(Griego daimon y daimonion, Latín
daemonium).
En las Escrituras y en la teología Católica
esta palabra ha llegado a significar casi lo mismo que diablo y denota
a uno de los espíritus malignos o ángeles caídos.
Y de hecho, en algunos lugares del Nuevo Testamento donde la Vulgata,
en acuerdo con el Griego, tiene daemonium, nuestras versiones
leen diablo. La distinción precisa entre los dos términos
en el uso eclesial puede ser vista en la frase usada en el decreto
de el Cuarto Concilio Laterano: "Diabolus enim et alii daemones"
(El diablo y los otros demonios), todos son demonios, y el jefe de
los demonios es llamado el diablo. Esta distinción es observada
en el Nuevo Testamento de la Vulgata, donde diabolus representa al
Griego diabolos, y en casi todas las instancias se refiere a Satán
mismo, mientras que sus ángeles subordinados son descritos
en concordancia con el Griego, como daemones o daemonia. Sin embargo,
esto no debe de ser tomado, para indicar la diferencia de naturaleza;
Satán esta claramente incluido entre los daemones, en
Santiago 2:19 y en Lucas 11: 15-18. Pero aunque la palabra demonio
esta ahora prácticamente restringida a este siniestro sentido,
fue de otro modo con el antiguo uso de los escritores Griegos. La
palabra, que aparentemente es derivada de daio "dividir"
o "prorrateo", originalmente significó una existencia
divina; fue ocasionalmente aplicada a los altos dioses y diosas, pero
fue usado más para denotar existencias espirituales de un orden
menor, ubicados entre los dioses y los hombres. Para la mayor parte
estas eran existencias benéficas, y su oficio era en parte
análogo al de los ángeles en la teología Cristiana.
Así, el adjetivo eydaimon, "feliz", significa propiamente
uno que fue guiado y protegido por un demonio bueno. Algunos de estos
demonios Griegos, sin embargo, eran diabólicos y malignos.
De aquí en adelante tenemos la contraparte de eudamonia "felicidad",
en kakodaimonia, que denota la desgracia, o en su significado mas
original, estar bajo la posesión de un demonio maligno. En
el Griego del Nuevo Testamento y en el lenguaje de los antiguos Padres,
la palabra ya había sido restringida al sentido siniestro,
cual era natural suficiente, ahora con eso, aún los mas altos
dioses Griegos fueron considerados como demonios.
Tenemos una curiosa instancia de la confusión
causada por la ambigüedad y variación en el significado
de la palabra, en el caso del famoso "Daemon" de
Sócrates. Esto fue entendido en un mal sentido por algunos
escritores Cristianos, que han lo han hecho una materia de reproche,
aduciendo que los filósofos estaban acompañados y promovidos
por un demonio. Pero como el Cardenal Manning muestra claramente en
su escrito acerca del tema, la palabra aquí tiene un significado
completamente distinto. Apunta al hecho de que ambos, Platón
y Xenofón, usan la forma daimonion, que Cicerón correctamente
rinde como divinum aliguid, "algo divino". Y luego de un
minucioso examen de la cuenta de la materia dada por Sócrates
mismo en los reportes de consus discípulos, concluye que la
incitación del "Daemon" eran los dictados
de la conciencia, que es la voz de Dios.
Se puede observar que un cambio y deterioración
similares del significado han tomado lugar en los lenguajes Iraníes,
en el caso de la palabra daeva. Etimológicamente es idéntico
con el Sánscrito deva, por la cual es rendida en la versión
Neriosench del Avesta. Pero mientras que el devas de la teología
India son dioses buenos y generosos, en el daevas del Avesta son odiosos
espíritus del mal. (Ver también DEMONOLOGIA)
W.H. KENT
Transcrito por Tomas Hancil
Traducico por Alonso Teullet