(hedoné, placer)
El nombre dado al grupo de sistemas éticos que sostienen, con
diferentes modificaciones, que los sentimientos de placer o alegría
son los fines últimos y más elevados de la conducta; que,
consecuentemente, aquellas acciones que incrementan la cantidad de placer
son por lo tanto correctas, e inversamente, las que incrementan el dolor
son incorrectas.
HISTORIA
El padre del Hedonismo fue Aristipo de Cirene. El enseñaba que
el placer es el objetivo universal y fundamental del esfuerzo. Por placer
no solo quería decir el placer sensual sino también las
formas más elevadas de gozo, placeres mentales, amor doméstico,
amistad, y satisfacción moral. Sus seguidores, sin embargo, redujeron
el sistema a una defensa de la auto-complacencia (ver ESCUELA CIRENAICA
DE FILOSOFIA).
A la Cirenaica sucedió la Escuela de Epicuro, quien enfatizó
la superioridad de los placeres sociales e intelectuales sobre los de
los sentidos. También confirió mayor dignidad a la doctrina
hedonística combinándola con la teoría atómica
de la materia; y esta síntesis encuentra su expresión refinada
en el determinismo materialista del poeta Romano Lucrecio. Epicuro enseñaba
que el dolor y el autocontrol tienen un valor hedonístico; porque
el dolor es a veces un medio necesario para la salud y el placer; mientras
el autocontrol y el ascetismo prudente son indispensables si quisiéramos
asegurarnos el máximo de placer (ver EPICUREANISMO). Con el decaimiento
de los viejos ideales Romanos y el ascenso del imperialismo la filosofía
Epicúrea floreció en Roma. Ella aceleró la destrucción
de las creencias religiosas paganas, y, al mismo tiempo, estuvo entre
las fuerzas que resistieron al Cristianismo.
El resurgimiento de los principios hedonísticos en nuestros propios
tiempos puede tener su origen en una línea de filósofos
Ingleses, Hobbes, Hartley, Bentham, James Mill, John Stuart Mill, los
dos Austin, y más recientemente, Alexander Bain, que popularmente
son conocidos como Utilitaristas. Herbert Spencer adoptó en su
teoría de ética evolutiva, el principio de que la norma
discriminante entre el bien y el mal es placer y dolor, si bien él
sustituyó el final hedonista por el progreso de la vida.
EXPOSICION
Hedonistas contemporáneos son a veces clasificados en egoístas
y altruistas. La clasificación, sin embargo, no es bastante satisfactoria
cuando se aplica a los escritores; pues muchos Hedonistas combinan el
principio egoísta con el altruista. La distinción, sin embargo,
puede ser convenientemente aceptada en relación con los principios
que sustentan las diversas formas de la doctrina. La declaración
de que la felicidad es el propósito de la conducta de una vez suscita
la pregunta: la felicidad de quién? A esto el egoísmo responde:
la felicidad del agente; mientras el Hedonismo altruista replica: la felicidad
de todos los implicados, o, para usar una frase que es clásica
en la literatura de esta escuela, “la mayor felicidad del mayor
número”. Tal vez el único Hedonista egoísta
auténtico es Thomas Hobbes, si bien en muchos lugares Benthman
también, se proclama a sí mismo apóstol intransigente
del egoísmo (ver EGOISMO), mientras que en otras partes, así
como J.S. Mill, se expande en el altruismo. Las dificultades intrínsecas
en la tarea de construir un código adecuado de moral sobre el principio
egoísta, junto con la crítica destructiva que tales intentos
encontraron, condujo a los Hedonistas a sustituir la felicidad de todos
los implicados por la felicidad del individuo. El tránsito de una
a la otra se trata de realizar a través de un análisis psicológico
que mostraría que, por la operación de la ley de asociación
de ideas, nosotros llegamos a amar por su propio bien objetos que en primera
instancia amamos por un motivo egoísta. Esto es verdad en cierto
grado, pero los casos en los que puede ocurrir caen muy cerca del campo
que el principio tendría que cubrir para justificar la teoría.
Además, adoptando la felicidad de otros como el objetivo, el Hedonista
pierde la única apariencia de prueba que tenía para ofrecer
en apoyo de su primera discusión, que la felicidad es el fin, esto
es, que todo hombre desea felicidad y no puede desear nada más;
por desgracia es evidente que no todo el mundo desea la felicidad de todos
los demás. Otra modificación fue introducida para dar respuesta
a la crítica de que, si el placer es el estándar del bien
y el mal, la complacencia sensual es justo tan buena como la forma más
noble de auto-sacrificio. Los Hedonistas, o por lo menos algunos de ellos,
respondieron que no solamente debe tenerse en cuenta la cantidad de placer
sino también la calidad. Hay placeres superiores y placeres inferiores;
y los superiores son más deseables que los inferiores; por lo tanto,
el comportamiento que aspira a lo superior es el mejor. Pero si los placeres
han de dividirse así en superiores e inferiores, sin tener en cuenta
la cantidad, la norma hedonística es, por el mismo hecho, desplazada,
y alguna otra escala superior de evaluación moral se requiere o
se sobreentiende. La norma subjetiva, sentimiento placentero, es mandada
a retirarse a favor de alguna norma objetiva anónima que dicte
lo que el agente debe perseguir. Este es el suicidio del Hedonismo. Otros
defensores del sistema, contrario a su principio inicial, han introducido
un impulso altruista primario, coordinado con y controlando al egoísta
como un resorte de acción.
CRITICA
Los errores fundamentales del Hedonismo y las principales objeciones incontestables
a la teoría pueden resumirse brevemente como sigue:
(1) Se apoya en un falso análisis psicológico; tendencia,
apetito, propósito, y bien están fijos en la naturaleza
con anterioridad al sentimiento placentero. El placer depende de la obtención
de algún bien que es anterior a, y causante de, el placer resultante
de su adquisición. La alegría o placer que acompañan
al buen comportamiento es una consecuencia, no un constituyente, de la
calidad moral de la acción.
(2) Falsamente supone que el placer es el único motivo de la acción.
Esta opinión se sustenta en la falacia de que lo placentero y lo
deseable son términos intercambiables.
(3) Aún si se admitiera que el placer y el dolor constituyen el
estándar del bien y del mal, este estándar sería
completamente impracticable. Los placeres no son conmensurables unos con
otros, ni con los dolores; además ninguna mente humana puede calcular
la cantidad de placer y dolor que resultarían de una actividad
determinada. Esta tarea es imposible aún cuando solamente vaya
a ser tenido en cuenta el placer del agente. Cuando se van a medir el
placer y el dolor de “todos los implicados” el propósito
se convierte en un disparate.
(4) El Hedonismo Egoísta reduce toda benevolencia, auto-sacrificio,
y amor del bien a simple egoísmo. Es imposible que el Hedonismo
altruista evada la misma consumación excepto a costo de la coherencia.
(5) Ningún código general de moralidad podría establecerse
sobre la base del placer. El placer es esencialmente sentimiento subjetivo,
y solamente el individuo es el juez competente de cuánto placer
o dolor le proporciona una forma de actuar. Lo que es más placentero
para uno puede serlo menos para otro. Por lo tanto, en terrenos hedonísticos,
es evidente que no podría existir permanente y universalmente una
línea divisoria válida entre el bien y el mal.
(6) El Hedonismo no tiene terreno para la obligación moral, ni
sanción por responsabilidad. Si yo debo buscar mi propia felicidad,
y si el comportamiento que lleva a la felicidad está correcto,
el peor reproche que se me puede hacer, sin importar en qué pueda
basarse mi conducta, es que Yo he hecho una elección imprudente.
Los Hedonistas se han apropiado del término felicidad como un
equivalente a la totalidad del sentimiento placentero o agradable. La
misma palabra se emplea como la traducción Inglesa del término
Latino beatitudo y del Griego eudaimonía, que significan un concepto
bastante diferente del hedonista. La idea Aristoteliana es traducida más
correctamente al Inglés por el término bien-estar. Este
significa el estado de perfección en que se constituye el hombre
cuando ejercita su facultad más elevada, en su función más
elevada, sobre su bien más elevado. A causa de que fallan para
dar la debida atención a esta distinción, algunos escritores
incluyen eudæonism entre los sistemas hedonistas. El Hedonismo algunas
veces reclama el crédito de mucho esfuerzo benéfico en la
reforma social en Inglaterra que ha sido promovida por Utilitaristas declarados;
y en todas partes los movimientos popularmente designados como altruismo
son señalados como monumentos al valor práctico del principio
hedonista “el mayor bien del mayor número”. Pero debe
observarse que este principio puede tener otra génesis y otro papel
qué jugar en la ética diferentes a las atribuidas por el
Hedonismo. Además, como señalaba Green, los Utilitaristas
lo anexaron ilógicamente, y los frutos que trajo en su actividad
política deben acreditársele en su carácter democrático
antes que en el hedonístico.
JAMES J. FOX
Transcrito por Rick McCarty
Traducido por Daniel Reyes V.