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Lunes, 23 de octubre de 2017

Los Santos Ángeles y la Cardiomorfosis

De Enciclopedia Católica

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El mundo moderno parece haberse olvidado de los Sántos Ángeles. Pero este olvido, y en muchos casos manifiesta negación, ni los destruye, ni los hace irreales, ni convierte en inexistentes. Por formar parte de esta misma enciclopedia, copiaré textualmente, pero en forma segmentada, secciones de un texto escrito por el teólogo Bertrand de Margerie S.J. titulado "El Misterio de los ángeles y nuestra vida terrestre", debido a que reúne las siguientes ventajas: está ajustado al Catecismo de la Iglesia Católica; remite a la Escrituras, pone de relieve su servicio respecto de Dios y de los hombres, y finalmente porque nos los sitúa en la dimensión del Amor.

  • Jesús nos habla de los “santos ángeles” (Mt XXV, 31).
  • Son santos porque cumplen perfectamente su deber de alabar a Dios y de amarnos por amor a Cristo, su Creador y el nuestro. Para ellos no somos extraños, sino miembros de la familia de Dios. Encomendados a su ministerio salvífico, nosotros debemos heredar con ellos la salvación eterna (Hb 1, 14).
  • Tienen por nosotros un amor no solo natural, sino además sobrenatural, porque contemplan en nosotros imágenes de Dios, destinados a ver, con ellos, a Dios cara a cara (Mt., XVIII. 10).
  • Nos aman, también, en tanto que estamos agrupados en la naciones que protegen en su pluralidad hasta la proclamación del evangelio.
  • El orden cósmico, (especialmente las especies animales cercanas al hombre) se benefician con su intercesión. (Catecismo de la Iglesia 57).
  • Los ángeles dominan la Historia. Bajo la providencia de Dios creador y señor gobiernan el mundo (Daniel X, 13-21), es decir lo orientan hacia su fin, Cristo Jesús.
  • Son los ángeles de Cristo (Mt. MT., XIII, 41).
  • Cristo, dice el Catecismo de la Iglesia(331), es el centro del mundo angélico, lo mismo que del mundo humano.
  • Los ángeles están a todo lo largo de la historia de salvación y de nuestras vidas.
  • Nos anuncian la Buena Nueva, la Encarnación y la Resurrección del hijo del hombre.
  • Nos anuncian el juicio (Mt. XIII, 42-50) y nos preparan para él (Mt XXIV, 31-36).

La cita precedente, tomada del texto del Padre de Margerie S.J. nos resume todo lo que se puede predicar de los ángeles. Nos valdremos de estas consideraciones a manera de boyas balizas, para seguir la pista cardiomórfica que nos ha dejado el arte figurativo.

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Este cuadro explica simbólicamente el instante de la Encarnación del Verbo en las Purísimas entrañas de la Virgen Gloriosa y Bendita, simbolizada por su corazón 7 veces herido. Pero no solamente esto: Pone de relieve al Sagrado Corazón Eucarístico. Sabemos que es la Persona divina, porque va entornado por Serafines que lo están adorando; y porque otros ángeles, de menor jerarquía portan los instrumentos de su Pasión, que ya hemos identificado y detallado en la Cruz de los Improperios.

El Santo Ángel de la Guarda

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En la imagen vemos a un religioso presentando su corazón a un Ángel que va a ofrecer a Dios otros corazones consagrados. El Ángel de la Guarda tuvo un gran protagonismo pictórico desde el Barroco hasta la década de 1970. Si bien el Concilio Vaticano II fue una altísima Gracia para la Iglesia, lo que podemos llamar “el poconcilio”, es decir, las inumerables desviaciones que se perpetraron después, durante muchos años, fueron una desgracia y una tragedia, porque se ridiculizó, proscribió un riquísimo arsenal catequético, cuya proscripción es la raíz de la ignorancia general de los fundamentos de la fe en la feligresía católica, y aun en parte del clero mismo. Lo cual se traduce en el menosprecio del Sacramento de la Reconciliación y en la irreverencia, teorización y profanación de la Sagrada Eucaristía y de las comuniones sacrílegas de las que somos testigos.

Leemos en la Enciclopedia católica que: "La Iglesia nunca ha definido que toda alma individual tiene un ángel de la guarda, y, por consiguiente, no es un artículo de fe; pero es la “opinión de la Iglesia”, como San Jerónimo lo expresó: “qué grande la dignidad del alma, puesto que cada una tiene desde su nacimiento un ángel encargado de guardarla” (Comm. en Matt. XVIIII, lib.II). Sin embargo existe un extenso Magisterio de los Papas referido a la teología, piedad y devoción a los Ángeles de la Guarda.

Para dar una idea del afecto que inspiraron un tiempo los Ángeles de la guarda, y la certeza que se tenía de su intercesión y auxilio, pondremos dos ejemplos:


a) Las letanías al Ángel de la Guarda.

b) La traducción del texto latino que aparece al pie del grabado.

c) Himno de Laudes al Ángel de la Guarda.

d)Oración “Ángel de Dios”.

e) Novena al Ángel de la Guarda, de finales del período Barroco, compuesta en Lima por un padre del Oratorio de San Felipe Neri, en tiempos del Arzobispo González de la Reguera.

f) Los incontables millones de estampas devocionales que se han imprimido desde la invención de la imprenta hasta nuestros días.


a) Letanía breve al Santo Ángel de la Guarda

  • Santo Ángel, mi consejero, inspírame;
  • Santo Ángel, mi defensor, protégeme;
  • Santo Ángel, mi fiel amigo, intercede por mi;
  • Santo Ángel, mi consuelo, confórtame;
  • Santo Ángel, mi hermano, defiéndeme;
  • Santo Ángel, mi maestro, instrúyeme;
  • Santo Ángel, testigo de todas mis acciones, purifícame;
  • Santo Ángel, mi auxilio, sostenme;
  • Santo Ángel, mi intercesor, intercede por mí;
  • Santo Ángel, mi guía, oriéntame;
  • Santo Ángel, mi luz, ilumíname;
  • Santo Ángel, que fuiste designado por Dios para guiarme, condúceme.

b) Traducción del texto latino del grabado

"Ángel, que por la piedad de lo alto eres mi custodio: a mí, que te he sido encomendado, consérvame, defiéndeme y gobiérname para que sea digno de subir contigo a los reinos celestes. ¡Oh, santo Ángel de Dios, cuida de mí! (Trad. de Rodolfo Vargas Rubio).

c) Himno de laudes al Ángel de la Guarda

  • Ángel santo de la guarda, compañero de mi vida, tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día.
  • Aunque espíritu invisible, sé que te hallas a mi lado, escuchas mis oraciones y cuenta todos mis pasos.
  • En las sombras de la noche, me defiendes del demonio, tendiendo sobre mi pecho tus alas de nácar y oro.
  • Ángel de Dios, que yo escuche tu mensaje y que lo siga, que vaya siempre contigo hacia Dios, que me lo envía.
  • Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga, gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía.


d) Oración “Ángel de Dios”

"Ángel de Dios, bajo cuya custodia me puso el Señor con amorosa piedad, a mí que soy tu encomendado, alúmbrame hoy, guárdame, rígeme y gobiérname". Amén.

e) Novena al Ángel de la Guarda compuesta por un padre del Oratorio en Lima [1]

f) La Estampas del Ángel de la Guarda

Los ángeles nos conducen místicamente, mediante la Cardiomorfosis a presenciar la Pasión dolorosa de Cristo, y nos presentan el símbolo del Sagrado Corazón, como la su síntesis perfecta

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Vemos aquí otra bella muestra del extraordinario arte religioso mexicano. Se trata de uno de los llamados ángeles pasionarios. Sabiendo que Cristo es el centro de las operaciones angélicas, se entiende la decisión con la que el Ángel se encamina a cumplir su deber. Sabe lo que tiene que hacer y lo hace con presteza, que eso significan las alas. Porta una jofaina y una jarra, y sostiene con un dedo la argolla de la que pende la cadena de la linterna. No es otro que el Ángel de la Consolación, que se encamina a enjugar los sudores de sangre de Cristo y a ofrecerle agua y refresco. La linterna, que es de las llamadas linternas ciegas, que cuenta con una puerta que permite transportarla sin que se apague la vela, indica que hay un momento de luz y otro de oscuridad. La luz es el consuelo viene del Padre mediante el ministerio del Ángel; la oscuridad es el aparente abandono sufrido por Cristo Jesús, poco después, durante la traición de Judas y su violento apresamiento. El rostro sereno del Ángel expresa, que aunque es terrible lo que va a presenciar, es la voluntad de Dios. El teólogo jesuita Bertrand de Margerie, en un artículo publicado por la Enciclopedia católica, dice respecto de esta aceptación del consuelo: "Al aceptar este consuelo por nosotros, y en nuestro nombre, Jesús mostraba la realidad de su humanidad y de la debilidad humana que le reconocía la Epístola a los Hebreos. En la aceptación, por nosotros y a favor nuestro, del consuelo angélico, Jesús significaba anticipadamente que aceptaría para consolarnos nuestros consuelos. No solo nos hacía merecedores de poderlo consolar sino, también por generosidad respecto de nosotros, hacer de nosotros sus consoladores para consolarnos en nuestros momentos de desolación."

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No hay buena acción que no sea inspirada por el Ángel de la guarda; con mayor razón la del ofrecimiento del corazón o "cordis donatio". El Santo Ángel de la Guarda muestra místicamente al alma que cuida y dirige a Cristo flagelado en los calabozos del Pretorio de Jerusalén, y le indica que es ahí donde debe ver las consecuencias de sus malas acciones, que de ahí en adelante debe evitar, expiar y reparar. Este es el punto de partida de la cardiomorfosis: ponerse delante de Dios, reconocer la propia miseria y aceptar la redención que se le ofrece. En otras palabras el hombre pasa de ser desolador de Cristo a su consolador. Esto sólo es posible cuando el Sagrado Corazón de Jesús, horno de caridad ardiente, abrasa con el fuego de su amor el corazón humano.

Abrasa mi corazón con el fuego de tu amor.
Alegoría de la Caridad, por Zurbarán


Analicemos ahora la dramática escena del fin de los azotes de Cristo, que incluyen dos elementos fijados como modélicos en "Vulnera Christi":la columna de la flagelación y la espalda llagada de Cristo. Los espíritus más elevados, más cercanos a Dios se tapan los ojos para no ver el deicidio que ya ha sido puesto en marcha. Los ángeles más cercanos a los hombres, aquellos justamente que nos orientan en el camino cardiomórfico mediante la piedad, la compasión, la expiación, la reparación y la santa imitación, con solicitud y presteza asisten a Cristo malherido. Los varios cálices indican lo sangriento del castigo y la gran efusión de su sangre. Uno puede aproximarse a la piedad y tristeza de los ángeles y del alma que ha contemplado místicamente la flagelación, a través de la meditación de las letanías a la sangre de Cristo.


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  • Sangre preciosa por mi amor vertida, purifica mi alma de toda malicia.(*)
  • Sangre redentora, vida de mi vida.
  • Sangre derramada por las culpas mías.
  • Sangre rubicunda, de estima infinita.
  • Sangre, que llorando, mi Jesús vertía.
  • Sangre, que en las lágrimas, hilo a hilo corrías.
  • Sangre que te viste de hombres abatida.
  • Sangre que brotó de las agudas espinas.
  • Sangre que arrastrada fuiste y escupida.
  • Sangre que vertieron manos atrevidas.
  • Sangre del costado en la cruel herida.
  • Sangre dulce y suave, humana y divina.
  • Sangre con que aplacas tu justísima ira.
  • Sangre consagrada en hostia pacífica.
  • Sangre sin doblez, sangre inocentísima.
  • Sangre con que borras la escritura antigua.
  • Sangre en cinco pórticos de mejor piscina.
  • Sangre de mi amante, sangre amabilísima.
  • Sangre que te ofreces por quien más te pisa
  • Sangre que nutrió la dulce María.
  • Sangre siempre pronta a curar heridas.
  • Sangre en que se funda la esperanza mía.
  • Sangre que recauda la oveja perdida.
  • Sangre liberal, sangre agradecida.
  • Sangre encendedora de almas tibias.
  • Sangre que haces fuerte al que en ti medita.
  • Sangre santa, pura, amable y bendita.
  • Sangre que estremece a la sierpe maldita.
  • Sangre de mi alma, sangre de mi vida.
  • Sangre tú me salvas, tú me lavas y me limpias.


Iconográficamente hablando, los ángeles nos ponen al pie de la Cruz, mediante la adoración del símbolo del Sagrado Corazón, para que no veamos tanto la crueldad y brutalidad de sus verdugos, los pecados nuestros, sino el infinito Amor que lo mueve a estar en el madero como Víctima de reconciliación de los hombres con el Padre.

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Los ángeles nos presentan a Jesucristo como ideal del ser humano
Nada conmueve ni satisface más al ángel que el ver el corazón de su protegido conformado con el de Cristo.

Finalmente, los ángeles nos presentan como ideal del ser humano a Jesucristo, espejo en cual estamos obligados a mirarnos. Además es una invitación a recorrer el camino de la cardiomorfosis, que la Iglesia nos ha enseñado, fijando para tal fin, las líneas pastorales, el marco teológico, los emblemas generadores de iconografía y la pautas canónicas de rigen a éstas últimas. Nada conmueve ni satisface más al ángel que el ver el corazón de su protegido conformado con el de Cristo.

José Gálvez Krüger

Nuestro gradecimiento a:

  • Alejandro Hernández E.
  • Arq. Luis Martín Bogdanovich M.
  • Arq. Juan Pablo El Sous Z.