( JACOBO FOURNIER )
Fue el tercero de los Papas de Aviñon, nacido en Saverdun,
en la provincia de Tolosa, Francia, electo Papa el 20 de Diciembre
del año 1334, murió en Aviñon el 24 de Abril
del año 1342. Nada se sabe de su familia ni de su niñez.
Muy joven ingresó en la orden Cisterciense, como monje en el
monasterio de Boulbonne, hasta que se trasladó al monasterio
de Fontfroide en donde el abad era su tío Arnoldo Novelli,
más conocido por su apellido Fournier. Estudió en la
Universidad de París donde recibió el doctorado en Teología.
Por esa época fue nombrado Abad de Fontfroide sustituyendo
a su tio, quien fue nombrado cardenal el 19 de Diciembre del año
1310. En Diciembre del año 1317, fue nombrado Obispo de Palmiers
su diócesis natal, fue trasladado a Mirepoix el 26 de Enero
del año 1327, y fue nombrado cardenal por el Papa Juan XXII
el 18 de Diciembre del año 1327. A la muerte del Papa el 4
de Diciembre del año 1334, la mayoría de los cardenales
reunidos en cónclave se oponían al regreso a Roma, por
lo que exigieron al cardenal de Comminges, cuya elección se
daba por segura, el compromiso de permanecer en Aviñon. Su
negativa provocó una inesperada búsqueda de candidatos.
Durante la primera votación el 20 de Diciembre del año
1334, muchos electores, creyendo interpretar el sentir de el cónclave,
votaron por el desconocido Cardenal Fournier, quien a pesar de ser
uno de los pocos hombres con méritos reales en el colegio,
era poco probable por ser de origen oscuro, débil de salud
y desconocido. A pesar de todo eso, asombró al cónclave
al recibir los dos tercios de los votos que eran necesarios. El 8
de Enero del año 1335, fue entronizado como Benedicto XII.
Decidido a restablecer el papado en Roma, Benedicto inició
su reinado ordenando la restauración de la basílica
de San Pedro y la de Letrán. Estaba dispuesto a aceptar la
petición de una comisión de romanos solicitando su regreso,
pero los cardenales le hicieron ver la dificultad de vivir en una
Italia fraccionada. Ellos tenían razón, aunque otra
motivación, y el Papa cedió. Sintiendo remordimiento,
durante una enfermedad crítica se comprometió a trasladar
su corte a Boloña. Los cardenales presionaron con el débil
argumento de lo difícil que sería lograr la obediencia,
y Benedicto decidió permanecer en Aviñon, donde en 1339
comenzó la construcción de un sólido castillo
papal que todavía existe. Atento siempre a los sucesos de la
perturbada Italia, envió a menudo dinero para socorrer al pueblo
golpeado por el hambre, así como para restaurar iglesias. La
principal preocupación de Benedicto fue terminar con los abusos.
Inmediatamente después de su elección regresó
a los clérigos que no eran necesarios en Aviñon y amenazó
con castigos muy fuertes a los que no obedecieran la ley de residencia.
Anuló las escandalosas "expectativas" concedidas por su predecesor
y prohibió la concesión de encomiendas ( Ver ABAD COMENDADOR).
También condenó por indecentes las "mayorías"
y solo concedió beneficios con una estricta discriminación
dejando muchas sedes vacantes, lo que dio pie a la calumnia de que
solo él se estaba beneficiando con los impuestos. Atacó
vigorosamente la codicia por las ganancias entre los eclesiásticos;
reguló los impuestos a pagar por los documentos extendidos
por la oficina papal; hizo que las visitas episcopales no fueran más
una opresión financiera para los clérigos; abolió
la práctica de la solicitud de refrenda por favores papales,
que eran extremadamente lucrativos para los oficiales venales; y estableció
el Registro de Súplicas para el control de dichas peticiones.
Aunque aborrecía el nepotismo, solo mostró preferencia
por un familiar al nombrar al eminente Juan Bauzian como Arzobispo
de Arles en deferencia a la insistencia de los cardenales; influyó
en su única sobrina al desanimarla de aceptar a un noble pretendiente
y casarse con alguien de su humilde rango. Una leyenda certificada
por Aegidius de Viterbo, ( d.1532 ), asegura que en una ocasión
dijo : " un Papa debe ser como Melquisedec, sin padre, sin madre,
sin genealogía". La reforma monástica en particular
comprometió su celo. Siendo él mismo un cisterciense,
soñó con revivir el primitivo fervor en los monasterios,
así como la devoción al estudio. Algunas constituciones
papales relacionadas a los monasterios, así como sus visitas
a los mismos atestiguan su solicitud por el renacimiento de los monasterios.
Siendo un teólogo erudito, que fue obispo, cardenal y papa,
se mostró sumamente interesado en las discusiones escolásticas.
Dio por terminada la molesta controversia referente a si la Visión
Beatífica sería gozada antes o después del Juicio
Universal. Juan XXII había apoyado esto último, provocando
intensas discusiones. Impaciente por resolver la cuestión,
Benedicto escuchó las opiniones de aquellos que defendían
la teoría de la visión diferida, y nombró una
comisión de teólogos a quienes les dio cuatro meses
para hacer una investigación patrística. Su labor terminó
con la proclamación ( 29 de Enero de 1336 ) de la bula "Benedictus
Deus" definiendo la inmediata visión intuitiva de Dios, para
las almas de los justos que no tengan faltas que expiar. Celoso también
por la preservación de la Fé, estimuló a los
obispos en los distritos infectados a estar vigilantes en la represión
de la herejía, urgiéndoles en el uso de la inquisición
como remedio preventivo. Combatió enérgicamente las
doctrinas antipapales que los teóricos eclesiástico-políticos
de el turbio período de Aviñon habían extendido
y que desafortunadamente habían sido apoyados por una escuela
de Franciscanos descarriados. ( Ver FRATICELLI, MARSILIUS OF PADUA,
WILLIAM OF OCCAM, MICHAEL OF CESENA. ) Angustiado por la infidelidad
en Irlanda, trató de persuadir a Eduardo III a establecer la
inquisición en su reino, pidiéndole también que
apoyara a los obispos irlandeses a extirpar la herejía. A pesar
de ser el más ardiente enemigo de la herejía, Benedicto
fue extremadamente paciente y amoroso en el trato con los herejes.
Buscó también la unión de las iglesias del oriente
con Roma, por medio de un delegado de el Emperador Andrónico,
cuya sinceridad, sin embargo, Benedicto se vió forzado a poner
en duda; demostró su preocupación por la iglesia de
Armenia que a principio del siglo catorce sufrió la invasión
de los mahometanos, socorrió a los menos afortunados en el
orden temporal, y concilió las diferencias doctrinales que
habían desgarrado Armenia con el cisma.
En cuanto a los asuntos puramente eclesiásticos, el pontificado
de Benedicto se puede considerar como aportador de muchos bienes para
la Iglesia. Piadoso, prudente y firme, se empeñó a conciencia
en lograr satisfacer las necesidades de la Iglesia en un período
critico. En las relaciones políticas, sin embargo, no tubo
éxito. Inexperto en política, tenía poca aptitud
para la diplomacia, y un conocimiento escaso del hombre y de los asuntos
del mundo. Las conflictivas motivaciones políticas lo confundieron,
y la duda y vacilación contrastaron dolorosamente con su firmeza
y decisión en los asuntos eclesiales. Aunque estaba decidido
a actuar independientemente de Felipe VI de Francia, éste tubo
generalmente éxito en someter al Papa a su política.
Esto ayudo a evitar el regreso a Roma. También frustro sus
deseos de hacer la paz con el Emperador Luis de Baviera a quien Juan
XXII había excomulgado por fomentar la sedición en Italia,
proclamándose a sí mismo rey de los romanos y nombrando
un Antipapa. Deseoso de absolverlo, solo tenía que someterse
a la iglesia, Benedicto expuso a los delegados de Luis unos términos
generosos para la paz (Julio, 1335) pero Felipe animado por los cardenales
convenció al Papa de que su generosidad fomentaba la herejía
y la rebelión. Benedicto cedió. En tres oportunidades
los enviados imperiales llegaron a Aviñón, pero la influencia
de Francia prevaleció y el once de Abril de 1337 Benedicto
declaró que era imposible absolver a Luis. Este último
como Benedicto se asusto, se alió con Eduardo III de Inglaterra
contra Francia. En vano el Papa trato de prevenir la guerra, pero
él no fue escuchado por los reyes y sus aliados. Sus buenos
oficios fueron despreciados; y el Papa fue humillado por Felipe quien
más tarde se alió con Luis quien también se había
aliado con los enemigos políticos y eclesiásticos del
Papa, el Emperador negó la autoridad del Papa sobre él,
y el peor insulto de todos, usurpó la autoridad del Papa al
declarar nulo el matrimonio de Juan Enrique de Bohemia con Margarita
Maultasch, declarando que Margarita se podía casar con Luis
de Brandenburgo hijo de Felipe. El rey francés se opuso a la
proyectada cruzada de Benedicto contra los infieles, haciendo de la
guerra contra Inglaterra una excusa para no cumplir su promesa de
ayudar con las armas, y desviando el dinero asignado a la cruzada
para financiar su propia guerra, a pesar de las protestas del quisquilloso
Papa. El ardor de Benedicto por la cruzada encontró apoyo en
España, donde él ayudó a la campaña contra
los mahometanos que en 1339 invadieron la península.
Benedicto XII no se pudo escapar a las calumnias. Reformador, enemigo
de la herejía, constructor del palacio papal en Aviñón,
renuente aliado de Francia, y enemigo de Alemania, él se hizo
de muchos enemigos cuyas mentiras habrían inspirado apreciaciones
anticatólicas de su carácter. Mucho daño fue
hecho a su memoria por las sátiras de Petrarca quien habiendo
sido patrocinado y colmado de honores por Benedicto, estaba amargamente
resentido al fracasar sus intentos de hacer regresar al Papa a Roma.
Su obesidad natural, también estimuló las caricaturas
y las críticas inmerecidas. Pero la historia ofrece una reivindicación
y hay testimonios de que a pesar de que falló al no tener éxito
con las dificultades políticas que heredó, su piedad,
virtudes, espíritu pacifista, su justicia, rectitud, su firmeza
en dar reglas, su celo por la doctrina, y por la reforma moral, y
la integridad de su carácter estaban por encima de toda crítica.
RAYNALDUS, en BARONIUS, Annales (Bar-le-Duc, 1872),
XXV, 20-274; CHRISTOPHE,
Hist. de la papauté pendant le XIVe siècle
(Paris, 1853), II, 36-79; ROCQUAIN, La Cour de Rome (Paris, 1895),
II, 437-463; PASTOR-ANTROBUS, History of the Popes (St. Louis, 1898),
I, 83-86; VIDAL, Benoît XII: Lettres (Paris, 1902); DAUMET,
Benoît XII: Lettres (Paris, 1889); Acta SS., XIII, 83-86; Liber
Pontificalis, ed. DUCHESNE (Paris, 1886), II, 486, 527; MURATORI,
Rerum Italicarum Scriptores f (Milan, 1734), III-XIII; LE BACHELET
en Dict. théol. cath., II, 653-704, un exhaustivo estudio teológico
con muy buena bibliografía.
JOHN B. PETERSON
Transcrito por WGKofron
En memoria de Fr. John Hilkert, Akron, Ohio
Fidelis servus et prudens, quem constituit Dominus super familiam
suam