El nombre hebreo para designar el Arca de Noé, el que ocurre de
nuevo en la historia de la niñez de Noé, sugiere la idea
de una caja de grandes proporciones, aunque el autor del Libro de Sabiduría
la nombra navío (Sab., xiv, 6). Se llega a la misma conclusión
de las dimensiones que le atribuye el texto de la Biblia: trescientos
cubits de longitud (N.T.: 43 a 53 cm por cubit), cincuenta de ancho y
treinta de alto. La forma, muy probablemente cuadrada, ciertamente que
no era muy apropiada para la navegación, pero como ha sido probado
por los experimentos de Peter Jansen y M. Vogt, hacía el Arca muy
apropiada para llevar carga pesada y flotar sobre las olas sin cabecear
ni oscilar. El Arca estaba construida de madera de gofer, o ciprés
untado por dentro y por fuera de resina o alquitrán para hacerlo
impermeable. El interior contenía un cierto número de cuartos
distribuidos en tres pisos. El texto menciona solo una ventana que medía
un cubit de alto, pero probablemente existían algunas otras para
dar aire y luz a los ocupantes del Arca. También se había
dispuesto una puerta en el costado del Arca; Dios la cerró desde
afuera cuando hubieron subido Noé y su familia. Aparte de la familia
de Noé, el Arca debía recibir y conservar animales que llenaran
la tierra de nuevo (Gen., vi, 19, 20; vii, 2, 3) y todo el alimento que
fuera necesario para ellos. Después del Diluvio, el Arca se posó
en las montañas de Armenia (Gen., viii, 4 – según
Vulgate y Douay, las montañas de Ararat, de acuerdo a la Versión
Autorizada). La tradición está dividida en cuanto al lugar
exacto donde se posó el Arca. Josephus (Ant., I, iii, 6), Berosus
(Eus., Praep. Ev., IX, ii, P.G., XXI, 697), Onkelos, Pseudo-Jonatán
y San Efrén, la ubican en Kurdistán. Berosus relata que
una parte del barco de Xisuthrus aún permanecía ahí,
y que los peregrinos acostumbraban raspar el alquitrán de los restos
y hacer de él amuletos contra la brujería. Las tradiciones
armenia y judía admiten el Monte Ararat como el lugar de descanso
del Arca. En el siglo primero a.C. los armenios afirmaban que aún
se podan ver los restos. Los primeros Cristianos de Apamea, en Frigia
erigieron en este lugar un convento llamado el monasterio del Arca, donde
se celebraba anualmente una fiesta para conmemorar la salida de Noé
del Arca después del Diluvio.
Baste remarcar que el texto del Génesis (viii, 4) mencionando Monte
Ararat está más bien falto de claridad, y que nada se dice en
la Escritura concerniente a que pasó con el Arca después del Diluvio.
Han surgido muchas dificultades, especialmente en nuestra época, contra
las páginas de la Biblia en que se narra la historia del Diluvio y del
Arca. Este no es el lugar para ahondar en estas dificultades, independientemente
de que tan considerables parezcan ser. Todas convergen hacia la cuestión
de si estas páginas deben ser consideradas estrictamente históricas
en su totalidad o solo en su forma externa. Algunos eruditos católicos
sostienen la opinión de que estos capítulos son meramente legendarios,
folklore oriental; según otros, a los que se unen varios católicos,
preservan, bajo el encaje de las formas literarias, la memoria de un hecho pasado
por una tradición muy antigua. Esta posición, si estuviera soportada
por buenos argumentos, podría ser aceptada fácilmente por un católico;
tiene la ventaja, por encima de la viejísima opinión que cada
detalle de la narración debe ser interpretado literalmente y creído
por el historiador, de suprimir como sin sentido algunas dificultades que antes
parecían incontestables.
CHAS. L. SOUVAY
Transcrito por Michael T. Barrett
Dedicado a Sean Mazza
Traducido por Javier L. Ochoa Medina