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Leonardo di Ser Piero da Vinci, pintor, escultor,
arquitecto, ingeniero, y erudito florentino, una de las mentes más
grandes del Renacimiento; nació en Vinci, cerca de Florencia,
en 1452; murió en Cloux, cerca de Amboise, Francia, el 2 de
mayo de 1519, hijo natural de Ser Piero, un notario, y una campesina.
Cuidadosamente educado por su padre, fue notablemente dotado y precoz.
Pocos artistas deben tan poco a las circunstancias y a los maestros.
Se hizo a sí mismo. Su obra fue pequeña en volumen,
y lo que queda se puede contar con los dedos de ambas manos. Pocos
hombres tuvieron tan variado talento y acumularon un conocimiento
tan enciclopédico; su metodología artística le
fue original, la ciencia era la medida de la belleza, combinó
la realidad con la poesía y utilizó ambas para llevar
a cabo amplias investigaciones sobre la naturaleza y reproducir la
vida según las leyes mismas de la vida. Hay tres períodos
en la biografía de Leonardo: El período florentino (1469-82);
el período milanés (1483-99); el período nómada
(1500-19).
I. EL ARTISTA
Período florentino
A temprana edad sin duda hacia su decimoquinto año,
Leonardo entró al estudio de Verrocchio que para 1465 era el
principal de la ciudad. Entre sus asociados estaba Pietro Vanucci
llamado Perugino. Escultor y pintor, Verrocchio no fue un artista
del más alto genio, pero jugó un papel importante en
la historia del arte. Contemporáneo de Castagno y Pollaiulo,
él centralizó sus labores, codifico sus trabajos, y
puso en circulación los resultados de sus estudios; en cierto
sentido el naturalismo florentino fue organizado en su estudio. El
trabajo de ambas generaciones fue resumido en una obra común
al maestro y al discípulo, el "Bautismo de Cristo" de Verrocchio,
en la Academia de Florencia, en la qué Leonardo pintó
la cara de uno de los ángeles que sostiene la vestimenta de
Jesús. En medio de una obra que, aunque se trate de un estudio
concienzudo, es aburrida y prosaica esa encantadora expresión
del rostro resplandece con vida divina. En esas condiciones el joven
Leonardo adquirió la técnica de su profesión,
todo el progreso alcanzado por la Escuela Florentina de mediados del
siglo XV, pero dándole valor nuevo y belleza incomparable.
Siendo el colaborador de Verrocchio en todas las ramas del arte él
lo asistió en los estudios preliminares y en las investigaciones
preparatorias para la famosa estatua ecuestre del condottiere
Colleone. También se le admitió al famoso jardín
de los Medicis, donde habían reunido una colección de
antigüedades, entonces la principal del mundo, y en la cual habían,
además, creado un museo y una escuela, o academia, de bellas
artes. El joven artista sin embargo casi completamente escapó
a la superstición de la antigüedad, y ésa es una
prueba clara de su maravillosa independencia. Los artistas de la siguiente
generación, sobre todo Miguel Angel, difícilmente observaron
la vida excepto a través del velo del mármol de la escultura
Grecorromana; Leonardo, en cambio, casi nada pidió prestado
al pasado; algunos detalles de un candelabro en la pequeña
"Anunciación" del Louvre, bocetos raros tal como los "Bailarines"
de la Academia de Venecia, la cabeza de un guerrero en Londres (Museo
Británico), constituyen casi toda su deuda a la antigüedad.
En este sentido Leonardo es el primero de los "modernos".
Poseemos muy pocas obras de su juventud. Además
del rostro del ángel en el "Bautismo de Cristo" del que se
habló antes, solo podemos atribuirle con seguridad la delicada
miniatura de la "Anunciación" del Louvre, el retrato de una
joven en la Galería Liechtenstein de Viena, y dos terracotas
pequeñas del Museo de Kensington Sur, en Londres; una "Madonna
y Niño", y un busto de San Juan Bautista. Dibujos han conservado
para nosotros los rastros de otro proyecto, ej., la "Adoración
de los Pastores" (dibujo en el Louvre), pero no tenemos casi ninguna
información sobre este período. Un dibujo de paisaje
de 1473 y otro estudio de 1478 (Uffizi) nos dan las primeras fechas
seguras que encontramos en su vida. También se ha encontrado
la nota siguiente: ". . . bre 1478 cominciai le due Madonne"; pero
nadie sabe lo que se hizo de esas Madonnas, ni siquiera si se realizaron.
No obstante, un gran numero de estudios, hojas cubiertas de bocetos,
cabezas de mujeres jóvenes, niños jugando con gatos,
etc., muestran la dirección de sus investigaciones. Ya había
concebido ese tipo de madre y niño en el que la expresión
divina resulta sólo de la raza humana y la poesía de
la vida se lleva a su más alto nivel. Ésa fue la fórmula
del Renacimiento, de las Madonnas de Rafael y Andrea del Sarto, que
Leonardo mismo pronto aplicó en las inmortales obras maestras,
la "Virgen de las Rocas" y "Santa Ana y la Virgen Bendita".
Período Milanés
En 1481 Ludovico il Moro asumió en nombre de su sobrino, Gian
Galeazzo, la regencia del Ducado de Milán. Fue uno de los príncipes
más notables de esa edad de tiranos de genio: hábil, magnífico,
ambicioso, y cruel. Una carta de la cual una copia forma parte del famoso
"Codex Atlanticus", en la Biblioteca Ambrosiana, Milán, ha conservado
los términos en los que Leonardo ofreció sus servicios
a este formidable señor; entre otros cosas leemos: "(1) tengo
un proceso para construir puentes muy ligeros, portátiles, para
la persecución del enemigo; otros más sólidos,
que resistirán fuego y ataque y pueden ser fácilmente
montados y desmontados. También conozco modos de quemar y destruir
los del enemigo. . . (4) además puedo fabricar una pieza de artillería
muy manuable que lanza materiales inflamables, causa gran daño
al enemigo y también gran terror debido al humo. . . (8) Donde
el uso de cañones es impracticable puedo reemplazarlos con catapultas
y artefactos que lanzan arpones con asombroso y hasta ahora desconocido
efecto; en breve, en cualquier circunstancia puedo idear incontables
métodos de ataque. (9) En caso de batalla naval tengo muchos
artefactos de gran poder tantos para el ataque como para la defensa:
embarcaciones a prueba del fuego más abrasador, la pólvora
o el vapor. (10) En tiempo de paz creo poder igualar a cualquiera en
arquitectura, sea para la construcción de monumentos públicos
o privados. Esculpo en mármol, bronce y terracota; en pintura
puedo hacer lo que otro puede hacer, no importa quien sea. Además
me comprometo a realizar un caballo de bronce a la eterna memoria de
su padre y de la muy ilustre Casa de Sforza, y si cualquiera de las
cosas antes mencionadas parece impracticable o imposible le ofrezco
dar una prueba en el parque de su Excelencia o en cualquier otro lugar
agradable a su señoría, a quien me encomiendo con toda
humildad".
Leonardo tenía en ese momento treinta años de edad y
era muy bien parecido. Era un consumado caballero, y tenía una
mente muy perspicaz para la invención de fábulas. Sus
contemporáneos, por ejemplo el cuentista Bandello, relatan los
encantos de su conversación. Como músico, le daba por
improvisar versos y acompañarlos en un laúd de su propia
invención, en forma de bucráneo y que poseía una
sonoridad maravillosa. Para las fêtes, ballets, y entretenimientos,
e interludios a los que el Renacimiento era tan aficionado, Leonardo
era sin igual. En la entrada de Luis XII en Milán un león
mecánico cruzó el salón del banquete, se detuvo
delante de él con una lluvia de azucenas. Máquina que
Leonardo inventó. Tal era Leonardo cuando a fines de 1482 entró
al servicio de Ludovico il Moro. Una de sus primeras obras milanesas
fue la encantadora "Dama del Armiño", que se cree ser el retrato
de Cecilia Gallerani, la amante de Ludovico, y que ahora está
en Cracovia, en la colección del Conde Czartorisky. Por desgracia,
la obra ha sido muy dañada por las restauraciones, pero es la
primera obra verdaderamente moderna de su clase, en la qué gracia
femenina, sutileza de análisis, refinamiento de la personalidad
moral, y no solamente la semejanza de aspecto, constituyen el tema de
la pintura. El bonito perfil de "Beatriz d'Este" en la Ambrosiana y
el llamado "Lucrecia Crivelli" (asimismo llamado "La Belle Ferroniere")
del Louvre no tienen nada en común con Leonardo.
También en Milán, durante los primeros años de
su estancia allí, concluyó su primera gran pintura, la
maravillosa "Virgen de las Rocas". Además de imitaciones existen
dos de esas pinturas, diferenciándose algo en detalles, la del
Louvre y la de la Galería Nacional. Ha habido interminables discusiones
con respecto a su autenticidad. La verdad es que ambas son originales,
la primera que se hizo es la del Louvre, cuya realización, sumamente
minuciosa en detalle, muestra aún algo de los métodos
un poco secos del estudio de Verrocchio. La otra y algo más tardía
repite el mismo motif para el convento de
San Francisco, Milán. En los paneles laterales Ambrogio da Predis
pintó ángeles tocando instrumentos musicales. Éstos
paneles laterales están con la pintura central en la Galería
Nacional. Pero Leonardo no terminó la pintura que había
empezado, su Madonna y el paisaje son la obra de un discípulo
y un discípulo mediocre. En cambio el ángel arrodillado
detrás el Niño Jesús cuya actitud difiere de la
del Angel de París, es una de las creaciones más perfectas
del artista. Ambas pinturas son poéticas. El fantástico
paisaje, la dolomítica gruta de rocas prismáticas, el
arte indescriptible de la agrupación "piramidal", el frecuentemente
imitado triángulo cuya base esta formada por dos bellos niños,
y cuya cúspide es la cabeza de una virgen sonriente; la gracia
y vida del motif, la selección del instante, la perfección
del modelo, la profundidad de la atmósfera, y aun los más
pequeños detalles de las hierbas, las piedras, las delicadas
ondas en la superficie del agua transparente--todo esto dota a la "Virgen
de las Rocas" con un encanto imperecedero, haciéndola una de
las obras que abren un mundo nuevo a la imaginación y fijando
eternamente la poesía del tema. Sin Leonardo la "Madonna" de
Rafael, su "Belle Jardinière" y la "Madonna del Jilguero" no
existirían y aun su encanto no iguala el de su sublime modelo.
La obra más importante de Leonardo en Milán es su "Ultima
Cena" que él pintó en el refectorio del convento dominicano
de Santa María delle Grazie. Esta obra maestra es ahora poco
más que una ruina, el desastre es principalmente debido a los
métodos del pintor. La pintura al fresco le parecía un
proceso demasiado sumario y precipitado así que pintó
en aceite en la pared. La humedad pronto empapó y arruinó
la obra, y rápidamente a mediados del siglo XVI el daño
era ya irreparable. El vandalismo hizo el resto. En 1652 se abrió
una puerta en la pared mutilando los pies de Cristo y de dos Apóstoles.
En 1726 y 1770 pintarrajeadores forjaron una obra maestra de deterioro
con sus restauraciones, y por fin en 1797 un ejército francés
ocupó el convento y utilizó como establo el refectorio;
ni siquiera las órdenes de Bonaparte pudieron impedir que los
hombres mutilaran la "Ultima Cena"; tal fue el largo martirio de la
obra maestra. Sólo en años recientes se han tomado precauciones
para conservar los restos; se ha separado la pared y el corredor se
secó pero este esmero tardío amenaza con completar la
destrucción de la pintura. Se puede temer que se descascare y
se deshaga en polvo. Sin embargo existen memoriales y reproducciones
de ella. Pocas obras han ejercido una fascinación semejante y
han sido tan frecuentemente reproducidas desde el principio. Se han
coleccionado algunas de estas reproducciones en el refectorio de Santa
María delle Grazie; la mejor de todas ellas, que antes estaba
en Castellazzo cerca de Milán, se cree es de Solari. Se conserva
una excelente copia en Ponte Capriasca, una parroquia de los alrededores
de Lugano. La Academia de Londres tiene una, que estaba anteriormente
en la Certosa de Pavía y se atribuyo a Oggionno o a Gianpietrino.
Hay dos en París, una en el Louvre, y la otra en Saint Germain
l'Auxerrois. Todas las copias, bastante correctas en lo que respecta
a la composición, varían en los detalles y sobre todo
muestran gran diferencia de colorido.
Todavía más valiosos son los estudios
separados de cabezas, aunque la mayor parte de ellos pueden ser originales;
las más importantes series están en Estrasburgo y Weimar.
La célebre cabeza de Cristo en dibujo al lápiz en el
Brera parece ser un estudio de Sodoma o de Cesare da Sesto y no tener
relación con la "Ultima Cena". Ninguna de éstas pruebas
para el estudio de la obra maestra se deben descuidar, pero a pesar
de su deteriorada condición hay impresiones que sólo
pueden ser dadas por la pintura misma que aun guarda la atmósfera,
la emocionante tonalidad, un raro patetismo que parece la hechicería
o la presencia del genio. Su superioridad extraordinaria es evidente
cuando la comparamos con todas las "Ultima Cena" existentes sean de
Giotto, Castagno, o Ghirlandajo. Las viejas representaciones se vuelven
anticuadas y obsoletas y se inaugura un nuevo orden de ideas. Con
respecto al sujeto el tema de la "Ultima Cena" puede ser dividido
en dos movimientos distintos: la institución del Sacramento
y el "Unus vestrum". Leonardo ha escogido el momento en el que Cristo
declara que hay un traidor en la compañía. Se nos muestra
el efecto de una declaración en doce personas, en doce temperamentos
diferentes: un solo destello y doce reflejos (Burckhardt). El tema
ha sido bien analizado por Goethe. Es claro que en un drama de esta
clase, un tipo de drama "sentado", cuyo tema es inquietud interior,
sorpresa, angustia, basta con mostrar las personas de medio cuerpo;
bustos, rostros, y manos bastan para manifestar la emoción
moral; la mesa con su mantel damasquinado al ocultar casi completamente
los miembros inferiores ofreció al ingenioso artista un recurso
que éste supo utilizar. La dificultad bajo esas condiciones
era conseguir constituir un todo con esas trece figuras sentadas lado
a lado; la más grande debilidad de los pintores antiguos era
la composición; cada compañero de mesa aparecía
aislado de su vecino.
Con genial instinto Leonardo dividió sus actores
en cuatro grupos, dos en cada lado de Cristo, y unió estos
grupos de manera a imprimir al entorno general una cierta continuidad,
animada por un único movimiento. El todo es como las ondulaciones
sucesivas de una inmensa ola de emociones. La palabra fatal proferida
por Cristo sentado en medio de la mesa produce un tumulto que simétricamente
rechaza y agita los dos grupos más cercanos y que declina al
comunicarse a los dos grupos más lejanos. La íntima
composición de cada grupo es no menos admirable. Estupefacción,
pena, indignación, negación, venganza, la variedad de
expresión que el pintor ha reunido en esta pintura, la profundidad
del análisis, la veracidad de los tipos y fisonomías,
el poder y la acumulación de contrastes son sin paralelo en
todo el arte anterior; los innumerables estudios hechos para cada
pieza denotan en el autor un mundo de preocupaciones nuevas. Cada
cabeza es la "monografía" de una pasión humana, una
placa de anatomía moral. Se entenderá sin esfuerzo cómo
tal obra costó al artista diez años de preparación.
Nadie nunca resumió en una sola pintura semejante totalidad
de vida. Las manos poseen belleza y elocuencia incomparables. Aquí
por primera vez y para siempre se creó la fórmula definitiva
de la pintura histórica.
En la pared opuesta a la "Ultima Cena" Leonardo había
pintado (1495), en la gran Crucifixión Montorfano, retratos
de Ludovico il Moro, su esposa Beatriz d'Este, y sus hijos Maximiliano
y Francisco. Unicamente trazos blanquecinos y lineamientos inciertos
quedan de esos retratos. Por fin 1893 el profesor Müller Walde
descubrió en el castillo de Milán debajo de un áspero
revestimiento del corredor de la Torre delle Asse una decoración
completa pintada por Leonardo en 1498; es un refugio de laurel, parras,
y follaje. El artista transmitió la ilusión de un corredor
de verdura. A este período igualmente pertenecen los estudios
de Santa Ana. Junto con el culto de la Inmaculada Concepción
el fin del siglo XV vio el nacimiento del de la madre de la Virgen
Bendita. La obra del sabio Trithmius, "De laudibus sanctissimæ
matris Annæ", fechado en 1494 (cf. Shankell, "Der Kultus der
heilige Annas am susgange Mittelalters", Friburgo, 1893). Leonardo
compuso dos versiones diferentes de este tema, una de ellas esta ahora
en el Louvre, la otra en la Academia de Londres. La del Louvre esta
inacabada. La Virgen está sólo esbozada, solo la cabeza
de Santa Ana muestra ese modelado en el que Leonardo no tiene rival.
El Arte posee pocos grupos más encantadores que el de esas
dos mujeres, una sentada en las rodillas de la otra. Junto con la
"Ultima Cena" la obra milanesa más grande de Leonardo debería
haber sido la estatua ecuestre de Ludovico il Moro, el famoso "caballo
de bronce" que se comprometió a fundir en la carta antes citada.
Trabajó en ella constantemente durante más de quince
años (1483-99). Un modelo de yeso fue hecho en 1489, pero el
artista no estuvo satisfecho con él y hizo otro que fue moldeado
en 1493. Entonces dirigió su atención a los preparativos
de fundición. Pero los franceses llegaron en 1499 y además
de echar fuera al duque quebraron el modelo de yeso de su estatua.
Tenemos solamente innumerables esbozos, estudios, y dibujos de esa
obra maestra y los libros de Leonardo tratando de la anatomía
y ciencia del caballo.
Período nómada
A la caída de Ludovico Leonardo se quedo desempleado, y sin
prisa para buscar otro empleo y allí empezó para él
un período de vagabundeo. Las obras terminadas son cada vez
más raras, cada una de ellas mostrando señales de ambiciones
más complejas. De este período datan la mayor parte
de sus trabajos científicos. Después de los cincuenta
años empezó a reunir los elementos de una síntesis
nueva que nunca se concluyó. Los últimos veinte años
de su vida fueron dedicados a esa actividad y esas experiencias. De
Milán Leonardo fue a Mantua donde esbozó (1500) el retrato
de la Marquesa Isabel d'Este, el cartón del cual es una de
las maravillas del Louvre. Luego fue a Venecia (1501) y después
a Florencia; de allí entró el servicio de Cesar Borgia
como ingeniero militar y jefe del cuerpo de ingenieros en su campaña
de Romaña. Después de la caída de Cesar volvió
a Florencia y parece haber permanecido allí por tres o cuatro
años. Entonces empezó a ir y venir entre Florencia y
Milán, finalmente estableciendo su residencia en esta última
ciudad a donde fue llamado por una demanda sobre la propiedad dejada
por su padre. En 1514 lo encontramos en Roma, pero al final del año
volvió a Florencia; en 1515 hubo viajes a Pavía, Bolonia,
y una última estancia de unos meses en Milán. Finalmente
en 1516 aceptó la invitación del rey Francisco I para
ir a Francia y salió de Italia, para nunca volver.
Durante esos años de vagabundeo hay sólo dos lugares
donde encontramos pruebas ciertas de su actividad, en Florencia (1501-06)
y Milán (1506-13). En Florencia él realizó dos
de sus obras más famosas ahora desgraciadamente perdidas o destruidas.
La Señoría de Florencia había abierto para la decoración
de su edificio público del ayuntamiento un concurso sobre la
representación de dos temas patrióticos tomados de los
anales de la República. Uno era un suceso de la guerra contra
Pisa en 1304 y fue confiado a Miguel Angel; el otro conmemoraba la victoria
de Anghiari María Visconti. Éste fue el tema tratado por
Leonardo. Los cartones rivales se exhibieron en 1505 y fueron un evento
en la historia de la escuela. Toda la juventud del mundo artístico
se apresuró a copiarlos, pero en medio de todo eso Miguel Angel
fue llamado a Roma y abandonó su trabajo. Advertido por su experiencia
con la "Ultimo Cena" Leonardo renunció a pintar en aceite, pero
sin estar satisfecho con la pintura al fresco; imaginó un procedimiento
de encauste (uno de los raros ejemplos en él de la influencia
de los antiguos). El ensayo fue desafortunado. La capa de pintura no
secó y los colores se mezclaron unos con otros. Pero el artista
no se desalentó y continuó su trabajo. El cartón
todavía existía en el siglo XVIII; no se sabe cuando éste
o el de Miguel Angel desaparecieron. Este último se conoce únicamente
por un famoso grabado de Marcantonio Raimondi. A Leonardo no le fue
tan bien. Además de incontables bocetos solamente existe un único
grupo de su trabajo, el de los caballeros de la "Batalla del Standard"
que se ha conservado por un dibujo de Rubens (Louvre) y un grabado de
Edelinck. Sin embargo hay pocas obras de batallas más importantes
en el trabajo de arte de los siglos XVI y XVII. Todas las cazas de Rubens
y la escuela flamenca no son mas que variaciones y repeticiones de esa
furiosa melée. La Adoración de los Magos en el Uffizi
es desgraciadamente sólo un boceto, un tosco cartón, principalmente
interesante por la información que da acerca de la base de la
pintura de Leonardo y su manera de preparar una pintura. Pertenece al
mismo período (aproximadamente 1505) que esa obra del artista
la más popular, la más consumada, y la más estrechamente
asociada con su nombre como aquel que mejor resume en la faz de una
mujer toda la busqueda, gracia, y seducción de su genio. Se trata
del retrato de Madonna (Monna) Lisa, esposa de Ser Giocondo, y universalmente
conocida como Jaconde (La Gioconda), y que, adquirido directamente del
artista por Francisco I, y conservado por tres siglos en Fontainebleau,
desapareció, el 21 de agosto de 1911, bajo circunstancias misteriosas,
del Louvre, donde había estado desde 1793. (Desde entonces, La
Gioconda ha sido recuperada y se encuentra en el Louvre donde se exhibe
bajo una fuerte protección y detrás de un cristal a prueba
de balas).
Las muchas copias de este rostro encantador, las de los museos de Madrid,
Munich, Quimper, y San Petersburgo, la Galería Torlonia en Roma,
y la Galería Mozzi, Florencia, de la Villa Sommariva en el Lago
Lugano, de las colecciones Hume y Woodburn en Londres, pueden difícilmente
consolarnos por la pérdida de la obra maestra. Leonardo nunca
pintó nada con más amor. Dedicó cuatro años
a este rostro único. Vasari relata el delicado cuidado que tomó
para divertir a su gracioso modelo durante las sesiones y llevar a sus
labios la sonrisa tan imperceptible, que se ha tomado como el significado
de profundidad y perfidia y que es sólo la expresión serena
de una alma armoniosa, de paz moral y salud, con un ligero matiz de
ironía florentina. Su lugar en el Louvre fue ocupado por otra
de las obras de Leonardo, una de las últimas realmente auténticas
de sus producciones, el enigmático San Juan Bautista. Aquí
la profundidad y complejidad de sus intenciones, sobre todo el uso sistemático
del claroscuro, llevaron a extraños y equívocos resultados.
Pero la estropeada obra formuló el lenguaje entero del claroscuro,
y fijó sus leyes con una claridad que nunca se ha superado.
Las siguientes pinturas conservan la memoria de otras
de las obras de Leonardo cuyos originales se han perdido. El San Juan
Bautista o Bacchus de extensión plena, sentado, en un paisaje;
la pintura corresponde a una fecha anterior a 1505 y es contemporánea
de la Gioconda. Copias antiguas están en el Louvre y en Sant'Eustorgio,
Milán. El Leda; mismo período; copia (de Bacchiacca?)
en el Casino Borghese; otras en la colección Ruble, París,
y la colección Oppler, Colonia; dibujo de Rafael en Windsor.
La Resurrección en el Museo de Berlín es apócrifa.
El famoso busto de cera pedido en 1909 por el mismo museo es la obra
de un falsificador inglés que trabajó aproximadamente
en 1840. Finalmente la encantadora cabeza de cera del Museo Wicar,
en Lille, pertenece probablemente a la escuela de Canova, lo que no
le quita nada de su exquisita gracia. La última pintura de
Leonardo que poseemos es el espléndido boceto de San Jerónimo
en el desierto de la colección del Vaticano. Data de 1514.
Leonardo pasó los últimos tres años de su inquieta
vida en Francia. El rey le dio una pensión de 7000 coronas
y una morada en el Castillo de Cloux cerca de Amboise. En ese período
el maestro estaba muy cansado, y sus facultades declinaban. Todavía
estaba ocupado con la cuestión de canalización y estudió
modos de controlar el recorrido del Loira y de hacerlo navegable.
Murió en medio de esas ocupaciones a la edad de 67 años.
Una leyenda, popularizada por la pintura de Ingres, relata que murió
en los brazos de Francisco I; pero aquel día el rey estaba
en San-Germain-En-Laye.
II. EL ERUDITO
El Arte representa sólo una pequeña parte de la actividad
de Leonardo. Siempre y sobre todo en Milán a partir de 1506 su
genio fue absorbido por temas científicos, aunque esas investigaciones
habían empezado en el estudio de Verrocchio, como se muestra
en la carta de 1482 a Ludovico il Moro. Es imposible dar aquí
un análisis detallado ni tan siquiera de sus obras principales,
porque sus estudios incluyeron todas las ramas del conocimiento. Por
otra parte su naturaleza estrictamente personal, el secreto y las prácticas
deliberadamente cabalísticas con las que le gustaba rodearlas,
las técnicas de abreviación y criptografía de las
que hizo uso para ocultar su disertación (escribió de
derecha a izquierda, en una mano invertida que podía probablemente
leerse sólo con la ayuda de un espejo), todo este misterio quita
mucho interés a los tesoros de observación que Leonardo
consignó en incontables manuscritos. De hecho por negarse a divulgar
sus descubrimientos, queriendo guardar el monopolio de sus procesos
y secretos, condenó esta parte de su trabajo al olvido y a la
esterilidad. Sin embargo, su arte está de tantas maneras conectado
con su ciencia que el anterior no puede conocerse sin una comprensión
de esta última. En sus dibujos de flores, plantas, paisajes,
y en sus estudios de personas, es imposible decir si es el botánico,
el geólogo, el anatomista o el artista el que nos interesa más.
En Leonardo saber y arte no están separados nunca. Las características
frecuentemente observadas en los hombres del Renacimiento, el giro mental
enciclopédico tan notable en un Leone Battista Alberti, un Bramante,
o un Durero, no es nunca más brillantemente evidente que en Leonardo
da Vinci. Su técnica se basa exclusivamente en la observación
y el experimento. No reconoció ninguna otra amante que la naturaleza.
Ni en ciencia ni en arte admitió la autoridad ni de los ancianos
ni de los eruditos.
Además él claramente entendió: (1) que la ciencia
debería ser sujeta a la formulación en leyes matemáticas;
(2) que la ciencia tiene poder sobre la naturaleza, y la capacidad de
prever fenómenos y que necesita reproducirlos o imitarlos. Esto
aceptado, hubo pocas cuestiones que esta incansable mente no estudió,
y a las que no aportó ingeniosos puntos de vista y nuevas soluciones.
Frecuentemente percibía verdades demostradas por la ciencia moderna.
Mucho antes que Bacon y con una muy distinta gama de aplicación
inventó las ciencias positivas. Como geólogo, por ejemplo,
percibió que había una "historia de la tierra", que el
exterior del globo no se formó de un solo golpe, y en esa historia,
guiado por estudios de hidráulica, con éxito percibió
la función del agua. Adivinó la verdadera naturaleza de
los fósiles. En botánica formuló las leyes de la
alternación de hojas, la de la excentricidad de los troncos,
y la de la atracción solar. Como anatomista (había disecado
nueve cuerpos) creó dibujos sobre la inserción de los
músculos y sus movimientos que los especialistas todavía
admiran por su precisión. Inventó las primeras teorías
acerca de los movimientos musculares de las válvulas cardíacas.
Por sus estudios en embriología asentó las bases de la
anatomía comparativa. En mecánica entendió la energía
del vapor y si no inventó ninguna máquina de acción
por lo menos lo utilizó como un agente de propulsión,
porque inventó un cañón de vapor. Inventó
explosivos y bombas. Pero quizás su más "moderno" título
a la fama es el de haber asentado el principio de la aviación,
dedicando años a esa tarea. Previó casi todas las formas,
paracaídas y globos de aire caliente, pero fue por adherir audazmente
al principio "más pesado que el aire" que construyó el
primer pájaro artificial. Tras largas series de estudios analizando
con sorprendente claridad el vuelo del pájaro, la forma y movimiento
del ala Leonardo distinguió entre el vuelo en planeo y aquel
hecho por aleteos sucesivos, definiendo en cada caso la acción
del aire y la parte jugada por él; entiende que el pájaro
sube oblicuamente en un plano aéreo inclinado, formando debajo
de él una clase de ángulo y que corrientes se forman en
la concavidad del ala que le sirven como apoyos momentáneos para
recuperar su equilibrio, como las olas en las que se apoya la hélice
para propulsar a la lancha.
Leonardo fue más un erudito que un filósofo,
sin embargo su ciencia totalmente naturalista implica una cierta filosofía,
que si bien no es ni del tipo paganismo ni materialismo en el que
el Renacimiento tan a menudo caía no puede ser llamaba verdaderamente
cristiana. Sea por prudencia o por desdén de ideas abstractas
Leonardo parece haber evitado el declararse en este tema. No obstante
es fácil ver que la idea de milagros es repugnante a su imaginación.
Admite o admitiría lógicamente sólo a una Providencia
inmanente, un Dios que se abstiene de intervención en el universo
como el Dios de Lucrecio o el de los Estoicos. También es cierto,
y él no lo oculta, que a él no le caían bien
los monjes. Sin embargo, como artista, se acomodaba perfectamente
a la tradición cristiana. Su arte, aunque nada místico,
es en sus formas seguramente menos pagano que el de Rafael o aun que
el de Miguel Angel. Murió de una muerte muy cristiana.
Sus manuscritos se dividen ahora entre varios depositarios. Los más
importantes son (1) la gigantesca colección en la Biblioteca
Ambrosiana de Milán llamada Codex Atlanticus consistente de 393
páginas folio en las que están pegadas más de 1600
hojas de notas; (2) en París en la biblioteca del Instituto doce
manuscritos numerados de A a M; (3) en Londres tres volúmenes
en Kensington Sur, un manuscrito de 566 paginas en el Museo Británico,
y en Windsor espléndidas placas anatómicas y dibujos.
Otros libros están en posesión del Conde Manzoni y el
Earl de Leicester. El tratado de pintura es su primera obra. Se imprimió
en París en folio en 1651 en texto italiano por Rafael du Fresne
y casi inmediatamente se tradujo al francés por Fréart
de Chambray. Desde entonces se han publicado ediciones más correctas,
notablemente la de Manzi (1817), y la que Ludwig efectuó según
un manuscrito del Vaticano (3 vols., en Viena, 1883). Ventura compiló
una memoria sobre las obras científicas de Leonardo apropiadamente
así llamada la cual presentó al Instituto en 1797. Anunció
que ésta seria pronto seguida por la publicación de los
documentos originales, pero esta promesa no fue cumplida. En 1872 el
gobierno italiano emitió un número limitado de copias
de una obra de lujo, "Saggio dell' opere di L.da V.", que contiene fragmentos
del Codex Atlanticus con veinticuatro facsímiles. En 1889 J.P
Richter emitió en Londres, bajo el título "Las Obras Literarias
de Leonardo da Vinci", dos volúmenes en quarto incluyendo más
de 1500 extractos y fragmentos de manuscritos. Sistemáticamente
clasificados, con bellas reproducciones.
Sin embargo, Ravaisson-Mollier había emprendido la publicación
íntegra de los manuscritos del Instituto en una edición
modelo con facsímiles del texto original, transcripción
en caracteres ordinarios y traducción francesa (6 vols.for.,
París, 1881-92). El ejemplo en Milán es un manuscrito
de Leonardo perteneciente al Príncipe Trivulzio. Y desde 1892
la Accademia dei Lincei ha completamente publicado el Codex Atlanticus.
Si los manuscritos de Londres se publicaran podríamos tener un
conocimiento tan completo como es posible sobre este hombre extraordinario
que reunió en él el genio triple o cuádruple de
un Apeles, un Arístides, un Euclides, y un Arquímedes.
Se debe hacer mención de la influencia artística de Leonardo.
Su influencia en la pintura fue suprema; se han mostrado antes las trayectorias
que su genio abrió a la pintura histórica, al arte del
retrato, a las escenas de santidad, paisajes, y al arte del claroscuro.
Pero esta acción general, a pesar de su profundidad, no dio lugar
a una escuela en Florencia. Los discípulos de Leonardo y sus
imitadores así apropiadamente llamados, deben ser buscados en
Milán. Había muchos, y nada nos permite juzgar mejor de
su influencia que la revolución en el gusto que su aparición
determinó en la pintura milanesa. La escuela nacional de Foppa,
Zenale, Borgognone fue repentinamente echada a la sombra, eclipsada
por una cantidad de discípulos, entre los cuales Solario, Ambrogio
da Predis, Cesare de Sesto, Marco d'Oggione, Boltraffio, algunos de
ellos hombres muy dotados y talentosos. A ellos debemos la multitud
de reproducciones que frecuentemente toman el lugar de las obras perdidas
del maestro; pero sólo dos o tres discípulos alcanzaron
una expresión absoluta e independiente, y fueron otra cosa que
reflejos de Leonardo: estos incluían al amable y prolífico
Bernardino Luini y al problemático, apasionado, y muy desigual
Sodoma.
Breve vita de Leonardo da Vinci, scritta
da anonimo del 1500, manuscrito de la Magliabecchiana, en Florencia en
Archiv.storico italians, XVI (1872); PACIOLI, De divina proportione (Venecia,
1509), ed. EINTERBERG (Viena, 1888); VASARI, ed. MILANESE, IV; LOMAZZO,
Trattato della pittura (Milán, 1584); Idea del tempio della pittura
(1590); DELECLUZE, Leonardo da Vinci (París, 1841); GOVI, MONGERI,
BOITO, Saggio delle opere di L.da.V. (Milán, 1872); RICHTER, The
literary work of L.da V. (London,1883); UZIELLI, Ricerche intorno a L.da
V. (Florencia, 1872; 2da serie, Rome, 1884; nueva ed., Torino,1896); LERMOLIEFF,
Kunstkritische Studien über italienische Malerei (Leipzig, 1890-93);
RAVAISSON-MOLLIER, Les manuscrits de L.da V. (Paris,1881 sqq.); FRIZZONI,
Arte italiana del Renascimento (Milán, 1891); WALDE, Leonardo da
Vinci (Munich, 1889-90); Beiträge zur Kenntniss des Leonardo da Vinci
(Berlin, 1897-8); M=DCNTZ, Léonard de Vinci (París, 1899);
S=C9AILLES, Léonard de Vinci, l'artiste et le savant (París,
1892); BELTRAMI, L.da V. La sala delle Asse nel.costello di Milano (Milán,
1902); GRONAU, L.da V. (London, 1903); Il codice atlantico (Milán,
1904); CAROTII, Le opere di Leonardo, Bramante e Raphello (Milán,
1905); SEIDLITZ, L.da V. (Berlin, 1910). CARMICHAEL, The Virgin of the
Rocks in The Month (London, Jan.,1912),33-43; Leonardo da Vinci's Notebooks,
arranged and rendered into English by E. McCURDY (London, 1906); O'SHEA,
The Genius of Leonardo da Vinci in Catholic World, XI (New York, 1895),
235-45. VASARI's Life has been translated into English by HORNE (New York,
1903).
LOUIS GILLET
Transcrito por Listya Sari Diyah
Traducido por Oscar Olague
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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