Obispo
de Lyon, y Padre de la Iglesia. La información sobre su vida es escasa,
y hasta cierto punto inexacto. Nació en la Asia Proconsular, o al menos
en alguna provincia colindante, en la primera mitad del siglo segundo;
la fecha exacta es controversial, entre los años 115 y 125, de acuerdo
con algunos, o, de acuerdo con otros, entre el 130 y 142. Es cierto
que, aun siendo muy joven, Irineo había visto y escuchado al santo Obispo
Policarpo (d. 155) en Esmirna. Durante la persecución de Marco Aurelio,
Ireneo fue sacerdote de la Iglesia de Lyon. El clero de la ciudad, muchos
de los cuales padecían el encarcelamiento por la Fe, lo envió (177 o
178) a Roma con una carta para el Papa Euleterio respecto al Montanismo,
y en dicha ocasión portó un testimonio enfático hacia sus méritos. De
regreso a Gaul, Ireneo sucedió al mártir San Potino como Obispo de Lyon.
Durante la paz
religiosa que siguió a la persecución de Marco Aurelio, el Nuevo obispo
dividió sus actividades entre las tareas de un pastor y las de un misionero
(de la cual tenemos pocos datos, tardíos y no muy ciertos) y sus escritos,
los cuales casi todos se dirigieron en contra del Gnosticismo, la herejía
que se propagaba entre los Galos y otros lugares. En 190 o 191 intercedió
ante el Papa Víctor para levantar la sentencia de excomunión impuesta
por el pontífice sobre las comunidades Cristianas de Asia Menor las
cuales se mantuvieron en la práctica de los Decimocuartos respecto a
la celebración de la Pascua. No se sabe nada sobre la fecha de su muerte,
la cual debe haber ocurrido al final del segundo o inicio del tercer
siglo.
A pesar de algunos
testimonios aislados y posteriores para tal efecto, no es probable que
terminara su carrera con el martirio. Su fiesta se celebra el 28 de
Junio en la Iglesia Latina, y el 23 de Agosto en la Griega.Irineo
escribió en Griego muchas obras las cuales le han asegurado un lugar
excepcional en la literatura Cristiana, dado que en preguntas religiosas
controvertidas de importancia vital exhiben el testimonio de un contemporáneo de
la era heroica de la Iglesia, de uno que hubo escuchado a San Policarpo,
el discípulo de San Juan, y quién, de cierta manera, perteneció a la
Era Apostólica. Ninguno de estos escritos nos han llegado en el texto
original, aunque muchos grandes fragmentos de ellos existen como citas
en escritos posteriores (Hipólito, Eusebio, etc.). Dos de estas obras,
son embargo, nos han llegado enteramente de una versión Latina: Un tratado
en cinco libros, comúnmente titulados “Adversus Haereses",
y dedicados, de acuerdo a su verdadero título, a la "Detección
y Derrocamiento del Conocimiento Falso" .
De esta obra poseemos
una traducción Latina muy antigua, la fidelidad escrupulosa de la cual
no hay duda. Es el trabajo maestro de Irineo y verdaderamente el de
mayor importancia; contiene una exposición profunda no solo del Gnoticismo
bajo sus diferentes formas, sino también de las principales herejías
que habían surgido en las diversas comunidades Cristianas y por consiguiente
constituye una fuente incalculable de información de la literatura eclesiástica
más antigua desde sus inicios y hasta el final del siglo segundo. Refutando
los sistemas heterodoxos Irineo con frecuencia les opone la verdadera
doctrina de la Iglesia, y de esta manera provee de evidencia temprana
y muy positiva de gran importancia. Baste mencionar los pasajes, tan
frecuente y completamente comentados por los teólogos y escritores polémicos,
respecto al origen del Evangelio según San Juan, la Sagrada Eucaristía,
y el primado de la Iglesia Romana.De una segunda obra, escrita después
del “Adversus Haereses”, una antigua traducción literal
en la lengua Armenia. Esta es la, “Prueba de la Predicación Apostólica.”
Aquí el objetivo del autor no es cuestionar a los herejes, sino confirmar
a los fieles exponiéndoles la doctrina Cristiana y notablemente demostrando
la verdad del Evangelio por medio de las profecías del Antiguo Testamento.
Aunque fundamentalmente contiene, como quién dice, nada que no haya
sido expuesto en el “Adversus Haereses”, es un documento
del más alto interés, y un testimonio magnífico de la profunda y viva
Fe de Ireneo.
De sus otras obras
solo existen fragmentos dispersos; muchos, sin duda, se conocen solo
a través de las menciones hechas de ellos por escritores posteriores,
ni siquiera nos han llegado los fragmentos de dichas obras. Estos son
un tratado en contra de los Griegos titulado “Sobre el Tema del
Conocimiento" (mencionado por Eusebio); un escrito dirigido al
sacerdote Romano Florino "Sobre la Monarquía, o Como Dios no es
la Causa del Mal" (fragmento de Eusebio); una obra "Sobre
el Ogdoad (el Octavo)", probablemente en contra del Ogdoad de Valentino
el Gnóstico, escrito para el mismo sacerdote Florino, quién se
había cruzado a la secta de los Valentinianos (fragmento de Eusebio);
un tratado sobre la escisión, dirigido a Blastus (mencionado por ) del
mismo modo, una carta de Eusebio para en contra del sacerdote Romano
Florino (fragmento conservado en Siriaco); una carta al mismo sobre
las controversias de Pascual (extractos en Eusebio); otras cartas a
varios corresponsales sobre el mismo tema (mencionado por , un fragmento
conservado en Siriaco); un libro de varios discursos, probablemente
una colección de homilías (mencionado por Eusebio); y otras obras menores
para las cuales tenemos testimonios menos claros o ciertos. Los cuatro
fragmentos que fueron publicados por Pfaff en 1715, ostensiblemente
de un manuscrito de Turín, fueron probados por Funk como apócrifos,
y Harnack estableció el hecho de que Pfaff mismo los había producido.
ALBERT PONCELET
Transcrito por Sean Hyland
Dedicado a John O'Brien y Jackie Sheehan
Traducido por Félix Carrera Franco