Es
una estrecha franja de tierra, con una longitud de 241 kilómetros de largo y 42
de ancho, que se encuentra entre el Mediterráneo al occidente y las altas cumbres
del Líbano hacia el oriente, consistente, en su mayor parte, de una sucesión de
estrechos valles, barrancos y colinas, descendiendo estas últimas lentamente hacia
el mar. Al norte está limitada por el río Orontes y el monte Casio, y por el monte
Carmelo hacia el sur. La tierra es fértil, y bien irrigada por numerosos torrentes
y arroyos cuyas aguas nacen, esencialmente, de las nieves que se derriten y de
las tormentas lluviosas del invierno y la primavera. La vegetación principal está
compuesta por los famosos cedros del Líbano, cipreses, pinos, palmas, olivos,
viñedos, higos y granadas. Sobre esta estrecha faja de tierra, los fenicios tuvieron
25 ciudades, de las cuales, las más importantes fueron Tiro, Sidón, Arado, Biblos,
Maratos y Trípoli. Menos importantes fueron Laodicea, Simira, Arca, Afaca, Berito,
Ecdipa, Ako, Dor, Jope, Gabala, Betris, y Sarepta. El nombre de Fenicia es, con
toda probabilidad, de origen griego, siendo phoíniks una palabra derivada de phoínos,
sangre roja. Nuestras principales fuentes de información respecto a Fenicia son,
en primer término, numerosas inscripciones de ese pueblo encontradas en Fenicia,
Chipre, Egipto, Grecia, Sicilia, España, África, Italia y Francia, y las publicadas
en el Corpus Inscriptionum Semiticarum, la más antigua del
siglo IX antes de Cristo; el resto son de poco valor y, comparativamente, de una
fecha más tardía, por ejemplo, de la cuarta centuria antes de Cristo, o aún, de
la segunda. Las inscripciones históricas egipcias y asiriobabilónicas, especialmente
los escritos de Tell-el-Amarna del siglo XV antes de Cristo, proporcionan referencias
frecuentes y valiosas acerca de Fenicia y sus relaciones políticas con Asia Occidental
y Egipto; el Antiguo Testamento, especialmente en 1º de Crónicas (3º de Reyes,
Isaías, Jeremías y Ezequiel; y finalmente en algunos historiadores griegos y latinos,
eclesiásticos y paganos.
La
referencia histórica más antigua de Fenicia se encuentra en las inscripciones
egipcias de los faraones, Ames (1587-1562), su sucesor Tolomeo I (1541-1516) y
Tolomeo III (1503-1449) en donde los fenicios son llamados Dahe,
Zahi y Fenku. En los escritos de Tell-el-Amarna
se encuentran informaciones mucho más interesantes respecto a sus ciudades, especialmente
Tiro, famoso por su riqueza. Durante todo este período la soberanía egipcia fue
más o menos efectiva. Sidón fue paulatinamente eclipsada por las riquezas y poder
creciente de Tiro, que resistió los ataques filisteos que fueron constantes; cerca
del año 1250, después de la conquista de Asdod, Ascalón, Ecrón, Gaza y Gad, fue
forzada Sidón a rendir la ciudad de Dor; en este momento, Tiro se convirtió en
la ciudad más prominente de Fenicia, y una de las más grandes y ricas ciudades
de la región mediterránea. Su primer rey fue Jirán, el hijo de Abí-Baal, contemporáneo
de David y Salomón; su reinado duró cerca de 40 años, debiéndole Tiro mucha de
su fama a su energía; agrandó la ciudad, rodeándola de murallas masivas, mejoró
sus puertos y reconstruyó el templo de Melkart; forzó a la retirada a los piratas
filisteos, asegurando de esta forma la prosperidad de los comercios marítimo y
de caravana; la civilización fenicia se dispersó a lo largo de las costas del
Asia Menor, Sicilia, Grecia y África; estableció una alianza comercial con los
hebreos, por lo que los artistas y artesanos fenicios ayudaron en gran medida,
en la construcción del Templo y palacio de Salomón; reprimió a los revoltosos
de Utica y estableció la supremacía fenicia en el norte de África donde Cartago,
la más importante de todas las colonia fenicias, fue construida posteriormente.
Jirán
fue sucedido por su hijo Abd Estarte en el 922, quien, luego de un reinado lleno
de problemas durante 7 años, fue asesinado; la mayoría de sus sucesores tuvieron
un final violento. Por estas fechas se inició un estado de hostilidades entre
Asiria y Fenicia, aunque doscientos años atrás Teglatfalasar I, fue hospedado
por los habitantes de Arado mientras andana por la parte norte de Fenicia. En
el 880 Ithbaal se convirtió en rey de Fenicia. Contemporáneo con Asurbanipal en
Asiria y Ajab en Israel; fue sucedido por Baal-azar y Meten I; este último reinó
por 9 años y murió, dejando a Pigmalión, su hijo niño, pero nombrando como su
sucesor a Sicharbas, el sumo sacerdote de Melkart, esposo de Elisa, su hija. La
historia narra que cuando Pigmalión llegó a la pubertad, fue muerto por Sicharbar,
luego de lo cual, Elisa, con algunos nobles se fugó a Chipre y luego a África,
donde fue fundada Cartago (850). Asurbanipal y su hijo y sucesor Salmanasar II
conquistaron de nombre a Fenicia; pero en el 745, Teglatfalasar III obligó a las
tribus del norte a aceptar gobernadores asirios. Tan pronto como esta absorción
completa se dio, ocurrió un conflicto general, del cual Asiria surgió victoriosa,
dándose lugar a la captura y destrucción de varias ciudades fenicias. La invasión
de Salmanasar IV en el 727 fue evitada, pero en el 722 la ciudad de Tiro fue casi
saqueada. Sargón, sucesor y gran general, obligó a Eluleus, rey de Tiro, a unos
términos de sujeción honorables. En el 701 Senaquerib conquistó las ciudades rebelde
de Siria y Fenicia. Eluleus huyó a Chipre y Tubal fue elegido rey.
En
680 Abd-Melkart, su sucesor, se rebeló en contra de la dominación Asiria, pero
huyó ante Asaradón, hijo de Senaquerib. Sidón fue prácticamente destruida, y la
mayoría de sus habitantes fueron llevados a Asiria, y la ciudad fue llena con
cautivos de Babilonia y Elam. Durante el reinado de Asurbanipal, 668-625, Tiro
fue de nuevo atacada y conquistada, pero como era lo usual, se la trató con honor.
En el 606, el imperio asirio fue demolido por sus aliados babilonios y medos,
y en el 605, Nabucodonosor, hijo y sucesor de Nabopolasar, después de conquistar
Elam y los países adyacentes, doblegó (586) a Siria, Palestina, Fenicia y Egipto.
Los habitantes de Tiro habían dominado el mar, durante los 13 años antes de la
rendición de su ciudad, pero su comercio fue paralizado por el largo asedio, por
lo que Sidón volvió a ganar su antigua posición como ciudad principal. Fenicia
así fue llegando al final de su etapa de independencia y gloria. Desde el siglo
V fue asediada continuamente por las incursiones de varias colonias griegas, quienes
gradualmente absorbieron su comercio e industria. En varias oportunidades estuvo
bajo los reyes Medo-Persas, Ciro, Cambises, Darío y finalmente Jerjes, quien atacó
a los atenienses en Salamina con la ayuda de la marina fenicia, pero su flota
fue derrotada y destruida. En 332 fue finalmente conquistada por Alejandro Magno;
a su muerte, su imperio macedonio fue dividido entre sus 4 generales, y Laodicea
vino a ser su rey. En el 214 Tolomeo atacó a Laodicea y anexó Fenicia a Egipto.
En el 198, fue absorbida por la dinastía Seléucida de Siria, y después de su caída,
en el 65, se convirtió en provincia romana y permaneció en este estado hasta la
conquista de Siria por los mahometanos en el siglo VII.
Fenicia
hoy hace parte de Siria y del Líbano, con Beirut su ciudad principal. Su historia
política y su constitución pueden resumirse de la siguiente forma: los fenicios
nunca construyeron un imperio, pero cada ciudad tenía su propio territorio independiente,
con sus asambleas, reyes y gobernadores; para los negocios generales del Estado
enviaban sus representantes a Tiro. No fueron un pueblo militar, sino de comerciantes
y marineros, por lo que fueron sucesivamente conquistados por los egipcios, asirios,
babilonios, persas, griegos y romanos, que debido a la gran riqueza de dicho pueblo,
resolvían su dominación en el pago de tributos. Aunque bendecidos con tierras
feraces y bien provistos por la naturaleza, los fenicios, debido esencialmente
a lo pequeño de su territorio y gran población, fueron obligados, desde la más
remota antigüedad a ganarse la vida a través del comercio: lo que explica sus
numerosas rutas de caravanas hacia el oriente, y su maravilloso comercio marítimo
con el occidente. Fue la única nación en el antiguo oriente que poseyó una flota
marítima. Por tierra, llevaron su comercio a Arabia en busca de oro, ágata, ónice,
incienso y mirra; a la India en busca de perlas, especias, marfil, ébano y plumas
de avestruz; a la Mesopotamia en busca de algodón y prendas de lino; a la Palestina
y Egipto en busca de granos, trigo y cebada; a las regiones del Mar Negro por
caballos, esclavos y cobre. Recorrieron a través del mar todas las costas del
Mediterráneo, a lo largo de Siria, Norte de África, Asia Menor, el Mar Egeo, y
aún España (Iberia), Francia (Galia) e Inglaterra (Albión). Como resultado lógico
de esta notable actividad comercial fue el establecimiento de numerosas colonias
en Chipre, Egipto, Creta, Sicilia, África, Malta, Cerdeña, España, Asia Menor
y Grecia, que se convirtieron en importantes centros de comercio y la civilización
de los fenicios; de esta forma dejaron una profunda huella sobre las civilizaciones
y las historias de las naciones clásicas del mundo del Mediterráneo. Debido a
esta actividad, los fenicios no desarrollaron la literatura ni otros hechos; los
trabajos que desarrollaron para Salomón muestra que sus habilidades en la arquitectura
y en la mecánica eran apenas superiores a las de los hebreos; los restos de su
arquitectura son pesados y toscos, su gusto estético es primitivo en su carácter.
En la literatura no hay nada valioso para preservar; sin embargo, se les adjudica
la simplificación de los sistemas pictóricos o ideográficos primitivos (escrituras
hieroglífica o jeroglífica y cuneiforme), y los sistemas silábicos en una alfabético,
consistente de 22 letras y escrito de derecha a izquierda (esta escritura también
se adjudica a los pueblos filisteos), de el cual se derivaron todos los alfabetos
antiguos y modernos semíticos y europeos.
Esta
tradición debe aceptarse con algunas modificaciones; no hay acuerdo si la base
del alfabeto fenicio es de origen egipcio (escrituras hieroglífica y hierática),
o asirio-babilónica (cuneiforme). Aquellos que la hacen derivar de un prototipo
chipriota no han demostrado su plausibilidad y probabilidad de dicha opinión.
Los descubrimientos de numerosas inscripciones minoicas en la isla de Creta, algunas
de ellas tan tempranas como 2000 años antes de Cristo, han complicado considerablemente
el problema.
Otras
afirmaciones de mejoras en la ciencia y la mecánica, tales como en las pesas y
medidas, la fabricación de vidrio, la elaboración de monedas, el descubrimiento
de la estrella Polar, además de la navegación en sí, pueden adjudicarse a los
fenicios con una alta certeza. Desde los puntos de vista etnográfico y lingüístico,
pertenecen al llamado grupo semítico. Fueron llamados cananitas, y hablaron una
variedad del dialecto del grupo cananita perteneciente a las lenguas semíticas
occidentales, estrechamente relacionado a los dialectos semíticos de los habitantes
de Siria, la Palestina y Canaán; En Plauto se pueden leer unos pocos ejemplos
de ese lenguaje, hablado por las colonias del Norte de África hacia el siglo tercero
antes de Cristo; parece que para esas fechas habían ya obtenido un gran grado
de decaimiento en las consonantes y vocales; el dialecto de esas inscripciones
es más arcaico y menos corrompido.
Las
informaciones que se poseen acerca de la religión de los fenicios son magras y
se encuentran especialmente en el Antiguo Testamento, en las leyendas y tradiciones
clásicas. De interés especial son las numerosas inscripciones votivas que se encuentran,
llenas de nombres propios, unidos al de alguna divinidad. El politeísmo fenicio,
al igual que el de las otras naciones semitas, parcialmente se funda en el animismo
y en el culto a las grandes fuerzas de la naturaleza, especialmente de origen
astral; deificaron el sol y la luna, que fueron consideradas como grandes fuerzas
creadoras y destructoras, y las llamaron Baal y Astarot; cada ciudad tenía una
pareja divina: en Sidón fue Baal Sidón (el sol), y Astarté (la luna); en Gemel
Baal Tumuz y Baalet; en Cartago. Baal Hamón y Tania. Empero, el mismo dios cambiaba
de nombre de acuerdo a si era concebido como creador o destructor; así Baal el
destructor fue adorado en Cartago como Moloc. Estos dioses, representados con
ídolos. Tenían sus templos, altares y sacerdotes. Como creadores fueron honrados
con orgías y fiestas tumultuosas: como destructores, con víctimas humanas. Astarté
(Venus), quien era representada por los habitantes de Sidón por la luna creciente
y la paloma, tuvo su culto en los bosques sagrados. Baal Moloc fue representado
en Cartago como un coloso de bronce con sus brazos extendidos hacia abajo; para
aplacarlo, se colocaban niños en sus brazos que rodaban a un foso de fuego. Cuando
Agatocles sitió la ciudad, los cartagineses sacrificaron cerca de doscientos de
sus hijos. Aunque esta religión sensual y sanguinaria horrorizó a las naciones
vecinas, ellas, sin duda, terminaron imitándola. De esta forma, los hebreos frecuentemente
sacrificaban a Baal en las montañas, y los griegos adoraron la Astarté de Sidón
con el nombre de Afrodita, y Baal Merkart de Tiro bajo el nombre de Heracles.
Las principales deidades fenicias son: Adonis, El, Eshmon, Baal, Gad, Moloc. Merkart,
Sakan, Anat, Astarot, Rasaf, Sad y muchas otras.
Transcrito
por: W G Kofron
Traducido
por: Hugo Barona Becerra