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Miércoles, 18 de octubre de 2017

Salvador Dalí:Pintura religiosa

De Enciclopedia Católica

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Acaban de entrar en El Prado unos cuadros de tema religioso de Goya, el genial pintor aragonés de copiosa producción religiosa y profana. Ocasiones hay en que por cierta posición que pudo tomar en determinada época de su vida un pintor o, más bien, de ciertos críticos por intereses ideológicos, silencian y ocultan la obra religiosa de un autor. Goya mismo ha sufrido esa injusticia.

Algo parecido, aunque de modo distinto, ocurre con Picasso que manifestó su deseo de casarse canónicamente, de morir en la Iglesia y ser enterrado junto a su tío Pablo, canónigo, en la Catedral de Málaga. Apenas nos dan a conocer sus obras de temática religiosa, de su primera época, como el simpático Monaguillo, La Primera Comunión, Ciencia y Caridad.

Matisse ha hecho pintura religiosa al final de su vida y se ha sentido plenificado. La Capilla del Rosario de las Dominicas de Vence, la consideró su obra maestra. Porque había sentido la presencia de Alguien que está más arriba y más adentro. Hecho similar ocurre con muchos poetas.

Se da en el artista, allende la representación meramente formal, una actitud interna, religiosa, que conecta con valores y sentido trascendente que hace marca en su vida. Marca, quizás invisible para la crítica superficial o interesada, pero que es valor vivido y queda como confesión de auténtica palabra sentida en el alma y reflejada en el lienzo o el poema.

A veces silencian injustamente el nombre o la obra de un autor por haber expresado su palabra religiosa, tal vez la más auténtica. Ni aun en el caso de apostasía, sería leal preterir u ocultar la obra religiosa que estilísticamente corresponde a una época, y que vivencialmente pertenece a la biografía más íntima.

Callar la obra religiosa, y especialmente la cristiana, es mutilar gravemente la cultura universal, la manifestación del espíritu y cercenar sangrantemente los horizontes del hombre que ansía el infinito y busca encontrarse con la persona de Dios. Críticos interesados, pretenden sesgar ideológicamente el arte religioso a una nostalgia o concepción de época.

Este año, se celebra el centenario del nacimiento de Dalí (1904-1989). Su biografía con sus excentricidades y grotescas actitudes, su porte extravagante, sus ideas, exóticas en todos los climas, su paradójica personalidad, su declarada paranoia, etc., han sido expuestas en numerosos libros. Él lo sabía y aun hacía gala de ello: La única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco. No debía de estarlo tanto.

Lo que nadie le puede discutir es su genialidad como pintor, su trazo dibujístico llevado a la perfección, su dominio de la línea, “el hombre que mide con el metro amarillo” (García Lorca), su sabia distribución y mezcla de los colores.

Brindamos homenaje al genial pintor desde esta brevísima reseña sobre su pintura religiosa. Las “declaraciones” sobre sus ideas religiosas no pueden tomarse más en serio de lo que pueda tomarse esta otra de sus ocurrencias: Creo que todos nos volveremos ángeles. Lo único que retarda esa evolución es el socialismo, porque la primera condición para ser angélico es ser propietario. Después de todo, el autor de la blasfemia “Dios ha muerto”, despertó, curiosamente, en Dalí la idea de Dios. Fue gran admirador de Gaudí, el arquitecto de Dios.

Anotamos una lista incompleta de sus cuadros de temática religiosa y un breve comentario de algunos.

Cesta de pan: 1926

El Ángelus: 1935, óleo.

Virgen María con el Niño: 1942.

Cristo de El Vallés: 1942.

Virgen de los pájaros: 1943, acuarela.

La resurrección de la carne: 1949-45

La tentación de S. Antonio: 1946

La Anunciación: 1947

Madonna de Port Lligat: 1950

El Cristo de S. Juan de la Cruz: 1951

El Ángel de Port Lligat: 1952

Cristo hipercúbico: 1954

El Sacramento de la Cena: 1955

Santiago el Mayor, Apóstol: 1957

Jesús joven: 1957

S. Sebastián.

Virgen de Guadalupe: 1959, óleo.

Descubrimiento de América: 1959.

Cabeza de Virgen rafaelesca.

Concilio Ecuménico: 1960.

Madonna corpuscular.

El tema religioso, en Dalí, ya está presente en los años 40. Estudia la obra de Velázquez y el motivo religioso del Renacimiento y de Occidente. Dalí desarrolló su trabajo religioso–metafísico-místico: Cristos, Vírgenes, motivos eucarísticos …

También cultiva el arte “óptico”: efectos e ilusiones ópticas. En sus joyas crea cruces, cristos, el corazón real.

En el 58, Dalí y Gala se casan en la ermita Capilla de los Ángeles. Un acto privado, serio, el acto menos “daliniano” de su vida. Ofició el párroco que había sido de Cadaqués, D. Francisco. En el 59 visita a Juan XXIII en el Vaticano.

El Ángelus: Inspirado en el Ángelus de Millet que tanta importancia tiene para Dalí. Lo llama Reminiscencia arqueológica del Ángelus de Millet. Del cuadro religioso del francés, hace Dalí una estilización escultural de factura modernista. Actitud reverente y hondamente religiosa. Bien podemos llamar recreaciones de Dalí. (A veces, interpolaciones). Percibe la esencia y unción del cuadro y lo recrea magistralmente: Ese es el genio: “cantar siempre el mismo verso, pero con distinta agua”. De la definición de su método paranoico-crítico mejor no hacer caso.

El Cristo del Vallés: Marca el inicio de su creación religiosa católica que algunos grupos no le perdonaron nunca. Surrealismo y academicismo. El rostro suficientemente sugerido entre juego de luces y oscuros de nubarrones. La posición y el rostro en actitud tradicional. Corona de espinas y costado sangrando son los elementos más significativos de este Cristo.

La Crucifixión: Es obra capital de la etapa mística de Dalí. Pintado en 1951, el Cristo de San Juan de la Cruz es un acabado ejemplo de su técnica fotorrealista, que aquí expresa más bien la belleza de Cristo, antes que el horror de su muerte. Dalí imaginó al Crucificado sobre el paisaje de Port Lligat. Un Cristo que llegaba al mundo por medio de la belleza y no a través del sufrimiento.

Antes de pintar el suyo, Dalí ya había visto el Cristo que S. Juan de la Cruz, tras su éxtasis, dejó plasmado en un papel en 1568. La inspiración e influencia en el pintor surrealista es evidente.

En el cuadro se adivina un círculo y un triángulo. Los pies ocupan el centro del cuadro. El peso del cuerpo, anatómicamente perfecto, arquea suavemente los brazos. La cabeza hundida en el cuerpo de Cristo, representa el hundimiento de la pasión de Cristo. No hay clavos, no hay sangre. Cristo no es propiamente un crucificado. Es un Cristo bello que se ofrece de forma distinta de la sangrienta crucifixión histórica. La imponencia de este Crucificado hace solemne y tremendamente silenciosa la escena de la cruz que insinúa dar la vuelta sobre el mundo. Cruz y Cristo forman un todo, no clavado violentamente, cruentamente, sino asumido libremente. La misma cruz del cristiano será el propio cuerpo de Cristo encarnado. El mar recibe luz del cuerpo sobre la cruz. Hay un juego de direcciones. Dios se abate sobre el mar, símbolo de vida y universalidad, y el espectador eleva la mirada hacia la Persona que se derrama curvándose sobre el mundo. El paisaje es conjunto perfecto: Port Lligat, la barca amarilla y negra de Dalí; pescadores con indumentaria de otra época faenan en sus labores.

El Cristo de S. Juan y el Hipercúbico: Se puede llegar a cierto misticismo por profundización humana y de belleza. Compenetración de Cristo con el cubo, otra forma de expresar lo perfecto. Etapa “mística” que culmina con su matrimonio canónico con Gala. Se arrima a Rafael, a Murillo.

El Sacramento de la Cena: De factura pictórica impecable. De belleza estética singular. Luz de poniente que inunda de luz la escena. El Verbo hecho carne. Palabra-presencia de Jesús, único rostro visible. El pan partido y el vino sobre el mantel, ya corporal. Coro de impresionante silencio religioso. Intimidad y adoración. Cabezas que se hunden en las manos, ocultas entre las mangas de sus túnicas. Mar, cielo, paisaje, técnica: trasfondo de comunión cósmica.

Virgen de Guadalupe: De rasgos clásicos, modernistas y populares. Esfera y sol coronándola en aureola. Ángeles y orantes en veneración. Dos círculos de rosas flotantes.

Sta. Elena: Port Lligat idealizado.

Rosa Mística: riguroso academicismo flotando. Hacia la rosa mística de la letanía.

El Ángel de Port Lligat: En Port Lligat habita un ángel familiar. Un ángel junto a los pescadores. Un ángel junto a la casa de Dalí. Su Ángel de la Guarda fue grato a Dalí y lo reiteró en sus obras: “Nada me estimula tanto como la idea de un ángel”, dijo al dominico P. Bruno Froissart. Pudo haberle influido E. D’Ors, que profesaba a los ángeles culto, al menos, estético. La iconografía ha dotado al ángel, a veces, de un aspecto andrógino. Los ángeles de Dalí se representan en línea bíblico-eclesiástica.

Virgen de los pájaros: El rostro de la Virgen lo conforman grácilmente unos pájaros con las alas abiertas. El arte óptico por el que una figura sugiere un contorno o figura diferente. La figura evoca las Vírgenes renacentistas con el Niño Jesús y S. Juan.

Cristo – joya: No hay cruz. Simbolizado por fuego. Momento eterno de amor. Llama de amor viva. Completo abandono. Cristo es la Cruz, la madera no existe.


Donato Jiménez Sanz OAR

Fuente: Revista Arbil nº 77

Selección: José Gálvez Krüger