En general, la producción de objetos utilitarios
u objetos de arte en madera mediante el uso de instrumentos cortantes
como una navaja, un cincel, una lima o una broca. Aquí se
describirá únicamente la rama de la talla en madera
relacionada con la producción de objetos artísticos
ya se trate de artes plásticas (como estatuas, crucifijos
y otras tallas similares) o de arte industrial (como arabescos y
rosetas) que se utilizan principalmente para ornamentación
de muebles. El primer tipo de talla de refiere específicamente
a la escultura en madera; el segundo tipo tiene que ver con la talla
de madera propiamente dicha y en este artículo se analizan
ambas técnicas. No es fácil, en realidad, trazar una
línea divisoria nítida entre las dos clases de tallas
en un esbozo que trata del desarrollo histórico de este arte,
dado que, con frecuencia, en la producción de objetos artísticos
se combinan las dos técnicas. Además, la falta de
objetos de arte industrial entre los objetos arqueológicos
correspondientes a los primeros mil años, hace indispensable
incluir también en el siguiente resumen algunos ejemplos
de escultura en madera.
En la antigüedad, los objetos tallados en
madera estaban destinados al culto religioso, sobre todo en Egipto,
donde las primeras estatuas de los dioses eran de madera. Sin embargo,
la talla en madera sólo alcanzó su desarrollo real
en la era cristiana. Debido al carácter perecedero del material,
es fácil entender que sólo queden unas pocas tallas
en madera provenientes de los primeros años de la era cristiana.
Estos escasos objetos son prueba de que la madera se utilizaban
entonces prácticamente para los mismos propósitos
eclesiásticos para los que se destina en la actualidad. Cabe
mencionar aquí, en particular, la escultura de Bawit en Egipto,
representada por dos figuras de santos, unas consolas adquiridas
en 1898 por el museo del Cairo, y la puerta de la Basílica
de Santa Sabina en Roma, el monumento más importante tallado
en madera, proveniente de los comienzos de la cristiandad. En los
primeros años, los relicarios solían ser de madera,
así como la cátedra episcopal. Estas sillas se adornaban
con tallas de mármol en relieve, como se puede observar en
la famosa cátedra del obispo Maximianus de Ravena. Originalmente,
todo el arte alemán se expresaba en tallas de madera; las
iglesias se construían casi totalmente en madera y, por lo
tanto, es de suponer que la mayoría de los accesorios de
una iglesia fueran de ese mismo material. Los adornos de las superficies,
producidos con instrumentos para tallar madera, representaban figuras
de animales y consistían en diseños geométricos
entrelazados en las formas más peculiares. Sin embargo, estos
objetos perecederos del primer período se han perdido casi
en su totalidad, las cátedras, los cofres y las puertas,
con excepción del pequeño atril de lectura de San
Radegundo (muerto en el año 587) en Poitiers, y la delicada
puerta tallada perteneciente a San Bertoldo, en Parma, probablemente
de origen lombardo, cuya delicada talla alemana característica,
de diseño geométrico, en el marco y los paneles la
hacen una hermosa obra de arte. La talla en bajorrelieve como la
que se aprecia en el único cofre bien preservado de esta
era, que se encuentra en la catedral de Terracina en Italia, fue
común durante todo el período medieval temprano. Prueba
de ello son las dos alas de una puerta plegable del siglo XI, en
la catedral de Puy, en una de las cuales se aprecia la leyenda:
"Godfredur me fecit" (Me hizo Godofredo) (cf. Haupt, "Die
alteste Kunst der Germanen", Leipzig, 1909). Las estatuas de
santos y la estatua de la Virgen talladas en madera así como
las imágenes del Salvador, talladas en el mismo material
han desaparecido casi en su totalidad debido al paso del tiempo
y a los gustos cambiantes. Entre las que se han preservado está
el célebre "Divino Rostro de Lucca", un Cristo
sacrificado vestido con una túnica con mangas proveniente
del siglo VIII, una talla similar de la crucifixión que se
encuentra en Emmerich, Prusia, obra que data del año 1000.
Hay, además, varias representaciones de Nuestra Señora
talladas en madera que, sin embargo, no podrían catalogarse
entre las obras de arte de este material puesto que están
totalmente cubiertas con placas de oro, gracias a lo cual se han
preservado. Estas Vírgenes pueden encontrarse, por ejemplo,
en Essen y Hildesheim en Prusia. Las bancas de madera que se utilizaban
ocasionalmente en las iglesias durante los primeros años
de la Edad Media se conocen apenas por las miniaturas de los manuscritos
y por las esculturas en piedra. Allí se puede ver que, por
lo general, se hacían con piezas de madera torneadas y tablones
que rara vez se adornaban con tallas. Este tipo de asientos siguieron
fabricándose en el arte romanesco hasta el siglo XII. en
el Museo de Arte Industrial de Cristianía se encuentra un
ejemplo poco común de una banca de iglesia hecha de un tronco
cilíndrico, proveniente del siglo XII. En términos
exactos se trata de un trabajo de torno y juntas.
Aparentemente, el bajorrelieve fue el método
más utilizado para la talla en madera durante todo el período
romanesco. Hay magníficos ejemplos, como los marcos de las
puertas de algunas iglesias noruegas como las de Flaa y Aal, las
volutas de los frisos del coro y el relicario de madera del antiguo
monasterio de Lokkum (1244) en Hanover, unos cuantos cofres pequeños
de madera que pertenecen a diversas colecciones, como las de Colonia
y Viena, y varias sillas en el museo de Cristianía. No obstante,
al mismo tiempo con estos trabajos en bajorrelieve, comenzaron a
aparecer tallas en altorrelieve hacia el final del período
romanesco, como, por ejemplo, las puertas de la Iglesia de Maria
im Kapitol en Colonia y las puertas de la catedral de Spoleto. Estas
últimas, terminadas por Andrea Guvina en 1214, son el mayor
logro de talla en madera del romanesco; los relieves tienen cinco
centímetros de alto y están ornamentados con veintiocho
escenas de la vida de Cristo. A pesar de unas pocas obras excelentes,
durante el período romanesco la talla en madera no mostró
mayor progreso debido, en parte, a que durante ese período
se preferían los efectos coloridos que llevaron a recubrir
las estatuas de lámina de oro y a pintar los relicarios y
cofres, en parte con los métodos de trabajo de madera ensamblada
característicos de la época. Los gabinetes y cofres
no estaban hechos de marcos y paneles unidos por muescas e ingletes
sino de tablones gruesos unidos de forma burda. Por lo tanto era
necesario sostenerlos con marcos de hierro lo que no permitía
el uso de finas tallas. La costumbre de adornar los relicarios de
madera con pinturas en lugar de tallas prevaleció también
en el este como lo demuestran los relicarios encontrados hace poco
en el tesoro Sancta Sanctorum en Roma (cf. Grisar, "Sancta
Sanctorum", Freiburg, 1908). Si bien, como ya se ha dicho,
es imposible escribir una historia continua de la talla en madera
hasta finales del siglo XII, por falta de objetos o restos de piezas
de este tipo, cabe suponer que la talla en madera fuera utilizada
con más frecuencia en los ornamentación y mobiliario
de iglesias durante el período romanesco de lo que es posible
demostrar en la actualidad. Para la ejecución de tareas tan
monumentales como las enormes puertas de las iglesias, era necesaria
una gran experiencia práctica. Por consiguiente, a comienzos
del período gótico, la talla en madera alcanzó
un grado de desarrollo tal, después de cientos de años,
que pudo utilizarse en múltiples formas por lo que se le
puede dar a esa época el nombre de la gran edad de la madera
tallada. El período gótico, agregó a las anteriores
necesidades de la iglesia, en cuanto a objetos de madera tallada
(como bancas, escritorios y puertas) muchos otros requisitos, en
especial, algunos que no habían sido posibles antes del pleno
desarrollo del arte de la talla en madera, como los altares y los
coros tallados, mientras que, como era de esperarse, la demanda
de estatuaria en madera continuó en aumento. Conviene mencionar
los muebles que exigían poco de los talladores y podían
ser fabricados por los carpinteros, nos referiremos en primer lugar
a los gabinetes o armarios y cofres. Aún quedan muestras
de algunos que provienen del principio del período gótico,
por lo general pertenecientes exclusivamente a la iglesia, por lo
que los motivos de la ornamentación se tomaron, en la mayoría
de los casos, de la arquitectura: conchas, tracerías y almenas.
Además, el follaje y las figuras talladas se encuentran principalmente
en las puertas y en los frisos. Cabe mencionar el armario de Wernigerode,
en Prusia, ornamentado con tallas de máscaras y animales
y un armario ornamentado con hojas de parra en bajorrelieve en la
Capilla Arena de Pádua. Por lo general, los cofres están
hechos de dos tablones verticales para soporte y dos o tres tablones
largos que los unen; suelen tener tallas únicamente en la
cara anterior. Los extremos están decorados por le general
con figuras individuales mientras que los lados largos terminan
en arcos agudos bajo los cuales aparece la figura de un caballero
o un santo de pie. Es frecuente encontrar en distintos lugares de
Inglaterra múltiples corres de distintos tamaños fabricados
aparentemente en Flandes, decorados en la parte anterior con una
talla que representa la lucha de San Jorge con el dragón
y la liberación de la hija del Rey. De hecho, Inglaterra
posee el mayor tesoro de estos cofres que se encuentran olvidados
en las catedrales. Cabe mencionar los cofres del siglo XIV en Saltwood,
Oxford (iglesia de Magdalen College), Derby (iglesia de San Pedro),
Chevington, y en Brancepeth.
Los carpinteros y talladores trabajaban hombro
a hombro en las balaustradas y sillas de los coros y en los altares
que en esa época tenían una rica ornamentación.
En la silletería de los coros los adornos principales eran
los de los extremos, los de los soportes de las bancas y los reclinatorios
y en los brazos de las sillas; los extremos se decoraban con figuras
de santos y animales simbólicos tallados parcialmente en
relieve y parcialmente torneados. El tallador daba rienda suelta
a su imaginación en los reclinatorios, donde, además
de frutas y flores se pueden encontrar los más imaginativos
diseños provenientes de la inventiva del artista, con temas
seculares, espirituales, serios y jocosos, satíricos y simbólicos.
Los brazos de las sillas del coro solían ser más ingeniosos
que artísticos. Los espaldares se decoraban no sólo
con ornamentos arquitectónicos como conchas, piñas
y soportes para baldaquines, sino con figuras y escenas en secuencia.
Se pueden mencionar, como ejemplos, las sillas del coro de la catedral
de Amiens (1508-1522) con suntuosas tallas superadas únicamente
por algunas encontradas en España, y las de la catedral de
Sevilla realizadas por Danchard y Nufro Sánchez (muerto en
1480). En este espacio es imposible entrar en los detalles históricos
del desarrollo de otros coros o altares tallados en madera. La talla
fue una característica importante de estos últimos,
sobre todo en Alemania y Flandes. El desarrollo de estos altares
constituyen un importante capítulo en la historia de la escultura
en madera. Consistían esencialmente de un sagrario, abierto
o cerrado, ornamentado con varias figuras o con varios grupo de
figuras pequeñas. Los más famosos altares tallados
fueron obra de artistas que se contaban entre los más distinguidos
escultores de finales de la Edad Media, como Michael Pacher, quien
hizo el famoso altar de St. Wolfgang en Austria, el altar mayor
de Blaubeuren en Swabie por Jörg Syrlin el joven, el altar
de la Santísima Sangre en Rotenburgo por Till Riemenschneider,
el altar de la Virgen por Veit Stoss y Cracow, el altar mayor en
Schleswig por Hans Bruggermann.
Hasta cerca del año 1350 la talla gótica
en madera tomó la ornamentación de la talla en piedra.
Más tarde, el uso más frecuente de la madera y el
desarrollo de la técnica llevó a abandonar las leyes
rígidas de la talla en piedra para crear un estilo independiente
que alcanzó resultados más libres y brillantes gracias
a una mayor delicadeza, a piezas más finas, al entrelazado
de líneas y a la talla calada. Estas ventajas fueron aprovechadas
con tal destreza por los talladores que más tarde se utilizaron
también libremente en la talla en piedra. Los pliegues marcados,
las esquinas agudas y los bordes bien definidos, característicos
del estilo gótico tardío pueden rastrearse probablemente
a uso de la cuchilla utilizada para la talla en madera. Este desarrollo
de la talla en madera del período gótico tardío
se debió al hecho de que las figuras y los altares eran multicromados.
La madera tallada se cubría inicialmente con una capa de
yeso que luego se pintaba con colores vivos y con hojilla de oro
y se imprimían patrones o inscripciones en los bordes de
los mantos y las aureolas. Naturalmente, esto no exigía que
el tallador se esforzara en trabajar los detalles pequeños
dado que el trabajo iba a quedar cubierto por pintura poli cromática.
Por lo tanto, la mayor parte de las tallas en madera de la Edad
Media no deben su efecto en los detalles sino en la impresión
que da la totalidad de la obra. Vistos desde este ángulo,
muchos de los altares de madera, por la riqueza de las tallas ornamentales,
las escenas representadas por las figuras y la brillante decoración
en pintura y oro, producen un sentimiento de júbilo y un
efecto místico que no se logran con un altar de piedra. Con
frecuencia, los altares de madera están enriquecidos con
paneles laterales pintados. Por lo tanto, es fácil entender
por qué los altares, sobre todo los de Flandes, se exportaban
con mucha frecuencia a sitios tan remotos como Noruega y Portugal.
Como es natural, las tallas en madera de la época
medieval no se limitaban a la producción de mobiliario de
iglesia como el ya descrito. Además de los coros había
otras piezas igualmente ornamentadas como la sede del celebrante
(la silla del diácono), la sede episcopal, las puertas, los
púlpitos y los atriles y ambones. Había, además,
a fines de la Edad Media, un gran número de estatuas de la
Virgen y de los santos, así como crucifijos, que llenaban
las iglesias que, sobre todo en los lugares afectados por la Reforma,
fueron quemadas en grandes números a comienzos del cisma.
Sin embargo, hay todavía un gran número de obras talladas
provenientes más que todo a las iglesias de Alemania y Bélgica,
aunque el arte de talla en madera produjo obras valiosas en Francia,
Italia, España y, en especial, en Escandinavia e Inglaterra.
Una de las muestras más hermosas de las tallas inglesas es
la figura que aparece en el sepulcro del arzobispo Peckham en Canterbury;
entre las obras francesas cabe mencionar las hojas de la puerta
de la catedral de Aix (1504). El estilo de la talla en madera de
fines de la edad media ejerció gran influencia de la pintura
dado que varios importantes talladores de madera alemanes eran también
pintores, o por lo menos eran dueños de un estudio, como
en el caso de Michael Pacher, Friedrich Herlin, y Hans Multscher;
por consiguiente, aunque la talla de los pliegues era profunda y
su diseño de grandes rasgos, el efecto era apenas aceptable
y trivial. El elemento pictórico era muy utilizado por la
facilidad con la que se podían trabajar las maderas de tilo
y álamo que eran las más utilizadas en el sur de Alemania;
en el norte de Alemania se utilizaba más que todo el roble.
Este brillante período de la talla en madera
llegó a su fin en Alemania y Suiza cerca del año 1530
debido a la inestabilidad religiosa. No obstante, durante el Renacimiento,
se produjeron excelentes obras de arte en estos países, en
sitios dispersos, como, por ejemplo, las bancas del coro de la catedral
de Berna (1522), que tienen la gracia ingenua de comienzos del Renacimiento,
y las bancas de la antigua iglesia monástica de Wettingen
(1603) en Alemania, ejemplos de la gracia y destreza de finales
del Renacimiento, las magníficas bancas de la cámara
del capítulo de la catedral de Mainz, adornadas en la parte
inferior con unas tallas atiborradas de figuras grotescas. Otro
motivo frecuente para aprovechar las tallas artísticas eran
los muebles de los órganos, las galerías, las bancas
de la iglesia y en especial los paneles que recubrían las
paredes de la sala del capítulo y otras salas eclesiásticas
similares. Unos de los paneles tallados más ricos de Alemania
es el de la sala del capítulo de la catedral de Munster en
Westfalia (1544-1552). En los Países Bajos hay excelentes
tallas de este período como las bancas del coro de la Iglesia
Mayor de Dordrecht que representan la entrada de Carlos V a la ciudad.
Un excelente ejemplo de talla en madera francesa es el de las bancas
del coro de Saint-Denis. Durante este período las obras más
sobresalientes de talla en madera fueron producidas en Italia, la
cuna del Renacimiento. Fue allí donde este arte se benefició
en mayor medida del desarrollo de la escultura en piedra y en muchos
objetos de uso eclesiástico compitió con los trabajos
en piedra, como en los candelabros y los atriles. Sin embargo, en
Italia, son ante todo las bancas del coro, las sedes de los obispos
y abades y los armarios de las sacristías donde se aprecian
las mejores tallas en madera, tan delicadas, atractivas y elegantes
como las utilizadas para fines seculares. Al igual que éstas
últimas, están decoradas con viñas, figuras
de animales y criaturas fabulosas en el mejor y más delicado
relieve. Era habitual contratar arquitectos que se ocupaban también
del trabajo decorativo en piedra, para producir los diseños
de las obras más importantes en madera tallada, como las
sillas y balaustradas de los coros. Estos diseños fueron
hechos en Florencia por by Benedetto de Majano, en Siena por Ventura
di Ser Giuliano, el arquitecto de la Iglesia de San Bernardino en
Siena. La tradición local procura relacionar nombres famosos
con los diseños de las grandes obras de talla en madera;
es así como, en Siena, estos diseños se atribuyen
a Peruzzi, y en Perugia a Perugino y Raphael. Sin embargo, lo más
frecuente era que el maestro que realizaba la talla produjera también
el diseño. Esto es aún más probable si se considera
que el oficio de tallador de madera pasaba de padres a hijos y así,
como en otras ocupaciones, surgían las tradiciones de familia.
Esto explica, en parte, el extraordinario grado de técnica
que se aprecia en estos trabajos. Se sabe de varias familias de
artistas de la parte norte de Italia que viajaron por todo el país
realizando sus trabajos artísticos en catedrales e iglesias
monásticas. Además de estos maestros seculares en
el arte de la talla, varios miembros de distintas órdenes
se ocuparon de este arte, entre ellos, el famoso Fra Giovanni da
Verona (1457-1525), cuyas obras se encuentran en Maria en Organo
en Verona, en Lodi, Montioliveto cerca de Siena, y en el Vaticano;
Fra Damiano Zambelli da Bergamo (1480-1549), cuyas obras se encuentran
en Bergamo, Milán, Bologna, Perugia, y Génova; Fra
Rafaele da Brescia (1477-1537), cuyas tallas se encuentran en Bolonia
y Montioliveto, cerca de Siena.
Los estilos del renacimiento se adoptaron para
el mobiliario de las iglesias por la influencia de Brunelleschi
y Donatello, y aparecieron por primera vez en Florencia. En cuanto
a la talla en madera, no se encuentran mejores ejemplos del renacimiento
que en las silleterías de los coros. Estos fueron tallados
principalmente por maestros florentinos y se conservan algunos como
los de Toscana y Hungría. Por ejemplo, Giuliano y Antonio
da San Gallo tallaron la silletería del coro de la Abadía
Benedictina de San Pietro en Perugia, con figuras grotescas de extremada
delicadeza. A fines del Renacimiento, la decoración puramente
ornamental fue reemplazada con frecuencia por escenas que contenían
figuras. Entre las obras más importantes de este período
se cuentan la silletería del coro de San Giorgio Maggiore
en Venecia, tallada por Alberto di Brule, y la de la iglesia de
Santa Giustina en Padua tallada por Taurino y Andrea Campagnola
con figuras talladas en relieve en los espaldares. Los atriles de
los coros están estrechamente relacionados con la silletería,
y consisten en una base con forma de pedestal, un soporte en forma
de candelabro y el atril propiamente dicho. En la mayoría
de los casos la base y el soporte están ricamente tallados
y ornamentados al estilo de la época del Renacimiento tardío,
como el atril de la catedral de Siena y el de San Pietro a Perugia.
Otra pieza de mobiliario que fue objeto frecuente de tallas artísticas
fue el armario de la sacristía, cuyas puertas solían
decorarse con artística ornamentación. La más
importante de estas obras se encuentra en la nueva sacristía
de la catedral de Florencia; los paneles de este armario están
decorados con tallas en altorrelieve que representan dos niños
llevando una corona de laurel. Es obra de Giuliano da Majano; tiene
figuras individuales, relieves, criaturas fabulosas y ornamentos
y es de una suntuosidad que no se puede describir con palabras,
ni se puede apreciar en toda su belleza en una simple ilustración.
Es una muestra de la técnica de la talla en madera en todo
su esplendor, que escasamente puede ser superada. Sin embargo, al
considerar las obras de la principios y mediados del Renacimiento
desde un punto de vista puramente artístico, se encuentran
también ejemplos muy significativos de tallas en madera.
Los estilos de períodos posteriores no merecen
la misma atención dado que ofrecen poca novedad en cuanto a
la talla en madera a excepción de algunos cambios en la modalidad
de ornamentación. Tal vez se pueda considerar como una novedad
la decoración de los confesionarios. Hasta esta época,
el confesionario había carecido prácticamente de decoración.
Durante el período barroco, los confesionarios solían
adornarse con grandes figuras talladas en madera a cada lado de la
puerta que estaba rematada por una cornisa. Los altares de gran altura
que presidían las iglesias alemanas de este período
presentaban un problema hasta entones desconocido para los talladores
en madera. Se trataba de la decoración de grandes columnas
trenzadas y decoradas con guirnaldas y querubines, la necesidad de
disponer figuras de ángeles con enormes alas y santos en posiciones
extáticas y tortuosas entre las columnas así como en
el frontón de hastiales interrumpidos. La producción
de remates tallados para las bancas de iglesia que hasta ese momento
no se decoraban fue otra novedad. Se prestó gran atención
al púlpito. Sobre todo en Bélgica, en donde los púlpitos
se adornaron con motivos tomados de la naturaleza como montañas,
árboles, nubes y grupos de figuras. Durante el barroco hubo
gran demanda de tallas en madera. En 1614, el archiduque Alberto ordenó
en Bélgica la acelerada restauración en estilo antiguo
de los objetos eclesiásticos destruidos durante la guerra religiosa.
Esta orden se cumplió sobre todo en lo referente a la restauración
del interior de las iglesias y, dentro de esta tarea, la talla en
madera representó un alto porcentaje del trabajo. En Alemania
y Austria durante ese mismo período, se llevó a cabo
el trabajo de la contrarreforma, uno de cuyos resultados fue la construcción
o renovación de gran número de iglesias y la producción
de mobiliario eclesial ornamentado, sobre todo las silleterías
de los coros, los muebles de los órganos y los confesionarios.
Por lo general, estas piezas eran de madera con ricas decoraciones
abundantes en tallas y altorrelieves de estilo barroco, o con un a
ornamentación que, en la mayoría de los casos, era bastante
recargada. Dicha decoración se componía de los mismos
adornos exuberantes, cartuchos, y el mismo trabajo de volutas característico
del arte secular de la época.
Después del pesado estilo barroco vino el
ligero estilo rococó, predecesor de la rígida precisión
del estilo imperio. La ausencia de profundidad y fuerza artística
del estilo imperio se aprecia en el mobiliario eclesiástico
más que en el de cualquier otro ambiente. Se trata de un estilo
que puede darle un aire delicado, elegante y brillante a un salón
de baile, a un teatro, a un recibidor o a un estudio, pero que en
el entorno eclesial no puede evocar el recogimiento, la religiosidad
ni la devoción de quienes se dedican a la oración. Al
mismo tiempo hay que admitir que el arte de la talla en madera de
esa época puede presentar importantes resultados en cuanto
al trabajo puramente decorativo que se encuentra en los altares, en
los coros, en los confesionarios y en los púlpitos de las grandes
iglesias de la segunda mitad del siglo XVIII en el sur de Alemania
y en Austria. Algunos ejemplos son el coro de Wiblingen cerca de Ulm,
realizado por Janurius Zieck (1780) y la silletería del coro
de la iglesia colegiada de St. Gall (1765). Grandes paneles con escenas
talladas en relieve sobre temas del Antiguo y del Nuevo Testamento
enmarcadas en trabajo ornamental del estilo de la época son
el tema principal de la decoración. Este suntuoso mobiliario
eclesial en madera es evidencia de la gran destreza técnica
del tallador y de la cuantiosa suma de dinero invertida por quienes
construyeron las iglesias. A pesar de que sus esfuerzos conjuntos
no hayan logrado producir el místico calor de hogar y la sensación
de recogimiento que atrae a quienes contemplan las múltiples
obras más sencillas y no ornamentadas de la Edad Media, es
necesario considerar el ambiente del período que fue uno de
"iluminación". Así como el frío racionalismo
prevalecía en la teología de la época, había
también un cierto grado de frialdad en las tallas eclesiásticas.