticos bíblicos. Su descripción de la religión
primitiva de Israel queda contradicha por el testimonio de los profetas
más antiguos cuya autoridad también ellos reconocen. Estos
videntes inspirados conocen la caida de Adán (Os 6, 7), la vocación
de Abraham (Is 29, 23; Miq 7, 20), la destrucción de Sodoma y Gomorra
(Os 11, 8; Is 1, 9; Am 4, 11), la historia de Jacob y su lucha con el
ángel (Os 12, 2), el éxodo de Israel desde Egipto y su vida
en el desierto (Os 2, 14; 7, 16; 11, 1; 12, 9-13; 13, 4-5; Am 2, 10; 3,
1; 9, 7), la actividad de Moisés (Os 12, 13; Miq 6, 4; Is 63, 11-12),
una legislación escrita (Os 8, 12) y varios estatutos particulares
(cf. Kley, "Die Pentateuchfrage", Munster, 1903, 223
ss.). Vemos que la teoría del desarrollo es confrontada cada vez
con más fuerza por los resultados de la investigación histórica.
Weber ("Theologie und Assyriologie im Streit um Babel und Bibel",
Leipzig, 1904, 17) señala que los recientes descubrimientos históricos
apuntan hacia cierta decadencia más que a un desarrollo en las
antiguas artes, ciencias y religiones orientales. Winckler ("Religionsgeschichtler
und geschichtl. Orient", Leipzig, 1906, 33) considera que es
falsa la perspectiva evolucionista del estado primitivo del hombre y cree
que el desarrollo de dicha teoría ha quedado debilitado , si no
es que aniquilado, por la investigación orientalista actual (cf.
Bantsch, "Altorientalischer und israelitischer Monothesismus",
Tubinga, 1906). Köberle ("Die Theologie der Gegenwart",
Leipzig, 1907, I, 2) dice que la teoría del desarrollo se ha autoasfixiado,
y que sólo reproduce los pensamientos de Wellhausen y decide los
problemas particulares no a la luz de los hechos sino siguiendo los postulados
de esa teoría. Finalmente, aún los escritores racionalistas
han considerado necesario reemplazar la teoría del desarrollo con
otra más congruente con los acontecimientos de la historia. De
ahí que Winckler ("Ex Oriente lux", Leipzig,
1905- 6; Idem, "Der Alte Orient", III, 2-3; Idem, "Die
babylonische Geisteskultur in ihren Beziehungen zur Kulturentwicklung
der Menschheit" en "Wissenschaft und Bildung",
Leipzig, 1907; cf. Landersdorfer in "Historisch-Politische Blatter",
1909, 144) ha dado a luz la teoría del pan-babelismo, según
la cual la religión bíblica es vista como una reacción
consciente y clara en contra de la religión politeísta del
estado babilonio. No se trataba, según eso, de una característica
común de Israel, sino de una secta religiosa fomentada en Babilonia
por algunos círculos monoteístas que no hacían aprecio
de la nacionalidad. Tal teoría tiene fuertes opositores en Budde,
Stade, Bezold, Köberle, Kugler, Wilke y otros. Pero también
tiene sus adherentes. Si bien es totalmente insostenible desde el punto
de vista cristiano, al menos demuestra las debilidades de la teoría
del desarrollo histórico.
II. Otro principio implicado en la teoría crítica del Pentateuco
supone que la evidencia interna del criticismo literario tiene mayor valor
que la evidencia de la tradición. Pera hasta el momento los resultados
de las excavaciones e investigaciones históricas han sido más
favorables a la tradición que a la evidencia interna. Bástenos
recordar el caso de Troya, Tiro, Micenas y Orcómenos (en Grecia);
las excavaciones del explorador inglés Evans en Creta han demostrado
el carácter histórico del rey Minos y su laberinto; las
inscripciones asirias han reestablecido la credibilidad histórica
del rey Midas de Frigia. De modo parecido, se ha demostrado que Menes
de Tebas y Sargón de Agade fueron personajes que verdaderamente
pertenecieron a la historia. En general, entre más acertadas han
sido las investigaciones científicas, más claramente han
dejado sentada la credibilidad de las tradiciones, incluso las más
simples. En el campo del criticismo del Nuevo Testamento, la llamada a
volver a la tradición ha empezado a tener efecto y han empezado
a patrocinarla autoridades tales como Harnack y Deissmann. Lo mismo pasa
en el estudio del Antiguo Testamento; hay señales de un cambio
inminente. Hommel ("Die altisrealitische Überlieferung in
inschriftlicher Beleuchtung", Munich, 1897) sostiene que la
tradición del Antiguo Testamento, tanto en su totalidad como en
sus detalles, ha probado ser confiable, aún a la luz de la investigación
crítica. Meyer ("Die Entstehung des Judentums",
Halle, 1896) llega a la conclusión de que los cimientos de la teoría
crítica del Pentateuco quedan demolidos si se puede probar que
incluso una parte de la cuestionada tradición hebrea es confiable.
El mismo autor prueba la credibilidad de las fuentes de los libros de
Esdras (cf. "Grundriss der Geographie und Geschichte des alten
Orientes", Munich, 1904, 167 ss.). Sus estudios críticos,
sin influencia de prejuicios dogmáticos, han llevado a S. A. Fries
a aceptar toda la perspectiva tradicional de la historia de Israel. Comill
y Oettli expresan su convicción de que las tradiciones israelitas
acerca de su historia primitiva son confiables y pueden soportar los más
acérrimos ataques del criticismo. Dawson (cf. Fonck, "Kritik
und Tradition im A.T." en "Zeitschrift fur katholische
Theologie", 1899, 262-81) y otros aplican a la tradición
el principio, antiguo y frecuentemente mal utilizado, de “magna
est veritas, et praevalebit”. Gunkel ("Religionsgeschichtliche
Volksbucher", II, Tubingen, 1906, 8) reconoce que el criticismo
del Antiguo Testamento ha ido muy lejos y que muchas tradiciones bíblicas,
que han sido rechazadas como resultado de esa teoría, volverán
a ocupar su lugar.
b. Método crítico
La falsedad del método crítico no consiste en el uso del
criticismo como tal, sino en su uso indebido. El criticismo se popularizó
en los siglos XVI y XVII; se comenzó a aplicar a la antigüedad
clásica a fines del siglo XVIII. Bernheim ("Lehrbuch der
historischen Methode", Leipzig, 1903, 296) cree que fue por
esa única razón que la historia se convirtió en ciencia.
Su aplicación a la Biblia se vio limitada, claro, por la inspiración
y la canonicidad de sus libros. Mas sigue habiendo un amplio campo para
nuestras investigaciones críticas (Pesch, "Theol. Zeitfragen",
III, 48). Algunos de los principales pecados de los críticos en
su tratamiento de la Sagrada Escritura son:
Niegan todo lo sobrenatural, de modo que no sólo rechazan la inspiración
y la canonicidad, sino también, a priori, la profecía y
el milagro (cf. Metzler, "Das Wunder vor dem Forum der modernen
Geschichtswissenschaft" en "Katholik", 1908,
II, 241 ss.). Parecen estar convencidos a priori de la credibilidad de
los documentos históricos no bíblicos, mientras que tienen
tremendos prejuicios acerca de la veracidad de las narraciones bíblicas
(Cf. Stade, "Geschichte Israel's", I, 86 seq., 88,
101.).
Desprecian casi enteramente la evidencia externa y sólo consideran
las cuestiones de origen, integridad y autenticidad de los libros sagrados
a la luz de la evidencia interna (Encíclica Providentissimus
Deus, 52).
Dan demasiado valor al análisis crítico de las fuentes
y ni siquiera consideran el asunto principal: la credibilidad de las fuentes
(Lorenz, "Die Geschichtswissenschaft in ihren Hauptrichtungen
und Aufgaben", ii, 329 ss.). Los documentos recientes pueden
contener reportes confiables acerca de la historia antigua. Algunos críticos
comienzan a reconocer que la credibilidad histórica de las fuentes
es de mayor importancia que su división y fecha (Stark, "Die
Entstehung des A.T.", Leipzig, 1905, 29; cf. Vetter, "Tübinger
theologische Quartalschrift", 1899, 552).
La división crítica de las fuentes está basada en
el texto hebreo, aunque aún no esté definido en qué
medida sea diferente el actual texto masorético del que, por ejemplo,
se apega a la traducción de los LXX, y en qué medida difiere
esta última del texto hebreo antes de su redacción en el
siglo V a.C. Dahse ("Textkritische Bedenken gegen den Ausgangspunkt
der heutigen Pentateuchkritik" in "Archiv fur Religionsgeschichte",
VI, 1903, 305 ss.) demuestra que los nombres divinos en la traducción
griega del Pentateuco difieren en 180 ocasiones de los del texto hebreo
(cf. Hoberg, "Die Genesis", 2ª. ed., p. XXXII
ss.). Los cambios son menos frecuentes en otras palabras y frases, pero
sería absurdo negar su existencia. Igualmente, es probable que
el texto de los LXX difiera menos del texto masorético que del
anterior a Esdras, el cual debe haber sido más cercano al original.
En conclusión, el punto de partida del criticismo literario permanece
incierto.
No es culpa del criticismo literario el que fuera aplicado al Pentateuco
después de que prácticamente se había vuelto obsoleto
en el estudio de Homero y de la Canción de los Nibelungos (cf.
Katholik, 1896, I, 303, 306 ss.), ni de que Wellhausen haya pensado que
había degenerado hasta llegar a ser un juego de niños. Entre
los estudiantes de la Biblia, Klostermann ("Der Pentateuch",
Leipzig, 1893), Konig ("Falsche Extreme im Gebiete der neueren
Kritik des A.T.", Leipzig, 1885; "Neueste Prinzipien
der alt. Kritik", Berlín, 1902; "Im Kampfe um
das A.T.", Berlín, 1903), Bugge ("Die Hauptparabeln
Jesu", Giessen, 1903) se muestran escépticos de los resultados
del criticismo literario, mientras que Orelli ("Der Prophet Jesaja",
1904, V), Jeremías ("Das alte Testament im Lichte des
Alten Orients", 1906, VIII), y Oettli ("Geschichte
Israels", V) desean insistir más en la la exégesis
del texto que en los recovecos del criticismo. G. Jacob ("Der
Pentateuch", Göttingen, 1905) piensa que el anterior criticismo
del Pentateuco necesita una revisión completa; Eerdmans ("Die
Komposition der Genesis", Giessen, 1908) está convencido
que el criticismo ha sido engañado por Astrue. Merx opina que la
siguiente generación deberá revisar muchas de las posiciones
histórico-literarias del Antiguo Testamento ("Religionsgeschichtliche
Volksbucher", II, 1907, 3, 132 ss.).
c. Resultados críticos
Debemos distinguir aquí entre los principios y los resultados
del criticismo. Por ejemplo, los principios del desarrollo histórico
de la religión, y de la inferioridad de la tradición frente
a la evidencia interna, no son el producto del análisis literario,
sino su base parcial. Debemos también distinguir entre los resultados
del criticismo literario que son compatibles con la autenticidad mosaica
del Pentateuco y aquellos que lo contradicen. Los postuladores de la autoría
mosaica del Pentateuco, y hasta el decreto eclesiástico en relación
con ese tema, admiten francamente que Moisés y sus secretarios
pudieron haber utilizado fuentes u otros documentos en la composición
del Pentateuco. Ambos admiten que el texto sagrado ha sufrido durante
su transmisión y puede haber recibido adiciones en forma de apéndices
inspirados o glosas exegéticas. De ese modo, si los críticos
tienen éxito en determinar el número y el límite
de las fuentes documentales, y de las adiciones post-mosaicas, inspiradas
o profanas, brindarán un servicio muy importante a los postulados
tradicionales de la autenticidad del Pentateuco. Y se puede afirmar lo
mismo en relación con las leyes establecidas por Moisés
y a la fidelidad gradual del pueblo judío a esas leyes. De nuevo
en este caso los resultados ciertos o probables de la sana crítica
literaria y el criticismo histórico serán una gran ayuda
al comentarista conservador del Pentateuco. No se busca discutir de las
conclusiones legítimas de los críticos en tanto los críticos
no disputen entre si. Mas sí lo hacen. Según Merx (loc.
cit.) no hay cosa más cierta en el campo del criticismo que su
falta de certeza. Cada crítico aclama su propia posición
con la mayor confianza en si mismo, pero sin preocuparse de la consistencia
del todo. Las opiniones anteriores simplemente son aniquiladas con el
silencio de las posteriores. Incluso Reuss y Dillmann son producto de
desecho y hay una notable falta de juicio en referencia a lo que se puede
o no se puede saber.
Consecuentemente, los resultados críticos, en cuanto consisten
meramente en la distinción de fuentes documentales, en la determinación
de material post-mosaico, e.gr. cambios textuales y adiciones profanas
o inspiradas, o en la descripción de algunos códigos legales,
no muestran desviación alguna con la autenticidad mosaica del Pentateuco.
Tampoco se puede resaltar ningún rasgo antimosaico en los hechos
o fenómenos a partir de los cuales el criticismo saca legitimamente
sus conclusiones. Tales hechos y fenómenos son, por ejemplo, el
cambio de los nombres divinos en el texto, el uso de ciertas palabras,
la diferencia de los estilos, la así llamada narración doble
de eventos realmente idénticos y no sólo semejantes. La
falsedad de esos u otros detalles parecidos no afecta directamente la
autoría mosaica del Pentateuco. ¿Dónde choca entonces
el criticismo con la tradición?. Tradición y criticismo
son incompatibles en sus puntos de vista en referencia a la edad y secuencia
de las fuentes documentales, al origen de los diferentes códices
legales y al tiempo y modo de la redacción del Pentateuco.
I. Los documentos pentatéuticos- En lo tocante a los varios documentos,
los críticos no se ponen de acuerdo. Dillmann, Kittel y Winckler
ubican el elohista- subdividido en primer, segundo y tercer elohísta-
antes del yahvista- igualmente dividido en primer y segundo yahvista-.
Pero Wellhausen y la mayor parte de los críticos creen que el elohísta
es casi un siglo más joven que el yahvista. Como quiera que sea,
ambos están fechados e los siglos VIII y IX a.C. y ambos incorporan
tradiciones e incluso documentos anteriores.
Parece que todos los críticos están de acuerdo acerca del
carácter compuesto del Deuteronomio; más fácilmente
admiten una escuela deuteronómica que a un escritor único.
Los diferentes niveles que conforman la totalidad de la obra se conocen
como D1, D2, D3, etc., en aras de la brevedad. No hay acuerdo de los críticos,
sin embargo, en lo que respecta al carácter de esos niveles. Montet
y Driver, por ejemplo, atribuyen los capítulos 1-21 al primer deuteronomicista;
Kuenen, Konig, Reuss, Renan, Westphal adjudican al DN los versículos
45-49 del capítulo 4, y los capítulos 5-26. Una tercera
clase de críticos reduce D1 a 12,1- 26,19, y le dan margen para
una doble edición: según Wellhausen, la primera edición
contenía 1,1- 4, 44; 12- 27, mientras que la segunda abarcaba de
4, 45- 11, 39; 12- 26; 28- 30. Ambas ediciones fueron combinadas por el
redactor, quien insertó el Deuteronomio en el Hexateuco. Cornill
le da a ambas ediciones una configuración ligeramente distinta.
Horst considera que incluso los capítulos 12- 26 son una compilación
de elementos pre-existentes, reunidos sin orden y al azar. Wellhausen
y sus discípulos no aceptan que el D1 sea anterior al año
621 a.C.; Cornill y Bertholet consideran el documento como un resumen
de las enseñanzas proféticas; Colenso y Renan se lo atribuyen
a Jeremías; otros ubican su origen en el reino de Ezequías
o Manasés; Klostermann identifica el documento con en libro que
fue leído ante el pueblo en tiempos de Josafat, y Kleinert lo coloca
al final de la época de los jueces. El deuteromista depende de
dos documentos anteriores, J y E, a causa de su historia y su legislación.
Los detalles históricos que no se encuentran en esos documentos
pueden haber sido obtenidos de fuentes no conocidas por nosotros; las
leyes no contenidas en la legislación sinaítica y el decálogo
son o simple ficción o la cristalización de la enseñanza
profética.
Por último, el código sacerdotal, “P”, también
es una compilación. Su primer nivel, de carácter histórico
y legal, es conocido por las claves P1 o P2. El segundo está conformado
por la ley de santidad, “H” o Lev 17- 26, y es obra de un
contemporáneo de Ezequiel o quizás del profeta mismo. (H,
P2, Ph). Hay, a la par, elementos adicionales que provienen de una escuela
más que de un escritor solo, y fueron designados por Kunen como
P3, P4 y P5, pero otros críticos los llaman Ps y Px. Bertholet
y Bantsch hablan de otras colecciones de leyes: la de los sacrificios,
Lev 1- 7, designada como Po; la ley de pureza, Lev 11- 15, designada como
Pr. La primera hipótesis documental consideraba a PN como la parte
más antigua del Pentateuco; Duston y Dillmann la ubican antes del
código deuteronómico; los críticos más recientes
la consideran más reciente que los otros documentos del Pentateuco,
más tardía incluso que Ez 44, 10- 46, 15 (573- 572 a.C.).
Los seguidores de Wellhausen datan el código sacerdotal en fecha
posterior al retorno de la cautividad de Babilonia, mientras que Wildeboer
lo ubica después o al final de la cautividad. Las partes históricas
del código sacerdotal dependen de los documentos elohísta
y yahvista, mas los discípulos de Wellhausen creen que el material
de esos documentos ha sido manipulado para hacerlo caber en el código
sacerdotal por alguna razón. Dillmann y Drive sostienen que los
hechos han sido inventados o falsificados por P, pero que éste
tenía a la mano otros documentos además de J y E. En lo
tocante a la parte legal de P, Wellhausen la considera un programa a priori
para el sacerdocio judío después de regresar del cautiverio,
pero proyectado hacia el pasado y atribuido a Moisés. Otros críticos
creen que P ha sistematizado las costumbres cultuales de la época
anterior al exilio, las cuales desarrolló y adaptó a las
nuevas circunstancias.
Todo lo arriba dicho nos muestra que los críticos difieren entre
si en muchos aspectos, pero en un punto están de acuerdo: en mantener
el origen post-mosaico de los documentos pentatéuticos. ¿En
dónde reside el peso de los argumentos sobre los que basan su opinión?.
Las condiciones establecidas por los críticos como prerrequisitos
de la literatura no prueban que las fuentes del Pentateuco deban ser post-mosaicas.
El pueblo hebreo había vivido por, al menos, 200 años en
Egipto. Además, la mayor parte de los cuarenta años vividos
en el desierto pasaron en las cercanías de Cades, de modo que los
judíos no eran ya en realidad un pueblo nómada. Sin importar
lo que se pueda decir de su prosperidad nacional o de su habilidad para
escribir y leer, los estudios de Flinders Petrie claramente demuestran
que ya en tiempos de Moisés ellos llevaban registros escritos de
sus tradiciones nacionales. Si los contemporáneos de Moisés
ya llevaban registros escritos, ¿porqué no habrían
de encontrarse las fuentes del Pentateuco entre tales documentos?. Es
verdad que en el Pentateuco actual encontramos indicaciones post-mosaicas
o no mosaicas, pero en esos casos el estilo impersonal de lo no mosaico
puede deberse a algún tipo de artificio literario o a la pluma
de los secretarios; las indicaciones geográficas e históricas
post-mosaicas pueden haberse introducido al texto a manera de glosas,
o errores de los transcriptores, o incluso como añadidos inspirados.
Los críticos no pueden rechazar tales sugerencias como simples
subterfugios, pues si desean negar la certeza moral de la presencia de
tales modificaciones, deberían conceder que la conservación
del texto del Pentateuco es obra de un milagro continuo.
Pero, si el Pentateuco hubiera pasado de generación en generación
desde el tiempo de Moisés ¿no hubiera sido conocido por
los primeros profetas?. Esta excepción crítica constituye
un argumento a silentio capaz de convertirse en una falacia si no se le
maneja adecuadamente. Además, si recordamos los trabajos requeridos
para multiplicar las copias del Pentateuco, no podemos equivocarnos al
pensar que existían muy pocas de ellas durante el intervalo entre
Moisés y los Profetas y que eran pocos quienes podían leerlas.
También, se ha señalado que al menos uno de los primeros
profetas hace mención de la ley mosaica escrita y que cualquier
referencia a tal consciencia nacional presupone la historia y la ley del
Pentateuco. Por último, algunos críticos sostienen que el
documento J visualiza la historia del hombre y de Israel según
las ideas morales y religiosas de los profetas. Si existe tal acuerdo,
¿porqué no decir mejor que los profetas escriben siguiendo
las ideas morales y religiosas del Pentateuco?
Los críticos insisten en el hecho de que las leyes pentatéuticas
referentes al santuario, los sacrificios, las fiestas y el sacerdocio
concuerdan con las diferentes etapas del desarrollo histórico postmosaico;
que la segunda etapa concuerda con la reforma de Josías y la tercera
con las normas impuestas después del exilio babilónico.
Pero no debemos olvidar que la ley mosaica llegó a Israel del mismo
modo como la ley cristiana llega al mundo entero. Si 1900 años
después de Cristo la mayor parte del mundo aún sigue siendo
no cristiano, no es de extrañar que la ley mosaica requiriera siglos
antes de penetrar la totalidad de la nación. Había, además,
múltiples violaciones a la ley, del mismo modo como los diez mandamientos
son violados hoy día, sin que ello signifique detrimento alguno
a su promulgación legal. Hubo reformas religiosas religiosas y
desastres, del mismo modo como hay períodos de fervor religioso
y enfriamientos en la historia de la Iglesia cristiana. Pero tales fragilidades
no implican la no existencia de la ley, mosaica o cristiana. En lo tocante
a las leyes en cuestión, encontraremos que es más satisfactorio
examinarlas en mayor detalle.
II. Códigos Pentatéuticos. Los críticos tratan de
establecer un triple código pentatéutico: el Libro de la
Alianza, el Deuteronomio y el Código Sacerdotal. En vez de ver
esta legislación como algo aplicable a las diferentes fases de
la vida en el desierto, la consideran como algo concordante con los tres
estadíos históricos de la historia nacional. Como se afirmó
arriba, los principales objetos de esta triple legislación son
el santuario, las fiestas y el sacerdocio.
a. El santuario
Los críticos afirman que, al principio, se permitía que
se efrecieran sacrificios en cualquier lugar donde el Señor hubiera
manifestado su nombre (Ex 20, 24- 26). Posteriormente, el santuario quedó
limitado a un lugar escogido por Dios (Deut 12, 5). En tercer lugar, el
código sacerdotal supone la unidad del santuario y prescribe qué
ritos religiosos deben ser observados. No sólo eso, sino que los
críticos señalan ciertos incidentes históricos que
muestran que previo a la obligatoriedad declarada por las leyes del Deuteronomio,
se ofrecían sacrificios en lugares muy distintos del lugar de reposo
del Arca. ¿Qué responden los defensores de la autoría
mosaica del Pentateuco?. Primero, en referencia a la triple ley, dicen
que responde a tres etapas diferentes de la vida de Israel en el desierto.
Antes de la erección del tabernáculo al pie del monte Sinaí,
al pueblo se le permitió levantar altares y ofrecer sacrificios
en cualquier parte con la condición que se hubiese manifestado
el nombre del Señor. Luego, cuando el pueblo había adorado
el becerro de oro, sólo se podín ofrecer sacrificios en
el tabernáculo, e incluso las reses que se mataban como alimento
debían ser sacrificadas en el mismo lugar, para prevenir una recaida
en la idolatría. Finalmente, cuando el pueblo ya se aprestaba para
entrar a la Tierra Prometida, la última ley quedó abolida,
dada la imposibilidad de cumplirla, pero se mantuvo la unidad del santuario
elegido por Dios. En segundo lugar, acerca de los eventos históricos
de los que hablan los críticos, algunos fueron causados por intervención
divina, milagro o inspiración profética y, como tales, son
perfectamente legítimos. Otros son claras violaciones a la ley
y no están avalados por los escritores inspirados. Una tercera
clase de eventos puede ser explicada en una de tres maneras posibles:
Poels ("Le sanctuaire de Kirjath Jeraim", Lovaina,
1894; "Examen critique de l'histoire du sanctuaire de l'arche",
Lovaina, 1897) intenta probar que Gabaón, Masfat y Kiriat-Jarim
son en realidad un mismo lugar de modo que la multiplicidad de santuarios
es únicamente aparente.
Van Hoonacker ("Le Lieu du culte dans la legislation rituelle
des Hebreux" en "Musceeon", Abril-Oct., 1894,
XIII, 195-204, 299- 320, 533-41; XIV, 17-38) distingue entre altares públicos
y privados. El culto público y nacional está legalmente
centralizado en un solo santuario y en referencia a un único altar,
mientras que los altares privados pueden ser erigidos para uso familiar.
Pero, sobre todo, es más común admitir que antes de que
Dios escogiese el sitio para el santuario nacional, la ley no prohibía
que se hiciesen sacrificios en cualquier parte, aún lejos del lugar
del Arca. Después de la construcción del templo, la ley
no se consideraba tan estricta como para obligar en toda circusntancia.
Hasta ahora, el argumento de los críticos no es concluyente.
b. Los sacrificios
De acuerdo a los críticos, el Libro de la Alianza únicamente
reunió los ofrecimientos de los primeros frutos y de los animales
primogénitos, la redención de los primogénitos de
los hombres y las ofrendas voluntarias al visitar el santuario (Ex 22,
28-29; 23, 15; [Heb 23, 19]). El Deuteronomio define más claramente
algunas de esas leyes (15, 19-23; 26, 1-11) e impone la ley de los diezmos
para el beneficio de los pobres, las viudas, los huérfanos y los
levitas (26, 12- 15). El código sacerdotal distingue las diferentes
clases de sacrificios, determina sus rituales e introduce los ofrecimientos
de incienso. Pero la historia dificilmente soporta esta visión.
Del mismo modo que hubo un sacerdocio permanente en Silo y luego en Jerusalén,
podemos concluir también que existió un sacrificio permanente.
Los primeros profetas estaban familiarizados con el exceso de cuidado
que se ponía a los ritos sacrificiales (Cf Am 4, 4-5; 5, 22-25;
Oseas passim). Las expresiones de Jeremías (7, 21-23) pueden ser
explicadas en el mismo sentido. La ofrenda por el pecado era ya conocida
antes que los críticos introdujeran su código sacerdotal
(Os 4, 8; Miq 6, 7; Sal 39 [40], 7; I Sa 3, 14). Se hace un distinción
formal entre la ofrenda por la ofensa y la del pecado en II R 13, 16 (Cf
I Sa 6, 3-15; Is 53, 10). La distinción, pues, entre los diferentes
tipos de sacrificio no se debe ni a Ez 45, 22-25, ni al código
sacerdotal.
c. Las fiestas
El Libro de la Alianza, nos dicen los críticos, menciona tres
fiestas exclusivamente: la fiesta de los siete días o de los ázimos,
en memoria del éxodo de Egipto, la fiesta de la cosecha y la del
fin de la cosecha (Ex 23, 14-17); el Deuteronomio ordena que se observen
las fiestas en el santuario central y añade la Pascua a la fiesta
de los ázimos, coloca la segunda fiesta siete semanas después
de la primera y a la tercera la llama “fiesta de los tabernáculos”,
extendiendo su duración a siete días (Deut 16, 1-17). El
código sacerdotal prescribe minuciosamente el ritual de cinco fiestas,
añadiendo la de las trompetas y del perdón, todas las cuales
debían ser celebradas en el santuario central. Y parece que la
historia subscribe la afirmación de los críticos: Jue 21,
19 sólo habla de una fiesta en Silo; I Sa 1, 3-21 testifica que
los padres de Samuel fueron anualmente al santuario de Silo; Jeroboam
I estableció en su reino una fiesta anual semejante a la que se
celebraba en Jerusalén (I R 12, 33-33); los primeros profetas no
mencionan los nombres de las fiesta religiosas. La Pascua fue celebrada
por primera vez después del descubrimiento del Deuteronomio (I
R 23, 21-23). Ezequiel sólo menciona tres fiestas y una ofrenda
por el pecado el primer día del primero y séptimo meses.
De nuevo aquí los críticos utilizan el argumento a silentio,
el cual no es concluyente. Por ejemplo, la fiesta del perdón no
es mencionada en el Antiguo Testamento fuera del Pentateuco; sólo
Josefo habla de su celebración en tiempos de Juan Hircano o Herodes.
¿Pueden los críticos concluir por eso que esa fiesta no
se celebraba a lo largo del Antiguo Testamento?. Muchas veces la historia
omite cosas que son del conocimiento común. En referencia a la
única fiesta mencionada en los registros más antiguos, los
comentaristas más importantes son de la opinión de que luego
que el pueblo se instaló en la Tierra Prometida, paulatinamente
se introdujo la costumbre de ir al santuario central una vez al año.
Esa costumbre prevaleció antes de que los críticos reconocieran
la existencia de la ley del Deuteronomio (I R 12, 26-31), de manera que
esta última no puede haber introducido a aquélla. Isaías
(29, 1; 30, 29) habla de un ciclo de fiestas, pero Oseas (12, 9) ya alude
a la fiesta de los tabernáculos sugiriendo con ello que su establecimiento
no pudo haber sido obra del código sacerdotal como quieren concluis
los críticos. Ezequiel (45, 18-25) habla exclusivamente de las
tres fiestas que debían celebrarse en el santuario central.
d. El sacerdocio
Los críticos afirman que el Libro de la Alianza no sabe nada del
sacerdocio de Aarón (Ex 24, 5); que el Deuteronomio, además
de determinar sus derechos, menciona a sacerdotes y levitas sin distinciones
jerárquicas y sin sumo sacerdote, y simplemente distingue entre
el levita que vive en el campo y el que está unido al santuario
central. Finalmente, agregan, el código sacerdotal representa al
sacerdocio y a la institución jerárquica, con deberes e
ingresos legalmente determinados. Se dice que esta teoría nace
de la evidencia de la historia. Pero ésta parece más bien
señalar en la dirección opuesta. En la era de Josué
y de los primeros jueces, eran sacerdotes Eleazar y Fineas, hijo y sobrino
de Aarón, respectivamente (Num 26, 1; Deut 10, 6; Jos 14, 1; 22,
13, 21; 24, 33; Jue 20, 28). Del fin del tiempo de los jueces hasta Salomón
el sacerdocio estuvo en manos de Helí y sus descendientes (I Sa
1, 3; 14, 3; 21, 1; 22, 1), quienes nacieron de Itamar, el hijo menor
de Aarón (I Cro 24, 3; I Sa 22, 29; 14, 3; 2, 7). Salomón
elevó a Sadoc, hijo de Ajitub, a la dignidad del sumo sacerdocio
y sus descendientes mantuvieron el cargo hasta el tiempo de la cautividad
de Babilonia (II Sa 8, 17; 15, 24; 20, 25; I R 2, 26-35; Ez 44, 15). I
Cro 6, 8 da testimonio de que Sadoc era descendiente de Aarón.
Por su parte, los libros de Josué y Paralipómenos reconocen
la distinción entre sacerdotes y levitas. Según I Sa 6,
15, los levitas manejaban el Arca, mientras que los betsemitas, habitantes
de la ciudad sacerdotal (Jos 21 13-16) ofrecían sacrificios.
II Sa 15, 24; I R 8, 3; Is 66, 21 hacen una distinción similar.
Van Hoonacker ("Les pretres et les levites dans le livre d'Ezechiel"
en "Revue biblique", 1899, VIII, 180-189, 192-194)
demuestra que Ezequiel no fue quien hizo la distinción entre sacerdotes
y levitas, sino que, suponiendo esa distinción tradicional como
algo ya existente, sugirió para dichas clases una división
de acuerdo a sus méritos y no al nacimiento (44, 15- 45, 5). A
menos que los críticos puedan hacer a un lado toda esta evidencia
histórica, deben aceptar la existencia de un sacerdocio aarónico
en Israel, y su división en sacerdotes y levitas, mucho antes que,
siguiendo la teoría crítica, fuesen promulgados los códigos
D y P. Es cierto que en varios pasajes se habla de personas que, sin ser
descendencia de Aarón, ofrecían sacrificios: Ju 6, 25; 13,
9; I Sa 7, 9; 10, 8; II Sa 6, 17; 24, 25; I R 8, 5, 62, etc. Pero, en
primer lugar, la frase “ofrecer sacrificios” significa igualmente
proveer la víctima (Lev 1, 2-5) o realizar el ritual del sacrificio.
La víctima puede ser aportada por cualquier seglar devoto. Sería
difícil probar, en segundo lugar, que Dios encargó a Aarón
y a sus hijos la tarea de realizar funciones sacerdotales sin reservarse
el derecho de delegar la misma función a personas de origen no
aarónico en casos de emergencia.
III. Redacción del Pentateuco. Las cuatro fuentes documentales
del Pentateuco que hemos mencionado hasta aquí no fueron combinadas
entre si por un solo individuo. Los críticos hablan de al menos
tres etapas de combinación. Primero, un redactor yahvista RXX o
RX combinó J y E con objeto de armonizarlos y adaptarlos a las
ideas del Deuteronomio. Esto pasó antes o después de la
redacción de D. En segundo lugar, una vez que D estuvo terminado
en el siglo VI a.C., un redactor, o quizás una escuela de redactores,
empapados en el espíritu de D, combinaron los documentos JE en
JED, en el que introdujeron las modificaciones necesarias para asegurar
su consistencia. La tercera fase consistió en que un redactor RX,
con la mentalidad de P, combinó este último documento con
JED, también haciendo los cambios necesarios. Según Kunen,
la lista de naciones de Gn 14 fue añadida por este último
redactor.
A primera vista, la complejidad de esa teoría es impresionante.
Como regla general, la verdad siempre tiene un tejido más simple.
La segunda cosa que impresiona a uno es la naturaleza única de
la hipótesis. Nada en la antigüedad se le equipara. Tercero,
si uno lee o estudia el Pentateuco bajo esa luz, se queda uno impresionado
por el carácter caprichoso del redactor: conserva lo que debe omitir
y omite lo que debería conservar. Los mismos críticos deben
refugiarse, una y otra vez, en la obra del redactor para proteger sus
propios puntos de vista sobre el Pentateuco. Un escritor reciente no dudó
en llamar a ese complejísimo redactor ein genialer Esel (un asno
genial). En cuarto lugar, el lector sincero, deseoso de la verdad, queda
naturalmente sacudido por las ficciones literarias, las falsificaciones,
los cambios editoriales y subterfugios empleados por la teoría
crítica de los documentos y redacción del Pentateuco. Los
críticos más moderados intentan escapar esta inconveniencia.
Algunos hacen referencia a la diferencia entre los estándares modernos
y antiguos de propiedad literaria y precisión editorial; otros,
prácticamente santifican los medios en vistas al fin. Oettli considera
que el dilema: “O es obra de Moisés o de un defraudador”
es una expresión francamente imprudente. Kautzsch elegantemente
señala la profundidad de la sabiduría y conocimiento de
Dios, cuyas formas de hacer las cosas nosotros no podemos entender pero
sí debemos admirar. El ala izquierda del criticismo abiertamente
asegura que no sirve de nada callar las cosas: el resultado de la investigación
científica consiste en que tanto la forma como los contenidos de
una gran parte del Antiguo Testamento están basadas en la ficción
y el fraude deliberado.
IV. Estilo del Pentateuco
En algunas introducciones generales al Pentateuco se le da consideración
especial a sus profecías mesiánicas, como por ejemplo: el
así llamado proto-evangelio, Gn 3, 15; la bendición de Sem,
Gn 9, 26-27; las promesas a los patriarcas, Gn 12, 2; 13, 16; 15, 5; 17,
4-6; 18, 10-15; 22, 17; 26, 4; 28, 14; la bendición de Jacob antes
de su muerte, Gn 49, 8-10; la profecía de Balaam, Num 24, 15; y
el gran profeta anunciado por Moisés, Deut 18, 15-19. Pero esas
profecías pertenecen más bien al campo de la exégesis
que al de la introducción. Pero hay que recordar que a veces el
texto del Pentateuco ha sido considerado en algunas introducciones generales
a la obra. Hemos ya visto que además del texto masorético
también debemos tomar en cuenta el texto más primitivo seguido
por los traductores de los LXX, y el aún más antiguo texto
del Pentateuco samaritano. Una investigación pormenorizada de este
tema cae en el campo de la crítica textual o baja, sin embargo
el estilo del Pentateuco no puede ser encomendado a ningún otro
departamento para su estudio.
Puesto que Moisés indudablemente empleó documentos ya existentes
en la composición de su obra, así como seguramente utilizó
también el apoyo de secretarios, es lógico esperar una variedad
de estilos en el Pentateuco. Sin duda es por ello que la presencia de
tal fenómeno literario ha provocado el que los críticos
encuentren tantos puntos merecedores de análisis detallado. Pero
en general, el estilo de la obra está acorde con su contenido.
Hay tres clases de material en el Pentateuco: primero, las estadísticas,
genealogías y formularios legales; segundo, las partes narrativas;
tercero, las narraciones parentéticas.
El lector encontrará apropiado el estilo seco y simple del escritor
en sus listas genealógicas y etnográficas, en sus listas
de los campamentos en el desierto, o de sus decretos legales. Cualquier
otra expresión literaria hubiera estado fuera de lugar. El estilo
narrativo del Pentateuco es simple y natural, pero también es pintoresco
y animado. Abunda en simples descripciones de carácter, diálogos
y anécdotas. Las descripciones de la compra hecha por Abraham de
un campo para sepultura, de la historia de José, y de las plagas
de Egipto son también dramáticas. El Deuteronomio tiene
un estilo peculiar debido a las exhortaciones que contiene. Moisés
explica las normas que expide. Pero también, principalmente, exhorta
a su práctica. Como orador, Moisés demuestra gran carisma
y poder de persuasión, aunados a un entusiasmo digno de los profetas.
Sus largas frases a veces quedan incompletas, dando lugar al llamado anacoluto
(Cf. Deut 6, 10-12; 8, 11-17; 9, 9-11; 11, 2-7; 24, 1-4). Siendo por necesidad
un predicador popular, en ocasiones tiende a repetirse. Pero su entusiasmo,
don de persuasión, y carisma no interfieren con la claridad de
sus afirmaciones. No es simplemente un legislador estricto, sino que muestra
su amor por el pueblo y, a su vez, se hace merecedor del afecto y confianza
de este último.
Decisiones de la Comisión Bíblica
Algunas decisiones de la Comisión Bíblica en referencia
al tema principal del presente artículo, i.e., el Génesis,
son las siguientes:
Los diferentes sistemas exegéticos que excluyen el sentido literal
e histórico de los primeros tres capítulos del libro del
Génesis no están basados en cimientos sólidos. No
se debe enseñar que esos tres capítulos no contienen narraciones
verídicas de eventos, sino únicamente fábulas derivadas
de las mitologías y cosmogonías de pueblos más primitivos,
purificados de los errores politeístas y adaptadas al monoteísmo;
o alegorías y símbolos, sin realidad objetiva, expuestos
en forma de historia para inculcar verdades religiosas y filosóficas;
o, finalmente, leyendas semi-históricas y semi-ficticias, reunidas
con fines educativos y de edificación. En particular, no se debe
dudar del sentido literal e histórico de los pasajes que se vinculan
con los fundamentos de la fe cristiana, como por ejemplo, la creación
del universo por el poder de Dios al principio del tiempo, la creación
peculiar del hombre, la formación de la primera mujer a partir
del primer hombre, la unidad de la raza humana, la felicidad, integridad,
e inmortalidad de nuestros primeros padres en el estado de justicia, el
mandato dado por Dios al hombre para probar su obediencia, la violación
de ese primer mandato por sugerencia del demonio bajo la forma de una
serpiente, la caída de nuestros primeros padres del estado original
de justicia; la promesa de un redentor. Presupuesto el significado literal
e histórico de algunos pasajes, se puede utilizar sabiamente un
sentido alegórico y profético de los mismos. Puesto que
el propósito del escritor sagrado al redactar el capítulo
primero del Génesis no era dar una explicación científica
de la formación del universo, ni del orden total de la creación,
sino dar al pueblo información en el lenguaje popular de su tiempo,
adaptado a la inteligencia de todos, no se debe buscar en su terminología
la estricta propiedad del lenguaje científico. La expresión
“seis días” y su división deben ser tomadas
en el sentido de un día natural, o por un cierto período
de tiempo, y los exegetas pueden discutir el punto.
(El lector interesado en la opinión de la Iglesia referente al
tema de la crítica bíblica y su utilización en las
tareas exegéticas deberá consultar las tres encíclicas
papales modernas referentes al estudio e interpretación de la Biblia:
“Providentissimus Deus” de León XIII, de 1902,
“Spiritus Paraclitus”, de Benedicto XV, de 1920 y
“Divino afflante Spiritu” de Pio XII, de 1943. Además,
la Constitución Apostólica “Dei Verbum”,
del Concilio Vaticano II, de 1964, y el abundantísimo material
bibliográfico contemporáneo existente, además del
sugerido más abajo por el autor del presente artículo. N.T.)
A lo largo del artículo han sido citados muchos trabajos acerca
del Pentateuco. Añadiremos aquí una lista de obras principalmente
exegéticas, antiguas y modernas, sin que con ello intentemos ofrecer
un catálogo completo.
ESCRITORES PATRÍSTICOS. Iglesia Oriental: ORIGENES,
Selecta in Gen., P. G., XII, 91- 145; IDEM, Homil. in Gen., ibid., 145-62;
IDEM, Selecta et homil, en Ex., Lev., Num., Deut., ibid., 263-818; IDEM,
Fragmenta in P.G., XVII, 11-36; SAN BASILIO, Homil. in Hexaemer. en P.G.,
XXIX, 3-208; SAN GREGORIO DE NISA, In Hexaemer. en P.G., XLIV, 61-124;
IDEM, De homin. Opific., ibid., 124-297; IDEM, De vita Moysis, ibid.,
297-430; SAN JUAN CRISOSTOMO, Homil. in Gen. en P.G., LIII, LIV, 23- 580;
IDEM, Serm. In Gen. en P.G., LIV, 581-630; SN. EFREN., Comment in Pentat.
en Oper. Syr., I, 1-115; SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, De adoratione
in spiritu en P.G., LXVIII, 133-1125; Glaphyra en P.G., LXIX, 13-677;
TEODORETO, Quaest. in Gen., Ex., Lev., Num., Deut. en P.G., LXXX, 76-456;
PROCOPIO DE GAZA, Comment. in Octateuch. en P.G., LXXXVII, 21-992; NICEFORO,
Catena in Octateuch. et libros Reg. (Leipzig, 1772).
Iglesia Occidental: SAN AMBROSIO, In Hexaemer. en P.L.,
XIV, 123-274; IDEM, De Paradiso terrestri, ibid., 275-314; IDEM, De Cain
et Abel, ibid., 315-60; IDEM, De Noe et arca, ibid., 361-416; IDEM, De
Abraham, ibid., 419-500; IDEM, De Isaac et anima, ibid., 501-34; IDEM,
De Joseph patriarcha, ibid., 641-72; IDEM, De benedictionibus patriarcharum,
ibid., 673-94; SAN JERONIMO, Liber quaest. hebraic. in Gen. en P.L., XXIII,
935-1010; SAN AGUSTIN, De Gen. c. Manich. ll. en P.L., XXXIV, 173-220;
IDEM, De Ger. ad lit., ibid., 219-46; IDEM, De Ger. ad lit. ll. duodecim,
ibid., 245-486; IDEM, Quaest in Heptateuch., ibid., 547-776; RUFINO, De
benedictionibus patriarcharum in P.L., XXI, 295-336; SAN BEDA EL VENERABLE,
Hexaemeron en P.L., XCI, 9-190; IDEM, In Pentateuch. Commentarii, ibid.,
189-394; IDEM, De tabernaculo et vasibus ejus, ibid., 393-498; RABANO
MAURO, Comm. in Gen. en P.L., CVII, 443-670; IDEM, Comment. in Ez., Lev.,
Num., Deut. en P.L., CVIII, 9-998; WALAFREDO STRABO, Glossa ordinaria
in P.L., CXIII, 67-506.
EDAD MEDIA. SAN BRUNO DE ASTI, Expositio in Pentateuch.
en P.L., RUPERTO DE DEUTZ, De SS. Trinitate et operib. Ejus en P.L., CLXVII,
197-1000; HUGO DE SAN VICTOR, Adnotationes elucidatoriae in Pent. en P.L.,
CLXXV, 29-86; HONORIO DE AUTUN, Hexameron en P.L., CLXXII, 253-66; IDEM,
De decem plagis Aegypti, ibid., 265-70; ABELARDO, Expositio in Hexaemeron
en P.L., CLXXVII, 731-84; HUGO DE SAN CHER, Postilla (Venecia, 1588);
NICOLAS DE LYRA, Postilla (Roma, 1471); TOSTATO, Opera, I-IV (Venecia,
1728); DIONYSIO EL CARTUJO, Comment. in Pentateuch. en Opera omnia, I,
II (Montreuil, 1896-7).
OBRAS MAS RECIENTES. Escritores judíos- Los comentarios
de RASHI (1040-1150), ABENASRA (1092-1167), y DAVID KIMCHI, (1160-1235)
están contenidos en las biblias rabínicas; ABARBANEL, Comment.
(Venecia, 5539 A.M.; 1579 B.C.); CAHEN, traducción francesa de
Pent. (Paris, 1831); KALISCH, Historical and Critical Comment on the Old
Test. (Londres), Gen. (1885); Lev. (1867, 1872); Ez. (1855); HIRSCH, Der
Pent. ubersetzt und erklart (2a. ed., Frankfurt, 1893, 1895); HOFFMANN,
Das Buch Lev. ubersetz und erklart (Berlín, 1906).
Escritores Protestantes: Las obras de LUTERO, MELANCHTHON,
CALVINO, GERHART, CALOVIO, DRUSIO, DE DIEU, CAPPEL, COCCEIUS, MICHAELIS,
LE CLERC, ROSENMULLER, e incluso de TUCH y BAUMGARTEN, son de menor importancia
actualmente; KNOBEL, Gen. (6a. ed., by DILLMANN, 1892; tr., Edinburgh,
1897); RYSSEL, Ez. and Lev. (3rd ed., 1897); DILLMANN, Numbers, deut.,
Jos. (2a ed., 1886); LANGE, por Theologisch-homiletisches Bibelwerk (Bielefeld
y Leipzig); IDEM, Gen. (2a. ed., 1877); IDEM, Ez., Lev., y Números
(1874); STOSCH, Deut. (2a. ed., 1902); KEIL y FRANZ DELITZSCH, Biblischer
Comment. uber das A.T.; KEIL, Gen. y Ex. (3a. ed., Leipzig, 1878); IDEM,
Lev., Numeros, Deut. (2ª. ed., 1870; tr., Edinburgo, 1881, 1885);
STRACK y ZOCKLER, Kurzgefasster Komment. zu den h. Schriften A. und N.T.
(Munich); STRACK, Gen. (2a. ed., 1905); IDEM, Ez., Lev., Numeros (1894);
OETTLI, Deut. (1893); NOWACK, Handkomment. zum A.T. (Gotinga); GUNKEL,
Gen. (1901); BANTSCH, Ez., Lev., Numeros (1903); Deut. por STEUERNAGEL
(1900); MARTI, Kurtzer Handommentar z. A.T. (Friburgo): HOLZINGER, Gen.
(1898), Ez. (1900), Numeros (1903); BERTHOLET, Lev. (1901), Deut. (1899);
BOHMER, Das erste Buch Mose (Stuttgart, 1905); COOK, The Holy Bible according
to the Authorized Version, I-II (Londres, 1877); SPENCE y EXELL, The Pulpit
Commentary (Londres): WHITELAW, Gen.; RAWLINSON, Ex.; MEYRICK, Lev.; WINTERBOTHAM,
Numeros; ALEXANDER, Deut.; The Expositor's Bible (Londres): DODS, Gen.
(1887); CHADWICK, Exod. (1890); KELLOGG, Lev. (1891); WATSON, Numeros
(1889); HARPER, Deut. (1895); The International Critical Commentary (Edinburgo):
GRAY, Numeros (1903); DRIVER, Deut. (1895); SPURRELL, Notes on the Hebrew
Text of Gen. (2a. ed., Oxford, 1896); GINSBURG, The Third Book of Moses
(Londres, 1904); MACLAREN, The Books of Ex., Lev., and Numeros (Londres,
1906); IDEM, Deut. (Londres, 1906); REUSS, L'histoire sainte et la loi
(Paris, 1879); KUENEN, HOSYKAAS, y OORT, Het Oude Testament (Leyden, 1900-1).
Gleason L. Archer, Jr. "A Survey Of Old Testament Introduction"
Traducido del francés (Chicago: Moody Bible Institute, 1974). Duane
Garrett Type, Rethinking Genesis: The Sources and Authorship of the First
Book of the Pentateuch ,Trade Paperback Vendor, 2000 Walter B. Murfin
David F. Beck, The Bible: A True and Accurate Account of Creation?, 1998
Obras Católicas: Las obras de CAYETANO, OLEASTER,
STEUCHO EUGUBINO, SANTE PAGINO, LIPOMANOS, HAMMER, B. POREIRA, ASORIUS
MARTINENGUS, LORINUS, TIRINUS, A LAPIDE, CORN, JANSENIUS, BONFRERE, FRASSEN,
CALMET, BRENTANO, DERESER, y SCHOLZ son o muy conocidas o muy poco importantes
como para necesitar más información. La Sainte Bible (Paris);
CHELIER, La Genese (1889); IDEM, l'Exode et la Levitique (1886); TROCHON,
Les Nombres et le Deuteronome (1887-8); Cursus Scripturae Sacrae (Paris);
VON HUMMELAUER, Gen. (1895); Ex., Lev. (1897); Num. (1899); Deut. (1901);
SCHRANK, Comment. literal. in Gen. (1835); LAMY, Comment in l. Gen. (Mechlin,
1883-4); TAPPEHORN, Erklarung der Gen. (Paderborn, 1888); HOBERG, Die
Gen. nach dem Literalsinn erklart (Friburgo, 1899); FILLION, La Sainte
Bible, I (Paris, 1888); NETELER, Das Buch Genesis der Vulgata und des
hebraischen Textes ubersetzt und erklart (Munster, 1905); GIGOT, Special
Introduction to the Study of the Old Testament, I (New York, 1901).
Biblical Commission: Acta Apostolicae Sedis (15 Julio,
1908); Roma (17 Julio, 1909).
A.J. MOSS
Transcrito por Thomas M. Barrett y Michael T. Barrett
Dedicado a las pobres ánimas del purgatorio
Traducido por Javier Algara Cossío