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Giovanni
Pierluigi da Palestrina
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El
más grande compositor de música litúrgica de todos
los tiempos, nació en Palestrina (antigua Praeneste) en 1514 o 1515,
según Baini, Riemann, y otros, en 1526, según Haberl; murió
en Roma el 2 de Febrero de 1594. La historia de sus primeros años
es prácticamente desconocida. Giuseppe Ottavia Pittoni (1657-1743),
en “notizie dei maestri di capella si di Rome che ultramontani”,
1600-1700”, un manuscrito existente en el Vaticano, relata que el
joven Pierluigi cantaba en las calles de Roma mientras ofrecía para
la venta los productos de la granja de sus padres y que fue escuchado en
una ocasión por el director de coro de Santa María Maggiore,
quien, impresionado por la bella voz y el marcado talento musical del muchacho,
lo educó musicalmente. En cuanto a la identidad del maestro de coro,
la tradición no da ninguna pista. Algunos sostienen que Palestrina
fue enseñado por Jacques Arcadelt (1514-60), director de coro y compositor
en Roma desde 1539 a 1549. La opinión, tanto tiempo sostenida, de
que Claude Goudimel (1505-72) fue su principal maestro ha sido ahora definitivamente
abandonada. En cuanto se conoce, él comenzó su vida musical
activa como organista y director de coro en su ciudad natal en 1544; habiendo
crecido su reputación, en 1551 fue llamado a Roma, se le confió
la dirección y formación musical de los niños cantores
de San Pedro, y dentro del mismo año avanzó al puesto de director
del coro. En 1554, dedicó a Julio III (1549-55) sus primeras composiciones,
un volumen de misas para cuatro voces, y fue recompensado con la designación
como miembro de la capilla papal en contradicción con las reglas
que gobernaban ese cuerpo. El papa hizo a un lado la regla que exigía
a quienes tuvieran la calidad de miembros en el coro papal pertenecer a
las Sagradas Ordenes, y también usó su autoridad para eximirlo
del usualmente severo examen de admisión. Estas circunstancias y
el hecho adicional de que su voz era muy inferior a la de otros cantores,
despertó la oposición y el antagonismo de sus compañeros
miembros. Los cantores papales no entendían el objetivo del papa,
cual era asegurar al joven dotado la tranquilidad necesaria para componer.
En el transcurso del mismo año, Palestrina publicó un volumen
de madrigales. Los textos de algunos de estos el mismo compositor en años
posteriores los consideró demasiado libres. En la dedicatoria de
su arreglo del Cantar de los Cantares a Gregorio XIII, expresa no solo pesar
sino arrepentimiento, por haber causado escándalo por su publicación.
Marcelo II, como cardenal, había protegido y admirado a Palestrina,
pero murió después de un reinado de solo veintiún días.
Paulo IV, poco después de su acceso al poder, endureció las
reglas anteriores para el gobierno del coro papal. Además de Palestrina,
había otros dos miembros laicos casados en el coro. Todos fueron
despedidos con una pequeña pensión, a pesar del acuerdo de
que estos cantores estuvieran contratados de por vida.
La preocupación y el apuro causados por su despido le acarrearon una
severa enfermedad; restablecido, el compositor se hizo cargo, el 1 de Octubre
de 1555, del coro en San Juan de Letrán, donde permaneció hasta
Febrero de 1561. Durante este período escribió, además
de Lamentaciones y Magníficats, la famosa “Improperia”. Su
interpretación por el coro papal en Viernes Santo fue ordenada por Paulo
IV, y desde entonces han permanecido en su repertorio para Semana Santa. Esta
producción incrementó grandemente la fama de Palestrina. En 1561
pidió al capítulo de San Juan de Letrán un incremento de
salario, en vista de sus necesidades crecientes y el gasto de publicar sus obras.
Rechazado, aceptó un puesto similar en Santa María Maggiore, el
cual mantuvo hasta 1571. No se conoce en qué época de su carrera
Palestrina llegó a estar bajo la influencia de San Felipe Neri, pero
hay razones para creer que fue en su temprana juventud. Como penitente y discípulo
espiritual del santo, adquirió ese entendimiento en el espíritu
de la liturgia, que lo habilitó para ponerla en música polifónica
como nunca antes se había hecho. Fue su formación espiritual aún
más que su madurez artística, lo que lo encajó para el
papel providencial que jugó en la reforma de la música de la iglesia.
La tarea de apresurar las reformas decretadas por el Concilio de Trento fue
encomendada por Pío IV a una comisión de ocho cardenales. Un comité
de dos de estos, San Carlos Borromeo y Vitellozzo Vitelli, fue designado para
considerar cierto mejoramiento en la disciplina y administración del
coro papal, y para este fin ellos asociaron para sí mismos ocho de los
miembros del coro. El Cardenal Vitelli hizo que los cantores interpretaran ciertas
composiciones en su presencia, con el fin de determinar qué medidas podrían
tomarse para la preservación de la integridad y clara declamación
del texto de composiciones en las que las voces estuvieran entretejidas. San
Carlos, como canciller de su tío, Pío IV, fue el patrón
de Palestrina, incrementando su pensión en 1565. El celebró una
Misa solemne en presencia del pontífice el 19 de Junio de 1565, en la
cual se cantó la gran “Missa Papae Marcelli” de Palestrina.
Estos datos históricos son la única base obtenible para las leyendas,
tanto tiempo repetidas por los historiadores, relativas al proceso ante los
cardenales y el papa de la causa de la música polifónica, y su
defensa por Palestrina, en la composición y ejecución de tres
misas, entre ellas la “Missa Papae Marcelli”. Estudios de los archivos,
realizados por Haberl, demolieron en forma concluyente estas ficciones, pero
su repetición continuada por cerca de doscientos años resalta
el hecho de la actividad de Palestrina, inspirada por San Felipe y estimulada
por San Carlos, en la reforma de la música eclesiástica, una actividad
que abarcó toda su carrera y antecedió por algunos años
las medidas disciplinarias de la autoridades de la Iglesia.
La fundamentación de esta reforma son los dos principios deducidos legítimamente
de las únicas referencias a la música eclesiástica en los
decretos Tridentinos:
la eliminación de todos los temas de recuerdo o semejanza con
la música secular; el rechazo de formas y elaboraciones musicales
tendientes a mutilar u obscurecer el texto litúrgico.
Pío IV creó para Palestrina el cargo de “Compositor de
la Capilla Papal” con un salario incrementado. En este puesto tuvo solo
un sucesor, Felice Anerio. Cuando en 1571 Giovanni Animuccia, director de coro
en San Pedro, murió, Palestrina se convirtió en su sucesor, quedando
así asociado con el coro papal y el de San Pedro al mismo tiempo. Un
intento de sus celosos e intrigantes colegas en la capilla papal para hacerlo
despedir por Pío V no tuvo éxito. Durante este año escribió
una cantidad de motetes y laudi spirituali para el Oratorio de San Felipe Neri.
Además de los servicios de director de coro en San Pedro, compositor
para la capilla papal, director de música en el Oratorio de San Felipe,
también enseñaba en la escuela de música de Giovanni María
Nanini. Adicionalmente, Gregorio XIII lo comisionó para preparar una
nueva versión del canto Gregoriano. Su parte exacta en esta edición,
publicada más tarde bajo el nombre de “editio Medicaea” porque
se imprimió en una editorial perteneciente al Cardenal de Medici, y que
fue preparada por su alumno Giovanni Guidetti, Felice Anerio, y Francesco Suriano,
ha sido por largo tiempo un tema de controversia. La empresa no fue particularmente
agradable a Palestrina y lo distrajo de la producción original, su verdadero
campo de actividad. La muerte de su esposa en 1580 lo afectó profundamente.
Su dolor halló expresión en dos composiciones, Salmo 136, “Por
los ríos de Babilonia”, y un motete sobre las palabras “Oh
Señor, cuando Tú vengas a juzgar el mundo, cómo me presentaré
ante el rostro de Tu ira, mis pecados me asustan, ay de mí, Oh Señor”.
Con estas pretendía cerrar su actividad creativa, pero con el nombramiento
en 1581 como director de música para el Príncipe Buoncompagni,
sobrino de Gregorio XIII, comenzó tal vez el más brillante período
de su larga vida. Además de madrigales sacros, motetes, salmos, himnos
en honor de la Virgen Bendita, y Misas, produjo la obra que le atrajo el título
de “Príncipe de la Música”, veintinueve motetes sobre
las palabras del “Cantar de los Cantares”. De acuerdo con su propia
declaración, Palestrina pretendía reproducir en su composición
el amor Divino expresado en el Cántico, de forma tal que su propio corazón
pudiera ser tocado por una chispa del mismo. Para la coronación Sixto
V, escribió un motete de cinco partes y misa sobre el tema para el texto
“Tu es pastor ovium”, seguidos unos pocos meses después por
una de sus más grandes producciones, la misa “Assumpta est Maria”.
Sixto había pretendido designarlo director del coro papal, pero el rechazo
de los cantores a ser dirigidos por un laico, impidió la ejecución
de su plan. Durante los últimos años de su vida Palestrina escribió
sus grandes “Lamentaciones”, arreglos de los himnos litúrgicos,
una colección de motetes, el bien conocido “Stabat Mater”
para doble coro, letanías en honor de la Bendita Virgen María,
y los ofertorios para el año eclesiástico. Sus obras completas,
en treinta y tres volúmenes, editadas por Teodoro de Witt, Franz Espagne,
Franz Commer, y desde el décimo volumen en adelante, por Haberl, son
publicadas por Breitkopf y Hartel; Monseñor Haberl presentó el
último volumen de la edición terminada a Pío X en Domingo
de Pascua de 1908. La importancia de Palestrina reside no tanto en sus dotes
sin precedente de mente y corazón, sus capacidades creativas y constructivas,
como en el hecho de que él hizo de ellos el medio para la expresión
en tonos del estado de su propia alma, la cual, entrenada y formada por San
Felipe, estaba afinada para la Iglesia y sentía con ella. Sus creaciones
permanecerán para siempre como la personificación musical del
espíritu de la contra-reforma, la Iglesia triunfante.
JOSEPH OTTEN
Transcrito por Jim Holden
Traducido del Inglés por Daniel Reyes V.
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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