(Actualmente
SAN MAURICIO-EN-VALAIS).
Agaunum, en la diócesis de Sion, Suiza, debe su fama
a un evento relatado por San Euquerio, Obispo
de Lyons, el martirio de una legión Romana, conocida como “Legión
Tebana”, en el comienzo del siglo cuarto. Por siglos este martirio
fue aceptado como un hecho histórico, pero a partir de la Reforma ha
sido el tema de largas y violentas controversias, un relato exacto de
lo cual puede encontrarse en el trabajo de Franz-Stolle. Las fuentes para el martirio de los Tebanos son pocas,
consistentes en dos ediciones de sus “Actos”, ciertos registros
en los calendarios y en los martirologios, y la carta del Obispo Euquerio,
escrita en el año 450. A esta pueden añadirse ciertas “Pasiones”
de mártires Tebanos, que escaparon de la masacre de Agaunum,
pero que más tarde fueron víctimas de la persecución en Alemania e Italia.
Fue solamente en el episcopado de Teodoro de Octoduro (N.T. corresponde actualmente a la ciudad de Martigny
en Suiza.) (369-391), largo tiempo después del acontecimiento, que parece haberse
puesto atención a la masacre de Agaunum. Fue
entonces cuando, de acuerdo a San Euquerio,
se construyó una basílica en honor de los mártires, cuya presencia había
sido puesta en conocimiento del Obispo Teodoro por medio de una revelación.
El documento de principal importancia en relación con esta historia
es la carta de San Euquerio al Obispo Salvio, en donde
él registra los sucesivos testimonios mediante los cuales fue transmitida
la tradición hasta su época a lo largo de un período, de alrededor de
ciento cincuenta años. El había viajado al lugar del martirio; adonde
los peregrinos venían en grandes cantidades, y había, dice él, preguntado
a aquellos que pudieran decirle la verdad acerca del asunto. El, sin
embargo, no parece haber visto un texto del martirio, aun cuando su
relato tiene muchas excelentes cualidades, históricas así como literarias.
Ciertos hechos son relatados con exactitud, y el autor se ha abstenido
de añadiduras milagrosas. Pero por otra parte, los discursos
que él atribuye a los mártires, y la alusión por la cual hace lo posible
para relacionar la masacre de la Legión Tebana con la persecución general
bajo Diocleciano, ha dado pie para mucha discusión.
Los discursos fueron probablemente de composición propia del Obispo;
el fundamento histórico sobre el cual pretende basar el martirio es
completamente independiente del relato original. Las objeciones levantadas
contra el hecho mismo, y los intentos efectuados para reducir la masacre
de la legión a la simple muerte de seis hombres, uno de los cuales era
un veterano, no parecen merecer atención. Bárbara como también parece,
no hay nada increíble en la masacre de la legión; podrían citarse en
apoyo ejemplos de una ocurrencia tan inusual, si bien es bastante posible
que en el caso de Agaunum no tengamos relación
con una legión, sino con un simple vexillatio (N.T.
una legión constaba de cerca de 6.000 hombres. El vexillato,
de unos 500 soldados.). El silencio de historiadores contemporáneos,
que ha llamado la atención como un argumento irrefutable contra la verdad
del martirio de los Tebanos, está lejos de tener el peso que le ha sido
dado. Paul Allard ha mostrado esto muy
claramente probando que no había razón por la que Sulpicio Severo, Orosio, Prudencio, Eusebio, o Lactancio
hubieran hablado de los mártires Tebanos. El fija la fecha del martirio
como anterior al año 292, no, como es generalmente aceptado, en el 303.
Dora Ruinant, Paul Allard,
y los editores de la “Analecta Bollandiana"
son de la opinión que "el martirio de la legión, atestiguado, como lo
es por evidencia antigua y confiable, no puede ser puesto en duda por
cualquier mente honesta." Esta opinión optimista, sin embargo, no parece
haber convencido a todos los críticos. (Ver EUQUERIO DE LYONS; MAURICIO,
SAN)
La carta
de Euquerio no nos da detalles en cuanto a
la regla impuesta sobre los sacerdotes dejados por Teodoro de Octoduro
al cuidado de la basílica en Agaunum; ni sabemos si ellos eran regulares o seculares, si
bien un sermón de San Avito, Obispo de Viena,
parecería indicar la existencia de una fundación monástica, que fue
reemplazada y renovada por la fundación de Segismundo, Rey de los Borgoñones.
De los dos documentos que confirman esta opinión, la “Vita
Severini Acaunensis" es absolutamente
indigna de confianza, siendo un tejido de contradicciones y mentiras;
la "Vita Sanctorum
Abbatum Acaunensium",
un documento de escaso valor, para ser recibido con precaución, si bien
ciertos hechos pueden deducirse de ella. A la fecha de las primeras
dádivas de Segismundo a Agaunum la comunidad
estaba regida por el Abad Enemodo, quien murió
el 3 de Enero de 516. Su siguiente sucesor, Ambrosio, trajo notoriedad
a Agaunum por una innovación desconocida en
el Occidente, la Salmodia Perpetua, en 522 o 523 a más tardar. Esta
Salmodia Perpetua, o laus perennis, era continuada, día y noche,
por varios coros, o turmae (N.T.
plural del latín ‘turma’ que se refiere a un grupo organizado
o ‘equipo’ no muy numeroso de personas.) , que sucedían uno
al otro en la recitación del Oficio Divino, de tal foma
que la oración continuara sin interrupción. Esta laus perennis era practicada en el Este por
los Acoemetae (N.T. los vigilantes. Los no-durmientes.),
y su inauguración en Agaunum fue ocasión de una solemne ceremonia, y de un sermón
de San Avito que ha llegado hasta nosotros.
La “costumbre de Agaunum", como llegó
a denominarse, se extendió a Galia, a Lyon,
Chalons, la Abadía de San Denis,
a Luxeuil, San Germán en París, San Medardo en Soissons, a San Riquier, y fue adoptada por lo monjes de Remiremont y Laon, si bien la Abadía
de Agaunum dejó de practicarla desde el comienzo
del siglo noveno. Pero Agaunum había ganado
fama mundial por sus mártires y su salmodia. La abadía poseía algunos
de los más ricos y mejor preservados tesoros en el Occidente. Entre
las piezas inapreciables y artísticamente exquisitas de orfebrería,
solo necesitamos mencionar el châse
(relicario), decorado con mosaico de cristal, una de las más importantes
en el Occidente para el estudio de los comienzos del arte barbárico
y Bizantino. Está a la altura de la armadura de Chideric,
el Libro de los Evangelios en Moza, Italia, y las coronas de Guarrazar
en España. Ella está decorada no solamente con mosaicos, sino con azulejos
y piedras preciosas, lisas o grabadas. El frente está ornamentado con
un medallón, por largo tiempo tomado por un camafeo, pero que es una
pieza única de trabajo en vidrio de corona. Su edad ha sido muy discutida.
El respaldo lleva una larga inscripción, que infortunadamente no proporciona
solución al problema, pero podemos convenir con d’Arbois de Jubainville
en que no es de fecha anterior al año 563.
STOLLE, Das Martyrium der
thebaischen Legion
(Breslau, 1890); ALLARD, Le Martyre
de la legion thebeenne,
Hist. des persecutions
(Paris, 1890; V, 335-364); Analecta bollandiana (1891, X, 369-370); SCHMIDT, Der hl. Mauritius und seine Genossen
(Lucerne, 1893); KRUSCH,
La falsification des vies de saints burgondes,
in Melanges Julien Havet
(Paris, 1895); AUSBERT,
Tresor de l'Abbaye
de Saint-Maurice d'Agaune (Paris, 1872); LECLERCQ
in Dict. d'archeol.
chret. et
de lit. (1903,
I, 850-871).
H. LECLERCQ
Traducido por Daniel Reyes V.