La madre de Constantino el Grande, nació a mediados del siglo
III posiblemente en la localidad romana de Drepanum (conocida más
tarde como Helenópolis) en el Golfo de Nicomedia, y murió
alrededor del año 330. Fue de familia humilde; San Ambrosio en
su "Oratio de obitu Theodosii", se refiere a ella como
stabularia, o posadera. No obstante, se convirtió en la esposa
legítima de Constancio Cloro. Su primer y único hijo, Constantino,
nació en Naissus, en la Alta Moesia, en el 274. La afirmación
hecha por cronistas ingleses de la Edad Media, en el sentido de que supuestamente
habría sido hijo de un príncipe británico carece
totalmente de fundamento histórico. Esta idea pudo surgir por la
errónea interpretación de un término utilizado en
el panegírico del matrimonio de Constantino con Fausta, que Constantino,
oriendo ("por sus orígenes", "desde el principio"),
había honrado a Bretaña, lo cual fue tomado como una alusión
a su nacimiento, cuando en realidad hacía referencia al comienzo
de su reinado.
En el 292 Constancio se convirtió en el César de Occidente, dándose
a sí mismo prerrogativas de tipo político y renunció a
Helena para casarse con Teodora, la hijastra del Emperador Maximiano Herculius,
su benefactor y admirador. Pero su hijo permaneció fiel y leal a ella.
A la muerte de Constancio Cloro, en el 308, Constantino, quien le sucedió,
convocó a su madre a la corte imperial, confiriéndole el título
de Augusta, ordenando que se le tributaran honores como la madre del soberano
y acuñó monedas con su efigie. Por influencia de su hijo, abrazó
el Cristianismo después de la victoria de este sobre Majencio. Esto es
atestiguado directamente por Eusebio (Vita Constantini, III, xlviii):
"Ella (su madre) se convirtió bajo su influencia (de Constantino)
en una sierva de Dios tan devota, que uno podía creer que había
sido discípula del Redentor de la humanidad desde su más tierna
niñez". También es claro el consenso entre los historiadores
contemporáneos de la Iglesia que Helena, desde el momento de su conversión,
tuvo una vida seriamente cristiana y que su influencia y liberalidad favoreció
una amplia expansión del Cristianismo. La tradición vincula su
nombre con la construcción de iglesias cristianas en las ciudades de
Occidente, donde residía la corte imperial, principalmente en Roma y
Trier, y no hay razón para rechazar esta tradición; además,
por lo que sabemos con certeza a través de Eusebio, Helena erigió
iglesias en los lugares santos de Palestina. A pesar de su edad avanzada emprendió
un viaje a Palestina luego de que Constantino, gracias a su victoria sobre Licinio,
se convirtió en el único Emperador del Imperio Romano en el 324.
Fue en Palestina, como lo sabemos por Eusebio (op. cit., xlii), donde ella tomó
la resolución de dar a Dios, el Rey de Reyes, el homenaje y el tributo
de su devoción. Fue pródiga en su generosidad y buenas obras en
esta tierra, "la exploró con un notable discernimiento", y
"la visitó con la atención y solicitud del emperador mismo".
Entonces, "luego de haber mostrado la veneración debida a las huellas
del Salvador", mandó erigir dos iglesias para la adoración
a Dios: una se levantó en Belén, cerca de la Gruta de la Natividad,
y la otra sobre el Monte de la Ascensión, en las cercanías de
Jerusalén. También embelleció la gruta sagrada con ricos
ornamentos. Esta estancia en Jerusalén dio origen a la leyenda del descubrimiento
de la Cruz de Cristo, mencionada primeramente por Rufino.
Su generosidad fue tal que, de acuerdo a Eusebio, no solo ayudaba a personas
sino a comunidades enteras. Los pobres y desposeídos fueron especialmente
objeto de su caridad. Con piadoso celo visitó las iglesias por todas
partes haciéndoles ricas donaciones. Fue así que, en cumplimiento
de los preceptos del Salvador, en adelante dio fruto abundante en obras y palabras.
Si Helena se comportó de esta manera mientras vivió en Tierra
Santa, no deberíamos dudar que mostrara la misma piedad y benevolencia
en aquellas otras ciudades del imperio en las que residió después
de su conversión. En Roma su memoria es asociada principalmente con la
iglesia de La Santa Cruz de Jerusalén. En el lugar donde actualmente
se levanta esta iglesia antiguamente se asentó el Palatium Sessorianum,
y cerca se encontraban las Termas Helenianas, cuyos baños tomaron su
nombre de la emperatriz. Aquí se encontraron dos inscripciones compuestas
en honor de Helena. El Sessorium, que se encontraba cerca del Laterano, sirvió
posiblemente como residencia de Helena cuando permaneció en Roma; por
eso es bastante probable que en este lugar Constantino haya erigido una basílica
cristiana, a sugerencia de su madre y en honor de la Cruz verdadera.
Helena aún vivía en el año 326, cuando Constantino mandó
ejecutar a su hijo Crispo. Cuando, según la relación de Sócrates
(Hist. Eccl., I, xvii), en el 327 el emperador realizó mejoras
en Drepanum, la ciudad natal de su madre, y decretó que se llamaría
Helenópolis, es probable que ella haya regresado de Palestina con su
hijo, quien para entonces residía en Oriente. Constantino estuvo con
ella cuando murió a la avanzada edad de ochenta años aproximadamente
(Eusebius, "Vita Const.", III, xlvi). Esto debió suceder
alrededor del año 330, puesto que las últimas monedas que se sabe
fueron acuñadas con su nombre llevan esta fecha. Su cuerpo fue llevado
a Constantinopla y colocado para su descanso en la cripta imperial de la iglesia
de los Apóstoles. Se cree que sus restos fueron transferidos en 849 a
la Abadía de Hautvillers, en la Arquidiócesis Francesa de Reims,
como consta en el registro del monje Altmann en su "Translatio".
Fue reverenciada como una santa, y su veneración se extendió al
Occidente a principios del siglo IX. Su festividad se celebra el 18 de Agosto.
Respecto al hallazgo de la Santa Cruz por Santa Helena, vea CRUZ Y CRUCIFIJO.
La localidad de Drepanum se encontraba cerca de Nicomedia, la actual Izmit
a orillas del mar de Mármara, al noreste de Turquía. La Alta Moesia
abarcaba el territorio norte de la actual Bulgaria. En el santoral de la Iglesia
Ortodoxa Oriental su festividad se celebra el 21 de Mayo.
J.P. KIRSCH
Transcrito por Michael C. Tinkler
Traducido por Salvador Gómez Contreras