Por Brahmanismo se quiere significar la compleja religión y sistema
social que creció del culto, de naturaleza politeísta, de
los antiguos conquistadores Arios del norte de la India, y que, con la
expansión de su dominación, se extendió sobre todo
el país, manteniéndose, no sin profundas modificaciones,
hasta la actualidad. En sus intrincadas fases modernas es generalmente
conocido como Hinduismo.
I. TEXTOS BRAHMANICOS
Nuestro conocimiento del Brahmanismo en sus primeras etapas se deriva de sus
primitivos libros sagrados, originalmente composiciones orales, pertenecientes
al período entre 1500-400 A.C.
Ante todo, están los cuatro Vedas (veda significa sabiduría) que
datan del 1500 al 800 A.C., y que consisten:
1.- de una colección de antiguos himnos (riks), el llamado Rig Veda,
en alabanza a muchos dioses;
2.- del Sama –veda, compilado de partes del Rig Veda (como una canción-ceremonial
para el sacrificio de soma);
3.- del Yajur-Veda, una liturgia compuesta parcialmente por antiguos himnos
y en parte por otras oraciones y bendiciones para ser usadas en las diversas
formas de sacrificio; y
4.- del Atharva-Veda, una colección de exorcismos populares y encantamientos
mágicos en su mayor parte heredados de los primitivos días Arios.
Siguiendo el orden están las Brahmanas (alrededor de 1000-600 A.C.).
Son una serie de explicaciones verborrágicas y misceláneas de
los textos, ritos y costumbres que se encuentran en los cuatro Vedas, compuesto
expresamente para el uso de los Brahmanes, o sacerdotes. Estas se hallan seguidas
(800-500 A.C.) por las así llamadas Upanishads, que se refieren principalmente
a especulaciones panteístas sobre la naturaleza de la deidad y el fin
del hombre; y finalmente los Sutras (600-400 A.C.), que son guías compendiadas
para la adecuada observación de los ritos y costumbres. Las más
importantes son las Grhya-Sutras, o las guías del hogar, que tratan sobre
los ritos domésticos, y las Dharma-Sutras, o guías de la ley,
que eran manuales de costumbres religiosas y sociales. Habiendo sido pensadas
tanto para los laicos como para los sacerdotes, reflejan el lado popular, práctico
del Brahmanismo, mientras que las Brahmanas y Upanishads nos muestran su aspecto
especulativo, religioso o sacerdotal. Muy vinculado con las guías legales
se encuentra el justamente afamado tratado métrico, Manava-Dharma-Sastra,
conocido en castellano como las Leyes de Manu. Las mismas son probablemente
de siglo quinto A.C.. Estas, junto con dos épicas sagradas posteriores,
El “Ramayana”, y el “Mahabharata”, comprenden los más
importante en literatura Brahmánica sagrada.
II. BRAHMANISMO O VEDISMO TEMPRANO
La religión del período Védico propiamente dicho era comparativamente
simple. Consistía en la adoración de muchas deidades, grandes
y pequeñas, la personificación de las fuerzas de la naturaleza.
Eran las principales entre ellas:
· Varuna, el cielo que todo lo comprende, hacedor y señor de
todas las cosas y sostén de la ley moral.
· El dios sol, variadamente conocido como
o Surva, el enemigo de la oscuridad y el que trae bendiciones;
o Pushan, el que fertiliza
o Mitra, el omnisciente amigo de lo bueno, el vengador de la deshonestidad;
o Savitar, el iluminador, el que despierta al hombre para su actividad cotidiana,
y
o Vishnu, de quien se dice ha medido la tierra de tres trancos y ha proporcionado
las ricas pasturas a los mortales;
· El dios del aire, Indra, quien como Marte es también el poderoso
dios de la guerra, quien liberó de las nubes a la serpiente Ahi (o Vritra),
la estimulante lluvia;
· Rudra, posteriormente conocida como Siva, la bendita, la diosa de la
tronante tormenta destructiva, y objeto de temor para los malvados, pero amiga
de los buenos;
· Agni, el dios del fuego, amigo y benefactor del hombre, morando en
sus corazones y llevando a los dioses sus plegarias y ofrendas en sacrificio;
· Soma, el dios de aquella misteriosa planta cuyo embriagante jugo era
tan querido de los dioses y de los hombres, protegiéndolo de la enfermedad,
confiriendo fortaleza y asegurando la inmortalidad.
En este período temprano no había templos. Las ofrendas a los
dioses se hacían sobre pequeños montículos de tierra o
piedras, a menudo la hacía la cabeza de la familia, pero en los sacrificios
más importantes y complicados lo hacía el sacerdote, o el Brahmán,
junto al jefe de familia. El objetivo de todos los sacrificios era proporcionar
un fortalecedor alimento a los dioses y asegurarse a cambio sus bendiciones.
Las víctimas humanas, aunque raras, no eran del todo desconocidas, pero
las víctimas animales eran de uso diario en este período. El primero
en importancia era el caballo, luego el buey o la vaca, la oveja y la cabra.
También eran muy comunes las ofrendas de manteca disuelta, arroz, trigo
y otros tipos de granos. Pero más preciado para los dioses que todos
esto obsequios, y rivalizando con el solemne sacrificio de un caballo, era la
ofrenda del embriagante jugo de la planta de Soma, el así llamado sacrificio
del Soma. Los himnos de alabanza y peticiones, principalmente por las buenas
cosas de la vida, niños, salud, riqueza y suceso en los emprendimientos,
acompañaban estas ofrendas sacramentales. Pero las necesidades superiores
del alma no eran olvidadas. En los himnos de Varuna, Mitra, y los otros dioses
hay notables textos que expresan un sentido de culpa y piden el perdón.
En los tiempos en que las antiguas escrituras Hebreas guardaban silencio sobre
las recompensas y castigos que esperan al hombre en la vida futura, encontramos
los antiguos himnos dando una repetida expresión de sus creencias en
un cielo de eterna felicidad para el justo, y un abismo de oscuridad para el
malvado.
Era también un elemento prominente en su religión la devoción
a los Pitris (Padres), o familiares muertos. Aunque los Pitris arribaban a la
morada celestial de la felicidad, esta felicidad no era totalmente independiente
de los actos de devoción mostrados por los vivientes. Podía ser
grandemente incrementada mediante ofrendas de Soma, arroz y agua, ya que al
igual que los dioses se suponía que ellos tenían cuerpos de textura
etérea, y que disfrutaban la esencia sutil de la comida. Por tanto, los
descendientes supervivientes sentían como un sagrado deber hacer ofrendas
festivas, llamadas Sraddhas, en momentos establecidos para sus fallecidos Pitris.
A cambio de estos actos de piedad filial, los agradecido Pitris los protegían
de los daños y promovían su bienestar. También rendían
culto a formas inferiores de la naturaleza, La vaca era reverenciada. Se rendía
culto a los árboles y a las serpientes. Abundaban fórmulas para
curar las enfermedades, ahuyentar los demonios y prevenir los malos augurios.
La Hechicería era muy temida (era común recurrir a las pruebas
para la detección de la culpa).
III. BRAHMANISMO POPULAR
En el período que presenció la producción de los Brahmanas
y los Upanishads, la religión Védica experimentó un doble
cambio. En el aspecto práctico hubo un exhuberante crecimiento de los
ritos religiosos y de las restricciones y obligaciones sociales, mientras que
en el aspecto teórico, la creencia védica en la eficacia de las
deidades personales fue subordinada a un esquema panteísta de salvación.
Por tanto la religión temprana se desarrolló por un lado en un
Brahmanismo popular, exotérico, y por otro, en un Brahmanismo sacerdotal,
esotérico. El primero se refleja en las Brahmanas y las Sutras; el segundo
en las Upanishads.
La transformación hacia un Brahmanismo popular se debió en gran
medida a la influencia de los Brahmanes, o sacerdotes. Debido a su excesiva
afección a las palabras y formas simbólicas, los detalles del
ritual se tornaron más y más intrincados, algunos de ellos asumiendo
un carácter tan elaborado como para requerir el servicio de dieciséis
sacerdote. El sacrificio participaba de la naturaleza del rito sacramental,
la debida performance de la cual aseguraba la producción del fin deseado,
y por tanto se convirtió en el centro más importante alrededor
del cual giraban los mundos visible e invisible. Por tanto, ameritaban tarifas
liberales a los sacerdotes oficiantes. Sin embargo no era un mero rito superficial,
ya que si se llevaba a cabo por sacerdotes indignos se consideraba tanto inútil
como sacrílego. Para mantener esta complicada liturgia estaba la multitud
de plegarias y ritos que entraban en la vida diaria tanto de sacerdotes como
de laicos. El recitado diario de partes de los Vedas, ahora venerado como revelación
divina, era de primera importancia, especialmente para los Brahmanes. Era un
deber sagrado para todo individuo recitar, a la mañana y al atardecer,
el Savitri, una pequeña plegaria en honor del vivificante sol. Una escrupulosa
observación de la pureza ceremonial, que superaba aún a la de
los Fariseos Judíos, hizo aumentar una interminable sucesión de
ritos purificatorios, tales como baños, rociados con agua, untado con
cenizas o estiércol de vaca, sorbos de agua, supresión de la respiración,
todas de carácter sacramental y eficaces para la remisión del
pecado. Hay razones para creer que la conciencia de la culpa por el pecado cometido
era aguda y vívida, y que en el desarrollo de estos ritos, tan susceptibles
al abuso, era ampliamente cultivada una disposición penitencial del alma.
En el Brahmanismo popular de este período, la idea de retribución
por el pecado fue hecha para adoptar las consecuencias más rigurosas
y de más largo alcance, de las cuales, excepto por la oportuna penitencia,
no había escapatoria. Del mismo modo que toda buena acción contaba
con la certeza de una futura recompensa, toda mala acción estaba destinada
a portar sus frutos de miseria futura. Esta era la doctrina del karma (acción)
con la cual estaba cercanamente conectada la nueva idea de la reencarnación.
Mientras que la duradera felicidad del cielo era sostenida para el justo, diferentes
destinos para después de la muerte estaban reservados para los malvados,
variando, de acuerdo con la naturaleza y cantidad de culpa, entre largos períodos
de tortura en un serie graduada de infiernos, y una más o menos extensiva
serie de reencarnaciones en la forma de plantas, animales y hombres. De acuerdo
con el grado con el cual el culpable era condenado, tenía que pasar mediante
una lenta transición a través del resto de una escala ascendente
hasta que obtuviera su reencarnación como un hombre de un estado honorable.
Esta doctrina dio origen a reglas restrictivas de la conducta que lindaban
con lo absurdo. No podían ser matados insectos, aún los repulsivos
y nocivos; no podía beberse agua antes de ser colada, para que la más
diminuta forma de vida no fuera destruida; la carpintería, cestería,
trabajo del cuero, y otras ocupaciones similares fueron consideradas deshonrosas,
porque no podían ser llevadas a cabo sin una cierta pérdida de
vida animal o vegetal. Algunos fanáticos fueron tan lejos como para cuestionar
el inofensivo cultivo de la tierra debido al inevitable daño que se le
hacía a las lombrices e insectos. Pero por otra parte, era remarcablemente
elevada la enseñanza ética de los Brahmanes en la legítima
esfera de la conducta correcta. Eran fuertemente inculcadas la veracidad, la
obediencia a padres y superiores, la templanza, la castidad y la caridad. Aunque
permitía, como otras religiones de la antigüedad, la poligamia y
el divorcio, prohibía fuertemente el adulterio y todas las conductas
contrarias a la castidad. También reprobaba el suicidio, el aborto, el
perjurio, la calumnia, la embriaguez, el juego, la usura opresiva y la crueldad
despiadada para con los animales. Su intento, similar al Cristiano, de suavizar
los aspectos duros de la naturaleza humana, puede observarse en sus muchas lecciones
de moderación, caridad hacia el enfermo, el débil y el anciano,
y su insistencia en el deber de perdonar injurias y devolver bien por mal. Este
alto standard de recta conducta no se aplicaba simplemente a los actos externos.
Encuentran frecuente expresión en la enseñanza Brahmánica
la triple división de buenos y malos actos en pensamiento, palabra y
acción.
Íntimamente ligada a las enseñanzas religiosas del Brahmanismo
se encontraba la división de la sociedad en castas rígidamente
definidas. En el antiguo período Védico, había habido distinciones
de clases de acuerdo con las cuales la clase guerrera (Kshatriyas, o Rajanas)
se hallaban primeros en dignidad e importancia, seguía la clase sacerdotal
(Brahmanes), luego la clase de los granjeros (Vaisyas), y al final de todos,
la clase servil de los nativos conquistados (Sudras). Con el desarrollo del
Brahmanismo, estas cuatro divisiones de la sociedad se volvieron estereotipadas
en castas exclusivas, siendo la dignidad superior usurpada por los Brahmanes.
Como maestros de los sagrados Vedas, y como sacerdotes de todos los importantes
sacrificios, profesaban ser los propios representantes de los dioses y la nobleza
de la raza humana. Ningún honor era demasiado grande para ellos, y ponerles
una mano encima era un sacrilegio. Una de sus fuentes principales de poder e
influencia residía en su privilegio exclusivo de enseñar a la
juventud de las tres castas superiores, la educación, entonces consistente
en gran parte en la adquisición de la tradición Védica,
que sólo los sacerdotes podían enseñar. Por lo tanto solamente
las tres castas superiores tenían el derecho de conocer los Vedas y de
tomar parte de los sacrificios, y el Brahmanismo, lejos de ser una religión
abierta a todos, era exclusivamente un privilegio de nacimiento, y de la cual
la despreciada casta de los Sudras estaba excluida.
El rito de iniciación al Brahmanismo era conferido a los niños
varones únicamente, cuando comenzaban sus estudios bajo un maestro Brahmán,
lo que tenía lugar generalmente en el octavo año de los Brahmanes,
y en el undécimo o duodécimo año de los Kshatriya y los
Vaisya respectivamente. Consistía en la investidura del cordón
sagrado, una cuerda de tela de algodón blanco atada en las puntas, y
usada como la estola del diácono, suspendida en el hombro izquierdo.
La investidura era un tipo de sacramento en virtud del cual el joven era liberado
de la culpa contraída de sus padres y se convertía en Dvi-ja,
nacido por segunda vez, con el derecho a aprender los sagrados textos Védicos
y a tomar parte en los sacrificios. El período de estudiante no era largo
para los miembros de las castas de los guerreros y campesinos, pero para el
joven Brahmán, quien tenía que aprender todos los Vedas de memoria,
le insumía nueve años o más. Durante este período,
el estudiante se hallaba sujeto a una severa disciplina moral. Tenía
que levantarse antes que el sol, y no se le permitía recostarse hasta
después del anochecer. Se le negaban comidas ricas y delicadas, y debía
mendigar lo que comía en sus dos comidas diarias. Se esperaba que observara
la más estricta castidad. Era obligado a evitar la música, el
baile, el juego, la falsedad, la falta de respeto a los superiores y los ancianos,
la codicia, la ira y el daño a los animales.
Se sostenía como un deber religioso el matrimonio para el renacido.
Comenzaba generalmente temprano en su vida, no mucho después de que completara
su tiempo de estudio. Como el rito de iniciación, era una solemne ceremonia
sacramental. Era una ley imperativa para la novia y el novio que fueran de la
misma casta en el matrimonio principal ya que, como era tolerada la poligamia,
un hombre podía tomar una o más esposas secundarias de castas
inferiores. Por ciertas razones graves, el jefe de familia podía repudiar
a su esposa y casarse con otra, pero la mujer no tenía por su parte el
correspondiente derecho al divorcio. Si su marido moría, se esperaba
de ella permanecer por el resto de su vida en casta viudez, si esperaba ser
honrada sobre la tierra, y feliz con el en el cielo. La posterior práctica
Hindú conocida como Suttee, en la cual la enlutada esposa se arrojaba
a sí misma sobre la pira funeraria de su esposo, parece haber sido desconocida
en este período. Toda la sabiduría de los textos Védicos
le era negada a las mujeres, pero ella tenía el derecho de participar
con su marido en los sacrificios realizados para él por algún
sacerdote oficiante. Un importante sacrificio permanecía en sus propias
manos: la matinal y vespertina ofrenda de leche caliente, manteca y grano al
fuego en el hogar, el que era consagrado a Agni, y era mantenido siempre ardiendo.
En el Brahmanismo de este período se impuso una fuerte tendencia al
ascetismo. Encontró su expresión en los ayunos precedentes a los
grandes sacrificios, en las penitencias prescriptas para varios tipos de pecado,
en la austera vida impuesta a los estudiantes, en la abstinencia conyugal que
debía ser observada durante los tres primeros días siguientes
al matrimonio y en ciertos días específicos del mes, pero, sobre
todo, en la rigurosa vida de retiro y privaciones a la cual no pocos dedicaban
sus años de declinación. Un siempre creciente número de
dueños de casa, principalmente Brahmanes, cuando sus hijos habían
crecido al estado de hombres, abandonaban sus hogares y pasaban el resto de
sus vidas como ascetas, viviendo fuera de las villas en toscas chozas, o bajo
el abrigo de los árboles, comiendo solamente las más simples clases
de comida, la que obtenían mendigando, y sometiéndose a mortificaciones
y ayunos extraordinarios. Eran conocidos como Sannyasis, o Yogis, y su severidad
de vida no era tanto una vida penitencial por pasadas ofensas sino un medio
de adquirir abundantes méritos religiosos y poderes sobrehumanos. Acoplado
a estas mortificaciones se hallaba la práctica del Yoga (unión).
Ellos se podían sentar inmóviles, con las piernas cruzadas, y,
fijando intencionalmente su mirada sobre un objeto frente a ellos, podían
concentrar sus pensamientos sobre alguna cuestión abstracta hasta que
caían en trance. En este estado fantaseaban que estaban unidos con la
deidad, y el fruto de estas contemplaciones fue la visión panteísta
de la religión que halló expresión en los Upanishad, y
dejó una impresión permanente en la mente Brahmánica.
IV. BRAHMANISMO PANTEISTA
La notable tendencia monoteísta en los himnos Védicos tardíos
se hizo más y más intensamente sentido en los altos círculos
Brahmánicos hasta que dio surgimiento a nueva deidad, una creación
de los sacerdotes Brahmánicos. Ella fue Prabjapati, señor de criaturas,
omnipotente y supremo, más tarde conocido como Brahmá, el creador
personal de todas las cosas. Pero en tal búsqueda del señor supremo
y creador, ellos fueron diferenciándose ampliamente del monoteísmo
Cristiano. Los dioses del antiguo panteón no fueron repudiados sino que
fueron todavía adorados como las diversas manifestaciones de Brahmá.
Era un axioma entonces, como lo ha sido siempre en la mentalidad Hindú,
que es imposible la creación de la nada. Otro principio Brahmánico
es que toda forma de individualidad conciente, ya sea humana o Divina, implica
una unión de espíritu y materia. Y por tanto, fuera de la pequeña
escuela de pensadores que sostenían que la materia era eterna, aquellos
que significaban a dios como personal y supremo, explicaban el mundo de cosas
visibles y dioses invisibles, como emanaciones de Brahmá. Ellos arribaron
a un panteísmo personal. Pero la especulación no terminó
allí. Para la prevaleciente escuela de los soñadores Brahmanes
ascéticos, cuyas enseñanzas se encuentran en las Upanishads, la
última fuente de todas las cosas no era el personal Brahmá, sino
el informe, sin carácter, inconsciente espíritu conocido en Atman
(uno mismo), o, más comúnmente Brahmâ (Brahmâ es neutro,
mientras que Brahmá, dios personal, es masculino). Los cielos y la tierra,
el hombre y los dioses, aún la deidad personal, Brahmá, no eran
sino emanaciones transitorias de Brahmâ, destinadas en el tiempo a perder
su individualidad y a ser absorbido en el gran, todo penetrante, impersonal
espíritu. El variado mundo externo por lo tanto, no tiene existencia
real. Era Maya, ilusión. Existía sólo Brahmâ . Solamente
él era eterno, imperecedero.
Este panteísmo impersonal de los ascetas condujo a una nueva concepción
del fin del hombre y de su camino de salvación. El viejo camino era escapar
de las reencarnaciones y su concomitante miseria mediante la acumulación
de méritos de buenas acciones de modo de obtener una vida eterna de felicidad
conciente en el cielo. Esto fue un error. Ya que mientras el hombre fue ignorante
de su identidad con Brahmá y no vio que su verdadero fin consistía
en ser absorbido en el impersonal todo-dios del cual él surgiera; mientras
puso su corazón en una existencia meramente personal, ninguna cantidad
de buenas obras le aseguraría su libertad de la reencarnación.
En virtud de sus buenos actos podría, por supuesto, subir al cielo, quizás
ganar un lugar entre los dioses, pero tras un tiempo, su reserva de méritos
desaparecería como aceite en una lámpara, y debería retornar
una vez más a una nueva vida para saborear en un nuevo nacimiento la
amargura de la existencia terrenal. El único modo de escapar esta miseria
era a través del salvífico reconocimiento de la identidad de uno
con Brahmâ. De este modo, cuando uno pudiera decir con convicción,
“Yo soy Brahmâ”, se romperían los lazos que lo ataban
fuertemente a la ilusión de la inmortalidad personal y consecuentemente
a la reencarnación. Por tanto, cultivando, mediante una vida mortificada,
la libertad de todos los deseos, el hombre pasaba sus años en un pacífica
contemplación hasta que la muerte le ponía fin a la aparente dualidad
y era absorbido por Brahmâ como una gota de lluvia en el océano.
V. HINDUISMO TEMPRANO
El esquema de salvación panteísta recién descripto, generalmente
conocido como la enseñanza Vedanta, encontró gran apoyo entre
los Brahmanes y ha sido mantenida como la doctrina Brahmánica ortodoxa
hasta los días presentes. Pero progresó muy poco fuera de la casta
Brahmánica. La masa del pueblo tenía poco interés en un
Brahmâ impersonal que era incapaz de oír sus oraciones y tampoco
disfrutaban con la idea de un final que significaba la pérdida eterna
de la existencia conciente. Por tanto, mientras el sacerdocio ascético
estaba principalmente interesado en la meditación sobre su identidad
con Brahmâ, y con la práctica de la mortificación para asegurar
la libertad de todos los deseos, la mente popular estaba todavía inclinada
a la oración, los sacrificios, y otras buenas obras en honor a las deidades
Védicas. Pero al mismo tiempo, su fe en la eficacia de estos dioses tradicionales
no podía sino ser debilitada por la enseñanza Brahmánica
de que la liberación de la reencarnación no sería obtenida
por actos de adoración a las deidades personales las que eran impotentes
para aseguran ni aún para ellas mismas felicidad eterna conciente. El
resultado fue el desarrollo popular de cultos especiales a dos de los viejos
dioses, elevados ahora a la posición de supremas deidades, y a los que
se les atribuía el poder de asegurar una vida perdurable de felicidad
en el cielo.
Fue en la concepción sacerdotal del Brahmá supremo personal que
la mente popular encontró su modelo para sus nuevas deidades. Brahmá
no era un dios tradicional, y parece no haber sido nunca un objeto de culto
favorito para el pueblo. Aún hoy, no existen sino dos templos para Brahmá
en toda la India. Su subordinación al gran impersonal todo-dios no ayudaba
para recomendarlo a la mente popular. En cambio encontramos dos de los dioses
tradicionales honrados con cultos especiales, los que parecen haber tenido un
crecimiento independiente en dos partes diferentes del país y, después
de adquirir celebridad local, haber propagado su rivalidad sobre toda la tierra.
Uno de estos dioses fue el antiguo dios tormenta Rudra, destructivo en tempestad
y luminoso, renovando la vida en el riego de la lluvia, limpiando en solitaria
soledad la montaña y el árido desierto. Como el destructor, el
reproductor, y el tipo del asceta solitario, esta deidad creció rápidamente
en la estima popular bajo el nombre de Siva, la bendita. El otro fue Vishnu,
originalmente una de las formas del dios hijo, una deidad suave y benéfica,
cuyos rayos geniales traían gozo y crecimiento a las criaturas vivientes.
Su origen solar fue perdiéndose de vista a medida que creció hacia
la posición de deidad suprema, pero uno de sus símbolos, el disco,
apunta a su carácter anterior.
Estos dos cultos rivales parecen haber surgido en el siglo cuarto o quinto
A.C. Como en el caso del dios personal Brahmá, ni el culto de Siva ni
el de Vishnu dejó de lado la honra de los tradicionales dioses y diosas,
espíritus, héroes, ríos y montañas y árboles
sagrados, serpientes, tierra, cielo, sol, luna y estrellas. El panteísmo
en el cual la mente Hindú está inevitablemente moldeada se ve
en todas estas cosas, emanaciones de la suprema deidad, Siva o Vishnu. En la
adoración a cualquiera o todos, ella no estaba sino honrando su dios
supremo. A cada deidad se le atribuía un cielo especial, donde sus devotos
encontrarían luego de la muerte una interminable vida de felicidad conciente.
El rápido crecimiento de estos cultos en la estima popular, tendiendo
más y más a empujar al Brahmanismo refinado al patrio trasero,
fue observado por la casta sacerdotal con no poca preocupación. Sofocar
estos cultos estaba fuera de discusión; y por tanto para mantenerlos
al menos en una lealtad nominal con el Brahmanismo, el supremo dios Brahmá
fue asociado con Vishnu y Siva como una tríada de deidades iguales y
más o menos intercambiables en el cual Brahmá tenía el
puesto de creador, o mejor de evolucionador, Vishnu de preservante, y Siva de
disolvente. Esta es la así llamada Trimurti (tri-forma), o trinidad,
totalmente diferente del concepto Cristiano de tres eternamente distintas personas
en un solo Dios verdadero, y por tanto no ofrece legítimo terreno para
sugerir un origen Hindú de la doctrina Cristiana.
Fue más destacable la íntima asociación de otras nuevas
deidades - la creación de fantasías religiosas de la gente común
– con los dioses Siva y Vishnu. Dos dioses populares pasaron a asociarse
con Siva como hijos. Uno fue Ganesha, señor de las tropas y traviesos
diablillos, quien desde entonces ha permanecido siempre, como un objeto favorito
de culto y es invocado al principio de cada emprendimiento para asegurar el
éxito. El otro fue Scanda, Quien parece que en gran medida había
reemplazado a Indra como dios de la batalla. Más allá de la dudosa
derivación del nombre Scanda de Alejandro, no hay nada que indique que
ninguno de estos supuestos hijos de Siva hayan alguna vez vivido la vida de
hombres. Tampoco los dioses que engrandecieron la esfera de influencia de Vishnu.
Para mantener la posición de Vishnu como dios del pueblo, dos de los
héroes legendarios del remoto pasado, Rama y Krishna, a los cuales el
entusiasmo popular había elevado al rango de dioses, pasaron a ser asociado
con ella no como hijos, sino como sus mismas encarnaciones. La encarnación
de un dios descendido del cielo para asumir una forma humana o animal como una
especie de salvador y para realizar algún señalado beneficio para
la humanidad, es conocida como un avatar. La idea data de antes del Budismo
y, aunque se aplica a Siva y otros dioses, se convirtió sobre todo en
una característica de Vishnú. La imaginación popular amaba
pensar en su avatar como un pez que salva a Manu del devastador diluvio, como
una tortuga que recobra de las profundidades del mar preciosas posesiones de
dioses y del hombre, como un cerdo que eleva la tierra sumergida sobre la superficie
de las aguas, pero sobre todo como los dioses hombre Rama y Krishna, cada uno
de los cuales libera al pueblo del yugo del tirano. Los cultos de Rana y Krishna
se volvieron tan populares que hasta la misma Vishnu fue perdida en gran medida
de vista. Con el tiempo los Vishnuitas se dividieron en dos cismas rivales:
los Ramaitas, que adoraban a Rama como suprema deidad, y los Krishnaitas, que
preferían dar este honor a Krishna, una división que ha persistido
hasta los días presentes.
La evidencia de la temprana existencia de estas innovaciones de las creencias
Brahmánicas puede ser encontrada en las dos grandes épicas conocidas
como el "Ramayana" y el "Mahabharata." Ambas son reverenciadas
igualmente por los Brahmanes, Sivaitas y Vishnuitas, particularmente el último
poema, del que se sostiene ser directamente revelado. En el “Ramayana”,
que pertenece al período 400-300 A.C., los relatos legendarios de las
pruebas y los triunfos del héroe Rama y su fiel esposa Sita fueron elaborados
en un poema romántico altamente artificial y muy a favor de los adoradores
de Vishnu. El Mahabharata”, obra de muchas manos, fue comenzado alrededor
del siglo quinto A.C., bajo la influencia Brahmánica, y en los siglos
siguientes recibió adiciones y modificaciones, a favor ya del Vishnuismo
ya del Sivaismo, hasta que asumió su forma final en el siglo sexto de
la Era Cristiana. Es un inmenso conglomerado de agitada aventura, leyenda popular,
mito, y especulación religiosa. El mito se centra principalmente alrededor
de múltiples disputas por la supremacía entre los malignos tiranos
de la tierra y el héroe Arjuna, ayudado por sus cuatro hermanos. El papel
que juega Krishna no es un rol integral y la historia parece haber sido interpolada
después de que la sustancia de la épica había sido escrita.
El es el carrero de Arjuna y al mismo tiempo actúa como su consejero
religioso. De sus numerosas instrucciones religiosas, la más importante
es su tratado métrico conocido como "Bhagavad-gita”, la Canción
del Bendito, un escrito que ha ejercido una profunda influencia sobre el pensamiento
religioso de la India. Data del segundo o tercer siglo de la era Cristiana,
y es una versión poética del tardío Upanishad, con su doctrina
panteísta tan modificada como para pasar por una revelación de
Krishna. Mientras encarna las más nobles características de la
ética Brahmánica, e insiste en el fiel desempeño de las
obligaciones de la casta, proclama a Krishna como el dios personal superior
a todos los dioses, por la concesión de una gracia especial a sus devotos
para la obtención de eterna bendición. Como un importante medio
para este fin, inculca la virtud de Bhakti, que es una amorosa devoción
a la deidad, análoga a la virtud Cristiana de la caridad.
Desafortunadamente para el posterior desarrollo del Vishnuismo, el Krishna
del “Bhagavad-gita” no fue la concepción popular. Como la
mayoría de los héroes legendarios del folklore, su carácter
consistía en el mantenimiento de la cruda moral de la era primitiva que
primero sonó en sus plegarias. Las porciones narrativas de la épica
lo muestran como habiendo sido solapado e inescrupuloso, culpable en palabra
y hecho, de actos que la conciencia superior de los Brahmanes habría
reprobado. Pero es en la anécdota legendaria completa de su vida como
se proporciona en la así llamada “Hari-vansa”, un posterior
suplemento de la épica, y también en algunas de las Puranas de
los siglos noveno o décimo de nuestra era, que el carácter del
popular Krishna aparece con verdadera claridad. Aquí aprendemos que Krishna
era uno de los ocho hijos de noble cuna, a quienes un Herodiano tirano estaba
determinado a destruir. El dios infante fue salvado de los malvados designios
del rey mediante su secreta sustitución por el bebé de un pastor.
Krishna creció entre la simple gente campesina, mostrando prodigios de
valor, e involucrándose en muchas aventuras con las Gopis, las esposas
e hijas de los pastores. Ocho de ellas eran sus favoritas, pero amó sobre
todo a una de ellas, Radha. Krishna finalmente tuvo éxito en matar al
rey, y trajo paz al reino.
Entre este deificado Hércules Hindú y Nuestro Divino Señor,
no hay punto de comparación, salvo uno por contraste. Que la idea de
una deidad encarnada debía ser encontrada en el pensamiento Hindú
pre-Cristiano, no es tan destacable cuando consideramos que esto responde al
anhelo de unión con Dios del corazón humano Pero lo que es a primera
vista sorprendente es encontrar en los escritos religiosos subsiguientes al
“Mahabharata” relatos legendarios de Krishna que son casi idénticos
a las anécdotas de Cristo en los Evangelios canónicos y apócrifos.
Desde el nacimiento de Krishna en un establo, y su adoración por los
pastores y magos, el líder es llevado a través de una serie de
eventos que son la exacta contraparte de aquellos relatados sobre Nuestro Divino
Señor. Escritores hostiles al Cristianismo se aferran a esta cadena de
parecidos, muy exactos para ser mera coincidencia, para condenar a los escritores
del Evangelio de plagiadores de los originales Hindúes. Pero resulta
ser todo lo contrario. Todos los Indianistas autorizados están de acuerdo
de que estas leyendas de Krishna no son anteriores al siglo séptimo de
la Era Cristiana y deben haber sido tomadas de fuentes Cristianas
VI. HINDUÍSMO TARDÍO O SECTARIO
El persistente debilitamiento de la influencia Brahmánica, como
consecuencia de las sucesivas olas de conquista extranjera, hizo posible
que las preferencias religiosas de la inmensa, heterogénea población
de India se afirmaran más fuertemente. Tanto el Sivaísmo
como el Vishnuísmo se apartaron más y más fuertemente
de la tradición Brahmánica, y asumieron un carácter
decididamente sectario hacia la vieja religión y también
hacia las otras, Con este debilitamiento de la influencia Brahmánica
absorbieron los más groseros de los elementos de culto del pueblo
bajo, y se convirtieron en una mala práctica por el incremento
de ritos inmorales y supersticiones humillantes. Mientras, por una parte,
la práctica del ascetismo fue llevada a sus mayores extremos de
fanatismo, por otra la doctrina de bhakti fue pervertida en un sistema
de grosera indulgencia sexual, para los cuales sirvieron como modelo y
autorización, los amores de Krishna y las Gopis. Las distinciones
de castas Brahmánica se rompió, y fue afirmada una igualdad
de todos los hombres y mujeres, al menos durante las ceremonias de adoración
públicas. Los ritos Brahmánicos fueron en gran medida reemplazados
por otros particulares a cada culto y se sostenía que eran todo-suficientes
para la salvación. Se levantaron por todas partes espléndidos
templos a Siva, Vishnu, y sus dos avatares humanos; innumerables ídolos
y símbolos fálicos llenaron la tierra; y cada culto rival
alababa a su propia deidad especial como la suprema, subordinando a todas
las demás a ella, y miraba con más o menos desprecio las
formas de adoración distintas de la propia. Un factor que contribuyó
muchísimo a la degradación de estas formas sectarias de
religión fue la veneración de la Sakti, o lado femenino
de estas deidades. La teología popular no descansaría hasta
que cada deidad fuera suplementada con una esposa, en la cual era personificada
la naturaleza activa del dios. A Siva se asoció una antigua diosa
del río, Sarasvati, honrada como patrona de las letras. La Sakti
de Vishnú fue Sri, o Lskshmi, patrona de la buena fortuna. Con
Siva el destructor fue asociada la terrible, sedienta de sangre, mágica
diosa Durga, o Kali, antes deleitándose con víctimas humanas,
y ahora apaciguada con sacrificios de cabras y búfalos. Rama tenía
su consorte, Sita, y Krishna su Gopi favorita. Radha. El culto a estas
Saktis, particularmente la consorte de Siva, Durga-Kali, degeneró
en escandalosas orgías de ebriedad e inmoralidad sexual, la que
aún hoy son el clamoroso escándalo del Hinduismo.
Tales fueron los desarrollos sectarios de los tiempos post épicos.
Hallaron su expresión en las inferiores, casi históricas
Puranas, del siglo séptimo y siguientes, y en los Tantras, que
son aún más modernos y enseñan el culto mágico
simbólico a Sakti. Ninguna de esta clase de escritos son considerados
canónicos por los Brahmanes ortodoxos.
De los doscientos millones de adherentes al Hinduísmo de hoy, solamente
unos pocos cientos de miles pueden ser llamados devotos del Brahmanismo ortodoxo.
El sivaísmo y el vishnuísmo han ensombrecido la mas antigua religión
como un exuberante cultivo de mala hierba venenosa. En su perfil principal,
estas dos grandes sectas han retenido las características del período
Purana, pero diferencias en sus opiniones sobre puntos menores han llevado a
la multiplicación de divisiones cismáticas, especialmente entre
los cultores de Vishnu. Ambas sectas, que son hoy en día razonablemente
tolerantes entre sí, tienen una cantidad de prácticas devocionales
y litúrgicas que son parecidas en su tipo, auque están marcadas
por diferencias en su creencia sectaria. Ambos, Sivaitas y Vishnuitas ponen
gran énfasis en el frecuente recitado de los numerosos nombres de sus
respectivos dioses supremos, y para facilitar esta piedad, cada uno lleva consigo,
a menudo alrededor de su cuello, un rosario que varía en material y en
el número de cuentas de acuerdo a si es dedicado a Siva o a Vishnu. Cada
secta tiene una iniciación en los ritos, que es conferida a los jóvenes
a la edad de su uso de razón y en la cual el gurú oficiante pone
un rosario alrededor de cuello del aspirante y susurra en su oído el
mantra, o lema sagrado, el recitado del cual sirve como una profesión
de fe y es una obligación diaria. Otro rito común a ambas es aquel
en el cual el oficiante que preside, marca sobre el cuerpo del devoto con un
metal caliente, sellos con los símbolos sagrados de su secta, el tridente
y la linga de Siva, o el disco y la concha (o loto) de Vishnu.
Pero en sus principales actos de culto ceremonial las dos sectas difieren radicalmente.
El Sivaita toma su blanco guijarro de piedra, el emblema fálico convencional
que siempre lleva con él, y mientras murmulla su mantra, la rocía
con agua y le aplica refrescantes hojas de Bilva. Debido a su simplicidad y
bajo precio, este rito está muy en voga entre las ignorantes clases bajas.
El rito de Vishnu es menos degradante pero más infantil. Consiste en
un elaborado y costoso culto de la imagen de Vishnu en el templo, o más
a menudo de Rama, o Krishna. La imagen es diariamente despertada, desvestida,
bañada, vestida con ricas batas y adornada con collares, brazaletes,
coronas de oro y piedras preciosas, alimentada con tipos de comida escogidas,
honrada con flores, luces, e incienso, y entonces entretenida con música
vocal e instrumental, y con danzas por las chicas del templo de dudosa virtud,
consagradas a este servicio. Como Krishna es generalmente adorada en la forma
de una imagen de niño, su diversión consiste mayormente en el
mecido de su imagen, el girado de trompos, y otros juegos gratos al corazón
de los niños.
Siva, también tiene sus templos, que rivalizan en magnificencia con
los de Vishnu, el lugar sagrado es el santuario de la linga, y el culto en el
templo consiste en la aplicación de agua y hojas de Bilva al símbolo
de piedra. Las paredes interiores de estos templos, y de los de Vishnu también,
están cubiertas con chocantes representaciones de pasión sexual,
y sin embargo, es extraño decirlo, estas formas de religión, mientras
dan autorización hasta la indulgencia de las más bajas pasiones,
al mismo tiempo inspiran a otros devotos a la prácticas del más
severo ascetismo. Ellos deambulan en solitario silencio, desnudos y sucios,
sus cabellos enmarañados por largo descuido, sus cuerpos reducidos a
mera piel y huesos a fuerza de increíbles ayunos. Ellos se pararán
inmóviles por horas bajo un abrazante sol con sus enflaquecidos brazos
levantados hacia el cielo. Algunos andan con su rostro siempre vuelto hacia
arriba. Es conocido que algunos han mantenido sus puños fuertemente apretados
hasta que sus crecientes uñas sobresalieron a través del dorso
de sus manos.
VII. MOVIMIENTOS DE REFORMA
Preclaros Hindúes de los tiempos modernos han hecho intentos de instituir
una reforma en el Hinduismo mediante el rechazo de todos los ritos idólatras
e inmorales, y mediante el restablecimiento de una forma cultual puramente monoteísta.
De ellos, el más antiguo y notable fue el así llamado Brahmá
Samaj (Congregación de Brahmá), fundada en Calcuta en 1828, por
el ilustre Rammohun Roy. Él trató de combinar una forma Unitaria
de Cristianismo con la concepción Brahmánica de un Dios personal
supremo. Después de su muerte en 1833, las diferencias de opinión
sobre la naturaleza de Dios, la autoridad de los Vedas y la obligación
de las costumbres de casta causaron la división de la sociedad en una
cantidad de pequeñas congregaciones. En el presente hay más de
cien congregaciones teístas independientes en la India. Algunas, como
la Arya Samaj, se basan únicamente en la autoridad de los Vedas. Otras
son eclécticas, aún al grado de escoger para sus lecturas devocionales
en sus servicios públicos pasajes del Avesta, del Corán y la Biblia.
Pocos de ellos son totalmente libres de la contaminación del panteísmo,
y, al ser más parecidos a clubes para el mejoramiento intelectual y moral
que para formas rituales de adoración, hicieron poco progreso en el camino
de conversión.
En resumen, el Brahmanismo no puede tener éxito en reformarse a sí
mismo. Sus antiguos libros sagrados están embebidos en el politeísmo
del cual creció, y la visión panteísta del mundo, con la
cual estuvo más tarde comprometido, ha sido como un peso muerto que lo
arrastra sin esperanza en la estancada charca de la superstición, del
pesimismo y de la inmoralidad. En virtud de su actitud panteísta, no
hay forma de religión, superior o inferior, que no pueda ser tolerada
e incorporada en su amplio sistema. La indiferencia del Brahmanismo hacia el
grosero colectivo del Hinduismo no es, después de todo, nada más
que el reflejo de la indiferencia de su supremo dios. El pecado pierde la mayor
parte de su fealdad cuando puede ser rastreada al final, hasta el gran impersonal
Brahmâ. No hay sino una forma de religión que tiene alguna posibilidad
de reformar la vida religiosa de la India, y es la Católica Romana. Por
la oscura, panteísta deidad puede tomar forma el Uno, Eterna, Personal
Espíritu y creador; por la tosca Trimurti, la sublime Trinidad; y por
los vulgares y degradantes avatares de Vishnu, la encarnación del Hijo
de Dios. Ella puede reemplazar los idólatra e inmorales ritos Hindúes
con son sus propia impresionante liturgia, y sustituir por la Cruz a la abominable
linga.
El Brahmanismo, al ser una religión natural y un privilegio de nacimiento
Hindú, nunca ha hecho ningún intento concertado de proselitismo
en tierras extranjeras. Pero algunos años atrás fueron dados pasos
por parte de unos pocos individuos de Inglaterra para infiltrar en gente angloparlantes
un nuevo sistema religioso que tiene incorporada la creencia panteísta
y la superstición mágica de la escuela Vedanta del Brahmanismo.
Este nuevo sistema, conocido como Teosofía, iba a estrechar entre sus
brazos miembros de toda forma de religión, reconciliando todas la diferencias
de credo en la visión panteísta de que todas las deidades, superiores
e inferiores, no son sino emanaciones transitorias de la suprema, incomprensible
Realidad, cuya devoción constituía la religión superior.
Este cuasi-culto, que además tenía pretensiones de ejercitar poderes
mágicos, pronto encontró el ridículo y repudio que merecía.
En el presente es prácticamente obsoleto.
Textos.-- Muir, Original Sanskrit Texts, 5 vols. (Londres, 1868-70);
Mueller, Vedic Hymns in Sacred Books of the East, XXXII; Oldenberg, Vedic Hymns,
ob. cit. XLVI; Bloomfield, The Atharva Veda, ob. cit., XLII; Eggeling, The Satapatha
Brahmana. ob. cit., XII, XXVI, XLI; Mueller, The Upanishads, ob. cit., XV; Oldenberg
and Mueller, The Grihya-Sutras, ob. cit., XXIX, XXX; Buehler, The Sacred Laws
of the Aryas, ob. cit., II, XIV; idem, The Laws of Manu, ob. cit., XXV; Thibaut,
The Vedanta-Sutra, ob. cit. XXXIV, XXXVIII; Telang, The Bhagavad-Gita, ob. cit
VIII; Bournouf-Roussel, Le Bhagavata Purana, 5 vols. (Paris, 1898).
General Treatises.--Barth, The religions of India (Londres,
1882); Monier-Williams, Brahminism and Hinduism, or Religious Thought and Life
in India (Londres, 1891); Idem, Hinduism (Londres, 1897); Idem, Indian Wisdom
(Londres, 1876); Hopkins, The Religions of India (Boston, 1895); Dubois, Hindu
Manners, Customs, and Ceremonies (Oxford, 1897); Gough, The Philosophy of the
Upanishads and Ancient Indian Metaphysics (Londres, 1882); Deussen, Das System
des Vedanta (Leipzig, 1883); Idem, Der Philosophie der Upanishads (Leipzig,
1899); Kaegi, The Rig-Veda (Boston, 1886); Oldenberg, Die religion des Veda
(Berlin, 1894); Colebrooke, Miscellaneous Essays, 2 vols. (Londres, 1873); Weber,
The History of Indian Literature (Londres, 1892); Dahlman, das Mahabharata (Berlin,
1895); Shoebel, Las Ramayana in Annales du musee Guimet (Paris, 1888), XIII;
de la Saussaye, Lehb. der Religionsgesch. (Freiburg, 1905), II.
CHARLES F. AIKEN
Transcripto por M. Donahue
Traducido por Luis Alberto Alvarez Bianchi