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(Beguines
& Beghards)
La etimología de los nombres Begardo y Beguina solamente pueden ser
conjeturados. Probablemente hayan derivado de la palabra beghen en flamenco
antiguo, con el sentido de pedir ("rezar") y no de "limosnear",
ya que ninguna de las dos comunidades en ningún momento fueron órdenes
mendicantes. Tal vez deriven de la palabra "Bega", santo patrón
de Nivelles, en donde, según una dudosa tradición, el primer Beguinage
fue establecido. Tal vez, de nuevo, derive de Lambert le Bègue, sacerdote
de Liège quien murió en 1180, después de haber gastado
una fortuna en la fundación de una iglesia y claustro para viudas y huérfanos
de los cruzados en su pueblo nativo.
Ya en el comienzo del siglo XXII había mujeres en los países bajos
que vivían solas, y sin tomar los votos, se consagraban a la oración
y a las buenas obras. Al principio no había muchas de ellas, pero a medida
que el siglo doce avanzaba, el número de mujeres incrementaba; era la
época de las Cruzadas, y las tierras hervían llenas de mujeres
desoladas – materia prima para un patrón de neófitos. Estas
solitarias armaron sus hogares no en los bosques, en donde los verdaderos eremitas
aman habitar, sino en los bordes de los pueblos, en donde estaba su trabajo,
ya que servían a Cristo en Su pobreza. Alrededor del comienzo de la decimotercera
centuria, algunas de ellas agrupaban sus cabañas juntas; la comunidad
así formada fue el primer Beguinage.
Una Beguine difícilmente pueden ser llamada monja; ella no tomaba votos,
podía volver al mundo y casarse si así lo deseaba, y no renunciaba
a su propiedad. Si no tenía medios para mantenerse, no pedía ni
aceptaba limosnas, sino que se mantenía a través de labores manuales
o a través de la enseñar a los hijos de burgueses. Durante su
noviciado, vivía con la "Gran Señora" de su claustro,
pero luego adquiría su propia morada, y si podía permitirse el
lujo, era atendida por sus propios sirvientes. Los mismos propósitos
de vida, búsquedas comunes y comunidad dedicada a la adoración
eran los lazos que la vinculaban a sus compañeras. No había casa-madre,
como así tampoco una regla común, ni una orden general; sino que
cada comunidad estaba completa en si misma, y organizaba sus propia forma de
vida, sin embargo mas tarde, muchas adoptaron las reglas de la Tercer Orden
de San Francisco. Estas comunidades, eran tan variadas como el estatus social
de sus miembros; algunas de ellas admitían solamente señoras de
alto nivel, otras eran exclusivamente reservadas para personas de orígenes
humildes; otras abrían sus puertas de par en par a mujeres de cualquier
condición, y estas ultimas eran las mas densamente pobladas. Varias de
estas comunidades, como el gran Beguinage de Ghent, contaba sus habitantes en
los miles. Así, esta institución semi-monástica, adaptada
admirablemente a las necesidades espirituales y sociales de la era, se extendió
rápidamente a través de la tierra y en poco tiempo comenzó
a ejercitar una profunda influencia en la vida religiosa de la gente.
Cada una de estas instituciones era un ardiente centro de misticismo, y no fueron
los monjes, quienes moraban mayormente en las áreas rurales, ni tampoco
el clero secular, sino las Beguinas, los Begardos y los hijos de San Francisco,
quienes moldearon el pensamiento de la población urbana de los Países
Bajos. Ya existía un Beguinage en Mechlin en 1207, otro en Bruselas en
1245, otro en Louvain en 1243, otro en Brujas en 1244, y para el final del siglo,
difícilmente existía una comunidad dentro de los Países
Bajos que no tuviese su propio Beguinage, y prácticamente todas las grandes
ciudades tenían dos o tres o tal vez más.
La gran mayoría de estas instituciones fueron suprimidas durante los
problemas religiosos del siglo XV, o durante los tormentosos años que
cerraron el siglo XVIII, pero aun así, algunos conventos de Beguinas
todavía existen en varias partes de Bélgica. Los mas notables
son los de Brujas, Mechlin, Louvain and Ghent, el cual en el ultimo recuento
tenia casi mil miembros.
El extenso renacimiento religioso que origino los Beguinages, también
trajo al mismo tiempo, similares sociedades comunes para los hombres. De estas,
la más importante y la mas extendida fue la de los Begardos. Los Begardos
eran laicos, y como las Beguinas, no tomaban los votos, las reglas que observaban
no eran uniformes y los miembros de cada comunidad estaban sujetos solamente
a los superiores de su localidad; pero, al contrario de las beguinas, los begardos
no poseían propiedad privada, los hermanos de cada monasterio tenían
un solo monedero común, habitaban todos bajo un mismo techo, y comían
todos de la misma mesa. Eran por sobre todo, pero no siempre, hombres de orígenes
humildes – tejedores, tintoreros, limpiadores, etc – y por ende
estaban íntimamente conectados con el gremio de las artes de la ciudad.
Efectivamente, ningún hombre podía ser admitido en el convento
de Begardos de Bruselas a menos que fuese un miembro de la compañía
de tejedores, y este probablemente no haya sido un caso único. Los Begardos
eran hombres para los cuales, usualmente, la fortuna no había sido buena
– hombres que habían sobrevivido a sus amigos, o para los cuales
los lazos familiares se habían quebrado por algún evento, y o
que por razones de salud pobre o de avanzada edad, o tal vez por algún
accidente, no podían mantenerse o vivir solos. Un escritor reciente dijo
"los pueblos medievales de los Países Bajos, encontraron en los
Beguinages una solución a la pregunta femenina", el establecimiento
de estas comunidades les proporcionó al menos una solución parcial
a otro problema que presionaba por una respuesta: el difícil problema
de como lidiar con el rendido hombre trabajador. Aunque el objeto principal
de estas instituciones no era temporal, sino espiritual, se agruparon juntas
para construir al hombre interno. También, mientras trabajaban por su
propia salvación, no descuidaban a sus vecinos en el mundo, y gracias
a su íntima conexión con el gremio de artesanos, fueron capaces
de influenciar abundantemente la vida religiosa, al extremo de moldear la opinión
religiosa de ciudades y pueblos de los Países Bajos, en todos los eventos
en el caso del proletariado, durante mas de doscientos años.
Teniendo en cuenta las desdichadas y pisoteadas clases sociales de las cuales
los Begardos eran generalmente reclutados, y el hecho de que estaban tan poco
restringidos por el control eclesiástico, no es sorprendente que el misticismo
de algunos de ellos se convirtiera rápidamente en una especie de panteísmo
místico, o que algunos de ellos gradualmente desarrollaran opiniones
que no armonizaban con la Fe Católica; opiniones, que efectivamente,
si podemos confiar en John Ruysbroek, quien parece diferir un poco de las opiniones
religiosas y políticas que profesan los anarquistas de hoy. De acuerdo
a las autoridades eclesiásticas, las tendencias heréticas de los
Begardos y de las Beguinas, necesitaban medidas disciplinarias, a veces severas.
Varias restricciones fueron impuestas sobre ellos por el Consejo Eclesiástico
de Fritzlar (en 1259), Mainz (en 1261), Eichstätt (en 1282); y fueron prohibidos
por "no tener aprobación" por parte del Consejo Eclesiástico
de Béziers (en 1299). Fueron condenados por el Consejo de Viena en 1312,
pero esta sentencia fue mitigada por Juan XXII en 1321, quien permitió
que las Beguinas continuaran con su estilo de vida, ya que “habían
enmendado sus formas”. Los Begardos eran mas obstinados. Durante el siglo
catorce fueron condenados repetidamente por la Santa Sede, los obispos (notablemente
en Alemania), y la Inquisición. Cabe acotar que por otro lado, a pesar
de los extensos abusos, hombres de fe y piedad eran encontrados entre los Begardos.
Por ellos, Gregory XI (1374-77) y Bonifacio IX (1394) dictaron Bulas a los obispos
de Alemania y de los Países Bajos. Un eco de los errores teológicos
en los que cayeron los Begardos, puede ser encontrados en la doctrina del Quietismo.
Las comunidades de Begardos, en los Países Bajos no escaparon sin embargo,
el destino que sufren tarde o temprano todas las instituciones humanas: antes
del final de la edad media, prácticamente todas estaban en decadencia
completa. Aunque sus vidas no fueron aplastadas por el peso del oro, como tantas
veces sucede, con el transcurso del tiempo, si adquirieron sin embargo dotes.
Nunca fueron ricos; sino que menguaron con el menguar del comercio de tela,
y, cuando esa industria se murió, ellos decayeron aun mas. Sus locas
naves fueron penosamente puestas a prueba por las tormentas de los años
1500; algunas se fueron al fondo, algunas resistieron su furia, pero quedaron
tan maltrechas que luego se hundieron en las calmas aguas. Algunas pocas, de
una forma u otra, consiguieron mantenerse a flote hasta que el huracán
de la Revolución Francesa, finalmente los partió en pedazos. El
número más alto de esta fundación en Bélgica fue
de 94. En 1734 fueron reducidas a 34 y en 1856 a 20. Sus miembros en 1631 eran
2,487; en 1828 contaban con 1,010 miembros, y en 1856 alrededor de 1,600 miembros.
Por ERNEST GILLIAT-SMITH
Transcrito por Janet Grayson
Traducción de Brenda M. Whitton.
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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