Una de las órdenes mendicantes.
ORIGEN
La fecha de fundación de la Orden de
Nuestra Señora del Monte Carmelo ha sido objeto de discusión desde
el S.XIV hasta hoy, la Orden reivindica como sus fundadores a los
profetas Elías y Elíseo, sin embargo los modernos historiadores, empezando
Baronius, niegan su existencia antes de la segunda mitad del XII.
Durante la época del Profeta Samuel existía en Tierra Santa una organización
conocida como los Hijos de los Profetas, que en muchos aspectos se
asemejaba a un instituto religioso de tiempos posteriores. Vivían
en comunidad y aunque no pertenecían a la tribu de Leví, se dedicaban
al servicio de Dios; profesaban especial obediencia a los superiores,
los más famosos de los cuales fueron Elías y su sucesor Elíseo, ambos
relacionados con el Monte Carmelo, el primero con sus disputas con
los sacerdotes de Baal, el segundo por su prolongada residencia en
la montaña santa. Con la caída del Reino de Israel, los Hijos de los
Profetas desaparecieron de la historia. En el siglo III o IV de la
Era Cristiana el Carmelo era un lugar de peregrinación, como lo demuestran
numerosas inscripciones en Griego en los muros de la Escuela de los
Profetas: Recuerda a Juliano, recuerda a Germánico,
etc., Algunos de los Padres, especialmente Juan Crisóstomo, Basilio,
Gregorio Nacianceno y Jerónimo, siguieron a Elías y Elíseo como modelos
de perfección religiosa y patronos de eremitas y monjes. Estos innegables
hechos han abiertos camino a las suposiciones. Como San Juan Bautista
estuvo casi toda su vida en el desierto, en donde reunió en torno
a él numerosos discípulos y como Cristo había afirmado de él que estaba
poseído del espíritu y poder de Elías, algunos autores afirman que
reavivó la institución de los Hijos de los Profetas.
Las entusiastas descripciones dejadas por Plinio,
Josefo y Filón del tipo de vida de los Esenios y Terapeutas, convencieron
a otros que esas sectas pertenecían a la misma corporación, desgraciadamente
sus opiniones presentan serias dudas. Tácito menciona un santuario
en el Carmelo, consistente no en un templo, ni ídolo, sino simplemente
un altar para el culto divino; tal pudo ser su origen, con seguridad
en tiempo de Vespasiano estaba en manos de un sacerdote pagano,
Basilides Pythagaras (500 B.C.) es presentado por Jambilicus dedicando
mucho tiempo a la plegaria silenciosa en un santuario similar al
Carmelo, un testimonio de mayor fuerza para el tiempo de Jámblico
más que para el de Pitágoras. Nicéforo Calixto (A.D.1300) refiere
que la emperatriz Helena mandó construir una iglesia en honor de
San Elías en las laderas de cierta montaña. Esta evidencia es inadmisible,
ya que Eusebio es testigo del hecho de que ella sólo mandó edificar
dos iglesias en Tierra Santa, en Belén y en Jerusalén, no veinte
como Nicéforo afirma; además las palabras de este autor muestran
claramente que había visto el monasterio griego de Mar Elías, sobresaliendo
sobre el valle del Jordán y no el Carmelo como algunos autores piensan;
Mar Elías, sin embargo, data del S.VI. Estos y otros malentendidos
presupuestos no han invalido sino que han fortalecido la tradición
de la Orden, que tiene su punto de partida en los días de los grandes
profetas, sino ininterrumpidamente, sí en la referencia ultima moral
de los eremitas del Carmelo, primeramente bajo el Antiguo Testamento,
después con la divulgación del Cristianismo, hasta el tiempo de
las Cruzadas, estos eremitas llegaron a organizarse según el modelo
de las órdenes de Occidente. Esta tradición está recogida especialmente
en las Constituciones de la Orden, es mencionados en bulas papales,
así como en la liturgia de la Iglesia y es aún seguida por muchos
miembros de la Orden. El silencio de los peregrinos de Palestina,
anterior al año del Señor 1150, de los cronistas, de los más recientes
documentos, en una palabra la negativa evidencia de la historia
ha inducido a los modernos historiadores a omitir la reclamación
de la Orden y fechan su fundación en 1155, cuando por primera vez
se habla en documentos de autenticidad incuestionable. Incluso la
evidencia de la Orden sobre sí mismo no ha sido siempre muy clara.
Una noticia escrita entre 1247 y 1274 (Mon.Hist. Carmelit., 1, 20,
267) declara de forma general que desde los días de Elías
y Elíseo los santos padres del Antiguo y Nuevo Testamento moraron
en el Monte Carmelo y sus sucesores después de la Encarnación del
Verbo edificaron allí una capilla en honor de Nuestra Señora, por
la cual razón fueron llamados en la bula papal Hermanos de
Santa María del Monte Carmelo. El Capítulo General de 1287
(inédito) habla de la Orden como de una nueva implantación.(plantatio novella). Más definitivos son
algunos escritos de la misma época. Una carta Sobre esta orden
atribuida a San Cirilo de Constantinopla, pero escrita en latín
(probablemente en Francia) por un autor de 1230, y el libro Sobre
la Institución de los primeros monjes conecta la Orden con
los Profetas de la Antigua Ley. Este último trabajo, mencionado
por primera vez en 1342, fue publicado en 1370 y llegó a ser conocido
en Inglaterra medio siglo más tarde. Supuestamente está escrito
Por Juan, Obispo de Jerusalén (A.D.400). Sin embargo, como Gennadius
y otros antiguos escritores no hacen mención de ella entre los escritos
de Juan, y como el autor era claramente latino, puesto que sus argumentos
están basados sobre ciertos textos de la Vulgata, difiriendo extensamente
de los correspondientes de la de los Setenta y como en muchos momentos
manifiesta entera ignorancia de la lengua griega y especialmente
aluda a escritores del S. XII no puede haber vivido antes de la
mitad del S.XIII. Un tercer autor es a veces mencionado, José, un
diácono de Antioquia, a quien Possevin sitúa alrededor del A.D.
130. Su trabajo se perdió pero su título Speculum perfectae
militiae ecclesiae muestra que no perteneció a los Padres
Apostólicos, además es totalmente desconocido en la literatura patrística.
Su nombre no es mencionado antes del S.XIV y con toda probabilidad
no vivió mucho antes.
La tradición de la Orden aunque fue admitida por
muchos Escolásticos medievales, fue contestada por no pocos autores.
De aquí que los historiadores Carmelitas descuidasen casi completamente
la historia de su misma época, gastando todas su energías en controversias
escritas, como es evidente en los trabajos de John Baconthorpe, John
de Hildesheim, Bernard Olerius y muchos otros. En 1374 una disputación
mantenida en la universidad de Cambridge entre el dominico John Stokes
y el carmelita John de Norney; el último, cuyos argumentos principalmente
estaban tomados del derecho canónico, no de la historia, fue declarado
victorioso y los miembros de la universidad prohibieron la cuestión
de la antigüedad de la Orden Carmelitana. Al final del S.XV ésta era
de nueva hábilmente defendida por Trithemius (o alguien que escribía
con este nombre), Bostius, Palaeonydorus y muchos otros quienes con
gran exposición de erudición refuerzan su tesis, profundizando en
los huecos de la historia de la historia de la Orden y proclamando
sus numerosos santos antiguos. Santos Eliseo y Cirilo de Alejandría
(1399), Basil (1411), Hilarión (1490) y Elías ( en algunos lugares
desde 1480), en toda la Orden desde 1511 se había puesto en el Calendario
Carmelita, el capítulo de 1562 añadió algunos de los cuales fueron
eliminados 20 años después con motivo de la revisión litúrgica. Sin
embargo volvieron a ser introducidos en 1609 cuando el Cardenal Belarmino
actuó como revisor de las tradiciones Carmelitas. También aprobó con
ciertas reservas la tradición de la fiesta de Nuestra Señora del Monte
Carmelo, 16 de julio, que había sido instituida entre 1376 y 1386
en conmemoración de la aprobación de la Regla por Honorio III; en
1609 llegó la fiesta del Escapulario, declarada la principal fiesta
de la Orden, que se extendió a toda la Iglesia en 1726. La tendencia
por reclamar los santos de la Orden y otras renombradas personas del
Cristianismo e incluso su antigüedad clásica llegaron a su punto culminante
en el Paradisus Carmelitici Decoris escrito por M.A. Alegre
de Casanate, publicado en 1639, condenado por la Sorbona en 1642 y
colocado en el Index Romano en 1649. Tampoco se puede encontrar mucho
sentido en los anales de la Orden de J.B. de Lezana (1645-56) y en
Decor Carmeli de Felipe de la Santísima Trinidad (1665).
En la publicación, en 1668, del tercer volumen de marzo de los Bolandistas,
en el cual Daniel Papebroch afirmaba que lo Orden del Carmen fue fundada
en 1155 por San Bertoldo, planteó una guerra literaria, que duró 30
años y de inusitada violencia. La Santa Sede, citó a ambas partes,
rechazó situar a los bolandistas en el Index Romano, pero se impuso
el silencio a ambas partes (1698). Se permitió levantar una estatua
a San Elías en la basílica de El Vaticano, entre los fundadores de
órdenes religiosas (1725), su coste aproximado fue $3942 cada sección
de la Orden contribuyó con una cuarta parta. En la actualidad las
cuestión sobre la antigüedad de la Orden Carmelitana sólo tiene interés
académico.
Fundación en Palestina
El monje griego John Pocas, que visitó Tierra Santa en 1185 relata
que encontró en el Carmelo, un Calabrian ( es decir un occidental) monje
quien en un momento con la fuerza de una aparición del Profeta Elías,
había congregado en torno a él a 10 eremitas con los que había iniciado
vida religiosa en un pequeño monasterio cerca de la gruta del profeta.
Rabí Benjamín de Tudela ya en 1163 escribía que los cristianos habían
construido una capilla en honor del profeta Elías. Jacques de Vitry
y otros escritores del final del S.XII y principios del XIII dan noticias
de semejantes acontecimientos. La fecha exacta de la fundación de una
ermita puede ser deducida de la vida de Aymeric, Patriarca de Antioquia,
un pariente del Calabrian el monje, Bertoldo, con ocasión
de una viaje a Jerusalén en 1154 o el año siguiente parece haber visitado
al segundo y asistirlo en la fundación de una pequeña comunidad; Más
aún cuenta que en su vuelta a Antioquia (1160) trajo consigo algunos
eremitas, fundó un convento en aquella ciudad y otro junto a una montaña
próxima: ambos fueron destruidos en (1268). Bajo el sucesor de Bertoldo,
Brocardo, surgen algunas dudas serias sobre el género de vida de los
eremitas Carmelitas. El Patriarca de Jerusalén, Alberto de Vercelli,
entonces residente en Tiro, se decidió con dificultad escribir una pequeña
regla, parte de la cual está tomada de la de San Agustín (1210). Los
eremitas elegían superior a quien prometían obediencia, vivían en celdas
separadas, recitaban el Oficio Divino según le rito de la Iglesia del
Santa Sepulcro, si no eran capaces de leer, otras plegarias, dedicaban
el tiempo a meditaciones pías, combinadas con el trabajo manual. Cada
mañana debía reunirse en la capilla para la Santa Misa y los Domingos
también para el capítulo. No tendrían propiedades, las comidas serían
servidas en sus celdas; se abstendrían de carne, excepto en casos de
necesidad o enfermedad, desde septiembre hasta el verano. El silencio
no se quebrantaría desde las Vísperas hasta la hora Tercia del día siguiente,
desde Tercia hasta Vísperas deberían abstenerse de conversaciones inútiles;
el superior sería ejemplo de humildad y los hermanos debían honrarlo
como a representante de Cristo.
Emigración a Europa
Como se puede deducir de este breve resumen no hubo ninguna disposición
para organizar después la comunidad del Carmelo, de lo que se puede
deducir que hasta 1210 no se había fundado ninguna comunidad excepto
una cerca de Antioquia, que estaba sujeta al patriarca de la ciudad.
Después de este dato nuevas comunidades aparecieron en San Juan d' Acre,
Tiro, Trípoli, Jerusalén, en el Quarantena, en algún lugar de Galilea
(monasterium Valini) y en otras localidades que son desconocidas, en
total hasta 15. Algunas fueron destruidas tan pronto como fueron levantadas
y algunos hermanos fueron asesinados por los sarracenos. Algunas veces
los eremitas fueron sacados del Carmelo, pero siempre volvían; incluso
edificaron un nuevo monasterio en 1263, en conformidad con la regla
revisada y una aceptable gran iglesia, aún visible hacía el final del
S.XV. Sin embargo la situación de los cristianos había llegado a ser
tan precaria que la emigración se hizo obligatoria. Así, colonias de
ermitaños se asentaron en Chipre, Sicilis, Marsella y Valenciennes (1238).
Algunos hermanos de nacionalidad inglesa acompañaron al Baron de Vescy
y Grey en su viaje de retorno de la expedición de Ricardo, Eral de Cornwall
(1241) y fundaron en Hulne cerca de Alnwick en Northumberland, Bradmer
(Norfolk), Aylesford y Newenden (Kent). San Luis, Rey de Francia, visitó
el Monte Carmelo en 1254 y trajo seis eremitas franceses a Chareenton
cerca de París en donde les dio un convento. El Monte Carmelo fue tomado
por los sarracenos en 1291, los hermanos, mientras cantaban la Salve
Regina fueron degollados y el convento quemado.
CARISMA Y NOMBRE
Con la llegada de los Carmelitas a Europa, comienza
un nuevo período en la historia de la Orden. Poco más que los simples
nombres de los superiores del primer período han llegado a nosotros.
San Bertoldo, San Brocardo, San Cirilo, Bertoldo (o Bartolomeo) y
Alan (1155-1247) En el primer capítulo celebrado en Aylesfrod fue
elegido general San Simón Stock (1247-65). Como la noticia biográfica
que le concierne data de 1430 y no es muy fiable, debemos juzgar al
hombre por sus obras. Se encontró en situación comprometida. Aunque
la regla había sido redactada en 1210, había recibido la aprobación
papal en 1226, muchos prelados rehusaron reconocer la Orden, creyeron
que estaba fundada en contradicción con los decretos del concilio
de Letrán (1215), que prohibía la fundación de nuevas órdenes religiosas.
De hecho la Orden Carmelitana tal como estaba solamente fue aprobada
en el II concilio de Lyón (1274), pero San Simón obtuvo de Inocencio
IV la aprobación provisional con ciertas modificaciones de la regla
(1247). De ahora en adelante no se fundaría en desiertos, sino que
se haría en ciudades o en suburbios de las ciudades; la vida solitaria
cedería su lugar a la comunitaria; la comida se celebraría en comunidad;
la abstinencia aunque no se dispensase, sería restringida; el silencio
estaba restringido al tiempo entre Completas y Prima del día siguiente;
asnos y mulos podrían ser utilizados para viajar y transportar los
productos y aves de corral para las necesidades de la cocina. Así
la orden dejó de ser ermitaña y llegó a ser una de las órdenes mendicantes.
Su primer nombre , Fratres eremitae
de Monte Carmeli y después de edificar una capilla en el Carmelo
en honor de Nuestra Señora (1220), se pasó de Eremitas de Santa Maria
del Monte Carmelo a Fratres Ordinis Beatissimae Virginis Mariae
de Monte Carmeli . Por odenanza de la Apostólica
Chancillería de 1477 fue aún más ampliado, Fratres Ordinis Betatissimae Dei Genitricis
semperque Virginis Mariae de Monte Carmeli, el cual título fue
declarado obligatorio por el Capítulo General de 1680.
Obtenida la mitigación de la Regla, San Simón Stock
que era totalmente partidario de la vida activa, abrió casas en Cambridge
(1249) Oxford (1253) Londres ( por el mismo tiempo) York (1255) París
(1259) Bolonia (1260), Nápoles ( fecha incierta). Se esforzó especialmente
por implantar la Orden entre los universitarios, parte para asegurar
a los religiosos una alta educación, parte para incrementar el número
de vocaciones entre los posgraduados. Aun que ya había pasado el momento
de esplendor de las órdenes mendicantes, triunfó en ambas direcciones.
El rápido incremento de los conventos y noviciados se manifestó peligroso,
la regla que era más estricta que la de San Francisco y Santo Domingo
desalentó y sembró el descontento entre bastantes hermanos, mientras
los obispos y el clero parroquial continuaban ofreciendo resistencia
al desarrollo de la Orden. Murió centenario, antes de que fuera restablecida
en paz. Con la elección de Nicolás Gallicus (1265-71) comienza una
reacción, el nuevo general siendo totalmente opuesto al ejercicio
del sagrado ministerio, favoreció exclusivamente la vida contemplativa.
Con este fin escribió un extensa carta titulada Ignea sagitta
(inédita) en la que condenaba con dureza lo que llamaba las peligrosas
ocupaciones de la predicación y confesión. Sus palabras permanecieron
sin ser tenidas en cuenta, renunció al cargo, lo mismo hizo su sucesor,
Rudolfo Alemannus (1271-74) quien pertenecía a la misma escuela de
pensamiento.
EL HÁBITO
La aprobación de la Orden en el segundo concilio
de Lyón aseguró su permanencia entre las órdenes mendicantes; sancionó
el ejercicio de la vida activa y apartado todos los obstáculos para
su desarrollo, desde entonces se produjo con avances y retrocesos.
Bajo el mando de Peter Millaud (1279-94) se produce un cambio en el
hábito. Hasta entonces consistía en una túnica, cinturón, escapulario
y capa, ambos negros, marrón o gris (el color fue cambiando de acuerdo
a las correspondientes subdivisiones y reformas de la Orden) y de
un manto de cuatro franjas blancas verticales y tres negras, por lo
los frailes fueron popularmente llamados fratres
barrati , o virgulati
o de pica (urracas). En 1287 su variada
capa fue cambiada por una de puro color blanco que motivó que se les
llamara los frailes blancos.
El siglo trece. Bajo los generales ya mencionados,
el siglo XIII ofreció dos santos a la Orden, Ángel y Alberto de
Sicilia. Muy poco se conoce del primero, su biografía se pretendió
escrita por su hermano, Enoch, Patriarca de Jerusalén, es un trabajo
del S.XV; en aquellas partes que se pueden verificar con el rigor
contemporáneo aparecen sin fundamento, por ejemplo, cuando se establece
toda la jerarquía griega de Jerusalén, durante el período de las
Cruzadas; o cuando dio los autos de un apócrifo Concilio de Alejandría,
junto con los nombres de 17 obispos que supuestamente habrían tomado
parte en él, éstos y otros particulares más concretos son ahistóricos
es difícil precisar cuánta credibilidad merece en otras materias
para las cuales no hay evidencia independiente. Es, no obstante,
digno de crédito lo de las lecturas del Breviario de 1458, cuando
aparece por primera vez la fiesta de San Ángel, hasta 1579 se le
presenta simplemente como un siciliano por su nacimiento y nada
se dice de su descendencia judía, su nacimiento y su conversión
en Jerusalén, etc.. No existe evidencia posterior del tiempo que
vivió o del año y causa de su martirio. Según algunas fuentes fue
asesinado por herejes (probablemente maniqueos) pero según otros
autores más tardíos por un hombre a quien había públicamente reprendido
por un grave escándalo. Además, las más antiguas leyendas de San
Francisco y Santo Domingo nada dicen del encuentro de los tres en
Roma o de sus mutuas profecías relacionadas con los estigmas, el
rosario o el martirio. La vida de San Alberto, así mismo, fue escrita
bastante después de su muerte por alguien que no tuvo recuerdo personal
de él y más preocupado por edificar al lector, contando numerosos
milagros (frecuentemente con exageración) que establecer hechos
sobrios. Todo lo que con certeza se puede afirmar es que San Alberto
nació en Sicilia, ingresó en la orden siendo muy joven, debido a
una promesa de sus padres; fue durante algún tiempo provincial y
murió en olor de santidad el 7 de agosto de 1306. Aunque no fue
formalmente canonizado, su fiesta fue introducida en 1411
Fundación en las Islas Británicas
La provincia Inglesa, a la que pertenece la de Irlanda y Escocia
desde 1305, hizo rápidos progresos hasta la mitad del siglo XIV, después
los datos de fundaciones comienzan a ser menos numerosos, mientras de
vez en cuando se fundan pequeñas casas. Los Carmelitas gozan del favor
de la Corona, que contribuye generosamente en varias fundaciones, especialmente
la de Oxford, en donde la residencia real había colocado la Orden. El
lugar está ocupado ahora por el Hotel Beaufort, aún se puede ver el
Camino del Fraile y una pequeña iglesia de Santa maría Magdalena la
cual durante tiempo fue guardada por los Carmelitas. Otras fundaciones
reales fueron Hitchin, Marlborough, etc.. John de Gaunt fue un gran
benefactor de la Orden y eligió sus confesores entre sus miembros; la
Casa de Lancaster eligió casi siempre a los carmelitas como confesores
reales, un puesto que se correspondía al de ministro real de culto público.
Estos confesores era como norma promovidos a pequeños obispados en Irlanda
o Gales. La Orden comenzó a ser muy popular entre el pueblo. La vida
era de pobreza muy intensa, como se prueba por varios inventarios de
bienes y otros documentos existentes. Durante las turbulencias Wyclifitas
la Orden tomó el liderazgo del Partido Católico, el principal opositor
de Wyclif fue el provincial de los Carmelitas, John Cunnigham. Thomas
Walden, fue elegido por Enrique V para llevar a término importantes
misiones y acompañó a Enrique VI a Francia. Durante la guerra con Francia
muchos conventos franceses fueron incorporados a la provincia inglesa,
así el número de carmelitas ingleses alcanzó los 500. Sin embargo allí
posteriormente sólo permaneció la casa en Calais, la cual fue suprimida
por Enrique VIII. A finales del S.XV la provincia había disminuido cerca
de 600 religiosos. Ninguna de las diferentes reformas parece haberse
introducido en Inglaterra, aunque Eugenio IV y el general Soreth lo
intentaron. Las peculiares constituciones en vigor en Inglaterra y la
excelente organización de la provincia impidieron la menor extensión
de abusos que se propagaron en otras partes. Desde el principio de la
Reforma un número de religiosos jóvenes, afectados por las nuevas doctrinas
abandonaron la Orden y los que permanecieron fueron obligados a admitir
el Acta del supremo, lo que ellos aceptaron sin aparente vacilación,
un hecho que no puede sorprender, si se tiene en cuenta que el Cardenal
Wosley había obtenido poder de la Santa Sede para visitar y reformar
conventos Carmelitas, lo que suponía la sumisión real o la supresión.
Separados del resto de la Orden, los carmelitas estuvieron durante algún
tiempo sometidos a la regla George Brown, general de todos los mendicantes,
pero gozaron de relativa independencia bajo John Byrd, primer provincial
y después general de la sección inglesa de la Orden. Al tiempo de la
supresión final existían 39 casas, incluida la de Calais. Los documentos
de supresión distan mucho de ser completos, manifestando sólo los nombres
de 140 religiosos y el inventario sólo da noticia de 12 casas. Eran
totalmente pobres. En Oxford los frailes habían sido obligados a vender
los bancos de la iglesia y los árboles del camino y los comisionados
determinaron que también deberían vender las tejas para comprar una
pocas hogazas de pan. Todavía más, uno de los novicios, Antoni Foxton,
nada desalentado por esta dificultad, huyó a Northallerton para continuar
su noviciado y de aquí fue expulsado por segunda vez. La propiedad de
la orden fue dilapidada con la misma imprudencia que los otros bienes
eclesiásticos. La biblioteca de la casa de Londres, considerada una
de las más excelentes, refinada y estupenda de Inglaterra, cayó en posesión
del Dr. UVT. Los otros edificios fueron parcelados. Sólo de dos carmelitas
se sabe que padecieron la muerte, Laurence Cook y Reginaldo Pecock;
Otros parecen haber ingresado en prisión. Pero prácticamente no se sabe
nada de la suerte de un gran número de conventos, especialmente los
del Norte, es más que probable que durante los diferentes persecuciones
algunos fueron incendiados y sus moradores muertos. Entre los pocos
conventos carmelitas que permanecen en Inglaterra deben ser mencionados
las dos primeras fundaciones, Hulne, ahora en ruinas y Alesford, en
aparente buen estado, y también el hermoso claustro en el cual se encuentra
ahora un asilo para pobres enfermos de Coventry. Un intento para revivir
la provincia de Inglaterra durante el reinado de la Reina Mary no tuvo
éxito.
La historia de las provincias de Irlanda y Gales
nunca ha sido estudiada de forma exhaustiva, debido a la pérdida
de muchos documentos. El total de conventos irlandeses varía entre
25 y 28, pero con toda la probabilidad algunos de ellos tuvieron
breve existencia. El hecho de que los capítulos generales consideran
a Inglaterra como provincia de Irlanda, parece indicar que la provincia
estaba frecuentemente perturbada por la desunión y las contiendas.
En época reciente la casa de Dublín fue designada como studium generale, pero como nunca fue mencionado
como tal en las listas oficiales esto sirvió solamente para los
estudiantes irlandeses, las provincias extrajeras no fueron requeridas
para enviar a sus estudiantes. Para la búsqueda de estudiantes superiores
se dieron especiales facultades a Irlanda, Escocia y Londres en
las universidades inglesas. Los conventos de Irlanda sufrieron bajo
la mano de hierro de Enrique VIII.
La provincia de Escocia estuvo compuesta a lo sumo
de 12 conventos, de los cuales algunos como el de South Queensferry
al pie de de For Bridge aún existe. Aquí una vez más nos tenemos
que conformar con noticias perdidas, de las cuales, sin embargo,
se deduce que la Orden gozaba del favor de la Corona. Algunos carmelitas
escoceses tuvieron un papel importante en la universidad de París,
mientras que otros fueron los promotores de la reforma de Albi.
Cuando se suprimieron en Inglaterra los conventos, muchos religiosos
apostaron por Escocia en donde los conventos fueron permitidos mejor
de lo que ellos pensaban hasta 1564.
Constituciones
Las más antiguas constituciones que han llegado hasta nosotros datan
de 1324, pero existe una evidencia de una primera colección comenzada
cerca de 1256 para completar la regla que exponía solamente principios
fundamentales. En 1324 la Orden estaba dividida en 15 provincias, correspondientes
a los países en los que estaba establecida. A la cabeza de la Orden
estaba el General, elegido por escrutinio
(ballot) por el capítulo general, en cada capítulo debía rendir cuenta
de su administración y si no se alegaban serios reparos era confirmado
en su cargo hasta que fuera removido a un obispado, muriera o renunciara
por decisión propia. Elegía su propia residencia, que desde 1472 era
habitualmente Roma. Se le daban dos compañeros, generalmente de su propia
elección que lo acompañaban en sus viajes y le asistían con sus consejos.
Toda la Orden contribuía anualmente con una renta fija al mantenimiento
del general y los costes de la administración. En teoría, por último,
el poder del general era casi ilimitado, pero en la práctica no podía
permitirse pasar por alto los deseos de las provincias y de los provinciales.
El capítulo general se reunía regularmente cada tres años desde 1247
hasta le final del Siglo XIV; pero desde el fin de ese período en adelante
los intervalos llegaron a ser más largos, seis, diez o incluso 16 años.
Los capítulos habían llegado a ser una carga dura, no solamente para
la Orden, sino también para las ciudades que decidían acogerlos. Cada
provincia, sus miembros aumentaban continuamente, era representadas
por el provincial y dos compañeros. A esto hay que sumar una reunión
de maestros sagrados y estudiantes profesos que mantenían disputas teológicas,
mientras los definidores analizaban la problemática de la Orden; como
la Santa Sede garantizaba indulgencias con ocasión de los capítulos,
los púlpitos de las catedrales y de las parroquias y las iglesias comunes
eran ocupados con frecuencia por elocuentes predicadores. Viajaban a
caballo, cada provincia enviaba un número de hermanos legos, para cuidado
de los caballos. De esta manera los capítulos generales ocupaban un
gran número de frailes desde 50 a 100 o más. Para sufragar los gastos
cada provincial se veía obligado a pedir a su soberano un subsidio;
la Corona Inglesa, como norma, contribuía con 10 libras, mientras la
mesa y el alojamiento para los miembros del capítulo era provisto por
otras casas religiosas o por los ciudadanos. Como devolución la Orden
acostumbraba a conceder a la ciudad cartas de fraternidad y colocar
a su santo patrón en el Calendario Carmelitano. Para la elección de
General todos los provinciales y sus acompañantes se reunían, pero los
asuntos importantes eran confiados a los definidores, uno por cada provincia;
éstos eran elegidos en el capítulo provincial, no podían actuar en dos
capítulos sucesivos. Las obligaciones de los definidores eran recibir
información sobre la administración de las provincias; confirmar o destituir
a los provinciales y elegir la recaudación anual; nombrar a los que
enseñarían Sagradas Escrituras y Sentencias en las universidades, especialmente
en París; Conceder autorización para la recepción de honores académicos
en representación de la orden; Revisar e interpretar las leyes existentes
y añadir otras nuevas y finalmente conceder privilegios a los miembros
destacados, castigar a los culpables de serias ofensas, imponiendo las
penas adecuadas o si fuera necesario mostrar indulgencia, disminuyendo
o condonando las sentencias previas. Hecho esto, todo el capítulo era
de nuevo reunido, las decisiones de los definidores eran publicadas
y enviadas por escrita a cada provincial. De los registros de los primeros
capítulos, solamente se han encontrado fragmentos, pero desde 1318 las
actas están completas y han sido impresas parcialmente.
Los capítulos provinciales se celebraban como norma
una vez al año, pero algunos provinciales reclamaban que solamente
cada dos o tres años. Cada convento estaba representado por el prior
o vicario y por un compañero elegido por el capítulo conventual
para llevar las quejas contra el prior. Contemplaba el número de
capitulares cuatro definidores que eran elegidos junto con el provincial.(.......)
Entre otras competencias tenían plena autoridad para deponer a los
priores y elegir a otros nuevos; también seleccionaban a los que
eran enviados a los diversos srtudia generalia y particularia
y a las universidades, y procuraban la adecuada provisión para sus
gastos. Decidían,. Asunto que dependía del general y de la Santa
Sede, sobre las de nuevos conventos. Trataba con los delincuentes.
Se hicieron intentos con frecuencia para limitar la duración del
cargo de provincial, pero durante mucho tiempo la legislación general
de la Iglesia permitió una indefinida permanencia en el oficio,
estos esfuerzos fueron prácticamente inútiles. El superior del convento
era el prior o en su ausencia y durante una vacante el vicario.
El prior era controlado en su administración por tres guardianes,
quienes guardaban las llaves del arca común y certificaban las facturas
y los contratos. Las quejas contra el superior eran enviadas al
provincial o el capítulo provincial. No había límites en la permanencia
del cargo, podía ser confirmado año tras año durante 20 años o más.
En el caso de los conventos en ciudades universitarias, especialmente
París y la Curia de Roma (Aviñón, después de Roma) la nominación
pertenecía al general o al capítulo general y por ley no escrita
que Cambrigde, Lovaina, y otras ciudades universitarias, debería
ser elegido para superior a un bachiller que en el plazo de un año
adquiriría el grado de Maestro en Ciencias Divinas. Desde aproximadamente
la mitas del S. XIV llegó a ser costumbre elegir los oficios de
general y provincial exclusivamente entre aquellos que hubieran
que hubiesen obtenidos grados. La única excepción sistemática a
esta regla ha sido encontrada en la provincia de la Baja Alemania.
Fuentes de Reclutamiento
Cuando San Simón Stock estableció conventos en las ciudades universitarias,
obviamente tenía en cuenta que los graduados podrían ser reclutados
para la Orden, no se había engañado en sus expectativas. En verdad,
el tiempo había pasado cuando un día seis o más estudiantes con sus
profesores acudieron al convento dominico de París para recibir el hábito
de manos del beato Jordan. Pero había aún estudiantes, a pesar de las
severas leyes de las universidades que regulaban la recepción de estudiantes
en las órdenes mendicantes. Esto se daba quizá principalmente entre
los pobres escolares quienes ingresaban en aquellas órdenes para asegurarse
la vida así como medio de recibir una educación. No solamente en tiempos
de San Simón, sino también después muchos de los problemas era causados
por estos jóvenes que habían cambiado por la libertad y la vida fácil
de estudiantes la disciplina del coro. En muchos conventos se encontraban
ejemplos de las familias de los fundadores y benefactores que llegaron
a ser conventuales; en algunos casos las relaciones tío sobrino pueden
seguirse durante siglos; las prebendas de catedrales y colegiatas eran
a menudo el regalo del fundador y de su familia y fueron transmitidos
de generación en generación; la celdas de los conventos del Carmen permanecían
frecuentemente en posesión de uno o algunos de la misma familia, que
consideraban un derecho irrenunciable siempre representado por el último
miembro de la familia. Otras veces sucedía que un padre deseoso de establecer
a su hijo en la vida compraba o dotaba una celda para él en el convento.
Esto podía deberse a la ardiente piedad de los primeros tiempos y la
cuidadosa prevención de las sociedades
peligrosas de modo que si se daba una posible llamada pudiera
madurar en una sólida vocación. Los lugares en donde los Carmelitas
tenían públicas o semipúblicas escuelas encontraban pequeña dificultades
para elegir muchachos adecuados. Pero había conventos en pequeños lugares
en donde el reclutamiento era evidentemente no tan fácil y donde con
un número decreciente de internos una peligrosa relajación de la observancia
religiosa fue acentuando la disminución. Durante la Edad Media un fraile
pertenecía al convento en el cual había tomado hábito, aunque debido
a la fuerza de las circunstancias se podía ausentar durante gran parte
de su vida. De aquí que el capítulo general repetidamente recomendara
a los priores recibir cada año a uno o dos postulantes aunque no trajeran
donación, con lo que gradualmente aumentaría el número de religiosos.
En otros casos en donde las provincias eran bastantes numerosas, pero
carecían de medios de subsistencia los novicios podrían ser parados
durante años.
Prueba y formación de los Miembros
La toma de hábito de los novicios era precedida de ciertas investigaciones
de sus antecedentes y de la respetabilidad de sus familias. El año de
prueba se completaba en le convento en el que ingresaban, el convento
nativo como era llamado; un padre era designado para ocuparse
del cuidado personal del novicio, enseñándole las costumbres de la Orden
y las ceremonias del coro. De acuerdo con las más antiguas constituciones
cada novicio podía tener un maestro especial, pero en la práctica un
único maestro, asistido, si era necesario, por un sustituto, nombrado
para todos. No se permitía a los novicios mezclarse con la comunidad
o con los muchachos del convento escuela, ninguna ocupación podía interferir
en su principal deber, a saber, aprender el Oficio Divino. Además el
prior no permitía a nadie reprender a losa novicios o imputarles faltas
a excepción del maestro de novicios, cuya misión era enseñarlos, corregirlos,
guiarlos y animarlos. AL final del noviciado el que estaba aprueba era
votado, si la votación era positiva se le permitía emitir los votos,
lo contrario si era rechazado. Una de las condiciones para la profesión
era que el novicio fuera capaz de leer con fluidez y escribir correctamente.
Para aquellos que tuvieran en poco estas exigencias hay que decirles
que la lectura y escritura implicaba una completo manejo de la gramática
latina y un conocimiento práctico del sistema de abreviaturas y contracciones,
un conocimiento de la paleografía que en la actualidad no se requiere
a ningún estudiante o escolar avanzados. Después de la profesión, le
provincial decidía lo que debía hacer el joven religioso. Podía ser
destinado a perfeccionarse en la gramática y retórica o podía comenzar
el estudio de la física y de la lógica, si su propio convento no podía
facilitar estas actividades, que era raro el caso, podía ser enviado
a otro. Una vez a la semana o cada quince días el maestro podía mantener
una repetición con sus escolares en presencia de la comunidad, con lo
que podía conocerse quien estudiaba y quien era negligente. Conventos
especiales eran designados para el estudio de la Filosofía y de la Teología;
en Inglaterra, la primera se enseñaba en Winchster, la segunda en Coventry.
Los estudios superiores se continuaban en los studia generalia de los cuales en 1324
había ocho: Paris, Toulouse, Bolonia, Florencia, Montpellier, Colonia
y Aviñón. Su número fue gradualmente creciendo hasta poseer uno cada
provincia, pero posteriormente cada provincia se vio obligada a enviar
ciertos número de estudiantes a cada uno de estos estudia y proveer
para su manutención nunca eran libres para enviar un número mayor de
que podían prescribir, pero tenían que pagar por el número completo
aunque enviasen menos. Además a los estudiantes se les envía a los estudia
por cuenta de la provincia, otros podían ser enviados a cuenta de sus
parientes y amigos, partiendo de que los superiores habían dado su consentimiento.
El número de estudiantes Carmelitas reunidos en París, promediaba en
unos 300, en Londres alrededor de 100. La mayoría de los estudiantes
era enviados de forma sencilla justamente para completar dos cursos,
después retornaban a sus provincias, solamente los más prometedores
seguían estudios para graduarse, esto suponía una prolongada residencia
en las universidades, 10, 12 o más años y su correspondiente gasto (
Para los estudios universitarios y sus diferentes etapas para obtener
el grado de Maestro en Teología ver UNIVERSIDADES) Los capítulos provinciales
y generales regulaban la sucesión de los lectores en las Sagradas Escrituras
y Sentencias, especialmente en París, la más famosa universidad, la
provisión de plazas era a menudo hecho por diez años consecutivos, así
se aseguraba de forma estable la suplencia de lectores capaces y se
distribuían mejor los posibles honores entre todas las provincias. En
las universidades sólo se permitía un fraile por cada orden mendicante
tomar grados durante un año y cada orden estaba naturalmente ansiosa
por colocar a los sujetos más capaces en el primer plano. No era por
lo tanto exagerado alardear, cuando a veces se decía o escribía que
uno de los Carmelitas era el mejor lector de su tiempo en París. Como
París era la más famosa universidad, los doctores de París tenían preeminencia
sobre los de otras universidades. Durante el Cisma París tomó partido
por Clemente que se apoyaba en su poder. Los partidarios de Urbano transfirieron
las prerrogativas de París a Bolonia (provisión inútil) Existe allí
una completa lista de los maestros de París, pero de las otras universidades
una fragmentaria información. Desgraciadamente el registro de la provincia
inglesa fue destruido durante la Reforma, mientras que la mayor parte
de los archivos de Oxford y Cambridge se perdieron durante la Guerra
Civil, así las impagables noticias reunidas por John Bale, son la fuente
principal para nuestro conocimiento de la actividad carmelitana en las
universidades inglesas
Penas establecidas por la Regla
Las constituciones tratan detalladamente de las faltas cometidas
por los religiosos y su castigo. En pocas palabras, no está fuera de
lugar tratar los más serios incumplimientos de la disciplina, especialmente
violación de los votos. Las faltas contra la castidad eran castigadas
con seis meses, si era notoria con diez años de cárcel y la pérdida
de voz y lugar en los capítulos durante de tres a cinco años. Si especiales
circunstancias lo requerían el castigo se aumentaba y en casos de un
grave escándalo el culpable era enviado a galeras a duros trabajos durante
un número de años o incluso permanecer de por vida, Si existían serias
sospechas contra alguien que eran imposibles
de probar o desaprobar, al acusado se le permitía el beneficio
de una purificación canónica, por ejemplo hacerle negar el cargo bajo
juramento, se presentaba ante seis religiosos de buen nombre y allí
determinaban bajo juramento que consideraban el cargo infundado y al
acusado inocente. Si no era capaz de encontrar testigos, era castigado
tan pronto como había sido convicto. Otras faltas que solían darse era
la abierto desobediencia y rebelión contra las órdenes de los superiores,
el ejercicio indebido de la propiedad, el robo, la apostasía ( por la
cual se entendía cualquier ausencia del convento sin permiso, aunque
no hubiera intención de abandonar la Orden permanentemente) Así si un
religioso siendo enviado a un lugar a otro se desviaba del camino sin
causa y salía de su camino sin necesidad, era castigado como apóstata,
además si un lector de universidad abanaba la ciudad antes de finalizar
el curso era juzgado reo de la misma falta. Su acción perjudicaba el
honor de la orden. En todas estas materias se debe admitir que el sistema
de penas medieval era más riguroso que el actual y muchas faltas se
atribuían a la perversión de la voluntad, cuando nosotros las atribuimos
a la debilidad de carácter o a al trastorno mental. Las faltas más graves
eran juzgadas y castigadas por los capítulos provinciales y generales
a quien también se les reservaba la absolución de los culpables y su
reinserción. El Capítulo General, frecuentemente concedía el perdón
a todos los prisioneros, excepto a los recientemente condenados y fueron
ocasionales las quejas porque algunos de los superiores mostraban indebida
indulgencia; el material nos manifiesta que la disciplina se mantenía;
con un promedio de 2000 frailes o más durante el S.XV, la crónica
escandalosa carece de importancia, lo que habla a favor de la
Orden, el porcentaje más alto de este número eran estudiantes expuestos
a muchas tentaciones.
Revisión de las Constituciones
Estas constituciones sufrieron numerosos cambios. Casi a cada capítulo
se la añadieron cambios que eran frecuentemente cancelados o modificados
por subsiguientes capítulos. John Balistario (1358-74) publicó una edición
revisada en 1369 (inédita) y la mitigación de la regla por Eugenio IV
necesitó una posterior revisión bajo John Soreth (1462, editada en 1499)
Sin embargo, se debe admitir que la legislación de la Orden cambió muy
despacio y muchas medidas fueron eliminadas casi tan pronto como se
tomaban. Además leyes que podían ser excelentes para Noruega o Inglaterra,
apenas eran aplicables en Sicilia o en Sevilla. Estos simples hechos
explican muchas quejas sobre la relajación o la necesidad de disciplina.
Desde la aprobación de la Orden por el concilio
de Lyón hasta el estallido del Gran Cisma de Occidente (1274-78)
hubo un crecimiento firme de provincias y conventos, interrumpido
sólo temporalmente por la Peste Negra. Durante la época del Cisma,
este afectó tanto a provincias como a individuos, que tomaban partido
según las políticas del país al que pertenecían. Un censo elaborado
en 1390 muestra las siguientes provincias por parte de los Urbanistas:
Chipre ( con un número de conventos no contabilizados); Sicilia
con 18 conventos; Inglaterra con 35, Roma con 5: Baja Alemania con
12; Lombardía con 12 o 13; Toscana con 7; Bolinia con 8; Gasconia
con 6. Los clementistas con Escocia, Francia, España y la mayor
parte de las casas de Alemania eran bastantes más poderosos. El
General, Bernadrdo Olerius, (1375-83) siendo nativo de Calatonia
se adhirió a Clemente VII y fue sucedidio primero por Raymond Vaquerius
y después por John Grossi (1389-1430), uno de los generales más
activos, quien durante el cisma fundó numerosos conventos y mantuvo
excelente disciplina entre los religiosos pertenecientes a su partido,
de esta forma en la unión de 1411 fue elegido por unanimidad general
de toda la Orden. Los urbanistas tuvieron pero fortuna. Migue de
Anguaris, quien sucedió a Olerio (1379-86) habiendo caído bajo sospecha,
fue desposeído después de un largo proceso; la administración financiera
dejó mucho que desear; la pérdida de París después del reestablecimiento
de la unión llegó a ser necesario un cambio radical de la regla.
Este, como hemos visto, fue originalmente llevado a cabo por un
puñado de eremitas que vivían en un singular apacible clima. A pesar,
de los pocos cambios llevados a cabo por Inocencio IV, la regla
era vista como demasiado severa por aquellos que ocupaban la mitas
de su vida en el trabajo intelectual intenso de la universidad y
la otra mitad en el ejercicio del sagrado ministerio en el convento.
En consecuencia Eugenio IV concedió en 1432 un mitigación permitiendo
el consumo de carne en tres o cuatro días a la semana y en la dispensa
de la obligación del silencio y del retiro. Pero aún así los principales
abusos que se habían extendido durante el S. XIV no hubo forma de
eliminarlos.
Abusos e irregularidades
Es indispensable tener una idea clara de aquellos abusos para comprender
las reformas de vida que los contrarrestaban:
-La permanencia de superiores. Incluso un excelente
superior es capaz de perder su primera energía después de numerosos
años, mientras un indiferente superior rara vez mejora. Este es
un de los problemas más difíciles en la historia del monacato, pero
la experiencia de 500 años ha inclinado la balanza a favor de una
limitada permanencia en el cargo.
-El derecho a la propiedad privada. A pesar del
voto de pobreza, muchos religiosos fueron autorizados a usar de
ciertas ingresos de propiedad hereditaria, o disponer de dinero
adquirido por su trabajo, enseñando, predicando, por copias de libros,
etc.. Todo esta plenamente regulado por las constituciones, requería
especial autorización de los superiores. Era, entonces, totalmente
reconciliable con una buena conciencia, pero inevitablemente causaba
desigualdades entre frailes ricos y pobres.
-La aceptación de puestos de honor fuera de la
Orden. Desde mediados del S.XIV los papas se mostraron más generosos
en la concesión de privilegios de capellanías papales, etc., a aquellos
que pagaban pequeños honorarios a la Chancillería Apostólica. Estos
privilegios prácticamente alejaban a los religiosos de los mandatos
de sus superiores. Después de la Peste negra (1348) cientos de beneficios
quedaron vacantes, los cuales eran muy parcos para llenar la vida
a un titular (9 después por religiosos, entre otros los carmelitas,
que por un insignificante servicio, como era la ocasional celebración
de la Misa, obtenía un pequeño pero aceptable ingreso. La papal
dispensa de compatibilidades (ab compatibilibus) y el necesario
permiso de los superiores se obtenía con facilidad. Otros además
fueron autorizados a servir a altos eclesiásticos o gente de ley
en todas las ocupaciones que pertenecen a un religioso
o actuar como capellanes en embarcaciones o desempeñar le puesto
de organista en parroquias e iglesias. Tales excepciones, de las
cuales muchos ejemplos podían ser citados, tendían a hacer perder
losa obligaciones de la observancia religiosa, algunos ejercieron
llenos de orgullo lo que habían conseguido y con mucho envidia de
los menos afortunados.
-Otra fuente de desórdenes se encontró en pequeños
conventos con muy pocos religiosos, de los cuales, naturalmente,
no se podía esperar una observancia plena y a veces apenas se guardaba
alguna.
Reformas
Estos y otros abusos no fueron exclusivos de los Carmelitas se dieron,
a decir verdad, por igual grado en todas las órdenes mendicantes y despertaron
en todas las partes voces que clamaban por la reforma. De hecho mucho
antes del final del Cisma de Occidente casi todas las órdenes habían
iniciado largos procesos parciales y locales de reformas que constituyen
uno de las más alentadores de la historia del S.XV (...........) Esto
no estaba en poder de reformadores individuales, aunque santos, sino
que requería la acción concertada de toda la Iglesia. Lo que motivo
que el Concilio de Trento levantara la total concepción de la vida religiosa
a más alto nivel. El primer intento de Reforma en la Orden Carmelitana
data de 1413 cuando tres conventos, Le Selve cerca de Florencia, Gerona
y Mantua, acordaron adoptar ciertos principios entre los que estaba
la limitación del desempeño de cargo a dos años, con una forzada vacación
de cuatro años cada dos al finalizar el cargo; la abolición de la propiedad
privada y la abolición de todos los permisos que requirieran la residencia
de los religiosos fuera del convento. Después de extraordinarias dificultades
la congregación de Mantua, así llamada, obtuvo en 1442 una gestión quasi-autónoma
bajo el vicario general. Gradualmente se pusieron bajo la autoridad
algunos otros conventos de Italia, pero fue después de la muerte del
general Soreth, él mismo un ardiente reformador, pero enemigo de todas
las tendencias separatistas, que habían comenzado a extenderse con rapidez.
En 1602 contaba 52 casas. El más conocido miembro de la reforma fue
Bautista Mantuana (español), quien desempeñó el puesto de vicario general
seis veces y llegó a ser general de toda la Orden. Los estatutos de
esta congregación fueron editados en 1540 y por segunda vez en 1602.
Después de la Revolución Francesa fue uniéndose con las restantes del
viejo tronco de la Orden en Italia.
El Beato Juan Soreth (1451-71) llevó a cabo durante
su generalato una reforma similar, pero sobre las bases de las Constituciones..
Su propia vida y obra son una prueba de que bajo ciertas circunstancias
un prolongado desempeño del oficio puede ser beneficioso. Mientras
oficialmente visitaba numerosas provincias, estableció en da una
de ellas algunas casas reformadas. Para éstas obtuvo numerosos privilegios:
ningún superior podía denegar el permiso a alguien deseoso de ingresar
en tales conventos; el simple hecho de ingresar en una casa reformada
dispensaba a un religioso de las penas en que previamente había
incurrido, las cuales, sin embargo revivían si él retornaba al convento
no reformado. Ningún superior podía retirar a un religioso de una
comunidad reformada, excepto con el fin de reformar otras casas
como su integrante. Si Soreth, en general, tuvo éxito en su empresa,
también encontró cierta oposición sistemática en parte de los graduados
que no deseaban perder sus privilegios de no asistir al coro, comer
privadamente y tener hermanos legos y ayudantes ( jóvenes hermanos)
para realizar trabajos serviles para su personal cuidado y quienes
preferían retirarse a conventos lejanos antes de someterse a las
reglas del general. Los últimos obtuvieron licencias de la Santa
Sede para conseguir el título de doctor no estando capacitados por
los estudios universitarios, un muy peligroso proceder que antes
había dado lugar a serios abusos. Con frecuencia se ha afirmada
que Soreth murió envenenada pero no hay fundamento para semejante
calumnia. Incluso después de su muerte el movimiento que felizmente
había iniciado no había perdido su vigor, pero ninguno de sus inmediatos
sucesores comprendió el arte de apelar a los más altos de sus ideales,
por los que Soreth había conseguido su maravillosa influencia. Christofer
Martignon (1472-81) fue considerado un intruso, su elección se debió
a la presión ejercida por Sixto IV, su amigo personal, y Pontius
Raymond (1482-1502) tuvo reputación de ser mártir. Peter Terasse
(1503-16) visitó muchas provincias y ha dejado en su diario (inédito)
un vivo cuadro del estado de la Orden inmediatamente antes de la
Reforma. Muchos conventos fueron reformados, mientras otros fueron
levantados a mayor perfección. El mismo, sin embargo, era muy generoso
en otorgar licencias y permisos, y aunque estricto en los castigos,
contribuyó no poco ha intentar abolir los abusos. Su sucesor, el
Beato Bautista Mantuano (1513-16) era demasiado anciano y se desgastó
para ejercer influencia duradera. Obtuvo el reconocimiento de la
congregación de Albi.
Esta congregación había sido fundada en 1499 por
el obispo Louis de Amboise, quien consiguió del Mantuano dos religiosos
uno de los cuales murió viajando, el sobreviviente encontró en el
Colegio Montaigu de París unos veinte estudiantes dispuestos a abrazar
la vida religiosa. Fueron ubicados en el convento de Albi, mientras
los residentes legítimos fueron desalojados. Pronto otros conventos
Meaux, Rouen, Toulouse, se unieron al movimiento, a cuya frente
estaba Louis de Lyra. Se cuenta, aunque apenas es creíble, que el
general murió de dolor cuando tuvo noticia de esta nueva división
de la Orden. El Capítulo General de 1503 excomulgó a Louis de Lyra,
teniendo en cuenta que el derecho a la reforma pertenecía al general
y no a los que a sí mismos se constituían en reformadores. Pero
la congregación estaba bastante fuerte para oponer resistencia y
había encontrado aceptación en los más importantes conventos de
la Orden en Paris. El siguiente año Terasse permaneció cinco meses
allí intentado la vuelta de los disidentes. Por último, por un extraño
error de juicio ordenó a los lectores abandonar París a la conclusión
del curso y a los estudiantes volver a sus conventos de origen en
el plazo de tres días. El resultado natural fue que muchos de ellos
se unieron a la congregación de Albi que ahora conseguía el completo
dominio de París. Se llegó a un compromiso por el que las vacantes
fueron alternativamente cubiertas parte por la Orden parte por la
Congregación. Bautista Mantuano obtuvo por último la aprobación
papal y una extensión de los privilegios para su congregación. A
pesar de esta victoria la nueva congregación fue presa de la desunión
y fue incapaz de progresar. Los males traídos por la Reforma y las
guerras civiles y religiosas pesaron mucho sobre ella hasta que
en 1584 fue disuelta por la Santa Sede.
Una reforma muy diferente era la del convento de
Monte Olivete, cerca de Génova, 1514, basada en una vuelta a la
más pura vida contemplativa y en la antigüedad de la Orden. El general
Bautista Rubeo ha dejado constancia, durante su visita en 1568,
que duró sólo tres días, se abstuvo de comida de carne Este reforma
continuó hasta el S.XVI. Una última reforma que sirvió del modelo
de Santa Teresa fue inaugurada en Rennes 1604 por Felipe Thibault
(1572-1638) y nueve de sus compañeros. Con la asistencia de los
Carmelitas Descalzos había sido capaz de darle sólida base de tal
forma antes de que pasase un tiempo fue abrazada por la provincia
de Touraine. A diferencia de otras reformas permaneció en orgánica
unión con la Orden y gozó del favor de la Corte Francesa. Entre
sus grandes figuras estaba Leo de San Juan uno de sus primeros superiores
y el hermano ciego, Juan de San Samson, autor de varios trabajos
sobre la vida contemplativa.
Afiliaciones, Hermanas Carmelitas
Hacia la mitad del S.Xv varias comunidades de Bejines en Gueldre,
Dinant, etc., se aproximaron a John Soreth con el requerimiento de ser
afiliadas a la Orden (1452). Les dio la regla y constituciones de los
frailes, a las que añadió especiales regulaciones que desgraciadamente
no se guardaron. El prestigio de las Hermanas Carmelitas creció rápidamente
cuando la Duquesa de Bretaña, Beata Francisca de Amboise (1427-85) unió
uno de los conventos que ella misma había fundado. Antes del final de
siglo había conventos en Francia, Italia, (Beata Juana Scopelli, 1491)
en España. Especialmente en este país el género de vida de las hermanas
era generalmente admirado y muchos conventos llegaron a estar tan completos
que los escasos medios económicos apenas eran suficientes para su manutención.
Santa Teresa y S. Juan de la Cruz. El convento
de la Encarnación de Ávila estaba destinado a moldear el más brillante
ornamento de la Orden del Carmen, Sta. Teresa de Jesús. Nacida en
1515, ingresó en el convento en 1535 y prometió los votos al año
siguiente. Poco después enfermó, incapaz de cumplir las obligaciones
de una religiosa, se entregó a la práctica de la oración mental;
asustada por los directores espirituales que la creían víctima de
ilusiones diabólicas, pasó por un período de pruebas interiores
que despertaron en ella un deseo de mayor perfección de vida. Aprendiendo
que la Regla primitiva orientaba a la vida contemplativa y prescribía
algunas austeridades que se habían mitigado decidió fundar un convento
para trece hermanas en su ciudad natal, después de muchas dificultades
pudo consagrarse el 24 de agosto de 1562. El General, Rubeo (1564-78),
quien por esta época visitaba España, aprobó lo que Sta. Teresa
había hecho, y la alentó para seguir fundando. En un carta escrita
en Barcelona (inédita) se extiende en las bondades de la vida contemplativa
y concede autorización para la fundación de dos conventos reformados
de frailes dentro de la provincia de Castilla. Pero prevenido por
lo que había acontecido en el caso de la congregación de Albi decretó
algunas regulaciones rigurosas para erradicar desde el principio
cualquier tendencia separatista. Durante 15 años Sta. Teresa fundó
dieciséis conventos de monjas, con frecuencia superando las más
duras obstinaciones.
Entre los frailes encontró dos entusiastas colaboradores,
el prior Antonio de Heredia que había desarrollado importantes cargos
en la Orden, por ejemplo, el de auditor de causas civiles en el
Capítulo General de 1564, y san Juan de la Cruz, que acaba de completar
sus estudios. Se entregaron con sobrenatural coraje a una vida de
indecible dureza y se les juntaron no sólo algunos postulantes,
sino también algunos de sus antiguos hermanos en religión. La provincia
de Castilla era numéricamente escasa, lo que motivó que el provincial
se opusiera a la marcha de algunos de sus miembros, especialmente
los mejores y más prometedores. El nuncio papal, Hormaneto, mostraba
disponibilidad favorable hacia la reforma. Como visitador apostólico
de las órdenes religiosas tenía poderes papales y se consideró autorizado
para anular las limitaciones impuestas por el General. Concedió
autorización para la fundación de otros conventos de frailes, además
de las dos estipulados por el general, además la extensión de la
reforma a la provincia de Andalucía. Por un incomprensible error
de juicio nombró visitador de los Carmelitas Calzados de esta provincia
a Jerónimo de la Madre de Dios (Jerónimo Gracián, 1545-1615), que
acababa de profesar en la Reforma del Carmen Descalzo, y que, aun
cuando era celoso y prudente, no podía demostrar mucha experiencia
de vida religiosa. Los Carmelitas Calzados apelaron a Roma y el
resultado fue que el General mostró desagrado hacia la nueva reforma.
Él mismo era un reformador y había favorecido la fundación de un
convento de monjas reformadas por María de Jesús en Alcalá de Henares
(1563) y, un convento reformado de frailes en Onde de Aragón por
James Montanes (1565), en sus visitas frecuentemente recurría a
medidas drásticas para superar los impedimentos, además era estricto
en la disciplina, castigando las faltas con severidad para nosotros
inconcebible. Cuando encontró que el peligro que trata de evitar,
por ejemplo la repetición de los desórdenes causados por la congregación
de Albi, volvía a repetirse atacó de raíz la nueva reforma. El Capítulo
General de 1575 decidió abolir la Reforma Descalza, amenazó enviar
a Mariano del Terdo, un antiguo ermitaño y a Baldassare Nieto, un
ex.Mínimo, a sus primeros domicilios, ordenó que los tres conventos
andaluces de Granada, Sevilla y la Peñuela, fuesen cerrados y los
frailes volviesen a sus primeros conventos, como máximo en tres
días. Las actas del capítulo (inéditas) son silenciadas entre las
monjas, pero son conocidas por la de Santa Teresa quien recibió
órdenes de elegir un de los conventos en el que permanecer y abstenerse
de nuevas fundaciones.
Los frailes descalzos, sin embargo, apoyándose
en los poderes que habían recibido del Nuncio, rechazaron aquellas
órdenes y hasta llegaron a celebrar un capítulo provincial en Almodóvar
(1576). El general envió un visitador con plenos poderes. Girolamo
Tostado, quien había sido su oficial acompañante y estaba familiarizado
con sus intenciones. En esta coyuntura murió el nuncio y fue sustituido
por Sega, quien en un primer momento permaneció imparcial, pero
pronto comenzó a proceder con vigor contra la reforma. Un segundo
capítulo se había celebrado en el mismo lugar (1578), el nuncio,
excomulgó a los capitulares, san Juan de la Cruz fue detenido en
el convento de la Encarnación en Ávila de donde era confesor, trasladado
a Toledo, fue arrojado a una mazmorra y cruelmente tratado, otros
fueron encarcelados en otras partes. La persecución duró un año
hasta que por fin intervino Felipe II. La Reforma de esta manera
había sido probada fuertemente. Se decidió darle estatuto legal
para establecer una provincia especial de frailes descalzos y monjas,
pero bajo la obediencia del general (1580). El primer provincial
fue Jerónimo Gracián, quien había sido el principal valedor de Sta.
Teresa. A ella le fue dado ver el triunfo de la reforma, pero moría
el 4 de octubre de 1582, herida por la desunión de los frailes por
la reforma que había iniciado
No solamente estaba ansiosa por volver a introducir
la vida contemplativa, sino que conociendo como tantas almas se
perdían diariamente por la herejía y la incredulidad deseaba que
sus monjas rezaran y ofrecieran mortificación por la conversión
de los infieles y herejes, mientras que los frailes se comprometían
en la vida activa. Gozaba cuando san Juan de la Cruz y sus hermanos
iban de aldea en aldea instruyendo a los ignorantes en la Doctrina
Cristiana y, no pudo reprimir su alegría cuando en 1582 misioneros
de la orden fueron enviados al Congo. Esta primera expedición, así
como la segunda tuvieron un final repentino cuando naufragaron,
pero la tercera fue un éxito, por lo menos hasta que recibió apoyo
desde casa.
Jerónimo Gracián, el provincial, ponía el corazón
y el alma en sus obligaciones. Cuando concluyó su permanencia en
el cargo, fue remplazado por un hombre de muy diferente temperamento,
Nicolás Doria, conocido en religión como Nicolás de Jesús (1539-1594),
era genovés, quien había llegado a España como representante de
un gran banco; con su habilidad había sido capaz de rendir importantes
servicios al rey. Deseando una vida más perfecta, distribuyó su
inmensa fortuna entre los pobres, recibió órdenes sagradas y se
unió a los frailes reformados en Sevilla (1577). Rápidamente ascendió
de dignidad en dignidad y mientras se encontraba fundando en su
ciudad natal, fue elegido provincial de los Carmelitas Descalzos.
Dotado de un carácter férreo e indomable energía, desde el primer
momento moldeó a sus subordinados conforme a sus ideales. Habiendo
conocido el primitivo espíritu de la Orden durante las primeras
dificultades anteriores a la separación de su provincia, no deseó
que se uniese de ninguna forma. Amplío aún más la brecha entre ambos
lados, sustituyó contra la voluntad de los frailes la venerable
liturgia carmelitana por los nuevos libros del oficio Romano, solicitando
privilegios de Roma; retiró a los misioneros del Congo; renunció
totalmente a extender la orden fuera de España; restringió el trabajo
apostólico al mínimo; incrementó la austeridad y sin consultar al
capítulo introdujo una nueva forma de gobierno, de la que se dijo
alguna vez, que era más propia para gobernar una república italiana
rebelde que para la dirección de una congregación religiosa. Marginó
a San Juan de la Cruz a un convento lejano y con pretextos ridículos
expulsó de la orden a Jerónimo Gracián. Finalmente durante el Capítulo
General de 1593 propuso para salvaguarda de la paz y la tranquilidad
y por otras muchas razones, la total separación de los Carmelitas
Descalzos del resto de la Orden, lo cual fue garantizado por una
Bula del 20 de Diciembre, del mismo año. Doria llegó a ser el primer
General de los Carmelitas Descalzos. Murió pocos meses después.
Sería injusto minimizar sus méritos y sus talentos, pero debe reconocerse
que en bastantes aspectos su espíritu era diametralmente opuesto
a los altos ideales de Sta. Teresa y a las generosas disposiciones
de San Juan de la Cruz mientras que la injustificada expulsión de
Jerónimo Gracián es una mancha en su reputación. Fue, había dicho
en lecho de la muerte, la única cosa que turbaba su espíritu. Los
Carmelitas Españoles prácticamente habían renunciado a todo apostolado,
la historia de este parte de la orden queda reducida a las noticias
sobre la fundación de conventos y a la verdaderamente edificante
vida de los frailes y de las monjas. A finales del S.XVIII España
poseía 8 provincias, con aproximadamente 180 conventos de frailes
y 39 de monjas. Gran número de conventos fueron suprimidos en 1836,
pero muchos fueron restaurados desde 1875, cuando la vieja congregación
española estaba unida a la italiana. Ellas constituyen la orden
de los Carmelitas Descalzos, sin subdivisión. La Provincia Portuguesa
fue separada de la Congregación Española en 1773 por razones políticas,
poseía 21 conventos de frailes y nueve de monjas, recientemente
todos fueron secularizados en 1834.
Apostolado misionero
Como se ha dicho, las dos primeras expediciones misioneras tuvieron
un final prematuro; la primera naufragó, la segunda fue capturada por
corsarios, cuando fueron liberados los misioneros intentaron continuar
su viaje hacia las costas occidentales de África, avanzaron hasta Méjico,
en donde fundaron una provincia que en el transcurso del tiempo llegó
a abarcar 20 conventos de frailes y 10 de monjas, que fueron finalmente
suprimidos por el Gobierno. Tan pronto como Rubeo en 1563 lo permitió
el fraile calzado, Francisco Ruiz, fundó en Perú, Florida y además fue
nombrado al mismo tiempo vicario general. En 1573 había conventos en
Santa Fe ( Nuevo Méjico) Nueva Granada y en otros lugares, incluso había
previstas nuevas fundaciones. El Capítulo de 1666 tomó al asunto seriamente
y después de ciertas reformas se habían fundado las provincias de Bahía,
Pernambuco y Río de Janeiro que fueron erigidas en 1720.. Había también
fundaciones en Guadalupe y Santo Domingo y existen evidencias que se
intentaron fundaciones, no llevadas a acabo, en las Islas Filipinas
hacia 1705. Las monjas Carmelitas Descalzas de la congregación de España
fundaron su género de vida en Sudamérica, desde principios del S.XVI,
algunos perviven en la actualidad y otros han sido fundados más tardíamente
en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú.
La congregación de Carmelitas Descalzos de San
Elías, también conocida como la Congregación Italiana, fue erigida
a instancias de Clemente VIII. Por extrañas ironías del destino
Nicolás Doria, quien siempre se opuso a extender la orden más allá
de la Península y de las colonias españolas, había sido comisionado
en 1584 para fundar en Génova. A esta había seguido otra en Roma,
Santa María de la Escala destinada a ser la semilla de una nueva
congregación y ejemplo vivo de perfecta observancia, otra (se fundó)
en Nápoles. Algunos de los miembros más sobresalientes de la Congregación
Española habían sido enviados a aquellas fundaciones, entre ellos
el Venerable Pedro de la Madre de Dios (1565-1608) y Fernando de
Santa María (1538-1631) quien llegó a ser el primer superior; el
Venerable Juan de Jesús maría (1564-1615) cuyas instrucciones para
los novicios habían llegado a ser una autoridad y cuyo cuerpo incorrupto
se conserva aún el convento de San Silvestre, cerca de Monte Compartí;
Ven. Domingo de Jesús Maria (1559-1630) la mayor maravilla de su
tiempo y Tomás de Jesús (1568-1627) a cuyo genio organizativo no
sólo sino la Orden tanto deben. Con varones como estos a su frente
la congregación aumentó rápidamente, no sólo en Italia sino también
a lo largo y ancho de Europa y atrajeron a varones de la más alta
posición social. El Archiduque Alberto de Austria y su esposa, la
infante Isabel Clara Eugenia de España, había pedido a Roma una
fundación de Carmelitas Descalzos, el Papa designó a Tomás de Jesús
fundador de la provincia de Bélgica. En el curso de 12 años fundo
sucesivamente 10 conventos de Frailes y seis de monjas. El establecimiento
en Francia fue más dificultoso; la sistemática oposición de diversos
círculos presentó seria resistencia a las fundaciones, pero desde
1611 hasta el final del siglo se fundaron dos conventos por años.
Alemania, Austria, Polonia, incluso la distante Lituania se abrieron
a los discípulos de Sta. Teresa. La extensión de la Congregación
se ilustra mejor con las estadísticas. En 1632 La Reforma contaba
con 763 sacerdotes, 5471 clérigos y novicios y 289 hermanos legos,
total 1523. En 1674 había 1814 sacerdotes, 593 clérigos y 747 hermanos
legos, total 3154. En 1731 el total de miembros era 4193. No hay
estadísticas posteriores disponibles, pero se puede aceptar el incremento
durante 20 años, hasta que el espíritu de Voltaire se hizo sentir.
Comparativamente se ha publicado poco acerca de las fundaciones,
los anales de la Orden se extienden como mucho hasta 1612 y mucho
material manuscrito se ha perdido, pero es mucho que lo que está
esperando la mano del cronista.
Aunque el ejercicio de la vida contemplativa ha
tenido preeminencia constante en la congregación italiana, la vida
activa ha recibido una visión más amplia que en la parte española
de la Orden. Casi desde el principio se había decidido sobre la
principal y plena armonía con las intenciones de Sta. Teresa, por
las que los compromisos misioneros eran completamente reconciliables
con el espíritu de la Congregación. El mismo Papa recomendó Persia
como el principal campo de trabajo misionero para los misioneros
carmelitas. Tal fue el celo de los frailes reunidos en capítulo
que cada uno prometió estar dispuesto a abandonar sus cargos y partir
para la conversión de los infieles tan pronto como sus superiores
les dieran permiso para ponerlo en práctica. Esta promesa se emite
en le presente por cada miembro de la orden. Esto no se lleva a
cabo hasta 1604 cuando la primera expedición guiada por Pablo Simón
de Jesús María fue enviada a Persia. Tres padres, un hermano lego
y un terciario, procedentes de Alemania, Polonia y Rusia, siguiendo
el curso del Volga, navegando a través del Mar Caspio, después de
tres años de gran dureza llegaron a Ispahán, el 2 de diciembre de
1607. Se encontraron con sorprendentes sucesos y recuperándose rápidamente
fueron capaces pronto de extender su actividad a Bagdad, Basora
y otras ciudades, penetrando en la India donde fundaron florecientes
las florecientes misiones de Bombay, Goa, Quilón, Verapoly y en
otras partes, incluso en Peking. Algunas de estas misiones están
regentadas por la Orden, aunque los acontecimientos políticos de
los siglos XVIII y XIX fueron fatales para otros. Otro campo de
apostolado era el de Oriente Medio, Constantinopla y Turquía, Armenia
y Siria. A las que hay que añadir en 1720 una nueva misión
en América, en el distrito llamado Misipi (Missisipi) o Lusitania,
que había sido ofrecido por el Capitán Poyer en nombre de Francia,
bajo ciertas condiciones, si bien esta misión fue aceptada no parece
haber progresado. Uno de los felices acontecimientos fue la fundación
de misiones en el Levante fue la recuperación del Monte Carmelo,
que se había perdido en 1291. Próspero del Espíritu Santo en sus
viajes a la India había visitado repetidas veces la Santa Montaña
y se había convencido que con prudencia y tacto podría recuperarlo.
Durante algún tiempo los superiores no estaban favorablemente dispuestos
para el proyecto, pero finalmente le dieron los poderes necesarios
y un contrato que fue sellado en Caifa, 29 de noviembre de 1631.
Onofre de Santiago, un belga, y dos compañeros fueron comisionados
para reestablecer la vida religiosa en el lugar en donde la Orden
Carmelitana había tenido su principio. Llegaron a Alejandría el
5 de noviembre de 1633 y desde el principio, en el siguiente años,
tomaron posesión del Monte Carmelo. Como celdas, oratorio, refectorio
y cocina utilizaron cavernas abiertas en rocas vivas. La vida por
su soledad y austera era parecida a la de los profetas, que habían
habitado en el Carmelo. Enseguida fue necesario construir un convento,
en el que se instalaron el 14 de diciembre de 1720, saqueado por
los turcos a los pocos días, ataron a los hermanos de pies y manos.
Este convento sirvió de hospital durante la campaña de Napoleón;
los religiosos fueron expulsados y en su retorno 1821 (..........).
Un lego italiano, Juan Bautista del Santísimo Sacramento /1777-1849)
habiendo recibido órdenes de reedificarlo y habiendo recolectado
limosnas en Francia, colocó la primera piedra del nuevo edificio
en 1837. Pero fue necesario construir uno mayor que el primero,
que fue completado por su sucesor, Hermano Carlos, en 1853. Forma
un bloque grande, bastante fuerte para ofrecer protección contra
los ataques hostiles; la iglesia están en el centro con una entrada
no directa desde fuera; está erigida sobre una cripta consagrada
al Profeta Elías, elevada por el Papa al rango de basílica menor.
Los Carmelitas no escatimaron los peligros a los que está expuestos
la vida misionera. Juan de Jesús Crucificado, uno de los primeros
expulsados de Persia se encontró con un recibimiento hostil en el
vecindario de Moscú; fue arrojado a una mazmorra en donde permaneció
tres años. Por último fue liberado y nada desalentado, continuó
su viaje a Ispahán. Otro hermano lego, Charisius de Santa María,
sufrió martirio en 1621 en la isla de Ormuz, fue colgado de un árbol
y se cayó vivo. San Dionisio de la Natividad (Pierre Bertholet)
y Redento de la Cruz, un hermano lego portugués, sufrieron por la
Fe en Sumatra 28 de Noviembre de 1638. El primero había sido piloto
y cartógrafo del virrey Portugués, pero abandonó su profesión y
entró en le noviciado de Goa. Después de su profesión el virrey
una vez más demandó sus servicios para una expedición a Sumatra.
Dionisio fue ordenado sacerdote, con lo que pudo al mismo tiempo
actuar como capellán y piloto, le fue dado como compañero a Redento
En seguida tomaron el barco que anclaba en Achin, el embajador y
su compañía fue pérfidamente capturado, Dionisio y Redento y otros
fueron entregados a la muerte con extremada crueldad. Los dos carmelitas
fueron beatificados en 1900. Otros miembros de la Orden sufrieron
martirio en Patras de Acacia en 1716. Para asegurar la regular provisión
de misioneros la Orden estableció algunos colegios misioneros. La
idea original había sido fundar una especial congregación bajo el
patrocino de San Pablo, que debería entregarse fielmente al trabajo
misionero. La Santa Sede concedió el permiso y puso la iglesia de
san Pablo en Roma (hoy Santa María de la Victoria) a disposición
de la congregación, pero en una segunda consideración el proyecto
fue abandonado y la carrera misionera se abrió a todos los miembros
de la congregación de Italia. Aquellos que mostraban talento, después
de completar sus estudios ordinarios eran enviados al colegio de
San Pancorbo en Roma (1662) o al de San Alberto en Lovaina (1612)
para estudiar dialéctica, teología pastoral, lenguas y ciencias
naturales. Después de un año se le permitía emitir el voto misionero
y retornaban dos años después a sus provincias hasta que una vacante
en una de las misiones necesitara la dedicación de apóstol, así
la orden estaba preparada para enviar misioneros preparados con
la suficiente antelación. El seminario de misiones extranjeras de
París fue fundado por un carmelita, Bernardo de San José, Obispo
de Babilonia (1597.1663) Un intento en esta misma dirección se quiso
llevar a cabo poco después del concilio de Trento, pero no había
tenido continuidad. El Papa, admirador del celo misionero de los
carmelitas, dotó a Tomás de Jesús con los mejores medios para llevar
a cabo la conversión de los infieles. Este religioso en su trabajo
Stimulus missionum ( Roma 1610) y especialmente en
De procurandi salute omnium gentium(........) organizó
la Sagrada Congregación de la Propagación de la Fe; otros padres,
particularmente el Venerable Domingo de Jesús María, contribuyeron
al éxito con la recaudación de fondos; la bula de institución rinde
una particular tributo al celo misionero de los carmelitas. Al establecer
las misiones la orden tenía como objetivos no sólo la conversión
de los infieles, sino también la de los Protestantes. Sta. Teresa
misma sentía una gran pena por la extensión del Luteranismo, de
aquí las fundaciones en Alemania, Inglaterra e Irlanda. La historia
de la primera de éstas es solamente conocida en parte; de las tres
aquella fue la menos acosada por las dificultades y a pesar de los
obstáculos nunca se retrasó, no pasó por los peligros que fueron
una cuestión que ocurría casi diariamente en Inglaterra e Irlanda.Los
más eminentes miembros fueron Pedro de la Madre de Dios ( Bertius,
muerto en 1683) y su hermano César de San Buenaventura (muerto en
1662) los hijos de Pedro Bercio, rector de la Universidad de Leyden,
un famoso convertido a la Fe Católica.
Misiones en las Islas Británicas
El establecimiento de una misión en Inglaterra data del año 1615.
Thomas Dougthy de Plomby, Lincolnshire (1574-1652), probablemente un
converso, ingresó en el noviciado Carmelita de la Escala en 1610, después
había permanecido algunos años en el Colegio Inglés, en donde había
recibido órdenes sagradas. Pocos meses después por motivos de salud
debió regresar a Inglaterra, mantuvo su relación con la Orden y envió
a algunos postulantes a Bélgica. Finalmente reasumió la vida religiosa
y después de profesar continuó en Londres en donde había realizado importantes
negociaciones. Habiendo entablada amistas con el embajador español y
habiendo asegurado una capellanía para sí y sus sucesores, se introdujo
en la Corte y ganó la confianza de la reina Ana de Dinamarca. Sin embargo,
nunca estuvo muy seguro de capacidad sacerdotal y tuvo muchas dudas.
Habiéndosele juntado otras misioneros, se retiró a un lugar del país,
cerca de Canterbury en donde murió después de larga enfermedad. Intervino
en bastantes polémicas y escribió libros espirituales muy apreciados
en su tiempo. Durante años luchó por el establecimiento de un noviciado
inglés en el Continente, para lo que recaudó los fondos necesarios,
pero desgraciadamente no vieron la forma de llevar a cabo aquella idea
y cuando se decidieron llevarla a cabo ya era tarde.
El siguiente misionero, Elíseo de San Miguel (
William Pendryck, 1583-1650), un escocés y convertido, quien había
recibido su formación religiosa en París y Génova, llegó a Londres
con patentes que lo proclamaban vicario provincial y superior de
la misión. Llevaba durante la mayor parte del tiempo una vida retirada,
sin embargo no escapó a la persecución, hacia el final de su actividad
se vio envuelto en innumerables disputas como la de la exención
del poder papal; obligado a explicar su postura ante el nuncio en
Bélgica, volvió a Inglaterra lleno de pesar.
Entre los misioneros eminentes hay que señalar:
Beda de San Simón Stock (Walter Joseph Travers (1619-96) y su medio
hermano, Lucian de Santa Teresa (Georges Travers, 1642-91). El Hijo
de un clérigo de Devonshire, WaltreTravers, ejercía como notario
en Londres. Un hermano mayor se había convertido al Catolicismo
y un Jesuita, Walter, deseoso de retirarse de un destino fácil (¿?),
comenzó a estudiar obras apologéticas con resultado de que llegó
a convencerse de la verdad de la Iglesia Católica la cual fue a
abrazar a Roma. Llegó a ser estudiante en el Colegio Inglés y después
entró en la Orden Carmelitana en la que desempeñó varias responsabilidades.
Trabajo activamente en Londres duarente el periodo de la Restauración
y ha dejado huellas de su múltiple experiencia. Al estar la guerra
de Oates´Plot se vio obligado a retornar a Italia, pero después
de algunos años reanudó su apostolado en Londres hasta la vejez
y el dolor por la muerte de su hermano le obligaron a retirarse
a París en donde murió en olor de santidad. Tuvo el consuelo de
la solemne inauguración de una capilla en Bucklersbury in London,
así como en Heresford y Worcester, pero la revolución de Orange
acabó con el trabajo iniciado por él. George Travers, después de
una vida disoluta, accidentamente se encontró con su hermano en
Londres, ganado por él, fue instruido, y recibido en la seno de
la Iglesia. Cursó estudios dirigido por José de Santa María e ingresó
en el noviciado de Namur. Al estallar la conspiración fue enviado
a Londres en donde pasó aventuras emocionantes. Algún tiempo después
de la Revolución de Orange fue traicionado por un falso hermano
y encarcelado, su acusador, le siguió por diferente cargo. Este
hombre sufría una contagiosa enfermedad, que Lucian contrajo mientras
lo cuidaba y a causa de la cual murió, 26 de Junio de 1691.
Mucho menos son conocidos los misioneros del XVIII
que los del S.XVII. Sus vidas, aunque expuestas a peligros, fueron
como norma silenciosas, además el arte de la memoria escrita parece
haberse perdido bajo la casa de Orange. Uno de los más eminentes
misioneros de este período fue Thomas Blyth (q.v). En 1773 la misión
inglesa adquirió de la Compañía de Jesús, recientemente suprimido,
en Tongres, en donde un número de misioneros se preparaban para
su trabajo; después de la Revolución Francesa se trasladó a Bélgica.
La desaparición de este soplo de vida supuso la muerte de la misión
Carmelita de Inglaterra. Unos pocos misioneros permanecieron en
varios lugares, pero no recibían la ayuda necesaria ni el más pequeño
apoyo; las propiedades de la misión asó como la librería y los archivos
se perdieron por las inicuas que intentaban como último deseo la
ilegalidad católica. Con ocasión de la Emancipación Católica, Francis
Willougby Brewster fue obligado a firmar un documento parlamentario
que decía: ni superior, ni inferior, únicamente hombre.
Murió en Market Rasen en Lincolnchire 11 deEnero, 1849. El Cardinal
Wisemann, deseo de introducir los Carmelitas Descalzos en su archidiócesis,
obtuvo en 1862 una autorización para seleccionar a algunas personas
adecuadas. Su elección recayó sobre Hermann Cohen ( Agustín María
del Santísimo Sacramento 1820-71) un judío convertido de Hamburgo,
originariamente un músico brillante, cuya conversión e ingreso en
una Orden tan austera causó considerable impacto en Francia. Inauguró
una pequeña capilla en Kensington Square, Londres, 6 de Agosto,
1862, en donde la nueva comunidad luchó contra muchas dificultades,
la menor de las cuales no fue su extraordinaria pobreza. Poco antes
se había encontrado un lugar conveniente para una espaciosa iglesia
diseñado por Pugin e inaugurada por el Cardenal Manning en 1855
y un convento Acabado En 1888. Una segunda casa fue fundada en un
remoto distrito en Somerset, la semi-provincia inglesa fue canónicamente
erigida en 1885. El P. Hermann no pudo ver finalizada su obra; habiendo
sido llamado a Spandau para atender espiritualmente a los prisioneros
franceses dela guerra, murió de viruela y fue enterrado en Berlín.
Poco después de la misión inglesa, un compromiso similar fue comenzado
en Irlanda por Eduardo de los Reyes (Sherlock, 1579-1629) y Pablo
de San Ubaldo, ambos habían ingresado en el noviciado juntos en
Bélgica y con toda probabilidad estudiaron en el colegio misionero
de Lovaina. Aunque la persecución irlandesa, fue si cabe, más brutal
que la de Inglaterra, los misioneros católicos fueron el soporte
de las clases menos favorecidas, quienes se apoyaron tenazmente
en su, y donde fueron reclutados. Al lado de un convento de Dublín
fundaron residencias sobre antiguas ruinas de abadías carmelitas
( como eran llamadas) en Athboy, Dfroghda, Ardee, Kilkenny, Laughrea,
Youghal y otros lugares. Algunas de éstas tuvieron existencia efímera.
Por el mismo tiempo los Carmelitas calzados retornaron a Irlanda
y allí surgieron disputas sobre la propiedad de cuatro antiguas
conventos que habían pertenecido a los hermanos calzados. La Santa
Sede decidió en 1640 que los primeros retendrían la posesión de
los cuatro conventos antiguos que entonces habitaban, aún allí permanecen
28 casas para ser restablecidas por los Calzados. Poco después de
esto llegó a la Irlanda la persecución de Cronwell que paralizó
el aumento de las comunidades y la obligatoria disolución de las
que se habían fundado. Algunos religiosos ganaron la corona del
martirio, por ejemplo, Tomás de Aquino de Santa Teresa, quien sufrió
muerte en Ardee en 1642; Ángel de San José, clérigo (George Halley)
un inglés que fue fusilado el 15 de Agosto de 1642; Pedro de la
Madre de Dios, hermano lego, quien fue ahorcado en Dublín, 25 de
Mayo, de 1643. Hay razón para creer que otros tuvieron similar destino,
pero no se conservan datos; muchos, sin embargo, sufrieron prisión.
Tales sucesos dicen sobre la vida de la provincia canónicamente
erigida en 1638, disuelta en 1653, pero reestablecida duarente el
tiempo relativamente tranquilo de la Restauración. En 1758 una capilla
y un convento fueron edificados cerca de las ruinas de la abadía
de Loughrea, fundada en 1300 y desde 1640 en manos de religiosos
teresianos, quienes, sin embargo, fueron varios obligados a abandonarla.
Más aún, se llevaron a cabo operaciones para edificar en 1829 y
de nuevo hacia le final de siglo. El año 1793 fue testigo de la
colocación de la primera piedra de la iglesia de Santa Teresa en
Clarrendon Street, Dublín. Esta iglesia, que también sufrió frecuentes
cambios y ampliaciones, sirvió como lugar de encuentro durante la
campaña de Daniel O´Connell´s, que finalizó con el acta de la Emancipación
Católica. Se constató en esta ocasión que los intereses de la Iglesia
Católica, eran idénticos a los del país. Un tercer convento fue
edificado en Donnybrook cerca de Dublín en 1844.
Los Carmelitas Calzados parece haber intentado
una misión en Inglaterra al principio del S.XVII, cuando George
Rainer fue ejecutado (1613) No hay datos conocidos sobre su vida
y sus proyectos misioneros que parece murieron con él. En Irlanda,
sin embargo, llevaron a cabo una floreciente misión desde principios
del siglo XIX y estuvieron presentes en seis conventos y un colegio
muy bien atendido. Su iglesia en Whitfriars Stret, Dublín, es muy
conocida, tiene una arquitectura interesante.
Se propagan en 1635 al fundar en América y una
petición presentada al Papa para la aprobación de una fundación,
por alguna razón no tuvo éxito. La provincia Alemana, sin embargo,
fundó casas en Leavenworth (1864) y Scipio, Anderson Co., Kansas
(1865); Englewood, Bergen Co., New Jersey (1869); New Baltimore,
Somerset Co., Pennsylvania (1870); Niagara Falls, Canada (1875);
y St. Ciril´s College, Illinois (1899); mientras los Carmelitas
Calzados irlandeses se establecieron en 1888 en New York City y
en Tarrytown, New York, y los Carmelitas Descaolzos de Baviera en
Holy Hill y Fond du Lac, Wisconsin (1906)
Vida diaria
La vida de un carmelita es algo diferente según la rama de la orden
a la cual se pertenece, y la casa en la que se vive. La vida en un noviciado,
por ejemplo, es diferente siempre de la de aquellos que han emitido
los votos, de la de un colegio o de la de un convento, que tiene como
misión el trabajo pastoral. Es más rigurosa entre los Carmelitas Descalzos,
quienes guardan perpetua abstinencia (excepto en los casos de debilidad
o de enfermedad) y quienes se levantan por la noche a recitar el Oficio
Divino. El Carmen Calzado ha adaptado la regla a las necesidades de
los tiempos. Primitivamente el Oficio Divino era cantado todos los días,
pero cuando en el S.XVI el ejercicio de la oración mental llegó a ser
universal, particularmente debido a la influencia de Santa Teresa y
de San Juan de la Cruz, el canto se fue abandonando por la recitación
unísona, excepto en ciertas fiestas. Los Carmelitas Calzados aún siguen
la Liturgia del Santo Sepulcro de Jerusalén en rito Galo-Romano, prácticamente
idéntico al de París de la mitad del S.XII. Experimentó ciertos cambios
durante la Edad Media y se completó y se revisó satisfactoriamente en
1584. Los Carmelitas Descalzos, por razones ya explicadas, adoptaron
la nueva Liturgia Romana en 1586. En todos los conventos, cierto tiempo
se destina a la oración mental tanto por la mañana como por la tarde.
Se practica generalmente en común, en el coro o en el oratorio y se
pretende llenar el alma de la presencia de Dios y de las verdades eternas.
Otros ejercicios religiosos y devociones privadas completan la mencionadas.
La ley del ayuno es menos severa entre los Carmelitas Calzados, se conserva
aún, aunque la Iglesia ha mitigado su legislación en esta materia. Los
Carmelitas Descalzos (Teresianos) van generalmente descalzos; por lo
demás la única distinción en el hábito de las dos ramas se basa en la
forma de varias prendas. El hábito de los hermanos legos es como el
de los religiosos de coro, excepto entre los Carmelitas Descalzos, que
visten un manto marrón y no-capucha; pero en la congregación española
usan capucha y desde 1744 una capa blanca. El color del hábito ha sido
con frecuencia objeto de alguna discusión entre las ramas diferentes
de la Orden.
Conventos en el desierto
Una peculiar institución es la de los desiertos. El
recogimiento del Monte Carmelo y la pureza de la vida contemplativa,
según manda la regla, que prescribe que los hermanos deberán permanecer
en sus celdas o cerca de ellas, meditando día y noche en la Ley del
Señor, excepto cuando otra necesaria ocupación les obligue, había provocado
en muchos un deseo de una vida exclusivamente espiritual. Hay noticias
de que algunos de los primeros generales renunciaron a sus cargos para
dedicarse el resto de su vida a ka contemplación, y en las constituciones
y otros documentos se hacen excepciones favoreciendo conventos
situados en los bosques, lejos de las ciudades. Entre estos conventos
sólo se mencionan dos, Hulne en Inglaterra y Liedekerke en Holanda.
Uno de los primeros carmelitas descalzos de España, Tomás de Jesús,
que ya ha sido mencionado en relación con las misiones, concibió la
idea de fundar un desierto, en donde el religioso encontraría
la oportunidad para consagrar todo su tiempo y energía al cultivo del
espíritu de contemplación. Con la excepción de cuatro o cinco que permanecerían
allí habitualmente, cada fraile debía estar durante un año en el desierto
y después volvería al convento de donde había venido, así pues toda
comunidad estaría compuesta de frailes estaría compuesta de fuertes
y sanos miembros no habría relajación sino la mínima necesaria. Después
de alguna duda la superiores aceptaron la idea y en una sitio adecuado
que había sido encontrado, fue inaugurado el primer desierto el 28 de
junio de 1592, en Bolarque a orillas del Tagus en Castilla la Nueva.
El resultado fue tan alentador que se decidió fundar una casa en cada
provincia, así que llegó a haber 22 desiertos muchos de
los cuales fueron arrasados en periodos de agitación política. Posteriormente
fueron construidos según el modelo de la cartuja, pero en menor escala.
Un número de celdas, cada una semejante a una pequeña casa de cuatro
habitaciones con jardín unido, fueron edificadas en forma cuadrangular,
a un lado estaba la capilla, sacristía, biblioteca etc... En los más
antiguos desiertos la capilla estaba situad en el centro del cuadrado.
El refectorio, la cocina y otras dependencias conectadas por el claustro
principal; todas las construcciones eran planas de acuerdo más con la
austeridad que con el carácter ornamental. El tipo de vida, también
semejaba a de las Cartujas (NOTA :UNIR LA PALABRA CON EL PROPIO ARTÍCULO
ORDEN CARTUJANA), pero más severo. El Canto del Oficio Orden es más
solemne que en los conventos de la Orden; se dedica más tiempo a la
oración mental; la comida es muy parca, el silencio total sin interrupción;
solamente una vez durante la noche los ermitaños comentan las costumbres
de la santiguas autoridades, semejaba una conferencia de tema espiritual,
se conservan mucho volúmenes y algunos se han editado. Un intercambio
de una hora seguía a la conferencia. En el tiempo que no se dedicaban
a la lectura y a la oración cultivaban sus jardines. El estudio como
tal no se permitía por que se temía una ocupación muy intensa de la
mente.
Cada desierto poseía una extensión de terrenos
en la que se plantaron bosques con sus riachuelos y estanques. A
una distancia igual del convento y de cada celda había pequeñas
ermitas en las que los frailes se retiraban en ciertos tiempos del
año, como en Adviento y Cuaresma, para vivir en soledad más profunda
que la del convento. Allí seguían todo los ejercicios de la comunidad,
recitando sus oficios al mismo tiempo y con la misma solemnidad
que los hermanos en el coro y tañendo su campana como respuesta
a la campana de la iglesia. Por la mañana temprano dos vecinos ermitaños
ayudaban a loa otros en la Misa. Los domingos y los días festivos
iban al convento, para la Misa, el capítulo y las Vísperas y retornaban
por la tarde a sus ermitas con provisiones para la semana siguiente.
Los Carmelitas Calzados intentaron introducir una
institución similar, pero no tuvo éxito. André Blanchard obtuvo
en 1614 la aprobación papal para la fundación de un convento en
La Graville cerca Bernos, en Francia, según la regla original de
San Alberto, sería guardada sin las mitigaciones de Inocencio IV
y la vida sería copia de los ermitaños del Monte Carmelo, todo marcho
bien hasta la llegada en 1649 de un falso místico, Jean Labadie,
antiguo jesuita, quien en un tiempo increíble tuvo gran influencia
en la mayoría de los religiosos, lo que obligó al obispo a intervenir
y disolver la comunidad.. Otro desierto fue fundado
por los Carmelitas Calzados en 1741 en Neti cerca de Siracusa en
honor de la Señora de la Escala. Un sugerencia hecha a los Carmelitas
Descalzos de la Congregación Italiana durante el S.XVII para introducir
la oración mental perpetua como se había intentado introducir en
algunos conventos el perpetuo canto del Oficio Divino o la perpetua
Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento practicadas por turnos,
se rechazó por el capítulo por ser ambas inviables.
Ocupaciones exteriores
Además de la pura vida contemplativa llevada en los desiertos
y los específicos ejercicios religiosos practicados en todos los conventos
(aunque en diferentes medidas) la principal ocupación de la Orden consiste
ahora en la cura de almas y el apostolado misionero. Durante mucho tiempo
los Carmelitas han ocupado un bien definida posición en las universidades
y han tomado parte en el trabajo académico, un número considerable se
ha ocupado casi exclusivamente de los estudios superiores. Durante la
Edad Media los temas escritos por los Carmelitas eran casi invariables,
incluyendo el comentario de ciertos escritos bíblicos, lecturas sobre
varios libros de Aristóteles, las Sentencias y leyes canónicas, así
como sermones De tempore y
De Sanctis. En la lrga lista de escritores
carmelitas conservada por Trihemius, Bale y otros, estos temas aparecen
una y otra vez.. Algunos frailes son conocidos por haber cultivado el
estudio de la astronomía, como John Belini (1370) y Nicolás de Linne
(1386), otros relacionados con las ciencias ocultas, por ejemplo, William
Sedacinensis, cuya gran obra sobre alquimia estuvo muy en boga durante
la Edad Media; Oliver Golos fue expulsado de la Orden por sus grandes
conocimientos sobre astrología (1500). Hubo también poetas, dentro de
la Orden, pero mientras muchos fueron justamente elogiados por su purismo
y elegancia de estilo, como Lawrence Burelli (c. 1480), solamente ha
sido reconocido por la posteridad Bautista Mantuano. Los otras bellas
artes fueron cultivadas, la pintura principalmente por Philippo Lippi,
cuya vida, desgraciadamente le causó ser expulsado con deshonor. Aunque
algunos frailes cultivaron la música, ningún nombre eminentemente puede
ser mencionado. En los siglos XV y XVI se hace alusión frecuente a organistas
Carmelitas que sirvieron a varias iglesias de fuera de la orden mientras
algunos obtuvieron permiso del general para reparar órganos mientras
sus servicios fueran requeridos.
En la Universidad
Cuando los primeros Carmelitas llegaron a las universidades, las
dos grandes escuelas de los Dominicos y Franciscanos estaban ya formadas
y no había lugar para una tercera. Algunos intentaron elevar las enseñanzas
de John Bacanthorpe al rango de escuela teológica no consiguiéndolo.
La mayoría de los profesores y escritores abrazaron el Tomismo, especialmente
después de la gran controversia sobre la gracia que habían empujado
a varias órdenes a tomar postura. Esta lucha llegó a ser tanto intensa
que los Carmelitas Salmanticenses prometían seguir las enseñanzas
del Doctor Angélico en sus más mínimos detalles. La controversia fue
iniciada por Guy de Perpigan, general desde 1318-20, autor de Summa
de haeresibus; el tema había surgido de nuevo en los tiempos del
conflicto Wycliffita y posteriormente reavivado por los importantes
trabajos de Thomas Netter de Walden, el Doctrinal y De
Sacramentis y Sacramentalibus que aportaron una mina de oro para
las contreversias de los siglos siguientes. No se había hecho un trabajo
tan trascendental en el tiempo de la Reforma; la Orden perdió todo su
norte y la mayor parte de sus provincias alemanas. Aunque pocos carmelitas
controversistas se han encontrado en la parte católica ( el más conocido
es Evrard Billick) fueron muy pocos los miembros eminentes que perdieron
la fe.
Teología mística
Aunque la filosofía Escolástica y la teología, así como la teología
moral habían encontrado algunos de sus principales exponentes entre
los Carmelitas ( por ejemplo los
Salmanticenses),
otras ramas de las ciencias fueron asiduamente cultivadas, el campo
en el cual de forma absoluta fueron asiduos cultivadores fue el
de la teología mística.. Durante la Edad Media este tema sólo había
sido requerido como un curso ordinario de estudios y los frailes
que escribieron sobre eso fueron escasos y no ejercieron ninguna
influencia. Todo esto cambió con la Reforma Teresiana. Como se ha
ducho Santa Teresa, era conducida, desconociéndolo ella misma a
las más altas cumbres de la vida mística. Con su maravilloso talento
de introspección y análisis y su constante temor de extraviarse
aunque fuera un poco, de la enseñanza de la Iglesia, sometió su
experiencia a un severa análisis y siempre pidió el consejo y dirección
de entendidos sacerdotes, principalmente de la Orden Dominicana.
Cuando san Juan de la Cruz se unió a la Reforma, recién salido de
la universidad de Salamanca y formado en la filosofía y teología
de Santo Tomás, fue capaz de darle luz sobre los fenómenos de la
Psicología y de la Gracia Divina. Ambos santos han dejado escritos
sobre Teología Mística; Teresa escribiendo y explicando con simples
pero eficaces palabras sus propias experiencias, Juan tratando la
materia con más profundidad conceptual; incluso algunos escritos,
particularmente la Subida al Monte Carmelo podría ser
considerado como un comentario sobre la vida y el Castillo
Interior de Sta. Teresa. No hay evidencia de que su conocimiento
derivase del estudio; desconocía las obras de San Bernardo, Hugo
de San Víctor, Gerson y los místicos germanos y desconocía la escuela
mística de los dominicos alemanes; parece que conocía a San Agustín
y a otros Padres solamente por el breviario y por los textos teológicos
que contenían resúmenes de sus escritos. No estaba, por lo tanto
influido por los puntos de vista de los místicos más tempranos y
no encontraba dificultad en mantenerse distante de la senda trillada,
pero desarrolló su sistema desde su propia experiencia personal
y de la de Santa Teresa vista a la luz de la teología Escolástica,
y con constante referencia a las palabras de la Sagrada Escritura.
Mediante analogías y alegorías
Una Orden que da tal preeminencia a la vida contemplativa
no podría abandonar el tema y el estudio de los mismos bajo todos
sus aspectos. La parte experimental que por supuesto no depende
del deseo individual, pero es acompañada por ciertas predisposiciones
y preparación, se puede dar en todas las partes y no sólo en los
desiertos y conventos de los hermanos carmelitas, sino en otros
sitios, en casa también; los anales de la Orden están llenos de
biografías de profundos místicos. Teniendo en cuenta el peligro
del auto-engaño y la diabólica ilusión que necesariamente acecha
el sentimiento de la experiencia mística es sorprendente como la
Orden Carmelitana permaneció libre de tales peligros. Son raros
los casos registrados de frailes o monjas que dejaron le seguro
terreno para seguir los caminos del falso misticismo. Esta preservación
del error puede ser debida a la labor de los directores espirituales,
quienes fueron capaces de discernir lo que era peligroso. Los síntomas
de la influencia del buen o mal espíritu habían sido analizados
con claridad por Sta. Teresa y San Juan de la Cruz y una prudente
reserva en todo lo que no tendía directamente al avance de la virtud
había sido tan urgentemente aconsejado, que el error sólo podía
introducirse cuando hay una necesidad de apertura y simplicidad
por parte del sujeto. Desde ahora entre un gran numero de místicos......
Muchos grandes teólogos se esforzaron en reducir la teología mística
a una ciencia. Entre éstos debe ser reconocido Jerónimo Gracián,
el confesor y fiel compañero de Sta. Teresa; Tomás de Jesús, que
sintetizó las dos corrientes de la vida carmelitana, la activa como
organizador de misiones de la Iglesia Universal, así como las de
su Orden y la contemplativa como fundador de desiertos.
Su gran trabajo sobre Teología Mística fue reunido y editado por
orden de Urbano VIII; Felipe de la Santísima Trinidad (1603-71),
cuya Summa theologiae mysticae puede reconocida como
autoridad absoluta de la Orden en este tema; Antonio del Espíritu
Santo, Obispo de Angula (muerto en 1677) autor de un manual para
uso de directores de alma, titulado Directorium mysticum;
Antonio de la Anunciación (muerto en 1711). Todos éstos y otros
muchos se adhirieron estrictamente a los principios de Sta. Teresa
y de San Juan de la Cruz y a las enseñanzas de Sto. Tomás de Aquino.
La parte ascética no fue menos cultivada. Por la elevación de los
principios y la lucidez de la exposición podría ser difícil superar
al Ven. Juan de Jesús María. La dificultad del arte de obedecer
y la mayor dificultad de mandar han sido tratadas maravillosamente
por Modesto de San Amabili (muerto en 1684). Los Carmelitas Calzados,
también, han dejado excelentes obras sobre las diferentes ramas
de la teología mística.
Fundaciones femeninas
Las monjas carmelitas fundadas por Santa Teresa aumentaron con maravillosa
rapidez. Era tal la veneración de la que gozaba en España la Fundadora
en vida que recibía más propuestas de fundación de las que podía atender.
Aunque sumamente cuidadosa en la selección de las superiores para los
nuevos conventos, no siempre disponía de las personas más capaces y
se quejaba en varias ocasiones de la carencia de prudencia o de la falta
de espíritu de algunas superioras. Incluso llegó a fundar alguna vez
superando lo dispuesto por las Constituciones. Tal incidentes pueden
ser inevitables durante la primera etapa de una nueva Orden. Pero se
esforzó Teresa por contrarrestarlos con detalladas instrucciones en
las visitas canónicas a sus conventos. Deseaba que una de sus personas
más favorita, Ven. Ana de Jesús (Lobera) nacida en 1515 , fallecida
el 4 de marzo de 1621, priora de Granada, le sucediera en el cargo de
fundadora de la Orden, Ana de Jesús sometió las constituciones
de Sta. Teresa (ya revisadas por el Capítulo General de 1581 a la aprobación
de la Santa Sede. Ciertas modificaciones fueron por sucesivos papas,
Doria rehusó tratar lo relacionado con las monjas. Sus sucesores, sin
embargo, las restituyeron, pero manteniendo la prohibición en vigor
para los frailes de fundar fuera de España y de las Colonias españolas.
Un convento, sin embargo, ya había sido fundado en Génova y otra de
estaba tratando en Roma, en donde algunas señoras instruidas por los
escritos de Santa Teresa, formaron una comunidad en Pician Hill, bajo
la direcciones de los Oratorianos, una de sus miembros fue una sobrina
del cardenal Baronio. Con la llegada de los frailes Descalzos a la Ciudad
Santa... Otros conventos se sucedieron rápidamente en diversas partes
de Italia. La Beatificación y Canonización de Santa Teresa (1614-1618)
actuó como estímulo. No todos los conventos estaban bajo el gobierno
de la Orden, muchos desde el principio se habían sometido a la jurisdicción
del obispo local; desde la Revolución Francesa esta disposición llegó
a prevalecer. En 1662 2l número de monjas bajo el gobierno de los Padres
de la Congregación de Italia era de 840; en 1665 había subido a 906,
pero estas cifras, las únicas disponibles, abarcan solamente a una pequeña
porción de la Orden. Al comienzo del S.XVII Mme. Acarie ( Beta María
de la Encarnación (1565-1618) era ordenada en una visión de Sta. Teresa
a fundar en Francia. Varios intentos se hicieron para conseguir algunas
monjas preparadas por la misma Santa Fundadora, pero los sup0eriores
españoles se declararon insolventes para enviar personas más allá de
los Pirineos. M. De Berulle ( después cardenal) actuando en nombre de
Mme. Acarie y de sus amigas, recibió un breve de Roma autorizándole
para que procediera a una fundación; pero como contenía algunas cláusulas
no agradables para él, como por ejemplo, que las nuevas fundaciones
estuvieran bajo el gobierno de los frailes, tan pronto como se establecieran
en Francia, y como no contenía otras que le hubieran gustado, por mediación
del embajador en Francia obtuvo un mandato del Rey para solicitar al
general enviara algunas monjas a París. Entre éstas estaba Ana de Jesús
y la Ven. Ana de San Bartolomé (1549 a Junio de 1626), además una hermana
lega que había acompañado a Sta. Teresa durante el último año de su
vida. Todas las siete hermanas salieron de España para París, a donde
llegaron en Julio de 1604, siendo recibidas por la princesa de Longueville
y otras señoras de la Corte. Pronto fue manifiesto que M. Berulle tenía
sus propias ideas de cómo gobernar la Orden, estaba deseoso de asociarla
al Oratorio Francés, fundado por él mismo y dependiente del establecimiento
de una nueva Orden de Jesús y María. Seis de las fundadoras
abandonaron Francia en el plazo de dos años, mientras la séptima permaneció
bajo protesta. Las monjas carmelitas francesas fueron puestas, salvo
pocas excepciones, bajo el gobierno de los Oratorianos, Jesuitas y Sacerdotes
seculares, sin ninguna unión oficial con la Congregación de Carmelitas
Descalzos de España o Italia, formando una congregación aparte del resto
de la Orden. Se extendieron muy rápidamente, siendo apoyadas por el
alto estamento del Episcopado, la Corte y el pueblo. Desgraciadamente
la casa madre de París (Couvent de l´Incarnation, Rue d´Enfer) llegó
a ser algunos años después uno de los centros del Jansenismo, pero las
Carmelitas Francesas han dado mucha gloria a la Iglesia. Entre las más
célebres carmelitas francesas se puede citar a Luisa de la Misericordia
(1644-1710) quien como duquesa de la Valliére, tuvo una parte desgraciada
en los escándalos de la Corte en tiempos de Luis XIV, los cuales expió
durante años con humilde penitencia; la Ven. Teresa de San Agustín (
Mme. Luisa de Francia (1737-87) hermana de Luis XV, no obstante su alta
cuna, eligió para sí misma uno de los más pobres conventos, Saint-Denis,
cerca de París, en donde se distinguió por el ejercicio heroico de la
virtud. Durante la Revolución todas las comunidades fueron suprimidas;
una de ellas la de Compiegne se esforzó por mantener tanto como las
circunstancias lo permitían las observancias prescriptas por la Regla,
16 monjas fueron detenidas, enviadas a prisión, trasladadas a París,
juzgadas, condenadas a muerte y guillotinadas, el 17 de Julio de 1794,
fueron beatificadas en 1906. Otra monja carmelita, la Madre Camila del
Niño Jesús (Mme. De Sayecourt) sufrió con su comunidad largo encarcelamiento,
pero siendo liberada llegó a ser el instrumento para restablecer no
sólo su convento, sino otros. Cuando a principios del S. XX la ley de
asociaciones religiosas pasó había casi cien carmelitas en Cochin China.
Como consecuencia de la legislación francesa muchas comunidades tuvieron
que refugiarse en otros países, pero algunas están aún en sus viejos
conventos.
La vida de las monjas
La vida de una monja Carmelita es algo diferente de la de un fraile,
como hay una diferencia esencial entre la vocación de un sacerdote y
de una persona seglar. El apostolado tal como el cuidado de los enfermos
y la enseñanza, están fuera de lugar en un convento de clausura. La
hermana Carmelita lleva una vida contemplativa, una parte considerable
de su tiempo está consagrado al devoto servicio Divino, la meditación
y otros píos ejercicios, el resto del tiempo a las labores del convento
y otras ocupaciones. La vida es necesariamente estricta, el ayuna austero
y hay muchas oportunidades para ejercitarse en la virtud.
Diferentes instituciones Carmelitas
Muchas instituciones religiosas han surgido en torno al Carmelo.
En la Edad Media encontramos unidos muchos conventos e iglesias anchorages,
esto es ermitas para recluidos, quienes por su propio requisito fueron
cerrados por el obispo y que ejercían gran influencia sobre la población
por su ejemplo, su austeridad y sus consejos.. Entre los más célebres
carmelitas recluidos puede ser mencionado Thomas Scrope de Bradley,
en Norwich, después obispo titular de Bromore, Irlanda, y Delegado Apostólico
en Rodas; la Beta Juana de Toulouse ( a comienzos del S.XV) cuyo culto
fue aprobado por León XIII.
Probablemente desde el comienzo de los frailes
en Europa, fundadores y benefactores fueron admitidos en la Orden
bajo el título de cofrades, a quienes se les dio un derecho para
participar en las oraciones y buenas obras de una parte de toda
la Orden y de los sufragios después de la muerte. Ninguna de tales
cofrades, ni siquiera en los textos de las cartas, contenían mención
alguna de las obligaciones que les incumbían. Las cartas eran al
principio una garantía de madura consideración, pero desde el final
del Siglo XV eran menos difícil de conseguir, en muchos casos el
general entregaba numerosos modelos en blanco a los provinciales
y a los superiores para ser distribuidos a propia discreción. Fuera
de esta confraternidad que no suplía la orgánica conexión con la
Orden, surgió en el S.XVI, según toda la probabilidad, la confraternidad
del Escapulario. Otra confraternidad fue un gremio establecido en
1280 en Bolonia y quizá en otra parte, que mantenía sus reuniones
en la iglesia Carmelita y de tiempo en tiempo hacia una ofrenda
en cierto altar, pero por otra parte era independiente de la Orden.
Como se ha visto algunas comunidades de Bejines, en Holanda, solicitaron
en 1452 la afiliación a la Orden y esto dio origen al primer convento
de monjas carmelitas. En época posterior Herman de San Norberto
(muerto en 1686), predicando en 1663 en Termonde, decidió que cinco
Bejines, entre ellas Ana Puttemans ( muerta 1674) vendiera sus propiedades
y fundara la congregación de Maricoles o Maroles, que fue agregada
a la Orden el 26 de Marzo de 1672; se ocupaban de la educación de
muchachas pobres y del cuidado de los enfermos en sus propias casas,
aún tienen conventos en la diócesis de Mechlin, Ghent y especialmente
en Bruges. Una comunidad de 37 eremitas, viviendo en varios hermitages
en Baviera y en el Tirol solicitaron su agregación, el Capítulo
General de los Carmelitas Descalzos de 1689 concedió su deseo bajo
ciertas condiciones, entre otras que no más de 4 o 5 vivirían en
da ermita, pero el decreto fue anulado en 1692, por lo que no es
conocido y toda conexión entre los eremitas y la Orden fue rota.
Carmelitas terciarios
Los Terciarios o miembros de la Tercera u Orden seglar pueden dividirse
en dos clases, los que vivían en sus propias casas y los que vivían
en comunidad. La primera clase es la que se encuentra en la primera
mitad del S.XV, cuando la Santa Sede autorizó a los Carmelitas para
instituir una Orden Tercera de seglares, después el modelo de esta institución
se permitió a las otras órdenes mendicantes. Los más antiguos Misales
y Breviarios contienen el rito de admisión de tales personas; éstas
eran conocidas con el nombre de (bizzche) que desde entonces ha adquirido
cierto significado despectivo. Recitaban ciertas plegarias ( en la Reforma
Teresiana también la meditación) y a guardar ciertos ayunos y abstinencias,
privarse de pasatiempos mundanos, vivir bajo obediencia de los superiores
de la Orden, podían vestir un hábito distintivo parecido al de los frailes
o al de las monjas. Había dos comunidades de Terciarios en Irlanda,
una en Clondalkin, en donde se había establecido un internado antes
de 1813, y otra, a cargo de un asilo para ciegos en Drumcondra cerca
de Dublín. También hay hermanos Terciarios (nativos) en la Archidiócesis
de Varapoly en la India, establecidos en 1855, que sirven a las misiones.
Las hermanas Terciarias tienen un convento en Roma
fundado por Livia Vipereschi para la educación de las muchachas;
fueron aprobadas por Clemente IX en 1668. La Congregación Austriaca
tenía, desde 1836, diez casas parte para fines educativos, parte
para el cuidado de sirvientas. En la India, también, hay hermanas
Terciarias nativas en Varapoly y Quilon con trece casas, dedicadas
a escuelas y orfanatos. Un convento Terciario fue fundado en Luxemburgo
en 1886. Finalmente, se debe hacer mención de las Carmelitas Terciarios
del Sagrado Corazón últimamente establecidas en Berlín, con orfanatos
y jardines de infancia en varios lugares de Alemania, Holanda, Inglaterra,
Bohemia e Italia.
Estadísticas
En la actualidad (1908) hay cerca de 80 conventos de frailes Carmelitas
Calzados, con cerca de 800 miembros y 20 conventos de monjas; 130 conventos
de Carmelitas Descalzos, con cerca de 1900 miembros; el número de conventos
de monjas, incluyendo los que han pasado a la Asociación, era 360
Una considerable parte de este artículo está basada
sobre material no publicado, los datos son necesariamente incompletos,
y una cantidad considerable anticuados.
GENERAL
SOURCES: MIGNE, Dict. des ordres religieux, I, 635 sqq.; Bullarium Carmelitanum,
vols. I and II, ed. MONSIGNANUS (Rome, 1715, 1718), vols. III and IV
(Rome, 1768), ed. XIMENES (Rome, 1768); RIBOTI, Speculum Carmelitarium,
ed. CATHANEIS (Venice, 1507), ed. DANIEL A VIRGINE MARIA (2 vols. in
fol., Antwerp, 1680), containing the Corpus of medieval Carmelite historians
together with numerous dissertations and polemical writings, and practically
superseding such authors as: FALCONE, Chronicon Carmelitarium (Placenza,
1545); BRUSSELA, Compendio historico Carmelitano (Florence, 1595); BOLARQUEZ,
Chronicas dell' Orden del Monte Carmelo melitano (Palermo, 1600); AUBERTUS
MIRæUS, Carmelit. Ordinis origo (Antwerp, 1610); J. DE CARTHAGENA, De
antiquitate Ordin. B. M. V. de Monte Carm. (Antwerp, 1620). DOMINICUS
A JESU, Spicilegium episcoporum, Ordin. Carmel. (Paris, 1638); DANIEL
A VIRG. MARIA, Vinea Carmeli (Antwerp, 1662), with a synchronological
table embracing the events during the lifetime of St. Simon Stock (1165-1265)
by SEGHERUS PAULI, which the student will do well to handle critically.
The first three vols. of LEZANA, Annales sacri prophetici et Eliani
Ord. (4 vols., Rome, 1645, 1650, 1653, and 1656), contain the life of
the Prophet Elias, the history of the order during the Old Law, at the
coming of Christ, and during the Middle Ages as far as 1140; the fourth
vol., which might have permanent value as it embraces the period from
1140 till 1515, is in many respects unsatisfactory and superficial.
PHILIPPUS A SS. TRINITATE, Compendium historiæ Carmelitarum (Lyons,
1656); IDEM, Theologia Carmelitana (Rome, 1665); IDEM, Decor Carmeli
(Lyons, 1665); HAITZE D' ACHE wrote against this work Les moines empruntés,
to which JEAN DE VAUX replied by Réponse pour les Religiuex Carmes au
livre intitulé: Les moines empr. (Cologne, 1697). LOUIS DE STE THÉRÉSE,
La succession du S. prophète Elie (Paris, 1662); JOHANNES-NEPOMUCENUS
A S. FAMILIA, vere PETRUS RENERUS, Histoire de l'Ordre de N.D. du Mont
Carmel sous ses neuf premiers généraux (Maastricht, 1798), published
anonymously; this author frankly adopts the thesis of the Bollandists.
ALEXIS-LOUIS DE S. JOSEPH, Histoire sommaire de l'Odre de N.D. du Mont
Carmel (Carcassonne, 1855); FERDINAND DE STE THÉRÉSE, Ménologe du Carmel
(3 vols., Lille, 1879), not always reliable; CAILLAUD, Origine de l'Ordre
du Carmel (Limoges, 1894); ZIMMERMAN, Monumenta historica Carmelitana
(Lérins, 1907), so far only one vol., containing the oldest constitutions,
acts of general chapters, biographical and critical notes on the first
generals, lists of the Masters of Paris, and various collections of
letters. No critical history, however compendious, has as yet been attempted,
although there is no lack of material in public archives as well as
in those of the various branches of the order
ORIGINS:
The bibliography of the controversy about the antiquity of the order
is extremely lengthy, but of no general interest; the principal works
are: (1) in favour of the traditional view: DANIEL A VIRGINE MARIA,
op. cit.; SEBASTIANUS A S. PAULO, Exhibitio errorum (Cologne, 1693);
(2) against the tradition: Acta SS., April, I, 764-99, May, II, Commentar.
apologet., 709-846; PAPEBROCH, Responsio ad Exhib. error. (3 vols.,
Antwerp, 1696); IDEM, Elucidtio.; REUSCH, Der Index der verbotenen Bücher
(Bonn, 1885), II, 267 sqq.
GENERAL
HISTORY OF THE ORDER: GULIELMUS DE SANVICO (1291), TRITHEMIUS, De ortu
et progressu; de viris illustribus; PALæONYDORUS, Fasciculus trimerestus
(Mainz, 1497; Venice, 1570), reprinted in DANIEL A VIRGINE MARIA, op.
cit.; LUCIUS, Bibliotheca Carmel. (Florence, 1593); COSME DE VILLIERS
DE S. ETIENNE, Bibliotheca Carmelitana (2 vols., Orléans, 1752), which
whould be compared with the MSS. corrections and additions of NORBERTUS
A S. JULIANA in the Royal Library at Brussels. DE SMEDT, Introductio
general. ad histor. eccles. (Ghent, 1876); HURTER, Nomenclator (Innsbruck,
1893); CHEVALIER, Rép. topo-bibliogr., s. v.; KOCH, Die Karmelitenklöster
der niederdeutschen Provinz (Freiburg im Br., 1889); ZIMMERMAN, Die
heil. Einsiedeleien im Karmeliten-Orden, in Stimmen v. Berge Karmel
(Graz, 1898-1900); IDEM, Die englischen Karmelitenklöster (Graz, 1901-1903).
REFORMS:
Reform of Mantua: PENSA, Teatro degli uomini illustri della famiglia
di Mantova (Mantua, 1618); FELLINI, Sacrum musæum s. Congreg. Mantuanæ
(Bologna, 1691); VAGHI, Commentarium fratrum et sororum Ordin. B. V.
M. de Monte Carm. Congreg. Mantuan. (Parma, 1725). On the reform of
Touraine (Rennes), LEO A S. JOHANNE, L'esprit de la réforme des Carmes
en France (Bordeaux, 1666); SERNIN-MARIE DE S. ANDRÉ, Vie du Ven. Fr.
Jean de S. Samson (Paris, 1881). Reform of St. Teresa, (1) Spain: Besides
her own writings, FRANCISCUS A S. MARIA and others: Reforma de los Descalços
(6 vols., Madrid, 1644); part of this work, which is partisan, in favour
of Doria and against St. John of the Cross and Jerome Gratian, has been
translated into Italian (Genoa, 1654) and French (Paris, 1665; Lérins,
1896); GRÉGOIRE DE S. JOSEPH, Le Pére Gratien et ses juges (Rome, 1904),
also tr. It. and Sp.; IDEM., Peregrinación de Anastasio (Burgos, 1905),
published anonymously. (2) Portugal: MELCHIOR A S. ANNA and others,
Chronica de Carmelitas Descalços (3 vols., Lisbon, 1657). (3) Italy
and other countries: ISIDOR A S. JOSEPH. and PETRUS A S. ANDREA, Historia
generalis fratrum discalceator. (2 vols., Rome, 1668, 1671); EUSEBIUS
AB OMNIBUS SANCTIS, Enchiridion chronologicum Carmel. Discalceat. (Rome,
1737); LOUIS DE STE THÉRÉSE, Annales des Carmes déchaussés de France
(Paris, 1666; Laval, 1891); HENRICUS-MARIA A SS. SACRAMENTO, Collectio
scriptorum Ord. Carmel. Excalceat. (2 vols., Savona, 1884), superficial.
On the missions: JOH. A JESU-MARIA, Liber seu historia missionum (1730);
PAULINUS A S. BARTHOLOMæO, Opera (Rome, 1790); BERTHOLDE-IGNACE DE S.
ANNE, Hist. de l'éstablissement de la mission de Perse (Brussels, 1886);
ALBERT-MARIE DU S. SAUVEUR, Le sanctuaire du Mont Carmel (Tournai, 1897),
the original edition published without acknowledgment, by JULIEN DE
STE THÉRÉSE (Marseilles, 1876); HENRICUS A S. FAMILIA, Leven der gelukzaligen
Dionysius en Redemptus (Ypres, 1900); RUSHE, Carmel in Ireland (Dublin,
1897; supplement, 1903); ZIMMERMAN, Carmel in England (London, 1899).
CARMELITE
NUNS: HOUSSAYE, M. de Bérulle et les Carmélites de France (Paris, 1872);
GRAMIDON, Notices historiques sur les origines (Paris, 1873); HOUSSAYE,
Les Carmélites de France et les constitutions (Brussels, 1873); ALBERT-MARIE
DU S. SAUVEUR, Les Carmes déchaussés de France (3 vols., Paris, 1886)
with a supplement on the Jansenist troubles in the convent of the Incarnation
at Paris; Mémoire sur la fondation, le gouvernement et l'observance
des Carmélites déchaussées (2 vols., Reims, 1894), anonymous, by the
Carmelite nuns of the Rue d'Enfer, Paris, with a valuable bibliography;
Chroniques de l'ordre des Carmélites (9 vols., partly at Troyes, 1846;
partly at Poitiers, 1887); BERTHOLD-IGNACE DE STE ANNE, Vie de la Mère
Anne de Jésus (2 vols., Mechlin, 1876, 1882); La vie et les instructions
de la Vén. anne de S. Barthélémy (anonymous, by a solitary of the "Desert"
of Marlaigne), (new ed., Paris, 1895); SYLVAIN, View du P. Hermann (Paris,
1881), tr. Germ. and It.; Carmel in India (anonymous) (London, 1895);
IGNACE DE S. JEAN L'VANGÉLISTE, Vie et vertus héroiques de la Mère Thérèse
de Jésus (Marchocka) (Lillie, 1906); Vie de la R. Mère Camille de l'Enfant
Jésus née de Soyecourt (anonymous), ed. D'HULST (Paris, 1898); BEDINGFIELD,
Life of Margaret Mostyn (London, 1884); HUNTER, An English Carmelite:
Life of Catherine Burton (London, 1876); CURRIER, Carmel in America
(Baltimore, 1890).
BENEDICT ZIMMERMAN
Dedicado a Santa Teresa de Jesús
Traducido por Fidel García Martínez
En agradecimiento a la Orden del Carmen