Nació el 13 de abril de 1506, en Villaret, Savoya, en la familia
Fabro o Favre, como también se le conoce. Murió 40 años
después en Roma.
De joven fue ovejero, aprovechando los domingos para impartir la
catequesis a personas menores que él. Era muy estudioso, aprovechando
el tiempo para leer. Su educación corrió a cargo de
un sacerdote en Thones, y posteriormente estudió en un colegio
vecino.
Sin planes específicos para su futuro decidió ir a
París, con el apoyo de sus padres. En 1525 Pedro llegó
a París, la meca de los estudios de aquel entonces. Mientras
realizaba su aprendizaje según el método parisino fue
descubriendo su vocación. Al carecer de bienes tuvo que buscar
en que Colegio ser admitido gratuitamente. La ocasión se le
presentó cuando el de Santa Barbara lo acogió, compartiendo
el alojamiento de un joven de Navarra, quien luego sería San
Francisco Javier. Ambos jóvenes se volvieron grandes amigos,
incluso recibiendo el mismo día el grado de Maestro en Artes.
En la Universidad conoció muy tempranamente a San
Ignacio de Loyola y se convirtió en su más
avanzado discípulo. Allí juntos constatan la influencia
negativa de Lutero y de Farel. Fue ordenado sacerdote en 1534. Ello
hizo posible que en agosto de ese mismo año le tocase al padre
Pedro recibir los votos que Ignacio y sus cinco compañeros realizaron
en Montmatre, dando origen al grupo del que más adelante nacería
formalmente la Sociedad de Jesús. A estos seis primeros, tres
más se sumarían luego. Ignacio los convocó a encontrarse
todos en Venecia, en 1537. Tras algo más de 10 años, Pedro
dejó París el 15 de noviembre de 1536.
Después de Ignacio, a quienes todos veían como el líder,
Pedro Fabro era considerado por los demás como el más
eminente del grupo, como quien mejor había asimilado las ideas
de San Ignacio. Se hacía estimar de tal manera por sus profundos
conocimientos, su gentileza y por la influencia que ejercía
sobre las almas. Mantendrá este lugar de aprecio general durante
los años, al punto que en 1541 al elegir Superior de la naciente
Compañía, San Francisco Javier y Simón Rodríguez,
el fundador en Portugal, pusieron en su voto: "Ignacio, y si no se
pudiese Pedro Fabro". Del mismo parecer eran los demás, empezando
por Diego Laínez, quienes consideraban a Fabro como el más
maduro y aventajado discípulo de Ignacio y pensaban que cuando
el momento llegase lo debería suceder como prepósito
general de la naciente orden.
Tras ver frustrado el viaje que deseaban realizar a Tierra Santa
y radicarse en Roma, Fabro fue enviado a una Alemania dividida para
participar en la Dieta de Worms, en 1540. De allí fue llamado
a la Dieta de Ratisbona, en 1541. Fabro ha revelado en sus cartas
su impresión negativa sobre las ruinas que el protestantismo
había producido en Alemania, y por el estado de decadencia
del catolicismo, particularmente en el clero. Llegó a la convicción
que el remedio no estaba en discusiones, sino más bien en una
reforma radical de los fieles, en especial el clero. Con gentileza
y suceso trabajo arduamente en Ratisbona, Espira, Maguncia, e incluso
Colonia. Polemizaba, predicaba los ejercicios espirituales y se acercaba
a los príncipes, prelados y sacerdotes impresionando a todos
por su optimismo ante las adversidades y por la eficacia del apostolado
que realizaba incansablemente horrorizado ante la desolación
religiosa que encontraba en tantos lugares.
Fue llamado a España y Portugal por San Ignacio, y descubrió
el notable contraste entre los pueblos en que trabajo inicialmente
y los de la península ibérica, donde la reforma que
vería su esplendor en Trento había empezado a echar
anticipadamente sus raíces. Fabro, era un hombre de incansable
actividad, por lo que se le considera testigo del lema que otro discípulo
de Ignacio había acuñado: "contemplativo en la acción".
En España conoció a San Francisco de Borja, quien quedó
sumamente impresionado por la personalidad del joven sacerdote. Muchos
de los datos de la vida y espiritualidad contemplativa en la acción
del Beato Fabro ha sido extraídos de un diario de su vida íntima
que empezó en Alemania con el título de "Memorial".
Volvería a Alemania unos meses después, donde conocería
a un joven, Pedro Canisio, quien luego habría de ser un gran
santo y apóstol del mundo germánico. Allí reanudó
su trabajo espiritual y catequético, trabajando en especial
con los jóvenes, buscando despertar las vocaciones que descubría.
El Arzobispo de Colonia estaba ya atraído por el luteranismo,
que más adelante abrazaría completamente. Fabro trabajó
muy intensamente en Colonia, antes de marchar brevemente a Lovaina,
en Bélgica, donde trabajando con la juventud también
logró que se despertasen muchas vocaciones. Luego volvió
a Colonia donde mantuvo una actitud muy enérgica contra los
errores que amenazaban la fe y se multiplicó para procurar
extirparlos. Algunos lo llaman el Apóstol de Colonia.
Tras esas peripecias como defensor de la fe, retornó a la
península ibérica, a Portugal, y luego de España,
donde permaneció en las cortes de ambos países. En todos
los lugares que visitaba procuraba predicar, dar catequesis, y despertar
las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa que encontraba
dormidas.
Agotado físicamente por las polémicas contra los adversarios
de la fe y por un apostolado tan intenso y en diversos países,
con la invitación de ir al Concilio de Trento como delegado
de la Sede Apostólica, a los 40 años llegó enfermo
de unas fiebres a Roma, el 17 de julio de 1546, para morir cerca de
San Ignacio.
Muy pronto se empezó a hablar de él como un hombre
de gran santidad, y en especial en Saboya, zona de su nacimiento,
se desarrolló un culto que poco a poco se fue extendiendo.
El Papa Pio IX decretó el 5 de setiembre de 1872 la confirmación
de dicho culto como Beato.
Memoriale B. Petri Fabri, ed. BOUIX (Paris, 1873);
Cartas y otros escritos del B. Pedro Fabro (Bilbao); Mary Purcell,
The Quiet Company, Loyola University Press, Chicago; 1970.
PIERRE SUAU
Transcrito por WGKofron
Traducido por Gilberto Ricardo Luna Rismar