I. Vida
Alberto, el hijo mayor del Conde de Bollstädt, nació en Lauingen, Suabia, en el año 1205 o 1206, aunque
muchos historiadores lo ubican en el año 1193. Nada cierto se sabe
de su educación primaria o preparatoria, la cual fue recibida ya
sea bajo el techo paternal o en una escuela del barrio. En su juventud
fue enviado a continuar sus estudios en la Universidad de Padua;
ciudad que fue escogida ya sea porque su tío residía en ella o porque
Padua era famosa por su cultura y artes liberales, por lo cual el
joven suabo tenía una predilección. La fecha de su partida a Padua
no ha sido posible determinar
con precisión. En el año 1223, se unió a la orden de Santo Domingo,
atraído por el discurso del Bendito Jordán de Sajonia, segundo Maestro
General de la Orden. Los historiadores no nos pueden decir si los
estudios de Alberto continuaron en Padua, Boloña, Paris o Colonia.
Una vez completados sus estudios, enseñó teología en Hildesheim,
Friburgo (Breisgay), Ratisbon, Straburgo y Colonia. Se encontraba
en el convento en Colonia, interpretando el Libro de las Sentencias
de Peter Lombard cuando, en 1245, se le ordenó partir a Paris. Allí,
recibió el grado de Doctor en la universidad que, sobre todas las
demás, fue celebrada como una escuela de teología. Fue durante este
período de logro en Colonia y Paris que se contaba entre sus oyentes Tomás de Aquino, entonces un joven silencioso
y pensativo, cuyo genio fue reconocido y cuya futura grandeza predijo.
El discípulo acompañó a su maestro a Paris en 1245, regresando con
él en 1248 al nuevo Studuim
Generale de Colonia, donde Alberto fue nombrado Regente, mientras
Tomás se convirtió en segundo profesor y Magister
Studentium (Maestro de estudiantes). En 1254, Alberto fue elegido
Provincial de su Orden en Alemania. Viajó a Roma en 1256 a defender
a las Ordenes de los Mendicantes contra los ataques de William de
San Amour, cuyo libro De novissimis temporum periculis
fue condenado por el Papa Alejandro IV, el 5 de Octubre de 1256.
Durante su permanencia en
Roma, Alberto ocupó la oficina de Maestro del Palacio Sagrado (instituido
en la época por Santo Domingo) y predicó sobre el Evangelio de San
Juan y las Epístolas Canónicas. Renunció a la oficina Provincial
en 1257 para dedicarse al estudio y la enseñanza. En el Capítulo
General de los Dominicos, sostenido en Valencia en 1250, junto a
Tomás de Aquino y Pedro de Tarentasia (luego, Papa Inocente V),
estableció las reglas para la dirección de estudios y la determinación
del sistema de graduación de la Orden. En el año 1260 fue nombrado
Obispo de Ratisbon. Humberto de
Romanis, Maestro General de los Dominicos fue renuente a
perder los servicios del gran Maestro, se esforzó en evitar su nombramiento,
aunque no tuvo éxito. Alberto gobernó la diócesis hasta el año 1262
cuando, luego de aceptada su renuncia, voluntariamente reasumió
los deberes de profesor en el Studuim en Colonia. En el año 1270, envió un informe a Santo Tomás
combatiendo a Siger de Brabante y los Averroístas. Este era su segundo
tratado especial contra el comentador árabe, el primero había sido
escrito en 1256 bajo el título De Unitate Intellectus Contra
Averroem. Fue llamado por el Papa Gregorio X para asistir
al Concilio de Lyon (1274) sobre las deliberaciones donde tomó parte
activa. El anuncio de la muerte de San Tomás en Fossa Nova, mientras
precedía el Concilio, fue un duro golpe para Alberto y declaró que
La Luz de la Iglesia había ido apagada. Naturalmente
creció en él el amor por su distinguido y santo pupilo y se dice
que luego de su muerte, no podía sino derramar lágrimas cuando se
nombrada o se mencionaba
a Santo Tomás. Algo de su viejo vigor y espíritu volvió en 1277
cuando se anunció que Esteban Tempier y otros deseaban condenar
los escritos de Santo Tomás bajo el cargo que eran demasiado favorables
a los filósofos ateos a si es que viajó a Paris a defender la memoria
de su discípulo. Tiempo después de 1278 (año en el cual escribió
su testamento) sufrió un lapso de memoria; su fuerte mente
gradualmente se fue nublando; su cuerpo se debilitó con las
vigilias, la austeridad y numerosos trabajos hundiéndose bajo el
peso de los años. Beatificado por el Papa Gregorio XV en 1622; su
fiesta es celebrada el 15 de Noviembre. Los obispos de Alemania
se reunieron en Fulda en Septiembre de 1872, enviando a la Santa
Sede la petición de su canonización; finalmente canonizado en 1931.
II.
Trabajos
Se han publicado dos ediciones de los trabajos completos de Alberto
(Opera Omnia); una en Lyon en 1651 en 21 volúmenes editados por
el Padre Peter Jammy, O.P., y la otra en Paris (Louis Vivés), 1890-99
en 38 volúmenes, publicados bajo la dirección del Abad Augusto Borgnet,
de la diócesis de Reims. Paul von Loe entrega una cronología de
los escritos de Alberto, la Analecta Bollandioada (De
vita et scriptis B. Albt. Magno, XIX, XX y XXI). El orden lógico
fue dado por P. Mandonnet, O.P., en el Diccionario de Vacante Dictionnaire
de théologie catholique. La siguiente lista indica los temas de sus variados tratados, y
los números se refieren a los volúmenes de la edición de Borgnet.
Lógica : siete tratados (I.2). Ciencias Físicas: Physicorum
(3); De Coelo et Mundo, De Generatione et Corruptione.
Meteororum (4); Mineralium (5); "De Natura
locorum", " De passionibus aeris" (9). Biológicos: "De vegetabilibus et plantis"
(10) " De animalibus" (11-12); "De motibus animalium",
"De nutrimento et nutribili", "De aetate", "De
morte et vita", "De spiritu et respiratione" (9).
Psicológicos: "De Anima" (5);
"De sensu et sensato", "De Memoria, et reminiscentia",
"De somno et vigilia", "De natura et origine animae",
"De intellectu et intelligibili", "De unitate intellectus"
(9). Los temas precedentes, con excepción de la Lógica, son tratados
en compendio en la Philosophia pauperum (5).
Moral y Polítical:
"Ethicorum" (7); "Politocorum (8). Metaphysical: "Metaphysicorum" (6); "De causis et processu
universitatis" (10). Teológicasl:
"Comentarios sobre el trabajo de Denis el Aeropagita
(14); "Comentario a las Sentencias de Lombardo (25-30);
"Summa Theologiae" (31-33); "Summa de creaturis"
(34-35); "De sacramento Eucharistiae" (38); "Super
evangelium missus est" (37). Exégetas:
"Comentarios sobre los Salmos y Profetas (15-19); "Comentarios
sobre los Evangelios (20-24); "Sobre el Apocalipsis"
(38). Sermones (13). El "Quindecim problemata contra Averroistas",
editado por Mandonnet en su "Siger de Brabant" (Freiburg,
1899). La autenticidad de los siguientes trabajos aún no ha sido
establecida: : "De apprehensione" (5); "Speculum
astronomicum" (5); "De alchimia" (38); Scriptum super
arborem Aristotelis" (38); "Paradisus animae" (37);
"Liber de Adhaerendo Deo" (37); "De Laudibus B. Virginis"
(36); "Biblia Mariana" (37).
III.
Influencia
La influencia ejercida por Alberto sobre los hombres de letras
de sus propios días y aquellos de épocas subsiguientes, fue naturalmente
enorme. Su fama se debe en parte al hecho que él era un precursor,
el guía y maestro de Santo Tomás de Aquino, aunque su grandeza fue
por mérito propio y su distinción reconocida por sus contemporáneos
y por la posteridad. Es notable que este fraile de la Edad Media,
en el seno de sus muchos deberes como religioso, como provincial
de su orden, como obispo y legado papal, como predicador de una
cruzada, también realizaba muchos viajes trabajosos desde Colonia a Paris y Roma y frecuentes
excursiones a distintos lugares de Alemania, pudo haber sido capaz
de componer una verdadera enciclopedia, conteniendo tratados científicos
en casi todos los temas, y desplegando un conocimiento de la naturaleza
y de teología que sorprende a sus contemporáneos y aún incita la
admiración de hombres peritos en nuestros propios tiempos. Era,
por cierto, un Doctor Universalis. Sería justo decir de
él: Nil tetigit quod non ornavit;
y no hay exageración en los párrafos de la crítica moderna que escribió:
Sea él considerado como teólogo o como filósofo, Alberto era,
sin lugar a dudas, uno de los extraordinarios hombres de su época;
y podría decir, uno de los mas maravillosos hombres de genio que
apareció en tiempo pasados (Jourdain, Recherches Critiques).
En los tiempos de Alberto, la Filosofía era una ciencia general
que abrazaba todo aquello que puede ser conocido por las solas fuerzas
naturales de la mente; física, matemáticas y metafísica. En su escritos,
es verdad, no encontramos la distinción entre las ciencias y la
filosofía lo cual es solo reciente. Sería, sin embargo, conveniente
considerar su habilidad en las ciencias experimentales, su influencia
sobre la filosofía escolástica, y su teología.
IV.
Alberto y las Ciencias Experimentales
No es sorpresa que Alberto debió surgir desde las fuentes
de información que en su tiempo habían, y especialmente sobre los
escritos científicos de Aristóteles.
Sin embargo, él decía: El ánimo de las ciencias naturales no es
simplemente aceptar los juicios (narrata) de otros, sino la investigación
de las causas que son ejercidas en la naturaleza (De Miner.,
Lib. II, tr.ii,i) En su tratado de las plantas, arroja el siguiente
principio: Experimentum solum
certificat in talibus (El
experimento es la única guía segura en tales investigaciones).
(De Veg., VI, tr. ii, i). Profundamente versado como lo era
en teología, él declara: Al estudiar la naturaleza, no investigamos
como Dios, el Creador puede, como él mismo libremente desea, usar
a sus criaturas para realizar milagros y de éste modo mostrar su
poder: sino, debemos preguntarnos qué es lo que la Naturaleza con
sus causas inmanentes, puede naturalmente realizar (De Coelo
et Mundo, I, tr. iv, x). Y, aunque, en asuntos de ciencias naturales,
él prefería a Aristóteles
en vez de San Agustín (In 2, Sent. dist. 13, C art. 2), no titubeaba
en criticar al filósofo griego Quienquiera creer que Aristóteles
fue un dios, también debe creer que nunca se equivocó. Pero si uno
cree que Aristóteles
fue un hombre, entonces, sin dudas, era posible para él el error
como lo es para nosotros (Physic.
lib. VIII, tr. 1, xiv). De hecho, Alberto dedica un largo capítulo
a lo que él llamó los errores de Aristóteles (Sum. Theol.
P. II, tr. i, quaest. iv). En una palabra, su apreciación de Aristóteles,
era crítica. Merece crédito no sólo por mostrar las enseñanzas científicas
del Estagirita para atención de los académicos medievales, sino
también por mostrar el método y el espíritu bajo el cual tales enseñanzas
debían recibirse. Tal como su contemporáneo, Roger Bacon (1214-94),
Alberto era un infatigable estudiante de la naturaleza y se dedicó
enérgicamente a las ciencias experimentales con tal notable éxito
que fue acusado de abandonar las ciencias sagradas (Enrique de Ghent,
De Scriptoribus ecclesiasticis, II,x). Sin dudas, han circulado
muchas leyendas que le atribuyen el poder de un mago o brujo. El
Dr. Sighart (Albertus Magnus) examinó estas leyendas y se esforzó
por escrudiñar la verdad de las historias falsas o exageradas. Otros
biógrafos se contentaban con hacer notar el hecho que la pericia
de Alberto en las ciencias físicas fue el fundamento sobre el cual
se construyeron las fábulas. La verdad radica entre los dos extremos.
Alberto era asiduo en cultivar las ciencias naturales; era una autoridad
en física, geografía, astronomía, mineralogía, química (alquimia),
zoología, fisiología e incluso frenología. En todas estas materias
era ampliamente erudito y muchas de sus observaciones tienen valor
permanente. Humboldt pagó un alto tributo a su conocimiento sobre
geografía física (Cosmos, II, vi). Meyer escribe (Gesch. Der Botanik):
Ningún botánico que viviera antes de Alberto se le puede comparar,
a no ser por Theophrasus, a quién él no conocía; y luego de él nadie
ha pintado la naturaleza con tales vivos colores o haberla estudiado
tan profundamente hasta el tiempo de Conrad, Gesner y Cesalpini.
Todos honraron, entonces,, al hombre que hizo tales impresionantes
progresos en la ciencia de la naturaleza, si ninguno, no diría notable,
pero si quiera igual a él por el período de tres siglos. La
lista de sus trabajos publicados es suficiente vindicación del cargo
de abandono de la teología y las Sagradas Escrituras. Por otro lado,
expresó contento por todo aquello que sabía a encanto o al arte
de la magia: "Non approbo dictum Avicennae et Algazel de fascinatione,
quia credo quod non nocet fascinatio, nec nocere potest ars magica,
nec facit aliquid ex his quae timentur de talibus" (Ver Quétif,
I, 167). Es evidente desde su propias palabras, que no era posible
hacer oro por alquimia o por el uso de la piedra filosofal: El
arte sólo, no puede producir una forma sustancial (Non est
probatum hoc quod educitur de plumbo esse aurum, eo quod sola ars
non potest dare formam substantialem -- De Mineral., lib. II, dist.
3). Roger Bacon y Alberto probaron al mundo que la Iglesia no se
oponía al estudio de la naturaleza que la ciencia y la fe pueden
ir de la mano; sus vidas y escritos enfatizaron la importancia de
la experimentación y la investigación. Bacon fue infatigable y osado
en la investigación; en ciertos momentos, también, su crítica era
aguda. Pero, de Alberto dijo: "Studiosissimus
erat, et vidit infinita, et habuit expensum, et ideo multa potuit
colligere in pelago auctorum infinito" (Opera, ed. Brewer,
327). Alberto respetaba la autoridad y las tradiciones, era prudente
al proponer los resultados de sus investigaciones y, por lo tanto
contribuyó mucho más que Bacon en el avance de la ciencia
en el siglo XIII (Turner, Hist. De la Filosofía). Su método
para tratar las ciencias fue histórico y crítico. Reunió en una
vasta enciclopedia todo lo conocido en su tiempo, y luego expresó
sus opiniones, principalmente bajo de forma de comentarios sobre
los trabajos de Aristóteles.
A veces, sin embargo, vacilaba, y no expresaba su opinión, probablemente
porque temía que sus teorías, las cuales eran avanzadas para su
época, pudieran crear sorpresa y ser ocasión de comentarios desfavorables."Dicta
peripateticorum, prout melius potui exposui: nec aliquis in eo potest
deprehendere quid ego ipse sentiam in philosophia naturali"
(De Animalibus, circa finem). En Augusta Theodosia el excelente
trabajo de Drane sobre "Escuelas Cristianas y Pupilos
(419 sqq.) hay algunas interesantes notas sobre algunas visiones
científicas de Alberto que muestran cuánto le debió a su propia
observación sagaz del fenómeno natural, y cuán avanzado estaba en
relación a su tiempo... Hablando de las Islas Británicas,
aludía a la comúnmente recibida idea que otra Isla Tile o
Tule existió en el Océano Occidental, inhabitado por razón
de su terrible clima pero el cual decía, tal vez aún
no ha sido visitado por el hombre. Alberto dio una elaborada
demostración de la esferidad de la tierra; y se ha mencionado que
su visión en este tema eventualmente condujo al descubrimiento de
América (cf. Mandonnet, in "Revue Thomiste", I, 1893;
46-64, 200-221).
V. Alberto
y la Filosofía Escolástica
Más importante que el desarrollo de Alberto de las ciencias
físicas, fue su influencia sobre el estudio de la filosofía y la
teología. Él, más que ningún otro gran escolástico que precediera
a Santo Tomás, dio a la filosofía y la teología Cristiana la forma
y método el cual, sustancialmente, se mantiene hasta nuestros días.
En este sentido, fue el precursor y maestro de Santo Tomás, quien
lo superó, sin embargo, en muchas cualidades requeridas de un perfecto
Doctor Cristiano. En el sendero que otros siguieron, Alberto compartió
la gloria de ser el pionero con Alejandro de Hales (m. 1245) cuya
Suma Teológica fue la primera escrita luego que todos
los trabajos de Aristóteles
fueran generalmente conocidos en Paris. Su aplicación de los métodos
aristotélicos
y principios al estudio de la doctrina revelada, dieron al mundo
el sistema escolástico el cual
dio cuerpo a la reconciliación de la razón con la fe Ortodoxa.
Luego del no ortodoxo Averroes, Alberto fue el principal comentador
de loa trabajos de Aristóteles, cuyos escritos estudió asiduamente,
y cuyos principios adoptó para sistematizar la teología, a través
de la cual de pretendió la exposición y defensa de la doctrina Cristiana.
La elección de Aristóteles
como maestro produjo una fuerte oposición. Los comentarios Judíos
y Árabes sobre los trabajos del Estagirita, habían despertado
tantos errores en los siglos XI, XII y XIII, que por varios años
(1210-25) el estudios de la Física y Metafísica de Aristóteles
fue prohibida en Paris. Sin embargo, Alberto, sabía que Averroes,
Abelardo, Amalrico y otros habían levantado falsas doctrinas desde
los escritos del filósofo;
más aún, él sabía que habría sido imposible rendir la marea de entusiasmo
en favor de estudios filosóficos; y así resolvió purificar los trabajos
de Aristóteles,
del Racionalismo, Averroísmo, Panteísmo y otros errores y, por consiguiente,
precisar la filosofía pagana para servir en la causa de la
verdad revelada. En esto, él siguió el canon dejado por San Agustín
(II de Doct. Christi, xl) quien declaró que las verdades encontradas
en los escritos de filósofos paganos debían ser adoptadas por los
defensores de la fe verdadera, mientras que su opiniones erradas
debían ser abandonadas, o explicadas bajo un sentido Cristiano..
(See St. Thomas, Summa Theol., I, Q. lxxxiv, a. 5.) Todas las ciencias
inferiores (naturales) deben ser servidoras (ancillae)
de la Teología que es la superior y la ama
(ibid.,
1 P., tr. 1, quaest. 6). Contra el racionalismo de Abelardo y sus
seguidores, Alberto puntualizó la distinción entre las verdades
naturalmente conocibles y los misterios (ejemplo, La Trinidad
y la Encarnación) las cuales no pueden ser sabidas sin la Revelación.
(ibid.,
1 P., tr. III, quaest. 13). Hemos visto que escribió dos tratados
contra el Averroísmo, los cuales destruyeron la inmortalidad individual
y la responsabilidad individual, al enseñar que hay una alma pero
racional para todos los hombres. El Panteísmo fue refutado junto
con el Averroísmo cuando la verdadera doctrina de los Universales,
el sistema conocido como el Realismo moderado, fue aceptado por
los filósofos escolásticos. Esta doctrina fue basada por Alberto
sobre la Distinción del universal ante
rem ( una idea o arquetipo en la mente de Dios) in
re (existente o capaz
de existir en muchos individuos) y la post
rem (como un concepto abstraído de la mente y comparado con
los individuos de los cuales puede ser predicado)
"Universale duobus constituitur, natura, scilicet
cui accidit universalitas, et respectu ad multa. qui complet illam
in natura universalis" (Met., lib. V, tr. vi, cc. v, vi). A.T.
Drane (Madre Raphael, O.S.D.) dá una notable explicación de estas
doctrinas (op.cit. 344-429). Aunque seguidor de Aristóteles,
Alberto no abandonó a Platón: "Scias quod non perficitur homo
in philosophia, nisi scientia duarum philosophiarum, Aristotelis
et Platonis (Met., lib. I, tr. v, c. xv). Sería errado decir que
fue meramente un simio (simius)
de Aristóteles.
En el conocimiento de las cosas Divinas, la fe precede la comprensión
de la verdad Divina, la autoridad precede a la razón (I Sent., dist.
II, a. 10); pero las materias que pueden ser conocidas naturalmente,
un filósofo no debe mantener una opinión la cual él no esté preparado
a defender con la razón (ibid., XII; Periherm., 1, I, tr 1, c i).
La Lógica, de acuerdo a Alberto, es la preparación de la
enseñanza de la filosofía de cómo debemos usar la razón para pasar
de lo desconocido a lo conocido:
"Docens qualiter et per quae devenitur per
notum ad ignoti notitiam" (De praedicabilibus, tr. I, c. iv).
La filosofía es o contemplativa o práctica. La filosofía contemplativa
abraza la física, matemáticas y metafísica; la filosofía práctica
(moral) es monástica (para el individuo) doméstica (para la familia)
o política (para el estado o sociedad). Excluyendo la física, ahora
un estudio especial, los autores de nuestro tiempo aún retienen
la vieja división escolástica de filosofía a lógica, metafísica
(general y especial) y la Ética.
VI.
La Teología de Alberto
En Teología, Alberto ocupa un lugar entre Pedro Lombardo,
el Maestro de las Sentencias, y Santo Tomás de Aquino. En un orden
sistemático, de rigurosidad y claridad, superó al primero pero es
inferior a su propia discípulo ilustrísimo. Su Suma Teológica
marca un avance mas allá de las costumbres de su tiempo en el orden
científico observado, en la eliminación de asuntos inútiles, en
la limitación de los argumentos y objeciones; sin embargo, aún se
mantienen muchos de los impedimentos, obstáculos o piezas tambaleantes
que Santo Tomás consideró suficientemente serios como para un nuevo
manual de teología para uso de principiantes. ad
eruditionem incipientium, como el modesto Doctor Angélico notó
en el prólogo de su inmortal Summa. La mente del Doctor
Universalis, estaba tan llena de conocimiento de muchas cosas
que no siempre pudo adaptar sus exposiciones de la verdad a la capacidad
de los novicios en la ciencia de la teología. Enseñó y dirigió un
pupilo que dio al mundo una exposición científica concisa, clara
y perfecta y una defensa de la Doctrina Cristiana; ante Dios, por
lo tanto, le debemos a Alberto Magno, la Summa Theologica
de Santo Tomás.
D.J. KENNEDY
Transcrito por Kevin Cawley
Traducido por: Carolina Eyzaguirre A.