Aparte del Agua Bendita (q.v.) que es
usada por la Iglesia en muchos de sus ritos de bendición, y además
del agua utilizada en el lavado de pies y manos (Verse LAVADO DE
PIES Y MANOS) y en la fuente Bautismal (q.v.), el agua tiene un
lugar reconocido en el ritual de toda Misa y en un cierto número
de oficios pontificios y extraordinarios que incluye algunas formas
de lavado. Con el respeto al agua mezclada con el vino en la Misa,
los Padres desde mucho tiempo antes han tratado de buscar las razones
de por qué la Iglesia usa un cáliz mixto mientras que la narrativa
del evangelio implica que Cristo consagró vino puro. San Cipriano
(Ep. LXIII, 13) discutiendo esta cuestión ve una analogía a la unión
de Cristo con su gente creyente, pero, como el Concilio de Trento
señala (Sess.XXII, De Missa, VII), es además esta referencia al
flujo de sangre y agua del costado de Cristo, del cual la Iglesia,
el dispensario de los sacramentos, fue formada, como una nueva Eva,
del costado del nuevo Adán. Fue probablemente en alusión al anterior
simbolismo (la unión de la gente con Cristo) que el antiguo Ordines
romani dirigió el coro (schola cantorum) para presentar el
agua en el ofertorio de la Misa. Podemos notar también que por largo
tiempo se mantuvo la práctica de la Iglesia Griega Ortodoxa de verter
un poquito de agua caliente en el cáliz inmediatamente antes de
la Comunión, y aunque parece no haber evidencias confiables de una
costumbre de ese tipo en los primeros siglos, la ausencia de esta
usanza entre los Latinos es hecha por los Griegos un serio campo
de reproche. En la purificación del cáliz, el agua es usada nuevamente
en el segundo lavado, pero en la práctica del presente de acuerdo
a la cual el lavado del vino y el agua son tomados por el sacerdote,
no siempre predominó en la Edad Media. En la otra mano estaba una
costumbre muy general de proveer agua, o agua y vino, a los comulgantes
para beber como una purificación luego de la Comunión.
De hecho esto está prescrito en las rúbricas existentes del Misal
(Rit. Ser., X, 6) no obstante el Caeremoniale episcoporum
en el Día del Este habla de una purificación de vino solo. Más allá,
un estricto uso litúrgico del agua es también hecho
en oficios tales como la colocación de la piedra de fundación
de una iglesia y la consagración de un cementerio, no obstante
aquí la bendición consiste solamente de cinco oraciones comúnmente
usadas para hacer el agua bendita común. En la bendición de la campana,
a diferencia de la dedicación de una iglesia donde algo más notable
ocurre. En el caso de la campana, una oración completamente nueva,
Benedic, Domine, hanc aquam, es insertada, y con el
agua de este modo consagrada, la campana es lavada completamente
por dentro y por fuera. Para la consagración de una iglesia un agua
lustral especial es preparada después de que el obispo ha ingresado
al edificio, y los varios ingredientes, sal, agua, cenizas y el
vino, antes de ser mezclados, son bendecidos con oraciones que difieren
completamente de esas utilizadas en el caso del agua bendita para
uso común. Esta agua lustral es rociada mientras que el obispo hace
siete veces el circuito del altar y tres veces el del interior de
la iglesia. El rito de lavar el altar mayor el Jueves Santo es realizado
en las basílicas Romanas y otras iglesias con una cierta solemnidad,
y en los viejos tiempos era una función más notable que en el presente.
Para este propósito, el vino y a veces el agua de rosas eran empleados
igual que el elemento puro. Nuevamente en la apertura de las puertas
santas en las Basílicas Romanas cuando el año del jubileo empieza,
los penitenciarios, provistos con esponjas y toallas, lavan y secan el umbral, luego de que la puerta previamente
obstruida ha sido liberada. Menos estricto es el uso litúrgico del
agua que está bendecida con varias fórmulas especiales para propósitos
devocionales. El Rituale romanum oficial contiene un
cierto número de ciertas bendiciones, por ejemplo Modus benedicendi
aquam con otras fórmulas similares en honor de San Adelaido,
San Willibrord, San Vicente Ferrer, etc., particularmente. El propósito
de esto es generalmente medicinal y hay una bendición particularmente
larga del agua de San Huberto en contra de la mordida
de un perro loco.
El lector debe hacer referencia
a los libros mencionados en el artículo AGUA BENDITA; cf. También
SCHROD en Kirchenlexikon, s.y. Weihwasser; THALHOFER, Liturgik (Freiburg,
1883-93); y para la Edad Media especialmente FRANZ, Die kirchlichen
Benediktionem (Freiburg, 1909). Verse más allá los comentarios de
CATALANI, Pontificale Romanum (Paris, 1850); y el Rituale Romanum
(Roma, 1757); y THURSTON, El cáliz sin consagrar en el mes (Octubre,
1911).
HERBERT THURSTON
Transcrito por Thomas M. Barret
En agradecimiento al Agua de la vida
Traducido por Alonso Teullet