En la teología judía
Cuando Dios pasó frente al rostro de Moisés en Sinaí, el
gran legislador dijo en voz alta: "Jehová, Jehová y Dios misericordioso,
de gran sufrimiento, y lleno de bondad y verdad" [(Ex., xxxiv,
6), en la Versión Douay, "Oh el Señor, el Señor Dios, misericordioso
y gracioso, paciente y lleno de compasión y verdad"]. El ser de
Dios está lleno de bondad y verdad -- Plenitudo veri et boni
en la traducción latina. Estas son las primeras de las cualidades morales
de Dios. Son el resultado inmediato de sus operaciones divinas pues
Dios es un espíritu infinitamente puro. Su ser es intelecto y voluntad.
La verdad es el objeto final del intelecto; la bondad lo es de la voluntad..
En el salmo, estas cualidades son alabadas e invocadas por el poeta
con afecto santo y amoroso. Por ejemplo. Pss., xxiv, 10; xxxix, 11,
12; lvi, 4, 11; lxxxiv, 11; lxxxv, l5; cxvi, 2. De las dos perfecciones
verdad y bondad, es la primera la que figura más alto. La verdad es
la primera de todas las perfecciones. La palabra hebrea para verdad
es Emeth. Esta está compuesta por tres letras: Aleph=Alfa, Mem=Mu,
and Thaw=Teta. La Aleph y la Thaw son la primera y la última letra respectivamente
del alfabeto hebreo; como Alfa y Omega lo son del griego. Así el término
Emeth (verdad) comienza con la primera letra del alfabeto y termina
con la última. Esto llevó a las sagas judías a encontrar un significado
místico en esta palabra. La Aleph o la primera letra de Emeth (verdad)
indica que Dios es el primero de todas las cosas. No había nadie antes
que El de quien hubiera podido recibir la plenitud de la verdad. La
Thaw, o la última letra, significa, de modo semejante, que Dios es la
última de todas las cosas. No habrá nadie después de El a quien El pueda
legarle. Así Emeth es una palabra sagrada que expresa que la
verdad vive absolutamente, y en toda su plenitud, en Dios. Emeth,
como lo menciona la verdad judía divina, es el signaculum Dei essentia
- signo de la esencia de Dios (véase el diccionario de Buxtori). Lo
siguiente se relata en Yoma 69b. y Sanh. 64a.: "Los hombres de
la gran sinagoga, rezándole a Dios, le rogaron que eliminara al Espíritu
del Mal de la tierra, siendo que éste era la causa de todos los problemas.
Un pergamino cayó inmediatamente del cielo con la palabra Verdad escrita
en él y, acto seguido, salió un fiero león del santuario. Era el espíritu
de la idolatría abandonando la tierra". "Esta leyenda enseña
", dice Hanina "que el sello de Dios es la verdad". (Enciclopedia
Judía)
En el uso cristiano
La forma de expresar la eternidad de Dios por medio
de la primera y la última letra del alfabeto parece haber pasado de
la sinagoga a la iglesia. El Alfa y Omega fueron sustituidos en lugar
de la Aleph y la Thaw. Pero la sustitución de las letras griegas por
aquellas de la lengua hebrea causó, inevitablemente, la pérdida de una
porción del significado y belleza de la forma de designar a Dios. Las
letras griegas Alfa y Omega no guardan relación con la palabra Verdad.
Omega no es la última letra de la palabra aletheia (verdad),
como Thaw lo es de la palabra Emeth. La palabra sagrada y mística
Verdad, expresada en hebreo a través de sus letras Aleph y Thaw,
el ser absoluto y eterno de Dios, tuvo que ser sacrificada. "Alfa-Omega"
(y su equivalente hebreo) significa una plenitud -o perfección- absoluta.
Es un decir judío que la bendición de Israél en Lev., xxvi, 3-13 está
completa porque comienza con Aleph y termina con Thaw. La perfección
absoluta de Jehová se expresa en Is., xli, 4; xliv, 6, por medio de
la frase, "Yo soy el primero y el último". Platón, "De
Legibus" (Sobre las Leyes), IV, 715, describe a Dios de la misma
forma: archen te kai teleuten kai mesa ton onton apanton echon (tiene en sus manos el principio, el
fin y el medio de todas las cosas), y cita esta frase
como un palaios logos (dicho antíguo). Cf. también Josefo, C.
Apión., II, xxiii. La frase expresa adecuadamente la idea de que Dios
es eterno, el principio y el fin de todas las cosas. El Cuarto Evangelio,
tras declarar que la "Palabra era Dios", dice: "y la
Palabra habitó entre nosotros llena de gracia y verdad". Gracia
aparece representando a bondad. La frase es idéntica con Ex., xxxii,
6, "llena de bondad y verdad". Aquí tenemos dos grandes atributos
divinos, Verdad y Bondad, asignados a Cristo en toda su plenitud. Lo
que Moisés dijo de Dios, el Evangelista lo dice de Cristo. En el Apocalipsis
el "Alfa-Omega", tomando el lugar de su equivalente hebreo,
aparece en el primer capítulo para designar a Dios, i, 8; pero designa
a Cristo en sus dos últimos capítulos (Ap., xxi, 6; xxii, 13). Es un
argumento que establece que su autor creyó en la divinidad de Cristo.
En los primeros años de la iglesia el Alfa y Omega eran usados como
el monograma de Cristo. Estas letras se convirtieron en Su escudo. El
poeta Prudencio dice, "Alpha et Omega cognominatus, ipse fons et
clausula omnium quae sunt, fuerunt, quaeque post future sunt" -
Alfa y Omega sinónimo,
el origen y el final mismos de todas las cosas que son, fueron y serán.
(Cathemer., 9, 11). El símbolo "Alfa-Omega" era escrito bajo
los brazos de la cruz dentro de un círculo o triángulo. El Alfa a veces
se encuentra a la derecha y la Omega a la izquierda a fin de indicar
que, en Cristo, el comienzo y el fin convergen en uno. Este escudo se
encuentra en las monedas del Emperador Constancio y Constantino (Martigny,
458-459). Los primeros Cristianos tenían dos letras gravadas en sus
sortijas (Vigouroux, Diccionario Bíblico). El Alfa y la Omega a veces
se encuentran escritos en el nimbo -o halo- del cordero; por ejemplo
en las pinturas de las catacumbas de Pedro y Marcelino, siglo III. También
encontramos estas dos letras en frescos y mosaicos de varias iglesias
antiguas; por ejemplo, en la capilla de San Felicitas y en San Marco
en Roma; en los mundialmente famosos mosaicos de Ravenna, en Galla Placidia,
San Crisologo, San Vitale. Con el paso del tiempo Alfa y Omega cesaron
de ser usadas en las pinturas y ornamentos de la iglesia como el monograma
de Cristo. Durante los últimos siglos las letras I.H.S. (véase ABREVIACIONES
ECLESIASTICAS) tomaron su lugar. Recientemente, sin embargo, las volvemos
a encontrar en las puertas de tabernáculos y en las antependias (ornamentos
del púlpito o de las vestiduras eclesiásticas).
C. VAN DEN BIESEN
Transcrito por Donald J. Boon
Traducido por Marielle Schmitz San Martín
Dedicado a mi hija Ronny Schmitz San Martín