Estos hechos son la base psicológica para admitir
las facultades (de facere,
de hacer), capacidades (capax,
de capere, de comprender), o poderes (de posse, de capacidad o aptitud para; los
Escolásticos generalmente usan el término latino correspondiente a
potentiæ). Cualquier esfuerzo, sin embargo,
por definir con mayor precisión el significado de las facultades,
llevaría seguramente a una protesta vigorosa. De hecho, pocas cuestiones
psicológicas de importancia similar han sido el objeto de tantas acaloradas
discusiones, y puede agregarse, de tantas desavenencias. Una visión
extrema considera a las facultades como reales, aun cuando agentes
secundarios ejerzan una influencia activa entre si, solo son meras
explicaciones científicas de hechos psicológicos. ¿Por qué el hombre
ve y razona? Porque tiene facultades de visión y razonamiento. El
acto de voluntad, es libre; hay interacción entre intelecto, voluntad,
sentidos, sentimientos, etc. A veces, sin embargo, se usan tales expresiones
entendiéndolas como metáforas, con la advertencia explícita o implícita
que no deben ser tomadas literalmente.
Al otro extremo se encuentran psicólogos, numerosos
hoy en día, que rechazan, conceder cualquier clase de realidad, en
absoluto, a las facultades. Solo los procesos, son reales; las facultades
simplemente son, términos generales para rotular a ciertos grupos
de procesos. Como todas las abstracciones, nunca deben parecer que
tengan alguna realidad fuera de la mente, que acostumbra a utilizarlas
como suplentes lógicos para facilitar la clasificación de hechos mentales.
Que la teoría de la facultad no tiene ninguna conexión
esencial con el dogma católico, esta evidenciado suficientemente,
por el hecho que ha encontrado, y todavía encuentra, antagonistas,
tanto entre abogados, como entre teólogos católicos y filósofos.
Por consiguiente, juzgando la cuestión sobre sus
propios méritos, puede decirse que la doctrina de Santo
Tomás evita los extremos arriba expresados, y está al menos
libre de los disparates con que los psicólogos modernos atacan, tan
frecuentemente, a la teoría de la facultad. Sus expresiones, tomadas
fuera de contexto, y trasladadas sin suficiente conocimiento de la
terminología Escolástica, podrían ocasionar, fácilmente, una interpretación
errónea. A causa de que el conocimiento de la naturaleza del alma
y sus facultades, según Santo Tomás, es en parte negativo y en su
aspecto positivo, analógico, es necesario usar expresiones tomadas
de cosas que son más directamente conocidas. Sin embargo damos algunos
principios que siempre deben tenerse presentes; por ejemplo, "las
facultades sólo actúan por la energía del alma"; ellas no tienen
energía propia, porque "no son los agentes". Considerando
aplicaciones más especiales, "no es el intelecto el que entiende,
sino el alma, a través del intelecto" (Quæst. Disp., De Veritate,
x, 9, anuncio 3).
Además, la cuestión no es inquirir si la voluntad
es libre, sino, si el hombre es libre (Summa, I:83; I-II:13;
De Veritate, xxiv; De Malo, vi). Esto muestra que cuando una distinción
real se admite entre el alma y sus facultades, o entre las facultades
en si mismas, el significado no es una distinción entre substancias
o agentes. En terminología Escolástica, la distinción no siempre significa
separación, ni tampoco, la posibilidad de separación. La distinción
entre una sustancia y sus cualidades, atributos o formas, se llamó
distinción real.
Si el alma puede originar o experimentar estados
y, tal como todos admiten, ser totalmente diferentes, es porque hay
en la mente varios modos de energía o facultades. Puesto que las mentes
no sólo difieren por sus volúmenes actuales de conciencia, sino también,
y principalmente, por el poder que ellas tienen de experimentar procesos
diferentes, está claro que si esto constituye una diferencia real,
debe ser en si misma algo real. Tan inevitable es esta conclusión,
que algunos de los antagonistas más firmes de las facultades, son
al mismo tiempo los defensores más fuertes de la teoría de las disposiciones
psíquicas que postulan para explicar, los actos de la memoria,
hábito mental, y en general, la utilización consciente o inconsciente,
de las experiencias pasadas. ¿Y aún, qué es una disposición psíquica
sino un poder adquirido o facultad? El "fondo de posibilidades"
de Stuart Mill o la "permanente posibilidad" de Taine, son
ciertamente menos claras y más inaceptables que las "facultades".
Para la facultad una mera posibilidad no es, sino, un poder real de
un agente, una potentia
(ver ACTUS ET POTENTIA).
Las disposiciones psíquicas no son más que explicaciones
de hechos que son facultades, si por explicación significamos: asignar
un antecedente mejor conocido, o conocido independientemente, que
los hechos a ser explicados. En ambos casos, el conocimiento completo
de la facultad, o la disposición, se deriva de los mismos procesos,
porque ninguno puede clasificarse bajo la observación directa. La
posibilidad de una experiencia o acción, si conocida, siempre se la
conoce por inferencia directa o por analogía de acciones o experiencias
pasadas. Aún sin ser una explicación científica, y sin sustituirlas,
tampoco, por explicaciones científicas, la facultad, como la disposición,
son sendas, de la actividad subconsciente, etc., que constituyen postulados
legítimos.
II. CLASIFICACIÓN
Platón admite tres partes, formas, o poderes del
alma, quizás, hasta tres almas distintas: el intelecto (noûs), los afectos más nobles (thumós),
y los apetitos o pasiones (epithumetikón).
Para Aristóteles,
el alma es una, pero dotada de cinco grupos de facultades (dunámeis):
las "vegetativas" (threptikón),
en relación con el mantenimiento y desarrollo de la vida orgánica;
las del apetito (oretikón),
o la tendencia a algún bien; las de percepción de los sentidos (aisthetikón); las de "locomoción" (kinetikón) que dirigen los variados movimientos corporales; y las
de la razón (dianoetikón).
Los Escoláticos generalmente siguen la clasificación de Aristóteles.
Para ellos el cuerpo y alma están unidos en una sustancia completa.
El alma es la forma substantialis, el principio vital,
la fuente de todas las actividades. Por consiguiente, la ciencia del
alma distribuye funciones que, hoy día, se corresponden con los campos
de la biología y la fisiología. Sin embargo, en tiempos más recientes,
y especialmente bajo la influencia de Descartes,
la mente ha sido separada del organismo, como una extraña.
La sicología trata solamente con el mundo interno,
es decir, el de la conciencia y sus estados. La naturaleza de la mente
y sus relaciones con el organismo son cuestiones que pertenecen a
la filosofía o la metafísica. Como consecuencia, la sicología moderna
también falla, al distinguir entre las facultades espirituales del
alma, aquéllas que el alma ejercita sin la intrínseca cooperación
del organismo, y las facultades del compositum, es decir el alma y el organismo unidas en un completo
principio de acción, o de un especial órgano viviente. Esta distinción
también fue un punto esencial en la sicología Aristotélica
y Escolástica.
Finalmente, los Escolásticos redujeron la vida afectiva
a la facultad general de los apetitos, considerando que hoy día, especialmente
desde Kant, una división tripartita
es, normalmente, más aceptada, a saber en: facultades cognoscitivas,
afectivas, y conativas. Algunos, sin embargo, todavía sostienen una
división bipartita. Otros, finalmente, rechazan ambas como inaceptables,
y sigue el orden de desarrollo, o basan su clasificación en condiciones
objetivas y características subjetivas. Sin entrar en discusión puede
decirse, que útil y justificable, la clasificación tripartita puede
demostrar en sicología, que la reducción Escolástica de sentimientos
a "apetitos" parece ser, sin embargo, más profunda y filosófica,
porque los sentimientos y emociones, agradables o dolorosos, son el
resultado de un acuerdo o conflicto entre ciertas experiencias y la
tendencia mental.
C.A. DUBRAY
Transcrito por Rick McCarty
Traducido por José Luis Anastasio