(Hebreo Barûkh, Bendecido, Bendito; Sept.Baruc).
Discípulo de Jeremías y autor tradicional del libro profético
que lleva su nombre. Era hijo de Neriyyá (Jer.32:12, 32:16,36:4, 8,32;
Bar. 1:1) y probablemente hermano de Saraias, chambelán jefe del Rey
Sedecías (Jer.32:12, 51:59; Bar.1:1).
Después de que el Templo de Jerusalén fue saqueado por Nabucodonosor
(559 B.C.) Baruc escribió, bajo el dictado de Jeremías, el oráculo
de ese gran profeta que predijo a los judíos, arriesgando su vida al
hacerlo, el regreso de los Babilonios. También escribió la segunda
y más extensa edición de las profecías de Jeremías
después de que éste fuese quemado por el enojado Rey Joaquín
(Jer. 36). Durante toda su vida permaneció fiel a los ideales y enseñanzas
de ese gran profeta que fue Jeremías a pesar de que a veces pareció
sucumbir al desaliento y tal vez incluso a la ambición personal (cf.
Jer.45). Estuvo con Jeremías en el último sitio de Jerusalén
y fue testigo de la compra por parte de Jeremías de la propiedad de sus
antepasados en Anatot (Jeremías 32). Después de la caída
de la Ciudad Santa y la ruina del Templo (588 B.C.), Baruc probablemente vivió
durante un tiempo con Jeremías en Masfat. Sus enemigos le acusaron de
haber influenciado al profeta para que aconsejara a los judíos que permanecieran
en Judá en lugar de continuar hasta Egipto (Jer. 43), tal y como según
una tradición hebrea preservada por San Jerónimo ( En Isaías
30:6,7) ambos murieron antes de que Nabucodonosor invadiera ese país.
No obstante esa tradición se contradice con los datos aportados en la
apertura del capítulo de la profecía de Baruc en la que se nos
cuenta que Baruc está escribiendo su libro en Babilonia, leyéndolo
públicamente cinco años después de la quema de la Ciudad
Santa y aparentemente, siendo enviado a Jerusalén por los judíos
cautivos con recipientes sagrados y regalos destinados al servicio de sacrificios
en el Templo de Yahvé. Estos datos entran en conflicto con varias tradiciones,
tanto judías como cristianas, las cuales posiblemente, tienen alguna
parte de verdad pero que no nos permiten determinar, con ninguna probabilidad,
la fecha, los pasos o la forma en la que murió Baruc.
En la Biblia Católica la “Profecía de Baruc” consta
de seis capítulos, el último de los cuales lleva el título
tan especial de “Epístola de Jeremías” y no pertenece
al libro propiamente dicho. La Profecía comienza con una introducción
histórica (1:1-14), diciendo lo primero (1-2) que el libro fue escrito
por Baruc en Babilonia cinco años después de que Jerusalén
fuese quemada por los Caldeos y lo siguiente (versos 3-14) qsue nos cuenta es
que fue públicamente leído en una asamblea del Rey Jeconías
y otros exiliados Babilonios, a los que produjo efectos de lo más beneficiosos.
La primera sección en el cuerpo del libro (1:15, 3:8) contiene una confesión,
plegada en dos, de los pecados que condujeron al exilio (1:15-2:25; 2:6-13)
junto con una oración rogativa para que Dios perdonase a su pueblo (2:14,
3:8). Mientras que la sección siguiente tiene mucho en común con
el Libro de Daniel (Dan 9:4-19), la segunda sección de Baruch nos recuerda
mucho a los pasajes de Job 28 y 38. Es un bello panegírico sobre la Sabiduría
Divina que no encontramos en ningún otro pasaje excepto en la Ley dada
a Israel. Solamente bajo la apariencia de la Ley ha aparecido la Sabiduría
en la tierra y se hecho accesible al hombre; dejemos, por lo tanto, que Israel
demuestre su fe nuevamente a la Ley. La última sección del Libro
de Baruc se extiende desde 4:5 al 5:9. Se compone de cuatro odas, cada una comenzando
con la expresión, “Ánimo, pueblo mío” (4:5,21,27,30)
y de un salmo íntimamente conectado con el onceavo de los apócrifos
Salmos de Salomón (4:36; 5:9). El capítulo 6 contiene como un
apéndice a la totalidad del libro “La Epístola de Jeremías”
enviada por ese profeta a “aquellos que fueron enviados cautivos a Babilonia”
por Nabucodonosor. Por sus pecados fueron sacados de su tierra y llevados a
Babilonia y permanecieron allí “durante largo tiempo, incluso hasta
siete generaciones”. En esa calurosa ciudad serían testigos de
la impresionante adoración que allí se prestaba a “dioses
de oro, plata, piedra y madera”, pero no se sometieron a ellos. Tales
dioses, se argumenta de varias maneras, no son poderosos y perecederamente fabricados
por la mano del hombre; no pueden hacer ni bien, ni mal porque no son en absoluto
dioses.
Es cierto que este sexto capítulo de Baruc es realmente distinto del
resto de la obra. No sólo tiene un título especial, “La
Epístola de Jeremías”, sino que también su estilo
y contenidos prueban claramente que es un escrito totalmente independiente de
la Profecía de Baruc. De nuevo, mientras algunos manuscritos Griegos
que tiene Baruc no tienen la Epístola, otros, entre los mejores, la tienen
separada del Libro de Baruc e inmediatamente antes del de las Lamentaciones
de Jeremías. De hecho, este capítulo sexto de Baruc lleva el titulo
de “Epístola de Jeremías” y ha sido, y es todavía
a los ojos de muchos, una razón decisiva para mantener el honroso punto
de vista de que el gran profeta es su autor. También anima que la vívida
y precisa descripción de la espléndida, aunque infame, adoración
de los dioses Babilonios en Baruc, hace que la tradicional autoría, desde
Jer. 13:5, 6, probablemente hable de un doble viaje de Jeremías al Eúfrates.
Finalmente se afirma que un cierto número de judaísmos nos llevan
a remontarnos a un hebreo original que apunta en esa misma dirección.
En oposición a este tradicional punto de vista, los críticos mas
contemporáneos argumentan que el estilo griego de Baruc, vi, prueba que
originalmente no fue escrito en hebreo, sino en griego y por consiguiente Jeremías
no es el autor de la epístola que se le atribuye. Por esta y otras razones
sugeridas por el estudio de los contenidos de Baruc, vi, piensan que San Jerónimo
estuvo decididamente correcto cuando denominó a estos escritos seudónimos,
esto es, inscritos bajo falso nombre. No obstante, esto se puede deber, tal
y como un importante estudio del Canon del Santo Tribunal demuestra que, a pesar
de las aseveraciones contrarias de los protestantes, Baruc 6 ha sido reconocido
por la Iglesia como una obra inspirada.
Con respecto al lenguaje del el Libro de Baruc (capítulos 1-5) una
variedad de opiniones prevalecen entre los escolásticos contemporáneos.
Naturalmente suficientes, algunos hay quienes simplemente se atienen al título
que atribuye el libro a Baruc, admiten que la obra entera fue originalmente
escrita en hebreo. Por el contrario, muchos de los que cuestionan o rechazan
la corrección del título piensan que este escrito fue totalmente
o al menos parcialmente, escrito en griego. Es bien cierto que la literatura
griega que presenta en varias secciones no apuntan con igual fuerza a un hebreo
original. Aún así, difícilmente podemos dudar que la totalidad
de Baruc, todavía existente en griego, parezca una traducción.
La evidencia lingüística está también confirmada por
las siguientes consideraciones:
Es muy probable que Teodosión (finales del segundo siglo de nuestra
era) tradujese el Libro de Baruc del hebreo original.
Existen varias notas marginales del texto Siro-Hexaplar diciendo que algunas
palabras en el griego”no se encuentran en el Hebreo”.
Baruc 1:14 dice que el libro se había redactado para ser leído
públicamente en el Templo; por lo tanto, debió de ser escrito
en hebreo para tal propósito.
Aparte de esta unidad como consideración a su lengua original, Baruc
presenta una cierta unidad en el punto sujeto-materia, por eso la mayoría
de los que mantienen que la obra entera fue primitivamente escrita en hebreo
admiten también su unidad de composición. Existen, no obstante,
en el Libro de Baruc muchas rastros del proceso compilatorio donde las varias
partes fueron aparentemente reunidas. La diferencia literaria entre 1-3:8 y
3:9-5, es enorme y reunidas con la de manera abrupta con que el panegírico
de la Sabiduría es introducido en el 3:9, sugiere una diferencia con
respecto al original. Las dos confesiones de los que condujeron al exilio en
1:15; 3:8 son apartadas sin ninguna transición natural. Las diferencias
literarias entre 3:9-4:4 y 4:5-5:9 son considerables y al comienzo de la tercera
sección en el 4:5 no es menos abrupta que la de la segunda en el 3:9.
De nuevo, una introducción histórica parece haber sido escrita
como prefacio a solamente 1:15-2:5. A la vista de estos y otros hechos, los
críticos contemporáneos creen que la obra es la salida a un proceso
compilatorio y que su unidad se debe al editor final que reunió los diferentes
documentos, los cuales, obviamente, nacieron bajo el exilio. Tal método
de composición literaria no entra necesariamente en conflicto con la
autoría del Libro de Baruc. Muchos de los escritores sagrados de la Biblia
fueron compiladores y Baruc puede y debe, de acuerdo con los escolásticos
Católicos que admiten el carácter compilatorio de la obra inscrita
a él, ser numerada entre ellas. Las bases para el punto de vista Católico
son principalmente tres:
El libro es atribuido a Baruc por su título;
Siempre se la ha considerado obra de Baruc por tradición;
Su contenido no presenta nada que pudiera ser posterior a la época de
Baruc o que pudiese ser considerado ajeno al estilo y manera de ese devoto y
creyente discípulo y secretario de Jeremías.
En contra de esto los no Católicos argumentan: