Jesuita dálmata y conocido matemático, astrónomo
y filósofo natural, nació en Ragusa el 8 de mayo de 1711
y murió en Milán el 13 de febrero de 1787. El más
joven de seis hermanos, su educación empezó en el colegio
jesuita de su ciudad natal. Tempranamente impresionado por la sabiduría
de sus maestros, resolvió ser admitido a sus filas y el 31 de octubre
de 1765, a la edad de 14 años, entró al noviciado de la
Compañía de Jesús en Roma. Sus inusuales talentos
se manifestaron particularmente durante los años dedicados a los
estudios literarios y filosóficos en el Collegio Romano, el más
celebrado de los colegios de la Compañía de Jesús.
Así pues, por ejemplo, el joven Boscovich descubrió por
él mismo la prueba del teorema de Pitágoras. Sus profesores,
especialmente el padre Horacio Borgondi, maestro de matemáticas,
supieron cultivar sus talentos e hizo tal progreso, especialmente en matemáticas,
que fue capaz de ocupar el lugar de su antiguo maestro en el Colegio Romano
incluso antes de completar sus estudios teológicos. Tan pronto
como hubo completado los estudios ordinarios de un joven jesuita, fue
nombrado profesor regular de ciencia matemática en dicho colegio.
Desempeñó sus deberes en este puesto con mucha distinción
durante una generación, como queda evidenciado por sus numerosas
disertaciones latinas que publicaba casi cada año, de acuerdo con
la costumbre de la época. Éstas muestran la preferencia
de Boscovich por los problemas astronómicos. Entre ellas pueden
ser mencionadas:
- Las manchas solares (1736);
- El tránsito de Mercurio (1737)
- La Aurora Boreal (1738);
- La Aplicación del Telescopio en los Estudios Astronómicos
(1739);
- La Figura de la Tierra (1739);
- El Movimiento de los Cuerpos Celestes en un Medio sin resistencia
(1740);
- Los Varios Efectos de la Gravedad (1741);
- La Aberración de las Estrellas Fijas (1742).
Los problemas sobre matemáticas puras, así como especulaciones
filosóficas concernientes a las varias teorías sobre la
constitución de la materia también llamaron su atención
y tomo parte activa en todas las discusiones científicas que importaban
al mundo culto de su época. A éstas últimas pertenecen
su Desviación de la Tierra de la probable Forma Esférica;
Investigaciones sobre Gravedad Inusual; El Cómputo de la Órbita
de un Cometa a partir de unas breves Observaciones, etc. Su hábil
tratamiento de estos y otros problemas similares atrajo la atención
de academias tanto italianas como extranjeras, muchas de las cuales -entre
ellas Boloña, París y Londres - lo hicieron miembro activo.
En París, compartió, junto con el famoso matemático
Euler el honor de encontrar la solución correcta de un problema
planteado.
Boscovich también demostró mucha habilidad en solucionar
problemas prácticos. A él se le debe la proyección
del observatorio del Collegio Romano, el cual posteriormente fue ampliamente
reconocido. Primero sugirió usar los masivos pilares del domo de
la iglesia del colegio de San Ignacio como cimientos, debido a su gran
estabilidad. (La iglesia sigue sin ser completada).Las circunstancias
poco favorables de la época y las tormentas contra los jesuitas,
las cuales concluyeron, como es conocido, en la supresión de la
sociedad, impidieron que el plan de Boscovich se llevara a cabo hasta
1850, cuando el padre Secchi, su digno sucesor, logró completarlo.
Hay un gran paralelismo entre estos dos líderes del Colegio Romano
y Boscovich puede, sin duda, ser considerado el predecesor intelectual
de Secchi. Como Secchi, también fue asesor del gobierno Papal en
todas las cuestiones técnicas importantes. Así pues, cuando
a mitad del siglo XVIII la gran cúpula de San Pedro comenzó
a cuartearse, causando consternación al Papa y a la Ciudad Eterna,
Boscovich fue consultado y la preocupación no cesó sino
hasta que su plan de colocar grandes viguetas de hierro en el domo se
llevó a cabo. Su consejo fue pedido cuando se hubo de inocuar los
lodazales pontinos y también fue consultado para examinar los Estados
Pontificios. El Papa Benedicto XIV lo comisionó junto con su colega
jesuita Le Maire para llevar a cabo varias medidas de arco meridiano precisas
y parece que su influencia fue capital en el mismo Papa para que, en 1757,
derogara el obsoleto decreto del Index contra el sistema copernicano.
Muchas universidades fuera de Italia buscaron enrolar a Boscovich a su
profesorado. Él mismo siempre estuvo lleno de espíritu emprendedor
y lo demostró cuando el rey Juan V de Portugal pidió al
general de los jesuitas diez padres para hacer un elaborado estudio en
Brasil. Se ofreció como voluntario para la ardua tarea, esperando
poder realizar una investigación independiente en Ecuador para
obtener datos valiosos para solucionar finalmente el problema de la figura
de la tierra que estaba causando mucha polémica en Francia e Inglaterra.
Su propuesta ocasionó el inicio de investigaciones similares para
los Estados Pontificios y el Papa hizo lo posible por conservarlo en su
dominio. Cuenta detallada de los resultados del trabajo apareció
en un volumen titulado "De litterariâ expeditione per Pontificam
ditionem ad dimetiendos duos meridiani gradus et corrigendam mappam geographicam,"
(Roma, 1755). Un mapa de los Estados Pontificios elaborado al mismo tiempo,
corrigiendo muchos errores previos, probó ser asimismo una importante
contribución a la discusión concerniente a la más
o menos forma esférica de la Tierra. Muchas de las triangulaciones
fueron hechas con no pocas complicaciones. Las dos líneas base
empleadas en la medición - una en la Via Apia y la otra en el barrio
de Rimini - fueron medidas con mucho cuidado. La primera fue redeterminada
en 1854-55 por el Padre Secchi, como la marca indicativa de un extremo
de la línea medida por Boscovich y La Maire que se había
perdido. (Cfr. Secchi: Misura della Base trigonometrica esequita
sull via Appia per ordine del governo pontifico, Roma, 1858). Además
de su trabajo en astronomía matemática, también encontramos
a Boscovich especulando, en campos científicos sobre la esencia
de la materia e intentando establecer más ampliamente la ley de
Newton sobre la gravitación universal. Ya en 1748 encontramos ensayos
suyos sobre estos asuntos, como: De materiae divisibilitate et du principiis
corporum dissertatio (1748); De continuitatis lege et ejus consectariis
pertinentibus ad prima materiae elementa eorumque vires (1754); De
lege virium in natura existentium (1755); Philosophiae naturalis
theoria redacta ad unicam legem virium in natura existentium (1758).
Boscovich, de acuerdo con la visión expresada en estos ensayos,
sostenía que los cuerpos no pueden estar compuestos de una sustancia
material constante, ni siquiera de partículas materiales contiguas,
sino de innumerables estructuras puntuales cuyos componentes carecieran
de extensión y divisibilidad. Una repulsión existe entre
ellas, la cual es, sin duda, infinitesimal, pero no puede desaparecer
sin que tenga lugar la compenetración. Esta repulsión es
debida a ciertas fuerzas con las cuales estos elementos han sido dotados.
Tiende a ser infinita cuando están en proximidad muy cercana, mientras
quede dentro de ciertos límites y disminuye conforme aumenta la
distancia y finalmente se convierte en una fuerza de atracción.
Este cambio es realizado por las diversas direcciones de las varias fuerzas.
Boscovich dividió su ultimo trabajo exhaustivo en tres partes,
la primera explicando y estableciendo su teoría y luego apuntando
su aplicación a problemas mecánicos y finalmente demostrando
como podía ser empleada en física. Su intento por reducir
las complicadas leyes de la naturaleza a una simple ley fundamental atrajo
tanto interés que, en 1763, una tercera y mejorada versión
de su "Theoria philosophiae naturalia" (Venecia, 1763)
se había vuelto necesaria. El editor añadió, como
apéndice, un catálogo de los trabajos previos de Boscovich.
Hay no menos de 66 tratados a partir de 1736 -una prueba de su actividad
literaria.
Boscovich atrajo tanta atención con sus escritos políticos
como con sus logros científicos. Sus versos latinos en los que
elogiaba al rey polaco Estanislao, al Papa Benedicto XIV y a varios nobles
venecianos, fueron leídos ante la Academia Arcadia de Roma. Su
"Carmen de Solis ac Lunæ defectibus" (5 vols.,
Londres, 1760) fue muy admirado. Sus servicios fueron requeridos en varias
ciudades y provincias. Así pues, en 1757, fue enviado por la ciudad
de Lucca a la Corte de Viena para pedir que se cegaran los lagos que amenazaban
la ciudad. Se aplicó tan bien a la tarea que los lucanos lo hicieron
ciudadano honorario y le dieron generosa ayuda en sus viajes científicos,
tanto en Italia, Francia e Inglaterra. Mientras estuvo en Inglaterra,
impulsó las observaciones del tránsito de Venus, el 6 de
junio de 1761 y no es improbable que su propuesta de utilizar lentes compuestos
de líquidos, para evitar la aberración cromática,
haya contribuido al éxito de Dolland en construir telescopios acromáticos.
Los ciudadanos de Ragusa, su ciudad natal, le pidieron que fuera árbitro
de una disputa en la que estaban envueltos con el rey de Francia. Boscovich
regresó de Inglaterra acompañado con el embajador veneciano,
quien lo llevó, vía Polonia, hasta Constantinopla, con lo
cual pudo publicar su diario en Basano bajo el título de "Giornale
d'un viaggio da Constantinopli in Polnia con una relazione della rovine
de Troja." Las dificultades de este viaje perjudicaron su salud,
aún así, lo encontramos poco después en Roma (1762),
empleado en varios proyectos prácticos, tales como el de drenar
los lodazales. En 1764 aceptó el nombramiento de profesor de matemáticas
en la Universidad de Pavia. Al mismo tiempo, el padre LeGrange, antiguo
asistente del padre Pezenas en el Observatorio de Marsella, fue invitado
por los jesuitas de Milán a erigir un observatorio en el gran Colegio
de Brera. Fue capaz de avalar las habilidades técnicas de Boscovich.
Fue Boscovich quien seleccionó la esquina sureste del colegio como
punto para el observatorio y realizó los planes completos, incluyendo
los refuerzos y la necesaria remodelación de la estructura. La
construcción inició de inmediato y al año siguiente,
1765, un gran salón para los cuadrantes murales y los instrumentos
meridianos, otro para los más pequeños y una amplia terraza,
con varios domos giratorios conteniendo los sextantes y ecuatoriales,
fueron completados. Tal era la estabilidad del observatorio que los nuevos
cristales de 45 centímetros de Schiaparelli pudieron ser montados
a pesar que un domo cilíndrico de 10.53 metros se encuentra ahora
en lugar del salón octogonal de Boscovich.
La Academia de Londres propuso enviar a Boscovich a cargo de una expedición
a California a observar el tránsito de Venus en 1769, pero , desafortunadamente,
la oposición manifestada en todas partes a la Compañía
de Jesús que llevó finalmente a su supresión, la
hizo imposible. Continuó, sin embargo, dando sus servicios al Observatorio
de Milán para cuyo posterior desarrollo pudo conseguir considerables
sumas de dinero. En particular el ajuste de los instrumentos atrajo su
atención, un tema acerca del cual dejó varios escritos.
Debido a que sus elaborados planes solo recibían apoyo parcial
de sus superiores, consideró seriamente en 1772 disminuir su conexión
con el observatorio y, de hecho, en el mismo año, el padre La Grange
fue puesto completamente a cargo de la nueva institución. Boscovich
estuvo a punto de convertirse en profesor de la Universidad de Pisa, pero
Luis XV ganó sus servicios y lo invitó a París, donde
un nuevo puesto, Director de Óptica para la Marina, con un salario
de 8,000 francos fue creado para él. Se mantuvo en esta posición
hasta 1783 cuando regresó a Italia a supervisar la impresión
de sus trabajos inéditos en cinco volúmenes, debido a que
no fue fácil encontrar un editor adecuado en Francia para libros
escritos en latín. En 1785 aparecieron en Bassano, "Rogerii
Josephi Boscovich opera pertinentia ad opticam et astronomiam. . .in quinque
tomos distributa," el ultimo trabajo importante de la pluma de
este activo hombre, quien, después de su finalización, se
retiró por un tiempo al monasterio de los monjes de Vallombrosa.
Regresó a Milán con nuevos planes, pero la muerte lo tomó
a la edad de 76 años, precedida por un largo malestar acompañado
por un desarreglo mental temporal. Fue sepultado en la iglesia de Santa
Maria Podone.
Para una biografía más detallada de Boscovich
consultar Vitae Italorum, Auctorae Angelo Fabronio, Academiae Pisanae
curatore (Pisa, 1789), XIV; cf. also Sommervogel, Bibl. de la c. de J.
(Brussels, 1890) I, col. 1828-50. cf. Zamagna (Ragusa, 1787); Lalande
(Paris, 1792); Ricca (Milan, 1789); Bagamonti (Ragusa, 1789); Bizzaro
(Venice, 1817);Galleria di ragusani illustri (Ragusa, 1841); Vaccolini
in Giornale arcadico (1842), XCII, 174.
ADOLF MULLER
Traducido por Antonio Hernández Baca