La forma original del nombre, Abram, es aparentemente el término
Asirio Abu-ramu. Es dudoso si el significado usualmente atribuido a esa
palabra, "padre excelso", es correcto. El significado dado a
Abraham en Génesis 17:5 es juego popular de palabras, y el significado
real es desconocido. El Asiriólogo Hommel sugiere que en el dialecto
Minoico, la letra hebrea Hê("h") se escribe para prolongar
la a. Quizás aquí podemos tener la derivación real
de la palabra, y Abraham puede ser solamente una forma dialéctica
de Abram.
La historia de Abraham está contenida en el Libro del Génesis,
11:26 a 25:18. Primero daremos un breve resumen de la vida del Patriarca,
como se relata en esa parte del Génesis, luego discutiremos en
secuencia el tema de Abraham desde los puntos de vista del Antiguo Testamento,
Nuevo Testamento, historia profana, y leyenda.
Breve resumen de la vida de Abraham
Téraj tuvo tres hijos, Abram, Najor y Aram. Abram se casó
con Sarai. Téraj tomó a Abram y su esposa Sarai, y a Lot,
el hijo de Aram, quien había muerto, y dejando Ur de Caldea, vino
a Jarán y vivió allí hasta su muerte. Entonces, respondiendo
al llamado de Dios, Abram, con su esposa Sarai, y Lot, y el resto de sus
posesiones, fueron a la Tierra de Canaán, entre otros lugares a
Siquem y Betel, donde construyó altares al Señor. Una hambruna
estalló en Canaán, Abram viajó hacia el sur a Egipto,
y cuando había entrado al país, temiendo ser asesinado a
causa de su esposa, le rogó a esta que dijera que era su hermana.
La noticia de la belleza de Sarai llegó hasta el Faraón,
y él la condujo a su harén, y brindó honores a Abram
en consideración a ella. Después, sin embargo, encontrando
que ella era la esposa de Abram, la despachó ilesa, y reprendiendo
a Abram por lo que había hecho, lo expulsó de Egipto. De
Egipto, Abram vino con Lot hacia Betel, y allí, encontrando que
sus rebaños y ganados habían crecido mucho, propuso que
se separaran y fueran por sus propios caminos. Así, Lot escogió
el país alrededor del Jordán, mientras que Abram vivió
en Canaán, y vino y habitó en el valle de Mambré
en Hebrón. Ahora, a causa de una sublevación de los reyes
de Sodoma y Gomorra y otros reyes contra Codorlahomor, rey de Elam, después
de haberle servido durante doce años, éste en el año
décimocuarto hizo una guerra contra ellos con sus aliados, Tadal
rey de Naciones, Anrafel rey de Senaar, y Arioc rey de Ponto. El rey de
Elam salió victorioso, y había ya llegado a Dan con Lot
como prisionero, y cargado con el botín, cuando fue alcanzado por
Abram. Con 318 hombres, el patriarca lo sorprende, lo ataca y lo derrota,
rescata a Lot y el botín y regresa triunfante. En su camino a casa,
se encuentra con Melquisedec, rey de Salem quien presenta pan y vino,
y lo bendice, y Abram le da diezmos de todo lo que tiene; pero para sí
mismo no se reserva nada. Dios promete a Abram que su descendencia será
como las estrellas del cielo y que él poseerá la tierra
de Canaán. Pero Abram no ve cómo será eso, porque
ya se ha vuelto viejo. Entonces la promesa es garantizada por un sacrificio
entre Dios y Abram, y por una visión y una intervención
sobrenatural durante la noche. Sarai, quien había envejecido y
había abandonado la idea de parir hijos, persuadió a Abram
a tomar a su criada, Agar. Él así lo hace, y Agar estando encinta,
desprecia a la estéril Sarai. Sarai la maltrata por esto, así
que ella huye al desierto, pero es persuadida a regresar por un ángel
que la conforta con promesas de grandeza del hijo que va a dar a luz.
Ella retorna y da a luz a Ismael. Trece años más tarde,
Dios se aparece a Abram y le promete un hijo de Sarai, y que su posteridad
será una gran nación. Como signo, le cambia el nombre de
Abram por Abraham, el de Sarai por Sara, y ordena el rito de circuncisión.
Un día después, estando sentado Abraham en su tienda, en
el valle de Mambré, Yahveh se le aparece con dos ángeles
en forma humana. El les muestra su hospitalidad. Entonces de nuevo le
es renovada a Abraham la promesa de un hijo llamado Isaac. La envejecida
Sara escucha con incredulidad y se ríe. Entonces se le informa
a Abraham sobre la inminente destrucción de Sodoma y Gomorra debido
a sus pecados, pero obtiene de Yahveh la promesa de que no las
destruirá si encuentra diez justos allí. Luego sigue una
descripción de la destrucción de las dos ciudades y el escape
de Lot.
La mañana siguiente, Abraham, mirando desde su tienda hacia Sodoma,
ve subiendo al cielo el humo de la destrucción. Después
de esto, Abraham se desplaza hacia el sur a Gerara, y temiendo nuevamente
por su vida dice de su esposa, "ella es mi hermana". El rey
de Gerara, Abimelec, envía por ella y la toma, pero conociendo
en un sueño que ella es la esposa de Abraham, la regresa sin tocarla,
y lo reprende y da regalos. En su ancianidad Sara da a Abraham un hijo,
Isaac, y es circuncidado en el octavo día. Mientras él es
todavía joven, Sara está celosa, viendo a Ismael jugando
con el pequeño Isaac, así que procura que Agar y su hijo
sean arrojados fuera. Entonces, Agar habría dejado a Ismael perecer
en el desierto, si un ángel no la hubiese animado hablándole
del futuro de su hijo. Abraham está próximo a sostener una
disputa con Abimelec acerca de un pozo en Bersabee, la cual termina en
un convenio entre ellos. Fue después de esto que tiene lugar la
gran prueba de fe de Abraham. Dios le manda sacrificar a su único
hijo Isaac. Cuando Abraham tiene su brazo levantado y está en el
acto de golpear, un ángel del cielo detiene su mano y le hace la
más maravillosa promesa de la grandeza de su posteridad como consecuencia
de su completa fe en Dios. Sara muere a la edad de 127 años, y
Abraham, habiendo comprado a Efrón el Hitita la cueva en Macpela
cerca de Mambré, la sepulta allí. Su propia carrera no está
aún enteramente terminada, pues primero que todo toma una esposa
para su hijo Isaac, Rebeca de la ciudad de Nacor en Mesopotamia. Luego
él se casa con Cetura, vieja como él, y de ella tiene seis
hijos. Finalmente, dejando todas sus posesiones a Isaac, muere a la edad
de 170 años, y es sepultado por Isaac e Ismael en la cueva de Macpela.
Punto de vista del Antiguo Testamento
Abraham puede ser referido como el punto de arranque o fuente de la religión
del Antiguo Testamento. De modo que desde los días de Abraham,
los hombres se acostumbraron a hablar de Dios como el Dios de Abraham,
mientras que no encontramos a Abraham refiriéndose en la misma
forma a cualquiera anterior a él. Así tenemos al criado
de Abraham hablando de "el Dios de mi padre Abraham" (Gen. xxiv,
12). Yahveh, en una aparición a Isaac, habla de sí
mismo como el Dios de Abraham (Gen. xxvi, 24), y para Jacob Él es "el
Dios de mi padre Abraham" (Gen. xxxi, 42). Así, también,
mostrando que la religión de Israel no comienza con Moisés,
Dios dice a Moisés: "Yo soy el Dios de tus padres, el Dios
de Abraham" etc. (Ex. iii, 6). La misma expresión se usa en
los Salmos (xlvi, 10) y es común en el Antiguo Testamento. Abraham
es así escogido como el primer comienzo o fuente de la religión
de los hijos de Israel y el origen de su cercana relación con Yahveh,
a causa de su fidelidad, fe y obediencia y a Yahveh, y por la
promesa de Dios a él y a su descendencia. Así,
en Génesis, xv, 6, se dice: "Abram creyó en Dios, y
ello le fue reputado en justicia". Esta fe en Dios fue demostrada
por él cuando dejó Jarán y viajó con su familia
al país desconocido de Canaán. Fue probada fundamentalmente
cuando estuvo dispuesto a sacrificar a su único hijo Isaac, en
obediencia a un mandato de Dios. Fue en esa ocasión cuando Dios
dijo: "Porque tú no has perdonado a tú único
hijo engendrado por amor a mí, Yo te bendeciré" etc.
(Gen. xxii, 16,17). Es a esta y otras promesas hechas tan a menudo por
Dios a Israel, que los escritores del Antiguo Testamento se refieren una
y otra vez en confirmación de sus privilegios como el pueblo escogido.
Estas promesas, que se registra haber sido hechas no menos de ocho veces,
son que Dios dará la tierra de Canaán a Abraham y su descendencia
(Gen., xii, 7); que su descendencia se acrecentará y multiplicará
como las estrellas del cielo; que él mismo será bendito
y que en él "serán benditas todas las naciones de la
tierra" (xii, 3). En consecuencia, la opinión tradicional
de la vida de Abraham, como se registra en el Génesis, es que es
historia en el estricto sentido de la palabra. Así el Padre Hummelauer,
S.J., en su comentario sobre el Génesis en el "Cursus Scripture
Sacrae" (30), en respuesta a la pregunta sobre de qué autor
procedió primero la sección sobre Abraham, replica, de Abraham
como la primera fuente. En efecto, él igualmente dice que está
todo en un mismo estilo, como una prueba de su origen, y que el Pasaje,
xxv, 5-11, concerniente a los bienes, muerte, y sepultura de Abraham viene
de Isaac. Debe, sin embargo, añadirse que es dudoso si el Padre
Hummelauer se adhiere todavía a estas opiniones, escritas antes
de 1895, puesto que él ha modificado mucho su posición en
el volumen sobre el Deuteronomio.
Una opinión bastante diferente sobre la sección del Génesis
que trata de Abraham, y en efecto de todo el Génesis, es asumida
por eruditos críticos modernos. Ellos, casi unánimemente,
sostienen que la narración de la vida del patriarca está
compuesta prácticamente en su totalidad de tres escrituras o escritores
llamados el Yavista, el Eloista, y el escritor eclesiástico, y
denotados por las letras Y, E y P. Y y E consistían de colecciones
de historias relativas al patriarca, algunas de origen más antiguo,
otras más recientes. Quizá las historias de Y muestran una
mayor antigüedad que las de E. No obstante, los dos autores son muy
semejantes y no siempre es fácil distinguir uno del otro en el
relato combinado de Y y E. A partir de lo que podemos observar, ni el
Yavista ni el Eloista fue un autor personal. Ambos son más bien
escuelas, y representan las colecciones de muchos años. Ambas colecciones
fueron cerradas antes del tiempo de los profetas; J en algún momento
en el siglo noveno a.C., y E en los comienzos del siglo octavo, el primero
probablemente en el Reino Sur, el último en el Norte. Luego, hacia
el final del reino, tal vez debido a la inconveniencia de tener dos relatos
rivales de las historias de los patriarcas, etc., un redactor R.JE( ?)
combinó las dos colecciones en una, conservando en lo posible las
palabras de sus fuentes, haciendo tan pocos cambios como fuese posible
para ajustarlas una a la otra, y tal vez siguiendo principalmente a
Y en el relato de Abraham. Entonces, en el siglo quinto, un escritor que
evidentemente pertenecía a la casta sacerdotal, puso por escrito
nuevamente un relato de la historia primitiva y patriarcal, desde el punto
de vista sacerdotal. Le asignó gran importancia a la claridad y
la exactitud; sus relatos de cosas son a menudo moldeados en la forma
de fórmulas (cf. Génesis, i); es muy peculiar acerca de
las genealogías, como también de las notas cronológicas.
La vivacidad y el color de las narraciones patriarcales más antiguas,
Y y E, son deficientes en la última, que en su mayor parte es tan
formal como un documento legal, aunque a veces no es carente de dignidad
y aún de majestad como es el caso del primer capítulo del
Génesis. En fin, la moral que puede sacarse de los diferentes eventos
narrados, es más claramente expresada en este tercer escrito y,
según los críticos, el punto de vista moral es aquel del
siglo quinto A.C. Finalmente, después del tiempo de Esdras, esta
última historia, P, fue unificada con la ya combinada narración
J.E. por un segundo redactor R.JEP, siendo el resultado la actual historia
de Abraham, y en realidad el libro actual del Génesis; aunque con
toda probabilidad se hicieron inserciones en una fecha aún posterior.
Punto de vista del Nuevo Testamento
La generación de Jesucristo es rastreada por San Mateo hasta Abraham,
y aunque en Genealogía de Nuestro Señor, según San
Lucas, él es señalado como descendiente según la
carne no solo de Abraham sino también de Adán, no obstante,
San Lucas muestra su apreciación de los frutos del linaje de Abraham,
atribuyéndole todas las bendiciones de Dios sobre Israel a las
promesas hechas a Abraham. Esto hace en el Magnificat, i, 46, y en el
Benedictus, i, 68. Más aún, en la medida que el Nuevo Testamento
sigue la huella de Jesucristo desde Abraham, así lo hace de todos
los Judíos; no obstante, cuando esto hace, está acompañado
de una nota de advertencia, no sea que los Judíos se imaginen que
tienen derecho a poner su confianza en el hecho de su descendencia carnal
de Abraham, sin nada más. Así (Lucas, iii, 8), Juan el Bautista
dice: "No comencéis a decir: Tenemos a Abraham por nuestro
padre, porque yo os digo que de estas piedras, puede Dios hacer nacer
hijos a Abraham". En Lucas, xix, 9 el Salvador llama al pecador Zaqueo
un hijo de Abraham, así como de igual forma llama hija de Abraham
a una mujer a quien él había sanado (Lucas, xiii,16); pero
en este y muchos casos similares, no es simplemente otra manera de llamar
a los Judíos e Israelitas, exactamente como a veces se refiere
a los Salmos bajo el nombre general de David, sin implicar que David escribió
todos los Salmos, y como llama al Pentateuco los Libros de Moisés,
sin pretender zanjar la cuestión de la autoría de esa obra.
No es a la descendencia carnal de Abraham a lo que se le atribuye importancia;
más bien, es a la práctica de las virtudes atribuidas a
Abraham en el Génesis. Así en Juan, viii, los Judíos,
a quienes Nuestro Señor estaba hablando, alardean (33): "Nosotros
somos los hijos de Abraham", y Jesús les replica (39): "Si
sois los hijos de Abraham, obrad como Abraham". San Pablo, también
muestra que él es hijo de Abraham y se vanagloria en ese hecho
como en II Cor. xi, 22, cuando exclama: "Ellos son los hijos de Abraham
como lo soy yo". Y de nuevo (Rom., xi, 1): "Yo también
soy un Israelita, del linaje de Abraham", y se dirige a los judíos
de Antioquía en Pisidia (Actos, xiii, 26) como "hijos del
linaje de Abraham". Pero, siguiendo la enseñanza de Jesucristo,
San Pablo no atribuye demasiada importancia a la descendencia carnal de
Abraham; pues él dice (Gal., iii, 29): "Si sois de Cristo,
entonces sois herederos de Abraham", y de nuevo (Rom., ix, 6): "No
todos los que son de Israel son israelitas; ni todos los que son descendientes
de Abraham, sus hijos". Así también podemos observar
en todo el Nuevo Testamento la importancia atribuida a las promesas hechas
a Abraham. En los Hechos de los Apóstoles, iii, 25, San Pedro recuerda
a los judíos la promesa, "en tu descendencia serán
bendecidas todas las familias de la tierra". Así hace San
Esteban en su discurso antes del Concilio (Actos, vii), y San Pablo en
la Epístola a los Hebreos, vi, 13. No fue la fe del anciano patriarca
inferior a la elevada idea de ella expresada por los escritores del Nuevo
Testamento. El pasaje del Génesis más destacado antes de
ellos era xv, 6: "Abraham creyó en Dios, y ello le fue reputado
en justicia". En Romanos, iv, San Pablo arguye vigorosamente por
la supremacía de la fe, de la cual dice que justificó a
Abraham, "si Abraham fuese justificado por las obras, tendría
de qué gloriarse, pero no delante de Dios". La misma idea
es inculcada en la Epístola a los Gálatas, iii, donde se
discute la cuestión: "Recibisteis el espíritu por las
obras de la ley, o por la obediencia de la fe?" San Pablo decide
que es por la fe y dice: "Luego los que tienen fe serán justificados
con el fiel Abraham". Es claro que este lenguaje, tomado tal cual,
y separadamente de la absoluta necesidad de buenas obras sostenida por
San Pablo, es propenso a descarriar y efectivamente ha descarriado a muchos
en la historia de la Iglesia. Por consiguiente, a fin de apreciar por
completo la doctrina Católica de la fe, debemos suplementar a San
Pablo por Santiago. En ii, 17-22, de la Epístola Católica
leemos: "Así también la fe, si no tiene obras, está
muerta en sí misma. Pero alguien dirá: Tú tienes
fe, y yo tengo obras, muéstrame tu fe sin obras y yo te mostraré
mi fe por las obras. Tú crees que hay un solo Dios. Haces bien;
también lo creen los demonios y se estremecen. Pero quieres saber,
¡oh hombre vano!, que la fe sin obras está muerta? No fue
nuestro padre Abraham justificado por sus obras, y por las obras su fe
se hizo perfecta?"
En el capítulo séptimo de la Epístola a los Hebreos,
San Pablo entra en una larga discusión concerniente al sacerdocio
eterno de Jesucristo. El recuerda las palabras del Salmo 109 más
de una vez, en el cual se dice: "Tú eres un sacerdote eterno
según el orden de Melquisedec". Recuerda el hecho de que Melquisedec
es etimológicamente el rey de justicia y también rey de
paz; y más aún, que no solamente es rey, sino también
sacerdote del Altísimo Dios. Entonces, teniendo en cuenta que no
se tiene conocimiento de su padre, madre o genealogía, ni registro
alguno de sus herederos, se asemeja a Cristo rey y sacerdote; no Levita
ni de acuerdo al orden de Aarón, sino un sacerdote eterno de acuerdo
al orden de Melquisedec.
A la luz de la Historia Profana
Uno se inclina a preguntar, cuando considera la luz que la historia profana
puede arrojar sobre la vida de Abraham: No es increíble la vida
del patriarca? La pregunta puede ser, y es contestada en diferentes formas,
de acuerdo al punto de vista del interrogador. Tal vez no carezca de interés
citar la respuesta del Profesor Driver, un hábil y representativo
exponente de las opiniones críticas moderadas:
Contienen las narraciones patriarcales improbabilidades históricas
intrínsecas? O, en otras palabras, hay algo intrínsecamente
improbable en las vidas de los distintos patriarcas, y las vicisitudes
por las cuales respectivamente pasan? Al considerar este interrogante,
debe hacerse una distinción entre las diferentes fuentes de las
cuales están compuestas éstas narraciones. Aun cuando detalles
particulares en ellas pueden ser improbables, y aunque la representación
puede, en algunas partes, estar coloreada por lo religioso y otras asociaciones
de la edad en la que fueron escritas, no puede decirse que las biografías
de los tres primeros patriarcas, como se exponen en Y y E, sean, generalmente
hablando, históricamente improbables; los movimientos y vidas generales
de Abraham, Isaac y Jacob son, tomadas en su conjunto, creíbles.
(Genesis, p. xlvi).
Tal es la opinión moderada; la postura avanzada es algo diferente.
"La opinión asumida por la paciente crítica reconstructiva
de nuestros días es que, no solo religiosamente, sino aún,
en un sentido cualitativo, históricamente también, las narraciones
de Abraham merecen nuestra atención" (Cheyne, Encyc. Bib.,
26). Volviendo ahora a mirar la luz arrojada por la historia profana sobre
los relatos de la vida de Abraham como se dan en el Génesis, tenemos
primero que todo, las narraciones de historiadores antiguos, como Nicolás
de Damasco, Berosio, Hecateo, y similares. Nicolás de Damasco dice
cómo Abraham, cuando salió de Caldea vivió por varios
años en Damasco. En efecto, en Josefo se dice haber sido él
el cuarto rey de esa ciudad. Pero entonces no hay duda práctica
de que este relato se basa en las palabras del Génesis, xiv, 15,
en el cual se menciona el pueblo de Damasco. En cuanto al gran hombre
al cual se refiere Josefo como mencionado por Berosio, no hay nada para
mostrar que ese gran hombre fuese Abraham. En la "Praeparatio Evang."
de Eusebio se registran extractos de numerosos escritores antiguos, pero
no puede atribuirse a ellos algún valor histórico. En efecto,
en cuanto concierne a los historiadores antiguos, podemos decir que todo
lo que conocemos de Abraham está contenido en el libro del Génesis.
Un asunto mucho más importante e interesante es el valor atribuible
a los recientes descubrimientos arqueológicos de exploradores Bíblicos
y otros en el Oriente. Arqueólogos como Hommel, y más especialmente
Sayce, están dispuestos a asignarles una gran significancia. Ellos
dicen, en efecto, que estos descubrimientos arrojan un serio elemento
de duda sobre muchas de las conclusiones de los críticos históricos.
De otra parte, críticos avanzados como Cheyne al igual que moderados
como Driver, no tienen en muy alta estima las deducciones hechas por estos
arqueólogos a partir de la evidencia de los monumentos, sino que
las consideran como exageraciones. Para dejar el asunto más claro,
citamos lo siguiente del Profesor Sayce, para facilitar al lector ver
por sí mismo, lo que él piensa (Early Hist. Of the Hebrews,
8): "Se han encontrado tablillas cuneiformes relativas a Codorlahomor
y los otros reyes del Oriente mencionados en el capítulo 14 del
Génesis, mientras que en la correspondencia de Tel-el-Amarna, el
rey de Jerusalén declara que él había sido elevado
al trono por el 'brazo' de su Dios, y fue por consiguiente, un Sacerdote-rey
como Melquisedec. Pero Cordorlahomor y Melquisedec hacía mucho
tiempo habían sido proscritos al campo mítico y la crítica
no admitiría que un descubrimiento arqueológico los hubiese
restituido a la historia real. Por consiguiente, escritores en complaciente
ignorancia de los textos cuneiformes, dijeron a los Asiriólogos
que sus traducciones e interpretaciones eran igualmente erróneas".
Ese pasaje dejará en claro, qué tanto están en desacuerdo
los críticos y los arqueólogos. Pero nadie puede negar que
la Asiriología ha arrojado alguna luz sobre las historias de Abraham
y los otros patriarcas. Así el nombre de Abraham fue conocido en
aquellos tiempos remotos; pues entre otros nombres Cananeos y Amorreos
encontrados en escrituras de venta de ese período están
los de Abi-ramu, o Abram, Jacob-el (Ya'qub-il), y Josef-el (Yasub-il).
Así, también, respecto al capítulo catorce del Génesis,
que relata la guerra de Codorlahomor y sus aliados en Palestina, no hace
tanto tiempo que la crítica lo relegó a la región
de la fábula, bajo la convicción de que Babilonios y Elamitas
en Palestina y la tierra circundante era un burdo anacronismo en esa fecha
remota. Pero ahora el Profesor Pinches ha descifrado ciertas inscripciones
relativas a Babilonia en las que los cuatro reyes, Amrafel Rey de Senaar,
Arioc Rey de Ponto, Codorlahomor Rey de los Elamitas, y Tadal Rey de Naciones,
son identificados con el Rey Hammurabi de Babilonia, Eri-aku, Kudur-laghghamar,
y Tuduchula, hijo de Gaza, y que habla de una campaña de estos
monarcas en Palestina. Así que nadie puede seguir asegurando que
la guerra de la que se habla en el Génesis, xiv, puede ser solamente
un reflejo tardío de las guerras de Senaquerib y otros en los tiempos
de los reyes. De las tablillas de Tel-el-Amarna sabemos que la influencia
Babilónica era predominante por aquellos días en Palestina.
Más aún, tenemos luz, arrojada por las inscripciones cuneiformes,
sobre el incidente de Melquisedec. En Génesis, xiv, 18, se dice:
"Melquisedec, el Rey de Salem, presentando pan y vino, porque era
el sacerdote del Altísimo Dios, lo bendijo". Entre las cartas
de Te-el-Amarna hay una de Ebed-Tob, Rey de Jerusalén (la ciudad
es Ursalim, i.e. ciudad de Salim, y se habla de ella como Salem). El es
sacerdote designado por Salem, el dios de Paz, y es por tanto rey y sacerdote.
De la misma manera, Melquisedec es sacerdote y rey, y naturalmente viene
a saludar a Abraham que regresa en paz; y por tanto, también Abraham
le ofrece a él como sacerdote un diezmo de los botines (Nota del
Traductor: botín de guerra). De otra parte, debe decirse que el
Profesor Driver no admitirá las deducciones de Sayce a partir de
las inscripciones en cuanto a Ebed-Tod, y no reconocerá analogía
alguna entre Salem y el Altísimo Dios.
Tomando la arqueología en conjunto, es indudable que no se han
logrado resultados definitivos en cuanto a Abraham. Lo que ha salido a
la luz es susceptible de diferentes interpretaciones. Pero no hay duda
de que la arqueología está poniendo término a la
idea de que las leyendas patriarcales son simple mito. Se muestra que
ellas son algo más que eso. Un estado de cosas está siendo
descubierto en los tiempos patriarcales, muy consistente con mucho de
lo que se relata en el Génesis, y a veces, hasta confirmando aparentemente
los hechos de la Biblia.
Punto de vista de la Leyenda
Llegamos ahora a la cuestión: Hasta dónde la leyenda juega
una parte en la vida de Abraham como se registra en el Génesis.
Es una pregunta práctica e importante, porque es muy discutida
por críticos modernos y todos ellos creen en ella. Al establecer
la opinión crítica sobre el asunto, no se me debe interpretar
como que estoy dando mis propias opiniones también.
Hermann Gunkel, en la Introducción a su Comentario sobre el Génesis
(3) escribe: "Es innegable que hay leyendas en el Antiguo Testamento,
considérese por ejemplo las historias de Sansón y Jonás.
Por lo tanto no es asunto de creencia o escepticismo, sino meramente una
cuestión de obtener mejor conocimiento, para examinar si las narraciones
del Génesis son historia o leyenda." Y de nuevo: "En
un pueblo con una facultad poética tan altamente desarrollada como
Israel tendría que existir también un lugar para la leyenda.
La confusión absurda de 'leyenda' con 'mentira' ha inducido a gente
buena a vacilar en admitir que hay leyendas en el Antiguo Testamento.
Pero leyendas no son mentiras; por el contrario, son una forma particular
de poesía." (Nota del Traductor: la confusión de que
habla el autor parece deberse a la similitud sonora de los términos
en inglés "legend" y "lying").
Estos pasajes dan una muy buena idea de la posición actual del
Criticismo Histórico relativo a las leyendas del Génesis,
y de Abraham en particular.
El primer principio enunciado por los críticos es que los relatos
de las épocas primitivas y de los tiempos patriarcales se originaron
entre la gente que no practicaba el arte de la escritura. Entre todos
los pueblos, dicen ellos, la poesía y la leyenda fueron el primer
comienzo de la historia; así fue en Grecia y Roma, así fue
en Israel. Estas leyendas fueron puestas en circulación y transmitidas
por tradición oral, y contenían, no hay duda, un núcleo
de verdad. Muy a menudo, donde se usan nombres individuales, estos nombres
no se refieren en realidad a individuos, sino a tribus, como en Génesis,
x, y los nombres de los doce Patriarcas, cuyas migraciones son las de
las tribus que ellos representan. No ha de suponerse, por supuesto, que
estas leyendas no son más antiguas que las colecciones Y, E y P
en las cuales ellas ocurren. Ellas estuvieron en circulación siglos
antes y por largos períodos de tiempo, siendo más cortas
aquellas de origen más antiguo, más largas aquellas de origen
posterior, a menudo más bien cuentos que leyendas, como aquella
de José. No todas ellas eran de origen Israelita; algunas eran
Babilónicas, algunas Egipcias. En cuanto a cómo surgieron
las leyendas, esto sucedió, dicen ellos, en muchas formas. A veces
la causa fue etimológica, para explicar el significado de un nombre,
como cuando se dice que Isaac recibió su nombre porque su madre
reía (cahaq); algunas veces fueron etnológicas, para explicar
la posición geográfica, el infortunio o prosperidad de una
cierta tribu; algunas veces histórica, algunas veces ceremonial,
como el relato que explica el convenio de la circuncisión; de vez
en cuando geológica, como la explicación de la apariencia
del Mar Muerto y sus alrededores. Leyendas etiológicas de este
género forman una clase de aquellas que se encuentran en las vidas
de los patriarcas y otras partes en el Génesis. Pero hay otras,
además, que no nos interesan aquí.
Cuando tratamos de descubrir la época de la formación de
las leyendas patriarcales, nos confrontamos con una cuestión de
gran complejidad. Porque no es solamente el asunto de la formación
de las simples leyendas separadamente, sino también de la combinación
de estas en leyendas más complejas. El criticismo nos enseña
que ese período habría terminado alrededor del año
1200 a.C. Luego habría seguido el período de reconstrucción
de las leyendas, así que hacia 900 a.C., habrían asumido
sustancialmente la forma que ahora tienen. Después de esa fecha,
mientras las leyendas conservaron en esencia la forma que habían
recibido, fueron modificadas de muchas maneras para colocarlas en conformidad
con el patrón moral del día, empero, no tan completamente
que las ideas más antiguas y menos convencionales de una época
más primitiva no se asomaran de vez en cuando a través de
ellas. Al presente, también, muchas colecciones de las leyendas
antiguas parecen haber sido hechas casi en la misma forma que, según
nos lo dice San Lucas al comienzo de su Evangelio, muchos habían
escrito relatos de su propia autoría sobre la vida de Nuestro Salvador.
Entre otras colecciones, estaban aquellas de Y en el Sur y E en el Norte.
Mientras otras perecieron, estas dos sobrevivieron, y fueron suplementadas
hacia el final del cautiverio por la colección de P, que se originó
en medio de ambientes sacerdotales y fue escrita desde el punto de vista
ceremonial. Aquellos que sostienen estas opiniones afirman que es la fusión
de estas tres colecciones de leyendas, lo que ha conducido a confusión
en algunos acontecimientos de la vida de Abraham como por ejemplo el caso
de Sarai en Egipto, donde su edad parece inconsistente con su aventura
con el Faraón. Hermann Gunkel escribe (148): "No es extraño
que la cronología de P despliegue por todas partes las más
absurdas rarezas cuando se introduce en las leyendas antiguas; como un
resultado, Sara es todavía a los sesenta años, una hermosa
mujer a quien los egipcios buscan capturar, e Ismael es llevado en hombros
de su madre después de que es un joven de diez y seis años."
La colección de P estaba destinada a tomar el lugar de la antigua
colección combinada de Y y E. Pero la vieja narración tenía
un firme arraigo en la imaginación y el corazón del pueblo.
Y así, la colección más reciente fue combinada con
las otras dos, utilizándose como fundamento de todo, especialmente
en la cronología. Es esa narración combinada la que ahora
poseemos.
J. A. HOWLETT
Transcrito por Tomas Hancil
Traducido por Daniel Reyes V.