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Martes, 17 de octubre de 2017

Maitines en la Iglesia Ortodoxa

De Enciclopedia Católica

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El amanecer

El amanecer (cuando aparece la luz por primera vez) ha sido un momento sagrado para el hombre a través de la historia. En muchos credos religiosos el romper del día ha significado la manifestación de lo divino ---teniendo -como respuesta- un saludo en forma de culto. Este saludo parece estar arraigado en nuestro subconsciente colectivo. El cristianismo no es la excepción en su intento por entrar en contacto con los poderes espirituales de este tiempo del día.

En el presente trabajo se examinan los elementos que componen la espiritualidad de la oración de la madrugada (u oficio de maitines) en el contexto de la Liturgia de las Horas: el pináculo litúrgico ---lado a lado de la Liturgia divina--- de la santificación del tiempo en la Iglesia Ortodoxa.

Nuestro análisis intenta dar a conocer los fundamentos de “Orthros” como la oración matutina en la Iglesia Ortodoxa. Empezamos desde la perspectiva de la fenomenología e historia de las religiones, y luego pasamos a una perspectiva histórica, litúrgica y teológica. Nuestro objetivo es concluir con una descripción de cómo este tiempo del culto mueve a involucrar el misterio cristiano y es una parte constitutiva de la liturgia (como el trabajo común de Cristo y la Iglesia).

El simbolismo de los elementos cósmicos de la oración de la mañana desde la perspectiva de la Historia de las religiones

El estudio de los símbolos sagrados es un componente principal en la investigación de la hermenéutica de la religión. Los métodos fenomenológicos o descriptivos pueden ser una valiosa aproximación al estudio del simbolismo religioso. Por lo tanto, (de acuerdo con Mircea Eliade) la hierofanía es una manifestación de lo sagrado en la experiencia humana, es decir, una revelación. El regulador del día ---el curso del sol--- ha sido la fuerza primordial en la regulación de la vida del hombre. [1] En el sentido hierofánico, la idea de la luz que sale de la oscuridad (el ciclo más básico del ritmo cósmico) la división natural del día y de la noche podría significar para el hombre primitivo una clara manifestación de la intervención de los poderes superiores en la regulación de este ciclo.

De acuerdo con un simbolismo universal compartido, "luz" expresa la distinción de la creación de la "oscuridad" de la no distinción o el caos primigenio. La luz tiende a expresar una afirmación positiva, mientras que la oscuridad lleva el negativo. "Tradicionalmente, a la luz se la equipara con el espíritu... la superioridad del espíritu es inmediatamente reconocible por su luminosa intensidad. La luz es la manifestación de la moralidad, de la inteligencia..." Además, "la luz y la oscuridad representan principios opuestos del bien y del mal en el simbolismo religioso. La mayoría de los mitos religiosos colocan la oscuridad en el principio de las cosas." [2]

Si una hierofanía marca una intervención directa de las entidades divinas en los asuntos de este mundo (y en la vida humana), la historia de las religiones afirma que el hombre entra en interacción con ellos a través del rito. "El rito en sí mismo es simplemente un conjunto de convenciones, un patrón organizado de signos y gestos que los miembros de una comunidad usan para interpretar y poner en práctica para sí mismos." [3] Así, las sociedades primitivas en su inclinación a la soberanía de los poderes naturales de la luz ---que se manifiesta totalmente en el amanecer--- comienzan a celebrar rituales matutinos que ofrecen adoración en un intento de expresar su experiencia con lo divino.

De acuerdo a la fenomenología de la religión, que divide la conducta ritual en varias categorías (de acuerdo a sus fines específicos), en las religiones ---abrahámicas--- se expresa la experiencia religiosa con los poderes de la luz a través de la oración. Este acto religioso consiste "en ponernos más completamente en el poder de la obra de Dios a fin de que se pueda alcanzar algún bien o escapar de algún mal…. la oración incluye adoración, pero tiene un elemento añadido que es la petición." [4]

Antecedentes históricos de la Oración Matutina en la Iglesia: Fundamentos Históricos, Bíblicos y Litúrgicos

Debido a la argumentación dada desde la perspectiva de la fenomenología y la historia de la religión, podemos afirmar que la oración matutina trae la acción y la presencia de la divinidad a los pensamientos y los deseos de la mente humana. Esto ocurre como una reacción humana natural a la manifestación de lo sagrado en los rayos del sol. De este modo, encontramos que la tradición litúrgica cristiana sigue el mismo patrón que las otras religiones identifican en los ciclos cósmicos de día y noche el regulador natural del tiempo para la oración. “En la Iglesia primitiva los tiempos principales de la oración eran la mañana, el mediodía, la tarde y la noche, a los que se añadieron gradualmente las horas tercia y nona." Antes de ir más profundo, debemos establecer un principio fundamental de la teología cristiana: respecto a cada registro histórico individual es "recapitulado y 'personalizado' en Jesús. Nada es más claro que el hecho de que todo en la historia sagrada ---evento, objeto, lugar sagrado, teofanía, culto--- (simplemente) ha sido asumido en la persona del Cristo encarnado... a partir de ahora, el verdadero culto agradable al Padre no es otro que la vida, muerte y resurrección salvadoras de Cristo. Y nuestra adoración es la misma existencia de sacrificios en nosotros". [6]

Por lo tanto, para comprender la peculiaridad de la oración matutina cristiana, tenemos que volver a sus raíces en el orden de la Iglesia primitiva. A pesar del hecho de que Robert Taft reconoce disparidad dentro de la erudición litúrgica moderna sobre las formas y los tiempos de la oración cristiana en los tiempos primitivos, sin embargo, generalmente se acepta que la oración litúrgica cristiana tiene sus raíces en la herencia judía, especialmente en la tradición de la sinagoga. Además, es bastante seguro que la oración matutina y vespertina fue el patrón característico de la oración judía del Templo, la sinagoga y el hogar [8]. La Iglesia del Nuevo Testamento (con sus características de simplicidad de pensamiento y acción) proveyó tal modelo. La Sagrada Escritura evidencia que los primeros cristianos tenían la costumbre de asistir al Templo y la sinagoga para el culto regular [9]. Fuera del período apostólico, no es fácil seguir el patrón de oración diaria practicada por los cristianos debido a la cantidad limitada de evidencia. Parece que la oración matutina y vespertina diaria se convirtió en la norma estándar [10] . Además, a lo largo de los primeros siglos del cristianismo, los predicadores exhortaban a los cristianos a pasar la totalidad de su vida en la oración. Les alentaban a orar por la mañana y por la noche, a levantarse durante la noche y mantenerse en vigilia. Tertuliano incluso les animaba a usar las vigilias regularmente anunciadas del día (en las horas tercia, sexta y nona) para recordarse a sí mismos su obligación de dar gracias a Dios [11].

De manera similar, la oración matutina en la Iglesia primitiva continuó siendo uno de los momentos principales: cuando se manifestaba la sagrada luz del alba y era acompañada por el culto cristiano. Hasta aquí "hemos establecido que los principales tiempos de oración en la Iglesia primitiva eran la mañana, el mediodía, la tarde y la noche, a las que se añadieron gradualmente las horas tercia y nona, y lo que al parecer se difundió lentamente desde Occidente hacia Oriente, con la adopción primero de la hora nona antes que la tercia” [12].

Fundamentos Bíblicos

Es necesario fundamentar nuestro estudio en la Sagrada Escritura, y mirar los personajes bíblicos como los primeros modelos de una vida de oración y de santidad. Muchas personas oraban al Señor en la madrugada mostrando de una manera similar el carácter sagrado de la salida del sol como una manifestación del Señor.

Jacob es la primera persona (claramente descrito en el Antiguo Testamento) en haber orado continuamente en la madrugada. "Levantóse Jacob de madrugada, tomando la piedra que se había puesto por cabezal, la erigió como estela, y derramó aceite sobre ella” (Génesis 28,18).

Dios llamó a Moisés en la mañana cuando le dio los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí (Éx. 19,16). Cuando Dios le dio a Moisés las tablas de piedra, la segunda vez, dijo: "Prepárate para subir mañana temprano al Monte Sinaí; allí en la cumbre del monte te presentarás a mí” (Éx. 34,2). Temprano por la mañana temprano, el Señor sembró la confusión en el ejército egipcio, y el mar volvió a su lugar en la madrugada, cuando Moisés extendió la mano (Éx. 14,24-27). Por lo tanto, Moisés experimentó el poder de Dios temprano en la mañana. Como dijo el Señor: "Por la mañana, verás la gloria del Señor" (Éx. 16,7). Ya que Moisés fue testigo de la gloria de Dios, quien se movió y proveyó ayuda en la mañana, oró en el Salmo 90(89), “Sácianos de tu amor en la mañana, que exultemos y cantemos toda nuestra vida” (Salmo 90,14).

El rey David siempre se levantaba temprano en la mañana para tener un tiempo de oración y alabanza (Sal. 57,8; 108,2). Temprano en la mañana, él oró "Yahveh, ya de mañana oyes mi voz; de mañana te presento mi súplica, y me quedo a la espera” (Sal. 5,3). Estos versículos nos muestran el poder de la madrugada como un momento íntimo para la adoración: "Yo, en cambio, cantaré tu fuerza en la mañana…” (Sal. 59,16). “Mas yo grito hacia ti, Yahveh, de madrugada va a tu encuentro mi oración” (Sal. 88,13).

En el Nuevo Testamento, la oración de Jesús se caracteriza por su despertar temprano en la mañana e ir a un lugar desierto, y comenzar el día con una oración: "De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración” (Mc 1,35).

Fundamentos Litúrgicos

Como hemos visto líneas arriba, cualquiera que sea la relación entre la tradición cristiana y judía para las oraciones de la mañana y la noche, floreció una gran variedad de patrones de oración en las iglesias cristianas a través de todo el Imperio Romano y durante los primeros siglos del cristianismo. Común a todos estos patrones, sin embargo, fueron las reuniones en la mañana, en la tarde y (en ocasiones) durante la noche para las oraciones. Los poderosos símbolos de la luz y la oscuridad, la salida y la puesta del sol llegaron a ser una parte integral de estos servicios de oración. Las oraciones de la mañana se centraban en el Mesías Resucitado; las oraciones de la tarde, en la continua necesidad del perdón y la protección de las fuerzas cósmicas; las oraciones nocturnas, en la venida del Hijo de Dios al final de los tiempos.

El elemento más antiguo de la oración matutina cristiana ---que debe ser la base para el futuro oficio de maitines o laudes--- es prestado (obviamente) del salterio judío: especialmente el Salmo 62 (debido a la mención explícita de la relación entre el creyente y el romper del alba), el cual fue reconocido por las Constituciones Apostólicas. Más tarde, nos encontramos que, "San Juan Crisóstomo atestigua su uso como la piedra angular de toda oración de la mañana... que desempeña un rol más o menos central en los maitines jacobita, maronita y copto, en el oficio de la aurora de los armenios, y en los laudes monásticos y, anteriormente, en el “novelle solemnitas” de maitines del antiguo monacato galo" [15].

En la Iglesia Ortodoxa se le llama “Orthros” al oficio de maitines: una palabra griega que significa “del amanecer” [16]. El servicio contemporáneo se celebra en tres versiones principales: servicios diarios, fiestas y domingo. Basando nuestro enfoque en el “Typicon”, está claro que el núcleo del oficio (el contenido teológico de la himnografía acerca del tiempo cósmico y la disposición de los cristianos ante el Creador) no es otra sino la unidad de los seis salmos: Salmo 3, 37(38), 62(63), 87(88), 102(103), y 142 (143) [17]. No hay duda que la primera forma de Orthros comienza con una bendición proclamada por el sacerdote. Otros dos elementos tempranos son el Trisagio y la oración del Señor (con una doxología adjunta). Esto sigue el golpeteo judío de Shemoeh Esreh (Dieciocho Bendiciones) y Teffilah (bendiciones dirigidas a Dios) [18].

Debido al fuerte contenido simbólico de los dos elementos naturales ---luz y oscuridad--- aparece otro tipo de culto intrínsecamente ligado a maitines, que se celebrará posteriormente en la tradición monástica (la oración nocturna). "Hipólito indica que el Cristiano debe levantarse a medianoche para la oración y orar en su propia casa, porque ’a esta hora toda la Creación descansa por un momento para alabar al Señor: el cielo, los árboles, las aguas se detienen por un instante, y todo el ejército de ángeles que le sirven, alaban a Dios en esta hora con las almas de los justos. Esta es la razón por la que los creyentes deben orar a esta hora." A continuación, (a finales del siglo IV) el Salmo 50 viene a servir de transición de la salmodia nocturna al oficio del amanecer ---que está atestiguado por San Basilio el Grande en su carta número 207 [20] .

Además, conectado a la oración matutina, se celebraron vigilias de oración semanales la noche del sábado por primera vez en Antioquía y más tarde en Jerusalén [21]. Este hecho sugiere que (si tratamos de comprender en su totalidad el contenido teológico de maitines) debemos buscar en los oficios celebrados en Jerusalén como el modelo principal para cualquier otro servicio, porque la Tierra Santa (Jerusalén) conservaba ciudades conectadas a acontecimientos en la vida de Jesús. Por lo tanto, Jerusalén es considerada el centro de innovación litúrgica en el siglo IV, por una comprensión histórica de la liturgia. En consecuencia, la conmemoración de la Pasión de Cristo y de la vigilia pascual (con su significado escatológico completo) son las bases de un ciclo de la misma a ser imitado dondequiera [22] .

Así, los maitines de la Resurrección se convirtieron en el paradigma para la oración matutina diaria en la Iglesia: para maitines en Jerusalén, el obispo llegaría al canto del gallo, cuando todo el pueblo estaba ya reunido en la Iglesia de la Resurrección. Se cantaban tres salmos matutinos, incluyendo en particular el Salmo 62, el salmo matutino por excelencia, y éstos eran seguidos por una oración. Esto era seguido por la incensación a toda la iglesia. Entonces el obispo leía el Evangelio de la Resurrección. Luego seguía una procesión al lugar de la Cruz, acompañada por el cántico de los himnos de la Cruz. Allí se cantaba un salmo y el obispo leía una oración. Luego el obispo bendecía al pueblo, y todos se marchaban a sus hogares… Una descripción similar de los maitines aparece en las Constituciones Apostólicas, la cual describe las prácticas litúrgicas sirias en el mismo período.

Teología y Espiritualidad de la Oración Matutina en la Iglesia Ortodoxa Cristo, luz del mundo

Desde el comienzo de la historia la oración de la madrugada parece ser una respuesta natural a la hierofanía que el romper del día representa para la mente humana. También vemos que en las religiones judía y cristiana este motivo está presente en sus respectivas expresiones de culto a esta hora del día. Ciertamente, el objeto de alabanza en ambos credos monoteístas “es el Dios bajo el título de Luz, que es la mejor figura o representación de la Majestad Divina; las Sagradas Escrituras mismas llaman a Dios 'luz' [24]. Sin duda, la simbología del sol y la luz de las religiones del Cercano Oriente Próximo ha sido heredada al cristianismo, especialmente en "el intento de encontrar un significado y esperanza a la vida humana en la victoria diaria de la luz sobre las tinieblas: el alba fue el precursor del rescate divino y de la eventual salvación" [25].

Sin embargo, en el cristianismo el misterio de lo sagrado (y la relación del hombre con él) se encuentra en el acontecimiento de la Encarnación del Logos, que adelanta la hierofanía de las religiones naturalistas. Por otra parte, el contenido del misterio cristiano es la persona del Dios-Hombre y su obra redentora para la Iglesia. De este modo, la Iglesia vive por fe los misterios de la adoración de Cristo.

“Estos misterios están operando y una aplicación del misterio de Cristo. Dios, que se reveló en el hombre Cristo, actúa ahora, después de que este hombre ha sido glorificado... El obra a través de Cristo el sumo sacerdote y el ordenamiento usual de los medios de gracia de la Iglesia en el misterio del culto, que no es nada menos que el Dios-hombre actuando en la tierra de edad en edad. Por esta razón, al igual que Él, comparte la majestad y la acción de Dios y se oculta debajo símbolos, tomados del mundo, que tanto ocultan como señalan su realidad [26]”

Por ejemplo, los cristianos han orado durante siglos mirando hacia el Este, al ver en el sol un símbolo de Cristo resucitado, luz del mundo. "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan. Él vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyesen por él. Él no era la luz, sino para que diese testimonio de la luz. La luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene al mundo." (Juan 1,4-9).

El profeta Malaquías (4,2) profetizó: "El sol de justicia se levantará con curación en sus alas. "Por lo tanto, incluso el sentido de "sacrificio espiritual"de la oración de la mañana del judaísmo [27] se ha visto superada por los maitines cristianos: "El día del Antiguo Testamento comienza en la noche y termina con la puesta del sol. Es el tiempo de la espera. El día de la Iglesia del Nuevo Testamento comienza con el amanecer y termina con la luz de la aurora de la mañana siguiente. Es el momento de la realización personal, la resurrección del Señor." [28]

Amanecer Escatológico

"La petición de protección durante la oscuridad de la noche tiene matices escatológicos” [29]. Los primeros escritos de la Iglesia cristiana fueron testigos de una tradición de oración que es rica en símbolos escatológicos. Los cristianos tenían que orar sin cesar. La lucha no era contra agentes humanos, sino contra fuerzas cósmicas espirituales que nunca dormían. Los cristianos no conocían ni la hora ni el día en que volvería el Mesías. Debían la divina e ilimitada medida de gratitud, no sólo para la creación, sino para la redención de esa creación.” [30] Siguiendo a Taft, leemos en los Cánones de Hipólito (336-340) que: "El cantar del gallo, de nuevo, es un momento en que hay oraciones en las iglesias, pues el Señor dice: "velad, por tanto, ya que no sabéis cuando viene el dueño de la casa, si al atardecer o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada” (Mc. 13,35), lo que significa que debemos orar a Dios a cada hora. Y cuando el hombre duerme en su cama, debe orar a Dios en su corazón" [31] .

Hoy día este tema escatológico está todavía presente en los "Maitines del Novio", uno de los oficios de Semana Santa ---cuyo origen está enraizado en Jerusalén y Antioquía (como hemos visto antes) [32]. Además, en el pensamiento patrístico la fiesta de la Pascua se centraba en la celebración litúrgica en la noche del sábado hasta el amanecer del domingo. En las homilías pascuales de Agustín nos encontramos con la creencia de los primeros cristianos de que las horas nocturnas de la vigilia coincidían con el momento en que el cuerpo de Cristo estuvo en la tumba, y que la madrugada fue la hora de la resurrección de Cristo. "El canto del gallo anunciaba la hora de la resurrección, y la alegría de esta hora que la temporada pascual prolongaba por cincuenta días se expresaba a través de la celebración pascual del bautismo y de la Eucaristía." Además, Taft nos recuerda que en este contexto de la luz pascual luz en la Iglesia primitiva, cuando los cristianos eran bautizados cristianos, tal sacramento era llamado photismos o photisma, lo que significa la iluminación; "aquellos a ser bautizados eran 'illuminandi, photizomenoi'" [34].

Tan celebrada como es la luz de un nuevo día como es el amanecer, Orthros recuerda también la resurrección del Señor Jesús, la verdadera luz que ilumina a todos los pueblos (vea Jn. 1,9). Por lo tanto, podemos entender muy bien el consejo de San Cipriano: "Debe haber oración para que de este modo se pueda celebrar la resurrección del Señor." [35].

Espiritualidad de la luz matutina

Cada mañana la luz del amanecer cae sobre los cristianos en la oración y concede la gracia de Cristo resucitado ---y con ella "toda la oscuridad y la distracción de los sueños de la noche se retiran ante la clara luz de Jesucristo y su despertadora Palabra. Todo malestar, toda impureza, todo el cuidado y la ansiedad huyen ante él. Por lo tanto, al comienzo del día deja que toda distracción y palabras vacías sean silencio y deja que el primer pensamiento y la primera palabra le pertenezcan a Aquél a quien pertenece toda nuestra vida. ‘Despierta tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te iluminará Cristo.’ (Ef. 5,14)” [36]. Por lo tanto, el despertar del sueño se convierte en símbolo de una "resurrección diaria", donde los primeros movimientos y pensamientos son consagrados como ofrenda de alegría como los primeros frutos de las acciones del día.

En la celebración del Orthros, los cristianos tienen la oportunidad de alabar a Cristo como “el resplandor del padre” En la celebración de Orthros, los cristianos tienen la oportunidad de alabar a Cristo como el "resplandor del Padre” y de renovar sus votos como creyentes a través de las gracias y la adoración, pidiendo protección durante todo el día y suplicando por la salvación para el mundo. Simeón de Tesalónica afirma que: "Maitines [es] alabar al autor de la luz en la venida del día, el disolvente de las tinieblas del error y el otorgante de la luz de la piedad. Esta es la razón que la alabanza de la Primera Hora es unida a los maitines, por ser los primeros frutos del día, que ofrecen un regalo y un sacrificio de alabanza a Dios, que se revela a través de la luz que ilumina a todas sus criaturas" [37]. Además, los hexasalmos (que son la piedra angular del servicio de Orthros) contienen toda una simbología sobre la experiencia de la luz salvífica naciente. Hay una rúbrica (que viene de la Sabaite typika) que hace hincapié en la solemnidad detrás de los hexasalmos en maitines. Debe observarse silencio, atención e inmovilidad a fin de manifestar claramente una disposición de espera:

“En los maitines, el hermano asignado canta los hexasalmos en voz baja, con quietud y atención. Así también todos se mantienen de pie como si estuvieran en la presencia de Dios mismo y orando por sus pecados. El hermano debe cantar con una voz sencilla y humilde, de una manera tal que sea escuchado por todos. Mientras se recitan los hexasalmos nadie puede estornudar o escupir o abandonar su lugar o moverse o ingresar desde el nártex exterior de la iglesia, pues eso es una señal de la ausencia de temor y de desorden. Si alguien se dobla debido a la vejez o devastado por la enfermedad y no puede evitar hacer lo que acabamos de describir, déjelo que se quede fuera de la iglesia hasta el final de los hexasalmos, y que luego entre a la iglesia mientras se canta lentamente "Dios es el Señor" o ‘Aleluya’ " [38].

Además, Fray Job Getcha reconoce que “de acuerdo a una tradición, la Segunda Venida de Cristo ocurrirá durante los hexasalmos” [39].

Orthros en el contexto de la Liturgia de las Horas

La luz es el símbolo principal utilizado en la celebración de la Liturgia de las Horas. El día es una celebración cristiana de alabanza y acción de gracias por esta luz. Los servicios de maitines diarios pretenden lograr (para cada persona y la comunidad) la armonía en la interacción de la humanidad con el cosmos que es santificada por medio de la oración de la Iglesia en el Espíritu Santo.

Las oraciones de tercia, sexta y nona han sido añadidas a las oraciones matutinas y vespertinas desde los primeros tres siglos del cristianismo. Estas horas se armonizan con las tres horas durante el día de los principales momentos de la Pasión del Señor[40] . Si estas tres horas subyacen en el recuerdo de los principales momentos de la pasión de Cristo, la oración de la mañana y la de la tarde están intrínsecamente relacionadas con el tiempo cósmico. Cristo, sin embargo, ha convertido todo el tiempo en sagrado. En efecto, "todo liturgia está más allá del tiempo" [41]. Por lo tanto, Orthros (al ser parte de la Liturgia de las Horas) es el culto público de Cristo, la celebración comunitaria de alabanza y acción de gracias de la Iglesia en oración. El Espíritu Santo es siempre el agente transformador activo cuando la Iglesia se reúne para la oración. De manera similar, la presencia de Cristo en la oración de la Iglesia es una celebración del misterio pascual. Taft señala que tanto las Horas como la Eucaristía toman su sentido del misterio pascual de la salvación en Cristo solamente. En la liturgia, Cristo ora en nosotros, la Iglesia reunida. La celebración de “la Liturgia de las Horas… no es más, ni menos, que una celebración común de lo que somos o más bien de lo que nos hemos convertido y nos estamos convirtiendo continuamente en Cristo”[42] .

La mayoría de las veces, los creyentes establecen sus propias necesidades por encima de la alabanza. En lugar de consagrar sus propios pensamientos y acciones para el Reino de Dios, tienden a suplicar por la satisfacción de sus más elementales necesidades humanas ---dejando a un lado el principio primordial de la alabanza. Por ejemplo, la Iglesia ---para alentar el pronto seguimiento por los laicos--- ha prescrito oraciones para la devoción privada. Sin embargo, los textos prescritos de Orthros (en el contexto del oficio divino) conceden protección contra las preferencias individuales ---que también son a menudo condicionadas por los estados de ánimo y sentimientos. Esto asegura la autenticidad de culto al mantener, "la importancia de la oración diaria en común para la vida cristiana; es decir, tomar tiempo cada día para cantar alabanzas y acciones de gracias a Dios, escuchar y reflexionar sobre la Palabra de Dios para nosotros, y centrar nuestra atención en Dios y reconocer la presencia de Dios en nuestras vidas" [43]. Por lo tanto, la manera tradicional de celebrar el Oficio de la catedral de la oración de la mañana (junto con la Eucaristía ) es la principal forma en que la Iglesia vive su liturgia.

Conclusión

Hoy (en nuestra sociedad demasiado rápida y sobrecargada de información) hemos perdido gran parte de nuestra conexión con la tierra, con el espíritu, con los ciclos de la naturaleza y con nuestros propios ciclos. Y, sin embargo, todavía necesitamos cosas que nos alimente, que nos vinculen, que nos den el coraje y la conexión. Después de despertar, el primer instinto del ego mundano puede ser la satisfacción de los antojos del cuerpo para la alimentación y luego ponerse a trabajar atendiendo a sus otras necesidades. Es la capacitación en el autocontrol que rompe este instinto y, en cambio, lo primero que hace es tiempo en la mañana para atender nuestras necesidades espirituales a través de un período de meditación y oración. En otras palabras, tenemos que recuperar el asombro primordial ante lo sagrado del cosmos.

Por otra parte, para los cristianos ortodoxos la venida de la luz física recuerda la venida de Aquél que es la Luz del Mundo. La luz física no es más que un icono de Cristo. El cristianismo valoriza tiempo histórico por la Encarnación, que tiene lugar en la “plenitud de los tiempos" convirtiéndose así en la etapa clave en la historia y el calendario sagrado cristiano. De tal manera, los cristianos ortodoxos comienzan cada día como lo hizo Jesús con la oración, con una renovación de la vida de cada uno en Cristo, el "Sol de Justicia".

La celebración de la oración de la mañana en el contexto litúrgico está profundamente arraigada en la tradición bíblica y eclesial (como hemos visto) y su posterior desarrollo litúrgico a través de la historia de la Iglesia manifiesta cómo el Espíritu Santo ha santificado el encuentro primordial del hombre con lo sagrado a la luz del romper del día ---al identificarlo con los rayos del Cristo resucitado. Por lo tanto, es los Maitines u Orthros (como parte de la Liturgia de las Horas) la que posee prioridad sobre cualquier otro tipo de oración personal para llevar a cabo la misión sacerdotal cristiana de la santificación del tiempo.

Alejandro Rodea Arteaga

Arquidiócesis Ortodoxa Antioquena de México

Notas

[1] Cf. Mircea Eliade. Mana md the sacred: a thematic source book of the history of religions. (Nueva York: Harper & Row, 1974), 38.

[2] Ferm, Vergilius (Ed). Encyclopedia of Religion. (Nueva Jersey, Littlefield, 1959), 444.

[3] Robert Taft. The Liturgy of the Hours in East and West. (Minnesota, The Liturgical Press, 1993), 339

[4] Ferm, op. cit., 602.

[5] Bradshaw, Paul F. “Prayer morning, Noon, Evening, and Midnight – an Apostolic Custom?” en Studia Liturgica. (13, 1, 1979):59.

[6] Taft, op. cit, 340-341.

[7] Cf. Alexander Schmemann. Introduction to Liturgical Theology. (Nueva York, Saint Vladimir´s Seminary Press, 1966),40; Taft, 5.

[8] Según la tradición judía, uno debe orar “al levantarse” y “al acostarse” con la recitación del Shema (Deut. 6,7; 11,9). La Mishná da más detalles tales como “una hora antes y después de la salida del sol” y “una hora después de la salida del sol”.” En el judaísmo rabínico post-exílico, la gente oraba en la mañana, en la tarde y al anochecer, y tal tradición de oración continuó durante el tiempo de las iglesias primitivas. Siguiendo la tradición judía, las iglesias primitivas oraban diariamente antes de la salida del sol. Cf. John Bowden (Ed) Encyclopedia of Christianity. (Oxford: Oxford University Press, 2005) 965

[9] Cf. Taft, 3-5.

[10] Hay evidencia de esto en el siglo I en la Didajé, en la Primera Carta a los Corintios de Clemente de Roma; en el siglo III, la Tradición Apostólica de Hipólito, Clemente de Alejandría, Orígenes, Tertuliano, Cipriano e Hipólito todos dan testimonio de la práctica. Las horas matutinas y vespertinas eran obligatorias a los ojos de Tertuliano y Clemente. Cf. Juan Mateos, "The Origins of the Divine Office”, Worship, 41, 1967, p. 479.

[11] “La idea de una vida Cristiana era la de una constante comunión con Dios, mantenida por oradores tan frecuentes como fuese posible. Un cristiano que no orase todos los días, e incluso frecuentemente, no habría sido considerado un Cristiano del todo.” Loc. Cit.

[12] Bradshaw,59.

[13] Cf. Mateos, loc cit.

[14] Paul Meyendorff. Matins: A historical introduction. (Nueva York: Saint Vladimir Orthodox Theological Seminary, 1975) , 40.

[15] Anton Baumstark. Comparative Liturgy. (Londres, Mowbray, 1953) 34 apud Daniel S. Griffith. Matins and Vespers: A study and evaluation. (Nueva York: Saint Vladimir Orthodox Theological Seminary, 1971), 21.

[16] Getcha, Job. The Typicon decoded. ( Nueva York, Saint Vladimir´s Seminary Press,2012) 72.

[17] Cuya piedra angular es el Salmo 62, como se mencionó anteriormente.

[18] Meyendorff, 35.

[19] Dom Gregory Dix. The shape of the Liturgy. (Londres, A. &C. Black, 1945) 325.

[20] Griffith, 22.

[21] Meyendorff, 14.

[22] Dix, 349.

[23] Meyendorff, 12-13.

[24] Jaroslav Pelikan. The light of the world. A Basic Image in Early Christian Thought. (Nueva York: Harper & Brothers, 1960), 13.

[25] Taft, 347

[26 ]Odo Casel. The Mystery of Christian worship. (Nueva York, The Crossroad Co., 1962), 27-28

[27] Griffith, 1-2.

[28] Dietrich Bonhoeffer. Life Together. (San Francisco: Harper&Row, 1954), 40.

[29] Taft, 327.

[30] Loc. Cit.

[31]Taft, 357.

[32] El desafío escatológico de los tres primeros días de la Semana Santa se resume en los troparion y exapostolarion en maitines ..." "He aquí el Esposo viene en el medio de la noche, y bendito es el siervo a quien Él hallare velando, pero indigno es él a quien encuentre en la pereza. Cuidado, pues, oh alma mía, y no seas vencida por el sueño, para que no seas entregada a la muerte y excluida del Reino. Sino que vuelve a la sobriedad y clama Santo, Santo, Santo, Santo seas Tú, oh Dios, a través de la Madre de Dios y ten misericordia de nosotros" Madre María y el Archimandrita Kallistos Ware (Tr) El Triodion de Cuaresma. (Londres: Faber y Faber, 1978) 59, 511.

[33] Anscar J. Chupungco. Los Elementos Cósmicos de la Pascua Cristiana. (Roma: Editrece Anselmiana, 1977) 91.

[34] Taft, 351.

[35] Loc cit.

[36] Bonhoffer, Op. cit., 43.

[37] Simeón de Tesalónica. Tratado sobre la Oración. (Massachusettes, Hellenic College Press, 1984), 19.

[38] Getcha, op cit 73.

[39] Loc cit

[40] Cf. Bradshaw, 60.

[41] Taft, 359.

[42] Ibid, 347.

[43] John Westerhoff. Liturgia y Aprendizaje a Través del Ciclo de la Vida. (Nueva York: The Seabury Press, 1980) 89.