(También llamado de Miranda, por su ciudad natal)
Arzobispo de Toledo, nació en Miranda de Arga, España en 1503 y
murió en Roma el dos de mayo de 1576. Carranza pertenecióa a una
famiolia noble que tenía sus tierras en Miranda de Arga, en Navarra. Recibió
su primera educación en Alcalá y en 1520 entró en el Convento
de los Dominicos de Banalaque, cerca de Guadalajara. Prosiguió sus estudios
filosóficos y teológicos en Salamanca.
En 1528 recibió el grado de maestro de artes liberales y en 1534 el
de lector de teología, en el colegio de S. Gregorio de Valladolid. Por
esa época se le acusó de mantener ciertas opiniones doctrinales,
pero no paso nada. Su fama como teólogo creció con rapidez y la
Inquisición le nombró censor, encargado de preparar opiniones
y sermones. Su orden le encomendó importantes misiones. Así en
1539 representó a su provincia en el capítulo general de los dominicos
en Roma.
Tras su vuelta, en 1540, el emperador Carlos V le ofreció la sede de
Cuzco en Perú, pero Carranza declinó del nombramiento siguiendo
con sus obligaciones como lector de teología en Valladolid. En 1545,
cuando se inauguró el Concilio de Trento, Carlos V envió a Carranza
y a otro dominico, Domingo de Soto, como teólogos imperiales. En junio
de 1545 ya estaba en Trento. Durante el primer período del concilio (1545-47)
tomó parte muy activa en las discusiones de los teólogos en las
congregaciones, expresó sus opiniones respecto a varios asuntos sometidos
a discusión , como los sacramentos en general, el bautismo, la eucaristía,
el sacrificio de la misa y predicó en el servicio divino del 14 de marzo
ante la asamblea conciliar (Le Plat, "Monum. Trident.", I, 52-62 da
el texto del sermón)
También mostró gran celo en las conferencias sobre la reforma
de la disciplina de la Iglesia. En las discusiones sobre el deber de residencia
de los obispos, Carranza, como todos los españoles, defendía con
calor la opinión de que el deber de residencia era una ley de derecho
divino (iuris divini) y por consiguiente no podía ser delegada en un
vicario. De hecho escribió y publico un tratado
"Controversia de necessarii residentii personali episcoporum et aliorum
inferiorum ecclesiæ pastorum Tridenti explicata" (Venecia, 1547),
que se puede encontrar en Le Plat, "Monum. Trident.", III, 522-584.
Carranza tomó parte en la redacción de los once artículos
propuestos por los españoles sobre el deber episcopal de residencia y
otras cuestiones disciplinarias relacionadas con el oficio de obispos. Cuando
el Concilio se trasladó a Bolonia Carranza se quedó en Trento.
En 1548 Carlos le pidió que acompañara al Príncipe Felipe
a Flandes, como confesor, pero Carranza declinó el honor; en 1549 rehusó
el nombramiento como obispo de la Islas Canarias
Después de su regreso a España en 1549, fue nombrado prior en
Palencia y en 1550 , provincial. Cuando en 1551 Julio III reabrió el
Concilio de Trento Carranza volvió allí para tomar parte en las
deliberaciones. En 1552 se volvió a interrumpir el concilio y Carranza
volvió a España donde , además de sus obligaciones en su
orden, tomó parte en los trabajos de la Inquisición. Como limosnero
del príncipe Felipe estuvo muy en contacto con éste y predicó
con frecuencia ante él y su corte. En 1554 Felipe que se había
casado con la reina Maria de Inglaterra, estaba preparando el viaje a aquel
país. Envió antes a Carranza y otros miembros de órdenes
religiosas españolas para ayudar a la reina que se esforzaba por devolver
el país a la fe católica. Permaneció en Inglaterra hasta
1557; se dedicó, en conexión con el Cardenal Pole, como visitante
y predicador. Trató de impedir la venta de libros protestantes, predicó
frecuentemente contra las falsas doctrinas e inspeccionó la universidad
de Oxford de la que resultaron expulsados algunos profesores, por los esfuerzos
de Carranza. Cuando Carlos V abdicó y le sucedió su hijo Felipe,
Carranza volvió en 1557 a Flandes, donde el nuevo rey tenía entonces
su residencia principal. También allí se ocupó de impedir
la introducción y la extensión de los escritos protestantes y
mantener la fe católica.
El 31 de mayo de 1557 quedó vacante la sede de Toledo por la muerte
del Cardenal Arzobispo Silíceo y el rey decidió que le sucediera
Carranza quien intentó que el rey eligiera a otro candidato. Pero Felipe
persistió y Carranza tuvo que ceder siendo preconizado por Paulo IV el
16 de diciembre de 1557 como arzobispo de Toledo y , consecuentemente, primado
de España.
Recibió la consagración episcopal en Bruselas en 1556, de manos
del cardenal Granvella, entonces obispo de Arras. Equipado con importantes instrucciones
políticas, el nuevo arzobispo salió de Frandes y en junio llegó
a la corte de Valladolid. Poco después se acercó a Yuste para
visitar a Carlos V que estaba moribundo y permaneció con él hasta
su muerte.
Por entonces apareció un informe según el cual Carranza había
desviado al emperador hacia posturas heréticas por lo que había
muerto fuera de la fe católica. El rumor era una pura invención
pero dio alas al proceso iniciado por la Inquisición tiempo atrás.
Carranza sólo pudo dedicarse a su diócesis durante un año,
especialmente atento al cuidado de los pobres.
En 1558 apareció en Amberes su comentario sobre el catecismo cristiano
(Commentarios del revmo. Señ. Fray Bartolomé Carranza de Miranda
sobre el catechismo cristiano). Se encontraron en el libro un número
de opiniones sospechosas de herejía, y Valdés, el gran inquisidor,
actuó contra él.
Se presentaron como evidencias contra él no sólo el catecismo
sino otros manuscritos, expresiones que había empleado en sus sermones,
cartas encontradas en su posesión , incluída una del hereje Juan
de Valdés. Melchor Cano, el famoso teólogo, y Domingo de Soto,
ambos miembros de la misma orden que el arzobispo, sacaron del comentario numerosas
proposiciones que fueron sometidas a censura eclesiástica. Una Carta
de Paulo IV , fechada el 7 de enero de 1559, concedió al gran inquisidor
de España el poder de investigar durante dos años la conducta
de los obispos españoles; esta medida estaba pensada para contrarrestar
la amenaza de expansión de la doctrina protestante. Así pues,
y con la autorización de Felipe II ( 26 junio 1558), el gran inquisidor
hizo arrestar a Carranza en Torrelaguna el 22 de agosto de 1558 y lo llevó
preso a Valladolid. Paulo IV preguntó varias veces a Felipe II sobre
este asunto. Los miembros del Concilio de Trento urgieron al papa en varias
ocasiones, durante los años 1562 y 1563, para que trajera el caso del
arzobispo de Toledo ante el tribunal del concilio. La Congregación del
Índice también manifestó en el concilio una opinión
favorable a Carranza en lo referente a su comentario al catecismo .
Pero el proceso español siguió su tedioso curso. En 1564, una
vez que la Inquisición había cerrado su investigación,
el rey manifestó a Paulo IV su deseo de que el asunto fuera decidido
por jueces españoles nombrados por el Papa. El Pontífice estuvo
de acuerdo y el 13 de julio de 1656 nombró a cuatro jueces para que le
juzgaran en España: el cardenal Hugo Buoncompagni, Hipólito Aldobrandini,
Fel. Peretti OSF y J.B Castagnani arzobispo de Rosano. Todos ellos llegaron
con el tiempo a ser papas. Sin embargo tras su llegada a España en noviembre
de 1565 no se les permitió proceder con independencia de los oficiales
de la Inquisición y por consiguiente el proceso no llegó a producir
sentencia. Por fin en 1567, debido a una orden perentoria de Pio V , el proceso
se llevó ante la curia, los documentos oficiales enviados a Roma y Carranza,
que había permanecido ocho años en prisión, llegó
por fin a Roma el 28de mayo de 1567. Se le asignaron las habitaciones papales
del castillo de Sant´Angelo como residencia durante el juicio. Una vez
más el caso se prolongó ante la Curia más de nueve años.
No se llegó a una decisión hasta el 14 de abril de 1576, ya bajo
Gregorio XIII. Carranza no fue encontrado culpable de herejía pero se
recomendó que abjurase de dieciseis proposiciones luteranas, de las que
se había hecho sospechoso, y se le prohibió entrar a gobernar
su diócesis durante otros cinco años más durante los cuales
se le ordenó vivir en el monasterio que orden tenía cerca de la
iglesia de Santa María sopra Minerva donde debía realizar ciertos
ejercicios religiosos como penitencia.
Carranza murió ese mismo año y fue enterrado en el coro de la
iglesia mencionada. Antes, el 23 de abril, visitó las 7 grandes iglesias
y celebró misa, al dia siguiente, en la basílica Laterana. Antes
de recibir los últimos sacramentos declaró que había sido
siempre fiel a la fe católica, que nunca había sostenido voluntariamente
posiciones condenadas como heréticas y que se sometía completamente
al juicio que pronunciara sobre él. Había parmanecido en prisión
casi 17 años con paciencia y resignación y todos le veneraban
en Roma. Gregorio XIII autorizó que se colocara sobre su tumba un monumento
con una inscripción en su honor.
El triste destino de Carranza fue en gran parte causado por el intenso deseo
de mantener fuera de España todas las influencias protestantes. No se
puede negar, por otra parte, que expresiones que usaba y proposiciones que manifestaba
ocasionalmente pudieron sugerir que tenía opiniones horéticas.
Más tarde la Congregación del Indice también condenó
su comentario. Esta obra trata las doctrinas de la fe y moral cristianas en
cuatro capítulos: fe, mandamientos, sacramentos y buenas obras. Además
del comentario, Carranza publicó una "Summa Conciliorum et Pontificum
a Petro usque Paulum III" (Venecia, 1546), reeditada con frecuencia y ampliada
por editores posteriores. La "Summa" tenía como prefacio cuatro
disertaciones: "Controversiæ quattuor, (1) Quanta sit auctoritas
traditionum in ecclesiâ; (2) Quanta Sacræ Scripturæ; (3) Quanta
Romani Pontificis et Sedis apostolicæ; (4) Quanta Conciliorum"; y
además el controvertido tratado sobre la residencia de los obispos que
se ha mencionado arriba y una "Instrucción para oir Misa ".
En 1555 se publicó una edición en Amberes.
NAVARRETE, Coleccion de documentos inéditos para la historia
de España (Madrid, 1844), V; GACHARD, Retraite et mort de Charles-Quint
au monastére de Yuste (Bruselas, 1854-55f), II; Concilium Tridentianum,
ed. Societas Gœrresiana, I; DIARIA, ed. MERKLE (Freiburg im Br., 1901);
QUÉTIF AND ECHARD, Scriptores ord. Prædicatorum (Paris, 1721),
II; TOURON, Histoire des hommes illustres de l'ordre de S. Dominique (Paris,
1747), IV; LLORENTE, Histoire critique de l'inquisition d'Espagne (Paris, 1818),
III; RODRIGO, Historia verdadera de la Inquisicion (Madrid, 1877), III; SCHÄFER,
Geschichte des spanischen Protestantismus (Gütersloh, 1902), I and III;
REUSCH, Der Index der verbotenen Bücher (Bonn, 1883 sqq.), III; LAUGWITZ,
Barth. Carranza, Erzbischof von Toledo (Kempton, 1870); CABALLERO, Vida de Melchior
Cano (Madrid, 1871); EHRLE in Der Katholik (1885, I, 86, sqq.).
P. KIRSCH
Transcrito por WGKofron
Con agradecimiento a Fr. John Hilkert, Akron, Ohio
Traducido por Pedro Royo