[NOTA: Para los procedimientos actuales con respecto al cónclave,
véase Papa Juan Pablo II, 1996, Constitución Apostólica
UNIVERSI DOMINICI GREGIS. También vea las ELECCIONES PAPALES y
ELECCIÓN DE LOS PAPAS.]
(Latín, cum, con, y clavis, llave; un lugar que puede cerrarse
firmemente)
Era el cuarto cerrado o vestíbulo que estaba especialmente preparado
para los Cardenales cuando iban a elegir un Papa; también se ha
llamado así a la asamblea del Cardenales para la ejecución
canónica de este propósito. La forma actual del cónclave
data del fin del siglo XIII. En el artículo ELECCIONES PAPALES
se desarrollan métodos más actuales de ocupar la Sede de
Pedro. En este artículo se considerará: (I) la historia
del método actual de elección Papal; (II) el propio ceremonial.
I. HISTORIA DEL CÓNCLAVE
En 1271 la elección que finalizó con la asignación
de Gregorio X en Viterbo llevaba durando más de dos años
y nueve meses; fue entonces cuando las autoridades locales, cansadas del
retraso, cerraron a los Cardenales dentro de límites estrechos
y así aceleraron la deseada elección (Reinaldo, Anales Eclesiásticos,
Año del Señor de 1271). El nuevo Papa resolvió solucionar
para el futuro retraso tan escandaloso dando una ley del cónclave
que promulgó en quinta sesión del Segundo Concilio de Lyon
en 1274, a pesar de los Cardenales opuestos (Hefele, Historia de los Concilios,
IX, 29). Es la primera ocasión en la que encontramos la palabra
“cónclave” en relación con las elecciones Papales
(para su uso en la literatura inglesa véase el "Diccionario
de Oxford" de Murray, s. v., y para su uso en la época medieval,
véase Du Cange, Glossar. med. et infimæ Latinitatis, s. v.).
Las provisiones de su Constitución "Ubi Periculum" fueron
severas. Cuando un Papa moría, los Cardenales que estaban con él
habían de esperar diez días por sus hermanos Cardenales ausentes.
Entonces, cada uno con un solo sirviente, laico o clérigo, debían
congregarse en el palacio donde el Papa estaba en su muerte, o, si eso fuera
imposible, la ciudad más cercana que no estuviera bajo interdicción,
en la casa del obispo o algún otro lugar conveniente.
Todos habían de reunirse en un cuarto (cónclave), sin separaciones
ni ventanas, y vivir en común. Este cuarto y otra cámara aparte
a la que podrían ir libremente, habían de estar cerradas de tal
manera que nadie pudiera entrar o salir sin ser visto, ni hablar en secreto
con cualquier Cardenal.
Y si alguien de fuera tenía algo para comunicar, debía ser del
asunto de la elección y con el conocimiento de todos los Cardenales presentes.
Ningún Cardenal podía mandar mensaje alguno fuera, verbal o escrito,
bajo pena de excomunión. Habría una ventana a través de
la cual podrían recibir la comida. Si a los tres días los Cardenales
no llegaban a una decisión, durante los próximos cinco días
recibirían sólo un plato a mediodía y en la noche. Si estos
cinco días pasasen sin una elección, sólo recibirían
pan, vino y agua. Durante la elección ellos no podrían recibir
nada de la tesorería Papal, ni encargarse de otros asuntos, a menos que
fuera una necesidad urgente que pusiera en peligro a la Iglesia o a sus posesiones..
Si algún Cardenal rechazaba entrar, o dejaba el enclaustramiento por
otra razón que no fuera la enfermedad, la elección había
de seguir sin él. Pero si recuperaba la salud podría reingresar
en el cónclave y continuar el asunto donde lo encontrara.
Los gobernantes de la ciudad donde se realizara el cónclave debían
velar que se observaran todas las reglas Papales acerca del confinamiento de
los Cardenales. Aquellos que desobedecieran las leyes del cónclave o
manipularan su libertad, además de incurrir en otros castigos, quedaban
ipso facto excomulgados.
La dureza de estas regulaciones despertó oposición en seguida;
todavía las primeras elecciones que se mantuvieron en el cónclave
demostraron que el principio era correcto. El primer cónclave duró
sólo un día y el siguiente siete días.
Lamentablemente, hubo tres Papas en el mismo año en que murió
Gregorio X (1276). El segundo, Adriano V, no vivió el suficiente tiempo
como para incorporar en un acto de autoridad su opinión abiertamente
expresada del cónclave. El Papa Juan XX vivió sólo el tiempo
suficiente para derogar oficialmente la "Ubi Periculum".
Inmediatamente recomenzó la postergación de las elecciones. En
los dieciocho años que median entre la suspensión de la ley del
cónclave en 1276 y su reasunción en 1294 hubo periodos vacantes
de seis a nueve meses; la que precedió a la elección de Celestino
V duró dos años y nueve meses. El único acto notable de
este último Papa fue restaurar las leyes del cónclave como estaban.
Bonifacio VIII corfirmó la acción de su predecesor y ordenó
que la "Ubi Periculum" de Gregorio X fuera incorporada al Derecho
Canónico (c. 3, en VI°, I, 6), dado que en el tiempo todas las elecciones
Papales habín tenido lugar en cónclave. El Papa Gregorio XI en
1378 autorizó a los Cardenales (sólo para esa ocasión)
a proceder a una elección fuera de cónclave, pero ellos no lo
hicieron.
El Concilio de Constanza (1417) modificó las reglas del cónclave
en tal grado que los Cardenales de las tres "obediencias" tomaron
parte en él, así como seis prelados de cada una de las cinco naciones.
Este precedente (que, sin embargo, produjo felizmente la elección del
romano Martín V) es quizás la razón por la que Julio II
(1512), Paulo III (1542), Pío IV (1561), y Pío IX (1870) proveyeron
que en caso de su muerte durante la celebración de un Concilio Ecuménico
la elección del nuevo Papa debía estar en las manos de los Cardenales,
no en los miembros del Concilio. Pío IV, por la Bula "In Eligendis"
(1562) proveyó que la elección podía tener lugar dentro
o fuera del cónclave, pero fue revocada por Gregorio XIII.
Esta libertad de acción se encuentra de nuevo en la legislación
(1798) de Pío VI (Quum nos superiore anno) que deja en poder de los Cardenales
modificar las reglas del cónclave en lo referente al encierro, etc. De
nuevo Pío IX, por la Bula "In hac sublimi" (23 agosto, 1871)
permitió al voto de la mayoría de los Cardenales dispensar el
encierro tradicional. Otros documentos importantes de Pío IX con respecto
al cónclave son sus Constituciones "Licet per Apostolicas Litteras"
(8 septiembre, 1874) y "Consulturi" (10 octubre, 1877), y también
su "Regolamento da osservarsi dal S. Collegio in occasione della vacanza
dell'Apostolica Sede" (10 enero, 1878).
De hecho estas precauciones, tomadas en vista del peligro de interferencia por
gobiernos seculares, han sido hasta ahora innecesarias, y elecciones de los
Papas han tenido lugar como siempre se hizo desde que la ley del cónclave
se convirtió finalmente efectiva.
Muchos Papas han legislado en este asunto, bien para confirmar las acciones
de sus predecesores o para definir (o agregar a) la legislación anterior.
Clemente V decretó que el cónclave debía tener lugar en
la diócesis en la que el Papa muere (Ne Romani, 1310) y también
que todos los Cardenales, aun los excomulgados o en interdicción, con
tal de que ellos no hubieran sido depuestos, debían tener el derecho
de votar. Clemente VI (1351) permitió una mejora ligera en la comodidad
y en la práctica estricta de vida común. En el siglo XVI, Julio
II (1505), por la Bula "Cum tam divino" declaró inválida
cualquier elección simoniaca de un Papa. Siguiendo el ejemplo del Papa
Símaco (499), Paulo IV, por la Bula "Cum Secundum" (1558),
denunció y prohibió todas las cábalas e intrigas durante
la vida de un Papa. La mencionada Constitución de Pío IV, "In
Eligendis" (1562), es una codificación y re-promulgación
de todas las leyes que pertenecen al cónclave desde la época de
Gregorio X. En ella insiste fuertemente en el encierro, que había llegado
a ser observado más bien descuidadamente. Finalmente, la legislación
directriz en el cónclave es de Gregorio XV. En su corto reinado (1621-1623)
publicó dos Bulas, "Æterni Patris" (1621), y "Decet
Romanum Pontificem" (1622), seguidas por un Cæremoniale para la elección
Papal (Bullar. Luxemb., III, 444 sqq.). En estos documentos se describe cada
detalle del cónclave. La legislación subsiguiente o bien ha confirmado
estas medidas (p.e. la "Romani Pontificis" de Urbano VIII (1625)),
o bien reguló el gasto de dinero en las exequias Papales (p.e., el Breve
de Alejandro VIII (1690), o bien ha determinado su orden, (p.e., el "Chirografo"
de Clemente XII (1732). La más reciente legislación de Pío
VI, Pío VII, y Pío IX provee todas las contingencias de interferencia
de poderes seculares. Pío VI (quien designó que fuera en el país
católico del que provinieran la mayoría de los Cardenales) y Pío
IX (quien dejó la materia al juicio del Sacro Colegio) permitieron la
libertad más amplia acerca del lugar del cónclave.
II. CEREMONIAL DEL CÓNCLAVE
Inmediatamente a la muerte de un Papa el Cardenal Camarlengo que, como representante
del Sacro Colegio toma cargo de la casa Papal, verifica por un acto jurídico
la muerte del Pontífice. En presencia de la casa, golpea tres veces la
frente del Papa muerto con un mazo de plata, llamándolo por su nombre
de Bautismo. El Anillo del Pescador y los sellos Papales son destruidos.
Un notario levanta el acta que es la evidencia legal de la muerte del Papa.
Las exequias duran nueve días. Entretanto los Cardenales han sido notificado
de la elección inminente y los residentes en Roma (en la Curia) han de
esperar a sus hermanos ausentes y preparan entretanto las celebraciones por
el Pontífice difunto.
Todos los Cardenales, y sólo ellos, tienen derecho a votar en el Cónclave;
todos ellos deben haber sido nombrados legítimamente, tener uso de razón
y estar presentes personalmente, no por medio de un procurador o una carta.
Este derecho es reconocido aun cuando estén sujetos a censuras eclesiásticas
(por ejemplo, excomunión), o si las ceremonias solemnes de su "creación"
tienen que ser realizadas todavía. Durante los nueve días mencionados,
y hasta la elección de un sucesor, todos los Cardenales aparecen con
roquete descubierto, así como todos tienen doseles encima de sus asientos
en el cónclave, para mostrar que la autoridad suprema está en
las manos del Colegio entero. El Cardenal Camarlengo es ayudado por las cabezas
de los tres órdenes Cardenalicios, conocidos como el "Cápita
Ordinum" (Cardenales-obispos, Cardenales-presbíteros, Cardenales-diáconos).
Hay reuniones frecuentes, o "congregaciones", de estos cuatro Cardenales
para determinar cada detalle tanto de las exequias Papales como de las preparaciones
para el cónclave. Todos los asuntos de importancia se remiten a las congregaciones
generales, que desde 1870 están establecidas en el Vaticano. El Cardenal
Decano (siempre el Obispo de Ostia) preside estas congregaciones en las que
los Cardenales están ordenados por rango y precedencia desde la fecha
de su elevación a la púrpura. Antiguamente también tenían
que mantener el gobierno de los Estados Papales y reprimir los frecuentes desórdenes
durante el interregno. En la primera de estas congregaciones se leen las varias
Constituciones que determinan el cónclave y los Cardenales hacen un juramento
para observarlas. Después, en los días siguientes, son examinados
o nombrados los distintos funcionarios del cónclave, los conclavistas,
confesores, médicos y criados de varios tipos, o son fijados por una
comisión especial. Cada Cardenal tiene derecho a llevar al cónclave
un secretario y un sirviente, siendo normalmente el secretario un eclesiástico.
En caso de enfermedad se puede permitir un tercer conclavista, con permiso de
la congregación general. Todos igualmente juran secreto y no influir
o impedir la elección. Después del cónclave se les otorgan
ciertas distinciones honorarias y emolumentos pecuniarios.
Entretanto el cónclave, anteriormente un cuarto grande, ahora una parte
amplia del Palacio Vaticano que incluye dos o tres pisos, está clausurado,
y el espacio dividido en varios apartamentos, cada uno con tres o cuatro cuartos
pequeños o celdas, en las que hay un crucifijo, una cama, una mesa y
varias sillas. El acceso al cónclave sólo está permitido
a través de una puerta, cerrada con llave por el Mariscal del Cónclave
(anteriormente un miembro de la familia Savelli, y desde 1721 de la familia
Chigi), y cerrada desde dentro por el Cardenal Camarlengo. Hay cuatro aperturas
previstas para introducir la comida y otras necesidades, vigiladas tanto por
dentro como por fuera, en el exterior por la autoridad del mariscal y del mayordomo,
y en el interior por el prelado asignado a este deber por los tres Cardenales
ya arriba mencionados, representante de los tres órdenes Cardenalicios.
Una vez que inicia el cónclave la puerta no se abre de nuevo hasta que
es anunciada la elección, excepto para admitir a un Cardenal que llegue
con retraso. Toda la comunicación con el exterior se prohíbe estrictamente
bajo pena de pérdida de oficio y excomunión ipso facto.. Un Cardenal
puede abandonar el cónclave en caso de enfermedad (certificada bajo juramento
por un médico) y regresar, pero no así un conclavista. Se hace
notar, como dice Wernz, que una elección Papal celebrada fuera de un
cónclave propiamente organizado es canónicamente nula e inválida.
En el interior, los Cardenales viven con sus conclavistas en sus celdas. Anteriormente
todo Cardenal tenía que encargarse de su propia comida, que se le llevaba
preparada uno de sus acompañantes a una de las cuatro aperturas más
cercanas a la celda del prelado. Desde 1878 la cocina es una parte del cónclave.
Aunque todas las comidas se toman en privado, son servidas por un grupo común,
pero se tiene gran cuidado para prevenir cualquier comunicación escrita
por esta medio. Las celdas de los Cardenales se cubren con tela, púrpura
si ellos son de la "creación" del último Papa, verde
si no lo son. Cuando desean no ser molestados, cierran la puerta de su celda,
cuyo artesonado es en forma de una Cruz de San Andrés. El cónclave
se inicia oficialmente en la tarde del décimo día después
del fallecimiento del Papa, a menos que se asigne otro día. Se observan
todas las precauciones para excluir a aquéllos que no tienen ningún
derecho a estar dentro del área confinada, y también la comunicación
innecesaria con el exterior. Hace mucho tiempo que la legislación Papal
prohibió las "capitulaciones" de costumbre, o acuerdos de pre-elección
acerca del nuevo Papa; también se prohíbe a los Cardenales tratar
entre ellos de la sucesión Papal durante la vida del Papa; el Papa puede,
sin embargo, tratar de este asunto con los Cardenales. De manera absoluta las
modificaciones necesarias de la legislación del cónclave, durante
el propio cónclave, sólo son temporales. Todos los auténticos
Cardenales, como ya se ha dicho, pueden entrar en el cónclave, pero aquéllos
sólo quién ha recibido la ordenación diaconal al menos
tienen derecho para votar, a menos que hayan recibido un indulto especial del
último Papa. Los Cardenales que ha sido preconizados, pero no todavía
elevados a la púrpura, tienen, por decisión de S. Pío V
(1571) derecho a estar presentes y a votar.
Incluidos los Cardenales, prelados, y conclavistas, hay quizás unas doscientas
cincuenta personas dentro del confinamiento. El gobierno del cónclave
está en las manos del Cardenal Camarlengo y de los tres Cardenales representantes
que se suceden en orden de antigüedad cada tres días. Aproximadamente
a las siete u ocho de la mañana del undécimo día los Cardenales
se reúnen en la Capilla Paulina y asisten a la Misa del Cardenal Decano.
Antiguamente vestían los ornamentos especiales del cónclave, llamados
la crocea. Reciben Comunión de las manos del Cardenal Decano, y escucha
a una alocución en latín sobre su obligación de elegir
a la persona más digna para la Sede de Pedro. Después de Misa
se retiran por unos momentos, y después se congregan en la Capilla Sixtina,
donde tiene lugar la votación real. Allí se encienden seis velas
en el altar en el que están una patena y un cáliz que se usan
para votar. Sobre el asiento de cada Cardenal hay un baldaquino. El trono Papal
es retirado. Delante de cada asiento hay también un pequeño escritorio.
Cuando están preparados para votar, entran en la Capilla Sextina acompañados
por sus conclavistas, quienes llevan sus portafolios y material de escritura.
El Obispo sacristán recita las plegarias; las papeletas de voto son distribuidas,
y entonces todas las personas quedan excluidas, excepto los Cardenales, uno
de los cuales barra la puerta..
Si bien desde Urbano VI (1378-89) nadie sino un Cardenal ha sido elegido Papa,
no hay ley que reserve este derecho únicamente para los Cardenales. Estrictamente
hablando, cualquier varón cristiano que ha alcanzado el uso de razón
puede ser elegido (pero no, sin embargo, un hereje, un cismático, o un
notorio simoniaco). Desde el 14 enero de 1505 (Julio II y su Bula "Cum
tam divino") una elección simoniaca es canónicamente inválida,
al ser un auténtico e indiscutible acto de herejía (Wernz, "Jus
Decret", II, 658, 662; vea "Hist. Pol. Blätter", 1898, 1900,
y Sägmüller, "Lehrbuch d. Kirchenrechts", 1900, I, 215).
Hay cuatro posibles formas de elección: scrutinium, compromissum, accessus,
cuasi-inspiratio. La forma usual es la de scrutinium (escrutinio), o la papeleta
de voto confidencial, y en ella el candidato elegido requiere dos tercios de
los votos, excluido el propio. Cuando hay un empate, y sólo entonces,
la papeleta de voto del Papa-elegido que, como todas las demás papeletas,
es distinguible por un texto de Escritura escrito fuera de los pliegues, se
abre para asegurarse que él no votó por sí mismo.
Cada Cardenal deposita su voto dentro del Cáliz que está sobre
el Altar, y al mismo tiempo formula el juramento prescrito: "Testor Christum
Dominum qui me judicaturus est me eligere quem secundum Deum judice eligi debere
et quod idem in ascenso praestabo” ("Pongo por testigo a Cristo,
el Señor, quien me ha de juzgar, que estoy eligiendo a quien, según
Dios, creo que debe ser elegido”, etc. (para la forma del juramento véase
Lucius Lector, "Le Cónclave", 615, 618.) La papeleta de voto
dice: "Ego, Cardinalis N., eligo in summum Pontificem R. D. meum D. Card.
N." (Yo, Cardenal N., elijo como Sumo Pontífice Romano al Reverendo
Señor Cardenal N.”).
Para esta elección por papeleta de voto secreto, tres Cardenales (scrutatores)
son elegidos cada ocasión para presidir el funcionamiento de de votación;
otros tres (revisores) para controlar el número de sus colegas, y todavía
otros tres (infirmarii) para recoger las papeletas de voto de los Cardenales
enfermos y ausentes. Si los Cardenales enfermos no pueden asistir a votar, entonces
los tres infirmarii van a sus celdas y traen sus votos en una caja que dan a
los tres Cardenales que presiden, quienes los cuentan y los introducen en el
Cáliz con los demás votos. Entonces, habiendo sido registradas
y contadas todas las papeletas, si el número coincide con el número
de electores, se porta el Cáliz a la mesa y las papeletas de voto, por
el lado en que aparece el nombre de los candidatos, son pasadas una por una
al tercer Cardenal, quien lee los nombres en voz alta. Todos los presentes cuantan
con listas en las que aparecen los nombres de todos los candidatos, y es costumbre
para los Cardenales verificar los votos cuando se van leyendo. Después
los tres Cardenales revisores verifican el resultado, que se proclama como definitivo.
Si tras la primera votación ningún candidato recibe el los dos
tercios de los votos necesarios, se recurre a menudo a la forma de votación
conocida como accessus. En la elección de Pío X (Rev. des Deux
Mondes, 15 marzo, 1904, pág. 275) el Cardenal Decano no permitió
el accessus, aunque es un uso reconocido en los cónclaves, regulado por
Gregorio XI, diseñado principalmente para acelerar elecciones, y normalmente
considera favorables las oportunidades del candidato que tiene la mayor parte
de los votos. En la práctica, consiste en una segunda papeleta de voto.
Todos usan las tarjetas normales de nuevo, con la diferencia de que si el elector
desea que su voto cuente para el primer elegido escribe Accedo nomini; si cambia
su voto presenta el nombre de su última decisión. Entonces las
dos series de papeletas de voto tienen que ser comparadas e identificadas por
el texto en la cara inversa de la papeleta, para prevenir un voto doble para
el mismo candidato por cualquier elector. Cuando no se obtienen los requeridos
dos tercios, las papeletas queman en una estufa cuya chimenea surge a través
de una ventana de la Capilla Sictina. Cuando no hay ninguna elección,
se mezcla paja con las papeletas para mostrar por su humo espeso (sfumata) a
quienes esperan fuera que no ha habido elección. Siempre tienen lugar
dos votaciones, una en la mañana y otra en la tardey duran de dos a tres
horas cada una. Cuando la votación ha terminado, uno de los Cardenales
abre la puerta tras la cual están los conclavistas, y todos se retiran
a sus celdas.
Otras formas de elección, de hecho casi imposibles por la legislación
de Gregorio XV, son la cuasi-inspiración y el compromiso. El rito antiguo
supone que ante una sesión en la que no ha habido ningún acuerdo
entre los Cardenales, uno de ellos se dirige la asamblea y propone el nombre
de un candidato con las palabras Ego eligo (yo elijo, etc.), después
de lo cual todos los Cardenales, como movidos por el Espíritu Santo,
proclaman en voz alta al mismo candidato diciendo Ego eligo, etc. Una elección
por compromiso supone que después de una larga y desesperada serie de
sesiones los Cardenales eligen unánimemente un cierto número de
ellos para hacer una elección. Esta forma no ha sido empleada desde el
siglo XIV.
Cuando un candidato ha obtenido los requeridos dos tercios de los votos en un
escrutinio o papeletas (la opción, desde Adriano VI, en 1522, ha recaido
invariablemente en uno de los presentes, y siempre un Cardenal italiano), el
Cardenal Decano procede a preguntarle si acepta la elección y porqué
nombre desea ser conocido. Desde el tiempo de Juan XII (955-64; Sägmüller
dice que desde Sergio IV, 1009-1012) cada Papa toma un nuevo nombre en recuerdo
del cambio de nombre de San Pedro (véase Knöpfler, "Die Namensänderung
der Päpste" en "Compte rendu du congrés internat. cath.
à Fribourg", 1897, sec. v, 158 sqq.).
Las puertas han sido abiertas previamente por el secretario del cónclave;
los maestros de ceremonias están presentes y toman conocimiento formal
de las respuestas del Papa. Inmediatamente los Maestros de ceremonias bajan
los doseles de todos los asientos de los Cardenales, menos el del Papa electo,
quien se dirige a una estancia aledaña donde es revestido con los ornamentos
Papales (immantatio). Los Cardenales entonces se adelantan y ñe presentan
la primera "obediencia", u homenaje (adoratio). El Papa entonces confirma
o nombra al Cardenal Camarlengo, quien pone en su dedo el Anillo del Pescador.
Tras esto sigue la proclamación al pueblo hecha por el más antiguo
de los Cardenales Diáconos, anteriormente desde el balcón central
de San Pedro, sobre la gran Plaza, pero desde 1870 en la misma Basílica
de San Pedro. El cónclave termina, los albañiles quitan las paredes
temporales, y los Cardenales se retiran a sus propios alojamientos en la ciudad
y esperan la convocatoria para rendir la segunda y tercera adoratio y la solemne
entronización.. Si el Papa no fuera Obispo, debe ser consagrado inmediatamente
y, según la tradición inmemorial, por el Cardinal-obispo de Ostia.
Si ya es obispo, únicamente tiene lugar a solemne bendición o
benedictio. Sin embargo, disfruta de plena jurisdicción desde el momento
de su elección. En el siguiente domingo o Solemnidad tiene lugar la "coronación"
Papal, hecha por el Decano de los Cardenales Diáconos, y a partir de
ese día el Papa fecha los años de su pontificado. El último
acto es la toma formal de posesión (possessio) de la Basílica
Laterana, omitida desde 1870.