Monje benedictino y Cardenal Obispo de Ostia de 1138 a 1147. Nació en
1080 en Beauvais en Francia, y murió en Verdum en 1147. Entró
al monasterio de Cluny y llegó a ser Sub-Prior y más tarde Prior
de San Martín de Champs. En 1126 fue llamado a Cluny por Pedro el Venerable,
para ayudar a restituir la disciplina en ese famoso monasterio.
En 1131 fue Abad de Vezelay en la diócesis de Autun, y estuvo en este
puesto hasta que fue nombrado Cardenal Obispo de Ostia por el Papa Inocencio
II en 1138. Inmediatamente después de su consagración Alberico
fue delegado papal en Inglaterra. Tuvo éxito en muchas de las tareas
que emprendió para finalizar las batallas que había por la posición
del trono, entre el usurpador Esteban de Blois y David I de Escocia, quien había
tomado partido por la causa de la Emperatriz Matilde. Posteriormente fue llamado
a un consejo de todos los obispos y abades de Inglaterra, el cual tuvo lugar
en Londres en diciembre de 1138. El mismo, contó con la asistencia de
dieciocho obispos y cerca de 30 abades. El motivo principal de este consejo,
además de las medidas disciplinarias, fue la elección de un arzobispo
para toda la sede de Canterbury.
Thibaut, Abad de Bec, fue seleccionado, y consagrado por Alberico. En enero
de 1139 retornó a Roma, acompañado por Thibaut y por otros obispos
y abades. En el mismo año, Alberico envió una exhortación
a los habitantes de Bari, un pueblo en el Adriático, para que reconocieran
la obediencia y las leyes del soberano Roger II de Sicilia, contra el cual había
una revuelta. Sin embargo, los habitantes rechazaron escuchar el legado de la
Santa Sede y le cerraron las puertas. En 1140 Alberico fue nombrado para juzgar
la conducta de Rodolfo Patriarca de Antioquía. En un consejo de obispos
orientales y abades, presidido por Alberico, Rodolfo fue depuesto y puesto en
prisión el 30 de noviembre de 1140.
En 1147, el Papa Eugenio III, envió a Alberico a combatir a los heréticos
Henricianos (véase ALBIGENSES), quienes estaban causando muchos problemas
en las cercanías de Toulouse. En una carta escrita en ese entonces a
los obispos de ese distrito, San Bernardo de Clairvaux llamó a Alberico
“el venerable Obispo de Ostia, un hombre que ha hecho grandes cosas en
Israel y a través de quien Cristo ha obtenido frecuentemente victorias
para su iglesia”.
San Bernardo es inducido a unirse al legado y es considerado el principal responsable
de muchos de los milagros y elocuencia que con su Santidad, obtuvo algún
grado de éxito. Tres días antes de la llegada de San Bernardo,
Alberico había recibido una fría bienvenida. La población
había ido a encontrarlo montada en asnos y lo habían escoltado
a su residencia con música de instrumentos rústicos. Se dice que
él no pudo ganarse a la gente pero que los heréticos le tenían
más temor a él que a cualquier cardenal de ese entonces. El último
trabajo de Alberico fue el de cooperar con San Bernardo en fomentar la Segunda
Cruzada. El fue quien organizó con Luis VII de Francia los detalles para
llevar a cabo de esa tarea.
MABILLON. Life and Works of St. Bernard. Abbot of Clairvaux,
tr. by EALES (London, 1889-98): LINGARD, History of England, II, iv; FLEURY
(Histoire ecclesiastique (Paris, 1751), XIV; ROHRBACHER, Histoire universelle
de l'eglise catholique, VI.
M.J.O'MALIA.
Transcrito por Bill & MaryAnne Cook
Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes