Uno de los pocos símbolos Cristianos
procedentes del primer siglo es el del Buen Pastor llevando sobre sus
hombros un cordero o una oveja, con otras dos ovejas a su lado. Entre
los siglos primero y cuarto fueron pintados ochenta y ocho frescos de
este tipo en las Catacumbas Romanas.
Según la interpretación de Wilpert, el significado
que puede ser asociado a este símbolo, es el que sigue. El
cordero u oveja sobre los hombros del Buen Pastor es un símbolo
del alma de los difuntos llevada por Nuestro Señor al cielo;
mientras que las dos ovejas que acompañan al Pastor representan
los santos que ya gozan de la felicidad eterna. Esta interpretación
está en armonía con una antigua oración litúrgica
por los difuntos del siguiente tenor: "Te rogamos Dios . . . que seas
misericordioso con él en el juicio, habiéndolo redimido
por tu muerte, líbralo del pecado, y reconcílialo con
el Padre. Se para él el Buen Pastor y llévalo sobre
tus hombros [al redil] Recíbelo en el Reino venidero, y concédele
participar en el gozo eterno de la Sociedad de los santos" (Muratori,
"Lit. Rom. Vet.", I, 751). En los frescos de las catacumbas esta petición
está representada como ya cumplida; el difunto está
en compañía de los santos.
Otro ciclo de pinturas en las catacumbas (menos numeroso) representa
un cordero, o una oveja, con una vasija de ordeñar en la espalda
o suspendido de un cayado de pastor. Un único fresco de este
tipo muestra un pastor ordeñando una oveja, mientras otro muestra
una vasija para ordeñar sobre un altar, entre dos ovejas. Los
frescos de este tipo (de la oveja y la vasija de ordeñar) eran,
hasta hace poco, generalmente interpretados como símbolos de
la Eucaristía, pero Mgr. Wilpert disiente de la opinión
recibida, y relaciona todos estos frescos con alusiones a la leche
como símbolo del gozo celestial. Ambas interpretaciones proceden
de un texto muy conocido de las Actas de las Santas Perpetua y Felicidad.
Mientras estaban en prisión esperando el martirio, Sta. Perpetua
dice contemplar en una visión un inmenso jardín, y en
su centro la figura elevada y venerable de un anciano vestido de pastor,
ordeñando una oveja. "Levantando su cabeza, me miró
y dijo, 'Bienvenida, hija mía.' Y me invitó a acercarme
y me dio de la leche. La recibí con las manos unidas y tomé
de ella. Y todos los que estaban alrededor gritaron 'Amén'.
Y al sonido de la voz desperté, sintiendo una dulzura indescriptible
en mi boca." La coincidencia de ideas entre esta descripción
y los frescos de las catacumbas de la oveja y la vasija de ordeñar
es tan clara que, a primera vista, la interpretación corriente
de esta clase de representaciones parecería ser obviamente
precisa. Wilpert, sin embargo, llama la atención sobre la circunstancia
de que los hechos descritos en la visión de Sta. Perpetua no
tienen lugar en la tierra, sino en el cielo, donde ya no se recibe
la Eucaristía. Por lo tanto propone que los frescos del tipo
vasija de ordeñar son símbolo del gozo que el alma del
difunto posee en el paraíso.
El cordero, u oveja, símbolo, entonces, del primer tipo descrito,
tiene siempre, en todas las pinturas de catacumbas y en sarcófagos
del siglo cuarto, un significado asociado con la condición
del difunto después de muerto. Pero en la nueva era iniciada
por Constantino el Grande, el cordero aparece en el arte de las basílicas
con un significado totalmente nuevo. El esquema general de la decoración
absidal con mosaico en las basílicas que se construyen por
todas partes tras la conversión de Constantino, se asemeja
en lo fundamental a lo descrito por San Paulino como existente en
la Basílica de San Felix de Nola. "La Trinidad resplandece
en su misterio pleno", el santo nos dice: "Cristo es representado
mediante la figura de un cordero; la voz del Padre truena desde el
cielo; y el Espíritu Santo es derramado a través de
la paloma. La Cruz está rodeada por un círculo de luz
como por una corona. La corona de esta corona son los mismos apóstoles,
que son representados por un coro de palomas. La Divina unidad de
la Trinidad es resumida en Cristo. La Trinidad tiene al mismo tiempo
sus propias representaciones; Dios es representado por la voz paternal,
y por el Espíritu; la Cruz y el Cordero significan la Víctima
Santa. El fondo de púrpura y las palmas significan la realeza
y el triunfo. Sobre la roca está de pie aquel que es la Roca
de la Iglesia, de la que fluyen las cuatro fuentes murmurantes, los
Evangelistas, ríos vivos de Cristo" (San Paulino, "Ep. xxxii,
ad Severum", sect. 10, P. L. LXI, 336). El Divino Cordero era normalmente
representado en los mosaicos absidales de pie sobre el monte místico
desde donde fluyen los cuatro arroyos del Paraíso simbolizando
a los Evangelistas; doce ovejas, seis a cada lado, eran además
representadas, viniendo desde las ciudades de Jerusalén y Belén
(indicadas por pequeñas casas en los extremos de la escena)
y marchando hacia el cordero. La zona inferior, no existente en la
actualidad, del famoso mosaico del siglo cuarto de la iglesia de Sta.
Pudenciana de Roma, originalmente representaba el cordero sobre la
montaña y probablemente también las doce ovejas; el
mosaico absidal del siglo sexto de los Sts. Cosme y Damián
existente en Roma, da una buena idea de la manera en que se representaba
este tema.
Según el "Liber Pontificalis", Constantino el Grande regaló
al baptisterio Laterano, que él fundó, una estatua de
oro de un cordero derramando agua que fue emplazada entre dos estatuas
de plata de Cristo y San Juan Bautista; el Bautista estaba representado
portando un rollo inscrito con las palabras: "Ecce Agnus Dei, ecce
qui tollit peccata mundi." Desde el siglo quinto, la cabeza del cordero
empezó a ser rodeada por la aureola. Diversos monumentos también
muestran al cordero con su cabeza coronada por varias formas de Cruz;
un monumento descubierto por de Vogüé en la Siria Central
muestra al cordero con la Cruz sobre sus espaldas.
El siguiente paso en el desarrollo de la idea de asociar la Cruz
con el cordero aparece en un mosaico del siglo sexto de la Basílica
Vaticana que representaba al cordero sobre un trono, a los pies de
una Cruz adornada con gemas. Del costado traspasado de este cordero,
fluía sangre en un cáliz desde donde a su vez se distribuía
en cinco chorros, recordando las cinco llagas de Cristo. Finalmente,
otro monumento del siglo sexto, formando parte en la actualidad del
ciborio de San Marcos, en Venecia, presenta una escena de crucifixión
con los dos ladrones crucificados, mientras que Cristo es representado
como un cordero, permaneciendo erguido sobre la unión de los
maderos. Uno de los más interesantes monumentos mostrando al
Divino Cordero de variadas maneras es el sarcófago de Junius
Bassus (m. 358). En cuatro de los tímpanos entre los nichos
aparece
- Levantando a Lázaro, por medio de un bastón, desde
la tumba;
- siendo bautizado por otro cordero, con una paloma sobrevolando
la escena;
- multiplicando los panes, en dos cestos, mediante el toque con
un bastón;
- unido a otros tres corderos.
Otras dos escenas muestran un cordero recibiendo las Tablas de la
Ley en el Monte Sinaí y golpeando una roca de la que fluye
un chorro de agua. Por tanto en esta serie, el cordero es un símbolo,
no sólo de Cristo, sino también de Moisés, del
Bautista, y de los tres Jóvenes en el horno ardiente. El fresco
del cementerio de Praetextatus, mostrando a Susana como un cordero
entre dos lobos (los ancianos), es otro ejemplo del cordero como símbolo
de un creyente ordinario.
MAURICE M. HASSETT
Transcrito por Michael C. Tinkler
Traducido por Juan I. Cuadrado