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Escultor, pintor y arquitecto italiano, nacido en Caprese, en el valle
superior del Arno, el 6 de Marzo de 1475; muerto en Roma el 18 de Febrero
de 1564. Miguel Ángel, uno de los máximos artistas de todos
los tiempos, venía de una familia noble florentina de escasos medios,
y en 1488 se puso de aprendiz con Domenico Ghirlandajo. Mientras estaba
de aprendiz, suscitó la admiración de su maestro por la
animación natural de sus dibujos, y por recomendación de
Ghirlandajo, y deseo de Lorenzo el Magnífico, recibió formación
adicional (1489-92) en el palacio de los Medici, en la escuela de escultura
entonces bajo la dirección de Bertoldo, uno de los discípulos
de Donatello. Como estudiante y residente en el palacio, Miguel Ángel
convivió con los hijos de Lorenzo en la más distinguida
sociedad de Florencia, y en esta época fue introducido en el círculo
de los eruditos de la Academia y en sus sabios intereses. Mientras tanto,
Miguel Ángel estaba estudiando con notorio éxito los frescos
de la capilla Brancacci. Tras la muerte de Lorenzo, pasó el tiempo
parte en su casa, parte en el monasterio del Santo Spirito, donde se ocupó
de estudios anatómicos, y parte en casa de Piero de’Medici,
que, sin embargo, fue desterrado en 1494. Hacia esa misma época
Miguel Ángel dejó Florencia por Bolonia. Volvió en
1495, y comenzó a trabajar como escultor, tomando como modelo las
obras de sus predecesores y las obras maestras de la antigüedad clásica,
sin sacrificar, sin embargo, su personalidad. En 1496 marchó a
Roma, adonde le había precedido su fama, y se quedó allí
trabajando como escultor hasta 1501. Al volver a Florencia se dedicó
a la pintura y la escultura hasta 1505, en que el Papa Julio II le llamó
para entrar a su servicio. Después de esto, Miguel Ángel
fue empleado alternativamente en Roma y Florencia por Julio II y sus sucesores,
León X, Clemente VII y Paulo III que fueron sus patronos específicos.
En 1534, poco después de la muerte de su padre, Miguel Ángel
dejó Florencia para no volver nunca más. Los acontecimientos
ulteriores de su vida están estrechamente relacionados con sus
labores artísticas. Unas semanas después de su muerte su
cuerpo fue traído de vuelta a Florencia y unos meses más
tarde se celebró un majestuoso servicio conmemorativo en la iglesia
de San Lorenzo. Su sobrino, Leonardo Buonarroti, le erigió un monumento
sobre su tumba en la Santa Croce, para la cual Vasari, su bien conocido
discípulo y biógrafo, proporcionó el diseño,
y el duque Cosimo de’Medici el mármol. Las tres artes están
representadas llorando sobre el sarcófago, encima del cual está
un nicho que contiene el busto de Miguel Ángel. Se erigió
en su memoria un monumento en la iglesia de los Santi Apostoli de Roma,
representándole como un artista en traje de faena, con una inscripción:
Tantum nomini nullum par elogium. (Ningún elogio es suficiente
para un hombre tan grande).
Miguel Ángel fue un hombre de carácter polifacético,
independiente y persistente en sus visiones y sus esfuerzos. Su característica
más destacada fue una enérgica determinación, guiada
por un sublime ideal. Incansable, trabajó hasta muy avanzada edad,
a costa de grandes sacrificios personales. No fue, sin embargo, inflexible
hasta el punto de la obstinación. Su producción en todas
las ramas del arte muestran la gran fertilidad de su mente. En literatura
fue un devoto estudioso y admirador de Dante. Un ejemplar de la “Divina
Comedia”, ornamentada por él con dibujos al margen, desgraciadamente
se ha perdido. Imitando el estilo de Dante y Petrarca, escribió
versos, “canzoni”, y especialmente sonetos, que no carecen
de valor, y suscitan la sorpresa por la calidez de sus sentimientos. Nunca
se casó. Una austera seriedad es característica del escultor,
pero la ternura de su corazón se muestra en su emocionante amor
y solicitud por su padre y hermanos. Aunque aparentemente absorto en su
arte, y a menudo en circunstancias apuradas, siempre estuvo dispuesto
a ayudarlos con palabras y hechos. “Te enviaré lo que me
pides”, escribía, “incluso si tengo que venderme como
esclavo”. Tras la muerte de su padre concibió un profundo
afecto por un joven romano, Tommaso de’Cavalieri, y también
contrajo íntima amistad con la poetisa de elevadas ideas, Vittoria
Colonna, que para entonces había pasado de la juventud. Con sus
discípulos, Vasari y Condivi, estaba en los términos más
cordiales, y un sirviente que estuvo veintiséis años en
su empleo experimentó su liberalidad. Las biografías que
tenemos de los discípulos mencionados y las cartas del propio Miguel
Ángel atestiguan de los rasgos más benévolos de su
carácter. Dio a los artistas más jóvenes generosa
ayuda mediante sugerencias, esbozos y diseños, entre otros a Sebastiano
del Piombo, Daniele da Volterra, y Jacopo da Pontormo. Miguel Ángel
tenía pocas necesidades personales y era insólitamente abnegado
en vestido y dieta. Los sermones de Savonarola, que recordaba incluso
en su vejez, le influyeron probablemente en alguna medida para adoptar
esta austeridad de vida. Además, la gravedad de su propia mente
le hacía darse cuenta de la vanidad de los ideales terrenos. Su
espíritu estaba siempre absorto en la lucha por alcanzar la perfección.
Aun con todo esto no era altanero; muchos de sus dichos que nos han llegado
lo muestran insólitamente modesto. La explicación de su
falta de voluntad por tener ayudantes debe buscarse en la peculiaridad
de sus métodos artísticos. La vida de Miguel Ángel
estuvo llena de pruebas incesantes, aunque pese a un temperamento arrogante
y a muchas enfermedades corporales mostró una notable compostura
y autodominio. No importa cuántos problemas le causaran sus distinguidos
patronos, raramente se debilitó su lealtad hacia ellos. Fue igualmente
fiel a su ciudad natal, Florencia, aunque la confusión política
que allí reinaba le hizo proferir muchas quejas. Le obligó
a pasar la mitad de su vida en otros lugares, aunque deseó descansar
tras su muerte en tierra florentina; ni las más tentadoras ofertas
le indujeron a dejar Italia. Parece merecido el elogio que le otorga un
contemporáneo, cuando dice que Miguel Ángel, en todos sus
noventa años de vida, nunca dio base para sospechar de la integridad
de su virtud moral.
ESCULTURA
Primer periodo
Si se toman los años anteriores a 1505, esto es, antes del llamamiento
de Julio II, como la juventud de Miguel Ángel, puede decirse que,
incluso cuando era un alumno en la escuela de Bertoldo, atrajo la atención
no sólo por su obra en arcilla y por la cabeza de un fauno de mármol
según un modelo clásico, sino especialmente por dos bajorrelieves
de diseño propio. La “Madonna sentada en un escalón”,
que estrecha al Niño contra su pecho bajo su manto, muestra, es
cierto, sólo poca personalidad, gracia, y ternura, aunque quizá
por esta misma razón más dignidad. El estilo posterior de
Miguel Ángel se reconoce más fácilmente en la “Batalla
de los centauros”, que representa un amplio grupo de figuras, anatómicamente
bien dibujadas, trabadas en un apasionado combate. Se dice que en años
posteriores el artista, al referirse a este grupo, expresó su disgusto
por no haberse dedicado exclusivamente a la escultura. Parece haber tomado
la concepción de esta obra de un relieve en bronce de Bertoldo
y haber imitado el estilo de Donatello. La obra de Miguel Ángel
ciertamente recuerda a Donatello en el ropaje de la Madonna arriba mencionada
y en la forma realista en que se expresa el sentimiento de esta composición.
Tras la muerte de Lorenzo Miguel Ángel produjo un Hércules
de tamaño heroico que fue llevado a Fontainebleau y desde entonces
ha desaparecido. Thode parece, sin embargo, haber encontrado el crucifijo
que Miguel Ángel talló para la iglesia de Santo Spirito.
El cuerpo está casi enteramente separado de la cruz; no se expresa
dolor intenso en el rostro juvenil, y las manos y el pelo no están
completamente acabados. El “San Juan en el desierto”, con
el panal, hoy en Berlín, es probablemente el San Giovannino que
Miguel Ángel ejecutó en Florencia en 1495. El modelado realista
de la cabeza y las hermosa líneas del cuerpo demuestran un estudio
tanto de los modelos clásicos como modernos. Poco después
de esto, Miguel Ángel terminó varias figuras para el santuario
de Santo Domingo que había dejado inacabadas Niccolo dell’Arca.
Una figura de una deidad pagana fue la ocasión de la primera visita
de Miguel Ángel a Roma, y una estatua de Baco tallada por él
en esa ocasión se conserva en Florencia. Esta obra, que es el resultado
del estudio de la antigüedad, es meramente un hermoso y algo intoxicado
joven.
Mucho más importante es la Pietà ejecutada en 1499 para
la capilla francesa de San Pedro. Una tranquila, pacífica expresión
de pesar se encuentra en todas las figuras del grupo. El rostro de la
madre tiene belleza juvenil; la cabeza está inclinada sólo
ligeramente, aun así expresiva de santo dolor. Su ropaje se extiende
en magníficos pliegues sobre el cuerpo del Salvador. Este último
no está aún rígido y revela sólo ligeras huellas
del sufrimiento padecido, específicamente el noble semblante tan
pleno de divina paz. No los labios sino la mano muestra la intensidad
de dolor en la que se hunde el alma de la madre. Cuando tenía sesenta
años Miguel Ángel deseó ejecutar una Pietà,
o, más exactamente, una “Lamentación de Cristo”
para su propia tumba. El grupo inacabado está ahora en la catedral
de Florencia, y está por todos los conceptos menos idealmente concebido
que la Pietà mencionada. El cuerpo de Cristo está demasiado
fláccido, y Nicodemo y María Magdalena son de modelado algo
duro. Esta Pietà fue rota en trozos por el maestro, pero después
recompuesta por otras manos. Dos relieves circulares de la “Virgen
y el Niño”, uno ahora en Londres y uno en Florencia, pertenecen
al periodo juvenil del escultor. En el relieve florentino, especialmente,
la intensidad del sentimiento se combina con un gracioso encanto. La Madre
y el Niño están evidentemente meditando un pasaje de las
Escrituras que les llena de dolor; los brazos y la cabeza del Niño
descansan en el libro. Un grupo de tamaño natural de aproximadamente
la misma fecha en la iglesia de Nuestra Señora (Eglise de Nôtre
Dame) de Brujas muestra de nuevo a la Madonna, llena de dignidad y con
grandiosa seriedad de porte, mientras que el Niño, algo más
grande que el mencionado antes, está absorto en intensos pensamientos.
En contraste con Rafael, Miguel Ángel buscaba expresar la grandeza
divina y exaltaba el dolor más que el encanto humano. Trabajó
enteramente según sus propios ideales. Sus creaciones recuerdan
a la antigüedad clásica por una cierta frialdad, tanto como
por la tensión de poder sobrehumano que las caracteriza.
Segundo Periodo
Al segundo periodo creativo de Miguel Ángel (que comienza en 1505)
pertenece la estatua que talló para la iglesia de Santa Maria sopra
Minerva. Fue enviada a Roma en 1521 a cargo de un ayudante que tenía
que añadir algunos últimos retoques cuando se colocara en
su posición. El Salvador, una figura de mármol de tamaño
natural, sostiene la cruz, la esponja, y la vara de hisopo. El rostro,
serio, casi severo, está vuelto a la izquierda, como si dijera:
“Pueblo mío, ¿qué me has hecho?”.Propiamente,
sin embargo, la figura no es la de un Salvador doliente, sino la del Salvador
resucitado y por tanto desnudo, según el deseo del patrono que
hizo el encargo. La época del Renacimiento, en su ardor por el
desnudo, no prestó atención al decoro. En fecha posterior
se colocó a la estatua un taparrabo de bronce, desgraciadamente
demasiado largo. De conformidad con el espíritu en el que se concibió
toda la composición, la figura de Cristo no es rígida y
severa como la estatua de un dios antiguo, sino que expresa una humanidad
resignada. Un Apolo juvenil producido hacia la misma época tiene
también poco de clásico en su diseño. Un Adonis moribundo
se acerca más en su concepción a los modelos clásicos.
Pero el gigantesco David, la encarnación de la audacia juvenil,
en realidad una representación de un muchacho noble, se parece
a un dios o héroe antiguo. Apenas puede decirse que su colosal
tamaño, casi cuatro metros, sea indicado para un joven; sin embargo,
el hecho para el que David está preparándose, o más
probablemente, la acción que acaba de realizar, es una hazaña
de valor. La mano derecha está medio cerrada, la mano izquierda
con la honda parece estar retrocediendo al hombro, mientras que la mirada
sigue la piedra. La figura parece la de un antiguo atleta. El cuerpo está
desnudo, y toda la belleza de las líneas de la forma humana se
subraya de manera notable. En 1508 Miguel Ángel se comprometió
a esculpir los doce apóstoles en tamaño heroico (casi tres
metros y medio de alto) para la iglesia de Santa Maria dei Fiori, pero
de todos sólo la figura de San Mateo, un diseño grande y
atrevido, fue esculpida a grandes rasgos. De manera similar, sólo
ejecutó cuatro de los santos que iban a decorar la capilla conmemorativa
de Pío III y dejó el resto de la obra inacabada. Una estatua
de bronce de David con la cabeza de Goliat bajo sus pies fue enviada a
Francia y ha desaparecido desde entonces. Un esbozo a pluma de esta estatua
está aún en el Louvre.
Con sus facultades en plena madurez, Miguel Ángel entró
ahora al servicio de los Papas y se le confió la ejecución
de dos grandes empresas. En 1505 Julio II le llamó a Roma para
diseñar y erigir para el Papa un grandioso monumento sepulcral.
El monumento iba a ser una estructura de mármol de cuatro lados
en dos hiladas, decorado con unas cuarenta figuras de tamaño heroico.
Miguel Ángel pasó ocho meses en Carrara supervisando el
envío del mármol a Roma. Esperaba al llevar a cabo este
encargo ejecutar una obra digna de los tiempos clásicos, que contuviera
figuras que resistieran la comparación con el entonces recientemente
descubierto Laocoonte. Sus planes, sin embargo, se quedaron en nada por
un repentino cambio de opinión por parte de Julio, que ahora empezó
a considerar la reconstrucción de San Pedro según los diseños
de Bramante. Se puede decir que Julio expulsó a Miguel Ángel
de la corte romana. Temeroso de la malicia de los enemigos, Buonarroti
huyó desesperado a Florencia y, haciendo oídos sordos a
los ruegos del Papa de que volviera a Roma, le ofreció continuar
con la obra para el monumento en Florencia. A esto, sin embargo, Julio
no atendería. En su exasperación Miguel Ángel estuvo
a punto de irse a Constantinopla. Sin embargo, a invitación del
Papa, en la segunda mitad de 1506, fue a Bolonia, donde, en medio de tensas
circunstancias, fundió una estatua de bronce de Julio II, de tamaño
heroico. Esta efigie fue destruida durante una revuelta contra Julio en
1511. De nuevo en Roma, se vio obligado por el momento a abandonar el
plan para el monumento a Julio y, contra su voluntad, a decorar la Capilla
Sixtina con frescos. Julio II vivió sólo lo bastante tras
la terminación de los frescos como para disponer sobre su monumento
en su testamento. Tras su muerte en 1513 se hizo un contrato formal para
la construcción del monumento conmemorativo. Según este
nuevo acuerdo el monumento no iba a ser ya una estructura independiente,
sino que iba a ser colocado contra el muro de la iglesia en forma de capilla.
El plan para la estructura era incluso más grandioso que el diseño
original, pero al final fue abandonado, tanto por su tamaño como
por otras circunstancias que surgieron. El nuevo Papa, León X,
de la familia Medici, era amigo de juventud de Miguel Ángel y lo
consideraba muy favorablemente, pero tenía nuevos designios en
relación con él. Después de que Miguel Ángel
hubo trabajado dos años en el monumento a Julio, el Papa León,
durante una visita a Florencia le encargó construir una grandiosa
fachada nueva para la iglesia de San Lorenzo, lugar de enterramiento de
la familia Medici. Con lágrimas en los ojos, Miguel Ángel
accedió a esta interrupción de su gran diseño. La
construcción de la nueva fachada se abandonó en 1520, pero
el escultor volvió a su antigua obra sólo por un tiempo.
El breve reinado de Adriano VI fue seguido por la elección en el
trono papal de otro antiguo amigo de Miguel Ángel, Giulio de’Medici,
que tomó el nombre de Clemente VII. Desde 1520 Giulio de’Medici
había deseado erigir una capilla mortuoria para la familia en San
Lorenzo. Cuando llegó a ser Papa obligó a Miguel Ángel
a emprender esta tarea. El nuevo encargo no era indigno de las facultades
del escultor, aunque un destino fatal impidió también que
esta empresa alcanzara su plena realización. Miguel Ángel
sufría lo indecible por la constante alteración de sus planes;
estaba, además, acosado por sus detractores; los desórdenes
políticos en su ciudad natal le llenaban de dolor, y los años
traían consigo enfermedades constantemente crecientes.
En 1545 los diseños, alguno de los cuales aún existe, para
el monumento de Julio II fueron llevados a cabo en una escala mucho más
reducida. El monumento está en la iglesia de San Pietro in Vincoli;
en el centro de la hilada inferior del monumento entre dos figuras más
pequeñas está colocada la gigantesca estatua de Moisés,
que originalmente estaba proyectada para la hilada superior, donde habría
hecho una impresión mucho más poderosa. Cuando se ve de
cerca, se puede hacer la crítica de que la expresión es
demasiado violenta, no hay razón suficiente para las abultadas
venas en el brazo izquierdo, los hombros son demasiado macizos en comparación
con el cuello, el mentón y la frente; que incluso los pliegues
de la ropa no son naturales. Aun así, visto a distancia, son precisamente
estas características las que producen el efecto deseado. La gran
estatua, que es de tamaño doble del natural, se pretendía
que expresara la poderosa ira penosamente refrenada del dirigente de un
pueblo de cerviz dura. Es claro que se pretendía una alusión
a las proezas guerreras de Julio II y que el escultor aquí, como
en muchas otras de sus empresas, había encarnado su propia concepción
de fuerza. La manera en que se agarran las Tablas de la Ley, el brazo
desnudo y la rodilla derecha, la pesada barba y los “cuernos”
realzan el efecto que se buscaba. Las figuras que le flanquean de Lía
y Raquel, símbolos respectivamente de la vida contemplativa y activa,
fueron esculpidas por el mismo Miguel Ángel, pero no son tan satisfactorias
como el Moisés. El propio monumento y las figuras de la hilada
superior no se ejecutaron por el gran maestro, aunque fueron realizadas
de acuerdo con sus sugerencias. Por otro lado, dos figuras encadenadas
de la serie planeada por el escultor están en el Louvre, aunque
incompletas. Con los “Esclavos” se pretendía tipificar
el poder del Papa en los dominios de la guerra y el arte, e iban a estar
enfrente de las pilastras hermas, donde están ahora las consolas
invertidas. En los “Esclavos” del Louvre la antítesis
entre la resistencia a los grilletes y la sumisión a lo inevitable
está expresada con notable habilidad. También hay en Florencia
algunas figuras inacabadas que pertenecen a este monumento, a saber un
vencedor arrodillado sobre un enemigo caído, y otras cuatro figuras,
que están meramente esbozadas. Hacia la época de la terminación
de este monumento Miguel Ángel esculpió un notable busto
de Bruto como héroe de la libertad. Miguel Ángel consideraba
perdida la libertad de su ciudad natal tras la segunda vuelta de los Medici
del exilio y la asunción del control de los asuntos por Alessandro
y Cosimo de’Medici.
El dolor que esto le causaba le sugirió el busto de Bruto, y arrojó
una sombra sobre las tumbas de Giuliano y Lorenzo de’Medici en la
capilla arriba mencionada. La mayor parte de la obra de la capilla, sin
embargo, se había hecho antes de esa época, y así
la expresión de amargo dolor debe explicarse por la depresión
general del artista no menos que por su fracaso en realizar su máximo
ideal, que también contribuye a la melancolía característica
de sus demás creaciones.
Doce figuras incluidas en el diseño original para el monumento
sepulcral de los Medici nunca fueron esculpidas. Según la disposición
de Vasari en 1563, una figura sentada de Giuliano está colocada
en un nicho superior de uno de los monumentos, mientras que figuras simbólicas
que representan el Día y la Noche se reclinan sobre un sarcófago
abajo. Si las palabras de Miguel Ángel han sido interpretadas correctamente,
estas figuras simbólicas han de entenderse como lamentándose
por la prematura muerte del duque, y como doliéndose de que la
vida para él no haya sido digna de vivir. “No ver, no oír
debe ser la felicidad para mí”, son las palabras atribuidas
a la Noche, que está representada por una giganta hundida en un
pesado e intranquilo sueño, y simbolizada por una máscara,
un búho, y un ramillete de amapolas. La otra figura alegórica,
el Día, un hombre, está representado como no teniendo deseo
de animarse a la acción. El plan del segundo monumento es similar
al del ahora descrito; las figuras del Crepúsculo y la Aurora hacen
la misma impresión que la Noche y el Día. Los dos duques
Mediceos están tratados idealmente como guerreros, más que
retratados como cuando vivían. En la estatua de Giuliano es el
modelado de las diversas partes lo que deleita el ojo; en la estatua de
Lorenzo el encanto reside en la postura y en la manera en que el rostro
está ensombrecido por el casco. Esta figura de Lorenzo lleva el
nombre de Il Pensieroso (el Meditativo). Contra la pared de la capilla
está la inacabada y en realidad malograda Madonna y Niño;
la postura de la Madonna es única.
PINTURAS
Miguel Ángel dijo en una ocasión que no era pintor; en otra
declaró que no era arquitecto, pero en realidad era ambas cosas.
Hacia 1503 pintó una Sagrada Familia, ahora en Florencia en la
que la Madonna toma al Niño por encima de su hombro a San José
que está detrás. En este lienzo, Miguel Ángel se
aparta de la tradicional representación de la Sagrada Familia,
por la singular agrupación de figuras desnudas al fondo más
incluso que por la postura completamente novedosa de la Madre y el Niño.
Un “Descendimiento de Cristo”, ahora en Londres, está
inacabado. Como Leonardo da Vinci, el máximo pintor de ese periodo,
Miguel Ángel hizo un gran número de esbozos. También
entró en competición con ese famoso artista al emprender
(1504) un fragmento de batalla que iba a adornar el muro opuesto a la
“Batalla de Anghiari” de Leonardo en la cámara del
gran consejo del palacio de la Señoría, llamado el Palazzo
dei Priori, y ahora el Ayuntamiento de Florencia. Como Miguel Ángel
ingresó en esta fecha al servicio de los Papas, el cartón
que preparó nunca fue llevado a cabo y ahora se ha perdido. Después
de años de desacuerdo con Julio II la pintura de la Capilla Sixtina
comenzó en 1508, y en 1512 el techo estaba al descubierto. Miguel
Ángel, que no era un pintor de frescos, desarrolló todas
sus facultades de mente y de cuerpo, abandonando su preferencia por los
efectos escultóricos para expresar sin ayuda y en desafío
a los envidiosos, el ideal completo de sus concepciones en este medio
insólito. La Creación, la Caída, y la preparación
para la venida del Redentor constituyen la materia del fresco. El pintor
dividió y encerró primero el techo con una arquitectura
pintada que formaba un estructura para los frescos; la cornisa de esta
estructura en la parte exterior de la capilla está adornada con
las figuras de jóvenes desnudos. Las nueve divisiones de la lisa
bóveda contienen la historia de la pecadora raza humana desde Noé.
Alrededor de la cúpula, entre las lunetas, hay espacios triangulares
abovedados o pechinas; en éstas están colocados profetas
y sibilas, junto con ángeles niños, todos señalando
la redención que se aproxima. En las lunetas sobre las ventanas
y en los espacios abovedados triangulares sobre las lunetas están
representados los antecesores de Cristo. El asunto, disposición
y excelencia técnica de estos frescos siempre han suscitado la
máxima admiración. Lo divino, lo profético y lo humano
están aquí expresados muy felizmente; la concepción
de lo primero es original; los profetas y sibilas tienen asombrosa personalidad,
y se demuestra gran habilidad en el manejo del ropaje, mientras que los
seres humanos se representan en animada acción. El arquitecto creó
la bella división del espacio y las exactas proporciones, el escultor
produjo las figuras anatómicamente correctas, y el pintor supo
cómo mezclar formas y colores en una armonía perfecta. Tras
la terminación de la obra Miguel Ángel ya no pudo lamentar
haber sido forzado a ella contra su voluntad. Igualmente famoso es el
gran fresco del “Juicio Final” que pintó en el muro
del altar de la capilla (1535-41). En este fresco, sin embargo, la desnudez
de las figuras suscitó objeciones, y se ha pintado sobre ellas
por diversas manos. El “Juicio Final” se ha oscurecido y desfigurado
más con el tiempo que las pinturas del techo de la Capilla Sixtina.
ARQUITECTURA
El encargo dado por León X para la reconstrucción de la
fachada de la iglesia de San Lorenzo que ya ha sido mencionado, terminó
en amargo disgusto para Miguel Ángel. Produjo un bello diseño
para el frente e hizo los primeros preparativos para la obra. Después
de cuatro años (en 1520) se rescindió el contrato sin que
se hubiera realizado nada. Sin embargo, el encargo que Miguel Ángel
recibió de Giulio de’Medici, después Clemente VII,
para una capilla mortuoria para la familia Medici no fue revocado, y la
capilla fue terminada en 1524. Es una sencilla construcción coronada
por una cúpula. Su única finalidad es albergar los monumentos.
El diseño de Miguel Ángel para la ampliación de San
Giovanni de’Fiorentini en Roma nunca se utilizó. También
realizó diseños para la Piazza del Campidoglio (Capitolio)
y la Porta Pia. Es un hecho destacable que los ciudadanos de Florencia
le nombraran en 1529 ingeniero jefe de las fortificaciones de la ciudad.
De más importancia fue su nombramiento como arquitecto principal
para la reconstrucción de San Pedro por el Papa Paulo III, tras
la muerte de Sangallo (1546). Ocupó este cargo diecisiete años.
Miguel Ángel llevó a cabo, con algunos cambios, los planos
de Bramante para el nuevo edificio y rechazó los de Sangallo. La
magnífica cúpula es notablemente obra suya. Terminó
el cimborrio, pero no, sin embargo, la cúpula superior. La maqueta
de arcilla hecha por sus manos puede verse aún en el Vaticano.
La muerte puso fin a una vida llena de fama y éxitos, pero también
repleta de sufrimiento y dolor; una vida en que un gran genio hacía
demandas que no podían satisfacerse. Las ambiciones de Miguel Ángel
fueron insaciables, no tanto debido a su deseo de renombre, como a su
afán casi gigantesco tras el ideal absoluto del arte. Por esta
razón las creaciones de Miguel Ángel llevan el sello de
su personalidad y de sus incansables esfuerzos por alcanzar los ideales
más sublimes por métodos nuevos. Llevó a cabo mucho
que era extraordinario en tres o cuatro ramas del arte, pero al mismo
tiempo abrió camino por encima de las limitaciones prescritas por
las leyes de la belleza en todas las artes, no haciendo caso voluntariamente,
a veces, en su modelado de la figura humana, incluso a esa fidelidad a
la naturaleza que estimaba tanto. El camino que señaló era
peligroso, puesto que conducía directamente a la extravagancia,
que, aunque soportable tal vez en Miguel Ángel oscureció
incluso la fama de Rafael; influyó no sólo en su propia
época, sino en las generaciones sucesivas.
Monografías de SUTHERLAND-GOWER , HOLYROD, STRUTT
(Londres, 1903); THODE, "Michelangelo und das Ende der Renaissance"
(1903, 1904); ROLLAND, "Michelange" (1905).
G. GIETMANN
Transcrito por John Looby
Traducido por Francisco Vázquez
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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