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(PIERRE ROGER)
Nació en 1291 en el castillo de Maumont, del departamento de Corrèze,
en Francia. Fue elegido papa el 7 de mayo de 1342 en Avignon, donde también
murió el 6 de diciembre de 1352. A la edad de once años ingresó
al monasterio benedictino de La Chaise-Dieu (Alto Loira) donde hizo su profesión
religiosa. Después de haber dedicado algunos años al estudio en
París, recibió el doctorado y se convirtió en profesor
en esa misma ciudad. A raíz de su presentación al Papa Juan XXII
por el Cardenal Pierre Grouin de Mortemart, rápidamente se elevó
de una dignidad eclesiástica a otra. Primero fue prior de San-Baudilo
en Nimes, luego abad de Fécamp en Normandía; obispo de Arras y
canciller de Francia en 1328; fue promovido al arzobispado de Sens en 1329,
y al de Rouen al año siguiente. En esta última ciudad se llevó
a cabo bajo su dirección, en 1335, un concilio provincial que promulgó
varios decretos disciplinarios. Fue creado cardenal (1338) por Benedicto XII,
a quien sucedió en el pontificado.
Una de las características de su política como cabeza de la Iglesia
universal fue su excesiva dedicación a los intereses de Francia y de
sus parientes. Sus simpatías por Francia impidieron el éxito de
sus esfuerzos por restaurar y mantener la paz entre ese país e Inglaterra,
aunque su mediación condujo a la conclusión de una breve tregua
general (Malestroit, 1343). La mayoría de los 25 cardenales que él
creó fueron franceses, y doce de ellos eran parientes suyos. Le concedió
permiso al Rey de Francia de comulgar bajo las dos especies (1344). Clemente
aceptó la dignidad senatorial que le ofreció, considerándolo
como "Caballero Roger", una delegación romana en la que se
encontraba Petrarca. También les concedió permiso para que el
jubileo se celebrara cada cincuenta años, en vez de cien (Bula "Unigenitus",
1343), pero declinó su invitación de regresar a Roma. La compra
que hizo de la soberanía de Avignon por 80,000 florines a Juana de Nápoles
y Provenza (9 junio, 1348) aseguró una más prolongada estancia
de la residencia papal en el extranjero. Fue por esa época que él
declaró a la misma princesa inocente de complicidad en el asesinato de
su marido. El éxito del Papa en los asuntos romanos quedó de manifiesto
en la confirmación que hizo del efímero pero inevitable gobierno
de Cola di Mienzi (20 mayo a 15 diciembre, 1347). Su posterior condenación
de ese arrogante tribuno fue en gran parte la causa de la caída de éste
último del poder. Poco después de esos acontecimientos, el año
jubilar de 1350 atrajo a la Ciudad Eterna una numerosísima cantidad de
peregrinos. El Papa fracasó en su intento de reforzar el partido de los
Güelfos en Italia, y fue obligado a ceder por doce años la ciudad
de Bolonia al arzobispo de Milán.
Clemente puso todo su interés en la ya larga disputa entre el Emperador
Luis el Bávaro y el papado. Aquél había ofendido los sentimientos
religiosos de muchos de sus súbditos al anular arbitrariamente el matrimonio
de Margarita Maultasch, heredera del Tirol, y Juan Enrique, Príncipe
de Bohemia. El descontento popular se incrementó más aún
cuando el Emperador autorizó a su propio hijo a desposarse con la misma
princesa. Consecuentemente, Luis estaba listo para hacer las mayores concesiones
al Papa. En un escrito de septiembre de 1343, él reconoció su
ilícita asunción al título imperial, declaró su
voluntad de anular todas sus acciones imperiales y de someterse a cualquier
castigo papal, pero al mismo tiempo manifestó su deseo de ser reconocido
como rey de Roma. Clemente le exigió, como condición ulterior,
que no podría decretar ley alguna sin la autorización papal, que
la obligatoriedad de los decretos imperiales de Luis debía quedar en
suspenso hasta que fueran confirmados por la Santa Sede, que debería
deponer a todos los obispos y abades que hubiese nombrado, y renunciar a cualquier
soberanía sobre los estados papales, sobre Sicilia, Sardinia y Córcega.
Luis puso todas las exigencias del Papa a la consideración de los príncipes
alemanes, en un tiempo en que el sentimiento antipapal estaba en efervescencia
en Alemania a causa de la separación del arzobispado de Praga de la provincia
eclesiástica de Mainz (30 Abril, 1344). Los principes las declararon
inaceptables, pero también mencionaron la necesidad de elegir a un nuevo
rey en vez de Luis, cuyo gobierno había sido tan desastroso para el imperio.
El 7 de abril de 1346, el Papa depuso a Enrique de Virneburg, arzobispo de Mainz
y ferviente partidista del emperador reinante, y en su lugar nombró a
Gerlach de Nassau, que sólo tenía 20 años. El 13 de abril
de ese mismo año el Papa promulgó una severa bula en contra del
Emperador, en la que solicitaba a los electores que nombraran un sucesor. Carlos
de Luxemburgo, favorito del Papa y antiguo alumno suyo, fue electo rey de Alemania
(11 de julio, 1346) por su padre, Juan de Bohemia, por Rodolfo de Sajonia, y
los tres electores eclesiásticos. Carlos IV (1346-1378) aceptó
substancialmente las exigencias papales, pero su autoridad no fue reconocida
inmediatamente en toda Alemania. El país estaba al borde de la guerra
civil, cuando Luis el Bávaro murió súbitamente mientras
cazaba jabalíes cerca de Munich (11 octubre 1347). La oposición
de Günther de Schwartzenburg (+ 14 junio, 1349) a Carlos sólo duró
breve tiempo. Abandonados a su suerte, por la muerte de Luis, Guillermo de Occam
y los frailes menores cismáticos hubieron de someterse al Papa. Alrededor
de 1344, Clemente VI concedió la soberanía de las Islas Canarias
al Príncipe de Castilla, Luis de la Cerda, con la condición de
que ningún otro gobernante cristiano hubiera adquirido el derecho a su
posesión. El nuevo soberano, a quien se le otorgó el título
de Príncipe de Fortunia, accedió a introducir el cristianismo
en las islas y a pagar tributo a la Santa Sede. Nunca pudo, empero, tomar posesión
efectiva del territorio, que en ese entonces sólo estaba temporalmente
convertido, aunque se había nombrado a un obispo especial (el carmelita
Bernard) para las islas en 1351. No condujeron a ningún lado los esfuerzos
del Papa por reunir a los griegos y a los armenios con la Iglesia de Roma. Más
que el retorno a la unidad doctrinal, lo que el Oriente deseaba era apoyo contra
los turcos. La cruzada que se lanzó en contra de éstos en 1344
acabó en una tregua estéril.
Siendo Clemente más un príncipe terrenal que un gobernante eclesiástico,
era muy dado a la profusión, al mecenazgo de las artes y las letras,
amante de la música, de la buena mesa y las recepciones ostentosas en
las que las damas eran bienvenidas. Los onerosos gastos requeridos por tanta
pompa pronto agotaron los fondos que Benedicto XII había heredado a su
sucesor. Para poder abrir nuevas fuentes de ingresos, ya que no se contaba con
el ingreso ordinario de los territorios de la Iglesia, hubieron de imponerse
nuevas cargas fiscales y cada vez más nombramientos de obispos, así
como el otorgamiento de beneficios, fueron siendo reservados al Papa. Tan arbitrarios
procedimientos condujeron a la resistencia de varios países. En 1343
fueron expulsados de Inglaterra los colaboradores de dos cardenales que habían
sido enviados por el Papa a ese país para realizar determinadas funciones.
Eduardo III se quejó fuertemente de los impuestos exigidos por la corte
de Avignon, y en 1351 se aprobó el Estatuto de los Representantes, según
el cual el rey se reservaba el derecho de presentación de todos los casos
de nombramientos papales. El recuerdo de este Papa está nublado a causa
de su abierta preferencia por Francia y por el grosero nepotismo de su reinado.
A pesar de todo ello, Clemente VI fue un defensor de los oprimidos y trabajador
en favor de los necesitados. Su valor y caridad se manifestaron claramente en
Avignon (1348-49) durante la Gran Peste, o Muerte Negra. Cuando en muchas partes
el populacho masacraba a los judíos por considerarlos la causa de la
peste, Clemente publicó bulas para protegerlos y les ofreció refugio
en su pequeño territorio. Canonizó a san Ivo de Tréguier,
Bretaña (+ 1303), el abogado de los huérfanos (Junio, 1347), condenó
a los flagelantes y, en 1351 valientemente defendió a los frailes mendicantes
ante las acusaciones de algunos sacerdotes seculares. Se conservan varios sermones
de este Papa tan erudito y elocuente orador. Murió después de
una breve enfermedad, y de acuerdo a su voluntad, fue enterrado en La Chaise-Dieu.
Unos hogonotes profanaron su tumba y quemaron sus restos en 1562.
BALUZE, Vitæ Paparum Avenion. (Paris, 1693), I, 243-
322, 829-925; CHRISTOPHER, Hist. de la papauté pendant le XIVe siècle
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N.A.WEBER
Con mi agradecimiento al P.John Hilkert, Akron, Ohio
Transcrito por Jim W G Kofron
Traducido por Javier Algara Cossío
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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