En un sentido estricto los Actos de los
Mártires son los registros oficiales de los juicios a los primeros
mártires cristianos, hechos por los notarios de la corte. En un sentido
más amplio, sin embargo, el título se aplica a todas las narrativas
de la prueba y muerte de los mártires. En el último sentido, pueden
ser clasificados así:
- Informes
oficiales de los interrogatorios (acta, gesta). Existentes, como
el "Acta Proconsulis" (Cyprian, "Ep. lxxvii")
pocos en número, sólo nos han llegado en ediciones preparadas con
vista a la edificación del creyente. El "Passio Cypriani"
y "Acta Martyrum Scillitanorum" son típicos de esta clase.
De estos, el anterior es un trabajo compuesto de tres documentos
separados, mostrando un mínimo de adiciones editoriales, en algunas
frases vinculadas. El primer documento informa del juicio de Cipriano
en 257, el segundo, de su arresto y juicio en 258, el tercero, de
su martirio.
- Archivos
no-oficiales realizados por, testigos presenciales, o al menos contemporáneos
que anotaban el testimonio de aquellos, tales como el "Martyrium
S. Polycarpi", admitiendo sin embargo, que también puede deberse
a la imaginación piadosa del testigo presencial. El "Acta SS.
Perpetuæ et Felicitatis" es quizás de todas las Actas existentes,
la más hermosa y famosa, pues incluye las señales autográficas de
Perpetua y Saturus y el informe de un testigo presencial del martirio.
A éstos debe agregarse la "Epistola Ecclesiarum Viennensis
et Lugdunensis", contando la historia de los mártires de Lyons,
y otras Actas no tan famosas.
- Documentos
de fecha posterior al martirio, basados en el Acta de la primera
o segunda clase, y por consiguiente sujetos a varios tipos de manipulación
editorial. Esta clase es la que ofrece al crítico la más completa
libertad para su buen criterio. Lo que distingue a estas Acta de
las clases subsiguientes, es su base literaria. El editor no estaba
construyendo una historia para ajustarse a la tradición oral o explicar
un monumento, estaba redactando un documento literario según su
propio gusto y propósito. El grupo es numeroso y su contenido muy
discutible, pues, aún cuando el estudio adicional pueda elevar cualquier
Acta particular a una clase superior, comunmente, es más seguro
que la reduzca.
Además de estas tres clases de documentos más o menos
fidedignos, circulan muchos otros bajo el nombre de Acta Martyrum,
aunque su historicidad es, de poco o ningún valor. Son romances o
escritos alrededor de unos pocos hechos reales, que se han preservado
en la tradición popular o literaria, o nada más que puras obras de
la imaginación de hechos irreales, o de cualquier cosa. Entre los
romances históricos podemos ejemplificar la historia de Felicitas
y sus siete hijos que en su forma presente parece ser una variación
de IV Macabeos 8, 1, Aunque no hay duda sobre los hechos fundamentales,
uno ha sido actualmente confirmado por el descubrimiento, de De Rossi,
de la tumba de Januario, el hijo mayor en la narrativa. Y según críticos
estrictos como M. Dufourcq (Etude sur les Gesta martyrum romains,
París, 1900) y P. Delehaye (Analecta Bollandiana, XVI, 235-248), en
el romano "Legendarium" no puede exigir ninguna clase más
alta que éstas; así que, aparte de las monumentales, litúrgicas, y
topográficas tradiciones, mucha evidencia literaria, con respecto a los grandes
mártires de Roma, está intercalada en los romances históricos. Puede
ser una cuestión para sorprenderse, que deba haber semejante categoría
de Acta, como los romances imaginativos, que no tengan absolutamente
nada de verdad, en su fundación. Pero eran, las novelas de esos días
que desafortunadamente, fueron percibidas como historia.
Tal vez semejante, es el caso de la historia de Genesio
el Comediante, que fue convertido repentinamente, mientras imitaba
los misterios cristianos (Von der Lage, "Studien z. Genesius
Legende", Berlín, 1898-9), y las Actas de Dídimo y Teodora, la
que fue salvada por aquel (soldado cristiano), de un castigo peor
que la muerte. E incluso, menos honrosas que estos supuestos Acta
son, la historia de Barlaam y Josafat, adaptación cristiana de la
leyenda de Buda, la fausta leyenda de Cipriano de Antioquía y el romance
de la heroína que, bajo los variados nombres de: Pelagia, Marina,
Eugenia, Margarita, o Apolinaria fue admitida vestida de hombre en
un monasterio, declarada culpable de mala conducta, y póstumamente
rehabilitada. Santa Liberata también, la señora barbuda que fue clavada
en una cruz, sólo es santa de ficción, aunque el romance, probablemente,
se inventó con el definido propósito de explicar la figura colgada
de un crucifijo.
A pesar de eso, estas dos clases de Acta románticas,
casi no pueden estimarse como falsificaciones, en el estricto sentido
del término. Son ficciones literarias, pero como fueron escritas con
la intención de edificar moralmente y no engañar al lector, una clase
especial debe reservarse para las falsificaciones hagiográficas. A
éstas deben relegarse, todos esos Actos, Pasiones, Vidas, Leyendas
e Interpretaciones que se han escrito con el expreso propósito de
falsear la historia, como por ejemplo, las leyendas e interpretaciones
que ligan falsamente el nombre de un santo a alguna iglesia o ciudad
especial. Sus autores deshonraron el nombre de hagiógrafos, y no serían
dignos de mención, fueron nada más que fraudes conscientes, tienen,
en consecuencia, que ser atribuidos a esos hagiógrafos, quienes teniendo
el objeto de edificar moralmente y no de informar, escribieron Actas
con la intención de ser leídas como romances y no como historia.
Además de estos Acta Martyrum dispersos, hay otros
documentos literarios acerca de la vida y muerte de los mártires,
que pueden mencionarse aquí. Los Calendaria
fueron listas de mártires celebrados por las distintas Iglesias, según
sus diferentes fechas. Los Martiriologios representan colecciones
de los diferentes Calendaria y a veces agregan detalles del martirio. Los Itinerarios son libros
guía dibujados, para el uso de peregrinos a los santuarios de Roma;
tienen su utilidad por cuanto revelan, no sólo los lugares en que
descansan los grandes muertos, sino también las tradiciones que estaban
vigente en el siglo VII. Las escrituras de los Padres de la Iglesia,
también incluyen muchas referencias a los mártires, como por ejemplo,
los sermones de los Santos: Basilio, Crisóstomo, Agustín, Pedro Crisólogo
y Juan Damasceno.
Finalmente, han de ser consideradas las colecciones
de Vidas, pensadas para lectura pública y privada. Las más importante
de todas son, la "Historia Ecclesiastica" de Eusebio (265-340),
y su "De Martyribus Palestinæ"; pero desgraciadamente su
martyron synagoge o Colección de Actos de los Mártires a los que se
refiere en el prefacio del quinto libro de su "Historia Ecclesiastica",
hace mucho no está en existencia. Los catorce poemas de Aurelio Prudencio
Clemens, publicados en 404 como el "Persitephanon liber",
celebraron las alabanzas de los mártires de España y Italia; pero,
como el autor se permitió la licencia del poeta en su material, no
siempre es fiable. Los escritores de la Edad Media son responsables
de componer grandes ficciones con las historias de los mártires; incluso,
no hicieron uso apropiado del material que tenían a su disposición.
Gregory de Tours fue el primero de estos hagiógrafos medievales con
su "De virtutibus S. Martini", "De gloria Confessorum",
y "De vitis Sanctorum."
Simeón
Metafrastes es menos fiable aun; hasta se ha cuestionado si no fue
conscientemente falaz. (Ver, no obstante, el artículo en METAFRASTES).
Pero la colección más famosa de las Edad Media fue la "Leyenda
Dorada" de Jacopo de Voragine, primeramente impresa en 1476.
Todos estos escritores medievales incluyen a los santos así como a
los mártires en sus colecciones. De esta manera lo hacen Mombritio
(Milan, 1476), Lipomano (Venecia, 1551), y Surio (Colonia, 1570).
J. Faber Stapulensis incluyó solamente a Mártires en su "Martyrum
agones antiquis ex monumentis genuine descriptos" (1525), y son
unicamente los mártires cuyas fiestas se celebran en el mes de Enero.
Pero una época, fue notable en la historia de los mártires, por el
"Acta primorum martyrum sincera et selecta" del benedictino
Teodoro Ruinart (París, 1689) y frecuentemente reimpresa (Ratisbon,
1858). Otras colecciones de Acta, subsiguientes a Ruinart fueron,
Ilbaquio, "Acta Martyrum Vindicata" (Roma, 1723). S. Assemai, "Acta SS. Martyrum
orientan. et occ". (Roma,
1748). T. Mamachii "Origines et Antiquitates Christianæ"
(Roma, 1749).
El estudio crítico de las Acta Martyrum ha proseguido
vigorosamente en los últimos años, y el punto de vista de los críticos
cambió considerablemente desde el esfuerzo de Ruinart por hacer su
selección de Acta. Muchas de sus Acta Sincera ya no clasificarán,
tal como sincera; y si se ordenaran en diferentes clases, según su historicidad,
muy pocas podrían reivindicar un lugar en nuestra primera o segunda
clase. Pero por otro lado, el descubrimiento de textos y las investigaciones
arquelógicas de De Rossi y otros, han confirmado historias individuales
de martirio. Y una consecuencia general de la crítica, ha sido demostrar
los principales hechos, como las causas de persecución, el número
y heroísmo de los mártires, la popularidad de su cultos, y la historicidad
de los reconocidos héroes.
Por consiguiente, el problema principal para los
críticos modernos es descubrir la historia literaria de los Acta que
nos han llegado. No puede negarse que algún esfuerzo se hizo, muy
al principio, para mantener intacta la historia de los mártires de
la Iglesia. La lectura pública de los Acta en las iglesias ofrecería
naturalmente, una garantía de su autenticidad; y esta costumbre adquirida
ciertamente en Africa, por el Tercer Concilio de Cartago (canon XLVII)
permitió la lectura de "Passiones Martyrum cum anniversarii dies
eorum celebrentur". Había también un intercambio de los Acta
entre las diferentes Iglesias, como observamos, por el "Martyrium
S. Polycarpi" y la "Epistola Ecclesiæ Viennensis et Lugdunensis".
Pero no es conocido, en que grado o magnitud, fueron practicadas esas
costumbres. Y durante las persecuciones de Diocleciano, debió de haber
destrucción masiva de documentos y la Iglesia perdería los informes
de la historia de su Mártires, como resultado.
Esto parece ser especialmente verdad en Roma, la
que posee tan pocos Acta auténticos a pesar del número y renombre
de sus mártires; a causa de esto, los romanos habían perdido, claramente,
el hilo de estas tradiciones, ya en la segunda mitad del siglo IV.
Los poemas de Prudencio, los Calendaria e incluso las escrituras del
Papa Dámaso, muestra que la historia de las persecuciones había caído
en la oscuridad. Roma cristiana tenía a sus mártires debajo sus pies,
celebraba su memoria con intensa devoción y todavía conocía, sino,
poco de su historia.
Bajo estas circunstancias, no es improbable que el
deseo del creyente por una información más completa, sería satisfecho
fácilmente por narradores, que teniendo sólo material escaso a su
disposición, amplificarían y multiplicarían los pocos hechos conservados
por la tradición y vincularían, lo que ellos consideraron historias
apropiadas, a los nombres y lugares históricos. En el curso de tiempo,
se sostiene, estas leyendas fueron encargadas escritas, y así han
llegado hasta nosotros como romano legendarium. En apoyo de esta severa
crítica se alega que los Acta romanos, no son, en su mayor parte,
más antiguos que el siglo VI (Dufourcq), y esos falsos Acta, seguramente,
no fueron desconocidos durante el período.
El Concilio romano de 494 condenó, de hecho, la lectura
pública de los Acta (P. L.,
LIX, 171-2). Y esta protesta romana ya había sido anticipada por el
Sexto Concilio de Cartago (401) qué protestó contra el culto de mártires,
cuyo martirio no fuera seguro (canon XVII). San Agustín (354-340)
también había escrito: "Aunque para otros mártires podemos encontrar
escasos informes en que seguir leyendo sus fiestas, la Pasión de San
Esteban está en un libro canónico" (Sermo, 315, P. L., XXXVIII,
1426). Seguidamente en 692 el Concilio de Trullan, en Constantinopla,
excomulgó a quienes fueron responsables de la lectura de falsos Acta.
Por consiguiente, la suposición de semejante origen, para las leyendas
romanas, no es improbable. Desgraciadamente, los mártires romanos
no son los únicos cuyos Acta no son confiables. De las setenta y cuatro
Pasiones separadas incluidas por Ruinart en sus Acta Sincera, el bolandista
Delehaye pone sólo trece en la primera o segunda clase, como documentos
originales. Un estudio más avanzado de los Acta particulares podrían,
por supuesto, aumentar este número; y otros Acta originales, descubrirse.
La labor de críticos, tales como Gebhardt, Aubé,
Franchi de Cavalieri, Le Blant, Conybeare, Harnack, los bolandistas,
y muchos otros, de hecho han publicado, no infrecuentemente, en esta
dirección, mientras al mismo tiempo, han recolectado extensa bibliografía
en torno a varios Acta. Éstos deben estimarse, por lo tanto, en sus
méritos respectivos. Puede, sin embargo, advertirse aquí que la crítica
superior fue como riesgosa cuando se aplicó, tanto a los Actos de
los Mártires, como a las Sagradas Escrituras. Los argumentos pueden,
por supuesto, ser delineados desde la situación formal del documento,
su exactitud en fechas, nombres y topografía, y todavía los más fuertes
argumentos de lo que puede llamarse, la situación informal, dada inconscientemente
por su autor. Pero en el primer caso, la situación formal,
puede ser imitada sin duda, es por consiguiente inseguro buscar establecer
historicidad con tal argumento. Es igualmente inseguro suponer, que
la probabilidad de una narrativa, o su simplicidad, demuestra que
es genuino.
Incluso, lo improbable, puede contener más hechos
históricos que muchas narrativas que tienen apariencia de sobriedad
y restricción. Tampoco, la concisión (o brevedad), es prueba segura
que un documento sea de fecha más antigua; No se demuestra de esta
manera, que el Evangelio de San Marcos sea el más antiguo de los Sinópticos.
La situación informal es más fiable; la filología y la psicología
son mejores pruebas que las fechas y la geografía, porque se necesita,
de hecho, un hábil novelista, que se identifique, plenamente, con
sus héroes y que comparta sus pensamientos y emociones. Y aún todavía,
con esta concesión a la crítica superior, permanece como verdad que
el crítico pisa más seguro, cuando ha tenido éxito estableciendo la
ascendencia de su documento, por evidencia externa.
Acta SS.; Analecta Bollandiana;
Bibliographica hagiographica graeca (Brussels, 1895); Bibl. hag. latina (Brussels, 1898); LE BLANT, Les Persécuteurs et les Martyrs (Paris. 1893); Les Actes des Martyrs, Supplément aux Acta Sincera de D. Ruinart in
Mémoires de l'Académie des Inscriptions
et Belles Lettres, XXX. (Paris, 1882); NEUMANN, Der Römische Staat und die allgemeine Kirche
bis auf Diokletian, I (Leipzig, 1890); HARNACK, Geschichte der altchristlichen Litteratur bis Eusebius (Leipzig, 1897-1904);
DUFOURCQ,. Etude sur les Gesta
Martyrum Romains (Paris, 1900-07); ACHELIS, Die Martyrologien, ihre Geschichte und ihr Wert (Berlin, 1900); QUENTIN,
Les martyrologes historiques
du moyen âge (Paris, 1907); GEBHARDT, Acta
Martyrum Selecta (Berlin, 1902); LECLERCQ, Les Martyrs (Paris, 1902); LIETZMANN, Die drei ältesten Martyrologien (Bonn, 1903); DELEHAYE, Legends of the Saints (Eng. tr., London,
1907).
JAMES BRIDGE.
Transcrito por Douglas J. Potter
Dedicado al Sagrado Corazón
de Jesucristo.
Traducido por José Luis Anastasio