(O CNUT EL GRANDE, EL PODEROSO)
Rey de los Ingleses, Daneses y Noruegos, nacido alrededor de 994; fallecido
en Shaftesbury, el 12 de noviembre de 1034. Fue el hijo de Sweyn, Rey
de Dinamarca, y Sigrid, viuda de Eric de Suecia.
Aunque bautizado cuando niño, no hay evidencia de Cristianismo
en su vida hasta después de que ascendió al trono Inglés.
Acompañó a su padre en la invasión a Inglaterra,
y después del rechazo en Londres y de la muerte repentina de Sweyn
cerca de Bury (3 de febrero de 1014), fue declarado Rey de Inglaterra
por la flota danesa. El consejero, sin embargo, llamó a Æthelred,
su “señor de nacimiento”, que había huido al
aproximarse Sweyn, y Canuto, incapaz de resistirse al monarca restaurado,
navegó hacia el norte. En Sandwich, después de cortarles
las narices, orejas y manos a los rehenes tomados por su padre, los desembarcó-
un espantoso augurio de un aún más terrible regreso. Volvió
a Dinamarca, Canuto se proclamó a sí mismo rey y comenzó
a reunir una flota poderosa. Inglaterra, en lugar de estar preparada para
su regreso, estaba dividida por disensiones internas, y cuando Canuto
apareció en las afueras de las costas con una flota, dijo tener
contadas doscientas velas, cada buque con ochenta hombres, Eadrie desertó
de Edmundo Ironside y se unió al estandarte danés. A la
muerte de Æthelred, Edmundo fue hecho rey por el pueblo de Londres,
y, con todo Wessex en sumisión, Canuto puso sitio a la ciudad.
Este fue el comienzo de una serie de sangrientos conflictos, interrumpidos
solamente por el pillaje de los alrededores de la ciudad, y que culminó
en Assandun donde, después de una batalla que fue peleada todo
el día y en la noche, los ingleses fueron conducidos, y “toda
la nobleza de la raza Inglesa fue allí destruida” (Anglo-Saxon
Chron., ed. Giles, Londres, 1847, p. 409). Edmundo era todavía
formidable. Canuto lo siguió hasta Gloucestershire y puso los términos
de la paz en la isla de Olney. Mercia y Northumbia eran la porción
de Canuto y un impuesto conocido como “danegeld”(pago al danés)
gravó a ambos ejércitos para costear los gastos de la flota
danesa. Edmundo murió un mes después tras un heroico reinado
de siete meses; Eadric fue asesinado por orden del rey; Edwig, el hermano
de Edmundo fue sacado del medio de forma similar; y en Julio de 1017,
Canuto se casó con Ælfgifu, o Emma, la viuda de Edmundo,
una extraña unión a la que algunos escritores atribuyen
motivos políticos. Canuto ya tenía dos hijos, Harold y Sweyn,
de otra esposa, pero el derecho a sucesión iba a ser de la prole
de la nueva unión.
Así a la edad de veintitrés, por derecho del poder, Canuto
se erigió amo del reino, y si fue recibido unánimemente
por la gente, fue porque nadie se atrevía a oponérsele.
De allí en adelante, sin embargo, su único deseo pareció
ser limpiar de la memoria el derramamiento de sangre y el horror con el
cual había obtenido su reino. Las huestes danesas, una fructífera
fuente de animosidad, fue desconcentrada después de que se recaudó
un tributo danegeld de £72.000, Londres solamente contribuyó
con £15.000. Canuto retuvo las tropas de cuarenta buques como su
cuerpo de guardia, conocidas como los huscarls o thingmanna. “La
ley de Eadgar”, la vieja constitución del reino, fue revivida
y Dane y los ingleses se mantuvieron en un calmo equilibrio. La Iglesia
había sufrido duramente a manos de Canuto pero él buscó
su amistad y construyó una iglesia en Assandun para conmemorar
la victoria, reconstruyó la iglesia de San Edmundo en Bury y estableció
allí a los monjes, y fue un benefactor en muchos otros lugares,
contribuyendo hasta a la construcción de la catedral de Chartres.
En sus visitas a Dinamarca llevó con él a varios misioneros,
entre los cuales estaban Ranier, Bernhard y Gerbrand, Obispos de Fionia,
Sconen y Zaeland. En 1026 Canuto peregrinó a Roma, marcando su
ruta con sus caridades. Relata en una carta, su alegría al visitar
las tumbas de los Apóstoles; su encuentro con el Papa Juan y el
Emperador Conrad; su súplica por la seguridad de los viajeros ingleses
y daneses hacia Roma; la promesa del papa de aligerar el impuesto para
el pallium; y agrega su propio voto de reinar justamente y se arrepiente
de los malos actos de su juventud.
El más grande regalo que le hizo Canuto a su pueblo fue la paz,
dice Green. Dieciocho años no interrumpidos por conflictos internos
llevaron a cimentar la tranquilidad nacional. El reino fue dividido en
cuatro condados y poco a poco los nombres daneses desaparecieron y fueron
reemplazados por los ingleses (Freeman, Norman Conquest, I, 289). El pueblo
está para “amar y venerar un Dios y para amar al Rey Cnut
con recta verdad”. La ferocidad que mutilara a los rehenes no estaba
apagada, ya que el rey mató a uno de sus huscarles con sus propias
manos. Pero pronunció una pesada sentencia sobre su acto y, en
otra ocasión, se dice que reprendió a sus aduladores poniendo
a su corona sobre el crucifijo de la catedral de Winchester. Desde ese
momento su cetro es seguro, un sincero celo por el bienestar de su pueblo
brilla en su vida. El yugo es aligerado y sus beneficios ampliamente derramados.
Es el patrono de los poetas y amante de los juglares, y luego de escuchar
a los monjes de Ely cantar en la Misa de las Candelas, prorrumpe en el
famoso canto:
Merie sungen ðe muneches binnen Ely,
Ða Cnut Ching reu ðer by;
Roweð, Cnihtes, noer ðe land,
And here we þes muneches sæng.
(Alegremente cantaban los monjes de Ely
cuando el Rey Cnut pasó remando.
Rema, botero, cerca de tierra,
y escuchemos a esos monjes cantar.)
Intrigante, ambicioso y violento, Canuto sin embargo expió por su temprana
crueldad con un cristianismo que no fue poco valioso. Llegó como un invasor
y destructor sin reglas, y mediante un cambio de temperamento tan remarcable
como largos fueron los alcances en sus efectos, permaneció para reinar,
en justicia y paz, a un pueblo cuyo partido él adoptó completamente.
Fue enterrado en el viejo monasterio de Winchester.
E.F. SAXTON
Transcripto por Gerald M. Knight
Traducido por Luis Alberto Alvarez Bianchi