Obispo de Jerusalén (312-34). La fecha en la que Macario fue consagrado Obispo se encuentra en
la versión de San Jerónimo de las Crónicas de Eusebio
(ann. Abr. 2330). Su muerte debe haber acaecido antes del Concilio
de Tiro, en el año 335, en el que su sucesor, Máximo, fue aparentemente
uno de los obispos participantes. Macario fue uno de los obispos a quienes San
Alejandro de Alejandría escribiera previniéndolos contra Ario (Epiph.,
"Hær.", LXIX, iv). El vigor de su oposición a la nueva
herejía se evidencia en la manera abusiva en la que Ario se refiere
a él en su carta a Eusebio de Nicomedia (Theodoret, "H. E.",
I, 4). Asistió al Concilio de Nicea, y vale mencionar aquí dos conjeturas
relacionadas con el papel que desempeñó en dicho concilio.
La primera es que hubo un forcejeo entre él y su obispo metropolitano
Eusebio de Cesarea, en cuanto a los derechos de sus respectivas
sedes. El séptimo canon del concilio (Debido a que la costumbre y
la tradición antigua muestran que el obispo de Elia [Jerusalén]
debe ser honrado y debe tener precedencia; sin que esto perjudique,
sin embargo, la dignidad que corresponde al obispo de la Metrópolis),
por su vaguedad sugiere que fue el resultado de una prolongada batalla.
La segunda conjetura es que Macario, junto con Eustaquio de Antioquía,
tuvo mucho que ver con la redacción del Credo adoptado finalmente
por el Concilio de Nicea. Para
mayores datos sobre la base de esta conjetura (expresiones que aparecen
en el Credo y que recuerdan las
de Jerusalén y Antioquía) el lector puede consultar a Hort, "Two
Dissertations", etc., 58 sqq.; Harnack, "Dogmengesch.",
II (3a edición), 231; Kattenbusch, "Das Apost. Symbol."
(Ver el índice del volumen II.).
De las conjeturas podemos pasar a la ficción. En la Historia del Concilio de Nicea atribuida a Gelasio
de Cícico hay varias discusiones imaginarias entre los Padres del
Concilio y los filósofos al servicio de Ario.
En una de esas discusiones, en donde Macario actúa como vocero
de los obispos, éste defiende el Descendimiento a los infiernos.
Este hecho, consecuencia de la incertidumbre de si el Descenso
a los infiernos se encontraba en el Credo de Jerusalén, es interesante,
sobre todo si se tiene en cuenta que, en otros aspectos, el lenguaje
de Macario aparece más conforme al del Credo (cf Hahn, "Symbole",
133). El nombre de Macario ocupa el primer lugar los de los obispos
de Palestina que suscribieron el Concilio de Nicea; el de Eusebio
aparece en quinto lugar. San Atanasio, en su encíclica a los obispos
de Egipto y Libia, incluye el nombre de Macario (quien había muerto
ya hacía mucho tiempo) entre los de los obispos reconocidos por
su ortodoxia. Sozomen (H.
E., II, 20) cuenta que Macario nombró obispo de Lidia a Máximo,
quien luego fue su sucesor, y que ese nombramiento no se materializó
porque el pueblo de Jerusalén se negó a dejar a Máximo.
Presenta también otra versión de la historia según la cual
Macario mismo cambió de opinión por temor a que el prescindir de
Máximo, pudiera dar lugar al nombramiento de un obispo no ortodoxo
como sucesor de Macario. Tillemont
(Mém. Ecclés., VI, 741) desmiente esta historia (1) porque Macario
al actuar así hubiera contravenido el séptimo canon de Nicea; (2)
porque era posible que Aetius, quien al momento del concilio era
obispo de Lidia, aún viviera en el año 331, y muy probablemente
en el 349. Claro está que si Aetius sobrevivió a Macario, la historia
queda desvirtuada; pero si murió poco después del 331, podría se
cierta. El hecho de que
Macario se encontrara entonces cerca del final de su vida, explicaría
la renuencia, ya sea de su parte o de parte de sus feligreses, a
verse privado de Máximo. La
primera objeción de Tillemont carece de base.
El séptimo canon era demasiado vago como para merecer de
un obispo ortodoxo como Macario conceptos muy precisos en cuanto
a los derechos del Obispo Metropolitano en el caso de un semi-Ario
como Eusebio. San Teofano (m. 818) en su "Cronografía"
indica que Constantino, al finalizar el concilio de Nicea, ordenó
a Macario buscar los sitios de la Resurrección y de la Pasión y
la Verdadera Cruz. Es muy
probable que esto haya sido así, ya que las excavaciones comenzaron
muy poco tiempo después del concilio y se realizaron, aparentemente,
bajo la superintendencia de Macario.
El gran montículo y las bases de piedra coronadas por el
templo de Venus, que se habían construido sobre el Santo Sepulcro
en la época de Adriano, se demolieron y cuando de inmediato
apareció la superficie original del suelo, contrario a todas las expectativas, se descubrió el Santo
Monumento de la Resurrección de nuestro Salvador (Euseb.,
Vit. Const., III, 28). Al oír la noticia, Constantino escribió a
Macario dándole órdenes y detalladas para la construcción de una
Iglesia en ese lugar (Euseb., Ib., III, 30; Theodoret, H. E., I,
16). Más tarde escribió otra carta A Macario y a los demás
Obispos de Palestina ordenando la construcción de una Iglesia
en Mambré, que también había sido profanada por un templo pagano.
Eusebio, tal vez pensando en su dignidad como Obispo Metropolitano,
aunque relata lo antes descrito, se refiere a la carta como dirigida
a mí, (Vit. Const., III, 51-53). También se construyeron iglesias
en los lugares e la Natividad y la Ascensión.
(Para la historia
del encuentro de la Verdadera Cruz ver CRUZ Y CRUCIFIJO I, 4.)
Acta SS., marzo 10; VENABLES in Dict. Christ. Biog., s. v.
FRANCIS J.
BACCHUS.
Transcrito por WGKofron
Traducido por Rosario Camacho-Koppel
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