(San Paolo fuori le mura).
Una abadía nullius. Ya en el 200, el camposanto del gran
Apóstol en la Vía Ostia fue marcado por una cella
memoriæ cerca de la cual se establecieron las Catacumbas de
Comodilla. Constantino, según
el "Liber Pontificalis", la transformó en basílica;
en el 386 Teodosio empezó a levantar una basílica mucho
más grande y bonita, pero el trabajo, incluyendo los mosaicos,
no se completó hasta el pontificado de San León el
Grande. El poeta cristiano, Prudencio, describe el esplendor del
monumento en unas expresivas líneas. Como también estaba
dedicada a los Santos Taurino y Herculano, mártires de Ostia
en el siglo quinto, la basílica se llamó Trium Dominorum.
De la antigua, solo queda la porción interior del ábside
con el arco triunfal y los mosaicos, más recientes. Los mosaicos
del ábside y el tabernáculo de la confesión de
Arnulfo del Cambio pertenecen al siglo XIII
En la antigua basílica cada papa tenía su retrato en
un friso extendido por encima de las columnas que separan las cuatro
alas y naves. En 1823 un fuego, comenzado por la negligencia de un trabajador
que estaba reparando el techo principal, produjo la destrucción
de la basílica. De todas las iglesias de Roma, ésta, exclusivamente,
había conservado su carácter primitivo durante mil cuatrocientos
treinta y cinco años. El mundo entero contribuyó a su
restauración. El Khedive de Egipto envió pilares de alabastro,
y el Emperador de Rusia las preciosas malaquita y lapis lazuli para
el tabernáculo. El trabajo en la fachada principal, que mira
hacia el Tiber, fue completado por el Gobierno italiano que declaró
a la iglesia monumento nacional. El interior de las paredes de la nave
están adornadas con escenas de la vida de San Pablo en dos serie
de mosaicos (Gagliardi, Podesti, Balbi, etc). El elegante claustro del
monasterio se erigió entre 1220 y 1241. La sacristía contiene
una fina estatua de Bonifacio IX.
En los tiempos de Gregorio el Grande había dos monasterios
cerca de la basílica: San Aristo para los hombres y San
Esteban para las mujeres. Los servicios fueron llevados a cabo por
un cuerpo especial de clérigos instituido por el Papa Simplicio.
Con el curso del tiempo los monasterios y el clero de la basílica
disminuyeron; San Gregorio II restauró el pasado y confió
a los monjes el cuidado de la misma. Los papas continuaron con su generosidad
hacia el monasterio; la basílica fue dañada nuevamente
durante las invasiones sarracenas en el siglo IX. A consecuencia de
esto Juan VIII fortificó la basílica, el monasterio,
y las moradas del campesinado, formando el pueblo de Joaníspolis
que era recordado, aun, en el siglo XIII. En 937, cuando San Odo
de Cluny vino a Roma, Alberico II, patricio de Roma, dejó
al cuidado del monasterio y de la basílica a la congregación
de Odo, que puso a Balduino de Monte Cassino a cargo.
Gregorio VII fue Abad del monasterio y en su tiempo Pantaleón
de Amalfi presentó las verjas de bronce de la basílica
que fueron ejecutadas por artistas constantinopolitanos. Martin V se
la confió a los monjes de la Congregación de Monte Cassino.
Entonces se hizo una abadía nullius. La jurisdicción
del Abad se extendía sobre los distritos de Civitella San Paolo,
Leprignano, y Nazzano todos los cuales formaron parroquias. La parroquia
de San Paolo en Roma, sin embargo, está bajo la jurisdicción
del Vicario Cardenal
U. BENIGNI
Transcrito por Christine J. Murray
Traducido por José Luis Anastasio