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Jueves, 19 de octubre de 2017

Fundamentos de la Doctrina social de la Iglesia

De Enciclopedia Católica

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Introducción

- Muchos de nosotros, sacerdotes, que hace años hemos estudiado la doctrina social de la Iglesia, nos encontramos ahora en una situación de ministerio sacerdotal en la que debemos aplicar constantemente estos principios a las situaciones concretas.

- La Doctrina Social de la Iglesia tiene un fin eminentemente practico y personal y no sólo intelectual o cognoscitivo. Para nosotros sacerdotes tiene una dimensión doble: aconsejara los demás (médicos, empresarios, políticos, madres de familia...) sino también tomar en serio nuestra responsabilidad con los más necesitados.

- Intento desarrollar este breve exposición sobre los fundamentos de la Doctrina Social de la Iglesia en 3 partes, a saber: (1) la naturaleza de la Doctrina Social, (2) los fundamentos de la Doctrina Social, (3) algunos consejos prácticos.


¿Qué es la doctrina social de la Iglesia?

- Antes de nada, debemos recordar, aunque sea muy brevemente, de qué se trata este tema de la doctrina social de la Iglesia. ¿Qué es exactamente?

¿Qué no es?

- No es una tercera vía. No es una propuesta económica o política, no es un "sistema" ... Aunque se haga una crítica, por ejemplo, del socialismo y del capitalismo, no propone un sistema nuevo, una vía intermedia. No es una propuesta técnica, tanto para el campo político, o para el campo económico o social, sino que es más bien una doctrina moral, que surge de la concepción cristiana del hombre y de su vocación al amor y a la vida eterna. Forma una "categoria a se".

- No es una utopía, en el sentido de un ideal social imposible de alcanzar. No intenta describir un paraíso terrenal donde el hombre pueda alcanzar su perfecta realización.

- No obstante, no es en lo más mínimo un pragmatismo, un conformismo o una resignación ante la realidad y las estructuras existentes, sino que intenta desafiar al hombre creando una sana tensión entre las realidades temporales como son y los ideales del Evangelio. Busca soluciones verdaderamente dignas del hombre.

- No es una doctrina fija, estática, sino más bien un desarrollo continuo. En verdad, los principios fundamentales no cambian, puesto que están arraigados en la naturaleza humana que no cambia, sino que las aplicaciones se adaptan a las nuevas circunstancias históricas de tiempo y espacio.

¿Qué es? Una definición

- Pertenece al campo de la teología y específicamente de la teología moral.

- Según la explicación del magisterio, es la adecuada formulación de los resultados de una atenta reflexión sobre las realidades complejas de la existencia del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial.

- Es un * conjunto de principios de reflexión, de criterios de juicio y de directrices de acción*, cuyo alcance principal es interpretar tales realidades, examinándose la conformidad o disconformidad con las líneas trazadas por las enseñanzas evangélicas sobre el hombre y su vocación terrena y al mismo tiempo la trascendente; para orientar, por lo tanto, el comportamiento cristiano.

- ES un conjunto de orientaciones para la evangelización de la sociedad y de todas las realidades temporales

C. Su contenido

Tiene una triple dimensión

Contiene:

(1) principios y valores fundamentales: toma sus principios de la teología y de la filosofía, con la ayuda de las ciencias humanas y sociales que la completan. Principios: la dignidad de la persona, el bien común, la solidaridad, la participación, la propiedad privada, el destino universal de los bienes... Valores fundamentales: la verdad, la libertad, la justicia, la caridad, la paz...

(2) criterios de juicio: sobre sistemas económicos, instituciones, estructuras; adoptando también datos empíricos. Ejemplo: juicio de la Iglesia sobre el comunismo, el liberalismo, la teología de la liberación, el racismo, el fenómenos de la globalización, el salario justo, etc.

(3) orientaciones para la acción: juicios contingentes sobre situaciones históricas. No es una deducción lógica y necesaria, sino que es fruto igualmente de la experiencia pastoral de la Iglesia y de un discernimiento cristiano de la realidad. La opción preferencial por los pobres, el diálogo, el respeto por la legítima autonomía de las realidades políticas, económicas y sociales. Un ejemplo es las sugerencias de la condonación de la deuda externa, la reforma agraria, la formación de cooperativas, etc. (Cfr. Gaudium et spes, 67-70).

Fundamentos de la Doctrina Social de la Iglesia

Fundamento general

- El primer fundamento es, sin más, el propio mandamiento del amor: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como si mismo. Este es el fundamente de toda la moral cristiana, y por lo tanto de la doctrina social de la Iglesia, que forma parte de la moral. Jesús dijo que el mandamiento doble del amor no es solamente el primero y más importante de los mandamientos sino que también es un resumen o compendio de toda la ley de Dios y del mensaje de los profetas.

- Por ello, la doctrina social de la Iglesia da una respuesta a un pregunta: ¿Cómo debo amar el prójimo en el contexto político, social y económico? Como sabemos bien, el amor de Dios y del prójimo no se reduce a una obligación sentimental de asistir a misa y echar algunas monedas en la cesta del ofertorio. Debe impregnar, de hecho, toda la vida y conformar nuestras acciones y nuestro ambiente de acuerdo con el Evangelio.

- Este principio es muy importante para poder superar la tendencia a considerar la economía o la política como algo completamente separado de la moral, cuando en realidad es justamente allí donde el cristiano hace que su fe incida en la vida temporal.

Los cuatro principios básicos de la Doctrina social

El mandamiento del amor, sería, por lo tanto, el fundamento general de toda la doctrina social de la Iglesia. No obstante, existen fundamentos específicos, que se pueden resumir en los cuatro principios básicos de toda la doctrina social de la Iglesia, cuatro columnas sobre las cuales se asienta todo el edificio. Estos pilares son (1) la dignidad de la persona humana, (2) el bien común, (3) la subsidiariedad, e (4) la solidaridad.

La dignidad de la persona humana

El primer principio clásico es el principio de la dignidad de la persona humana, del que surgen los derechos humanos. Pensar correctamente sobre la sociedad, la política, la economía y la cultura significa en primer lugar comprender correctamente quién es la persona y cuál es su bien verdadero. Toda persona, creada a imagen de Dios, posee una dignidad inalienable por la cual debe ser tratada siempre como fin y no sólo como un medio. Cuando Jesús, adoptando la imagen del Buen Pastor, habla de la oveja descarriada, nos enseña lo que piensa Dios del valor de la persona humana. Dios no piensa en los hombres en masa, ni en porcentajes, sino como personas individuales. Cada persona le es preciosa, insustituible.

"Pero hay que tener presente desde ahora que lo que constituye la trama y en cierto modo la guía de la Encíclica y, en verdad, de toda la doctrina social de la Iglesia, es la correcta concepción de la persona humana y de su valor único, porque " el hombre ... en la tierra es la sola criatura que Dios ha querido por sí misma ".[38] En él ha impreso su imagen y semejanza (cfr. Gén. 1, 26), confiriéndole una dignidad incomparable..." (CA 11).

Por ello la Iglesia no piensa en primer lugar en el estado, el partido, la tribu o en el grupo étnico sino que lo hace de las personas individuales. La Iglesia, como Cristo, defiende la dignidad de las personas. Entiende el valor del estado y de la sociedad como servicio a las personas y a las familias, y no al revés. El estado en particular tiene el deber de tutelar los derechos de las personas, derechos que no provienen del estado sino del Creador.

El bien común

El segundo principio clásico de la doctrina social de la Iglesia es justamente el principio del bien común. Está definido por el Concilio Vaticano II como "el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección" (GS 26 § 1; cfr. GS 74 § 1; CCC 1906).

El hombre, creado a imagen de Dios que es comunión trinitaria, alcanza la propia perfección no aisladamente de los demás sino en comunidad. El egoísmo que nos lleva a buscar el bien propio por encima del bien común, se supera a través de la búsqueda del bien común.

- El bien común es un bien de la sociedad como tal, un bien nuestro y no solamente mío, ni tampoco sólo tuyo, y mucho menos de una colectividad abstracta exterior a nosotros. El bien común nos permite expresarnos como sujeto común, "nosotros" y de poseer un bien común, "nuestro".

- El hombre es esencialmente (y no sólo circunstancialmente) social, relacional, interpersonal. Nuestro bien es necesario incluso para mi realización, es decir, para mi bien particular. El hombre se perfecciona en la sociedad y a través de la sociedad. Por ello, el bien común se distingue pero no se opone al bien particular de cada uno. Muchas veces mi bien y tu bien se encuentran en nuestro bien.

- El bien común se opone, por el contrario, al utilitarismo, es decir a la máxima felicidad (placer) para el máximo número de personas, que lleva necesariamente a la subordinación de la minoría a la mayoría. La excelencia e inviolabilidad de la persona individual excluya esta posibilidad si se subordina el bien de uno al bien de los demás, convirtiendo así al primero en un medio para la felicidad de los otros.

Subsidiariedad

El tercer principio clásico de la doctrina social es el principio de la subsidiariedad. Ha sido explicado por primera vez por el Papa Pío XI en su carta encíclica Quadragesimo Anno. Este principio enseña que las decisiones en la sociedad deben dejarse al nivel más bajo posible, es decir al nivel más cercano de las personas sobre las que incide la decisión. Este principio ha sido formulado justamente a la sombra de las amenazas del totalitarismo con su doctrina centralista de la subordinación de la persona al estado. Nos invita a buscar soluciones a los problemas sociales primero en el sector privado antes de solicitar la intervención del estado.

El propio Papa León XIII "varias veces sobre los necesarios límites de la intervención del Estado y sobre su carácter instrumental, ya que el individuo, la familia y la sociedad son anteriores a él y el Estado mismo existe para tutelar los derechos de aquél y de éstas, y no para sofocarlos" (CA 11).

Solidaridad

El cuarto principio básico de la doctrina social de la Iglesia ha sido explicitado recientemente por el Papa Juan Pablo II en su carta encíclica Sollicitudo rei socialis (1987). Este principio se llama el principio de la solidaridad. Frente a la globalización, es decir a la creciente interdependencia de los hombres y los pueblos, es importante tener presente que la familia humana es una. La solidaridad nos invita a crecer en nuestra sensibilidad con los demás, y sobre todo con aquellos que sufren.

Pero agrega el Santo Padre que la solidaridad no es un mero sentimiento, sino una verdadera "virtud" por la que nos hacemos responsables de los otros. El Santo Padre ha escrito que la solidaridad "no es un sentimiento de vaga compasión o de ternura superficial por los males de tantas personas, cercanas o distantes. Por el contrario, es la determinación firme y perseverante de trabajar por el bien común: o sea por el bien de todos y cada uno porque todos somos en verdad responsables de todos" (SRS, 38).


Reflexiones y consejos prácticos

Cinco consejos prácticos para nosotros sacerdotes en cuanto al tema de la Doctrina Social de la Iglesia:

1. Leer y conocer bien el magisterio social de la Iglesia, para poder exponerla con seguridad, y para estar seguros de que lo que enseñamos en nombre de la Iglesia es, de hecho, lo que enseña la Iglesia y no nuestra opinión personal.

2. Humildad para no dar saltos mortales desde los principios generales a los juicios concretos, sobre todo de manera categórica y absoluta. No debemos sobrepasar los límites de nuestro conocimiento y competencia específica.

3. Un gran sentido del hombre, de la gracia y del pecado, de la justicia. Esto implica una gran sensibilidad hacia el que sufre, un gran realismo, y también la conciencia de que la vocación del hombre es un primer lugar la de ser santos y glorificar a Dios en la eternidad.

4. Evitar—por nosotros mismos y por los demás—la tentación de utilizar la doctrina social de la Iglesia como un arma para juzgar "a los otros" (la industria, los políticos, las multinacionales...), pero más bien debemos fijarnos primero en nuestra vida y nuestras responsabilidades personales, sociales, económicas y políticas.

5. Saber colaborar estrechamente con los laicos que son los verdaderos expertos en su campo y los primeros responsables de la doctrina social de la Iglesia.

LG 31. A los laicos pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales.

CCC 899. La iniciativa de los cristianos laicos es particularmente necesaria cuando se trata de descubrir e idear los medios para transmitir las exigencias de la doctrina y de la vida cristiana a las realidades sociales, políticas y económicas. Esta iniciativa es un elemento normal de la vida de la Iglesia.

P. Thomas Williams, LC, STD, PhL

Fuente: [[1]]