Misionero en Bretaña y Vendee; nació en Montfort el 31 de enero
de 1673 y murió en Saint Laurent sur Sevre el 28 de abril de 1716.
Desde la infancia fue un devoto infatigable de la oración ante el Santísimo
Sacramento y, cuando al cumplir doce años fue enviado como estudiante
al colegio jesuita en Rennes, nunca dejó de visitar la iglesia antes
y después de clases. Se unió a una sociedad de jóvenes
que durante las vacaciones ejercía su ministerio entre los pobres y los
incurables en los hospitales y les leían libros edificantes durante sus
comidas. A la edad de 19, viajó a París a pie para seguir el curso
de teología y repartió durante el viaje todo su dinero a los pobres,
cambiando con ellos sus ropas y haciendo voto de subsistir en adelante solo
de almas. Fue ordenado sacerdote a la edad de veintisiete años y durante
algún tiempo sirvió como capellán en un hospital. En 1705,
a los treinta y dos años, encontró su verdadera vocación
y en adelante se dedicó a predicar a la gente. Durante diecisiete años
predicó el Evangelio en innumerables pueblos y villas. Como orador estaba
enormemente dotado, siendo su lenguaje sencillo pero lleno de fuego y divino
amor. Su vida entera fue notable por virtudes difíciles de comprender
por la moderna degeneración: oración constante, amor por los pobres,
pobreza llevada a límites inimaginables, alegría en las humillaciones
y persecuciones.
Los ejemplos siguientes ilustrarán su éxito. Una vez dio un retiro
a los soldados de la guarnición de La Rochela y, conmovidos por sus palabras,
los hombres lloraron y clamaron por el perdón de sus pecados. En la procesión
final de su misión, un oficial caminó al frente, descalzo y cargando
un estandarte y los soldados, descalzos también, lo siguieron cargando
en una mano un crucifijo, en la otra un rosario y entonando himnos.
La extraordinaria influencia de Grignion fue especialmente aparente en el asunto
del calvario en Pontchateau. Cuando anunció su determinación de
construir un calvario monumental en una colina vecina, la idea fue recibida
con entusiasmo por los habitantes. Durante quince meses entre dos y cuatro mil
campesinos trabajaron diariamente sin esperar recompensa y, habiendo completado
la tarea, el rey ordenó que todo fuera demolido y la tierra regresada
a su condición original. Los jansenistas habían convencido al
gobernador de Bretaña que una fortaleza capaz de ayudar a las personas
en una revuelta estaba siendo levantada y así, durante varios meses quinientos
campesinos cuidados por una compañía de soldados fueron forzados
a llevar a cabo la destrucción. El padre de Montfort no se exaltó
al recibir las humillantes noticias y exclamó únicamente: “¡Alabado
sea Dios!”
Esta no fue la única de muchas pruebas por las que tuvo que pasar Grignion.
A menudo sucedía que los jansenistas, irritados por su éxito,
se aseguraban mediante intrigas, de su expulsión del distrito en el que
estuviese misionando. En La Rochela algunos malvados envenenaron su sopa y,
a pesar del antídoto que tomó, su salud resultó minada.
En otra ocasión, algunos malhechores se escondieron en un callejón
con la intención de asesinarlo, pero tuvo un presentimiento de peligro
y escapó yendo por otra calle. Un año antes de su muerte, el padre
de Montfort fundó dos congregaciones – Las Hermanas de la Sabiduría,
quienes se dedicaron al trabajo en hospitales y la instrucción de niñas
pobres y la Compañía de María, compuesta por misioneros.
Largamente había acariciado estos proyectos, pero diversas circunstancias
habían retrasado su ejecución y, humanamente hablando, el trabajo
parecía haber fallado a su muerte, dado que las congregaciones tenían
respectivamente, solo cuatro hermanas y dos sacerdotes con unos cuantos hermanos.
Pero el bienaventurado fundador, quien en varias ocasiones había demostrado
poseer el don de profecía, sabía que el árbol crecería.
A principios del siglo XX las Hermanas de la Sabiduría sumaban cinco
mil y estaban dispersas por todo el mundo, poseían cuarenta y cuatro
casas e instruían a 60,000 niños. Luego de la muerte de su fundador,
la Compañía de María fue gobernada durante 39 años
por el padre Mulot. Al principio se había rehusado a unirse a Montfort
en su trabajo misionero. “No puedo ser misionero,” había
dicho, “porque he estado paralizado de un lado por muchos años;
tengo una enfermedad en los pulmones que apenas me deja respirar y estoy tan
indudablemente enfermo que no tengo descanso ni de día ni de noche.”
Pero el santo, impelido por una repentina inspiración, replicó,
“Tan pronto como empieces a predicar quedarás completamente curado.”
Y tal como lo dijo, así sucedió.
San Luis María Grignion de Montfort fue beatificado por
León XIII en 1888 y canonizado por Pío XII en 1947.
CRUIKSHANK, Blessed Grignion, etc. (London, 1892); JAC, Vie, etc. (Paris, 1903);
LAVEILLE, Vic, etc. (Paris, 1907).
AUSTIN POULAIN
Transcrito por Michael T. Barrett
Dedicado a Mary Barrett
Traducido por Antonio Hernández Baca