Misionero jesuita, nacido en Paris el 18 de marzo de 1608 y
fallecido el 8 de septiembre de 1680. Ingresó a la Compañía de Jesús
en 1626. Partió a Québec en 1636 y pronto fue enviado a trabajar
entre los Hurones con Le Moyne, Depron, Jogues y Garnier, bajo las
órdenes de Brébeuf, durante el largo y doloroso período que precedió
a la conversión de esa nación. Fue parte del heroico grupo que,
en 1637, a pesar de estar expuestos cotidianamente a peligros de
muerte, firmaron y enviaron a su superior, a manera de testamento,
un manifiesto conjunto de aceptación del martirio. En 1645 Ragueneau
fue nombrado superior de la misión de los Hurones, que contaba con
18 colaboradores. Él dominaba perfectamente el lenguaje. La muerte
del mártir Jogues fue la señal para la conversión de muchos, y Ragueneau
escribe con admiración del fervor de sus neófitos. Cinco de sus
compañeros misioneros obtuvieron la palma del martirio en diferentes
localidades durante la dirección de Ragueneau. El primero de ellos
fue el Padre Daniel (4 de julio de 1648). Permaneció
Ragueneau en su puesto en Santa María junto al Wye hasta
que fue persuadido por los capitanes hurones de unirse a los fugitivos
en la isla de San José (1649). El notable incremento en el número
de conversiones (3000 indígenas fueron bautizados en 1649) recompensó
su entrega. Luego de una sangrienta derrota, seguida por la masacre
de los padres Chabanel y Granier, Ragueneau, cediendo a las súplicas
de los pocos a los que habían perdonado el hambre, la peste, y la
furia de los iroquíes, condujo el pequeño grupo de 400 sobrevivientes
de aquella nación de 10,000, a su refugio final, Québec, al fin
de un largo y peligroso caminar. En 1650 se convirtió en vicerrector
del Colegio de Québec y superior de la misión de Canadá. Fue durante
ese tiempo que dirigió por los caminos de la santidad a un alma
sumamente privilegiada, la de la Hermana Catalina de San Agustín,
cuya biografía escribió. La ocasión de su envío a Three Rivers en
1656 fue su influencia en el Consejo Supremo y con el Gobernador
de Lauzon. Al año siguiente fue enviado como superior a la misión
iroquí. En camino a Onodanga fue testigo de la matanza de sus compañeros
hurones, por lo que condenó a los asesinos, los sénecas y los onodangas,
con peligro de su propia vida. Habiendo obtenido información de
una matanza planeada en contra de todos los franceses residentes
en el territorio iroquí, planeó y llevó a cabo ingeniosamente el
escape de éstos y su regreso a Québec (1658). Volvió a Francia en
1662 con el Obispo Laval, y permaneció allí como procurador de las
misiones. Además de la biografía de la hermana Catalina de San Agustín
(París, 1671), Ragueneau escribió Relations de 1648-9,
1649-50 y 1651-2. Ningún otro jesuita en Canadá escribió tanto como
él. En uno de sus viajes vio y mencionó las cataratas del Niágara,
35 años antes que Hennepin, el presunto descubridor, describiera
el lugar.
ROCHEMONTIEUX, Les Jésuites et la Nouvelle-France
(Paris, 1896); CAMPBELL, Pioneer Priests of North America (new York,
1908); PARKMAN, The Jesuits of North America (Toronto, 1899); THWAITES,
Jesuit Relations (Cleveland, 1896-1901).
LIONEL LINDSEY
Transcrito por M. Donahue
Traducido por Javier Algara Cossío