Grabador, nacido en Bologna en 1475 (¿1480?); murió
allí en 1530 (¿1534?). Estudió con el orfebre y cincelador Francia,
y después a menudo firmó su obra M-A.F., la F refiriéndose a su maestro.
Su primera plancha (1505), Píramo y Tisbe muestra un sombreado
de orfebrería. Su primer estímulo artístico vino de ver las planchas
de Durero, alguna de las cuales copió (1506) con tal perfección que
se vendieron como originales.
Censurado por el Senado de Venecia a demanda de Durero, el joven a
continuación añadió sus propias iniciales a las de Durero. De Lucas
de Leyden también aprendió mucho; su buril ganó en suavidad al grabar
la obra de Perazzo. Asimilando
rápidamente y simplificando siempre, el Marte y Cupido
(1508) de Marcantonio lo revela maestro de la técnica y de estilo
acabado. Hacia esta época, Raimondi partió para Roma deteniéndose
en Florencia para esbozar el cartón (perdido) de Miguel Angel Los
escaladores, que después grabó en Roma (1510). Viendo un ensayo
de éste, Rafael exclamó: ¡Es el más exquisito que nunca haya
visto y que nunca pueda verse!. Los dos artistas se hicieron
amigos y la siguiente obra de Raimondi fue La muerte de Lucrecia
de Rafael. Ésta y posteriores planchas muestran los oscuros que se
hacen menos dramáticos y al buril que trabaja más abierto.
Rafael le encargó mucho a Raimondi, no dándole nunca un cuadro acabado
sino un esbozo dibujado a lápiz o pluma, sabiendo que el tratamiento
y elaboración apropiados vendrían de su grabador, y de ahí que haya
a menudo una notable discrepancia entre un óleo de Rafael y un grabado
de Raimondi sobre el mismo. Los éxitos de Marcantonio en Roma igualaron
los de Rafael; Durero escribió pidiendo ensayos de su mano y los grabadores
alemanes acudían en tropel para estudiar con él. Romano y Aretino
le indujeron posteriormente a grabar planchas obscenas o sugestivas,
por las que fue encarcelado por el Papa Clemente VII, quien, sin embargo,
lo liberó varios meses después a petición del Cardenal de Medici.
En 1527, durante el saco de Roma se dice que escapó, dejando una fortuna
y sus planchas en manos de los vencedores. Algunas fuentes afirman
que murió cuatro años antes de esto, con el corazón destrozado por
la muerte de Rafael. Raimondi abrió un nuevo territorio al buril-
la reproducción; inspiró el más amplio seguimiento que tuvo nunca
un grabador y dibujó tan bien como da Vinci o Rafael. Su sentimiento
era noble, su gusto puro (Delaborde); su estilo, simple y sobrio,
su modelado de las figuras, maravilloso, y fue el primer grabador
que omitió detalles. De la textura, tono y color local de los grabadores
modernos no tuvo indicios. Raimondi grabó unas seiscientas planchas.
Las mejores son: Adán y Eva (probablemente la más exquisita)
la Virgen con el brazo desnudo; la Matanza de los
Inocentes; La Plaga; El Juicio de Paris
(con un vestigio de sombreado de orfebrería)
HIND, A Short History of Engraving and Etching
(Nueva York 1908); DELABORDE La Gravure (Paris s.f.);
LIPPMAN, Engraving and Etching (3ª ed., Nueva York, 1910)
LEIGH HUNT
Transcrito por Thomas M. Barrett
Dedicado a las ánimas del Purgatorio
Traducido por Francisco Vázquez