(Latín Deus, Dios)
Término utilizado para denominar ciertas doctrinas con una
tendencia de pensamiento y de crítica que se manifestaban en
sí mismas, y que aparecieron principalmente en Inglaterra hacia
finales del siglo diecisiete. Sin embargo, las doctrinas y la tendencia
del deísmo no estuvieron solamente confinadas a Inglaterra,
ni tampoco se circunscribieron a los más o menos setenta años
durante los cuales fueron dados al mundo la mayoría de las
producciones deísticas; un espíriritu similar de crítica
se dirigió hacia la naturaleza y el contenido de las creencias
religiosas tradicionales, y llevó a la substitución
de éstas por un naturalismo racional que apareció durante
el curso del pensamiento religioso. Hubo así deístas
franceses, alemanes e ingleses; y también deístas paganos,
judíos y musulmanes junto a deístas cristianos.
Debido al punto de vista individualista de la crítica independiente
que adoptan, es difícil, si no imposible, clasificar en una escuela
definida a los escritores representativos que contribuyeron a la literatura
inglesa del deísmo, o el agrupar juntas las enseñanzas
positivas contenidas en sus escritos como una expresión sistemática
de una filosofía concordante. Los deístas fueron lo que
actualmente serían llamados libre pensadores, nombre por el cual
se les conocía frecuentemente; y sólo se pueden agrupar
todos juntos en la actitud principal que adoptaron, esto es, en estar
de acuerdo en liberar las restricciones de la enseñanza religiosa
autoritaria a favor de una especulación libre y puramente racional.
Muchos fueron francamente materialistas en sus doctrinas. Mientras que
los pensadores franceses quienes subsecuentemente construyeron las bases
usadas por los deístas ingleses fueron casi exclusivamente así;
otros apoyaron sus contenidos con una crítica hacia la autoridad
eclesiástica en el cómo enseñar la inspiración
de las Sagradas Escrituras,
o el hecho de una revelación externa de verdad supernatural dada
por Dios
al hombre. Todos ellos parecen coincidir en este último punto,
aunque existe una considerable divergencia de método y de procedimiento
que se puede observar en los escritos de los diferentes deístas.
El deísmo, en todas sus manifestaciones, se oponía a las
enseñanzas presentes y tradicionales de la religión revelada.
En Inglaterra, el movimiento deísta pareció ser una salida
casi necesaria de las condiciones políticas y religiosas de la
época y del país. El Renacimiento hizo desaparecer al
escolasticismo
tardío y, con él, a la filosofía constructiva de
la Edad Media. La Reforma
Protestante, en su abierta agitación contra la
autoridad de la Iglesia
Católica, inauguró una lenta revolución
en la que todas las pretensiones religiosas debían estar involucradas.
La Biblia,
como sustituta de la voz viva de la Iglesia;
y la religión estatal, como sustituta del catolicismo, pudieron
permanecer juntas un tiempo; pero, lógicamente, la mentalidad
que las convierte en sustitutos no podía apoyarse confiadamente
en ellas. El principio del juicio individual sobre asuntos de religión
no llega aún a aceptar a la Biblia como la Palabra de Dios. Una
oportunidad favorable le daría fuerza para impulsarla una vez
más; pero de esa aceptación a desgano surge un nuevo examen
de las Escrituras que resulta en un rechazo final de la misma. La nueva
vida de las ciencias empíricas, la enorme expansión del
horizonte físico en nuevos descubrimientos como los de la astronomía
y la geografía, la duda filosófica y el método
racionalista de Descartes, el empirismo
de Bacon, los cambios políticos de la época -todas
estas cosas fueron factores que contribuyeron a la preparación
y al orden de un estado sobre el cual un criticismo nivelado con la
religión revelada tenían lugar para desarrollarse y jugar
su papel con cierto grado de éxito. Y aunque los primeros ensayos
del deísmo fueron algo velados e intencionalmente indirectos
en sus ataques a la revelación, con la revolución y la
libertad tanto civil como religiosa que fueron consecuencia de ello,
con la diseminación del espíritu crítico y empírico
ejemplificado en la filosofía de Locke, el momento ya estaba
maduro para el desarrollo completo del caso en contra de la cristiandad
tal como fue expuesto por la Iglesia Establecida y las sectas. La cuña
del juicio privado llegó hasta la autoridad. Ya había
dividido al Protestantismo en un gran número de sectas
en conflicto. Ahora, estaba intentando destruir la religión revelada
llevándola a convertirse en cualquier cosa.
La tendencia deística pasó por una serie de fases más
o menos definidas. Todas las fuerzas posibles se unieron en contra
de su avance. Los Parlamentos tuvieron conocimiento del mismo. Algunas
de las publicaciones de los deístas fueron quemadas públicamente.
Los obispos y la curia de la Iglesia Establecida opusieron una fuerte
resistencia. Por cada panfleto o libro escrito por un deísta,
se ofrecieron al público varias "respuestas" para
que sirvieran como antídotos. Los obispos dirigieron cartas
pastorales a sus diócesis advirtiendo al público del
peligro. El "Moderador" de Woolston provocó que el
obispo de Londres emitiera no menos de cinco cartas pastorales. Todo
aquello que fuera eclesiásticamente oficial y respetable, fue
puesto en contra del movimiento, y los deístas fueron resistidos
por un rechazo general en los términos más fuertes.
Cuando los principios críticos y el espíritu del libro
pensamiento se filtraron hacia las clases medias, cuando hombres como
Woolston y Chubb se pusieron a escribir, se levantó una tormenta
de anti-crítica. Como resultado, varios hombres cultos y educados
se inclinaron hacia una mayor tolerancia religiosa. El "entendimiento
y el ridículo" por el que el Conde de Shaftesbury hubiese
comprobado todo, como lo hizo notar Brown acertadamente, no significó
nada más que urbanidad y buenas costumbres. Pero bajo ningún
concepto hubiera admitido Shaftesbury que él mismo era un deísta,
excepto en el sentido en que el término es indistinto de teísta;
y Herbert de Cherbury, por mucho el representante más culto
del movimiento, fue el más moderado y el que menos se opuso
a las enseñanzas de la Cristiandad.
Una fase que se puede decir que el deísmo logró sobrepasar
fue la del examen crítico de los primeros principios religiosos.
Impuso su derecho a la perfecta tolerancia de parte de todos los hombres.
El libre pensamiento era el derecho de cada individuo; mejor aún,
fue un paso hacia delante en el principio recibido del juicio privado.
Representantes del deísmo como Toland y Collins pueden ser
considerados típicos de esta fase. Hasta entonces, mientras
se mantenían críticos e insistían en sus derechos
de una tolerancia completa, se manifestaron hostiles hacia la religión.
Una segunda fase fue aquella en la que se criticó a la moral
o la parte ética de las enseñanzas religiosas. Por ejemplo,
el Conde de Shaftesbury estuvo en contra de la doctrina del castigo
y la recompensa futura como sanción de la ley moral. Obviamente,
tal actitud es incompatible con la enseñanza aceptada de las
iglesias. Siguió entonces un juicio crítico de las escrituras
del Antiguo y del Nuevo Testamento, enfatizando en forma
particular la verificación de la profecía y de
los incidentes milagrosos registrados. Antony Collins se encargó
de llevar a cabo la primera parte de esta tarea, mientras que Woolston
centró su atención principalmente en lo último,
aplicando a los registros Escriturales los principios que fueron establecidos
por Blount en sus notas a "Apollonius Tyanæus". Finalmente,
hubo una etapa en la que la religión natural como tal, se oponía
en forma directa a la religión revelada. Tindal, en su obra
"La Cristianidad es tan vieja como la Creación ", reduce, o
al menos intenta hacerlo, a la revelación al nivel de la razón,
haciendo ver a los enunciados cristianos de las verdades reveladas
como superfluos en cuanto están contenidos en la razón
en sí misma, o positivamente dañinos, en cuanto van
más allá de la razón o bien que la contradicen.
Queda así claro que, en lo más importante, el deísmo
no es más que la aplicación de los principios de la crítica
a la religión. Pero en su aspecto positivo es algo más,
porque ofrece, como un substituto a la verdad revelada, un cuerpo de
verdades que pueden ser construidas sin mayores esfuerzos que los de
la razón natural. Sin embargo, con el transcurso del tiempo el
término deísmo llegó a tener un significado más
específico. Se utilizó para significar una doctrina metafísica
peculiar que supuestamente fue mantenida por todos los deístas.
Se agrupan así en forma general como miembros de una escuela
cuasi-filosófica, en la que el principio más importante
y sobresaliente es la relación que debe obtenerse entre el universo
y Dios. Dios, en esta tesis deductible y constructiva se mantiene como
la primera causa del mundo y se vuelve un Dios personal.
Hasta aquí la enseñanza de los deístas que contrasta
con la de los ateos y la de los panteístas. Pero
más allá, el deísmo no solamente distingue al
mundo y a Dios como efecto y causa; enfatiza también la trascendencia
de la Deidad en el sacrificio de Su encarnación y de Su providencia.
El no forma parte de la creación que ha hecho y Se mantiene
alejado de los detalles de su trabajo. Habiendo hecho a la naturaleza,
Le permite correr su propio curso sin ninguna interferencia de parte
Suya. En este punto, la doctrina del deísmo difiere claramente
de la del teísmo.
La diferencia verbal entre ambos términos, los que originalmente
eran intercambiables -deísmo de origen latino, siendo una traducción
de la palabra griega teísmo--, parece que fue introducida a
la literatura inglesa por los mismos deístas, a fin de evitar
la denominación de naturalistas por la que eran comúnmente
conocidos. Como naturalismo era el epíteto que generalmente
de usaba para designar la enseñanza de los seguidores de la
filosofía de Espinoza, así como a los también
llamados ateos, la palabra deísmo le permite entonces a sus
seguidores usarla como el término que permitía mostrar
la desaprobación de los principios y doctrinas que ellos repudiaban
y definir así claramente su propia posición para diferenciarlos
de los teístas. Sin embargo, parece que la palabra se empleó
por primera vez en Francia y en Italia alrededor de la mitad del siglo
dieciséis, ya que aparece en la epístola de dedicatoria
del segundo volumen de la "Instruction Chrétienne" de Viret
(1563), en la cual la reforma divina habla de algunas personas a quienes
llama por un nuevo nombre: deístas. Debido primordialmente
a sus métodos de investigación y a sus críticas
de la enseñanza religiosa tradicional protestante son
llamados también racionalistas, en oposición a los hallazgos
de las verdades de la fe a través de la razón, viniendo
de Dios a través de la revelación externa. Ya sea porque
se ignoró esto o bien porque se intentó refutarlo activamente
y probar la ausencia de valor que tenía, el racionalismo se
vuelve el término obvio para los procedimientos utilizados.
Y además, en forma similar, por reclamar libertad para discutir
las doctrinas establecidas en la Biblia y enseñadas por las
iglesias, que se ganan el no menos común calificativo de "libre
pensadores".
Existen diferencias marcadas entre los deístas ingleses en
cuanto al contenido de la verdad dado por la razón. Indudablemente,
la más importante de estas diferencias es por la que se dividen
en deístas "mortales" y en deístas "inmortales";
aunque aceptaron la doctrina filosófica de una vida futura,
el rechazo del premio y del castigo futuro llevaba en sí mismo
para algunos la negación de la inmortalidad del alma humana.
Los cinco artículos de Lord Herbert de Cherbury, sin embargo,
con su subsecuente expansión a seis (y el agregado de un séptimo)
por parte de Charles Blount, puede considerarse como las formas profesionales
del deísmo. Estos artículos contienen las siguientes
doctrinas:
- Que existe un Dios supremo,
- quien es el que principalmente debe ser adorado;
- que la parte principal de esa adoración consiste de piedad
y de virtud;
- que nos debemos arrepentir de nuestros pecados y que, si hacemos
esto, Dios nos perdonará;
- que existen premios para los buenos y castigos para los malos tanto
aquí como en el más allá.
Aunque Blount amplió algo el concepto sobre cada una de estas
doctrinas, dividió una en dos y agregó una séptima
en la que enseña que Dios gobierna al mundo por medio de Su
Providencia.
Difícilmente puede aceptarse esto como una doctrina común
a los deístas; a diferencia de los premios y castigos futuros
que, como ya se ha dicho anteriormente, no fueron aceptados por ninguno
de ellos. En general rechazaron el elemento milagroso tanto en la Escritura
como en la tradición eclesiástica. No admitían
que hubiese un "pueblo peculiar" como los judíos o
los cristianos elegidos para recibir el mensaje de la verdad, o escogidos
para ser los receptores de cualquier gracia o don sobrenatural de Dios.
Negaron la doctrina de la Trinidad y no admitieron ningún
carácter mediador a través de la persona de Jesucristo.
La expiación, doctrina de la "imputación correcta"
de Cristo-especialmente popular con los ortodoxos de esa época-compartía
el destino de todas las doctrinas cristológicas en sus
manos. Y por encima de todas las cosas y por sobre toda ocasión,
--pero con al menos una excepción notable -levantaron sus voces
en contra de la autoridad eclesiástica. Nunca se cansaron de
atacar en cualquier forma al sacerdocio y llegaron a decir que la religión
revelada era falsedad, una invención de la casta sacerdotal para
subyugar y gobernar así más fácilmente para explotar
al ignorante.
En la medida en que el deísmo iba sobresaliendo, en la secuencia
lógica de los eventos, desde los principios establecidos en la
Reforma protestante, así también se desarrolló
su corto y violento curso en el desarrollo de esos principios y terminó
en un escepticismo filosófico. Durante un tiempo, causó
una tremenda conmoción en todos los círculos del pensamiento
en Inglaterra, provocó una larga y, en cierto sentido, interesante
polémica literaria, y penetró desde los estratos más
altos hasta los más bajos de la sociedad. Entonces, se desplomó,
siendo difícil decir si fue porque la controversia perdió
el interés que tuvo en sus inicios o porque la gente en general
cambió de dirección con el criticismo hacia nuevas cosas.
En la actualidad estamos bastante familiarizados con los argumentos
deístas, gracias a los esfuerzos tanto del racionalismo como
del libre pensamiento moderno que mantienen dichos argumentos de cara
al público. Aunque cáusticos, a menudo inteligentes, y
a veces extraordinariamente blasfemos,
encontramos en su mayor parte los maltrechos documentos pasados de época,
comunes y sosos. Y mientras que varias de las "respuestas"
pueden ser tomadas como trabajos estándar de apologética,
la mayoría de ellas pertenecen a los escritos de una época
pasada.
Cuando las obras del vizconde Bolingbroke fueran publicadas póstumamente
en 1754, e incluso cuando, seis años antes, el "Ensayo del
Entendimiento Humano" de David Hume se hizo público, se
causó poca conmoción. Los ataques de Bolingbroke a la
religión revelada, dirigidos desde el punto de vista de una teoría
sensacionalista del conocimiento,
fueron, como un escritor reciente lo pone, "insuperablemente aburridos";
ni el cinismo, ni la sátira, ni tampoco el escepticismo de este
filósofo escocés pudieron renovar el interés general
en una controversia que prácticamente estaba muerta. La controversia
deísta que se puede encontrar en la filosofía de Hobbes
y de Locke es preeminentemente la de los deístas ingleses y dicha
referencia se hace cuando hay una pregunta sobre el deísmo. Pero
un movimiento idéntico o similar se desarrolló también
en Francia. Dice Ueberweg,
"En el siglo diez y ocho, el rasgo prevalente de la filosofía
francesa... era la de oposición hacia los dogmas recibidos
y hacia las condiciones reales de la Iglesia y del Estado, y los esfuerzos
de sus representantes iban dirigidos principalmente a establecer una
nueva filosofía práctica y teórica que descansaba
sobre principios naturales" (Gesch. d. Philosophie, Berlin, 1901,
III, 237).
Hombres como Voltaire, e incluso los materialistas enciclopédicos,
ejemplificaron una tendencia filosófica del pensamiento que
tenía mucho en común con lo que en Inglaterra terminó
en deísmo. Tenía la misma base, tanto la teoría
del conocimiento propuesta por Locke y energizada subsecuentemente
por Condillac, como el avance general del pensamiento científico.
Por las críticas de Voltaire hacia las organizaciones religiosas
y la teología, sus vigorosos ataques hacia la Cristiandad,
la Biblia, la Iglesia, y la revelación, la tendencia se volvió
hacia el panteísmo y el materialismo. Rousseau hubiera tenido
una religión de la naturaleza substituida por las formas tradicionales
de revelación llevándola, como él lo haría
con la filosofía y la política, al punto de vista del
individualismo. Helvecio tendría el sistema moral basado sobre
el principio del interés propio actual. Y, así como
en Inglaterra el desarrollo lógico del deísmo terminó
en el escepticismo de Hume, en Francia llegó a descansar en
el materialismo de La Mettrie y de Holbach.
ESCRITORES DEÍSTAS PROMINENTES
Hemos hecho antes referencia a varios de los representantes más
importantes del deísmo inglés. Usualmente se señalan
a diez o doce escritores como los principales contribuyentes de la
literatura y del pensamiento, de quienes podemos dar los siguientes
breves enunciados.
Lord Herbert de Cherbury (1581-1648)
Contemporáneo del filósofo Hobbes, fue el más
educado de los deístas y al mismo tiempo, el menos dispuesto
a someter la revelación cristiana a una crítica destructiva.
Fue el fundador de una forma racional de religión -la religión
de la naturaleza-que consistió en nada más que en obtener
el residuo de la verdad que era común a todas las formas de
religión positiva, cuando las características distintivas
de las religiones se ponían de lado. Los cinco artículos
dados más arriba resumen la profesión de fe del racionalismo
de Herbert. Sus principales contribuciones a la literatura deísta
son "Tractatus de Veritate prout distinguitur a Revelatione, a Verisimili,
a Possibili et a Falso" (1624); "De Religione Gentilium Errorumque
apud eos Causis" (1645, 1663); "De Religione Laici."
Charles Blount (1654-93)
Sobresalió como crítico del Antiguo y del Nuevo
Testamento. Sus métodos de ataque contra la posición
cristiana estaban caracterizados por una forma indirecta y la duplicidad
que en cierta manera estuvieron siempre asociadas con todo el movimiento
deísta. Las notas que agregó a sus traducción
de Apolonio estaban calculadas para debilitar o para destruir la credibilidad
de los milagros de Cristo, para algunos de los cuales él sugirió
explicaciones en bases naturales, arguyendo así sobre la veracidad
del Nuevo Testamento. De manera similar, empleando el argumento de
Hobbes en contra de la autoría mosaica del Pentateuco, y atacando
los eventos milagrosos en él registrados, puso en tela de juicio
la veracidad y la acuciosidad del Antiguo Testamento. Rechaza completamente
la doctrina de un Cristo mediador y dice que tal doctrina es subversiva
de la verdadera religión; clama que las muchas falsedades que
percibe en las formas tradicional y positiva de la cristiandad son
una invención política (por lograr el poder y gobierno
fácil) de sacerdotes y maestros religiosos. Ya se ha mencionado
antes los siete artículos en los que Blount expandió
los cinco de Lord Herbert. Sus notas a la traducción de la
"Vida de Apolonio Tineo" de Filotrasto, fueron publicadas
en 1680. Escribió también "Anima Mundi" (1678-9); "Religio
Laici", prácticamente una traducción del libro del mismo
nombre de Lord Herbert (1683); y "Los oráculos de la razón"
(1893).
John Toland (1670-1722)
Toland, originalmente un creyente de la Revelación Divina
que no estaba opuesto a las doctrinas de la Cristiandad, avanzó
hacia una posición racional con fuertes tendencias panteístas
quitando los elementos sobrenaturales de la religión. Su tesis
principal estaba considerada en el argumento de que "nada hay
en los Evangelios contrario a la razón, ni tampoco por arriba
de ella; y que ninguna doctrina cristiana puede ser llamada misterio."
Hizo este enunciado asumiendo que todo lo que sea opuesto a la razón
no es verdadero, y todo lo que esté por encima de la razón
es inconcebible. Por lo tanto, concluyó que la razón
es la guía única y segura hacia la verdad, y que la
religión cristiana no tiene nada en que basarse para decir
que es misteriosa. Toland cuestionó también el Canon
de la Escritura y los orígenes de la Iglesia. Adoptó
el punto de vista de que en la Iglesia Primitiva existían dos
facciones opuestas: liberales y judaizantes; y comparó unos
ocho escritos espurios con las Escrituras del Nuevo Testamento, a
fin de crear duda sobre la autenticidad y credibilidad del canon.
Su obra "Amyntor" provocó una respuesta del celebrado Dr. Clarke,
y un número considerable de libros y folletos fueron publicados
para refutar su doctrina. Las principales obras de las que fue responsable
son: "Cristianidad no misteriosa" (l696); "Cartas a Serena" (1704);
"Pantheisticon" (1720); "Amyntor" (1699); "Nazarenus" (1718).
Antony Ashley Cooper, tercer Conde de Shaftesbury (1671-1713)
El Conde de Shaftesbury, uno de los escritores más populares
y elegantes, usualmente se clasifica entre los deístas en base
a su "Características". El por sí mismo no
admitiría que lo fue, excepto en el sentido en el que el deísta
contrasta con el ateo; el obispo Butler dijo que si él hubiese
vivido en una época posterior, cuando la Cristiandad fuera
entendida mejor, hubiera sido un buen cristiano. Así, en el
prefacio en el que Shaftesbury contribuyó para un volumen de
sermones del Dr. Whichcot (1698), escribe "que aquellos en esta
edad profana, que representan no sólo a la institución
de la predicación, sino también al Evangelio, y a nuestra
santa religión, son un fraude". Existen también
pasajes en "Cartas Varias escritas por un Noble Señor
a un Hombre joven en la Universidad" (1716) en los que muestra
respeto hacia las doctrinas y la práctica de la religión
Cristiana. Pero la obra "Características de Hombres, Asuntos,
Opiniones y Tiempos" (1711-1723) da clara evidencia de las tendencias
deístas de Shaftesbury. Contiene frecuentes críticas
de las doctrinas cristianas, de las Escrituras y de la Revelación.
Sostiene que esta última no es solamente inútil sino
que posiblemente inservible respecto a la doctrina de la recompensa
y del castigo. Respecto a la virtud de la moralidad, dice que es una
conformidad de nuestras afecciones con nuestro sentido natural de
lo sublime y de lo hermoso, hacia nuestra estima natural del valor
de los hombres y de las cosas. El Evangelio, dice junto a Blount,
fue solamente el producto de un esquema de parte de los clérigos
para asegurar su propio engrandecimiento y aumentar su poder. Con
tales conceptos, es difícil reconciliar sus enunciados con
las doctrinas y los misterios de la religión; pero está
claro, a la luz de los hechos, que compartió el punto de vista
político-religioso peculiar de Hobbes. Cualquier cosa que el
poder absoluto del estado sancione, es bueno; lo contrario es malo.
Oponer las propias convicciones religiosas a la religión sancionada
por el estado es de naturaleza revolucionaria. El aceptar la religión
establecida por el estado es el deber del ciudadano. Las contribuciones
literarias más importantes de Shaftesbury son las "Características"
y las "Cartas varias" mencionadas más arriba.
Antony Collins (1676-1729)
Collins causó un considerable revuelo por la publicación
de su "Discurso del libre pensamiento" (1713), que provocó
el Surgimiento y Crecimiento de una Secta llamada de los Librepensadores.
Previamente había desarrollado un argumento contra la inmaterialidad
y la inmortalidad del alma y en contra de la libertad humana. El Dr.
Samuel Clarke le respondió. El "Discurso" broga por la investigación
libre de prejuicios y de trabas, clama por el derecho de la razón
humana para examinar e interpretar la revelación, e intenta
mostrar la falta de certeza de la profecía y de lo registrado
en el Nuevo Testamento. En otro trabajo, Collins escribe un argumento
para probar la falsedad de la religión Cristiana, aunque él
por sí mismo no saca esta conclusión en forma expresa.
Dice que la Cristiandad depende del Judaísmo y establece que
la prueba es la culminación absoluta de las profecías
contenidas en el Antiguo Testamento. Pasa entonces a señalar
que todas las Profecías son alegóricas en naturaleza
y que no pueden ser consideradas como una prueba real de su cumplimiento.
Va más allá, señalando que la idea del Mesías
entre los judíos fue algo reciente antes de la época
de Cristo, y que los hebreos pueden haber derivado muchas de sus ideas
teológicas por su contacto con otros pueblos como los egipcios
y los caldeos. En forma particular, cuando sus escritos sobre la profecía
fueron atacados, hizo lo que pudo para desacreditar el Libro de
Daniel. El "Discurso sobre las Bases y las Razones de la Religión
Cristiana" (1724) produjo un gran número de respuestas, entre
las que destacan las del obispo de Richfield, Dr. Chandler ("Defensa
de la Cristiandad de las Profecías del Antiguo Testamento"),
y del Dr. Sherlock ("El Uso y la Intención de la Profecía").
La antigüedad y la autoridad del Libro de Daniel fueron discutidas
en la obra de Collins titulada "Esquema de Profecía Literal".
Las "profecías fueron hechas para registrar eventos pasados
y contemporáneos más que para prever el futuro".
Pero el "Esquema" era débil, y aunque recibió respuesta
de más de un crítico, no puede decirse que agregó
mucho al "Discurso". Todos los ataques de Collins a la profecía,
en conjunto, fueron considerados tan serios que recibieron no menos
de treinta y cinco respuestas. De sus obras, resaltan las siguientes,
por tener referencias al deísmo: "Ensayo Concerniente al Uso
de la Razón en la Teología " (1707); "Discurso del Libre
pensamiento " (1713); "Discurso sobre las bases y las Razones de la
Religión Cristiana " (1724); "El Esquema de la Profecía
Literal " (1727).
Thomas Woolston (1669-1733)
Woolston apareció como moderador de la mordaz controversia surgida
entre Collins y sus críticos con su "Moderador entre un Infiel
y un Apóstata". Dado que Collins había tenido éxito
en hacer alegoría las profecías del Antiguo Testamento
hasta que nada quedara de ellas, Woolston trató de hacer lo mismo
con los milagros de Cristo. Entre los años 1728 y 1729, aparecieron,
en tres partes, discursos sobre los milagros de Nuestro Señor;
en esos discursos Woolston establecía, con una extraordinaria
violencia del idioma lleno de una blasfemia que solamente se podía
atribuir a un loco, que los milagros de Cristo, cuando se toman en un
sentido literal e histórico, son falsos, absurdos, y ficticios.
Por lo tanto, decía, se deben de tomar en un sentido místico
y alegórico. En particular, argüía contra el milagro
de la resurrección de entre los muertos forjado por Cristo, y
contra la resurrección del mismo Cristo. El Obispo de Londres
emitió cinco cartas pastorales en contra de él, y muchos
eclesiásticos escribieron refutando su obra. La respuesta más
notoria en contra de sus doctrinas fue "La Prueba de los Testigos" (1729)
por el Dr. Sherlock. Entre 1729 y 1730, Woolston publicó "Una
Defensa de su Discurso en contra de los Obispos de Londrews y de San
David", que fue una producción débil.
Matthew Tindal (1657-1733)
Tindal entró a la controversia con un trabajo que pronto sería
conocido como la "Biblia Deísta". Su "La Cristianidad
tan vieja como la Creación" se publicó a una edad muy
avanzada, en 1730. Como el subtítulo lo indica, el propósito
era mostrar que el Evangelio no es más que una reimpresión
de la Ley Natural. Trata de dejar esto en claro, quitando a la religión
Cristiana todo aquello que no esté relacionado con la religión
natural. Declara que la revelación externa es innecesaria e
inútil, más aún: imposible, y que tanto el Antiguo
como el Nuevo Testamento están llenos de contradicciones y
que se oponen uno al otro. Su trabajo fue tomado como un ataque serio
contra la posición tradicional de la Cristiandad en Inglaterra,
tal como quedó evidenciado por la crítica hostil que
una vez provocó. El obispo de Londres emitió una pastoral;
Waterland, Law, Conybeare, y otros le respondieron, la "Defensa"
de Conybeare creó revuelo en esa época. Más que
ninguna otra obra, "La Cristiandad tal antigua como la Creación"
fue la razón del escrito de Butler conocido como "Analogía".
Thomas Morgan (m. 1743)
Morgan hace declaraciones sobre la Cristiandad, la utilidad de la
revelación, etc. pero critica, y al mismo tiempo rechaza como
producto de la revelación, al Antiguo Testamento, tanto respecto
a sus personajes como a las narraciones de los hechos. Expone la teoría
de que los judíos de "acomodaron" a la verdad y va
más allá, extendiendo este "acomodo" a los
Apóstoles y al mismo Cristo. Sus consideraciones sobre el origen
de la Iglesia son similares a las de Toland, en cuanto que sostiene
que dos elementos, judíos y liberales, se fusionaron. Su obra
más importante es "El Filósofo Moral, un Diálogo
entre Filatos, un Cristiano deísta, y Téofanes, un judío
cristiano" (1737, 1739, 1740). El Dr. Chapman respondió
pidiendo una defensa de parte de Morgan en la obra "El Filósofo
Moral, o una Vindicación mayor de la Verdad Moral y la Razón".
Thomas Chubb (1679-1746)
Chubb --hombre de origen humilde y de una educación pobre
y elemental, fabricante de guantes y comerciante de sebo-- es el representante
más plebeyo del deísmo. En 1731 publicó "Un Discurso
Concerniente a la Razón" en el que retracta su intención
de oponerse a la revelación o de servir a la causa de la infidelidad.
Pero "El Verdadero Evangelio de Jesucristo", en el que Lechler
ve "un momento esencial en el desarrollo histórico del deísmo",
anuncia a la Cristiandad como una vida más que como una colección
de verdades doctrinales. El verdadero evangelio es el de la religión
natural, y como tal lo trata Chubb en su obra. En sus trabajo póstumos,
aparece un avance escéptico. Estos fueron publicados en 1748,
y después de "Comentarios sobre las Escrituras" viene
el "Adiós a sus lectores" del autor. Este "Adiós"
comprende folletos sobre varios aspectos religiosos. Prevalece en
ellos una marcada tendencia al escepticismo sobre una providencia
particular. Cuestiona la eficacia de la oración así
como el estado futuro. Se presentan argumentos en contra de la profecía
y de los milagros. Hay cincuenta páginas dedicadas exclusivamente
a aquellos en contra de la Resurrección. Finalmente, Cristo
es presentado meramente como un hombre que fundó una secta
religiosa entre los judíos. Chubb publicó también
"La Supremacía del Padre" (1715) y "Folletos" (1730). Es responsable
así mismo, de los sentimientos volcados en el folleto anónimo
que revisó titulado "El Caso del Deísmo Tratado Justamente".
Henry St. John, vizconde de Bolingbroke (1678-1751)
Pertenece a los deístas principalmente por motivo de sus obras
póstumas. Son tremendamente cínicas en estilo, generalmente
desabridas y aburridas. Contienen argumentos contra la verdad y el
valor de la historia Escritural, y claman que la Cristiandad es un
sistema impuesto sobre los iletrados por los clérigos para
alcanzar sus propios fines.
Peter Annet (1693-1769)
Annet fue autor, entre otras, de "Juzgando por nosotros mismos, o
el Libre pensamiento sobre el gran Deber de la Religión" (1739),
"La Resurrección de Jesús Considerada" (1744), "Lo Sobrenatural
Examinado" (1747), y de nueve números del "Free Inquirer" (1761)
(El Inquisidor Libre). En el segundo de estos escritos niega la resurrección
de Cristo y acusa a la Santa Biblia de fraude.
Henry Dodged (d. 1748)
Dodged, quien escribió "La Cristiandad no se fundamenta
sobre Argumentos", es considerado junto a Annet, entre lo más
representativo del deísmo. (Ver DIOS; PROVIDENCIA;
RACIONALISMO; ESCEPTICISMO;
TEÍSMO.)
FRANCIS AVELING
Transcrito por Rick McCarty
Traducido por el Padre José Demetrio Jiménez, OSA