Monje
benedictino de la Congregación de San Mauro, nació en Saint-Pierremont,
entre Mouzon y el Chartreuse de Mont-Dieu en Champaña el 23 de
noviembre de 1632 y murió en París el 27 de diciembre de 1707. Fue
el quinto hijo de Estienne Mabillon, un campesino que murió en 1692 a la edad de 104 y su mujer, Jeanne Guérin, descendiente,
por vía materna de una rama de los señores de Saint-Pierremont. Jean
fue un niño precoz y superó fácilmente a sus compañeros de escuela,
mientras que su amabilidad natural lo hicieron favorito de todos.
A los nueve años, fue enviado con su tío, Jean Mabillon, sacerdote en la parroquia de Neufville, quien lo instruyó
en los rudimentos, y de quien recibió un donativo que
le permitió continuar sus estudios. En 1644, Jean fue enviado al Collège des Bons Enfants
en Reims. Allí, mientras estudiaba en la universidad, vivió, como
estudiante y como sirviente, en la casa de Clément Boucher, canónigo de la catedral y abad comendatorio
de Tenaiues. Este patrón, en 1650, logró su admisión al seminario diocesano, donde
permaneció tres años. En 1653, sin embargo, la conducta escandalosa
y la muerte de su tío hicieron que le desagradase la vocación de sacerdote
secular, y salió del seminario. Poco menos de un mes después de retiro,
el 29 de agosto, entró como postulante en la abadía de St-Remu en Reims. Esta casa, desde 1627, pertenecía
a la congregación maurista reformada. Tomó el hábito el 5 de septiembre
y después de su año de noviciado, profesó el 6 de septiembre de 1654.
Su devoción a la estricta observancia, a la mortificación y al estudio,
era tanta que sus superiores le confiaron la dirección y enseñanza
de los novicios. Pero el fervor con que se dedicaba para cumplir con
su tarea era tan grande que empezó a afectar su salud y comenzó a
sufrir violentos dolores de cabeza y pronto fue incapaz inclusive
de recitar el oficio divino. En 1656, sus superiores, con la esperanza
de restaurar su quebrantada salud, le enviaron a Nogent, de donde,
en julio de 1658 fue transferido a la famosa abadía de Corbie. Allí como en Nogent, se dedicó
al estudio de antigüedades, mientras mantenía sucesivamente los oficios
de portero, depositarius y
celador. Fue ordenado en Amiens en 1660. La vida tranquila restauró su salud y, en 1663, fue transferido a la
abadía de St-Denis, donde fue tesorero. Pero sus superiores ya habían notado sus grandes
dones y, en 1664, a petición de Dom DAchéry (q.v.), fue enviado a la abadía de St-Germain-des-Prés, donde vivió
el resto de su vida.
Cuando Mabillon entró por primera vez a su territorio, el abad comendatorio era Juan
Casimiro, rey de Polonia, una persona excéntrica cuya irregular vida
no tuvo sino muy poco efecto en su abadía; el prior claustral era
Dom Ignatius Philibert y
DAchéry era custodio de su magnífica biblioteca. La sociedad
a la cual fue presentado el joven monje en St-Germain era, probablemente, la más ilustrada de
su tiempo en Europa. Cada semana, los domingos después de vísperas,
se reunían en la celda de DAchéry un grupo de sabios que incluía
a hombres como Du Cange, Baluze, dHerbelot, Cotelier,
Renaudot, Fleury, Lamy, Pagy, Tillemont. Mabillon pronto se
convirtió en un miembro destacado del grupo de notorios estudiosos.
DAchéry le había pedido que lo ayudara en sus proyectadas Vidas
de los Santos Benedictinos, pero el primer trabajo confiado
a su cuidado fue la edición de las obras de San Bernardo. Éstas fueron
publicadas durante tres años (1667) y reconocidas de inmediato como
una edición magistral. Al mismo tiempo, Mabillon había estado
arreglando el material reunido por DAchéry y el primero volumen
del Acta Sanctorum, O.S.B. fue publicado en 1668. Un segundo
volumen apareció al año siguiente y el tercero en 1672. La conciencia escolar y los métodos críticos de
Mabillon fueron motivo de escándalo para algunos de sus compañeros monjes menos
instruidos y, en 1677, se presentó al capítulo general de la congregación
una petición que atacaba violentamente al Acta Sanctorum O.S.B.,
demandando la supresión de la obra (como dañina para los intereses
de la orden) y una disculpa por parte del autor. Mabillon se defendió con tal humildad combinada con
firmeza y conocimiento que toda oposición fue eliminada y fue animado
a continuar. Mientras tanto, en 1672, ya había hecho el primero de
sus viajes literarios (esta vez a Flandes), en busca de
documentos y materiales para su trabajo, los cuales lo marcaron mucho
para la otra mitad de su vida y que tuvieron tantos frutos para la
historia y la liturgia. En 1675 fue publicado el primero de cuatro
volúmenes de Vetera Analecta, en donde recogió el fruto
de sus viajes y algunos trabajos cortos de importancia histórica.
Pero en 1675 se dio la ocasión para
iniciar su mayor trabajo. Al Segundo volumen del Acta SS
de abril Daniel Papebroch había puesto
un prólogo llamado Propylaeum antiquarium, el cual era
realmente un primer intento de formular reglas para discernir entre
los documentos cuales eran espurios y cuales genuinos. Allí ponía
como ejemplo que algunas famosas cartas de la abadía de St-Denis eran espurias. Mabillon fue nombrado para desarrollar la defensa de dichos documentos e hizo
de su defensa la ocasión para una declaración de los verdaderos principios
de la crítica documental. Este volumen, De re diplomatica
(1681), es un tratado magistral que sigue siendo la base de la ciencia
de la diplomacia. El mismo Papebroch admitió de inmediato que había sido desacreditado por este tratado,
sin embargo, algún tiempo después Germon hizo un intento de desacreditar la teoría de
Mabillon, provocando por lo tanto una réplica por parte de Mabillon en su Supplementum
de 1704. La admiración entre los sabios hacia el gran libro de Mabillon pronto creció.
Colbert le ofreció una pensión de 2000 libras, la cual rehusó Mabillon, pidiendo
en cambio la protección continua de Colbert hacia su monasterio. En 1682 Mabillon fue enviado
por Colbert a Borgoña a examinar ciertos documentos antiguos relativos con la
casa real y, en 1683 fue enviado con Dom Michel Germain, a expensas del rey a un viaje por Suiza y
Alemania en busca de materiales para la elaboración de la historia
de la Iglesia en Francia. Durante esta expedición, la cual tomó seis
meses, Colbert murió y fue
sucedido como ministro por Le Tellier, arzobispo de Reims, quien también admiraba
mucho a Mabillon. A instancias de este prelado el rey, en 1685, pidio a Mabillon que hiciera
un viaje por las bibliotecas de Italia con el propósito de adquirir
libros y manuscritos para la Biblioteca Real. Consiguió más de 3000
ejemplares raros y valiosos. Durante sus viajes Mabillon era recibido en donde llegaba con los mayores
honores. Pronto, después de su regreso empezó su famosa controversia
con De Rancé, abad de La Trappe, quien negaba que les era lícito a los monjes dedicarse más al estudio
que a los trabajos manuales. El Traité des études monastiques (1691) de Mabillon fue una
noble defensa del conocimiento monástico y puso las directrices que
debía seguir. De Rancé replicó y Mabillon fue forzado a publicar posteriormente sus Réflexions sur la Réponse de M. LAbbé de la
Trappe (1692). De Rancé hubiera llevado la
disputa más lejos, pero el Cardenal le Camus intervino y la opinión general parece haber
sido que la disputa quedaba en un acuerdo sustancial: Mabillon siendo una instancia
de devoción regular combinada con conocimientos prodigiosos, y de
Rancé por sus escritos
que el conocimiento no era incompatible con la devoción al estricto
monasticismo.
En 1698 se desató una tormenta en
Roma debido a la publicación por parte de Mabillon bajo el seudónimo de Eusebius Romanus,
de una protesta en contra de la veneración supersticiosa de las reliquias
de santos desconocidos de las catacumbas. Este trabajo
fue denunciado al Santo Oficio y Mabillon fue requerido de explicar y modificar ciertos pasajes. En 1700 apareció
otra tormenta. Los mauristas, debido a las dificultades crecientes
por las controversias levantadas por el jansenismo, habían determinado
publicar una edición crítica de San Agustín. Para el ultimo volumen
de esta edición, se le pidió a Mabillon un prefacio, defendiendo los métodos y conclusiones críticas de sus
editores. Su primer borrador fue enviado a varios críticos y, tras
recibir sus notas y hacer los cambios, fue reescrito y enviado a Bossuet para que diera su
opinión. Fue grandemente enmendado por Bossuet y devuelto a Mabillon para ser reescrito.
El resultado
es el Prefacio del undécimo volumen tal como se le conoce.
Mabillon después
se retiró a Normandía para evitar el clamor que, como él esperaba,
levantó esta publicación. Pero la Santa Sede apoyó a los mauristas
y a pesar de que los extremistas pedían que se castigara a los más
moderados como herejes, fueron silenciados por la suprema autoridad.
A Mabillon no le faltaron enemigos. En 1698 divulgaron
un reporte que decía que había apostatado en Holanda y se sintió obligado
a escribir a los católicos ingleses negando el cargo. Pero al final
de la vida, todos los hombres tienden a reconocer su genio e integridad.
En 1701 el rey lo nombró uno de los primeros miembros de la nueva
Académie Royale des Inscriptions. Dos años después apareció el primer volumen de los Annales
O.S.B., en el que llevaba trabajando desde 1693. Vivió para
ver solo cuatro volúmenes publicados. En 1707, mientras se dirigía
a Chelles, se sintió enfermo.
Fue llevado de vuelta a Paris y después de 3 semanas de enfermedad,
el 27 de Diciembre habiendo oído Misa a la media noche y recibido
la Sagrada Comunión, murió. Fue enterrado en la capilla Lady en St- Germain. Cuando la revolución
francesa, en 1798, la capilla fue destruida y la sencilla tumba del
gran historiador fue retirada y llevada al jardín del Musée des Petits-augustins.
Con la restauración, sin embargo, fue llevado de vuelta a St- Germain, donde aún permanece
detrás del altar mayor.
LESLIE
A. ST. L. TOKE
Traducido por Antonio Hernández Baca