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Lunes, 16 de octubre de 2017

Diferencia entre revisiones de «La Cardiomorfosis en el Arte y la Arquitectura virreinal»

De Enciclopedia Católica

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José Gálvez Krüger
 
José Gálvez Krüger
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'''Ponencia en el Simposio internacional patrimonio religioso peruano'''
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* [[Los Santos Ángeles y la Cardiomorfosis]]
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* [[Origen sindónico del símbolo del Sagrado Corazón de Jesús]]
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* [[Origen sindónico de la Cruz medieval de los Improperios usada en el mundo barroco]]
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* [[La Cardiomorfosis y la devoción a los Santos Cristos]]
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* [[La Cardiomorfosis y la Esclavitud que libera]]
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* [[Cardiomorfosis: Cordis tabula legis; el corazón es tabla donde se escribe la Ley]]

Revisión de 10:56 9 sep 2017

El tema de la Cardiomorfosis, no es un asunto difícil de explicar y menos aun de comprender, pero –por ser un tema barroco – no puede ser expuesto sin evitar las digresiones, las bifurcaciones, las alegorías de todo tipo y sin recurrir simultáneamente a la oposición, a la contradicción y al reflejo de espejo para esclarecer lo que es materia de análisis.

Sin embargo, sabiendo que el tiempo huye irreparablemente, que la claridad es la cortesía del filósofo y que lo que se conoce bien, se expone con facilidad, iré directamente al meollo del asunto para mostrarles, cuáles son los temas en la escultura y en la pintura virreinales que están sujetos a la regla emblemática de “Cardiomorfosis”.

En primer lugar. Explicaremos qué es la Cardiomorfosis y en que contexto se desarrolla.

En segundo lugar: Indicaremos sus fundamentos emblemáticos y modélicos.

En tercer lugar examinaremos los ejemplos, que a mi parecer, aglutinan tal cantidad de elementos que hace imposible negar la práctica del camino espiritual de cardiomorfosis en el mundo Hispánico, y concretamente en Lima. Los oyentes podrán discrepar del dicente en torno, tal vez, de las interpretaciones que dé de las evidencias, pero no podrán impugnar ni su pertinencia , ni su validez.

Qué es la cardiomorfosis

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En sentido restringido, podemos decir que la Cardiomorfosis es un proceso de conversión espiritual, es decir del corazón, a partir de un modelo principal o hypogrammón, ofrecido por Cristo mismo, con el auxilio y ejemplo de dos modelos concurrentes: el Sagrado Corazón de María y el llamado Sagrado Corazón de San José.


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Dicho de otra manera, la Cardiomorfosis es una invitación a recorrer todo el Camino del Calvario, enfrentar sin miedo a la muerte, teniendo como horizonte la Resurrección y el Triunfo Escatológico. Esto explica en líneas generales la popularidad de la devoción a los Santos Cristos, a la Cruz de los Improperios (llamada entre nosotros del caminante) a los dolores de María, la Siempre Virgen Gloriosa y Bendita, la devoción a las Almas del Purgatorio, la invocación permanente a los Santos Ángeles, el temor al Infierno y el odio al demonio maldito, la Exaltación de la Sagrada Eucaristía en la pintura, y su apoteosis Sacramental en la Fiesta del “Corpus Christi”; sólo por mencionar los temas más frecuentes en el arte religioso del virreinato.

Fue no sólo una camino espiritual sino, también, una empresa política del Imperio español, que perseguía el ideal “Universo católico”, de constituirse en imperio levita (santificado), donde sus súbditos y funcionarios fueran santos, y donde Cristo Eucaristía reinara desde los sagrarios y ostensorios, reino que tendría como primer súbdito y defensor, al Rey de España, de las Indias, y de las Filipinas.

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Hasta donde podemos ver, y creemos no equivocarnos, el diseño artístico del "Corazón de Jesús simbólico" que ha llegado hasta nosotros, es fruto de una evolución iconográfica que, partiendo de formas más complejas tiene su fundamento en la antigua veneración al Sudario de Turín y, más precisamente, en las ilustraciones del libro “Jesu Christi Crucifixi stigmata sacræ Sindoni impressa”. [sic] Los jesuitas recibieron el encargo de la difusión universal de un culto de adoración, expiación y reparación a este Sacratísimo Corazón. Los hijos de Loyola subordinaron todo a este propósito. Tuvieron que explicar la Revelación, el Evangelio de Cristo, el anuncio de su muerte, la proclamación de su Resurrección y el advenimiento de los Tiempos escatológicos, de manera simbólica mediante emblemas que fuesen pulquérrimos en lo estético, imbatiblemente sólidos en lo teológico, edificantes en la moral, viables y realistas en la praxis política, amorosamente conmovedores en lo emotivo, elocuentes y elegantes en lo retórico, incorruptibles e inmarchitables a pesar del curso de los siglos, sonoramente gustosos en lo musical, y didácticamente versátiles en lo pedagógico... y por si fuera poco, que pudiesen combinarse todos entre sí, sin contradecirse ni embarazarse. La emblemática de amor divinio, o cardiomórfica, es realmente magistral. Siendo original, demuestra inventiva, santa propedéutica, divina inspiración, ciencia profunda y un ardorosísimo celo pastoral.


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Se llegó a una exposición perfecta que resumiera en un solo símbolo el Amor infinito de Dios, la humanidad de Cristo, desde su Encarnación hasta su muerte en Cruz, sin preferir una Naturaleza sobre otra, y que aunque enfocada en sus sufrimientos y en su muerte, no prescindiera de su Gloriosa Resurrección, ni de su Triunfo escatológico.

Si nos valemos del arte pictórico-catequético y de la literatura piadosa y devocional referidos a esta devoción, se infiere que la llave maestra que abre todas las puertas de acceso a esta devoción la hallamos en la Síndone de Turín, pero específicamente en la publicación de un libro dedicado al estudio del sudario sepulcral de Cristo crucificado y resucitado, titulado <<Iesu Christi crucifixi stigmata>>

El cuerpo llagado,las manos y los pies del Redentor

Podemos afirmar que la gestualidad, los perfiles y los símbolos distintivos exhibidos por los santos Cristos del barroco quedaron fijados definitivamente por la publicación de los grabados, en la obra mencionada.


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Con esta imagen de Cristo tundido a azotes, y con la de los pies se inicia la conversión al símbolo de la Pasión redentora. Ambas permiten y soportan varias interpretaciones, todas ellas correctas y correspondientes entre sí. Además de lo evidente, que es la mano enclavada – que supone "madero", "mano", "clavo", "herida", "sangre" y “llaga” (herida sanada), la mano es alegoría de trabajo, de las obras de justicia Cristo, de la diligencia de Cristo ("poner manos a la obra", según el dicho popular), como también de la ofrenda , del auxilio, de la largueza y de la mansedumbre de Cristo.

Además, recordará las actividades manuales de Cristo niño, sus labores silenciosas en la carpintería de San José, (o como pastorcillo) y los afanes de su Vida Pública. Recuérdese que todos los actos previos a la Pasión son igualmente redentores, aunque incruentos. Este horizonte será el que vertebre teológicamente las representaciones de los Niños pasionarios, tan abundantes y las representaciones de Cristo obrero.

En lo que toca a los pies, ya en los Salmos y en los libros Sapienciales me menciona a los pies en función de enrumbar por el buen o mal camino ("pies presurosos que corren hacia el mal", el pie que tropieza, etc). La meditación en esta obras redentoras realizadas por las manos de Cristo, y el Camino de vida que trazaron sus pies, debe motivar al cristiano a examinar las obras y las sendas personales, y a los afectos que los causaron.

Las extremidades remiten al cuerpo entero; el cuerpo contiene al Sagrado Corazón que le da la vida; y el Sagrado Corazón es el trono del Amor de los Amores: es trono del Sagrado Corazón Eucarístico.

Bastará con el símbolo de los “tres clavos” para recordar que se clavaron las manos a un madero, del que pendió Cristo, quien murió por la efusión total de Su sangre preciosísima, que manó del corazón hasta su total vaciamiento.

Una vez fijado el símbolo del Sagrado Corazón de Jesús, que deriva de "las cinco llagas de Cristo", como recapitulativo de la Pasión , la Iglesia se vale de los mismos elementos para fijar otro símbolo recapitulativo de la misma Pasión, pero esta vez con fines catequéticos, a diferencia del anterior, que fue con fines de Adoración: la Cruz de los improperios, conocida en el Perú como la <<Cruz del caminante>> y en el Norte argentino como la <<Cruz del catequista>>, muy usada por los misioneros jesuitas.


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Llegados a este punto, es fundamental recordar y tener siempre en cuenta que los jesuitas acopiaron todos los símbolos del imaginario cristiano latino y bizantino, para infudirle una mayor carga semántica, sin apartarse un ápice de su carga teológica primigenia.La “Cruz de los improperios” está indisolublemente ligada al iconografía cardiomórfica, y por ser panoplia de las “Armas de Cristo” nunca falta en las alegorías del combate de la nave de la Iglesia.

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La centralidad y dimensión del rostro coronado de espinas, indica indubitablemente que se trata de Cristo Redentor. El círculo colocado en la parte superior, encerrando el símbolo de las llagas, indica dos cosas: mediante el círculo se expresa la divinidad, dado que el círculo no tiene principio ni fin; y mediante las extremidades y el corazón, se denota la humanidad de nuestro Salvador. Todo lo demás es periférico, pasajero, histórico, narrativo, dramático, pero expresado en una simbología que apunta a la mnemotecnia con intenciones pastorales. Nótese, que simétricamente colocados a ambos lados de la cabeza de Cristo, están otros dos símbolos igualmente fijados en "Vulnera Christi": los clavos y las manos ligadas. Estamos ya ante el “enigma simbólico” que se explica al cabo de la suma de todos su jeroglíficos. A su vez, cada jeroglífico constituye en sí misma una devoción, un sendero particular en el camino cardiomórfico. El símbolo del Sagrado Corazón de María y el del Castísimo Corazón de San José, por coherencia discursiva y por conveniencia pastoral, no tardaron en aparecer, primero como símbolos propiamente tales, y luego en el contexto pictórico de los “Gozos y dolores” y el “Jardín de las delicias”

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Fundamentos emblemátcos y modelícos: los temas

Nuestro arte estatuario y pictórico, en lo temático, no estuvo sujeto al azar o la inspiración de tal o cual artista. Estuvo, ya lo sabemos, al servicio de la cristianización de América.

Sin arrogarnos pretensiones de expertos en arte, en lo que toca a la cardiomorfosis, podemos observar tres corrientes netamente perceptibles: el enigma pictórico , el relato pictórico, y el relato pictórico piadoso, que a su vez podía ser de uso devocional privado, público y conventual, (como por ejemplo las imágenes del Niño Jesús)

a) El enigma pictórico: A diferencia del enemigma profano y literario, que exhibía la ciencia que hincha y el artificio que envanece, que era sólo ofrecido al descubrimiento de los cultos y letrados, doctos y lectores de polianteas; el enigma religioso católico de cristianización es, por el contrario, ofrecido al desciframiento de todos, pero especialmente de los ignorantes, de los entendimientos sencillos, incluso al de niños y mujeres.

Es una adivinanza gráfica que pide “a gritos” ser descifrada. Incluye siempre en la parte central y focal el jeroglífico “tema”, circundado de todos los elementos predicable de ese asunto, por lo general conocidos por todos; de tal manera que si se les coloca en el orden cierto, se descifra el mensaje; cumpliendo así el lema de la emblemática: Deleitando enseña”

b) En la “composición de lugar jesuítica”, los relatos pictóricos, permitían a los predicadores, pero especialmente a los catequistas unir la “imagen y la palabra”, tener un apoyo visual que facilitara la comprensión delos oyentes de los hitos de la Historia de la Salvación, del Antiguo y Nuevo Testamento y de las vidas ejemplares de los fundadores de las órdenes religiosas. Pensemos si no en los claustros de los conventos, las pinturas murales y la abundancia de ellas en las iglesias de misión, como las de Puno y el Cuzco, sin mencionar las pinturas enrollables para la predicación ambulante.


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c) El relato pictórico piadoso, sin ser bíblico, era considerado útil a la predicación y beneficioso para la edificaión de los espíritus: a éste rubro corresponde los trabajos de Dios-Niño en la carpinteria de Nazareth, los diversos niñoss durmientes y desvelados; los Niños pasionarios, los Niños redentores, la Virgen Niña Hilandera, las imágenes doméstica de San Joaquín y Santa Ana, etc.


Dicho esto trataremos de reconstruir, de la manera más fidedigna posible, un escenario que conjuge la mayor cantidad de elmentos de una “composición de lugar cardiomórfica” y que reuna en un solo lugar escultura, pintura, devoción, escultura y arquitecturas, todas ellas sujetas al canon emblemático de cardiomorfosis básico en la praxis de la santidad barroca del Perú Virreinal.

Fijemos como tema la donación del corazón: Son abundantísimas las imágenes que muestran a hombres y mujeres ofreciendo su Corazón a Cristo y a la Virgen María, Madre de dios. Aquí concurren varios modelos emblemáticos: “la donación del corazón”, el “incendio de amor” el “oratorio del corazón”, “el asilo en corazón abierto” , "el refugio en el nido de la paloma", entre otros”; igualmente en el “Memento mori”, la vida penitente, imitativa y pasionaria que caracteriza al devoto del Sagrado Corazón de Jesús.

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La arquitectura de San Agustín, en Lima, funciona a manera de un resumen de camino cardiomórfico, no sólo por el espléndido pórtico pétreo y la escultura colosal del Gran Doctor de la Iglesia, sino también por su colección, hoy tan menguada, de Santos Cristos y por el recuerdo de sus dolientes procesiones de Semana Santa.

Todo el conjunto evocado es recordatorio de que la vida es una continua preparación para la muerte; que hay merecer el Cielo, y evitar el Purgatorio; que hay espantarse del Infierno para huir del pecado mortal y de cualquier ocasión de pecar.

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La campana “Mónica”, cuando tañe, nos recuerda -en tanto que lágrimas de madre- los dolores causado al Sagrado Corazón de María por los pecados de los hombres, y su desobediencia a Dios; y cuando repica, los gozos de su corazón cuando ve a sus hijos – el hombre pecador figurado en San Agustín – unir su corazón convertido al Sagrado Corazón de Jesús. Las aspas de la Mónica, que es campana basculante, bien puede - con su vaivén- aludir a la inconstancia del hombre, y al ineviable camino de ida y vuelta entre el pecado y la gracia.


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El muro pretil de la Iglesia, de poca alzada, nos indica que ingresar a la Iglesia no es imposible, que las puertas Magnas del cielo siempre estan abiertas de par en par al Santo, y que hay una puerta excusada, que el pecador puede abrir, mediante el camino de la conversión cardiomórfica, que no es el otro que el de la cruz. El muro pretil separa el infierno del Purgatorio, mientras que la magnífica portada de piedra conduce del Purgatorio al Trono de Dios; es decir, al Tabernáculo del Santísimo Sacramento. La piedra indica que los cimiento del Cielos no se conmueven. Encima del óculo de la portada el triángulo Trinitario proclama que sólo Dios es Santo, que sólo Dios es el Señor, que sólo dios es Altísimo, y que Dios es Amor y nada más que Amor: ¡Dios tiene corazón!

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La cruz de los improperios incrustada en el muro pretil, en el borde arquitectónico imaginario que separa al mundo terrenal y al infierno del purgatorio, es un llamado clamoroso para que los corazones compasivos ofrezcan las misas de San Gregorio por las almas más necesitadas y abandonadas de esta cárcel de Amor. Pero ésta labor sólo puede estar en manos de los que son viadores en el mundo terrenal, en el que tienen que hacer obras meritorias obras de misericordia y actos heroicos en beneficio de la Iglesia militante, a la que pertenecen; de sufragio a la Iglesia sufriente, que lo clama; y de gloria de alabanza a la Iglesia Triunfante que las merece.

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Terminemos invocando las constituciones del Sacrosanto Concilio de Trento:

“Deben los obispos enseñar que por medio de la historia de los misterios de nuestra redención, contenida en pinturas y otras representaciones, la gente se instruye y se forma en los artículos de la fe, que se deben tener siempre en mente y sobre los que se debe reflexionar constantemente”

José Gálvez Krüger

Ponencia en el Simposio internacional patrimonio religioso peruano


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