Misionero nacido en Francia (se desconoce quienes fueron sus padres y su lugar
de nacimiento). Murió el 12 de agosto de 1762. Fue enviado a Acadia por
el Seminario Francés de Misiones en el Extranjero, en 1735. En 1740 fue
nombrado como Vicario-General del Obispado de Québec, y residió
en Louisbourg, hasta 1745, cuando se retiró a los bosques para servir
a los acadianos y a los indios de Cabo Bretón, de la isla de San Juan
(Príncipe Eduardo) y la costa este de Acadia (Nueva Escosia).
Fue el primero en conocer y manejar el extremadamente complicado lenguaje
de los Micmacs; relacionado con esto estableció un alfabeto jeroglífico,
una gramática, un diccionario, un libro de oraciones, un catecismo, y
una serie de sermones. Aunque tenía con mucho el don de las lenguas,
se dedicó durante ocho años a esta tarea. Maillard fue el único
sacerdote católico que fue tolerado por los ingleses de Acadia.
Cuando los indios tomaron venganza por los ultrajes sufridos, contra los misioneros
y los ingleses de Acadia, a quienes masacraron, el gobierno apeló a Maillard,
con cuya influencia se lograron cambios inmediatos. En reconocimiento por esto,
fue invitado a Halifax, donde se le construyó una iglesia y recibió
una pensión de 200 libras; se le concedió ejercer el oficio de
la religión católica, tanto entre los ingleses, irlandeses como
entre los indígenas.
Desde Halifax escribió cartas que fueron leídas con veneración,
a la manera que se hacía con las epístolas de San Pablo. En la
hora de su muerte, luego de largos años de servicio, no contó
con un sacerdote que le administrara los santos oleos, por tanto fue visitado
por un anglicano, Thomas Word, quien le administró estos auxilios. Calmadamente
y de manera gentil Maillard lo rechazó diciendo: “He servido a
Dios durante toda mi vida, cada día me he preparado para la muerte ofreciendo
el Santo Sacrificio de la Misa”.
Con ello se desvanece la leyenda según la cual se le requirió
a Wood que leyera para el enfermo, los rituales ingleses. Su cuerpo también
fue reclamado por los protestantes y le hicieron grandes demostraciones de honor.
Se le nombró Apóstol de los micmacs, y se le tiene aún
gran veneración; se trató de un personaje que en medio de muchas
pruebas y tentaciones, preservó la lengua de los micmas, y les enseño
la Fe.